Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 6

—¡Te lo dije! ¡Es un fuckboy!

—¡Perro!

—¡Mujeriego!

—No te toma en serio, solo quiere follar.

—Cuando lo consiga, seguro que se esfuma, así que, ¡no te ilusiones, Bill!

Rodé los ojos, negando lentamente con la cabeza mientras miraba al suelo. Estaba en casa de Sarah otra vez, sentado en la cama de su gran habitación con las piernas recogidas, escuchando a Heidi y Sarah gritando como locas. Natalie estaba a mi lado, con los brazos cruzados y una cara de póker mientras miraba a las otras chicas.

—¿Pueden callarse?— preguntó Nath, irritada —No ha pasado nada malo hasta ahora. Han tenido una cita y les ha ido bien, ¿o no, Bill?

Suspiré —Ha sido excelente— respondí.

—¿Y por qué esa cara entonces?— dijo Heidi, poniendo ambas manos en la cintura.

Cuando acabó la película, ninguno de los dos dijo nada más. Yo seguía algo cohibido por sus palabras y él estaba hablando por teléfono con un tal «Georg». Al parecer, había un lío con una «mercancía» que ese chico Georg tenía que conseguir y ahora Tom tenía que solucionarlo. El chico de las trenzas estaba tan cabreado, con el ceño fruncido, que cortó la llamada después de gritarle mil barbaridades a Georg. Pero a pesar de lo molesto que estaba, no me trató mal; al contrario, parecía que su enfado disminuía solo al verme. O quizás solo no quería estropear las cosas.

Me llevó a casa de Sarah siguiendo mis indicaciones y luego se fue, no sin antes decirme que esperaba mi mensaje. Algo que dudaba mucho en hacer. Formé mi mejor sonrisa cuando se marchó y él me devolvió la sonrisa. Cuando ya no vi su moto, solo pude suspirar profundamente.

Me sentía completamente desganado al pensar en lo peligrosa y arriesgada que era su vida. Él y yo somos polos opuestos; somos completamente diferentes. Pienso que nunca funcionaría si accedo (con el tiempo) a tener algo con él como me lo lleva insinuando. Sería como construir algo sobre una base inestable que podría derrumbarse en cualquier momento. Y ni siquiera sé por qué sufro por algo que todavía no ha empezado y que seguramente nunca empezará.

Fue por mi expresión tan decaída que mis dos amigas empezaron a hacerse ideas raras y sacar sus propias conclusiones, llamándolo de mil formas nada educadas.

—Bill, ¿qué pasa?— preguntó Natalie al oírme suspirar otra vez.

La miré —No creo que esto funcione— le dije refiriéndome a lo que me dijo el otro día sobre arriesgarme e intentar conocerlo —Nath, estaría perdiendo el tiempo.

—¿Por qué?— preguntó suavizando su expresión —Si es por lo que han dicho Sarah y Heidi, solo… no les hagas caso —negué levemente con la cabeza.

—No es por lo que han dicho— susurré agachando la cabeza —Es por todo: las circunstancias, la situación, su vida, la mía… problemas y más problemas…— recordé aquello que me mencionó sobre una cicatriz en su pierna y la razón por la cual la tiene —Joder, no hay futuro aquí…

—¿Es en serio? ¿Vas a ponerte a pensar en esto ahora?, después de haber aceptado tener una cita con él y de darle tu número móvil— negó Natalie con la cabeza —No me digas que estás volviendo a pensar en alejarte, Bill. No me jodas…— se puso en pie y me apuntó con el dedo índice entrecerrando los ojos como si quisiera amenazarme —¿Crees que ese chico va a dejarte marchar así como así después de lo que te ha dicho en el cine? Ya estás bastante metido en esto…

Ella tenía razón, y por cada palabra que salía de su boca mis ojos se llenaban de lágrimas. Y ni siquiera sabía por qué, empecé a sollozar cubriéndome la cara con una almohada, dejando que mis lágrimas empaparan mis mejillas y arruinaran el maquillaje.

—Oh, ¿ves lo que causas, Natalie?— dijo Heidi mientras me abrazaba, intentando consolarme —Ya, Billa, no te pongas así…

—El problema de Bill es que lo sobre-piensa todo. Seguro ya se ha hecho mil preguntas y se ha montado unas ideas absurdas en la cabeza— dijo Natalie, y yo sollocé aún más fuerte porque tenía razón. Pienso tanto las cosas que eso me hace dudar de cada cosa que quiero hacer o decir —No llores, las lágrimas no resuelven nada; lo leí en un libro…

—Es que…— esnifé —es que me gusta— dije entre hipidos —pero jamás podría funcionar— gimoteé apretujando la almohada contra mi cara para ahogar un grito de impotencia —y creo que yo también le gusto…

—¿Y hasta ahora te das cuenta?

—¡Natalie!— reprochó Heidi, riñéndola.

—¡Qué! Solo lo decía— respondió ella y luego suspiró —A ver, Billa… vas a coger el móvil, buscarás su número y le enviarás un mensaje diciéndole que esta noche ha sido realmente espectacular y divertida, que te lo has pasado muy bien «con él»— hizo hincapié en esas dos últimas palabras —y que esperas que se repita…

—¿No has escuchado? Bill ya no quiere seguir con ese rollo de «nos conocemos y dejamos que fluya»— comentó Sarah sentándose en la esquina de la cama —Bill, eres demasiado perfeccionista; por eso le encuentras fallos y desventajas a… lo que sea que quieras tener con él y por eso no te lo permites…

Fue entonces cuando finalmente aparté la almohada de mi cara y miré a Sarah después de asimilar lo que había dicho. Era una razón muy buena; realmente soy demasiado perfeccionista. Tengo mis propios horarios, siempre hago todo con calma asegurándome de que no haya ni el más mínimo fallo para evitar fracasar en algo; hago lo que sea necesario para que todo me salga bien. Siempre lo había visto como una virtud más, pero ahora lo veía como un gran defecto. ¿Cómo me deshacía de eso?

—Eso tiene sentido— susurró Natalie.

—¿Y qué hago?— pregunté mientras me limpiaba las lágrimas con el dorso de ambas manos; Heidi me acariciaba la cabeza.

Sarah me sonrió levemente —No soy psicóloga, Billa— dijo encogiéndose de hombros.

—Quizás si dejaras de pensar tanto…— comenzó a sugerir Natalie mirándome mientras ladeaba la cabeza y arqueaba ligeramente una ceja.

—Dejar de pensar…— susurré para mí mismo, tratando de encontrar alguna manera de hacerlo. Debía haber alguna forma; porque si dejaba de sobre-pensar las cosas entonces ¡ya no encontraría más desventajas ni excusas para estar con el chico de trenzas! —¡Claro! ¡Dejar de pensar!— y para eso necesitaba ayuda, así que rápidamente me levanté de un salto y busqué mi chaqueta y boina que había dejado sobre la silla giratoria del escritorio de Sarah.

—¿Qué haces?— preguntó Heidi, mirándome confundida.

—¡Voy a contactar con una psicóloga!— exclamé realmente emocionado por haber encontrado una «cura» y solución para mis problemas —Las veo mañana y llamad a Gustav; nos reuniremos para contarles cómo me fue…— y así salí de la habitación ignorando los llamados de mis amigas.

Bajé las escaleras a toda prisa y salí de casa despidiéndome de cualquiera que me encontrara por ahí, de la gente de la casa. Llamé a Baldrich y en menos de quince minutos ya estaba parando para que yo pudiera subir al coche. Arrancó de nuevo y, cuando llegué a casa, no tuve tiempo ni de saludar a las chicas que estaban por allí; solo le agradecí a Baldrich mientras corría tras bajar del coche. Entré en el despacho de mi padre y busqué en la mesita de un rincón, en el cajón, una libreta donde mi madre apuntaba números y direcciones.

Sabía que tenía algún contacto de psicólogas que me vendría bien, así que empecé a pasar hoja por hoja leyendo por encima, hasta que encontré uno con todo y la dirección:

«Dra. Joselyn – psicóloga»

Casi grité de alegría, saqué el móvil y le hice una foto a la hoja. Dejé la libreta donde estaba, salí del despacho y subí rapidito a mi habitación; me tumbé en la cama con el móvil en las manos buscando el contacto de Tom, que no fue difícil porque estaba en los últimos con conversaciones recientes; tenía un mensaje de Sarah diciéndome que no hiciera ninguna locura.

No le respondí, simplemente ignoré el mensaje y tecleé en el chat de Tom dispuesto a escribirle como Natalie me había sugerido.

«Hola, Tom»

«Quizás estés ocupado pero solo quería decirte que realmente disfruté mucho esta noche; la película estuvo increíble…»

Mordí mi labio inferior pensando si debía continuar el mensaje con lo que tenía en mente o enviarlo tal cual; entonces recordé que iba a intentar no pensar demasiado, así que sin miedo a lo que pudiera pasar, concluí el mensaje con un:

«…me gustaría que se repitiera, me gustó pasar el rato contigo. Espero tu respuesta.»

Aunque no era nada por lo que sentirme nervioso porque era un mensaje normal, no pude evitar dejar el móvil a un lado esperando ansiosamente su respuesta, lo cual empezaba a desesperarme hasta hacer que mi corazón latiera desbocado. ¿Y si él no se sintió cómodo conmigo y no le gustó la salida?

««¿En qué quedamos? ¡Deja de pensar!»» me gritó mi mente.

—Joder, es verdad…— me dije —No pienses, Bill. No pienses, no pienses, no pienses…— mientras repetía esas palabras mi móvil vibró. Conté tres segundos y lo cogí para ver.

Un mensaje nuevo. Chico de trenzas.

¡Mostrar!

«Terroncito…»

—¡Ah!— amortigüé el grito cubriendo mi boca con una mano; ni siquiera seguí leyendo el mensaje. Respiré hondo antes de continuar —contrólate— me dije mientras me daba un golpecito en la cabeza.

Carraspeé.

«Terroncito, estoy en medio de una balacera, pero eso no es excusa, tú eres mi prioridad.»

«No pensé que una simple salida al cine pudiera ser tan increíble para ti, pero saber que te gustó es todo lo que necesitaba.»

«Me muero por verte otra vez, ¿puedes mañana? Te prometo que será mejor que ver una película. Dime que sí puedes porque no sé si voy a poder aguantar, eres demasiada tentación para un simple mortal como yo.»

¿En medio de una balacera? Me reí suavemente; era obvio que solo lo decía de broma. No creo que alguien sea tan tonto como para mirar el móvil y responder un mensaje sabiendo que podría morir en cualquier momento.

.

By Tom

—¡Tom! ¡Tu madre! ¡Yo aquí cubriéndote las espaldas y tú mirando el puto móvil!

Rodé los ojos al escuchar el grito de Georg. Estábamos protegidos gracias a uno de los coches del aparcamiento mientras las balas impactaban una tras otra y Georg disparaba cada vez que podía.

El muy cabrón había metido la pata y un grupo de hombres de un conocido capo los vieron; en su intento de escapar les habían seguido. Cuando encontré a Georg en el aparcamiento estuve a punto de darle una paliza por ser tan idiota; era la primera vez que lo dejaba como líder y lo había estropeado todo. Estaba en medio de la discusión cuando vi tres coches derrapar al frenar frente a nosotros y bajarse todos para intentar matarnos a tiros.

Otra razón más para querer estrangular a Georg; ni se dio cuenta de que les habían seguido. Ni él ni los colegas que tenía con él, joder.

—Cierra el pico, Georg— ordené sin dejar de mirar la pantalla del móvil como un tonto —Tú solo encárgate de disparar. Debo responder, es importante…

—¡¿Pero qué coño?! ¡Tom!

«Mañana me viene bien, tengo algo importante que hacer al amanecer y luego me reuniré con unos amigos en un Starbucks.»

«Podríamos encontrarnos allí, claro, si quieres.»

Maldición, hasta podía imaginarlo todo tímido mientras escribía el mensaje. Sonreí como un idiota dispuesto a contestarle.

«Vale, entonces mañana paso a recogerte en mi moto chula. Solo tienes que enviarme la ubicación, terroncito.»

—Tom…

—¿Qué quieres, Georg?

—Se me han acabado las balas— aparté la mirada del móvil para verlo; estaba pálido y era por el miedo. El resto de los chicos que estaban escondidos detrás de otros coches no paraban de disparar también ante cada balazo.

Sin embargo, no tenía mi arma conmigo. La dejé en casa antes de encontrarme hace unas horas con el moreno del pub; no teníamos protección.

—¡Vaya faena!— gruñí —¿Qué se supone que voy a hacer?

Miré a mi alrededor buscando otro coche más cerca con el que cubrirnos, pero todos estaban bastante alejados. Maldición, otra vez me tocaba a mí sacarles las castañas del fuego; resoplé, preparándome mentalmente para lo que iba a hacer. Le quité el boqui toqui a Georg para hablar con los demás de mi equipo.

—No disparéis— dije tras apretar el botón.

—Tom, ¿qué estás planeando?— preguntó Karl.

—No disparéis— repetí de nuevo y fue entonces cuando dejé de escuchar la mayoría de los tiros —cuando paren de disparar, corran y enciendan el coche, esperad a Georg fuera del aparcamiento. Yo os alcanzaré después.

—Entendido— respondió Andreas por todos.

Bufé —¡Oye!— grité para llamar la atención de los enemigos —¡Quiero llegar a un acuerdo con vosotros!

—¡Tenemos órdenes del jefe, matarlos a todos! ¡Pichones!— gritó uno de ellos.

—¡Mejor salid! No tenéis escapatoria— dijo otro.

—¡Perdona si alguno de mis chicos ha hecho algo imprudente!— respondí.

—¿Eres tú el líder de este grupito?— preguntó otro, dejando de disparar de repente.

—Sí… son… principiantes y no saben lo que hacen ni dónde se meten— dije mirando a Georg con mala cara —prometo que no volverá a pasar…

Ellos se rieron —Claro que no volverá a pasar— dijo el primer tipo que habló —¡Porque los mataremos a todos como si fueran ratas!

Rodé los ojos, era hora de sacar mi último as —No creo que eso le haga gracia a mi padre— comenté.

—¡Uy, qué miedo! ¿Qué tiene tu padre de especial, niñito?— preguntó otro tipo —no me digas que es poli y tú el hijo rebelde que siempre quiere llevarle la contraria…

Ahora fui yo el que se rió —Oh, no… no es policía…

—¿Entonces?

—Gordon Trümper, ¿os suena?

Sabía que en ese momento ya estaban a punto de mojarse los pantalones; mi viejo era el narcotraficante más grande que había, estaba por encima de todas las bandas y demás. Y yo su hijo menor. Soy el líder de mi propio grupo, pero prácticamente es mi padre quien me ayuda a encontrar las víctimas perfectas para robar. Bandas con años más de experiencia que nosotros, otros narcotraficantes y delincuentes de tercera que solo robaban dinero en almacenes.

Soy el hijo de un narcotraficante, pero eso no debería saberlo el hermoso morenito. Seguro que se asustaba; ya había hecho suficiente contándole sobre la bala en mi pierna y por qué la tengo.

—¡Retirada, chicos! ¡Retirada!— gritó otro.

Sonreí. Miré a Georg y con un movimiento de cabeza le dejé claro que debía irse; los chicos seguramente ya le esperaban fuera del aparcamiento.

—¿Cómo que retirada?! ¡Que nadie se mueva!— gritó el segundo al hablar —es el hijo del enemigo del jefe, ¡podríamos sacar mucho partido si nos lo llevamos! El jefe aprovecharía eso.

—¡Es una IDEA TERRIBLE!

—¡Ese tío nos exterminaría a todos sin piedad! ¡Hasta sus hombres rescatarían al chaval a puñetazos!

—¡Ni de coña! ¡No voy a arriesgarme! Le diremos al jefe que el objetivo ha caído y ya está, ¡a retirar!

—¡Es una pedazo de oportunidad!

Mientras discutían, Georg aprovechó para irse. Yo asomé un poco la cabeza para verles; se estaban mirando y señalando entre ellos, a punto de liarse a tortas. Mi moto estaba detrás de ellos y le daban la espalda. Así que aproveché que estaban en su pelea para salir del escondite y llegar a mi moto. Corrí hasta el coche que estaba al lado, a una distancia segura, pero no me vieron. Luego pasé al otro que estaba cerca y me agaché para caminar entre los otros dos. Corrí hacia mi moto, me puse el casco que colgaba del volante junto al otro que era del moreno, ya que lo había comprado especialmente para él.

Me lo puse sin dejar de mirar al grupo de hombres que seguían discutiendo si matarme o no. Di la vuelta a la llave para encender la moto, y cuando rugió, me preparé para acelerar. Cuando se dieron cuenta y se pusieron alerta, yo sonreí.

—¡Nos veremos otra vez, par de capullos!— exclamé y aceleré rápidamente.

—¡Hijo de perra!— tras escuchar ese grito oí el ruido de un disparo y sentí la bala impactar en mi brazo.

Gruñí por el dolor y casi pierdo el equilibrio, pero hice todo lo posible por no caer. Salí del aparcamiento a toda velocidad, controlando la moto con una mano y tragándome las ganas de gritar. Alcancé a los chicos y aparqué frente a un callejón; ellos también lo hicieron. Sabía que tenía que buscar a alguien que me ayudara con el brazo, pero había algo más importante que hacer.

Saqué mi móvil del bolsillo de la chaqueta; tenía varios mensajes suyos.

«Vale, te lo mando mañana. No vaya a ser que a Gustav le dé por cambiar de sitio.»

«Oye y… gracias por esta noche, eh… fue solo una película pero realmente me gustó estar contigo.»

«¿Estás ocupado?»

«Mierda, no quiero pensar que realmente estás en medio de un tiroteo y estás respondiendo. ¡Eso sería tan peligroso!»

«Tom…»

«¡Joder! Al menos dime que te has quedado dormido, en serio no quiero creer lo que me dijiste.»

«¿Tom?»

—Tom…

—¿Qué?

—Estás sangrando— dijo Georg preocupado.

Asentí —Sí, uno de esos cabrones logró darme— dije como si nada —llama a Dick, dile que lo espero en mi apartamento. Necesito que me saque la bala.

—¿Con quién hablas tanto? Quien quiera que sea te tiene tan tonto que ni siquiera pareces preocuparte por morir desangrado.

Rodé los ojos —no seas dramático, Georg.

—¿Quién es?— preguntó.

—El morenito…

—¡No me digas que realmente lo seguiste esa noche!

Sí, bueno, conozco a Willem gracias a las revistas y las fotos que salen en los periódicos con sus padres. Son esas instantáneas que los paparazzi le hacen cuando parece que no se entera y luego acaban en las revistas que tengo en mi habitación, llenas de fotos suyas que decoran las paredes. Willem no lo sabe, pero yo siempre he estado ahí. Él nunca me ha visto, pero yo a él sí. Lo observo desde las sombras, sé lo que hace, cuándo y a qué hora exactamente. No fue casualidad encontrarme con él aquella noche en el pub.

—¡Joder, Tom! ¡Estás como una cabra, colega!

—Yo no tengo la culpa de que sea tan guapo y me tenga atrapado.

—¿Vas a decirme que estás colado por él?— cuestionó cruzándose de brazos.

Reí mientras negaba con la cabeza —No, no estoy colado…

—¿Entonces?

—Lo amo— respondí —me tiene loco, ¡Maldición! Me inclino ante él, lo venero, lo adoro… ¡Podría ser su puto esclavo si me lo pidiera!

—Sabes que igual no va a funcionar eso que quieres, ¿no?

—Haré que funcione…

—¿Y si se entera de quién eres de verdad y pasa de ti?

—Georg, haré lo que sea… pero lo quiero conmigo, con nadie más, solo conmigo… y ya deja de perder el tiempo y llama a Dick.

—Ahg, qué idiota eres…

—Ajá, como digas— cuando se alejó, me preparé para contestarle al niño.

«No te preocupes, terroncito. Estoy bien. Espero tu mensaje mañana; sueña conmigo. Yo dormiré, pero antes me masturbaré pensando en ti… prometo gritar tu nombre cuando llegue al orgasmo.»

«Porque me encanta tu nombre como para gemirlo.»

Al enviar los mensajes, guardé el móvil en el bolsillo y encendí la moto para irme a mi apartamento. No me despedí de ninguno de los chicos; tampoco hacía falta.

Solo aceleré conduciendo con una mano y con el otro brazo adolorido pensando en el chico de ojos marrones y sonrisa encantadora. Prometí tenerlo conmigo y lo voy a conseguir; solo tengo que asegurarme de que se enamore de mí…

Solo eso…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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