
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 60
By Tom
Pasados cinco minutos bajé otra vez para seguir con el interrogatorio a los padres de la perra de Nathalie. Al parecer, la info que me habían dado era cierta. Mi hermano tiene un don para pillar cuando alguien miente; no sé cómo lo hace, supongo que es por cómo habla la persona, el tono de voz, las expresiones… vaya, que lo nota todo.
Me ha dicho que en ningún momento mintieron, pero aun así los tengo atados a las sillas, porque no pienso soltarlos todavía. Seguro que son buenos mintiendo, y si los dejo ir, irían a contárselo todo a Nathalie. No voy a cometer ese error. Se van a quedar ahí hasta que todo esto termine.
Me siento completamente frustrado. Han pasado doce horas desde el interrogatorio y sigo esperando a que lleguen Georg y el grupo de hombres que mandé a revisar cada propiedad que me nombraron Clarisse y Hugo. Hasta ahora, todo son malas noticias: parece que nadie ha estado en esas casas desde hace un montón, por el polvo que hay en cada rincón. Así me lo ha dicho Georg. No sé nada de mi moreno y me agobia un montón; siento que le está pasando algo feo y, por más que lo intento, no sé qué hacer. Mierda.
—Cariño…— la voz de mi madre interrumpe mis pensamientos. Estoy sentado en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas y las manos en la cabeza, que me duele como los mil demonios —Toma, te preparé un té. Te va a tranquilizar un poco…
Levanto la vista para mirarla y cojo la taza humeante sin muchas ganas. —Gracias…— susurro.
Ella sonríe un poco y se sienta a mi lado, pasando las manos por mi espalda como queriendo reconfortarme, pero… ¿cómo le explico que eso no sirve y que lo único que quiero es salir de todo esto cuanto antes? Le doy un sorbo al té y suelto un suspiro. —No sé qué hacer, mamá… siento que todo esto me está tragando y yo no puedo hacer nada— digo en voz baja.
—Ya verás que todo se soluciona rápido, cielo. Pero no olvides que hay una guerra en medio, que están tus hijos, que también necesitan a su padre…— me dice con tono suave, como si tuviera miedo de que me rompiera —Necesitas pasar tiempo con ellos, respirar, despejar la mente, tomar un poco de distancia del caos. Solo así podrás ver claro qué hacer. Ahora estás pensando desde la rabia, desde el dolor, desde ese nudo en el pecho… no desde la razón.
—No puedo pensar con sensatez— respondo bajito, negando con la cabeza, con el corazón en la garganta —Pero siento que la única forma de que esto acabe es… matando a Brian.
—Esa no es la mejor solución— me responde casi en un susurro.
—¿Entonces cuál es, mamá? ¡Porque te juro que pienso y pienso y no se me ocurre nada!— exclamo, sin poder controlar la desesperación.
Entonces la voz de mi padre irrumpe desde la entrada: —¿Quieres saber por qué pasa eso?— pregunta con esa calma firme que siempre tiene. No me había dado cuenta de que estaba ahí, pero su presencia se siente como si hubiera estado conmigo todo el tiempo. Y, de hecho, lo ha estado: ha tomado las riendas de lo que yo no podía, ha ordenado a mis hombres, ha hecho que todo se moviera en silencio. Papá siempre ha sido brillante para hacer planes.
Lo miro en silencio, esperando que siga.
—Porque el amor que sientes por Willem no te lo permite.
Frunzo el ceño; no termino de entender.
Se sienta en el sofá de enfrente, cruzando las manos con calma. Entre nosotros solo hay la mesa de centro, donde dejo la taza de té que apenas he probado.
—Cuando amas de verdad a alguien, cuando el vínculo es tan profundo… esa persona se vuelve el centro de todo, tu calma, tu necesidad. No solo lo extrañas, lo necesitas. Su ausencia duele como si te arrancaran un trozo del alma. Piensas en él al despertar, al respirar, en cualquier momento. Lo que sientes ahora no es obsesión, hijo… es amor de verdad. Del que transforma, del que duele, del que sostiene. Y cuando esa persona no está, no es solo tristeza… es como si una parte de ti estuviera perdida, y por más que busques, no la encuentras.
Mamá asiente lentamente.
—Y no es dependencia negativa— añade —Es que tu alma encontró su espejo en la de él. Y cuando lo perdiste, entraste en un vacío donde nada tiene forma. Ese amor… esa conexión con Willem no te está destruyendo. Te está empujando a buscarlo, porque sin él no estás completo. No lo veas como debilidad. Es el tipo de amor que solo pasa una vez, el que nace cuando dos almas están hechas para encontrarse. Lo que sientes ahora es una necesidad tan fuerte de estar con él, que todo lo demás pierde sentido.
—Eso te impide pensar con claridad— retoma papá —No estás entero, hijo. Tu alma cojea un poco… pero no es malo, es la señal de que tu corazón sabe dónde pertenece… solo que ahora necesita ayuda para volver.
—Y aun así no es el final de todo— interviene mi madre, cogiendo mis manos entre las suyas —El amor que sientes por él no es una cadena que te ata, Tom… es una raíz. Una raíz profunda que te sostiene, incluso cuando todo lo demás se desmorona. Pero hasta el árbol más fuerte necesita apoyo cuando el viento sopla demasiado fuerte.
Musita, y yo me quedo en silencio, intentando asimilar lo que dice. Mi madre estudió psicología antes, y luego le enseñó a mi padre… ¿o cómo es que saben tanto? La manera en que lo dicen es como si… ah, claro… ellos se quieren entonces tiene todo el sentido del mundo ahora que lo pienso.
—Solo tienes que entenderlo y respirar. No estás solo en esto. Vamos a ayudarte a recuperarlo… pero no puedes hacerlo si tú mismo te estás rompiendo en el intento— concluye.
Me quedo callado.
Por primera vez en días, no siento que todo sea oscuridad. No porque el dolor haya desaparecido, sino porque ahora sé de dónde viene. No estoy loco, ni soy débil. Solo… estoy roto, porque me falta él. Porque Willem no es solo alguien a quien amo. Es el lugar al que pertenezco.
Mis padres tienen razón.
No puedo pensar con claridad porque siento que me arrancaron un trozo de mí. Como si Willem fuera mi brújula, y sin él, todo el mapa de mi vida perdiera sentido. Y no es que solo lo necesite para respirar… es que cuando está, respiro mejor. Quizá este amor me haya nublado un poco… pero también es lo único que me ha mantenido de pie. Incluso en medio de este infierno, sigo respirando por él.
Supongo que cuando el alma encuentra su otra mitad… no hay lógica que valga más que ese latido compartido. Travis quiso decirme eso antes…
Cierro los ojos un momento. Siento la garganta apretada, como si me costara tragar las verdades que acabo de escuchar. No son verdades nuevas… son cosas que ya estaban dentro de mí, solo que no había sido capaz de ponerles nombre. Siempre creí que amar era proteger, cuidar, darlo todo por el otro. Pero nadie me enseñó que a veces amar también es necesitar. Que hay amores que se vuelven parte de ti, no por dependencia, sino porque se enredan tan profundamente en tu ser que ya no sabes dónde terminas tú y dónde empieza él.
Willem se convirtió en eso.
Mi pensamiento, mi calma, mi impulso, mi hogar. No necesito tocarlo para saber que es mío. No por posesión, sino porque mi alma lo eligió antes de que yo pudiera entenderlo. Y ahora que no está, todo se desordena.
Respiro hondo. Mis padres no me están diciendo que deje de sentir. Me están enseñando a no perderme en lo que siento.
Y tal vez ahí está la clave.
No es dejar de amar para recuperar la claridad. Es aprender a caminar aun con el pecho abierto, con el alma ardiendo por su ausencia. Es dejar que el amor me acompañe, no que me ciegue. Porque no voy a dejar de buscarlo. No podría, aunque quisiera. Pero puedo hacerlo con cabeza. Con estrategia. Con propósito. No desde el impulso de querer romperlo todo por rabia… sino desde el amor que quiero volver a tener en mis brazos.
Me limpio las lágrimas antes de que caigan del todo. Voy a salvarlo. Pero esta vez… lo haré bien.
Justo en ese instante, Georg entra en la sala con el grupo de hombres que lo acompañaron en la inspección. También Bach, con los suyos, que se infiltraron entre la gente de Brian, en sus territorios, junto a Harry y Andreas. La expresión de todos ya me avisa que no traen buenas noticias y, aunque sea en vano, me preparo mentalmente.
—Dime que tienes algo bueno para decirme, Georg…— le pido.
Él suelta un bufido y niega con la cabeza. —No, hermano. He revisado todas las propiedades, incluso las que Harry me dijo que ella había vendido hace poco… y no hay nadie. Ni rastro de nada, solo polvo, telarañas… nada más. Lo siento— me dice.
—En los territorios de Brian tampoco hay rastro de ellos, Tom— comenta Bach —Hemos buscado por todos lados, en cada rincón, y nadie sabe nada. Incluso intenté sonsacar algo a unos de sus hombres manteniendo las apariencias, pero no saben nada de él. Solo siguen órdenes de su mano derecha…
—¿Quién es?— pregunto.
—No lo sé, solo sé que le llaman Zazu.
Qué nombre más ridículo.
—¿No hay nada más?— insisto —Necesito cualquier información que me ayude a encontrar a Willem. ¿Esto es todo?
Bach se relame los labios. —Sé algo más.
Lo miro, esperando que siga.
Traga saliva. —Uno de los hombres de Brian se me acercó… parece que sabe quién soy y a qué banda pertenezco. Él y otros más están en contra de que Brian tome el control de las federaciones porque saben la rata que es, y me han dado una información que me ha traído hasta aquí, Tom. Pero no sé si debo decirla en voz alta ahora…
—Dilo, da igual.
—Me ha dicho que hay un topo entre los nuestros.
Mi cabeza se dispara al instante. —¿Qué?
—Tenemos un infiltrado que le ha estado pasando información. Eso es lo que me ha dicho ese tipo.
¿Cómo mierda es eso posible? Soy muy cuidadoso con estas cosas…
—Joder, ¿te ha dicho quién es el desgraciado?
Bach niega con la cabeza. —No, pero si consigo que ese grupo se una a nosotros podré averiguar el nombre del sapo. Por ahora, Tom, lo que puedes hacer es requisar a todos, quitarles los móviles y asegurarte de que no tengan nada con lo que puedan comunicarse. Mientras tanto, yo volveré a los territorios de Brian a convencer a esos tíos… pero esta vez iré solo.
Asiento lentamente. —Bach…— le llamo antes de que se dé la vuelta para irse —Asegúrate de que esta información sea cierta y no solo una mentira para mantenernos entretenidos. Conozco a Brian y sé que sabe que no puede conmigo, así que haría todo de la forma más sucia posible, atacándome por la espalda. Y asegúrate también de que de verdad estén en contra de él, ¿vale? No quiero líos más adelante…
—Claro que sí— me responde antes de irse solo.
Respiro hondo. —Andreas, encárgate de requisar a todos los hombres, ¿okay? Cualquier aparato que lleven será decomisado hasta que pase todo esto. Pero no llames demasiado la atención, ¿sí? No queremos alertar al topo. Seguro que él sabe dónde está Brian y nos podría llevar directo a él.
—Con todo gusto— dice con una sonrisa socarrona. A Andreas siempre le han gustado estos trabajos.
—Llévate a un par de hombres, por si acaso— le digo, y se va llevándose a Matthias, Jürgen y Lutz.
—Georg, Harry…— ambos me miran al mismo tiempo —Necesito vigilancia 24/7 para mis hijos, ¿entendido? Si hace falta, llevaos a un par de hombres más para lo que necesitéis. No quiero que dejéis solos a mis bebés, ¿okay? En ningún momento. Si es cierto que hay un topo, mis hijos tienen que estar bien cuidados.
—Vale…— Georg se retira junto a Harry con Detlef, Norbert, Emil y Torben.
Al resto les dije que volvieran a sus tareas habituales. Cuando se fueron, me senté otra vez junto a mi madre. Estoy preocupado… espero que no sea cierto que hay un topo entre los míos, porque si lo es, vamos a tener problemas de verdad.
—Un topo…— susurra mi padre, que ha estado callado todo el rato escuchando a mis amigos —¿No te haces una idea de quién podría ser?
Niego con la cabeza. —No, ni siquiera entiendo cómo puede haber un infiltrado si todos mis hombres se conocen entre sí. Siempre he sido muy precavido con estas cosas, ¿cómo pasó desapercibido un nuevo si siempre los presento?
—Algo se habrá inventado, ¿no?— dice mi madre, inclinándose hacia mí, coge la taza de té y me la devuelve —Bébela— me ordena, literalmente.
Le hago caso, porque mi madre, cuando quiere, tiene un carácter muy fuerte. —Seguramente…—responde mi padre —Esperemos a que Bach consiga convencer a esos tipos de unirse a nosotros, porque si no, tendremos que descubrir quién es el sapo… a la antigua.
Frunzo el ceño, confuso. —¿Y eso cómo sería?
Papá esboza una sonrisa ladina. —Solo necesitamos una pistola y muchas balas— sonrío también al entender a qué se refiere, mientras mi madre nos observa expectante. Si para recuperar a mi morenito precioso tengo que matar, pues eso haré.
Y no me va a importar nada.
.
By Bill
Ya es de noche, lo sé porque no entra nada de luz por la rejilla de ventilación. Escucho el chirrido de las ratas corriendo de un lado a otro, con los dientes castañeando. Me encojo más en el mismo rincón de siempre, del que no me muevo aunque me duela la espalda.
Tiemblo de frío: todo mi cuerpo, mis manos… Aquí abajo, con tanta humedad, hace un frío que me eriza la piel y me hace temblar los labios. Froto las manos para entrar en calor, pero no sirve de nada. No sé qué hora será, pero debe ser muy tarde. El temblor cambia: ya no es solo frío, es miedo, porque escucho la puerta abrirse con el típico chirrido metálico.
Las palabras de Nathalie siguen dando vueltas en mi cabeza, atormentándome, y solo puedo agarrarme a la esperanza de que Tom está vigilando a nuestros hijos. Que los tiene bien cuidados y no con alguien que pueda hacerles daño. Mi corazón late acelerado, miro hacia la entrada aunque casi no puedo ver nada en la oscuridad. De repente, alguien enciende la luz, y tengo que cerrar los ojos porque ya me había acostumbrado a la penumbra. Las ratas salen corriendo despavoridas a sus escondites.
Escucho el sonido de botas golpeando las tablas, y eso me angustia más, porque no es el taconeo típico… Que no sea él…
—Por favor, por favor…— susurro lo más bajito que puedo, pero nadie me escucha.
—Hola…—a parece Brian, con una sonrisa «pacífica», una manta doblada colgando del brazo y un vaso de jugo de naranja. Mira la mesa del sótano, todavía con las pinturas que Nathalie y Ría trajeron por la mañana, y luego me fija la mirada a mí, levantando las cejas —Parece que Nathalie y Ría se lo pasaron bien hoy…
Lo miro fijamente, temblando de miedo. —¿Qué quieres…?— pregunto con voz temblorosa.
Él pasa la lengua por los dientes superiores lentamente, sonriendo socarrón. —¿Para qué preguntas si ya lo sabes? Nathalie te lo contó todo, ¿no?— no respondo, solo observo cómo se acerca. Mi respiración se acelera segundo a segundo —Estás temblando, supuse que tendrías frío, así que traje esto y un vaso de jugo. ¿No quieres ir al baño?— no contesto. Suspira —Ten…
No me muevo, y su expresión cambia de golpe, poniéndose seria.
—Tómalo, no querrás que use la hidrolimpiadora a estas horas, ¿verdad?— ante el tono despectivo y la amenaza, obedezco. Alzo los brazos que tiemblan y, con dificultad por las cadenas, cojo la manta, la pongo sobre mis piernas y luego tomo el vaso.
No podía aceptar que esto fuese un gesto «bueno», sé que hay otras intenciones detrás.
Él sonríe. —Eso es, me gusta cuando obedeces. Nathalie te tiene muy bien entrenado, ¿a que sí?— me habla como si fuera un perro, revolviéndome el pelo lleno de pegamento seco —Pero estoy enfadado con ella y con Ría, porque te contaron algo que no debías saber. Yo iba a dejar que hablaras con Tom, habría sido la última vez, quería hacer algo bueno… pero ella lo arruinó todo.
Aprieto los labios, intentando no sollozar.
—Así que quiero evitar que digas algo que no debes. Porque si lo haces, tendría que matarte… y aún no quiero hacerlo, porque todavía me sirves…
—¿Por qué le quieres hacer daño a mis hijos?— pregunto bajito, temblando, ignorando lo que acaba de decir.
Continúa…
Gracias por la visita. Vamos a darle ánimo a la autora con los comentarios 😉