
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 61
Él solo me mira fijamente, tarda unos minutos que me parecen eternos antes de responder.
—Porque debo hacerlo— dice, con voz neutral —Y, para ser sincero, no quiero. Pero es algo que sí o sí tengo que hacer para conseguir lo que quiero, Willem…
—Pero son solo unos bebés…— menciono con un quejido lastimero.
—Lo sé— me mira como si realmente le diera pena —Y sé que me ves como un monstruo, pero si me deshago de ellos y te hago daño a ti, Tom perderá la cabeza y podré acabar con él también— sus dedos se deslizan por mi mejilla. Quiero apartar la cabeza, porque el contacto me repugna, pero me contengo —Pero no te preocupes, pronto se reunirán de nuevo… aunque lo más probable es que Tom vaya al infierno.
Me estremezco con un escalofrío horrible. —No les hagas nada, por favor…
—Lo siento, pero no puedo hacer eso— musita y luego sonríe —Quiero… quiero controlar todo esto, Willem. Cuando tenga la federación de Tom, podré ir por la de Gordon y Travis… podré deshacerme de la policía, del FBI o de la DEA… o mejor dicho, tenerlos de mi lado, porque siempre habrá algún corrupto que acepte cualquier cosa por un buen montón de dinero. Tendré el control del mundo del narcotráfico, acabaré con las federaciones en México, Rusia…
Dice todo esto con un tono de ilusión, como un niño soñando con ser futbolista o una niña soñando con un príncipe de cuento. Su mirada va de mis ojos al vaso de jugo, y vuelve a mí.
—Bébelo…— me ordena otra vez. Obedezco. El miedo me puede y, aunque sé que ese jugo debe tener algo, lo acerco a mis labios con manos temblorosas y doy un sorbo. Siento cómo mi garganta se refresca al instante y me dan ganas de beberlo todo… pero me contengo. Entonces Brian gruñe: —¡Que te lo tomes todo, carajo!— exclama.
Me sobresalto y bebo todo el líquido, con los ojos llenos de lágrimas. Él sonríe de nuevo, torcida y cínicamente.
—Sigamos con lo que estábamos hablando— dice, relamiéndose los labios —Tom verá cómo te hacen daño mientras duermes y no podrá hacer nada, eso lo pondrá hecho una furia…
—¿Q-qué?— balbuceo.
—Joder, ya lo sabes todo. Mis planes. No me voy a arriesgar a que abras la boca, grites o digas algo sobre esto— me dice —En unos minutos te quedarás completamente quieto.
Se levanta, saca una llave del bolsillo del pantalón y se agacha frente a mí para abrir las esposas. Libera mis muñecas, rojas y moradas por los hematomas, y hace lo mismo con mis pies. Luego me toma del brazo con fuerza, apretando mis músculos hasta que duele. Me trago un gemido y mis piernas tiemblan, pero intento mantenerme en pie.
Brian se pone frente a mí y me da una palmada en la mejilla, no muy fuerte, pero lo suficiente para que me duela. —Quédate quieto, ¿sí?— me dice con una sonrisa burlona —Ya va a empezar a hacer efecto.
—¿E-eh…?— musité, sintiendo el corazón golpeándome las costillas.
Brian se carcajeó y se metió las manos en los bolsillos como si fuera a contarme un chiste. —Le eché algo a la bebida, sé que no eres tonto y lo sabías. Por eso no querías beberlo, eh. Te he dado ketamina— me guiñó un ojo y se echó hacia atrás, esperando mi reacción —La usaban en los caballos, ¿sabes? Pero en humanos… bueno, te vas a desconectar de la realidad un rato.
Mi estómago se revolvió. —¿Q-qué? ¿Qué me has dado?— mi voz sonaba hueca, apagada. Una sensación rara empezó a recorrerme la cabeza, como si la parte de atrás se me desconectara del cuerpo.
—Ketamina— repitió, como si fuera una palabra mágica —Me hubiese encantado que Tom te escuchara gritar mientras te desgarraban por dentro… pero no va a pasar. Nathalie no pudo aguantar las ganas de soltar la lengua. Arruinó el momento.
Quise empujarlo, escupirle en la cara, algo. Pero mi cuerpo ya no respondía igual. Las piernas me flaqueaban y la cabeza me pesaba, como si flotara y al mismo tiempo me aplastara.
—Tranquilo, no luches contra la sensación. Déjate llevar… en un rato ni vas a saber dónde estás— susurró cerca de mi oído, y luego me agarró del brazo para arrastrarme hacia las escaleras —Vas a estar consciente, pero sin poder moverte. ¿Sabes lo que es eso, Willem? Se llama disociación. Vas a ver todo. Todo.
Intenté hablar, pero la lengua me pesaba. Silbó y la puerta se abrió. Entraron varios hombres, bajaron y me tomaron de los brazos para subir.
—Es una pena que Tom solo pueda mirar y no hacer nada. ¿Sabes cuánto sufrirá por eso?— preguntó, aunque no esperaba respuesta —Pero así se aprende. No se jode con Brian Hauffman.
Mi visión ya estaba borrosa. Los bordes de todo se movían como agua, la respiración se me aceleró y empecé a hiperventilar, pero ni eso me devolvía el control. Los hombres me subían lentamente por las escaleras y Brian no dejaba de hablar.
—Tom tiene poder, sí. Pero lo tiene porque se lo dieron, no porque lo luchó. ¿Y sabes qué pasa con los hombres que nunca han tenido que arrebatar lo que tienen? Se ablandan. Se vuelven lentos. Débiles. Predecibles— dice —Yo no nací con nada. Me hice solo. Y eso me hace más peligroso que él, que Gordon, que Travis juntos. ¿Por qué? Porque yo no tengo moral. No tengo líneas rojas. No tengo familia que me detenga. Todo lo que ellos temen perder… yo ya lo perdí hace mucho. Lo único que me queda es el hambre.
Me llevan por un pasillo, su voz cada vez suena más lejana, como un eco difícil de entender.
—Por eso quiero sus federaciones. No por dinero. No por respeto. Las quiero porque sé que sin ellas… no soy nadie. Pero con ellas… soy Dios. Cuando controle el poder de los tres, nadie me va a cuestionar. Nadie me va a parar. Y tú vas a ser el primer recordatorio de eso.
Se ríe, siento que me falta el aire.
—Tu existencia… tu maldita presencia… es el punto débil de Tom. Él puede con todo… menos contigo. Y yo, Willem, voy a usar eso hasta el último aliento. Porque cuando lo tenga de rodillas, suplicando, rendido… voy a hacerle entender que en este mundo no gana el que ama. Gana el que aplasta.
Me tiran sobre un colchón en el suelo, no sé dónde, ni en qué parte. Apenas puedo ver alrededor. Entre mis ojos entrecerrados veo cómo se inclina frente a mí.
—Y yo nací para aplastar.
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By Tom
Aida y Aiden están despiertos. No han querido dormir y, si soy sincero, me gusta porque ahora solo ríen y chillan mientras Aiden aprieta uno de mis dedos con sus deditos pequeños. Este nene tiene fuerza, y Aida solo chilla emocionada, transmitiéndome paz. Aunque no puedo estar del todo tranquilo.
Tengo el móvil en la mano, grabándolos porque cuando tenga a mi moreno conmigo querrá verlos.
Ellos no saben nada de lo que pasa, ni cómo podrían saberlo. Dos semanas de nacidos y mi moreno debería estar aquí con nosotros, no en manos de esos desgraciados que seguro le están haciendo daño.
—Voy a salvar a mi morenito y seremos familia otra vez, ¿vale?— sonrío al verlos sonreír —Vosotros tres sois lo más importante que tengo. Vamos a estar bien, lo prometo…
Sigo grabándolos unos segundos más, justo cuando Aiden se lleva mi dedo a la boca y empieza a mordisquearlo sin éxito. En ese instante, donde sonrío tiernamente al verlos, Georg entra en la habitación casi tirando la puerta, y me sobresalto. Lo miro frunciendo el ceño porque ha asustado a mis hijos.
Él suelta un suspiro. —Qué bueno que estás despierto— dice —Nos han llegado dos links raros. Travis abrió el primero y…
Alzo las cejas. —¿Y…?— le empujo a que continúe.
La expresión de Georg es puro horror. Traga saliva, se relame los labios y respira hondo antes de soltar lo que sea que vaya a decirme. —Es un vídeo… donde aparece Willem— al oír su nombre me pongo de pie de golpe; Aiden empieza a llorar porque no tiene mi dedo entre los suyos, y Aida también rompe a llorar —De estos días en los que ha estado secuestrado.
—¿Quién lo ha enviado?— pregunto mientras me pongo los zapatos de nuevo.
—Un usuario anónimo. He intentado rastrearlo, pero nada. Travis se arriesgó a abrir el link porque podía ser cualquier cosa: un virus, un hackeo a la laptop… y ahí tenemos cosas importantes, información de tus propiedades, territorios, etcétera— me va contando mientras salimos de mi habitación.
—Leslie, encárgate de mis hijos— le ordeno a la chica de limpieza que está más cerca en el pasillo. No sé qué hacen despiertas a esta hora, todo tiene que ser obra de mi padre. De todas formas, hay un par de hombres en la entrada vigilándolos, justo como pedí.
—Tom…— Georg me sujeta del brazo antes de que empiece a bajar las escaleras; lo miro —Le han hecho cosas muy feas…
Mi corazón se acelera y bajo corriendo las escaleras. En la sala están mis padres, Travis, mis amigos, Chantelle… todos con una expresión de horror. Me acerco y mi hermano se aparta. El vídeo se reproduce en la laptop; lo repito desde el principio. Desde el día en que lo meten en esa habitación… horrible. A simple vista se ve que está en mal estado. Parece una habitación vieja y podrida, con paredes manchadas y suelo agrietado. Mi moreno entra tambaleándose, con Nathalie tirando de la cadena con la que lo tienen atado. Siento una presión en el pecho.
En el vídeo aparecen Ría y Nathalie. Discuten con él, pero no hay audio, solo gestos. Luego lo empuja con fuerza y cae de espaldas sobre un viejo colchón. El vídeo se corta y empieza otra parte: ella coge una manguera conectada a una hidrolimpiadora y lo empapa con agua helada a presión.
Mi moreno se estremece al instante, el frío le hace encoger el cuerpo, pero no puede cubrirse ni escapar. Solo tiembla, indefenso. La imagen cambia: le echan sopa hirviendo encima mientras grita, le sirven la comida en tazas de perro, lo obligan a arrastrarse para alcanzarlas. Lo vuelven a bañar con agua helada, se ríen mientras él apenas respira. Le pintan la cara de payaso, le tiran cera caliente en pecho y piernas, le pegan papeles con insultos en el cuerpo, le empujan… lo graban llorando, humillado, roto.
Siento que no puedo respirar. Verlo así… ver cómo lo destruyen poco a poco… es como si me arrancaran el alma. Mis manos tiemblan. Quiero arrancar la pantalla, romperla, borrar ese maldito vídeo… pero no puedo. No puedo dejar de mirar. Mi amor. Mi moreno. Lo están destrozando… y yo no estoy allí para protegerlo.
Al final del vídeo aparece una pantalla negra con letras rojas que dicen «abre el otro link». Con los labios apretados y la rabia a tope, salgo de ese link y entro en el otro. La página carga y pide contraseña. Frunzo el ceño; no tengo cabeza ni para pensar. En ese instante, mi móvil vibra. Lo saco del bolsillo sin apartar la mirada de la laptop y descuelgo.
—¿Qué?— digo seco.
—Ay, pero qué poca educación— suena la voz de ese jodido, y casi me reincorporo de golpe —Yo pensaba que habría un «hola, ¿qué tal?» Pero bueno…— se ríe —¿Te ha gustado el vídeo? Hemos tratado a Willem mucho mejor de lo que pensaba, créeme. Y solo porque lo dejé a cargo de Nathalie…
—Maldito imbécil, juro que cuando te atrape te haré pasar un infierno…— mi voz tiembla de impotencia.
—Aww, ¿te ha puesto triste ver a tu chico así de mal?— pregunta con sorna —Pensé que serías un poco más fuerte. Porque con lo que viene después… te vas a morir de un infarto.
Tenso la mandíbula. —¡¿De qué mierda hablas?!— exclamo, siento que pierdo la cabeza.
—Adivina la contraseña y lo sabrás, Tom. Es muy fácil…— pausa unos segundos —Te daré una pista: es el diamante favorito de tu moreno, justo el nombre que le pusiste a tu pub…— rápidamente pongo mis dedos sobre el teclado y escribo «excelsior» —Qué conste que te lo he dejado fácil, eh. Solo porque quiero que empiece el juego.
La pantalla se vuelve negra y de repente aparece una grabación en directo. Veo una pared blanca de fondo y un cuadro que me resulta familiar, pero no me centro en eso. Mis ojos se fijan en mi moreno: está sentado sobre un colchón, con la espalda pegada a la pared, el cuerpo inclinado hacia adelante porque no puede sostenerse solo. Está vestido como… como una muñeca. Comienzo a hiperventilar.
—¡¿Qué le has hecho?!— exclamo.
—Oye, cálmate. Déjame hablar y lo sabrás— dice con una calma que solo me hace sentir más abrumado —Le di ketamina. Su cuerpo está paralizado; no puede moverse, pero sí escuchar y ver. Y ahora mismo te está escuchando… pero tú no a él. Una lástima, de verdad…
—Cabrón…— gruño.
—Qué grosero— musita, fingiendo ofensa —Espera a escuchar la mejor parte: vamos a jugar un juego. Tendrás que responder unas preguntas y, según tus respuestas, veremos si Willem se salva o…
—¿O qué, hijo de puta?
—O… ¿ya viste cómo está vestido? ¿Sabes para qué sirve una muñeca sexual?
El pánico me invade de golpe. Claro que sé para qué sirve una muñeca sexual, y entiendo perfectamente lo que me quiere decir.
—Si te atreves a tocarlo…
—Cállate, aquí no tienes ni voz ni voto. ¿De verdad crees que me vas a intimidar?— se burla —No me hagas reír, Tom. Ahora presta atención porque no lo repetiré: por ahora solo habrá un hombre que ponga las manos sobre el bonito cuerpo de tu chico. Porque déjame decirte que sí que es precioso, eh… la suavidad de su piel, hmm…
Aprieto los dientes, todo mi cuerpo tiembla.
—Por cada respuesta incorrecta, se le irá sumando uno más. Solo serán diez preguntas. ¿Vale? Depende de ti que tu morenito no se muera por desgarre…
—¡Eres un hijo de puta!— grito lleno de rabia, los ojos me arden, llenos de lágrimas —¡Basta, joder! ¿Por qué con él, carajo? ¡¿Por qué?!
—Porque es tu talón de Aquiles, Tom— responde con una tranquilidad que da escalofríos.
Dejo el móvil sobre la mesa con un golpe seco, justo al lado de la laptop. Willem… sí, él es mi talón de Aquiles. Y mierda, me siento culpable. Nunca debí entrar en su vida.
—Empecemos a ver si eres tan listo como presumes. Ah, y cuidado con recibir ayuda de los que tienes al lado, porque sé que no estás solo. Te observo por la cámara de la laptop y ni se te ocurra apagarla, o a Willem le irá peor— dice Brian, con voz neutra, casi aburrida —Primera pregunta: ¿Cuál fue la ruta de escape que usó el cartel de Colima cuando la DEA los acorraló en 2018?
¿Qué mierda es esta? Pensé que las preguntas serían de otra cosa, joder. Sí que había hablado de eso con mi padre, pero hace años, yo era un crío, no recuerdo nada. Aun así, me arriesgo. No miro a nadie, solo mi respiración errática se escucha.
—¿Por Honduras? No lo sé, cabrón…— suelto frustrado —No estaba en el negocio entonces…
Brian ríe. —Respuesta incorrecta— chasquea la lengua —Ya tenemos dos hombres.
Siento que me falta el aire.
—Segunda pregunta: ¿Qué químico es el más usado para cortar cocaína sin que el cliente lo note enseguida?
—Lidocaína. O levamisol si quieres estirar más— respondo sin titubear.
—Buen chico. Tercera: ¿Cuánto tarda en morir alguien si se le inyecta fentanilo puro en vena?
—Depende…— dudo —¿Segundos? ¿Quince? ¿Veinte?
—Demasiado lento— musita —Otro entra.
Mi corazón late como loco. Intento responder correctamente, pero las preguntas son sobre cosas que no sé, y Brian solo se está aprovechando. Miro hacia atrás, todos me observan, expectantes. Vuelvo la mirada a la pantalla y limpio las lágrimas de mis mejillas con el dorso de la mano, de forma brusca.
—No, mierda…— musito con voz estrangulada —Lo haces a propósito, ni tú mismo te sabes esas malditas respuestas.
—Te equivocas, Tom. He estudiado lo suficiente todos estos años… a diferencia de ti— me dice y cierro los ojos intentando mantener el control —Cuarta: ¿Cuál es el calibre más usado para ejecutar traidores en México, por orden de los Zetas?
—Nueve milímetros…— respondo con rabia —O .45, según el mensaje que quieran dejar.
—Correcto— dice. Observo en el vídeo en vivo cómo mi moreno sigue en la misma posición de antes. Siento un dolor enorme. —Quinta pregunta: ¿Cuánto vale una vida humana en el norte del país?
—¡¿Cómo mierda voy a saber eso, gilipollas?!— exclamo.
Brian solo ríe, disfrutando el momento. Maldito imbécil. —Vamos, da una cifra. ¿Diez mil dólares? ¿Menos? ¿Más?
—Depende de a quién mates— respondo con asco —Hay gente que no vale ni un cigarro.
—Incorrecto— espeta —Aquí todas valen lo mismo: un poco de espectáculo.
—Malnacido…— farfullo entre dientes.
—¿Qué cartel controla la frontera de Matamoros? No quiero un nombre antiguo… quiero el actual, actualizado hasta hace dos meses.
No he hablado con gente del exterior, no sé nada de esto. Mierda. —¿Cartel del Golfo?
—Pasado de moda, Tom. Otro regalo para Willem— dijo Brian. Aprieto los puños hasta que los nudillos me duelen y se ponen blancos. —Séptima pregunta: ¿Cómo se llama el jefe de los proveedores de Sudamérica con los que trató tu padre hace diez años en Lima?
—¡¿Qué coño me crees, una enciclopedia?!— grito —¡Yo tenía catorce años! ¡Ni siquiera estaba allí!
—Ah… entonces no sabes— responde con desdén, chasqueando la lengua otra vez —Otro entra.
—¡No, mierda!— grito con todas mis fuerzas, los ojos llenos de lágrimas —No tienes que hacer esto, Brian. Puedo darte lo que quieras, pero no le hagas nada a él… por favor…— suelto las palabras con esfuerzo. Nunca he sido de rogar, de hecho, el único que me ha escuchado suplicar y me ha hecho ponerme de rodillas ha sido mi moreno. Ante los enemigos nunca se muestra vulnerabilidad, pero ahora no sé qué hacer —No le hagas nada…
Brian se queda en silencio unos segundos y luego suelta un suspiro —De malas, Tom…— dice con desprecio —Octava pregunta: ¿Qué droga destruye más rápido el sistema nervioso central: ketamina adulterada o metanfetamina cristalina?
Trago saliva —Cristalina. Siempre el cristalina.
—Correcto. Veo que hablas desde el infierno, ¿eh?— ríe —¿Cuántos litros de gasolina necesitas para cocinar 20 kilos de pasta base?
—Entre 40 y 50 litros… depende de la pureza de la hoja— respondo.
—Bien— musita —Última pregunta, Tom. Y esta es mi favorita… ¿cuántos hombres necesitas para doblegar a alguien que aún cree que lo amas?
—…Ninguno. Ya lo hiciste tú— digo en voz baja.
—Incorrecto— esa palabra me golpea como un puño y siento que entro en pánico —La respuesta es: los que yo diga.
Chasquea los dedos. La puerta de la sala donde está Willem se abre, y entra otro hombre. Solo uno más.
Pero Willem no lo ve hasta que unos tipos lo levantan completamente, obligándole a ponerse recto. Veo cómo su rostro cambia, cómo sus ojos se llenan de lágrimas y cómo quiere hablar o moverse y no puede. Yo no puedo hacer nada. Estoy atrapado, mirando desde la distancia cómo mi mundo se rompe en pedazos.
Mis lágrimas ya no caen, se desbordan.
—Solo siete hombres— dice Brian con falsa simpatía —Pudiste haberlo hecho peor, Tom.
—¡Te voy a matar!— grito con toda la fuerza que me queda —¡Te juro por todo lo que quieras que te voy a matar!
El hijo de puta se ríe otra vez —Quizá te mate yo primero, ahora disfruta del espectáculo…
Continúa…
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