Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 62

La escena que tengo delante me deja completamente impotente. No poder hacer nada para evitarlo, para que no le hagan daño a lo más importante que tengo en este jodido mundo… me siento atrapado. Mi corazón late como un martillo, siento que me falta el aire.

Veo cómo dos de esos siete tipos levantan a mi moreno y lo hacen ponerse recto. Tiene los ojitos entrecerrados, se le notan las lágrimas en los ojos y algunas ya han caído. Mi corazón se me va a los pies. Lo han vestido con un vestido corto de tela cuadriculada en tonos oscuros, con bordes de tul negro en las mangas y en la falda, y un lazo en la cintura que parecía una broma cruel. Todo en ese disfraz gritaba «inocencia forzada». Las medias color marfil le suben hasta las pantorrillas, con líneas negras que simulan grietas. Como si fuera de porcelana. Rota.

Rota por culpa de ellos. Por mi culpa también.

Lleva unos tacones ridículos, altísimos, con tiras negras que rodean sus tobillos. Una peluca le cubre la cabeza, con dos trenzas gruesas a los lados, atadas con lazos del mismo patrón del vestido. El mismo patrón que se repite en la enorme moña absurda que corona su cabeza. La imagen es tan infantil como perversa que me dan ganas de romper la laptop de un golpe.

Y el maquillaje… Dios.

Las mejillas teñidas de rosa intenso, como si le hubieran dado un par de bofetadas. Los labios exageradamente pintados de rosa chicle, como los de un juguete barato. Los ojos delineados con fuerza, pestañas postizas que lo hacen parecer más grande… pero también más perdido. Está ido. Su mirada no se enfoca. Por el maquillaje parece que sonríe, pero en realidad está llorando, y mierda, yo también empiezo a llorar.

Recuerdo que le dieron ketamina. No la adulterada, claro, Brian no quería matarlo… todavía. Solo borrarle la voluntad, dejarlo flotando entre mundos, lo suficiente para moverlo, vestirlo, manipularlo como la puta marioneta que está convirtiendo.

Siento que me falta el aire, como si la sala entera se encogiera. Golpeo la mesa con el puño tantas veces que se le hacen grietas, lastimándome los nudillos.

Esos dos hombres cogen dos cuerdas blancas que cuelgan del techo, por eso no las había visto antes. Atan sus muñecas, levantándole los brazos, y lo sientan en un banquillo tras quitar el colchón. Empiezan a tocarlo, las manos suben por sus piernas hasta los muslos… otros le acarician la peluca, las mejillas. Está siendo manoseado de una manera que solo me causa desesperación. Es mi culpa.

Debí esforzarme más en las preguntas para evitar esto, debí haber hecho más para buscarlo y que no estuviera pasando por esto ahora… mierda. Doy un paso atrás, el corazón latiéndome tan fuerte que apenas puedo oír mis propios pensamientos. No puedo escuchar si mi moreno llora o hace el más mínimo sonido. Nada. Solo ese silencio macabro mientras lo vulneran.

—¡Hijos de puta!— escupo, pero no sirve de nada. Tomo el móvil, Brian sigue en la llamada y él maldito solo se ríe —Por favor, detente…— pido —¡Que no le hagan nada, Brian, por favor!

—No hagas tanto escándalo, Tom— dice Brian —Mira cómo sufre tu morenito por tu falta de estudio. Pensé que sabrías todo sobre nuestro mundo, pero no… eres tan incompetente e idiota que el hecho de que vaya a ser violado es tu culpa. Podrías haberlo evitado, pero careces de inteligencia y ahora Willem sufre las consecuencias…

Sollozo —Él no tiene nada que ver en esto, es entre tú y yo… puedo ir a donde me digas y me da igual si es para matarme, con tal de que lo dejes, por favor— supliqué, viendo en el directo cómo empezaban a desnudarlo, cómo lo tocaban por todas partes, metiendo las manos dentro de sus boxers… no pude seguir mirando, cerré los ojos con fuerza —Por favor, solo…

—Ya, Tom, qué patético suenas llorando— masculle interrumpiendo. Apreté el móvil con fuerza —Nada de lo que digas hará que cambie de opinión. Yo sí quiero ver qué pasa, es tan excitante.

—Eres un enfermo…

—¿Y qué? Nathalie y Ría también disfrutan viendo cómo lo abusan. No sabía que lo odiaban tanto, de Nathalie me lo esperaba, pero de Ría…— suspira —Le tiene una rabia a tu morenito, qué lástima…

Aspiro aire con fuerza —¡Eres un cabrón, Brian! ¡Tú y esas malditas zorra vais a pagar muy caro por esto! Cuando los tenga en mis manos juro que no voy a perder ni un segundo y los haré sufrir como nunca… hasta que me rueguen que los mate de una vez por todas— escupo con rabia. Travis se coloca a mi lado y me mira fijamente —Van a sufrir como no se imaginan, van a entender por qué nadie se mete con un Trümper…

—Qué miedo…— dice él con sorna —Estoy temblando ahora por tu amenaza, ya hasta me he meado encima.

Travis me arrebata el móvil.

—No te lo tomes a broma, Brian— le dice mi hermano —¿Sabes lo que pasó cuando un pandillero nos declaró la guerra pensando que ganaría?— no hubo respuesta de Brian, así que mi hermano continúa —Acabó descuartizado y encontrado en una acequia. ¿Y los que lo seguían? Se unieron a nosotros… ahora nos besan los pies. Ningún otro capo se ha atrevido a declararnos la guerra desde entonces, y esto pasó hace diez años…

—Conmigo será distinto. No seré tonto y me quedaré con el trono de cada uno de vosotros.

Mi hermano suelta una risa nasal —Bájate de esa nube, imbécil. Te metiste con algo importante para mi hermano y créeme, cuando él hace una promesa la cumple… no tardará en encontrarte, y cuando eso pase vas a desear no haberte metido con nosotros…

—Travis, Travis, Travis… la cosa será al revés. Vosotros deseareis no haber existido nunca…

Mis ojos arden. Quise seguir mirando el directo, por mi moreno, por si había alguna señal, una pista… pero cuando uno de los hombres se colocó frente a él y empezó a desabrocharse el pantalón, no pude más. Aparté la mirada con violencia. No podía. No podía ver cómo lo lastiman, cómo abusan de él, mientras yo no podía hacer nada.

—Tom, mira la pantalla… observa cómo dañan a tu morenito— se oye la voz de Brian —Mira cómo entran en él a la fuerza, desgarrándolo. Observa cómo lo follan, es una porno muy buena, eh…— mire al suelo sin hacer caso a sus palabras, sintiéndome la peor mierda de este mundo —Hazlo o añado a los otros tres hombres que se quedaron con las ganas de probar el agujerito de tu novio…

—¡Maldito infeliz!— exclamé con rabia —¡Eres una puta escoria, Brian!

—Obedece…— musita, su voz amenazante.

—No puedo…— susurro, apretando los puños. Travis pone una mano en mi hombro —No puedo ver, mierda. Me siento terrible, no puedo hacer nada, nada Travis. Lo están lastimando, le están haciendo daño y yo aquí sin poder ayudarlo. Dios…

—No me hagas repetirlo, Tom. Mira la pantalla o tu morenito muere por desgarre…— amenaza. Levanté la mirada lentamente hacia la pantalla. Están… están… maldita sea, no. —Eso es… ahora que lo pienso, sería super útil poner el audio del directo, Willem no puede decir absolutamente nada porque está… ido— se ríe de nuevo. De repente, el audio suena y solo oigo los gruñidos de esos malnacidos que se turnan para entrar en él y…

—Hijos de perra…— susurro con voz temblorosa —Voy a cortarles el pene y los pondré en una puta vitrina…

Mi madre esconde su rostro en el pecho de mi padre mientras él la abraza. A ella le había caído tan bien mi moreno que no podía soportar ver algo así, y menos yo. Mi hermano y el resto miran al suelo por respeto. Me siento inútil, joder, un inútil de mierda ante esto que no sé cómo parar y ya es demasiado tarde. No me alcanzará la vida para pedirle perdón a mi moreno por esto…

Observo el entorno, intentando averiguar algo que me ayude a dar con el lugar donde lo tienen. Pero solo está esa puta pared y el jodido cuadro. Joder… ese puto cuadro.

No sé por qué mierda lo reconozco. Está ahí, colgado en esa pared de mierda, como si no pasara nada. Rosado de mierda, con sus espirales raros y esas flores que parecen de juguete. Me suena… me quema la cabeza, pero ahora no me da la puta gana de pensar en eso. No puedo. Porque justo debajo de ese cuadro está él. Mi moreno. Y no puedo ni gritar, ni patear la pantalla, ni arrancarle los ojos a esos hijos de puta que lo tienen así. No por ahora. Porque Brian podría hacerle algo peor.

Lo estoy viendo porque no quiero ver… no quiero ver cómo lo tocan, cómo lo manosean, cómo lo… ¡mierda, mierda, mierda!

¡Quiero arrancarme los ojos!

Pero sigo viendo ese maldito cuadro. Y cada vez que lo miro, siento que lo he visto antes. En algún sitio. Pero no consigo recordar dónde. Mi cuerpo tiembla, la mandíbula me duele de tanto apretarla y estoy al borde de romperlo todo, pero no hay nada que pueda hacer. Nada.

Llevaba como media hora clavado frente a esa pantalla de mierda. Seguía ahí, ese puto cuadro rosado con espirales, burlándose de mí, como si fuera lo único bonito en medio de toda la mierda que estaba viendo. No quería mirar más, pero no podía cerrar los ojos. No con mi moreno ahí. No así.

—¿Y? ¿Te gustó el espectáculo?— dijo Brian, con esa maldita calma suya, como si me estuviera saludando por cortesía. Su voz sonaba algo distorsionada a través del altavoz del móvil, que aún tenía mi hermano en las manos.

Me giré de golpe, como un animal acorralado. La pantalla, el cuarto… todo se desvaneció por un segundo. Solo escuchaba su voz y el rugido de mi rabia por dentro.

—Te voy a rajar la garganta, cabrón— solté, grave, ronco, cada palabra como una sentencia —Te voy a abrir en canal. Y cuando empieces a gritar, te voy a meter un puto cigarro encendido en la lengua. Vas a suplicar, ¿me oyes? Vas a rogar que te mate rápido, y no lo voy a hacer.

Pero él solo se echó a reír, parece que es lo único que sabe hacer el muy hijo de puta. Una risa seca, sucia, como si le encantara verme así, hecho mierda. Como si disfrutara tenerme atado con la desesperación.

—Relájate, Tom… No te alteres. Desde ahí no me vas a poder hacer nada, y lo sabes— se tomó una pausa —Además, no te hagas el duro. Ya vi cómo llorabas por tu mariconcito.

Me tuve que contener. Me ardían las venas, me temblaban las manos. Si lo tuviera enfrente…

—Hablando de otro tema…— continuó él, como si estuviera comentando algo trivial —Pensé que tenías a tus hijos bien vigilados. Pero… parece que no.

Mi respiración se cortó. Literalmente.

Sentí que el aire se me iba del cuerpo… —¿Qué dijiste?

—Qué pena, colega— rió otra vez, con esa voz empalagosa y sádica —Mientras tú estás ahí llorando por tu precioso Bill, han tomado a tus bebés… y ni siquiera te diste cuenta.

Mi corazón se paró por un segundo.

Los pulmones no me respondían.

No…

No… no.

Mi hermano, mis padres, todos alzaron la mirada en cuanto esas palabras salieron de su sucia boca.

—Estás mintiendo— fue lo único que pude escupir. No era una pregunta. Era un intento desesperado de aferrarme a algo que no me destrozara por completo.

—¿Seguro?— dijo él —Porque la cuna está vacía, Tom. Muy vacía. Deberías ir a echar un vistazo…

Y ahí se me fue la poca cordura que me quedaba.

Salí corriendo a mi habitación, subiendo las escaleras como una maldita bestia desatada. Frente a mi puerta estaban los escoltas que la vigilaban. Tirados en el suelo. Muertos. Ambos con una bala limpia en la cabeza.

Fruncí el ceño sin entender nada, con el corazón golpeándome el pecho. Entré, pasando entre los cadáveres.

Dentro, en el suelo, estaba Leslie, muerta. Igual, la misma maldita ejecución. Y Harry… joder.

Harry en la cama, un disparo en el pecho y otro en la pierna. Con los ojos cerrados, seguía respirando, pero con dificultad. Apenas vivo. Me acerqué a la cuna, sabiendo lo que iba a encontrar, ignorando que uno de mis amigos podría morir. Nada. Vacía. Un vacío que me taladró el alma.

Mis hijos…

Mis bebés…

No están.

Empecé a respirar rápido, hiperventilando como un condenado. Las piernas me fallaban, el mundo se volvió borroso, todo daba vueltas. Intenté agarrarme del barandal de la cuna, pero fue inútil. Caí de rodillas al suelo, como un maldito inútil. Gritar no podía, no me quedaba garganta. Me obligué a levantarme, todavía mareado, todavía sin aire. Salí de mi habitación ignorando a mi hermano, a Georg, a Andreas y a mi padre, que gritaban para que los dos primeros llevaran a Harry con Matthew.

Bajé las escaleras tambaleando y los encontré. A los guardias de abajo. Esos imbéciles de mierda. Parados como si nada, como si no se hubieran llevado a mis hijos justo bajo sus narices.

—¡¿Dónde mierda estabais?!— grité, fuera de mí —¡¿Dónde coño estabais cuando se los llevaron?!

Se miraron entre ellos, balbucearon excusas: que no escucharon nada, que no vieron a nadie sospechoso.

—Inútiles— mi voz se quebró de odio. Levanté el arma sin pensarlo y les volé los sesos a todos. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Uno por uno. Y no sentí ni puta culpa, porque por su culpa, mis bebés ya no están aquí.

Y entonces… lo recordé.

El topo.

Bach me lo advirtió. Que Brian tenía a alguien infiltrado entre los míos. Bien plantado, bien escondido. Caminé directo a la sala de vigilancia. El cuerpo me temblaba, la sangre me rugía en las venas, pero mi mente estaba fría, afilada. Encendí la pantalla y avancé la grabación. Observé todas las cámaras, una por una, viendo la hora exacta en que me encontraba viendo a mi moreno ser abusado. No encontré nada hasta llegar a las cámaras de la cocina. Y ahí estaba. Ese hijo de puta…

Lo vi en la grabación. Abriendo la puerta corrediza de la cocina como si nada, tranquilo, sin prisa, con dos mantas en brazos. Los tenía a ellos, a mis hijos. Cambié a las cámaras del jardín: unos escoltas se le acercaron a hacerle preguntas y él respondió seguro con una excusa para que lo dejaran salir. Cambié a las de fuera, las del portón. Los subió al maletero de uno de mis coches negros sin placas, justo frente a la reja trasera. Nadie vio nada.

Se los llevó, así de fácil. Como si no fueran lo más sagrado que tenía en esta vida… Se me nubló la vista otra vez, pero esta vez no fue mareo. Fue rabia.

Ese maldito topo está muerto. No lo sabe todavía… pero ya está muerto.

—Tom…— Travis apareció en la entrada de la sala de vigilancia, con restos de sangre seca en la ropa y en las manos —Matthew revisó a Harry y por suerte pudo sacarle las balas— me contó —¿Qué has visto en las cámaras?

—Cómo se los llevó— le respondí, sin mirarle. Pausé el vídeo en una grabación donde se veía bien la cara de ese malnacido —Brian tiene a mis hijos, Travis. No solo a Willem, también a mis bebés… quiere matarme, no solo físicamente, también emocionalmente arrebatándome lo que más me importa.

—Lo sé. No lo permitas.

—¿Y qué hago? Las palabras de mis padres ya no significan nada ahora…— giro la silla para mirarle —No sé qué hacer, hermano. No paro de pensar en lo que les hará a mis hijos, luego a mi moreno y… joder, esto es culpa mía. Todo mi culpa. Maldita Nathalie, maldito Brian, Ría y todos esos cabrones. Cuando tenga sus cabezas, las pondré en exhibición…

—Tom…— mi hermano se sienta a mi lado —No te enfoques en lo que les harás, céntrate en encontrarlos. ¿Viste algo en el en vivo?

Negué con la cabeza. —Solo un cuadro.

—¿Un cuadro? ¿Qué cuadro? ¿Cómo era?— preguntó.

Desvié la mirada al suelo. —Era rosado, con espirales y flores… sentí que ya lo había visto antes.

Mi hermano frunció el ceño. —¿Recuerdas dónde?

—No— espeté —No puedo recordar. Tengo tantas cosas en la cabeza ahora que es imposible…

—Trata de calmarte… sal afuera, toma aire. Respira, tranquilízate y deja la mente en blanco… solo así podrás pensar con claridad.

Asentí lentamente. Sin ánimos. Me puse de pie, salí de la sala y también de la mansión ignorando los llamados de mi madre. Al parecer estuve tanto tiempo en la sala de vigilancia que ya comenzaba a amanecer. Me preguntaba cómo los guardias fueron tan estúpidos para dejar que ese tipo saliera con mis hijos a esas horas. ¿Qué excusa les dio?

¿Cómo fue que no escuché los disparos? Seguro le puso un supresor al arma.

Saqué la cajetilla de cigarrillos del bolsillo del pantalón, solo me quedaba uno. Lo encendí con el mechero que llevaba. En estos días de estrés solo trataba de calmarme fumando, cosa que no hacía desde que empecé a salir con mi moreno. Di una calada profunda, el aire frío de la madrugada me dio en la cara. Tenía lágrimas congeladas en los ojos. Me siento tan débil ahora. Es como ver cómo todo lo que construiste con tanto amor y felicidad se desmorona… y no puedo hacer nada, porque soy un idiota que no consigue pensar con claridad.

Alguna maldita alternativa.

Tengo tanto odio. Tanta rabia. Brian, maldito Brian.

—Voy a matarte, Brian— dije bajito, con la mirada fija en el césped y el corazón convertido en piedra —Pero no será con balas. No, no… Vas a suplicar que alguien te dispare.

Di otra calada al cigarro, expulsando el humo por la boca y la nariz.

—Porque yo… yo te voy a destrozar pedazo por pedazo…

Continúa…

Gracias por la visita. Vamos a darle ánimo a la autora con los comentarios 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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