Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 63

By Bill

Quiero morir.

Me siento asqueado de mí mismo, usado hasta el límite. Me duele el cuerpo y llevo llorando desde que pasó el efecto de la droga que ese maldito me dio. Cierro los ojos y es como teletransportarme a ese maldito momento en el que esos hombres me destrozan sin compasión, con fuerza, haciéndome daño por todos lados. Y yo sin poder moverme…

Escucho a lo lejos la voz de mi Tom y la de ese hijo de puta de Brian al mismo tiempo. Me siento destrozado, humillado, usado a su antojo. Me han marcado de una manera irreversible, de esas que dejan cicatrices y recuerdos que no se borran. Esos que te dan pesadillas, que te hacen llorar, que te hacen querer morir porque te das asco a ti mismo… Me violaron y tuve que sentir todo, todo ese dolor, cuando entraban y salían de mí, cuando me golpeaban dándome nalgadas y más. Y yo sin poder hacer nada, con el cuerpo paralizado. Viví el infierno en ese instante.

Cierro los ojos y un sollozo débil se escapa de mis labios. Me han vuelto a traer al sótano y me han dejado tirado en el suelo. Ahora estoy en el rincón de siempre, llorando porque no puedo hacer otra cosa que lamentarme. Patético. ¡Soy un jodido imbécil de mierda!

—No quiero esto…— susurro, con la voz rasposa y bajita —Ya no más…

Y como si mis palabras hubieran sido escuchadas, aunque era imposible, escucho cómo se abre la puerta. Ese sonido de siempre, los tacones resonando en la madera. Ya ni me preocupo por alterarme o suplicar que me dejen en paz, porque ya no merece la pena. Me han quitado las ganas de vivir, la esperanza de que Tom viniera a por mí. Ya no tengo fuerzas de querer salir de aquí y estar con mis hijos.

Mis niños…

—Ay, la ketamina hizo efecto rápido— dice Nathalie. Pero yo no la miro, sigo con la cabeza gacha —¿Qué tal te sientes?

—¿Duele mucho?— pregunta Ría, con ese tono burlón disfrazado de pena.

Yo no respondo. Las lágrimas caen solas por mis mejillas, mi rostro sin expresión. Ya he aceptado mi destino, el de Tom y el de mis hijos. Sé que ya no podremos estar juntos, me lo han quitado todo. Todo. Seguramente me tendrán aquí hasta que maten a Tom y me enseñen el vídeo de cómo lo hacen…

—Ey…— me pierdo tanto en mis pensamientos que no me doy cuenta de que Nathalie se ha acercado y ahora está de cuclillas frente a mí, golpeando mi mejilla con la mano, a medio camino entre suave y fuerte —Te estamos hablando, sabandija— musita, pero yo ni me inmuto —No me hagas enfadar, Willem…

—Joder, ha quedado hecho polvo— ríe Ría —Solo míralo, parece un fantasma, muerto en vida.

Rompieron a reírse a carcajadas.

—Esto tendría que haber pasado hace un año, Willem. En aquel pub clandestino… si no llega a ser por el entrometido de Tom, todo habría salido como lo planeé— dice Nathalie —Sé que estás sufriendo, ouww…— sus dedos recorren mi mejilla hasta llegar a la barbilla, la agarra con fuerza y me gira la cara para que la mire, pero mi mirada sigue perdida en un punto invisible en el suelo —Sé que lo estás pasando mal, que te duele todo y te sientes una mierda. Y eso me encanta, Billa. Me fascina verte así…

—Y a mí…— agrega Ría —Desde que te vi entrar a Excelsior con Tom de la mano, te odié. Porque, claro, sabía quién eras. Ese niñato estúpido y rico del que él se enamoró… recuerdo que te dije cosas que te hicieron sentir mal. Pobre…— finge lamentarse —Saliste del bar enfadado… y al día siguiente Tom me «castigó» golpeándome. Todo por tu puta culpa…

—¿Ves todo lo que has causado?— confiesa Nathalie, aún sujetándome la barbilla —No solo me has hecho daño a mí, sino a Ría también. Por eso nos juntamos las dos. Yo la convencí de que le contara a tus padres sobre tu relación con Tom y quién es él realmente— dice con dureza —Lo que quería era que tus padres te separaran de él… y así fue, por tres días. Eso fue lo más molesto. Tuve que esperar casi diez meses para saber dónde estabas y poder continuar con los planes que se pospusieron por tu huida con Tom…

—Y ahora estás aquí…— sigue Ría —Recibiendo solo malas noticias, pero, ¿adivina qué? Hoy te tenemos una buena y una muy mala…

Nathalie sonríe mostrando los dientes —Tom fue tan idiota que no supo vigilar bien a sus hijos y… fue fácil traértelos aquí— mi corazón se acelera, esa sensación de pánico que detesto —Ahora mismo los tenemos arriba y son muy molestos, ¡no paran de llorar, joder!— exclama —Pero estoy tranquila sabiendo que en breve los haremos callar…

Por primera vez desde que llegaron, desvío la mirada del suelo hacia ella para verla.

—Ya reaccionó…— se burló Ría —¿Qué pasa? ¿Instinto paternal?

—Te dije que cuando viniera Brian te prepararas para lo que venía. Espero que lo hayas hecho, Willem…— aprieta mis mejillas con fuerza, haciéndome soltar un jadeo de dolor —Porque si no, acabarás hecho un trauma andante…

Me soltó con rabia y mi cabeza chocó contra la pared. Cerré los ojos, las lágrimas se escapaban sin control… Veo el odio en la mirada de alguien que yo creía amiga, casi como una hermana. Me esperaba algo así de cualquier otra persona, pero no de ella. No de Nathalie… Era lo más cercano a una hermana que tenía, pero todo fue mentira. Cada gesto de cariño, cada palabra de lealtad, todo falso. Y ahora también empezaba a odiarla por lo que me estaba haciendo. Cuántas ganas tenía de hacerles daño a ella y a la sonrisa de esa otra zorra de Ría…

—Brian tiene que adelantar todo porque puede que Tom se dé cuenta de que no estamos ni en una de mis propiedades ni en las de él… sino en una de las suyas— ¿qué ha dicho? —Sí, así como lo oyes. Es una de las cabañas donde él y su hermano venían de vacaciones con sus padres cuando eran niños… Su madre se tomaba su tiempo pintando cuadros y el que está en la sala era uno de ellos. Brian se dio cuenta de que Tom se quedó mirando mucho el cuadro, sin saber si era porque le resultaba familiar o porque no quería ver cómo te violaban…

Su indiferencia me ponía los pelos de punta.

—Así que hemos decidido adelantar todo, porque esta vez él no va a salvarte… ¿cómo solía decirte?

—Princesita en apuros…— dijo Ría y ambas se echaron a reír de nuevo, en mi cara, como siempre.

—Joder…— respiró hondo —A Brian no le gusta que cuente estas cosas, pero me la paso por el culo— escupió —Ahora sí, venía a decirte que en estos momentos deben estar saliendo con los gemelos hacia un puente. El que separa Münster de Heidelberg… es un puente sin agua, solo rocas. En pocas palabras, un precipicio… imagina lo que van a hacer con los bebés ahí.

Sollozo como nunca en mi vida. Iban a lanzarlos. Lanzarían a mis bebés a ese precipicio y acabarían con sus vidas, que apenas habían empezado. Frunzo los labios sintiéndome horrible, mal, realmente mal. Me duele. Dios mío, son solo unos bebés… ¿por qué? Ellos no tienen nada que ver. Nathalie y Ría se echan a reír y me lleno de tanta rabia y furia que las miro igual y les grito.

—¡Sois todos una mierda de personas!— exclamo, desgarrándome la garganta —¡Malditos! ¡Malditos, malditos, malditos! ¡Mil veces malditos! ¡Los odio! ¡Hijos de perra!

Entonces siento un escozor en la mejilla izquierda que me hace ladear el rostro. Nathalie se me ha acercado y me ha abofeteado con cara seria.

—Cierra la puta boca, imbécil— me dice —Estoy harta de que grites cada vez que te da la gana. Estabas tan dócil, colega… ¿tus padres no te enseñaron modales?

—Desgraciada…— suelto entre dientes, con la voz temblando de impotencia —Tú y todos vosotros vais a pagar por esto… lo juro. Lo juro por todo lo que me han quitado, ¡vais a pagarlo todo, todo!

Ella solo me mira, al igual que Ría.

—Os deseo la peor mierda de este mundo, la mala suerte… pedazos de mierda. Quizá Tom y yo no lo hagamos, pero sé que el karma se encargará de todo. No vais a salir de este mundo sin pagar por el daño que hicisteis… ¡ninguno lo hará!

Nathalie se queda quieta, seria, unos segundos más. Hasta que suelta una sonrisa torcida que hace que su mirada se vuelva más oscura: —Estaré lista cuando eso pase, Billa. Como ves… no le tengo miedo al karma, ni siquiera creo en él.

—Deberías…

—Ay, no digas tonterías— suelta Ría —Preocúpate por tus hijos. Seguro que ya los habrán tirado del puente y deben estar hechos mierda contra las piedras…

Mis labios tiemblan y contengo el sollozo que quiere salir.

—Qué pena, duraste una semana siendo mami… pero bueno, algo es algo— ríe —Y como dice la canción: «nadie es eterno en el mundo, ni teniendo un corazón…» — canta algo que nunca había escuchado. Mientras tanto, las lágrimas me caen sin sonido, solo caen, como si mi alma estuviera… desconsolada —Para hacer que este sufrimiento dure más… Brian grabará un pequeño vídeo. Para que lo veas. Y observes a tus hijos… los viste nacer, y los verás morir. Tom también, así que siéntete tranquilo de que no solo sufrirás tú, eh…

Cierro los ojos. Llorando sin más…

.

By Tom

Tengo otra vez esa sensación de que algo malo va a pasar. Estoy en la sala de estar. Mi madre me ha traído un té que me obligó a tomar, como si eso calmara la angustia que siento. Me dice palabras reconfortantes que ni escucho. Brian ya tiene a mis hijos, no saldrá nada bueno de eso.

Pienso en ese cuadro que vi, sigo sin saber dónde lo había visto antes. Mi mente no coopera y recordar se me hace imposible cuando mi moreno y mis hijos ocupan cada rincón de mi cabeza. Me siento tan abrumado… con ganas de hacer todo y a la vez nada, porque no encuentro salida de este infierno… quizá nunca la haya. En el infierno no hay salida, solo un ciclo sin fin donde el alma paga por sus actos, torturada una y otra vez.

—Tom…— me llama Andreas, sentado a mi lado —Siento mucho lo que está pasando, de verdad. Bach ha vuelto, dice que no pudo hacer nada porque cuando llegó a los territorios de Brian no encontró a los tipos de antes y luego se enteró de que los mataron. Al parecer el topo estaba entre nosotros en ese momento…

—Revisa las cámaras en la sala de vigilancia, justo en el momento en que se lleva a mis hijos. Quiero que veais su rostro y luego lo busqueis, lo quiero aquí, vivo, atado al lado de los padres de Nathalie. Quiero que vean lo que le voy a hacer a ese maldito— ordeno, con la mirada perdida y la voz malévola —¿Entendido, Andreas?

Él asiente despacio: —Enseguida hago eso— murmura y se levanta, dirigiéndose a la sala de vigilancia.

En la sala solo quedamos Georg, mi madre y un par de guardias. Mi mirada está fija en la mesa de centro, con las grietas que hice al golpearla con los puños. Travis habla con mi padre sobre los posibles lugares donde puede estar Brian. Yo no sé nada de eso porque no he ido a investigar. Sé que debería, pero el dolor me hace querer hundirme en él y ya. Sé, muy en el fondo, que ni mi moreno ni mis hijos saldrán bien de esto. Brian quiere arrebatarme lo que más quiero para dejarme vulnerable… y lo está logrando.

Mi madre me abraza, susurrándome que los encontraré. Pero yo sé que no.

No me hago ilusiones.

Paso así un buen rato, hasta que pasan media hora. Intento recordar el cuadro, pero nada. Joder. Necesito hacer lo último que me queda para encontrarlos, aunque sepa que no se puede. Porque es tarde, demasiado tarde. Tramo y tramo un plan en mi cabeza. No hay nada. Ninguna solución. Nada.

Entonces aparece Andreas corriendo, con la laptop en las manos. ¿Por qué la tiene? ¿Acaso estaba buscando algo ahí? No, la laptop siempre ha estado en la sala de vigilancia y seguro mi hermano la tenía allí mientras revisaba las cámaras. Se le ve preocupación en el rostro. Me pongo de pie instintivamente.

—Han enviado otro link— me dice.

Le arrebato la laptop, entro al nuevo link y carga un vídeo con portada negra. Lo reproduzco y lo que veo me deja helado, perdido, destrozado…

Recuerdo que después de ver ese vídeo, donde lanzan a mis bebés al precipicio, me quedé con la mirada perdida. Mi madre lloraba, Georg y Andreas no podían creer lo que veían. Me dirigí a mi habitación a pasos lentos, escuchando los gritos de mamá llamándome. Tomé una botella de whisky de mi padre y subí las escaleras como un zombie. Entré, dejando la puerta abierta, y me tiré en el suelo, recostando la espalda en el borde de la cama.

Abrí la botella y empecé a beber, con las lágrimas retenidas… Me habían matado a mis hijos.

Me los habían quitado. Mis bebés.

.

By Travis

Le había comentado a mi padre sobre ese cuadro que vio Tom. No le dimos importancia; supusimos que su mente, desesperada por encontrar a su pareja y ahora también a mis sobrinos, lo había convertido en algo relevante. Pasamos horas encerrados, hablando, pensando qué hacer, dónde buscar… y nada. Todo ese tiempo no sirvió para un carajo.

Ya habían revisado cada rincón de los territorios de Brian, peinado las propiedades de los Frank, y no había aparecido nada. Nada.

¿Dónde mierda los tienen?

—Lo mejor es volver… tu hermano está…

No terminó de hablar. La puerta del despacho se abrió de golpe y Georg entró como un vendaval. Su rostro… joder, no lo olvidaré jamás. Pálido, ojos desorbitados y mandíbula temblando como si contuviera las náuseas. Fruncí el ceño. Abrió la boca, pero no dijo nada.

No esperé explicaciones. Salí disparado del despacho y corrí hasta la sala.

Mi madre estaba hecha polvo en el sofá, llorando como si le arrancaran el alma, con Chantelle abrazándola y susurrándole cosas que no servían para nada. Bach estaba de pie, la mano apretándole la frente, mirando al suelo. Ni idea de cuándo había llegado. Andreas, sentado, tenía la laptop abierta y la mirada clavada en mamá, como si hasta parpadear le pesara.

Mi padre entró detrás de mí, seguido por Georg. Yo no entendía nada. —¿Qué ha pasado?— preguntó papá, con la voz tensa.

Andreas levantó la vista despacio. No dijo nada, solo giró la laptop hacia nosotros y le dio al play.

Al principio solo se veía el suelo de cemento, el sonido sordo del aire golpeando el micro. La imagen se movía como si la cámara estuviera pegada a la frente de quien grababa. Luego, el encuadre se estabilizó. Mi padre y yo vimos cómo esa persona, a la cuál solo se le veían los brazos, rodeaba un coche negro, abría el maletero… y entonces me faltó el aire de golpe.

Ahí estaban.

Los bebés. Dormidos.

El hombre agarró primero al niño. Caminó hacia lo que parecía un puente. Se apoyó en el barandal y, sin pensarlo, lo lanzó al vacío.

—Dios…— murmuré, con un hilo de voz. Mis ojos se abrieron tanto que dolió.

Mi padre se tapó la boca, horrorizado.

El hombre volvió al coche, agarró a la niña… y la tiró igual. Sin dudar. Sin piedad. Como si fueran bolsas de basura.

El vídeo terminó ahí. Silencio absoluto. Solo escuchaba mi respiración agitada y el latido descontrolado en mis oídos. Sentí un peso insoportable en el pecho, como si me lo aplastaran desde dentro.

—¿Dónde está Tom?— pregunté, con la voz rota.

—En su habitación— respondió Andreas.

Papá se inclinó hacia mamá para ayudar a Chantelle a sostenerla. Yo subí las escaleras de dos en dos. La puerta estaba entreabierta. Desde ahí lo vi: tirado en el suelo, bebiendo whisky directo de la botella, ojos hinchados, mejillas rojas por el llanto. Me acerqué y traté de quitársela, pero la agarró como si fuera su última tabla de salvación.

Cerré los ojos un segundo, intentando no venirme abajo. Le arranqué la botella justo cuando iba a beber otra vez. —¡No, Travis!— su voz era ronca, rota —¡Devuélvemela! ¡Hijo de puta, dámela!

—Tom… basta— murmuré, pero él se levantó y me empujó.

—¡Dame la maldita botella, Travis!— gritó, temblando —¡Devuélveme eso!

Negué con la cabeza, la dejé en el suelo y me lancé a abrazarlo. Al principio se quedó rígido, pero en segundos se aferró a mí con una fuerza desesperada, escondiendo la cara en mi hombro. Lloraba como un niño… y yo terminé llorando con él.

Le habían arrebatado a sus hijos. Había visto con sus propios ojos cómo los mataban. No sé cómo sigue respirando. —Lo siento mucho, hermano— susurré, apretándolo —Lo siento, joder…

—Mis hijos…— gimió, ahogado —Mis hijos, Travis…

—Lo sé… sé que te duele… Dios, si pudiera hacer algo… lo haría…

Y entonces, como un golpe de memoria, me vino la imagen de él con seis o siete años, cuando perdió a su peluche, Scotty. Lloró durante horas hasta que lo abracé así, tal cual lo estoy abrazando ahora. Mamá terminó pintándole un pequeño cuadro de ese perro de felpa para que lo tuviera siempre.

Cuadros…

Me separé despacio de él, mirándole los ojos enrojecidos… no podía ser, ¿o sí? Esa cabaña no se habitaba desde hacía años porque dejamos de ir de vacaciones al estar «en la mira» de la DEA, pero es una duda que tenía y cuando tengo dudas tiendo a comprobar si es real o no. Y en este caso, con la desesperación de no saber dónde tienen a mi cuñado, era la única alternativa que me quedaba.

Ahora sé por qué ese cuadro del en vivo le pareció tan familiar a mi hermano. Tiene que ser eso, ya tengo la corazonada y no me la saco de la cabeza fácil.

Tom frunce ligeramente el ceño —¿Qué pasa?— pregunta.

Él me conoce tanto como yo a él y sabe que tengo algo en mente. Así que, sin perder tiempo, pongo mis manos en sus hombros y lo sacudo un poco, sin brusquedad: —Hermano… ¿recuerdas ese cuadro que mencionaste?— él asiente despacio —¿También recuerdas esa cabaña a la que íbamos de vacaciones cuando terminaba el instituto? Que queda justo en Münster… salíamos a pescar con papá y mamá pintaba cuadros…

—¿Qué tiene que ver eso ahora?

Sonrío ligeramente, decidido: —Mucho, Tom. Creo que sé dónde tienen a Bill…

Sus ojos se desvían al suelo, se queda en silencio unos segundos y luego me mira con los ojos abiertos, ligeramente… —En la cabaña…

Asiento rápido con la cabeza. Ahí lo tienen… debe ser ahí donde lo tienen…

Continúa…

Gracias por la visita. Vamos a darle ánimo a la autora con los comentarios 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!