Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 65

Me separo un segundo para mirarle a los ojos y, aunque quiero sonreírle, lo único que consigo es tragarme el nudo que me aprieta la garganta. No sé si este beso le alcanza para entender todo lo que siento, pero es lo único que tengo. Lo único que soy ahora mismo.

Porque le perdí durante días… y en esos días entendí que sin él no soy nada.

—Mi vida…— susurro apenas rozando sus labios, con la voz rota —Pase lo que pase aquí… quiero que no lo olvides nunca. Te amo como no he amado a nadie en esta puta vida. Eres mi todo, mi razón, mi calma en medio del caos. Te adoro con cada pedazo roto de mí… y eres el único que ha sabido abrazar esas ruinas sin largarse. No sabes lo agradecido que estoy por eso, amor. Eres mi mundo entero, lo mejor que me ha pasado, y lo serás siempre. Siempre… siempre vas a ser el amor de mi vida. ¿Lo entiendes?

Sus ojitos se clavan en los míos, brillando entre lágrimas que no se atreve a soltar. Traga saliva, aprieta los labios intentando contener un sollozo, pero aun así asiente.

—Yo te amo más…— responde con un hilo de voz tembloroso —Mucho más de lo que jamás pensé que podría amar a alguien. Me da igual que todo el mundo esté en contra, yo voy a seguir eligiéndote, una y otra vez.

—Lo sé, morenito— le sonrío triste. Sé que aquí las probabilidades de palmarla son de un ochenta y nueve por ciento. Pero voy a asegurarme de que él salga bien de todo esto —Si algo me pasa, si la vida se empeña en arrancarme de ti… prométeme que no vas a olvidar lo que te digo ahora. Yo te voy a buscar, ¿me oyes? En otra vida, en otro sitio, en otro cuerpo, me da igual dónde… voy a encontrarte. Siempre lo haré, porque eres mío, porque mi alma ya está atada a la tuya.

Sus ojos se abren de par en par, brillantes, como si cada palabra se le tatuase en el corazón.

—Tommie…— susurra apenas, con la voz rota.

Le sonrío con ternura, aunque por dentro sienta que me parto en mil.

—Puede que el tiempo nos separe, que la muerte intente arrebatarnos lo que tenemos, pero ni siquiera ella puede con esto. Te lo juro por mi vida: en cada existencia, en cada mundo, voy a amarte. Y cuando vuelva a encontrarte, te voy a reconocer con solo mirarte a los ojos… porque mis ojos siempre van a buscar los tuyos.

Él deja escapar un sollozo y se aferra a mirarme como si el universo pudiera rompernos en cualquier momento. —Yo también te buscaré, amor…— responde entre lágrimas —Y cuando me encuentres, aunque no recuerde nada, sé que mi corazón sí lo hará.

Juntamos nuestras frentes y el silencio se llena de esa promesa que está por encima de todo lo que conocemos. Un pacto eterno, sellado con un amor que ni la muerte puede vencer. Pasados unos segundos, me aparto lo justo para mirarle a los ojos. Debo quitar estas cadenas que le están destrozando los brazos, pero sé que un candado las tiene sujetas. Me quedo pensando unos segundos en cómo librarme de eso. De golpe, una idea me cruza la cabeza. Saco mi pistola y mi moreno aparta los ojos de los míos para mirarla; en cuanto lo hace, los abre de par en par, horrorizado…

—¿Qué vas a…?— no le dejo acabar.

—No soporto verte aquí atado, amor— le respondo —Por favor, mi cielo. Cierra los ojos…

Se toma unos segundos, y cuando lo asimila, los aprieta con fuerza. Yo me levanto, rodeo la columna, quito el seguro y, apuntando al candado, aprieto el gatillo. Con una sola bala basta para que se suelte y las cadenas se aflojen. Rápidamente quito el candado y libero a mi moreno. Vuelvo junto a él y le ayudo a incorporarse. No tiene fuerzas, se le ve tan débil… y me duele en el alma.

Al levantarlo lo atrapo entre mis brazos, rodeándole la cintura con uno y con el otro sujetando su cabeza. Sus manos se apoyan en mi pecho y se deja abrazar, sollozando bajito.

—He visto todo lo que te hicieron…— murmuro —Cada puta cosa, desde que te metieron en ese sótano de mierda… no sabes la rabia que siento, amor. Odié ver cómo… cómo te…— ni siquiera puedo decirlo, pero él lo entiende al instante y hunde la cabeza en mi pecho, buscando refugio en mis brazos. Y claro que se lo doy —Voy a hacer que lo paguen, moreno. Te lo juro, les voy a hacer sufrir el triple…

—Tom… ¿no escuchaste lo que te dije?— susurra —Brian tiene un acuerdo con la DEA, negoció entregar a tu padre y a tu hermano… y a ti iba a matarte. Por favor, no quiero que te pase nada, vete…— me suplica contra mi oído.

—¿Y tú no me has escuchado a mí, moreno?— le digo, con el mismo tono que usa mi chico. Entierro el rostro en su cuello y continúo —Sé que Brian está aquí, sé que tiene algo bien planeado. Travis y yo lo tenemos todo bajo control, ¿vale? Ahora vas a hacer exactamente lo que te diga, ¿de acuerdo?— él asiente despacio —Vas a salir de este puto aparcamiento, afuera te espera Bach… él te pondrá a salvo… y toma esto.— saco un arma que tenía oculta entre el pantalón y la cintura y se la paso, tapando el movimiento con nuestros cuerpos. Sus manos tiemblan al cogerla —Úsala si hace falta, ¿vale? Dispara a la cabeza, no dudes.

—Pero Tom…

—Ya sé que nunca has hecho esto en tu vida. Pero necesito que lo intentes, ¿sí? Hazlo por mí, por favor, amor…

Lo oigo soltar un resoplido pesado, intentando asimilarlo. —Está bien…— murmura al fin.

Sonrío. Mi moreno esconde el arma y yo me separo un poco de él. —¿Listo?

—Listo…

—Vaya, vaya…— esa voz.

Mi moreno se tensa en cuanto la oye. Tiembla. Veo cómo se le eriza la piel y cómo se le corta la respiración, como si el aire pesara toneladas. Le agarro la cara con mis manos, mirándole a los ojos, intentando que entienda sin palabras que estoy aquí, que no voy a dejar que nadie le toque.

—T-Tom… va a matarnos— susurra, con la voz hecha un hilo.

Odio esto. Odio ver ese miedo en él. Odio que lo hayan destrozado hasta este punto. Van a pagar por cada segundo de pánico que le hicieron pasar… multiplicado.

—Qué reencuentro más bonito…— la voz de Brian corta el momento con falsa dulzura —Joder, casi me hace llorar… parece de película, ¿no? El príncipe salvando a su princesa de las garras de la villana… o bueno, del villano en este caso.

Me giro despacio para encararlo, aunque no quiero soltar a mi moreno. Pero toca hacerlo.

—Qué tierno…— sigue Brian —Igual hasta escribo un libro con esto, Tom. No te preocupes, todo el mundo sabrá tu historia…

—Quizá no sigas vivo para contarlo— le suelto, con voz baja pero firme.

Se parte de risa, como si hubiese oído un buen chiste. Detrás de él hay cinco tíos armados. No son los mismos que tocaron a mi moreno, pero me da lo mismo… los pienso reventar igual. También está Ría, pero… ¿dónde coño está la hija de puta de Nathalie?

—¿Dónde está tu otra perra, eh?— escupo —Llámala, que venga… así le rajo las tetas, igual que haré contigo, zorra— añado, señalando vagamente a Ría con el arma. Ese gesto basta para que los hombres de Brian quiten el seguro a las suyas y me apunten. Yo sonrío de lado.

—Yo que tú tendría más cuidado con cada movimiento— dice Brian —Mis hombres ya tienen la orden de disparar si haces algo estúpido.

Ría esboza una sonrisa, cruzándose de brazos.

—¿Esperas que me cague de miedo, gilipollas?— respondo, desafiante, mientras mi moreno se oculta detrás de mí —Pues si es así, siéntate cómodo, porque vas a esperar mucho.

Brian sonríe. —Tom, Tom, Tom… solo a ti se te ocurre amenazarme así, estando aquí, delante de mí, solo y haciéndote el héroe.

Ahora me toca reír a mí. —Brian… ¿de verdad piensas que soy tan imbécil?— levanta las cejas, como si estuviera convencido. Yo niego con la cabeza, riéndome con ironía —¿De verdad lo creías, eh? Colega… ¿quién te ha dicho que he venido solo?— su sonrisa empieza a borrarse —Un consejo, deberías planear mejor tus jugadas.

En cuanto termino de hablar, los disparos empiezan a sonar a lo lejos. Brian se pone alerta enseguida y la zorra de Ría se esconde detrás de sus hombres armados. Ellos siguen apuntándome, pero miran nerviosos a los lados, buscando el origen de los tiros. Entonces una voz suena por el walkie que Brian sostiene en la mano derecha.

—¡Jefe!— grita un tío, jadeando como si estuviese corriendo —¡No sé de dónde coño han salido pero nos han atacado y han matado a la ma-…!

Ni tiempo le dio de contarle a su jefe de pacotilla lo que pasaba. —¡Araán!— gruñó Brian —¡Joder!

—Sorpresa, Brian…— suelto yo, y al momento, antes de que pudieran reaccionar, apunto a los tíos que tenía detrás y, de un tiro certero en la cabeza, los mandé al suelo. Los cinco se desplomaron como sacos, muertos, la sangre chorreando a lo bestia de los agujeros de bala. Alguno disparó, pero vamos, ni de coña me dieron.

Mi moreno detrás se encogió con cada estampido. Brian me miraba flipando, y Ría se escondía detrás de él como la rata cobarde que es. —¡Hijo de puta!— soltó, y al decirlo, varios de sus hombres salieron de detrás de los coches apuntándome. Nos rodearon, a mí y a mi moreno, que en cuanto lo vio se pegó a mí.

—¡Ahora vas a ver, Tom Trümper! ¡Vas a pagar todo lo que me has hecho! ¡Voy a matarte y te lo voy a quitar todo!— escupió Brian, con los ojos fuera de sí y la voz echando fuego.

Apenas se calla cuando, a lo lejos, se oyen motores rugiendo. Varias furgonetas negras entran derrapando, frenan de golpe y mis hombres bajan armados hasta las cejas, con una cara de cero miedo. Todo pasa en segundos. El silencio peta y estalla el infierno: tiros por todas partes, cristales que revientan, chispas de las balas al chocar.

—¡Al suelo!— grito, tirando de Bill y arrastrándolo conmigo. Nos lanzamos tras un coche y saco la pipa para devolver el fuego. Mi moreno tiembla al lado, encogido, con los ojos cerrados y las manos en los oídos, respirando fatal. —¡Mírame, Bill!— le grito mirándole de frente —¡No te sueltes de mí, ¿me oyes?! Cuando te lo diga, corres de aquí.

Él asiente flojito, con los labios temblando. No puede ni hablar, sus ojos brillando de puro terror, clavados en mí como si yo fuese lo único que le queda. Las balas silban, rebotan a centímetros, abollan el coche. Mis hombres avanzan echando plomo mientras los de Brian responden igual de brutos.

La guerra ya está montada.

Los disparos atronan, iluminando el estacionamiento con fogonazos. Busco hueco para disparar, la respiración se me corta, y lo que más me duele es la mirada desesperada de mi moreno. Entre los coches veo a mi hermano disparando con puntería, a mi viejo también, a Georg, Andreas y los demás. Es el momento: Bill tiene que salir pitando de aquí.

—¡Moreno!— le agarro de los hombros, fuerte pero suave —Tienes que largarte ya, ¿me oyes? Agáchate, escóndete entre los coches y usa la pistola que te di. Y ni se te ocurra mirar atrás.

—¡No!— mi moreno niega llorando —¡No voy a dejarte aquí, Tom, no puedo…!

Lo agarro aún más fuerte, el miedo se me mete en el cuerpo, no por mí, sino por si él no consigue escapar. Me mira desesperado, fijo en mí. —Mi vida… tienes que hacerlo. Necesito saber que estarás a salvo.

Y de repente, mi terroncito me agarra la cara y me planta un beso en medio del caos. Un beso empapado en lágrimas, de despedida disfrazada de esperanza. —Prométeme que no vas a morir…— me suplica, enganchado a mí como si quisiera fundirse conmigo —¡Prométemelo, Tom!

Cierro los ojos un segundo, me trago el nudo en la garganta. Sé que la promesa es jodida, sé que puede que no la cumpla, pero su mirada pesa más que cualquier bala. —Te lo prometo— susurro contra sus labios, roto pero firme —Pase lo que pase, voy a volver contigo.

Bill se separa a regañadientes, sollozando, y empieza a escabullirse entre los coches, desapareciendo de mi vista mientras los tiros siguen tronando. Aprieto la mandíbula.

—¡Brian!— grito entre el ruido, por suerte, gracias al eco me ha escuchado ese cabrón —¡Esto es entre tú y yo! ¡Hora de acabar con esta mierda de una puta vez!

Una carcajada rota me responde. —Entonces sal, cobarde de mierda— escupe Brian, con veneno puro en la voz. Me arranca una sonrisa torcida. —¡Sal ya, Trümper!— ruge desde la otra punta —¡No vas a salir vivo de aquí, te lo juro por mi puta sangre!

Suelto una risa amarga y grito, sin perder la cordura —¡Qué fácil es ladrar desde la sombra, perro sarnoso! ¡Da la cara, cabrón, y te enseño cómo acaba un hombre de verdad!— escupo entre dientes. Él también se había escondido en algún coche, pero por miedo. En cambio, yo lo hice para resguardar a mi moreno. —¡Travis, alto!— ordeno, y al momento mis hombres dejan de disparar.

Unos segundos después, los de Brian también paran… el silencio duró unos segundos… hasta que lo rompió una carcajada. —¿Acabar conmigo?— escupió Brian —¡Ni en tus putas mejores pesadillas, hijo de la gran puta! Tú y tu morenito os venís conmigo al infierno, ¡y ahí veremos quién manda de verdad!

Apreté los dientes, los brazos me temblaban de la rabia. —¡Tú no vas a tocar a Bill, cabrón de mierda! ¡Él está lejos de tu peste, y si tengo que dejarme la vida aquí para asegurarlo, lo hago sin pensarlo dos veces!

—Entonces ven, héroe de pega— se burló Brian, con veneno en la voz —¡Deja de esconderte y enséñame si de verdad tienes las pelotas que dices!

Me eché a reír otra vez y salí de mi escondite, plantándome delante de él. Georg estaba jodido, con el brazo sangrando, Travis seguía con el arma en mano pero sin apuntar. Mi viejo y los demás igual que él. Yo me puse frente a todos y encaré a Brian con firmeza. Tenía esa cara de cabezón que siempre ponía. El suelo estaba lleno de cuerpos, de los suyos y de los míos. Apenas quedaban unos cuantos de pie, la mayoría heridos.

—Aquí me tienes, capullo— le solté —¿Por qué no hacemos esto como lo hacen los hombres de verdad?

Él sonrió, chulesco, y tiró su arma al suelo. Yo hice lo mismo. Enseguida se me echó encima, soltándome un hostión que me dio de lleno en la mandíbula. Me tambaleé, el sabor metálico de la sangre me quemó la lengua, pero no me dejé caer.

—¿Eso es todo lo que tienes?— bufé, escupiendo al suelo antes de devolverle un puñetazo seco al estómago.

El cabrón se dobló un poco, pero enseguida me metió un rodillazo en las costillas. El crujido sonó feo y dolió como la hostia, pero apreté los dientes y no grité. El aire se llenó con nuestros jadeos y golpes. Me agarró del cuello y me estampó contra un coche aparcado. —¡Vas a suplicar, Trümper! ¡Y cuando acabe contigo, voy a hacer lo mismo con Willem Kaulitz!

Gruñí, intentando soltarme, y con un movimiento brusco le estampé la frente en la nariz. El grito que pegó fue brutal, la sangre le empezó a chorrear al instante. —¡Vas a tragarte tus putas palabras!— rugí, lanzándome sobre él como un animal.

Rodamos por el suelo, dándonos hostias sin piedad. Yo ya apenas veía: las costillas hechas polvo, la ceja rota nublándome la vista. Pero tenía algo que él no: paciencia y un plan. Mientras me apretaba el cuello con ambas manos, conseguí murmurar entre dientes, casi sin aire:

—Sigue… sigue creyendo que me ganas, cabrón…

Brian se rió con la boca llena de sangre, convencido de que tenía la victoria. —Te entierro aquí mismo, Tom… y cuando lo haga, me llevo a los tuyos conmigo…

Sonreí torcido, medio ahogado. —Qué pena… que tus hombres ya cavaron su propia tumba.

Y entonces sonaron los disparos. Secos, fuertes, múltiples. Los gritos de sus hombres retumbaron por todo el parking. Habían bajado la guardia creyendo que su jefe iba a liquidarme a hostias, y en ese descuido, los míos cumplieron la orden: acribillarlos sin compasión. Pero también los míos cayeron más heridos, incluso mi padre y mi hermano. Lo que me preocupó, se suponía que debían usar chaleco antibalas al igual que el resto… ¿acaso no se los pusieron?

Los ojos de Brian se abrieron de golpe al escuchar cómo uno tras otro sus hombres iban cayendo. Por primera vez en toda la noche, le vi la cara del miedo. Yo, con lo poco que me quedaba de fuerzas, lo empujé al suelo y me quedé encima, respirando a trompicones.

—¿Qué decías, Brian?— escupí sangre a un lado —Yo nunca juego limpio… y menos contigo.

—Hijo de la gran puta…— masculló.

.

By Bill

Verle ahí, frente a mí, fue como volver a respirar después de estar ahogándome tanto tiempo. Tom… mi Tom. El único que me arranca de las sombras. Cuando sus labios tocaron los míos, sentí que la vida me devolvía todo lo que me habían quitado. Ese beso era la respuesta a todas mis plegarias.

El caos daba igual. Las balas, el infierno en el que estábamos metidos… nada importaba. Solo él. Su voz, su mirada, sus brazos diciéndome que ya nunca volvería a perderme.

Pero el miedo me taladraba por dentro: ¿y si no gana?, ¿y si lo pierdo? No podría. No quiero. No quiero vivir en un mundo sin él. Ya me arrebataron a mis bebés, mis angelitos recién nacidos, y esa herida nunca va a cerrar. Pero perderlo a él… sería mi muerte definitiva. Porque Tom no es solo mi salvación, es mi razón de respirar. Y si esta guerra se lo lleva, juro que yo me voy con él.

Porque para mí, una vida sin Tom no existe.

Escuchaba todo mientras me colaba entre los coches, buscando la salida del parking, donde me esperaba Bach. Pero no saber qué estaba pasando me carcomía, y más de una vez quise volver… aunque no podía. No podía distraer a Tom y ponerlo en peligro por mi gilipollez. Los disparos sonaron otra vez, secos, seguidos, haciéndome pegar un bote. La curiosidad me pudo y me arrastré entre dos coches. Asomé la cabeza y vi cómo los hombres de Tom barrían a los gilipollas de Brian.

Sonreí para mis adentros. ¿Ha ganado?

—¿A dónde crees que vas, rata asquerosa?— la voz de Nathalie detrás de mí me hizo pegar un respingo.

Mierda. No, no, no. Por favor, no…

Continúa…

Gracias por la visita. Vamos a darle ánimo a la autora con los comentarios 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!