Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 8

Sus dedos se enredaron en mi pelo, acercando más mi cara a la suya como si quisiera tener más contacto del que ya había. Ni siquiera sé de dónde salió esa valentía para besarlo, pero tampoco podía negar que me gustó tanto que no quería soltarlo.

Mis labios se movían sobre los de él encajando a la perfección. Podía sentir el frío del metal de su piercing, compartiendo saliva mientras nos devorábamos la boca como dos hambrientos. Él, con más ansia y yo intentando seguirle el ritmo. Nuestros labios hacían esos ruidos húmedos cada vez que los cerrábamos sobre los contrarios. Maldita sea, era mi primer beso y lo estaba dando como un profesional; fue por falta de oxígeno que tuvimos que separarnos. Nuestros rostros a escasos centímetros uno del otro mientras respirábamos de forma irregular.

No sabía qué decir después de lo que había pasado, y tampoco me atrevía a mirarle a los ojos. Estaba tan nervioso que no podía controlarme.

—Lo siento…— susurré en voz baja.

Él sonrió de manera efusiva —¿Por qué te disculpas?— preguntó.

Apreté mis labios, posiblemente hinchados, y respiré hondo intentando calmarme —Por… ay, por besarte… yo… no sé por qué lo hice…

—Porque te gusto, es obvio— levanté un poco la mirada y le vi jugar con su piercing moviéndolo con la punta de la lengua sin dejar de sonreír —Aunque no te culpo; sé que soy apuesto y sexy, así que…

Solté una risa divertida mientras negaba con la cabeza —¿En serio?— sonreí riendo entre dientes. El viento empezaba a volverse travieso y mi pelo se movía, haciendo que varios mechones me taparan la cara; los aparté suavemente sin dejar de mirarle a los ojos. Él se encogió de hombros…

—Soy guapo, irresistible y encantador ¿A que sí?

—Eres un egocéntrico…

Chasqueó la lengua y desvió la mirada hacia el agua —¿Cuántas veces tengo que decirte que no es «ego» sino amor propio?

Bajé la mirada; ya no recordaba cuántas veces me lo había repetido —Eso es una excusa. Eres realmente egocéntrico, te describes como lo mejor, joder, solo basándote en tu físico…

—¡Eh! ¡Por dentro también soy un amor!— exclamó con un aire de falsa indignación —solo que pocas personas tienen el privilegio de conocer «esa» parte de mí— dijo mientras se pasaba una mano por las trenzas con toda la chulería del mundo. —Por ejemplo, tú eres uno de esos…— continuó —tienes el privilegio de conocerme y disfrutar de esa parte encantadora de mí, así que deberías sentirte afortunado…

No pude evitar reírme —Eres un idiota…

—Pero este «idiota» te vuelve loco, ¿O me lo vas a negar?— no dije nada, solo guardé silencio. Claro que me volvía loco, pero que lo supiera ya era avaricia. Mejor que se diera cuenta por sí solo —¿Puedo tomarme tu silencio como un «sí»?

—Nop.

—¡Oh, venga ya! Admite que sientes esa química cuando estamos juntos, esa llama de pasión que parece arder cuando nuestras miradas se cruzan— me cogió de la barbilla obligándome a mirarlo —Niega que sientes lo mismo que yo…

—Tom…

—¿Te gusto, Willem?

Su pregunta me dejó mudo. Sé que podría responder con un simple «sí», pero joder, no es tan fácil como parece y menos con mi corazón latiendo así de descontrolado; no podía pensar con claridad si él me miraba de esa forma tan intensa que me volvía aún más loco. Claro que sentía esa química, esa conexión, desde la primera vez que lo vi. Pero tenía miedo de fallar en el amor siendo mi primera vez experimentándolo. Y fue en ese preciso momento cuando las palabras de Sarah llegaron a mi mente. Dieron vueltas por un par de segundos y fue entonces cuando me atreví a contestarle.

—Me gustas— dije —¿Y yo te gusto a ti?

—Maldición, pensaba que ya lo sabías— me respondió —Después de todo lo que he hecho y dicho para que te dieras cuenta…

—No haces más que soltarme tus guarradas— le respondí en tono burlón.

—Es parte de mi lenguaje del amor, Billie— comentó dándome un suave golpe en la punta de la nariz con su dedo índice —Aunque puedo ser menos pervertido y más romántico si me lo pides…

—Ah, ¿sí?— él asintió lentamente —No creo que seas capaz de decirme algo «romántico» sin soltar tus tonterías, Tom…

—Pruébame— dijo y yo arqueé una ceja —Quiero decir, me refiero a que me pruebes a ver si puedo o no decir algo romántico… aunque si quieres probarme de otra forma, también está permitido— añadió levantando las cejas con picardía.

Rodé los ojos sin poder evitar sonreír y decidí arriesgarme a hablar —Bien, dime algo…

Él se acercó un poco más a mí —¿Qué quieres que te diga exactamente?

—Dime qué… qué te atrajo de mí cuando me viste, con sinceridad…

Sonrió —¿Cuando te vi?

—Hujum…

—Todo; tus ojos tienen una chispa que iluminan todo a su alrededor, una mirada demoníaca y sensual. Y esa sonrisa tuya…— relamió sus labios —es simplemente irresistible; cada vez que sonríes, siento que el mundo se detiene un momento. Tu voz es como de ángel. Tu piel, tan blanca como la nieve— contuve el aliento ante sus palabras mientras acariciaba mi antebrazo con sutileza sin dejar de mirarme a los ojos —Hay una suavidad en tus labios tan tentadora, y la forma en que te mueves tiene una gracia natural que me atrapa. Todo en ti tiene una belleza especial que me hace querer conocerte más y más…

Joder, mis ojos brillaron ante cada palabra suya. Su voz susurrante y rasposa mientras las decía, mirándome con toda la ternura del mundo, como nadie me había visto jamás. Oh Dios, estaba empezando a amarlo…

—Me encantas, Bill— comentó —Te mereces el paraíso entero, pero yo soy más de infiernos— dejó un beso breve en mis labios y continuó —¿Tú estarías dispuesto a arder conmigo?

Me tenía atontado, como si su voz fuera hipnotizante. Le miraba como cualquier tonto, como cualquier niña miraría al chico que le gusta. Tenía la respuesta a su pregunta, una que invadió mi mente sin siquiera asimilar su pregunta. Era como si mi subconsciente supiera cuál era la respuesta y, sin pensarlo dos veces, la dije.

—Sí— susurré, a lo cual él sonrió mostrando sus blancos y perfectos dientes. Yo solo seguía embobado en sus ojos…

—¿Sí? ¿Estás seguro, terroncito?

—También me encantas…— comenté —No sé qué me has hecho, pero me tienes… colgando de tus manos…

Y me besó nuevamente. Enrosqué mis brazos en su cuello atrayéndolo más a mí, nuestros labios se movían al compás, nuestras respiraciones agitándose a la par. Tom y yo éramos polos opuestos, lo sabía, pero… lo opuesto se atrae, ¿no? Solo tenía clara una cosa: quería que fuera él…

&

Bajé de su moto cuando se aparcó frente al gran portón de barrotes negros de mi casa. Me desabroché los cinturones del casco y ajusté el gorro que se me había movido; había algo en mi cabeza que no paraba de dar vueltas, ¿cómo sabía él dónde vivía yo? Nunca le di la dirección ni le conté por dónde quedaba.

—Las ocho en punto; justo a tiempo y tu hora de dormir no se ha visto perjudicada— comentó riendo con sorna mientras subía un poco su casco, dejando al descubierto su rostro.

—¿Cómo sabes que tengo un horario?— pregunté sorprendido. Paró de reír de golpe y carraspeó. Apretó los labios y desvió la mirada de mí a uno de los espejos retrovisores de su moto. No recordaba haberle dicho nada al respecto.

—Vaya… lo he dicho en broma, pero ¿realmente tienes un horario?

Entrecerré los ojos sin poder creer lo que había dicho, ¿en broma? Pero parecía haberlo dicho con toda la seguridad del mundo, como si fuera un comentario normal sobre algo que yo nunca le había contado. Estaba nervioso y lo noté, pero no quería ser paranoico; seguramente fue solo una broma, por cómo soy yo.

—Sí— le respondí —Tengo todo planificado; la hora exacta en la que me levanto, mi rutina de ejercicio, las clases de piano y esgrima… claro, cuando se acaben las vacaciones volveré a mi horario habitual durante el año académico— sonreí.

Él alzó ambas cejas —¿Tienes un horario para cada cosa?

—Mmm, solo dos… el que uso en vacaciones y el otro cuando se acaban— contesté —¿Por qué?

—¿No haces nada más aparte de lo que dicen esos horarios?— negué con la cabeza —¡Joder! ¿De verdad? O sea, ¿no sales a fiestas o cosas así para distraerte?

—Tengo mis métodos para distraerme— dije divertido por su interrogatorio —Como leer, por ejemplo… o salir con las chicas y Gustav a dar un paseo por ahí.

Él asintió lentamente —Todo lo que haces a diario es una rutina, entonces…— susurró —Yo necesito arreglar eso…

Alcé una ceja —¿Arreglar?

—Sí, terroncito. ¿Crees que voy a permitir que desperdicies tu juventud?— iba a hablar pero él me interrumpió —no quiero «peros» ni nada por el estilo. Mañana vengo a por ti a las siete de la noche, ponte guapo… Mmm, no, tú ya eres guapo y sexy— sonreí levemente —Bueno, ponte lo más bien que puedas… voy a llevarte conmigo a Excelsior— comentó.

Incliné un poco la cabeza hacia un lado, fruncí el ceño sin dejar de sonreír y le solté: —¿Qué?

—No hagas preguntas, solo haz lo que te digo. Mañana paso a recogerte a las siete…

—Al menos dime qué es ese sitio que tiene el nombre de un diamante…

—Ah, qué listo eres…— dijo con tono burlón.

Me crucé de brazos —Claro que lo soy, pero, ¿a qué viene eso?

—A que sabes que «excelsior» es el nombre de un diamante…

—Obvio que lo sé, tonto. Excelsior es mi diamante favorito— le respondí —es precioso…

—Lo sé…— susurró.

—¿Qué sabes?

—A-ah, pues qué… que es precioso— aclaró tras titubear. —Excelsior es una discoteca, una de mis favoritas, y estoy seguro de que te va a encantar. Me reuniré con mis colegas, bueno, con los más cercanos a mí…

—¿Te refieres al grupito que, al igual que tú, iban encapuchados y robando esa joyería?— pregunté y él amplió su sonrisa.

—Sí— respondió mientras se pasaba la lengua por el labio superior —Solo los más cercanos que considero amigos, como Georg y otros más… vamos a celebrar que salimos ilesos del tiroteo; bueno, yo tengo una herida de bala, pero estoy bien.

—Creo que deberías descansar, en serio. Quizás se te abra la herida o te dé alguna infección…

—Bebé, tengo a mi médico personal, Dick. Creo que te lo mencioné…

Reí —Sí, lo hiciste y… ¿ese es realmente su nombre?— pregunté algo avergonzado en un susurro.

Tom se echó a reír y negó con la cabeza —Su nombre es Matthew, pero… todos en el grupo tenemos un apodo por cosas que nos pasaron cuando éramos jóvenes. El suyo tiene su historia; podrías saberlo si vienes conmigo mañana…

—Idiota— mordí mi labio inferior —Sé puntual, ¿eh? A las siete te quiero aquí, ni un minuto más ni uno menos.

—A sus órdenes, su majestad— dijo moviendo la mano como si intentara hacer una reverencia que no le salía bien por estar subido en la moto. Volví a reír negando con la cabeza; realmente es encantador.

—Bueno, adiós, Tom…— me di la vuelta listo para entrar en casa, mientras los guardias de seguridad abrían el portón automático que empezaba a moverse lentamente. Me mordía los labios conteniendo las ganas de devolverme y darle un beso; no iba a ser yo quien tomara la iniciativa otra vez. Quería que fuera él quien lo hiciera, y pensé que no lo haría hasta que le escuché llamarme.

—Eh, guapo… ¿No te olvidas de algo?— me giré rápidamente en cuanto terminó de hablar. Hice como que no entendía a qué se refería hasta que él hizo gestos con las manos. Juntó los dedos y besó la punta de estos; me reí nervioso, mientras los guardias de seguridad me miraban esperando a que yo entrara. —Si no me besas, te obligo…

Di los seis pasos de regreso hasta estar cerca de él. No iba a ser yo quien diera el paso otra vez, así que me quedé parado a centímetros de su cara, con nuestros labios casi rozándose. Él puso una mano detrás de mi cabeza y me atrajo hacia él, dándome un beso, mientras que con la otra mano bajaba a agarrar una de mis nalgas. Ignoré eso porque, sinceramente, no me molestó. Aunque para ser solo un par de chicos conociéndose, un beso y que me agarrara así era un poco demasiado íntimo. Fue solo un beso breve, nada húmedo, sin lengua, solo mis labios contra los suyos. Me dio otro pequeño cuando nos separamos un poco y luego me sonrió.

—Te veo mañana, terroncito— susurró antes de inclinarse para atrapar mi labio inferior con sus dientes y chuparlo.

Maldita sea, eso me dejó aturdido. Pero en ese estado con los nervios a mil, solo le sonreí y moví la mano en señal de despedida. Me di la vuelta y entré por el pequeño hueco del portón, saludando a los guardias de seguridad con un «buenas noches» y ellos, como siempre, inclinaron la cabeza. No me importó mucho lo que pensaran después de ver cómo el chico de trenzas mordió descaradamente mi labio inferior. Cuando pisé el césped escuché cómo rugía su moto. Miré hacia atrás viéndolo marchar y sonreí. Había sido el mejor día de mi vida.

Entré en casa y fue inesperado cuando sentí unos brazos envolviéndome en un abrazo asfixiante. Abrazos que solo solía darme una persona: Simone, mi madre.

—¡Oh, mi lindo y hermoso bebé! ¡Te he echado tanto de menos!— exclamó cuando se separó y acarició mi rostro con sus manos —¿Dónde estabas, cariño?

—Mamá…— murmuré apenas audible.

—Oh, Simone. Ni siquiera has dejado que llegue y se tome un vaso de agua al menos— escuché la voz de mi padre y mis alarmas mentales se encendieron; ¡¿qué hacían aquí?! Se suponía que llegarían dentro de dos semanas; eso era lo que mi madre me había dicho por mensaje la última vez que hablamos, que fue prácticamente ayer.

Mis ojos se abrieron como platos —¿Qué… qué hacéis aquí?— pregunté suavemente —Me dijiste que volveríais dentro de dos semanas— dije mirando a mi madre.

Ella sonrió —Cielo, hemos encontrado a alguien que se va a encargar de Sewelo— era el nombre que yo le había puesto a la fundación de ayuda social que quería hacer y en la que mi padre me estaba apoyando. Por eso habían viajado a Düsseldorf, por eso se suponía que se quedarían dos semanas —Uh, ¿qué pasa cariño? ¿No estás contento de vernos?

—¿Qué? ¡Claro que sí, mamá!— dije devolviéndole el abrazo —También os he echado mucho de menos, a ti y a papá…

Mi padre se acercó sonriendo en cuanto me separé de mi madre y lo abracé también. Los había echado de menos aunque solo hubiesen estado una semana fuera de casa.

—No has respondido a mi pregunta, cielo, ¿dónde estabas?— preguntó de nuevo mi madre mientras me quitaba el gorro negro y me arreglaba el pelo lacio —Llegamos hace una hora, queríamos sorprenderte y resulta que los sorprendidos hemos sido nosotros al no encontrarte aquí…

—Ah, yo… estaba con… con Natalie— mentí y en cuanto lo hice me sentí mal porque nunca había hecho algo así, por eso mis padres me creyeron —Fuimos con Gustav a tomar algo, luego al centro comercial, y después acabamos en casa de Natalie…

—¿Y no te has comprado nada?

—¿Eh?— miré a mi padre sin entender.

—Has dicho que fuisteis al centro comercial, pero no traes ninguna bolsa…— dijo él.

—¡Oh! ¡Claro que sí! Las bolsas— acaricié la sien pensando en qué decir —¡Las he dejado en casa de Natalie! Oh, Dios… tendré que pasar mañana a por ellas.

—Bueno— interrumpió mamá —¿Ya has comido? Puedo decirle a Celeste que te cocine algo…

—Ah, no mamá, tranquila. Con Natalie cenamos… Mmm, lasaña.

—Oh…

—¿Y quién era el chico que te trajo?— preguntó de repente mi padre. Juro que me atraganté con mi propia saliva y seguramente mi cara estaba tan roja como un tomate.

¿Y si vieron la escena del beso?

¿O cómo el chico de trenzas me había agarrado las nalgas?

Oh mierda.

—¿E-el chico?

—Sí…

—Ah, eh… él… es… ¡Un amigo de Natalie! Sí, y… bueno, como no quería molestar a Baldrich y el chico se ofreció a traerme, pues aproveché eso y aquí estoy— comenté intentando no titubear. No se me daba bien mentir. —Pero no os preocupéis, él iba despacio y no pasó ningún accidente ni nada parecido…

—Oh, eso está bien, cariño— dijo mamá. —¿Y de quién es hijo?

Claro, las preguntas de siempre. No podía inventarme una familia rica para Tom así como así, y tampoco quería decirles que vivía prácticamente en los suburbios de los barrios bajos; así que volví a mentirles con algo más creíble.

—Oh no, mamá… él no es hijo de ninguna familia importante. Vino a esta ciudad a trabajar, no es de bajos recursos pero tampoco tiene dinero para despilfarrar. Natalie lo conoció en un Starbucks, el chico trabaja allí como camarero y, bueno… se hicieron amigos con el tiempo y nos lo presentó hoy… es un… buen chico…

Mierda, hasta a mí mismo me costaba creer mis propias palabras.

—¡Oh! Bueno, supongo que eso también está bien— comentó mamá.

—¿Y cómo se llama?— preguntó mi padre —Me pareció verlos demasiado cerca…

—¡Me estaba contando algo!— me apresuré a decir —Le encanta hacer bromas… y se llama Tom…

Mi padre asintió lentamente. —Bueno, deberías traerlo algún día a comer. Si es amigo tuyo también queremos conocerlo— lo de siempre, para asegurarse de que eran buenas personas.

Asentí lentamente. Lo siguiente que pasó fue que nos sentamos en el gran sofá; mamá me contó sobre todas las cosas que había que hacer y todo el papeleo para empezar con la fundación. Sewelo era un proyecto que tenía en mente desde hacía tiempo, cuando vi con mis propios ojos cómo había gente durmiendo sobre cartones o buscando comida en los contenedores. Mi padre me apoyó desde el primer momento en que se lo comenté. «Sewelo» es el nombre de un diamante que también es mi favorito.

Después de charlar con ellos y ver todos los regalos que me habían traído de Düsseldorf, subí a mi habitación sintiéndome completamente como un mal hijo.

—Joder, me he convertido en un mentiroso— dije horrorizado mientras cerraba la puerta de mi habitación y buscaba el pijama para ponerme.

Oh Dios, ¿qué estaba haciendo Tom Trümper conmigo?

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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