
Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 10
Cuando regresaron a Berlín, Tom ya había hablado con una agencia de niñeras, porque si bien fueron días agitados al momento de acomodar todo en su nuevo hogar, Tom sabía que dentro de unos días él regresaría al edificio de K-Biotech para volver a trabajar presencialmente, por tanto, ya sabría quién sería la nueva niñera, su nombre era Brittany Müller, tenía buenas referencias, y también sería quien se encargaba del servicio doméstico, porque no quería tener varias personas en su casa, así que ella sería eficiente para cuidar a Tomi, encargarse de la comida y aseo.
—¿Pero sí tiene buenas referencias, mamá? —interrogó Bill mientras cargaba a Tomi, en lo que Tom revisaba los papeles de la muchacha que vendría en unos minutos, pero su hijo mayor demostraba preocupación en su semblante.
—Sí, hijo, es decir, igualmente tú estarás en casa como para vigilar que esté haciéndolo bien, pero ahora la conseguí de una agencia —comentó Tom, porque sabía que si bien a la niñera de Bill la había conseguido mediante un anuncio, y ella le mostró referencias, no había buscado en una agencia que se supone que tenían un mejor control de calidad.
—Sí, lo sé, sólo que igual tengo miedo —dijo Bill, abrazando protectoramente a Tomi—. Y sobre que esté en casa… Quería salir con unos amigos, entonces quería ver si era posible que me compraras un auto para movilizarme porque por tu trabajo no siempre podrás estar llevándome a algún sitio, y sí me hiciste tomar las clases cuando tenía dieciséis —arguyó el menor.
Tom sabía que era un buen argumento el que le decía su hijo, y que incluso él lo pensó antes, por lo mismo a sus dieciséis hizo que tomara clases, sólo que… El pensar el por qué lo tenía también lo estaba tensando, aunque él mismo fue consciente de que eran más que celos de madre, y eso estaba mal, recordándose que su propósito era alejarse de su hijo, y que si Bill tenía la oportunidad de tener a más personas en su vida que le ayudaran con sus problemas y no sentirse solo, era mejor para él.
“Pero y si William…”, Tom mismo calló a esa voz en su cabeza.
—Sí, hijo, iremos a comprarte un auto para que puedas ir a donde gustes. Sólo que debemos establecer los límites, el auto no puedes prestárselo a nadie más, ni dejar que otro lo conduzca, mucho menos conducir ebrio y siempre recordar las normas de tránsito —instruyó Tom y Bill asintió, aún teniendo a Tomi en brazos mientras el pequeño jugueteaba con la mano del mayor—. Lo haremos el fin de semana, ¿ok? Porque ahora que venga la niñera debo regresar a mi trabajo.
—Sí, está bien, mamá —masculló Bill y el timbre sonó, haciendo que ambos giraran en su dirección, pero Tom fue el que se acercó, abriéndole la puerta a la muchacha.
—Buenas tardes, señorita Müller —saludó Tom.
—Buenas tardes, señor Kaulitz, y… ¿Ustede debe ser el joven Bill? —inquirió Brittany observando al muchacho atrás.
—Sí, hola —dijo Bill, por más que estuviera practicando hablar más con las personas, es que él hablaba con mayor fluidez luego de mucho tiempo, por eso hasta le había costado cuando sus amigos hacían videollamada, prefiriendo apagar su cámara y era mucho peor tener a la persona cara a cara, sin mencionar el que de por sí tuviera inseguridad con las niñeras por su pasado.
—Y él debe ser Tomi, ¿verdad? —cuestionó Brittany viendo al bebé que estaba aferrado a su hermano mayor, frunciendo su pequeño ceño, apretando más la camiseta de su hermano, pegándose hacia él.—Es un niño muy lindo —halagó.
—Sí, sólo que es un poco llorón —comentó Tom, porque él sabía bien que sólo no lloraba cuando Bill lo atendía.
—Tomi es sensible, mamá —corrigió Bill manteniendo protectoramente al pequeño contra su cuerpo.
—¿Mamá? —cuestionó Brittany con expresión confundida.
—Sí, deberás saber que soy intersexual, por eso soy madre de Bill y de Tomi, espero no tengas ningún problema con ello —farfulló Tom en tono tajante, porque sabía que si era una persona que prácticamente iba a vivir con ellos, lo mejor era que supiera la verdad para evitarse malos ratos.
—No, no tengo ningún problema con eso, señor Kaulitz —respondió Brittany sintiendo un poco de temor por la forma en la cual le había hablado su jefe, ya que lucía muy intimidante, aparte esto no era algo que le importara a ella, sólo lo soltó al considerarlo algo peculiar o un error, que quizá se había confundido porque no estaba su mamá—. Discúlpeme más bien si se malinterpretó, ¿entonces la comida la haría para ustedes dos y aparte el bebé? —interrogó para que sutilmente le dijeran si vivía alguien más con ellos.
—Sí, sólo para nosotros, también para que tú comas, y para mi hijo menor. Igualmente ya dejé todas las especificaciones en este folio sobre los cuidados con mi hijo, sus horarios, limpieza y demás, aparte de las atenciones en la casa —explicó Tom extendiéndole el folio a la muchacha que asintió, recibiéndolo y echando una ojeada—. Yo ya debo irme —avisó, alisándose el traje para sujetar su maletín y salir.
Tom de por sí se sentía más seguro al haberse hecho una coleta baja, rebajarse la barba y estar con traje, encendiendo su auto, teniendo que usar las pezoneras para evitar que tuviera alguna fuga por todavía producir leche. Pero esperaba que su actitud fuera regresando a sí mismo, porque debía demostrar seguridad en su trabajo.
Brittany al terminar de leer el detallado folio, es que miró nuevamente al joven aferrado al bebé, se fue a lavar las manos a la cocina, a sabiendas de que toda interacción con un pequeño debía ser higiénica, luego regresó donde Bill. —¿Me permite cargarlo? —inquirió.
Bill lo apretó más contra su cuerpo, haciendo que la muchacha notara que tanto el joven como el bebé tenían el ceño fruncido en su dirección.
—Lo digo para que se vaya familiarizando conmigo, o si gusta voy haciendo la comida mientras usted lo cuida —ofreció Brittany, no entendiendo por qué tanto el recelo del joven, quien suavizó su expresión.
—Está bien, gracias —dijo Bill para irse a su habitación con el bebé, haciendo que la joven soltara un suspiro, al menos podía irse de noche, y las prestaciones eran buenas, sólo que sí se fijaba que el trabajar para gente pudiente era un tanto difícil, sólo esperaba no tener ningún inconveniente porque necesitaba el dinero.
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Tom al momento de ingresar a K-Biotech, es que notó cómo es que lo veía la recepcionista empalideciendo de inmediato.
—Señor Kaulitz, buenos días —dijo la recepcionista.
—Buenos días, Greta, ¿por qué esa cara de espanto? —cuestionó Tom arqueando una ceja.
—No, por nada, señor, sólo que no lo esperábamos tan pronto —mencionó la mujer.
—Soy el dueño de la empresa, si me adelanto un par de semanas para mi reintegro no tendría que haber ningún inconveniente, por algo la K del nombre es en referencia a mi apellido —soltó Tom frunciendo el ceño, no le gustaba cómo se estaba tornando la recepcionista, algo le olía muy mal.
—Sí, señor, discúlpeme —musitó Greta bajando la cabeza.
—¿Dónde está el doctor Gühne? Necesito ponerme al corriente de todo —habló Tom.
—Sí, está en su oficina —mencionó Greta, y Tom asintió para dirigirse al ascensor, en lo que la muchacha escribía con rapidez en su teléfono.
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Tom antes de tocar la puerta de la oficina de Andreas, el científico le abrió, ofreciéndole una sonrisa.
—Tom, qué gusto que estés aquí, aunque antes de tiempo, se te olvidó avisar —comentó Andreas—. Siéntate —instó el rubio.
Tom no era ningún estúpido, Greta le había avisado a Andreas el que había llegado, y por eso estaba inquietantemente nervioso.
—Porque no tengo por qué hacerlo, soy el Director Científico dueño de esta compañía, Andreas. ¿Qué es lo que están secreteando tanto para que Greta te dijera directamente que vine antes de tiempo? Se supone que eres el Director de Bioética, no el dueño. Te dejé a cargo entre tanto, sin embargo, fui yo quien estaba tomando las decisiones sobre los proyectos, y vigilando que estuvieran bien, incluso a distancia —masculló Tom con el ceño fruncido.
—Claro que sí, Tom —mencionó Andreas, sacando unas carpetas y extendiéndosela a Tom—. Estos son los proyectos de los que puedes encargarte —agregó el rubio, mientras Tom revisaba cada una de las carpetas, reconociendo para los laboratorios que estaban designados, que no eran de los principales que usualmente él manejaba.
—¿Por qué no están los proyectos de LabTech aquí? —cuestionó Tom mirando al rubio.
—Es que esos no puedo designártelos, ya tienen al nuevo Investigador Principal a cargo —explicó Andreas, aflojándose la corbata.
—¿Cuándo autoricé a que se realizara la contratación de un nuevo Investigador Principal? Porque en ningún momento me comunicaron de ello —farfulló Tom, sintiendo cómo se tensaba su mandíbula, ya que él cumplía doble función, siendo el Director Científico, pero también que llevaba los casos más importantes.
—Es que te fuiste, Tom, y a distancia no es la mejor opción que se llevaran casos así de importantes, por eso tuvimos que contratar a un Investigador Principal, el cual ha estado haciendo un excelente trabajo en estos meses, de hecho no contratamos a cualquiera, precisamente porque K-Biotech no se caracteriza por recibir a cualquiera y siempre buscamos la excelencia, por eso conseguí a mejor genetista de Suiza, el doctor Trümper —arguyó Andreas luciendo muy convencido al decirlo, y Tom, quien no se había sentado en ningún momento, increpándoselo de pie, se tuvo que sentar.
—¿Cuál es el nombre completo de ese genetista? —interrogó Tom con la voz apretada.
—Oh, el doctor Wilhelm Trümper, tiene muy buenas referencias y fama en Suiza, y en todo el tiempo que has estado fuera es quien se hizo cargo, y es el mejor. En todo caso, podrías trabajar con él, aunque hasta que culmine con los casos, él estará a cargo. Y seguro que podrían congeniar bien como para que al final sí opten por trabajar juntos, contigo a cargo claro, en los siguientes casos —ofreció Andreas pero Tom estaba mirando a la pared, sintiendo que se le había apretado el estómago, ni siquiera podía fingir indiferencia o estoicismo, sólo sentía que quería matar a Andreas por haber contratado a su ex, que evidentemente no sabía que era su ex al hacerlo.
—Tengo que despedirlo —dijo Tom.
—¡NO! No se puede, Tom, tiene que cumplir su contrato, sin mencionar que ya LabTech aceptó seguir con nosotros por el doctor Trümper precisamente, ya que no les daba confianza que quedaran sus casos sin ti a la cabeza —expuso Andreas—. ¿Y por qué no le das una oportunidad? El doctor ha sido muy responsable, es excelente en lo que hace, no tanto como tú por supuesto, pero igual.
Tom se relamió los labios por la ansiedad, observando al rubio, sintiéndose por completo frustrado en la posición en que estaba, donde no podía despedir a Wilhelm, que todavía era quien llevaba los casos de LabTech, terceriorizando sus servicios con ellos, siendo su mejor cliente, y… No podía hacer algo. “A menos que lo haga renunciar”, pensó Tom.
—En todo caso tengo que hablar con él —masculló Tom mirando con fingida serenidad a Andreas, mientras que sentía que masticaba vidrios.
Él no era ningún adolescente, ya habían pasado veinte años desde que había conocido al imbécil de su ex, y Tom era quien estaba a cargo ahora, no él, ya no más.
—Sí, claro, sería lo normal y esperable, voy a comunicárselo para que vaya a tu oficina, ¿está bien? —interrogó Andreas, porque sabía que Tom era difícil, aunque fuera un genio, era de difícil trato, sólo que él al ser el segundo a cargo tenía muchos beneficios, aunque a veces tuviera que andar con pinzas con Tom, notando cómo todos también tenían la misma idea del jefe.
—Sí, lo esperaré allí —soltó Tom para salir en dirección a su oficina.
Tom al momento de atravesar su oficina, notando que al menos la mantenían limpia, es que tuvo que ir al baño, mojándose el rostro, no iba a llorar, no era ningún maldito niño ni adolescente, sólo que se sentía caliente no por alguna excitación, sino frustración. No pensó que tendría que lidiar con Wilhelm nunca más y ahora tendría que verlo… Para mandarlo a la mierda, no, para intentar que renuncie. Pero al fijarse en el espejo no veía al hombre de treinta y seis años, con barba, cabello castaño y traje, veía… Al muchacho rubio con rastas, de dieciséis años, con ropa de rapero que creyó todas las mentiras que le dijo Wilhelm.
—No, recomponte, somos mejor que eso. Y sabes que Wilhelm ni siquiera fue el gran amor de tu vida —se habló a sí mismo alentándose.
“Porque al amor de tu vida lo pariste”, completó la idea una voz en su cabeza, y sí, William era el amor de su vida, incluso aunque no lo dijera en voz alta. Se secó el rostro, inhalando y exhalando, acomodándose la corbata y retomando su lugar en la silla de su oficina. Pero apenas se sentó es que tocaron la puerta.
—Pase —instó Tom, observando cómo se abría la puerta, mostrando al hombre de casi cuarenta años, los mismos rasgos pero… Diferente, el cabello negro lo tenía largo en la coleta baja, estaba con barba y no traía las ropas de motociclista que usaba en el pasado, sin mencionar cómo es que le notaba también el paso de los años en su rostro.

—Tom, qué gusto verte, buenos días, estás… Increíble —mencionó Wilhelm al pasar y sentarse mientras le sonreía luego de haberlo mirado a consciencia, al menos en lo que se permitía observar antes de que tapara el resto del escritorio.
Tom sólo tensó más la mandíbula, habiendo reconocido el hambre en el otro hombre.
—¿Eras consciente de que yo era el Director Científico de esta empresa? —preguntó Tom arqueando su ceja, sin responderle al halago, y Wilhelm rió.
—Claro que sí, he seguido tus pasos a la distancia. Sé que saliste con honores de la universidad, sin mencionar las maestrías que hiciste, y que fundaste esta empresa. Por eso me sorprendió cuando se comunicaron de tu empresa para trabajar aquí, la verdad es un buen sitio, ya extrañaba Alemania —farfulló Wilhelm con simpleza.
—Creo que estás equivocado, Trümper, yo no te llame para que trabajaras aquí, esto se hizo fuera de mi conocimiento. De haber estado en mi poder, no te habría llamado nunca —soltó Tom tajante.
Wilhelm suspiró. —Ay, pensé que sí lo sabías y que… Bueno, no importa, de todos modos ya estoy trabajando aquí, y me va muy bien. Es una lástima, creí que querías recordar viejos tiempos —arguyó el pelinegro con una sonrisa torcida, que sólo hizo que Tom pensara en William y no en él.
—Basta —ordenó Tom, cerrando los ojos y sujetándose el puente de la nariz.
—¿Qué estoy haciendo? —interrogó Wilhelm en un tono de fingida inocencia.
—Coquetear y actuar como si nada, Trümper. Aquí yo soy tu jefe, y quería ver si había algo de sensatez en ti para que renuncies voluntariamente por… Decencia, pero está más que claro que no está esa palabra en tu vocabulario, ¿verdad? —increpó Tom abriendo los ojos para mirarlo enojado.
—Tom, es que ya pasaron muchísimos años, uno hace muchas estupideces cuando se es joven, tenía que terminar mi carrera y lo hice en Suiza —relató Wilhelm—. ¿Sí llegaste a tenerlo? Porque bueno, tu éxito demuestra lo contrario, que pudiste sobresalir sin ningún tipo de carga.
Tom apoyó sus manos con fuerza sobre el escritorio, inclinándose en la mesa para mirar con seriedad al mayor, con la rabia aturdiéndole, y con el movimiento dejando caer su portaretrato.
—Mi hijo no es ninguna carga, pude salir adelante sólo con él —recriminó Tom, sintiendo la furia aturdirle, porque este imbécil no podía venir a intentar sugerir que su hijo fue una carga y lo abortó, y que por eso era exitoso.
—¿Sí? ¿Y cómo se llama? ¿Estás soltero? Porque no noto ningún anillo en tu dedo —musitó Wilhelm.
—No, no me casé, y tampoco es que eso te deba interesar —dijo Tom sintiendo la sangre hervirle.
Wilhelm miró el contenido del portaretrato, sujetándolo antes de que Tom pudiera evitarlo, viendo que allí estaba Tom con Bill, Bill siendo idéntico a él.
—Entonces al final sí era mío —farfulló Wilhelm sin ver a Tom, quien sólo sintió el chirriar de sus dientes, porque era más que evidente que fue suyo, porque sólo se acostó con él en aquel entonces.
—¿Qué es lo que quieres para que me des tu renuncia, Trümper? —interrogó Tom evasivo.
—Nunca me casé porque me dediqué más a mi trabajo, ¿sabes? Estuve saliendo con personas esporádicamente a lo largo de los años, y nadie fue suficiente para mí. Por lo mismo es que tampoco tuve hijos, nunca me establecí tanto como para querer uno, y ahora lo tengo, es curioso —comentó Wilhelm como si nada, mirando que Tom lucía feliz en la foto al costado de su hijo, y Tom siempre había sido atractivo, ahora aunque se viera diferente a cómo lo conoció, le seguía encantando, ¿qué hubiera sido si él se quedaba con ellos? Aunque sus padres apenas supieron lo mandaron lejos, él mismo no quería responsabilizarse de un bebé, pero Tom había sido tajante diciendo que sí quería tenerlo.
—No tienes un hijo, Trümper, Bill es mi hijo, sólo mío —rebatió Tom, porque no quería que este imbécil quisiera darse ese título cuando nunca estuvo para él.
—Con que se llama Bill. Tom… Mira, no quiero que estemos así, yo estoy trabajando muy bien aquí. No quiero renunciar, podemos trabajar juntos —ofreció Wilhelm viendo a Tom—. Siento admiración por tu trabajo, sería más que satisfactorio el que lo hagamos juntos. ¿Por qué no intentamos comenzar de nuevo? Han pasado muchos años, Tom. Discúlpame si fui un imbécil a mis diecinueve años, ya casi cumpliré cuarenta… Podríamos salir, conversar, ser amigos, ¿sabes? Sé que no me ves como el padre de Bill, no tiene mi apellido, no estuve allí… Y lo lamento, pero dame la oportunidad para volver a conocernos, quizá te animes a presentarme a nuestro hijo.
—¡No, no quiero salir contigo ni conocerás a Bill! —soltó Tom tajante frustrado, ¿qué le pasaba a este imbécil? ¿Creía que Tom había olvidado todo lo demás y lo aceptaría como si nada? Si bien Tom iba a buscar alguien para desfogar definitivamente no iba a ser el idiota de su ex.
—Al menos intentemos tolerarnos, Tom, yo, porque es importante para nuestro trabajo. ¿Estás seguro que no quieres venir como un supervisor? Me encantaría que notes mis habilidades como Investigador Principal —farfulló Wilhelm, y Tom apretó los labios en una fina línea.
—Como parte de mi trabajo tengo que vigilar lo que haces, no por tu “invitación”, sino porque es lo que me corresponde. En verdad pensaba que ibas a ser menos descarado por… Todo lo que pasamos, pero entiendo que era mucho que pedir a alguien como tú —expuso Tom.
—Ay, Tom… Tienes que aprender a dejar ir, a perdonar, yo mismo soy consciente de que fui un idiota, un imbécil. Pero ya no soy ese hombre, y puedo demostrártelo si me das la oportunidad —masculló Wilhelm en tono muy convencido.
—No me interesa, Trümper, sólo iré a supervisar después —respondió Tom porque no quería ni pensar en salir con ese tarado.
—Pues lo lamento, Tom, siento que… —iba a seguir hablando Wilhelm.
—Para ti soy señor Kaulitz, porque eres mi subordinado, así que retírese, Trümper —ordenó Tom, cortándole todo lo que iba a decir.
Wilhelm sonrió de medio lado. —Está bien, señor Kaulitz, con permiso —soltó aunque se había fijado cómo es que Tom se había visto afectado por él, así demostrara enojo e indignación, no estaba lo suficientemente indiferente como para “no volver a caer”.
El paso de tiempo había hecho que la belleza de Tom se acentuara, si bien recordaba al joven ingenuo y tímido, le encantaba este hombre seguro de sí mismo con un cuerpo de infarto que parecía que iba a ponérselo difícil… La verdad es que en este punto de su vida, no vería en mal quedarse con Tom, si sabía lo mucho que había disfrutado follándoselo, incluso enseñándole las formas de complacerlo, cuánto habría mejorado en el sexo y cómo se vería ese cuerpo doblado sobre sí mismo bajo suyo. Tampoco despreciaba la idea de conocer a su hijo, porque camino a los cuarenta, no estaba mal buscar establecerse aunque evidentemente nunca crió a su hijo, pero le alimentaba mucho el ego que hubiera salido idéntico a él.
“Como hijo negado”, pensó Wilhelm riendo internamente. “Pero encontraré la forma de que Tom vuelva a enamorarse de mí, nadie olvida el primer todo”, agregó en su cabeza, totalmente determinado, y que si incluso si se casaban podría tener todos los beneficios económicos de K-Biotech, porque de por sí tenía un buen sueldo, el casarse con el dueño representaría muchísimas más ventajas.
Cuando Wilhelm se fue de su oficina, Tom tuvo que resistir las ganas de gritar fuertemente por la frustración que sentía, el arrepentirse de no tener licores en su oficina por necesitar estar el mayor tiempo posible sobrio y consciente para sus labores. Él… Tenía la ilusión de despejarse y relajarse trabajando, no tener estrés apenas llegara porque contrataran a Wilhelm, de entre todos los malditos genetistas, Tom ni siquiera había investigado sobre él, era una parte de su pasado que no mencionaba, más allá de sus momentos nostálgicos cuando estaba ebrio, o al menos antes, ahora ya no lo hacía, en su bruma alcohólica sólo pensaba en William.
Tom volvió a mojarse el rostro en el baño, echándose un poco de agua en la coronilla, a este paso sentía que iba a subírsele la presión, pese a no ser hipertenso, habían sido muchas emociones por un maldito día y apenas empezaba. Se miró al espejo, él podría con ello, siempre había salido adelante solo, y ahora no comenzaría a dejarse caer.
Se echó un poco de agua en la nuca y tomó aire, fijándose en su armario para sacar su guardapolvos. Sí, tenía que seguir trabajando, dejando de última hora la supervisión de Wilhelm, para Tom sentirse en mejor control de sí mismo para lidiar con él. Porque Tom sabía que no sólo era la rabia contra él, sino que… El descaro de Wilhelm había hecho que pensara en William, sólo que William era por completo distinto… Él sí respetándolo, habiendo borrado con todas sus acciones todo lo que hizo Wilhelm con él, haciendo que la marca que quedara fuera por William y no por Wilhelm, sólo que todo estaba relacionado en su maldita cabeza.
“Cómo quisiera que estés aquí conmigo, Will”, pensó Tom, porque sabía que si William estuviera con él, no tendría por qué temer…
“No, tú no vas a temer, ni necesitas a alguien aparte de ti mismo”, se escuchó una voz en su cabeza, y Tom asintió, era cierto, él no necesitaba a nadie, podría solo como había hecho durante toda su existencia. Sólo que William mismo había hecho que Tom, quien siempre era quien solucionaba y se hiciera cargo, se había vuelto blando y con deseo de ser protegido por cómo lo había malacostumbrado William, pero no, debía recordar quién era. Tom Kaulitz no era ningún hombre frágil que tuviera que esperar que alguien le solucionara los problemas, no, él era un hombre muy capaz, y él mismo era el dueño de K-Biotech, así que… Ya que estaba atrapado con el idiota de su ex, no le daría el poder sobre sí mismo, no, simplemente actuaría de forma indiferente, viéndolo como lo que era: Su empleado.
Y Tom no podía generalizar, porque sabía que Wilhelm había sido bueno en la universidad, no como él, pero no era ningún estúpido, no podría haberse fijado en alguien que sólo era un ignorante, era un imbécil sí, sólo que uno inteligente, así quizá sí tendría algo bueno para ser reconocido en toda Suiza, no como hombre, no como pareja, mucho menos como padre o ser humano, pero tal vez sí algo rescatable como genetista. Porque ya no podría sacarlo de su empresa, al menos por ahora, Tom debía sí o sí verificar que todo estuviera dándose correctamente.
Continúa…
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