
Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 11
Cuando Bill escuchó que se abría la puerta, es que vio ingresar a su mamá, lucía mucho más cansado que de costumbre, se quitó el saco y dejó su maletín sobre la mesa, aflojándose la corbata.
—Hola, mamá, ¿cómo estás? ¿Cómo te fue en tu primer día? —preguntó Bill acercándose hacía Tom y notó que el aroma de su mamá era diferente.
—Hola, hijo, fue un día muy agitado la verdad, ¿cómo estuvo todo aquí con la niñera? —cuestionó Tom, mientras que Bill por inercia se acercó a él, olisqueando su cuello sin poderlo evitar.
—¿Cambiaste de perfume, mamá? —interrogó Bill para luego separarse, observando el rostro perplejo de su madre, ya que le había dado la sensación familiar de cuando William le había hecho la misma pregunta, sólo que Bill no entendía por qué lo hizo, fuera de la curiosidad que sentía por distinguir un aroma diferente en su madre.
—Ehhh, no, es el mismo. Sólo que estuve en contacto con muchas personas en el trabajo, tal vez su perfume se me pegó —respondió Tom, no veía el enojo o celos en el semblante de Bill, sólo confusión, así que no podía ser William, ¿verdad? También sería sospechoso que le preguntara directamente si era William porque si sólo era Bill preguntaría por qué pensó eso.
—Ah, y respondiendo a lo otro, Brittany ya se fue. En realidad fue amable, inclusive con Tomi, aún le cuesta aceptarla, pero seguro lo hará —comentó Bill viendo a su mamá de nuevo—. ¿Si es muy pesado no sería mejor que te quedes en casa?
—No, hijo, estaré bien, es hasta que me habitúe otra vez. Sólo que contrataron a nuevas personas y por eso es, no te preocupes —contestó Tom, sin querer decirle que contrataron a su padre, no quería hacerle mención suya.
De hecho antes de irse había ido a supervisar a Wilhelm, y notó lo muy bueno que era, hasta fijándose en la más pequeña variable, manteniendo un control impecable en cada experimento, y eso era algo que Tom admiraba, sólo que no se lo dijo en ningún momento, sólo haciéndole mención de lo que podía mejorar. Y el tarado era bueno en ello, así que fue lo más pasivo agresivo con su forma de darle su comentario en retroalimentación porque habían algunos asistentes más presentes, pero Wilhelm hasta había mostrado una humildad que sabía que no tenía, acercándosele innecesariamente para decirle lo muy bueno que era como genetista.
—Ya le di de cenar a Tomi y se quedó dormido, ¿vas a darle de lactar o sólo usarás el extractor para aumentar la reserva? —inquirió Bill.
—El extractor, sus dientes me duelen demasiado como para seguir dándole de lactar —masculló Tom.
—¿No irás a darle las buenas noches a Tomi? —cuestionó Bill al momento de fijarse cómo su mamá esterilizaba el extractor dirigiéndose hacia su habitación, ya que Tomi ahora tenía su propio cuarto con monitores para vigilarlo.
—Dijiste que está durmiendo, mejor no molestarlo porque por la dentición está más irritable y llorón que lo habitual —comentó Tom quitándole importancia al asunto para pasar cerca de su hijo dándole un beso en la mejilla—. Hasta mañana, Billy —soltó antes de meterse a su habitación.
Bill apretó los puños e hizo un mohín, sintiendo la frustración al ver cómo su mamá se alejaba nuevamente de Tomi. Él fue quien ingresó al cuarto del pequeño, fijándose que seguía respirando y durmiendo plácidamente agarrando su oso de peluche. Le acarició con delicadeza la mejilla para evitar despertarlo, dándole un beso en su cabecita para irse a su cuarto.
Cuando Bill se echó en su cama, miró el techo con la luz apagada, le dolía la cabeza de nuevo… Como si el olor diferente en su mamá hubiera sido un detonante, le daba náuseas y sólo aumentaba la presión en su cerebro. Debería hablarlo con el doctor ahora que retomaría las consultas de manera presencial.
Lo mejor que podría hacer era escuchar música hasta quedarse dormido, aunque… Se le ocurrió pensar si estaría mejor hablando con Stef o Moni ayudaría en algo, quizá escuchar sus audios largos que más parecían un podcast, para no sólo escuchar música. Sólo que Bill no sabía si sería prudente hacerlo.
Pese a la molestia, que sólo se acentuaba con el brillo de su teléfono, Bill le mandó mensajes a cada uno.
“¿Y ese milagro no te dormiste a las 9 pm? Hablando a medianoche siendo un chico malo”, le escribió Stef.
“Nunca duermo temprano, o al menos no demasiado, sólo que no suelo comunicarme a esta hora, pero no puedo dormir”, le respondió Bill, con ese dolor fuerte en su cabeza como si se moviera su cerebro inflamado a punto de explotar. “¿Puedo llamarte? Es que me cuesta escribir”, acotó en lo que veía que su amigo iba a responder, pero borró el mensaje y salió la llamada entrante, Bill ya tenía sus audífonos puestos porque iba a escuchar música así que le contestó.
—Hey, tú, ¿pero ya estás en Berlín, no? Entonces es el momento perfecto para ir a alguna disco o algo así —ofreció Stef en su oído.
—No me gusta bailar y nunca he bebido alcohol, planes nocturnos no creo que sean lo mío, quiero quedarme en casa por si lo necesita mi hermano —habló Bill fijándose en el techo.
—A veces hablas como si fuera más tu hijo que tu hermano. ¿Por qué no dejas que se encargue tu mamá? Si al final de cuentas él decidió tenerlo, entonces no es tu responsabilidad, ¿verdad? —inquirió Stef que a ellos dos sí le había contado que su mamá era intersexual, más que nada porque se sentía en confianza y porque al mudarse pensaba que podrían conocer a su mamá y era mejor dejar en claro sus circunstancias, pero ninguno de ellos lo hizo sentir mal por ello, sin embargo, ahora Bill se tensó por esa respuesta, porque sabía que era verdad, sólo que también no le gustaba que hablaran así de su mamá.
—Es que siempre hemos sido sólo mamá y yo, y yo amo muchísimo a mi hermanito, Tomi es lo más importante que tengo. Prefiero quedarme en casa con ellos de noche, sólo que ya este fin de semana me comentó mi mamá que me comprará un auto como para poder salir con ustedes, sólo que no de noche, y también pueden venir acá supongo, cómo habías dicho para hacer maratones de películas —arguyó Bill y Stef rió porque su amigo creía que sólo era ver películas, aunque lo suponía por su forma de relacionarse con ellos que Bill no captara que quería tener sexo con él.
—Bueno, entonces tendré que irte a visitar uno de estos días, si es que no se enoja tu mamá por llevar invitados —dijo Stef con ironía, haciendo que Bill se preguntara si realmente su mamá enojaría, porque nunca había invitado a ningún amigo ni tampoco ido a alguna reunión.
—Tienes razón, mejor le preguntaré antes —mencionó Bill y Stef suspiró.
—Pero ya tienes diecinueve años, camino a los veinte. ¿Por qué tienes que estar tan pegado tu mamá? Ya eres un adulto, Bill —le recordó Stef.
—Cambiemos de tema, por favor, cuéntame qué hiciste en el día —pidió directamente Bill porque no quería seguir hablando de eso, y prefería no explotar contra su amigo, porque claro que sabía que era un adulto, sólo que iba más allá de eso.
—Bueno, está bien… —siguió hablando Stef, mientras que Bill escuchaba lo que le contaba, al menos no se sentía tan solo así.
Su dolor de cabeza no paró pero Bill terminó por quedarse dormido, cuando Stef escuchó la respiración adormilada del muchacho es que le colgó.
Bill le caía bien, y de hecho le gustaba, hasta sabía que lo mismo pasaba con Monika, sólo que no tenían certeza de cuál era la orientación sexual de Bill, porque fuera de su mamá y su hermanito, el muchacho no hablaba de gustos en personas, sólo trabajos de la universidad, películas y juegos. El muchacho les intrigaba porque si bien era un buen chico y sumamente atractivo, se notaba que lo suyo no estaba en la interacción social, los querían como un amigo, pero también eran conscientes de que era muy guapo como para no despreciar tener una oportunidad con él.
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El fin de semana llegó, momento por el cual Bill y Tom salieron para la compra del auto del menor, dándole el resto del día a Brittany después de haber hecho el almuerzo y comida para Tomi, porque fueron los tres al concesionario, con Tom cargando al menor, aunque era más que nada para que Bill pudiera sentarse en los autos y ver cuál le convencía, con el pequeño un tanto resentido en los brazos de su madre que ya casi no lo veía nunca, buscando a su hermano.
—Ya, Tomi, quieto, Bill está ocupado, estás con mamá —le habló Tom a su bebé.
—Da-da mmm… —balbuceó Tomi, siendo consciente de que le hablaban a él, no precisamente por Tom sino porque Bill era el encargado de siempre llamarlo por su nombre y por lo mismo ya lo reconocía, sólo que ahora estaba quejándose mientras fruncía su ceño intentando alcanzar a Bill.
Bill que estaba hablando con la vendedora que le explicaba los beneficios de cada auto, pero no podía concentrarse al escuchar a su hermanito quejarse, por lo que terminó por salirse del auto.
—Discúlpeme, un momento por favor —se dispensó Bill para acercarse a su mamá—. Dame a Tomi, mamá, para que no llore.
—Tiene que aprender a que no puede tener todo lo quiere —regañó Tom sin cederle al bebé que sólo se ponía más rojo y lloraba más alto, haciendo que se tensara.
—Mamá, Tomi ya ha pasado suficiente como para estresarlo más. Al final de cuentas tú sabes más de autos, fíjate uno que me convenga, no es que sea algo nuevo para ti decidir por mí, mientras yo tengo a Tomi, él me necesita, casi nunca lo ves, es normal que prefiera estar conmigo —se quejó Bill en voz baja, frunciendo el ceño.
Tom tensó la mandíbula, cediéndole al bebé junto con su pañalera, ofreciéndole una mirada pesada al hacerlo, porque sabía que era cierto, sólo que no le gustaba que su hijo fuera el que se lo dijera precisamente, sin mencionar el reclamo que le dijo sobre cómo Tom solía decidir por Bill, no es que él iría a hacer un escándalo regañándolo en público, así que se acercó a la vendedora para encargarse de esto. La verdad es que el pequeño estaba más tranquilo en brazos de Bill, quien le dio besos en la mejilla y el pequeño reía mientras hacía pedorretas soplando con sus labios húmedos.
Tom intentaba mantenerse enfocado pero también sabía que hablaría con su hijo en casa, porque no iba a permitir que siguiera faltándole el respeto de esa forma, aunque no fue el mejor predicando con el ejemplo, y sí tuviera razón, Bill debía entender que no podía abusar. Miró a la señorita y luego de que ella le diera las opciones, es que optó por el mejor que creía que sería conveniente a largo plazo para su hijo.
—Bill, ven que debes firmarlo, porque estará a tu nombre —ordenó Tom, y Bill se acercó hacia ambos, firmando los papeles luego de que su madre hubiera realizado el pago.
Habían ido en un taxi por aplicativo hacia el concesionario, pero de regreso pusieron el asiento para Tomi y se fueron con Bill conduciendo.
—Bill, no me gusta cómo me estás hablando, y mucho menos frente a otros. Entiendo que te afecte mucho mi comportamiento con relación a tu hermano, pero trabajo, y a él no le falta nada, está comiendo, está tomando su leche, lo atiende la niñera, lo atiendes tú, así que es normal que yo quiera corregirlo porque es mi hijo, no siempre puedo estar presente porque soy el único sustento de la la casa. Pero no me gusta el tono que empleaste —regañó Tom conforme avanzaba el auto.
Bill consideraba que su mamá estaba siendo injusto, porque claro que era madre de Tomi, sólo que no ejercía el papel, y el pequeño lo resentía, comprendía que su mamá trabajara y regresara cansado, pero tampoco era motivo para no darle al menos un beso o abrazo antes de dormir. Bill sentía que su mamá sólo estaba justificándose, y de pésima forma, porque era evidente que sólo él era quien trabajaba, porque aún Bill estudiaba, pero también sabía de dinero precisamente no era lo que les faltaba, y que eso no llena las carencias como falta de afecto.
Sólo que Bill decidió callarse, tragarse todos los comentarios negativos que querían salírsele, porque sería peor, ya su mamá estaba hablándole en tono serio y algo enojado, también había captado “la mirada” pesada que le puso cuando le cedió a Tomi, así que lo mejor era ahorrarse problemas, principalmente ahora que ya tenía el auto para poder salir con sus amigos… Y tenía que pedir permiso también, así que decidió tomar aire, manteniendo su vista al frente para evitar distraerse, y tampoco observar la mirada penetrante de su mamá que ya la estaba cosquilleando el cuello al sentirlo en su visión periférica.
—Lo lamento, mamá, no debí hablarte así, mucho menos en público —respondió Bill en un tono más bien monótono, no tan arrepentido como debería, sin embargo, Tom lo dejó pasar, porque era sábado y quería ver la opción de pasar tiempo con Bill como madre e hijo luego de una semana agotadora dónde tuvo que lidiar con varios proyectos y… Wilhelm, sólo que no podía decirle nada a Bill, de por sí solía darle la carga de su trabajo, ahora mucho peor porque significaría hablarle de su padre… No, no era su padre, nunca ejerció el rol, sólo era algo meramente biológico, tal cual donante de esperma.
—Está bien, hijo, llegando almorzaremos. ¿Quieres que veamos una película más tarde? —inquirió Tom más calmado.
—Eh… Más bien, quería preguntarte si mis amigos podrían venir a la casa, no necesariamente ambos, o quizá sí, para poder ver películas o jugar videojuegos en mi habitación, intentaría no hacer mucho ruido para evitar molestarte o a Tomi —comentó Bill aún con la mirada hacia el frente.
Tom frunció el ceño. —¿Amigos? Nunca has traído a nadie a la casa.
—Sí, son mis amigos de la universidad, son solamente dos, pero me han dicho sobre ver películas o pasar el rato, fuera de las salidas que podríamos tener. Por eso te decía, mamá —farfulló Bill, un tanto nervioso.
—¿Te refieres para que vengan hoy mismo? —interrogó Tom arqueando una ceja.
—No, mamá, antes de que vengan quería hablar eso contigo, no puedo invitarlos a lo que sea sin tener tu permiso. Ellos me dijeron que supuestamente por ser adulto podría hacer lo que quisiera sólo que no comparto eso —expresó Bill, porque incluso si fuera consciente de que sí, era un adulto, sentía que era más la consideración y respeto que le tenía a su madre primero.
Tom se masajeó su propio cuello, sopesando la situación, porque claro, su hijo demostraba un respeto, estaba preguntando, no imponiendo, también estaba el hecho de que estuviera en casa, un ambiente controlado, sólo que… Cerró los ojos un instante, sabía que las razones que querían decirle que no eran injustas, porque debería sentirse feliz por su hijo teniendo amistades y no pensar la posibilidad de que… Se estarían robando a William, esto era parte de la vida normal, fuera de su cuento de hadas retorcido que había vivido con el alter, la realidad era que Bill era el dueño de su vida, y era mejor si su hijo tenía amistades, mejoraba su socialización y hasta tenía pareja.
“No puedes esperar a William por siempre, sabes que debes dejarlo que disfrute su propia vida”, le dijo una voz en su cabeza y Tom sabía que era cierto.
—Sí, mi amor, puedes traer a tus amigos a casa, sólo avísame un día antes, ¿sí? —ofreció Tom intentando sonar lo más amable que podía con su hijo.
Bill sintió que se iba un peso de sus hombros, sonriendo al escuchar a su madre.
—Sí, mamá, muchas gracias —le respondió Bill y Tom abrió los ojos, notando esa sonrisa de su hijo, y él como madre sabía que debería alegrarse del todo por él, no celarlo ni buscar que sólo se enfocara en ellos.
Tom mismo era consciente de que había sido una madre muy absorbente. Pero se mantuvo en silencio el resto del viaje, escuchando de forma ausente cómo Tomi imitaba los sonidos de la emisora de la radio.
Cuando llegaron almorzaron, pero Tom no volvió a mencionar si quería ver una película con él, decidiendo que mejor sería que se pusiera a leer un libro o la viera solo en su habitación. Bill tampoco hizo mención de ello, llevándose a Tomi con él y viendo películas de Disney por los sonidos que podían filtrarse a través de la puerta.
Tom se sintió desplazado, pero decidió callar esa voz en su cabeza.
Al día siguiente Bill sólo le avisó que saldría, porque la noche anterior al comentárselo a sus amigos, le dijeron que era mejor verse todos en The Arcade Bar, que era un lugar más orientado a los adultos que a los niños o adolescentes, porque tenían máquinas de Arcade clásicas, pero si bien vendían comida, también tragos, con luces de neón y sintetizadores, a Bill en sí no le gustaba la idea de tomar, pero podría beber sólo refresco y jugar, pero quería darle las comodidades a sus amigos. A Tom no le dijo que vendían alcohol en aquel sitio, quería evitar preocuparlo y Bill… Se dio cuenta cómo es que se le hacía cada vez más fácil no sólo ocultarle algo a su mamá sino también mentirle, haciendo que se sintiera culpable pero también disimulara más.
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Bill cuando condujo hasta la dirección, es que sintió cómo es que le sudaban las palmas, porque una cosa era hablar con ellos por llamada, o hasta videollamada, más con ellos con la cámara encendida que él, a verlos directamente en persona, por más que les tuviera suficiente estima, le costaba todavía y temía que no pudiera seguirles el ritmo o se desanimaran al verlo, pero se recordó a sí mismo que eran sus amigos, y que habían sido con quienes ya hablaba por unos meses.
Se había arreglado antes de salir, pensando por un instante al pasarle la mano por los cabellos que quizá debería recortárselo… Sólo que luego negó con la cabeza, él prefería el cabello más largo, tal vez un recorte para darle forma nada más. También se maquilló y puso sus ropas de antes, antes de William cambiando su guardarropa, haciendo que él cargará con una maleta con sus prendas. Regresó a su presente e ingresó al recinto.
Sabía que Monika era una muchacha de cabello rojizo y ojos color chocolate, que tenía brackets, y que Stefan era un joven de cabello rubio, ojos azules que usaba lentes, así que no creía que sería difícil reconocerlos, fuera de que el ambiente estuviera mayormente oscuro.
Sin embargo, sus manos se alzaron cuando distinguieron su figura.
—¡Bill, aquí! —lo llamaron a lo lejos, el aludido se acercó, un tanto tímido, por más que en sí él era el más alto de los tres.
—Eres enorme, pensábamos que serías menos alto —mencionó Stef sonriéndole.
—Ah, pero sí les mencioné mi altura —contestó Bill, sin saber si era algún tipo de recriminación o algo—. Oh, y lo siento, hola, Moni y Stef —agregó.
—Pero saluda bien, ni que fuéramos extraños, y no estamos enojados o algo, sólo que sí eres muy alto, es algo bueno, cuando tengas novia podrás bajarle el cereal —bromeó Moni acercándose a Bill y poniéndose de puntillas para darle un beso sonoro en la mejilla, haciendo que Bill se sonrojara.
—Podría tener también novio, no asumas su orientación —regañó falsamente Stef para él acercarse a Bill, abrazándolo y dándole un beso en la mejilla, pero el nerviosismo del más alto fue igual en ambos casos.
—Eh… ¿Y si jugamos o algo? —preguntó Bill, no queriendo hablar sobre “qué le gustaba” porque no lo sabía, no había tenido novias o novios, creía que le gustaban las mujeres, pero la verdad no tenía certeza de algo, y era mucho más vergonzoso porque iba camino a los veinte.
Monika y Stefan se miraron entre sí, captando el cambio de tema no tan sutil, pero habían acordado no presionarlo, igualmente seguía siendo su amigo que no era tan sociable, así que respetaban que no quisiera hablar de ello.
—Sí, pero, ¿no quieres tomar algo? Justamente llegamos casi al mismo tiempo con Stef, y por eso es que estábamos charlando antes de comprar una bebida, podemos invitarte también algo —ofreció Moni, afianzándose al brazo de Bill con toda la naturalidad, quien no sabía cómo sentirse con ser tan “tocado”, “besado” y más teniendo en consideración que las únicas interacciones que había tenido con otros era para ser insultado o golpeado, y que sólo su mamá y Tomi le daban cariño sin segundas intenciones.
Pero Bill no les había contado del bullying extremo que había recibido en la escuela, sólo limitándose a decirles que le costaba hacer amigos y ya, prefiriendo hablar de otras cosas. Sólo que suponía que esto era normal, así que se dejó llevar por Monika hacia la barra.
—Sí me gustaría algo pero sin alcohol, tal vez un refresco —contestó Bill, no queriendo hacer sentir mal a su amiga por rechazarle su invitación.
—Uno virgen —musitó Monika con una sonrisa.
Bill se sonrojó aún más. —Yo… Yo…
—Me refiero que se les dicen así, tragos vírgenes cuando no llevan alcohol, Billy —aclaró Monika al ver el nerviosismo de su amigo.
—Para todo hay solución, cuando estés listo podrás probar uno que no sea virgen, entretanto, aquí están los sabores de los tragos vírgenes —comentó Stef, señalándole la carta, haciendo que Bill estuviera en medio de ambos.
Monika captó el subtono en el comentario de Stef, pero no le dijo nada, porque Bill no lo notó, mientras las bromas fueran en indirectas “un tanto inofensivas”, no incomodarían a Bill, quien revisó la carta.
—Creo que entonces mejor pediré el “8-Bit Punch” —respondió Bill, fijándose que básicamente era una limonada que le ponían un toque de frutos rojos, para no complicarse de más.
Escuchando cómo sus amigos hacían sus pedidos, incluyendo el suyo, al menos le parecía ingenioso que cada trago tuviera un nombre alusivo a los videojuegos, aceptando su vaso cuando se lo extendieron.
—Bien, dios, se siente un poco raro tenerlos acá sin que sean sólo avatares con sus nombres y apellidos. Si bien nos vimos en videollamada, ahora recién me percato que sus estilos son algo diferentes a su ropa de casa. No me imaginaba que te peinaras, Stef —chanceó Monika sonriéndole y él puso los ojos en blanco, para chasquear la lengua.
—No tienes mucha moral para quejarte si también tu “peinado” se resumía a un moño mal hecho, Moni —rebatió Stef.
—Cierto, aunque tengo que decir que Bill tiene que pasarme sus tips para delineado, que los míos siempre salen desiguales, ¿cuál es el hack, Bill? —preguntó Monika viéndole.
—Ah, pues siempre hazlo de adentro hacia afuera, también debes guiarte de una zona en específica de tu rostro, generalmente lo hago sobre mi nariz, pero si se te dificulta mucho, usaba cinta adhesiva al inicio para hacerlo más uniforme, ya con los años es que me salió mejor —contestó Bill.
—Y esos piercings, vaya, siento que si no tuvieras la carita tan tierna, intimidarías un poco —farfulló Stef.
“William intimida, no yo”, pensó Bill, que sabía cómo es que había elegido el piercing de septum e incluso los del labio en cada extremo, que sólo Bill se encargó de elegir antes el de la ceja y el de la lengua, que si fuera por el alter quizá también se habría hecho más perforaciones.
—¿Y tienes tatuajes? Porque yo quiero hacerme unos —interrogó Monika, sacándolo de su ensoñación.
Bill decidió enfocarse en sus amigos, aunque fueran más de contacto físico, mientras les explicaba los tatuajes que tenía… Haciendo que después terminaran jugando y comentando los cambios que le harían a los videojuegos retro con los conocimientos que tenían ahora en la carrera. No pudo quejarse luego de todo porque sí se divirtió, regresando a casa sonriente por la experiencia de su primera salida con ambos. Sólo que sí le habían dicho que querían salir por separado o ver películas en su casa, y Bill estuvo de acuerdo, sólo le avisaría a su mamá antes.
Al volver a su casa, vio cómo su madre le estaba cambiando el pañal a Tomi.
—¿Todo te salió bien? ¿Te divertiste? —preguntó Tom sin ver a su hijo mayor.
—Sí, mamá, fue divertido, hubieron muchos juegos, y ellos fueron muy amables conmigo, se llaman Monika y Stefan, tienen mi misma edad —le contó Bill emocionado.
—Me da gusto que tengas amigos, hijo —soltó Tom terminando de vestir al pequeño luego de haberle puesto su pañal limpio, cargándolo en dirección hacia Bill.
Tom veía a su hijo sonriente, y eso debería bastar para que él como madre se sintiera feliz por él, pero era consciente de que era una mentira blanca la que le decía.
—Gracias, mami, ¿y cómo se portó Tomi? ¿Fuiste un buen niño? —interrogó Bill con la voz cariñosa extendiendo los brazos hacia su hermanito, y Tom se lo dio.
Tom no le dijo a Bill que Tomi no era precisamente un buen niño por todo lo que lloraba cuando Bill no estaba, porque sería motivo de discusiones entre ambos, sólo se limitó a ver cómo compartían un momento familiar con él soltando un suspiro, deseando tanto que William estuviera aquí para que disfrutara de su hijo.
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