Problemas familiares 14

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 14

Bill en los siguientes días no se comunicó con Monika, tampoco con Stefan, porque no se habían quedado en los mejores términos cuando se fue, no sabía si seguían siendo amigos, pero tampoco tenía que lidiar con él en las clases, por suerte sólo compartían el chat individual, y el grupo de la carrera, sin embargo, Bill no había vuelto a interactuar con el resto, así que no tenían que “cruzarse”.

Monika por su parte es quien le habló a Bill.

“Bill, me has estado evitando”, no era pregunta, sino afirmación.

“Lo siento, es que no sabía qué decirte luego de lo que pasó. No sé qué significa”, escribió Bill de vuelta.

“Lo que tú quieras que signifique”, respondió Monika y Bill sólo se sintió más confundido con ello.

“¿Entonces yo te gusto y así me lo quisiste decir?”, preguntó Bill, queriendo ser directo, porque esos mensajes entre líneas no eran lo suyo.

“Me gustas, Bill, sí, eres sumamente guapo, y un chico genial, sólo que un beso es sólo eso. Entre amigos puede ser algo sin ningún compromiso, ¿sabes? No tiene que ser algo serio”, le explicó la muchacha y eso intrigó más a Bill, porque el no tener compromiso alguno, ninguna responsabilidad afectiva, ¿significaría que él sólo podría usarla como el desfogue que quería?

La idea sonaba deshumanizante, pero Monika misma es quien estaba diciéndole eso, aunque era en referencia al beso y no a algo más, ¿pero qué era lo que Bill quería? ¿Tener una novia? ¿Tener citas? ¿Acordarse de aniversarios? ¿Pensar a futuro? Él a duras penas sabía que estaba en su segundo año de carrera, y que quería trabajar como programador de videojuegos, no más, no pensaba en una familia, él ya tenía una, a su madre y Tomi, el tener una familia significaría irse de casa, ¿cómo podría hacer eso y dejar a su mamá solo?

No podía. Bill mismo sabía que quiso suicidarse a los trece años, porque no había un plan de contingencia, la vida era una basura, y ahora… Seguía siéndolo, sólo que no se mató por su madre, y ahora tampoco lo haría porque tenía a Tomi, entonces el pensar en algo más, al menos más allá de tener una carrera y trabajo, algo sólo suyo, no le gustaba.

Pero, ¿no sería peor sólo intentar usarla como si nada? ¿Esto no lo haría como…? Su padre.

Nunca supo cuál fue el contexto de su concepción, sólo que su mamá siempre le dijo que no iba a serle necesario un padre porque lo tenía a él. Sabía que su padre no quiso hacerse responsable, o al menos pudo colegir desde el punto en que él llevaba el apellido de su mamá, y que nunca lo conoció, ni tampoco su madre hablaba con nostalgia por haber fallecido, su padre no murió, sólo decidió no hacerse responsable. Sin embargo, Bill no quería ser así, no pensando en dejar embarazada a Monika, no… Sólo que al menos no sólo usarla y ya, como si fuera un objeto, que para eso podría comprarse un masturbador y no era el punto.

Bill toda su vida se la había pasado ajeno al contacto humano, sólo asociándolo al rechazo, al dolor, a que la gente hería, no sólo físicamente, sino también con palabras, por lo mismo es que ahora el tener la oportunidad de interactuar con personas que le dieran un trato positivo era confuso, pero él quería retribuirlo, de algún modo al menos, y también para poder él mismo hacer un camino para… No sentirse tan culpable por “usarla”, quizá podría buscar información en internet para intentar tener esa experiencia de noviazgo, o lo que fuera, aunque no sintiera nada por ella, más que aprecio como amigos, porque así… No sería como su padre, ¿cierto? No buscaría dejarle un bebé, la promesa de quedarse y demás sólo… Intentaría enamorarse, ¿siquiera uno podía hacer eso? ¿Obligarse a sentir algo que no quería sólo para tener un lazo o una excusa plausible para tener sexo? ¿Por qué no podía su cabeza sólo imaginarse a Monika en un contexto inadecuado como lo hizo con su mamá? Sintió enojo consigo mismo, y más frustración porque esto no podría decírselo al psiquiatra.

Habían tantas cosas que no le decía, pero seguía yendo para mantenerlo como su tabla de salvación, ya que sentía que si Bill dejaba de ir… No iba a tener a alguien a quien decirle las cosas que no podía contarle a su mamá, por más que le ocultara cosas al doctor Köhn, al menos era como tener a alguien que decirle parte de lo problemático que lo aquejaba. Bill pensaba que si dejaba de ir, de algún modo, era aceptar todo lo que sentía… Y que en el peor de los casos, al menos el psiquiatra podría buscar ayuda por si Bill… No quería ni completar el pensamiento, pero como en ocasiones se sentía tan fuera de sí mismo, no quería ni siquiera imaginarse el qué pasaría si no se detenía a tiempo, ya había tenido un vistazo de lo que pasó antes de que se mudaran.

“¿Crees que podríamos intentar salir como algo más?”, le escribió Bill a Monika, era el primer paso, intentar llevar un poco de normalidad, incluso si no le naciera, porque tenía que intentarlo, debía superar esos pensamientos por su mamá.

“Claro”, escribió de vuelta Monika, pensando que haría como mejor le pareciera a Bill, teniéndole extra paciencia porque era más que obvio que era virgen, y que quizá sería también su primera novia.

&

El doctor Köhn se quedó mirándolo cuando terminó de hablar.

—¿Una novia? —inquirió el profesional, sin atisbo de burla, simplemente con curiosidad.

—Sí, mi amiga Monika ahora es mi novia, estamos saliendo —comentó Bill, costándole todavía retenerle la mirada, desviándola de tanto en tanto.

—Sí, pero no me explicaste cómo es que dejaste de hablar con Stefan, ustedes tres eran muy amigos, ¿cierto? Aunque es normal que despierte un interés en ti alguien con quién tengas cercanía —comentó el terapeuta.

—Sí, es que los invité a mi casa y… Bueno, discutimos con Stefan, haciendo que dejemos de hablar desde entonces —contó Bill siendo evasivo con el por qué, pero el terapeuta lo respetó, era mejor darle su espacio, y hablar de lo que le representara algún problema, sólo que el doctor no había notado interés de parte de Bill hacia la muchacha, sin embargo, también era posible que sólo fuera algo pasajero, o que simplemente ahora estuviera experimentando lo que no pudo hacer antes.

—Comprendo, Bill, ¿cómo te hace sentir este cambio? ¿Los sueños con tu madre ya se han ido o están más enfocados en tu novia? —cuestionó el doctor Köhn.

—Aún me cuesta habituarme a lo que significa tener una novia, a veces se me dificulta porque lo olvido, y… Los sueños… —empezó a responder Bill, a sabiendas de que cuando esas fantasías regresaban, intentaba pensar en Monika en vez de su mamá, incluso buscando masturbarse manteniendo la memoria sensorial pero enfocado en su novia, sólo que no podía hacerlo, al final al venirse sólo era como la fantasía como tal—. Todavía no se van del todo —soltó, porque al menos sentía que era una mejora el que se engañara mentalmente para imaginarse a Monika por momentos.

El doctor Köhn miró a Bill y luego apuntó en su cuaderno, haciendo que el más joven se frustrara porque nunca sabía qué tanto apuntaría allí el profesional, de algún modo creía que estaba siendo juzgado, y tenía sentido, visto desde afuera, ¿qué cosa podrían decir de él? Por más que fuera un buen estudiante y no hubiera hecho nada “negativo” sí tenían un trastorno mental, que estaba relacionado con las fantasías incestuosas con su madre, así que por más que no hubiera hecho nada malo…

A excepción de frotarse con su mamá y querer follárselo…

Sí, no era algo bueno, Bill también se juzgaría, si ahora lo hacía siendo él mismo, sería peor como un tercero.

&

Tom estaba viendo a Wilhelm, quien se había sentado otra vez frente a él, ya era una molestia común soportarlo a la hora del almuerzo.

—¿Te imaginas que presente un reporte en Recursos Humanos porque estás acosando al jefe? Quizá así te quiten más tiempo del que tengas que estar aquí, Trümper —habló Tom en tono cínico antes de meterse el cubierto a la boca.

—Eso sólo funciona si estoy haciendo algo inadecuado y a la persona en cuestión no le gusta… Y a ti te encanta tener mi atención, ¿verdad, Tom? Porque todo este tiempo te has podido ir a comer a tu oficina, pero no, sigues viniendo aquí a sabiendas de que voy a seguir pidiéndote el teléfono —farfulló Wilhelm con una sonrisa torcida, y por ese mismo motivo era que Tom no podía alejarse del todo, racionalmente entendía que ese idiota era precisamente un imbécil, pero… Habían tantas cosas en Wilhelm que le hacían recordar a William, que sabía que por eso no se había ido.

—En todo este tiempo no te he dado mi teléfono, Trümper. ¿Eso no te dice que realmente no me importa tener tu atención? Sólo molestas —mencionó Tom desdeñoso para seguir comiendo.

Wilhelm bufó. —Me dice más el que siendo consciente de que tienes forma de alejarme de ti, no lo hagas, porque eso se resume en que no quieres hacerlo.

Tom chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco, no iba decirle que tenía la razón.

—El que calla, otorga, Tom —musitó Wilhelm.

—También dice el refrán “saber callar es de sabios”, pero que tu discernimiento no te permita entender que un silencio no es consentimiento sino también el deseo de evitar una discusión con un necio, pues no me sorprende viniendo de ti —comentó cizañoso Tom.

—Ouch, Tom, ¿tanto daño te hice? Déjame compensártelo, sé de muchas formas que te encantarán —farfulló Wilhelm apoyando su rostro sobre su mano mirando al castaño, quien ariscó la nariz ante cómo había hablado con fingida inocencia para luego darle una muy poco disimulada referencia sexual.

—¿En serio crees que me conoces o sabrías qué hacer conmigo ahora? Son casi veinte años, Wilhelm —expuso Tom en tono retador, captando el brillo en los ojos chocolate del mayor, y como su sonrisa mostró todos sus dientes, haciendo que el castaño apretara la mandíbula porque no entendía por qué ese idiota estaba poniéndose feliz por su comentario, Tom se había burlado de él porque literalmente su ex había sido su primer hombre, no tenía con qué comparar al inicio, y luego ya se acostó con otros, aunque su mejor amante fue William por sobre todos, incluyéndolo.

—Ha pasado mucho tiempo, sin embargo, no me importaría redescubrir qué cosas te gustan ahora, Tom y más cuando ya me llamas por mi nombre y no apellido, qué delicia pasar de ser Trümper a Wilhelm, próximamente espero que me digas Will —musitó Wilhelm guiñándole un ojo, y Tom frunció el ceño, había olvidado decirle por su apellido y… Los recuerdos de cuando eran novios, él lo llamaba Will, sólo que ahora Will era por William, no por él.

Tom había perdido el apetito aunque apenas hubiera picoteado un poco su comida, pero se puso de pie, botando lo restante y dejando su bandeja para salir del comedor. Sentía que necesitaba aire, porque él mismo se estaba perdiendo en esta línea divisoria en lo que era familiar, el descaro, el nombre, en parecido físico… Y Tom que parecía como un drogadicto en abstinencia debido a que sólo podía pensar en William, a quien necesitaba, y que de algún modo, Wilhelm le recordaba demasiado…

Tom sabía lo que estaba sintiendo, no era amor, no era nostalgia, era que estaba viendo a William en su ex, y por eso despertaba esta inquietud en él.

Quería irse a casa, pero aún tenía que seguir supervisando más proyectos y avanzar los suyos. Sólo que necesitaba aire, por ello es que se metió al ascensor y presionó el botón del primer piso, saldría a comprar a la farmacia, sintiendo las ganas de beber o fumar un cigarro pero no podía hacerlo porque aún no dejaba de extraerse la leche, al menos sólo serían tres meses más para el destete total a Tomi, que si bien ya no le daba directamente de su pectoral, sí estaba sacándosela para su reserva.

Ignoró al saludo de la nerviosa recepcionista al salir del edificio, aspiró el aroma terrible de la contaminación urbana, sin embargo, al menos reducía la sensación de estar atrapado, aunque Tom sabía que aquella prisión sólo era mental, su propia cabeza era donde él se sentía asfixiado, inundado por sus pensamientos, sus recuerdos y cómo todos parecían entremezclarse.

Ingresó a la farmacia, compraría algunos chicles para bajarle a su ansiedad, de paso que no compartía ambiente con Wilhelm, pero al momento de entrar, vio el pasillo con los preservativos, recordando que le había dicho a su hijo que los compraría por él.

Era tan irónico el que hubiera estado en esta situación antes, en una farmacia a punto de agarrar los condones Magnum XL, pero… En aquel entonces tenía pavor, porque sabía que los compraba para que William los usara con él, y cómo Tom mismo luego fue el que deseó que dejara de usarlos, aunque el alter se lo pidió, él sabía que anhelaba sentirlo directamente piel con piel, y cómo es que el menor aprovechó eso para usar sus propios trucos y embarazarlo.

Sólo que ahora era diferente, estaba comprando condones no para William, sino para Bill, y por lo mismo era que los usara con alguien más.

Con un suspiro de derrotismo, porque sabía que en alguna medida, esto era un acto de amor de madre, pero perdida como hombre, porque… Bill debía vivir sus experiencias, y William… Le dolía pero no estaba con él.

Tom sujetó dos cajas de doce unidades, ya suponía que su hijo podría comprar el resto si es que seguía con la muchacha o lo que fuera, no quería ni cuestionarse si Bill tenía la libido alta como William, eso no era de su interés, sólo que no contrajera ninguna enfermedad ni embarazara a la chica.

También agarró los chicles sin azúcar, porque sólo ayudaría en su fijación oral el mantenerse ocupado masticando algo para liberar la tensión, no quería tener que estresarse por exceso de azúcar, que sólo lo alteraría más.

—¿Entonces vas a tener una noche agitada? —inquirió una voz detrás suyo y Tom se giró, notando que Wilhelm estaba allí, observando los condones que tenía en la mano, Tom por inercia iba a esconderlos detrás de su espalda, pero, ¿por qué lo haría?

—¿En serio has salido a buscarme? ¿No sólo voy a soportar que me acoses dentro del trabajo sino también fuera? —increpó Tom.

Wilhelm se relamió los labios. —Sólo vine a comprar una pastilla para la migraña, ¿sabes? Es casualidad que justamente estés aquí. Y… ¿Te siguen gustando del mismo tamaño, eh? —cuestionó cínico por la talla, Tom se sonrojó pero decidió fingir indiferencia, aunque pensaba lo terrible que sería decirle que sí, que le gustaba alguien muy parecido a él, porque era su hijo.

—¿Qué te importa? —rebatió Tom arqueando una ceja.—¿No tienes vida sexual para estar pensando en la de otros?

Wilhelm soltó un suspiro. —¿Es eso un ofrecimiento para ayudarme? No me niego. ¿O es celoso tu novio y por eso no quieres?

Tom se impacientaba tanto con este hombre, pero en realidad no se sorprendía del todo por su insistencia, porque cuando eran adolescentes, Wilhelm también era más sutil sí, sin embargo, había estado detrás suyo, con Tom con receloso al inicio, ya que había sido un poco complicado ser el menor de toda la carrera, recibiendo comentarios negativos de la mayoría, menos de él.

—Hagamos equipo juntos, no a cualquier mocoso le dejarían entrar a la carrera con tu edad. Debes ser muy bueno —le había dicho Wilhelm de diecinueve años, teniendo toda la pinta de un muchacho problemático con su estilo de motociclista, de los que una madre alejaría a su hija sin pensarlo, pero Tom, si bien notó el atractivo, tampoco iba a dejarse llevar por ello, frunciendo el ceño y mirándolo desafiante, no iba dejarse pisotear por otro más, no cuando estaba por completo solo, sin poder volver a casa aunque no pudiera llamar su casa un hogar, de todas formas no podría ver a sus padres hasta el fin de semana, o quizá del semestre, ya que no habían demostrado interés en que se alejara del campus para que estuviera concentrado en sus estudios.

—Si quieres que te haga el trabajo y sólo poner tu nombre, estás muy equivocado —rebatió Tom de dieciséis años y Wilhelm sonrió.

—Tienes agallas, me gusta eso. Pero no, no soy un mediocre ventajoso, quiero aprender y ser el mejor de la clase, no te dejes guiar por cómo luzco. Tampoco me gusta tener un lastre como compañero, entonces, ¿qué dices? ¿Hacemos equipo? —ofreció Wilhelm extendiéndole la mano, Tom estaba dudoso pero aceptó.

Y sí, terminaron siendo el mejor equipo de la clase, sólo que también Tom al momento de estar en el laboratorio, es que había esa cercanía entre ambos, hasta que los sacaron del lugar por la hora, y Wilhelm le ofreció revisar los apuntes en su departamento donde lo besó por primera vez.

Esa insistencia que hizo que se colara poco a poco, fueron besos, fueron peticiones de que Tom se relajara un poco más, y él empezó a desahogarse de todo lo que pasaba en casa… Con Wilhelm se sintió visto, él lo abrazó, lo consoló, hasta volverlo a besar, se hizo tener todas las experiencias que se había negado antes, fue quien le enseñó mucho, haciendo que Tom se enamorara de él.

Tom sabía que ya había cedido antes a Wilhelm, aunque también supo que soportó mucho en nombre del amor qué le tenía, justificándolo, porque una vez se enamoró, se hizo más tonto, porque al final de cuentas sólo le había dado poder a Wilhelm al contarle todo lo que había pasado, para que él supiera manipularlo y saber hasta donde presionar para que cediera por el temor a que le quitara el afecto al que lo había habituado, ya que así por fuera se comportara como un mocoso gruñón presumido al ser un genio, la verdad es que en esencia sólo era un niño al que sus padres ni habían querido y lo habían hecho sentir insuficiente, y Wilhelm lo sabía, porque le gustaba y quería a Tom, pero también actuaba pensando más en él.

Por ello es que también cuando supo que Tom estaba embarazado se fue, por su carrera, Wilhelm quería terminarla, un hijo iba a hacer que tuviera que trabajar y no dedicarse a su profesión. Tuvo que decirle a sus padres que había ganado una plaza para una universidad de Suiza, haciendo que ellos le pagarán todo para que se fuera, nunca habían sido muy pegados a su hijo, sólo cumplían económicamente con él desde siempre.

Wilhelm sabía que por eso se había ido, pensando que si bien habían estado en situaciones de riesgo en Berlín, porque Tom mismo era menor de edad, y si alguien lo reportaba se iba al diablo, o el que también lo hubieran hecho dentro de uno de los laboratorios, o incluso a las afueras de la ciudad sobre la motocicleta… Pero que supieran que embarazó a un menor de edad iba a ser algo a lo que no podría evitar, así que sólo se fue.

Tom miró a Wilhelm con esa sonrisa juguetona, porque el maldito sabía que tenían historia, era cierto, sólo que él no sabía que si bien le seguía gustando, había alguien más que pudo enamorarlo lo suficiente para hacer que él no fuera el hombre de su vida… Porque aunque no se lo dijera nunca para no alimentar más su henchido ego, y porque hería el suyo, Tom sabía que Wilhelm, antes de William, había sido el hombre de su vida, porque con el resto ya se negó tajantemente a tener una relación, porque lo intentó sí, y no funcionó.

Las personas sólo eran tan estúpidas que era hasta ofensivo para Tom considerarlos como sus iguales para pensar en tener algo juntos, al menos Wilhelm era lo suficientemente inteligente para que no lo viera como su interior, claro, no era como él, pero tampoco era como el resto, tan… Jodidamente simples, predecibles y lentos, tan ineptos que sólo podían verse como entretenimiento para tener sexo y ya, similar a usar un consolador, sólo que unido a alguien. Pero ni siquiera terminaba por funcionar del todo ya que la mayoría sólo quería usar a Tom, porque daba morbo el hacerlo con un hombre que no era trans, sino intersexual y…

Por eso es que ya ni siquiera tenía ligues, después de Wilhelm, se limitó a algunos amantes ocasionales, sólo sexo casual, pero prefiriendo por mucho sus juguetes, hasta William.

Y William fue todo, no sólo era inteligente, era un maldito psicópata que lo encantó, con quién conectó en todos los sentidos, haciendo que él se volviera el hombre de su vida, el amor de su vida, con quién se casó… Sólo que la vida era así, el hombre escabrosamente perfecto compartía cuerpo con su hijo. Pero William se volvió su “Will” haciendo que Wilhelm, por más que fue antes, sólo fuera una sombra, un segundón, William había borrado todo lo demás.

Tom miró a Wilhelm frente a él, y algo hizo “clic” en su cabeza, porque había estado pensando desde el enojo que tenía hacia Andreas por pasarse por encima suyo para contratarlo, y Wilhelm por no aceptar y no renunciar sólo que… El castaño pensó en que Wilhelm ahora era “nadie”, y que en realidad podría ser la oportunidad perfecta para desfogar las ganas de contacto, en algo familiar, si se concentraba lo suficiente podría pensar en William al tener sexo con Wilhelm, no por darle el gusto, sino para Tom usarlo, ¿verdad? Podría cambiarle el enfoque.

—¿No vas a responderme, Tom? ¿Tu novio es celoso? Yo no… Al menos al inicio —mencionó Wilhelm en tono pícaro, porque él no quería compartir a Tom, quería que dejara con quién sea que estuviera saliendo para que lo tuviera en su control.

—Tengo que trabajar, y tú también, así que me iré a pagar, ocúpate de tus migrañas por otra parte —soltó Tom evasivo, porque no iba a seguirle el juego, si usaría a su ex como dildo humano, sería bajo sus términos, no sólo aceptando que él se metiera en su vida como si nada, porque no quería ni tener una relación como tal con él.

Se acercó a la caja para pagar y luego salió con rapidez de la farmacia, aunque notó cómo es que realmente Wilhelm no compró nada porque estaba yendo detrás suyo, y era algo que enaltecía su ego, porque era más que obvio que Wilhelm lo había seguido, sin embargo, al ingresar al edificio, no lo escuchó al subirse en el ascenso, fijándose cómo es que se quedaba hablando con Greta, sonriéndole con coquetería y Tom bufó, no iba a sentir celos como tal, porque Wilhelm no le interesaba pero si su truco era ver qué no iba a estar detrás de él y tuviera algún tipo de miedo o querer tomar iniciativa, estaba muy equivocado.

Tom mismo iba pensando que en realidad podría ser beneficioso el que pensara en acostarse con Wilhelm no sólo por el desfogue, sino… Que si este le insistía, estaba la opción de sacarle una firma, no para renuncia porque debería ser redactada por él y no era tan estúpido como para firmar sin leer, sino más bien para la opción de cederle algunos casos de los que tenía ahora, ya fueron asignados a Wilhelm antes de que él retomara las labores, Tom no podía sólo quitárselos, por más que fuera el dueño, a menos que Wilhelm se los cediera y él podría pedirle eso a cambio de salir con él.

¿Era un tanto inmoral e ilegal el usar su cuerpo como modo de intercambio? Sí, pero no tanto. Porque Wilhelm tendría la oportunidad de no aceptar de no querer, sólo que como lo notaba tan ansioso, y si es que seguía insistiendo después de lo que sea que quiera probar con Greta, vería si podía sacarle más de uno de los casos pendientes, porque en sí, si Wilhelm aceptaba y le daba de los suyos, Tom tendría que darle los que tenía, que eran para algunos laboratorios de menor importancia y claro que podía hacerlos, sólo que el genio era él, no Wilhelm, y sentía que se estaba desperdiciando su talento en los casos que tuvo que agarrar por haber tomado todo ese tiempo fuera a pedido de William.

Continúa…

Regalito de Killy sobre los insanos juntos, muchas gracias

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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