
Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 15
Bill se veía al espejo, cómo es que sus cabellos habían crecido a los costados, también el copete, hasta casi tenerlo sobre los hombros, recordaba cómo cuando tenía dieciséis años se lo alzaba con spray, sólo que ahora no había tenido el valor de ir a la peluquería para que le dieran forma, o buscar hacerse un cambio de look, no sabía por qué, sólo había dejado que creciera y siguiera haciéndolo…
Porque la última decisión sobre su cabello la había tomado William, y Bill mismo se justificaba que sólo era porque lo quería tener largo, pero sabía que no era así, y mucho menos ahora, que era consciente de que William sí estaba con él, sólo que no podía salir.
Ni siquiera había pasado mucho tiempo desde que había empezado a ser novio de Monika, no tenía de dónde comparar, sólo estaba buscando en internet más o menos de qué cosas hacer, y habían salido como antes, sólo que ahora se besaban y a Bill le costaba del todo, sentía que sólo estaba haciéndolo en automático, pero al menos Monika era lo suficiente comprensiva para explicarle.
Ya era mejor besando al parecer, sólo que… Más allá de sentir el afecto de siempre que sentía por ella, y cómo es que le gustaba que no lo hiciera sentir, sino que le explicará todo, encargándose de algún modo, es que no sentía lo demás, el deseo, o las ganas, al menos no del todo, porque sí, durante los besos, a veces se ponía duro, y Monika lo había frotado por encima de su pantalón, sólo que Bill había agarrado la muñeca de la muchacha para detenerla.
—Si no estás listo, lo entenderé, sólo que veo que estás excitado —le había dicho Monika en aquella ocasión.
Pero es que Bill era una completa contradicción, ya que su cuerpo reaccionaba mas su mente no, era algo tan extraño que hacía que él mismo se sintiera culpable por no “conectar” con su propio cuerpo. Se suponía que él estaba buscando desfogar su falta de sexo a razón de que William no estaba a cargo, pero no era tan fácil, se sentía tan ineptos y frustrado, que se había autoimpuesto que tendría que obligarse a tener relaciones con Monika, sólo… Debía crear el maldito ambiente, aunque él no supiera o entendiera qué era lo que le gustaba, más allá de las reacciones de su cuerpo por los recuerdos sensoriales de sus fantasías, que sólo por esa asociación sabía que había cosas que le llamaban, sin embargo, tampoco se sentían suyas, era como si viviera la experiencia de alguien más y él sólo fuera un extraño tomando prestada aquella identidad.
Nada era suyo, nada tenía sentido, no sabía quién era en ocasiones, o qué le gustaba, sólo se sentía un desconocido hasta de sí mismo, un bicho raro de por sí, incluso teniendo una novia que estaba dispuesta, Bill era el que daba vergüenza porque se trataba, y no sabía qué hacer.
Bill sabía que sería más fácil si William se encargara de todo, sólo que no estaba.
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Tom al llegar a casa es que notó que Bill estaba buscando en los aparadores de la cocina.
—Hijo, ¿qué buscas? —inquirió Tom, y el aludido se giró, sonrojándose.
—Eh, nada, mamá. ¿Cómo te fue en el trabajo? —cuestionó Bill cerrando las puertas, no quería decirle que buscaba las copas, velas y portavelas porque quería ir organizando lo que necesitaba para la cena romántica que planeaba hacerle a Monika al haber recolectado esa información de internet, que aquello crearía un ambiente ideal para la antesala de sexo.
Tom suspiró mientras dejaba su maleta y aflojaba la corbata. —Estrés y más estrés, lo de siempre —respondió para sentarse en el sillón y Bill se acercó a él, otra vez notaba ese aroma que lo enfermaba pero debía callarse al respecto—. Ah, cierto —acotó, sacando la bolsa de la farmacia con los paquetes de condones y dándoselos—. Te los compré, había olvidado hacerlo antes, pero espero que hayas sido responsable entre tanto.
—Mamá, no ha pasado nada —habló Bill, no mentía, no habían podido hacer más, por él, no por Monika pero igual.
—Bueno, ¿ya cenaste? —interrogó Tom.
—Sí, pero puedo acompañarte a comer, Tomi está descansando ahora —masculló Bill.
Tom asintió en lo que se acercaba a la cocina para calentar su cena, Bill veía a su madre moverse antes de sentarse en el comedor, con el menor sentándose a su lado, observándolo comer.
—Mamá, yo estoy con Monika, es decir, es mi novia, te lo había mencionado, ¿tú cuándo me presentarás a tu novio? —interrogó Bill y Tom casi se atora.
—No tengo ningún novio, Bill —respondió Tom después de apurar agua por su garganta, no entendía a qué venía la pregunta.
—Es que siempre estás oliendo el mismo perfume, debe ser alguien de tu trabajo o a quien ves después del trabajo. Sólo que siento que debes tener cuidado, más que nada por Tomi, si es que viene aquí en algún momento —expuso Bill, y si bien se preocupaba por su hermanito, sabía que era más que nada porque no quería que fuera allí, no sabía cómo reaccionaría si conocía al novio de su mamá, y en realidad, le daba un poco de temor, porque de por sí con su olor sentía esas emociones negativas, ¿verlo no sería peor? Aunque Bill no representara amenaza alguna, él mismo se desconocía, y por eso no sabía el alcance de lo que podría hacer en aquellos lapsos.
Tom sujetó su camisa, olisqueándola y notando que era el perfume de Wilhelm, el maldito se le pegaba tanto que lo dejaba oliendo a él, el castaño frunció el ceño, relamiéndose los labios. —No es un novio, hijo, sólo es uno de mis colegas nuevos, estoy en constante contacto con él sólo por trabajo, no es alguien que vendrá a la casa en ningún momento. Es un científico sin importancia, sólo que parece que se baña en perfume —explicó, porque sabía que no iba a traer a Wilhelm ni por asomo a su casa, por más que pensara en tener sexo con él, tendría que ser en un hotel o algo así, no con Bill en casa, ni mucho menos Tomi, aunque sabía que era principalmente por Bill, si Bill sabía, William también, y no quería que su amado psicópata supiera que se iba a costar con su ex, porque William era muy celoso, y aparte sabía lo imbécil que había sido Wilhelm, borrándole los traumas de las cosas que hizo como su pareja.
Aparte estaba el tema de que si Bill lo conocía, sería decirle quién era Wilhelm, como si no fuera bastante obvio por el parecido físico, y Tom tampoco pensaba en lo que tendría con su ex como una relación o intentar ser una familia feliz ahora, no, Wilhelm podía irse al carajo, sólo lo usaría para recuperar sus casos de laboratorios importantes, y como dildo humano, nada más, no le daría cabida en su vida con sus hijos, ni permitiría que se quisiera presentar como padre ante Bill, cuando nunca lo había sido, sólo compartían genes pero el aporte en la vida de su hijo era el mismo que tendría un donante de esperma, es decir, ninguno.
Bill sentía cómo su cabeza nuevamente estaba pensando en matar, y que no era él, tampoco era como un pensamiento nítido como cuando le hablaba William, así que por ello, Bill empezaba a creer que de verdad había otra personalidad más dentro suyo, y que esta era más salvaje, por ello es que no podía dialogar con él, y hacía que tuviera estos sueños que se mezclaban con su realidad, haciendo que sintiera celos enfermizos por su mamá, o que su excitación estuviera asociada sólo a sus fantasías, por algo que ni siquiera era suyo del todo, sino porque se sentía muy real, y claro, también porque lo que había sentido al frotarse directamente contra la entrepierna de su madre había sido real, pasó en realidad, y si bien él sintió asco consigo mismo, vomitando después… Al recordarlo, sólo quedaban las sensaciones placenteras en su cuerpo, porque es lo único “que era suyo”, aunque no supiera cómo había llegado hasta allí.
También Bill mismo sabía que tenía pavor de tomar del todo la iniciativa con Monika porque estaría recordando lo que él hizo con su madre, él era quien empujaba sus caderas, quien estaba tapándole la boca, en realidad Bill mismo se estaba haciendo a la idea de que esto había sido algo traumático y, por lo mismo, no quería tener sexo, sólo que también creía que era la única forma de quitarse esos pensamientos, enfocándolos en alguien más, con su cuerpo habiéndose “descargado”, podría estar en paz consigo mismo.
Volvió la vista a su madre para salirse de su ensimismamiento, quien estaba comiendo nuevamente. Su mamá le estaba siendo sincero, o al menos parecía serlo, aunque su cabeza le dijera que no, que se requería más cercanía para que alguien impregnara su aroma, pero al menos, esa persona no vendría a casa, así que no correría ningún riesgo.
Tom terminó de comer en silencio, notando la calma en la expresión de su hijo cuando le dijo que Wilhelm no vendría a casa ni era su novio, ¿realmente era la preocupación por Tomi? Es decir, entendía el que pensara que era peligroso que un hombre desconocido estuviera en contacto con su hermano, sólo que una parte suya pensaba que iba más enfocado en el tema de saber que no tenía pareja, y que estaba usando de excusa a su hermanito. Sólo que Tom también sabía que era su lado irracional que quería que fuera William fingiendo ser Bill, pero ni siquiera tendría sentido, era demasiado sutil, unos celos muy incipientes que no podrían ser como los celos intensos de William, así que quizá sí era por Tomi y la sobreprotección que tenía Bill con él, siendo algo irónico considerando que Tom era quien había sobreprotegido a Bill pero no a Tomi.
Al terminar de comer, es que lavó su plato, y en esta ocasión sí fue a ver a Tomi dormir abrazado a su oso, estaba creciendo rápidamente, porque sí, ya iba camino a sus diez meses, y pronto al año. Los rasgos que tenía eran los suyos, cada vez más parecido a él conforme seguía creciendo que era como si se viera a sí mismo… Lo único distinto: sus cabellos oscuros pero que tenían la forma de los suyos, ondulados y suaves al tacto.
Tom se preguntaba qué hubiera sido de su vida si él hubiera sido como Tomi, si hubiera nacido con pene en vez de vagina, no habría tenido que pasar por todo esto, incluso si le gustaran los hombres, no se habría embarazado, ni habría tenido un hijo con su propio hijo. El recuerdo de cómo se referían a él como una abominación, una aberración de la naturaleza al ser un hombre con vagina… Y quizá lo era, pero no por ello, sino por las decisiones que tomó después.
Pero “el hubiera no existe”, y por ello es que no interesaba que ahora se cuestionara lo que habría pasado si hubiera tenido pene como Tomi, al menos sabía que la maldición se acaba con él, Tomi no cometería sus mismas equivocaciones, no se embarazaría ni tendría sexo con su propio hijo, porque ya era bastante que genéticamente fuera producto de endomagia. Algo que no podría saber él a menos que se hiciera estudios cuando creciera, porque Tom nunca le diría su origen, mantendría la misma mentira que le había dicho a Bill, que amó a su padre y él falleció antes de que él naciera.
Al momento de pasarle la mano por sus cabellos, es que sintió la vibración de su celular en su bolsillo, haciendo que se alejara del pequeño que seguía retozando, para salir de su cuarto, frunciendo el ceño al notar que era un mensaje de un número desconocido. El teléfono de Tom no era de fácil acceso, así que difícilmente podría alguien comunicarse con él a menos que se lo hubiera dado antes, por lo mismo es que casi nunca tenía números desconocidos hablándole.
“Me costó mucho comunicarme pero encontré la forma”, se leía en el primer mensaje a modo de saludo.
“¿Quién eres y quién te dio mi número?”, escribió Tom de vuelta, porque claro que iba a bloquear a ese número, sólo que primero quería saber de dónde lo había sacado.
“Un admirador tuyo, Tom”, respondió, y Tom sintió cómo su corazón se aceleró ante el deja vú que le vino al leer esas palabras.
—¿Y tú eres…? —dejó la interrogante al aire Tom. Tratando de comprender un poco más de aquella personalidad.
—Un admirador tuyo, Tom —respondió William con la misma sonrisa muy segura de sí mismo, por lo que sólo hacía más que inquietarlo.
Pero, no tendría sentido, ¿verdad? William no podría tener un teléfono, o quizá sí, si se compraba uno para mantenerlo aparte del de Bill y poder comunicarse, sólo que… Sentía que era muy rebuscada aquella teoría.
“Te repito: ¿Quién eres y quién te doy mi número?”, escribió de vuelta Tom, debía mantenerse racional.
“Siempre con agallas como me gustaste desde el inicio”, respondió y Tom ya con ello supo que era Wilhelm, haciendo que se cayera de golpe de la nube que él mismo se había subido, sintiendo la decepción, aunque Tom mismo supiera que sería demasiado bueno para ser verdad el que William hubiera comprado un teléfono para hablarle, haciendo que Tom mismo pensara lo absurdo que sería, es decir, si vivían juntos sería mejor simplemente que él viniera a su cuarto, a menos que le hablara cuando estaba trabajando, porque habían cosas que, en definitiva, Bill no podría leer.
Pero sólo era su ex intenso que… Le habían tenido que dar su número de todas formas, y vino a su mente el cómo lo vio hablar coqueto con Greta, la recepcionista, claro, ella podría haberle dado su teléfono, la mujer se le veía manipulable, por lo mismo es que también Andreas era quien la usaba para que lo tuviera al tanto de todo, y a Tom le tenía miedo, aún así se lo dio a Wilhelm porque su ex también era muy bueno engatusando y manipulando.
“Entonces no te di mi teléfono y se lo pediste a la recepcionista, entiendo, sabes qué puedo bloquearte, ¿cierto? Estamos fuera del horario laboral”, le respondió a su ex.
“Sigues diciéndome las cosas que podrías hacer en vez de hacerlas… No me molesta jugar contigo al gato y al ratón, Tom, sólo que este gato está muy hambriento”, le escribió Wilhelm y Tom rodó los ojos.
“¿Te han dicho que apestas intentando seducir? Debe ser lo más baja pasiones decirle algo así a alguien”, le escribió para dejar tu teléfono en la mesa de noche, tomaría una ducha para ponerse la ropa de dormir. Porque en algo tenía razón Wilhelm, y es que Tom no lo bloquearía, le señalaba las cosas que podía hacer, porque no quería regalarse él mismo en bandeja, no, sólo lo quería así de desesperado para que accediera más fácilmente a firmarle el acuerdo, que en sí Tom se preguntaba cuáles eran sus intenciones, porque sabía que Wilhelm era lo suficientemente guapo y zalamero como para embaucar a cualquier persona y acostarse con ella, porque por lo que recordaba su ex era bisexual, así que tendría el doble de oportunidades para hacerlo, así que, ¿por qué con él? Porque sentía que era más un encaprichamiento de parte de su ex, porque claro, Tom era consciente de que era un hombre atractivo y sexy, no iba a mentir sobre ello, y que también se habían acostado con Wilhelm teniendo mucha química sexual en su momento, sin embargo, seguía sonándole demasiado que quisiera hacerlo sólo por eso, ya que no se tragaba el cuento de querer vivir la experiencia de la paternidad ahora a sus casi cuarenta años.
Cuando salió de la ducha, notó cómo es que le había dejado algunos mensajes más donde le decía que aún estaba la oferta para que cenaran juntos, y Tom no le respondió.
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Bill se quedó mirando el contenido de la bolsa, pasando de los recibos, que seguro se le había traspapelado a su mamá, sacando las dos cajas de condones, él no sabía ni ponerse uno, y le empezaba a dar pavor que se le rompiera por hacerlo mal, aunque sí habían llevado clases en la escuela, era diferente ponerlo sobre un plátano a su propio miembro. Seguro Monika sabría cómo se ponían, ella tenía más experiencia, y tenía sentido, él era el único hombre de casi veinte años que era virgen, hasta su alter había tenido sexo desde antes… Le había dicho que desde los dieciséis, y eso a veces le hacía sentir un poco usado, porque era menor de edad en aquel entonces, sólo que tampoco es que alguien pudiera forzar a William a hacer algo, y sólo siguió repitiéndole que nunca le pusieron nada detrás, sólo que… Ni siquiera a los dieciséis le terminó de crecer el miembro, no entendía de dónde venía tan ímpetu sexual en el alter, aunque supo que muchos de sus compañeros tenían sexo desde esa edad, sólo que él no pensó ser uno de esos, se veía tan niño a sus dieciséis, pero suponía que todo era cuestión de actitud o algo así, porque su mamá también a los dieciséis años estuvo embarazado de él, sólo que nació a sus diecisiete, y su mami se veía tan tierno en las fotos de ese tiempo, así que repetía lo mismo, que aunque uno se viera como sea, no determinaba que uno hubiera tenido o no sexo.
Ahora iba a hacerlo, incluso si no quisiera, debía hacerlo. Ni siquiera estaba excitado ahora como para intentar ponerse un condón, y… Al menos sí había verificado lo de las tallas, ya que se lo midió la última vez que se puso duro, y sí era del tamaño que le había comprado su mamá, suponía que era cierto lo de que había sacado el tamaño de su padre.
Un sentimiento desagradable lo invadió al pensar que si el miembro lo tenía parecido a su padre y él… Había estado casi por hacérselo a su mamá, de algún modo le recordaría a él. Pero se golpeó la cabeza a sí mismo, no podía seguir esa dirección de sus pensamientos por completo inadecuados. Debía… Intentar pensar en la sorpresa que quería hacerle a Monika, para “crear el ambiente”, se sentía tan estúpido y patético. ¿Por qué era así de inepto? Por eso había estado solo tanto tiempo, porque un maldito fenómeno… Uno que no sabía cómo relacionarse con otros, que sólo había estado encerrado en la burbuja que tenía con su madre, hasta el punto de asfixiarse y sentir deseos sexuales hacia él, y ahora ni siquiera podía tener una jodida vida normal, no sentía amor por quien era su novia, no del tipo que se lee al menos, ni deseo, sólo una maldita reacción normal de su organismo.
Bill sólo amaba a dos personas en el mundo y eran su madre y Tomi, y eso estaba mal, lo sabía bien, porque no es que estuviera mal amar a tu familia, sino que a ese nivel, y de esa forma enfermiza, sin salirse de aquel círculo vicioso… Iba a terminar destruyéndolos por completo.
Agarró su teléfono para intentar distraerse, y al momento de desbloquearse la pantalla, es que salió su fondo de pantalla, la foto que se había tomado con su mamá y Tomi, lucían tan normales, tan felices, como si fueran la familia perfecta, pero Bill sabía que pretendían serlo, porque su mamá no amaba a Tomi, no del todo, y una parte suya amaba demasiado a su madre, haciendo que su cabeza se sintiera rota…
“Estoy haciendo mierda a mi familia, debería morirme”, pensó Bill sintiendo cómo se mojaba su rostro por las lágrimas que caían silenciosas, el dolor hondo arremolinándose en su pecho, haciendo que llorara con más fuerza, pero tapándose la boca para no alertar a nadie, no quería que su mamá supiera que lloraba, no quería preocuparla, esta carga debía llevarla solo.
“NO, ELLOS TE NECESITAN”, se escuchó la voz dentro suyo… Esta vez sí la distinguió, era William.
“Voy a hacerle daño a mi mamá, estoy intentando mejorar pero no puedo… Soy inútil, no…”, empezó a justificarse en su propia cabeza.
“¿Quieres explicarle a un bebé cómo estás pensando en suicidarte? Porque ni siquiera va a entenderlo en palabras, sólo que no te volverá a ver nunca más”, respondió William, porque estaba en su cabeza y entendía incluso lo que no había dicho en su fuero interno, sólo los pensamientos intrusivos de que si hacía daño era mejor que no existiera, pero el que se lo dijera tan crudamente… Era cierto, Tomi no entendería, no podía hacerlo, no debía.
La voz de William se había escuchado más nítida que veces anteriores, pero no del todo como antes del accidente, sin embargo, cuando intentó hablarle otra vez, no pudo oírlo, habían sido sólo dos frases, que probablemente le costaron decirle al alter, no obstante, lo había hecho para que reaccionara, para ayudarlo, y al menos Bill se sintió menos solo en esto, aunque estuviera llorando sólo lo tomaba como un desahogo, desterraría de nuevo los pensamientos suicidas.
Volvió a sujetar su teléfono para escribirle a Monika y decirle que se vieran mañana, tendría que dejar que Brittany cuidara a Tomi, aunque le costara mucho sólo dejar a la niñera con su hermanito, por temor a que pasara algo de lo que él mismo vivió, sin embargo, a lo largo de los meses, Brit había demostrado ser una buena mujer, que cuidaba con afecto a Tomi, y era algo por lo que Bill estaba muy agradecido, podría hasta decir que tenían algo parecido a una amistad, aunque no hablaran de sus intereses y no hablaran más allá de Tomi o cosas de la casa, podría decirse que era como su tercera amiga, o segunda ahora que Stefan lo había bloqueado, ¿o única porque no sabía si Monika seguía siendo su amiga si también era su novia?
Eran un poco confuso para Bill comprender del todo aquello, pero ahora tenía que avisarle a Monika porque su intención inicial era hacer una cena en su casa, más que nada por no dejar a Tomi, como su mamá llegaba más tarde, planeaba pedirle a Brit que se fuera un poco antes, y él armar todo para comer con Monika y hacerlo en su habitación, sin embargo, viéndolo en cuestión de logística, de todas formas si pasaba algo con Tomi en el lapso de estar en su habitación, de todas formas no podría hacerse cargo, en cambio, si lo hacían en el departamento de Monika, Tomi estaría al cuidado de Brittany y también no tendría que saberlo su madre, porque podía sólo decirle a Brit que omitiera el decirle que salió, regresando antes que su mamá para que se quedara como que no sucedió nada.
Bill no sabía por qué tomaba tantas medidas si su propia madre había sido quien le había comprado los condones, pero no podía evitarlo, le daba muchísima vergüenza que supiera que lo hizo, así que estaba mejor así, haciéndolo en el departamento de Monika, aunque no podría darle todo lo romántico que había planeado pero… Soltó un suspiro, esperaba hacerlo funcionar y que todo saliera bien.
“Sí, si quieres almorzamos juntos o vienes después de almuerzo, no tengo problema alguno, mañana no tenemos clases, así que por mí perfecto”, escribió Monika, sintiendo que era muchísimo mejor que lo hicieran en su departamento, sólo que Bill había estado tan dudoso que hacía que ella se cuestionara si sólo era el tema de que era virgen o quizá era gay, no lo sabía aún, sólo que parecía hasta un poco traumatizado con el tema, habiendo como algún tipo de desconexión entre su cuerpo y su mente, era algo de lo que se percataba.
Monika le había sugerido que fuera al psicólogo para hablar de esos momentos donde le ganaba el estrés y disociaba, y ahí Bill le contó que sí, que ya estaba yendo al psicólogo, y que él sabía al respecto, y eso le hacía preguntarse qué cosas más habría de Bill que no le había dicho, porque si ya llevaba un tiempo yendo a terapia, quizá tenía un diagnóstico, y claro, no es que ella tuviera miedo o algo así, Bill no se veía violento, seguía siendo un chico dulce, sólo que habían muchas dudas que todavía tenía, porque quería a Bill, sólo que sentía que él necesitaba más ayuda de la que ya estaba recibiendo.
Continúa…
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