
Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 16
Bill se sentía por demás ansioso ese día, no como la ansiedad que se sentía por la anticipación emocionada, sino más bien por la incertidumbre y temor a arruinarlo. Se mantuvo con Tomi la mayor parte del día, porque al menos así se distraía, jugando con su hermanito, viéndolo sonreír e intentar hablarle repitiendo sus sonidos aunque todavía no supiera del todo lo que decía.
Brittany lo había notado nervioso, hasta que durante el almuerzo comprendió que iba a salir.
—Por favor, no le cuentes a mi mamá que saldré, no planeo llegar tarde, pero igual no se lo menciones —pidió Bill con el mismo nerviosismo de antes.
—Sí, claro, Bill, descuida —le aseguró Brittany, ya que realmente el chico había sido bueno con ella, fuera de sus arranques de aquella vez, no lo había notado otra vez así y comprendía que también quisiera ocultarle algunas cosas a su madre, ella misma, y la mayoría de personas, hacía lo mismo, principalmente cuando ya eran adultos, sólo que Bill había sido muy introvertido y algo demasiado pegado hacia su madre, sólo que no podía mencionarlo tampoco, no era que no hubiera visto aquel comportamiento en otros hombres, sólo que en el caso de Bill, había algo más pero Brittany no sabía cómo ponerlo en palabras, no era el típico hombre con mamitis que no podía hacer nada sin su madre, no, porque se le notaba que estudiaba, y que se hacía cargo del cuidado de Tomi también, no siendo un inútil que esperaban que hicieran todo por él, sin embargo, la forma en que se relacionaba, incluso cuando no estaba en su presencia, es como si su mundo gravitara alrededor de su madre, sin mencionar el miedo ante que supiera que saldría, y en parte era normal, a ella misma le daba pavor el señor Kaulitz.
—Gracias, Brit —le dijo Bill para terminar de comer.
Al momento en que Bill se fue a lavar su plato, ya habiendo dejado a Tomi en el suelo es que se metió a su habitación, para lo que Brittany supuso que sería el arreglarse, y sí, lo confirmó después cuando lo vio salir bañado, vestido y maquillado, era un muchacho guapo que incluso con el porte que poseía no tendría problema alguno en tener varias chicas detrás suyo (o quizá chicos, la verdad es que ella pensaba que Bill era gay o al menos bisexual, sólo que tampoco quería juzgarlo), así que no entendía por qué tanta inseguridad, pero lo vio salir, teniendo que calmar a Tomi que se desesperaba porque su hermano se había ido.
—Ya va a volver, Tomi, no te preocupes —le habló con afecto Brit al pequeño, secándole las lágrimas mientras se removía hasta hacer que la niñera lo bajara y él se fuera gateando hasta la puerta, apoyándose en ella para ponerse de pie y llorar apoyando su mejilla contra ella.
Brit soltó un suspiro, sujetando el peluche de oso que tenía Tomi para buscar contentarlo.
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Bill sintió que condujo en modo automático el auto, cuando ya estaba frente a la puerta del departamento de Monika, le tocó el timbre, percatándose que ni siquiera le había comprado unas flores o algo así, pero la muchacha le abrió sonriente, dándole un beso que Bill correspondió, para ingresar al lugar, donde otra vez estaba sola su novia, quien lo sujetó por la mano para llevarlo a su habitación, y él en vez de sentirse emocionado, era similar a que fuera un preso yendo por la inyección letal, incluso con su mano sudándole al momento de sentir el contacto de su novia.
Al estar en el cuarto de Monika, ella nuevamente fue quien tomó la iniciativa, besándolo y Bill correspondió otra vez, sólo que ahora poniendo sus manos en la cintura de la muchacha para no tenerlas tiesas a los costados de su cuerpo, ya le había mencionado su novia que eso no era tan normal el quedarse paralizado sin hacer durante el beso, sólo que al momento de ir besándose, y pegándose los cuerpos, si bien Bill no perdía los nervios del todo, al menos sí estaba teniendo una erección, y Monika fue la que metió la mano entre ambos, para frotarle por encima de los vaqueros, a lo que Bill tuvo que apretar sus propias manos en la cintura de su novia para no hacer que dejara de tocarlo porque era lo que debía pasar, que se tocaran mutuamente… Así que era normal que Monika presionara contra su dureza, sólo que él era el conflicto personificado, sólo que recordaba lo que le había dicho William, que no podía matarse, así que tenía que esforzarse, aún más, para al menos intentar ser normal.
Cuando se separaron del beso, Monika se quitó la camiseta y jeans, mostrando que tenía una lencería a juego color rojo, y Bill tragó saliva al momento de verle los senos, con un dolor en su cabeza cuando vinieron los recuerdos de… Los pectorales de su mamá agitándose por estar con nudos por la leche, Bill odió a su cabeza por pensar en eso, y la odió aún más, porque se puso más duro por recordar eso más que por tener a Monika casi desnuda frente a él.
Monika no sabía lo que pasaba por la mente de su novio, sólo que creció aún más en sus pantalones, así que suponía que estaba bien, que le gustaba lo que veía y sólo estaba nervioso, ella lo miró con coquetería para quitarle la correa y bajarle los pantalones, haciendo que él la detuviera, pero para sacar de su bolsillo el paquete de condones con notorio nerviosismo, y ella lo sujetó.
—Tranquilo, vas a ver que te va a gustar, y si algo no te parece, nos detendremos, ¿está bien? —le ofreció Monika, y Bill sólo asintió, al menos se sentía seguro bajo la premisa de que alguien más se hiciera cargo, porque él se sentía un inútil.
Bill se desvistió con ayuda de Monika, quien también hizo lo mismo con sus ropas interiores, quedando ambos desnudos y empujándolo contra la cama, sólo que Bill sintió que se perdió en algún punto, mirando a las manchas del techo, mientras Monika le ponía el condón, y ella misma es que comenzó a empalarse sola, gimiendo al sentirlo en su interior, pero Bill no la veía, con Monika cerrando sus propios ojos, buscando su propio placer…
Bill se había disociado en algún punto, percibiendo las sensaciones en su cuerpo, cómo es que era agradable pero no podía disfrutarlo del todo, algo mecánico, como estar bajo el agua, y la sensación familiar, suponía que por lo que había pasado William antes, o… Sus fantasías… Bill se había puesto a analizar que quizá las fantasías no eran del todo falsas, no que él hubiera hecho algo con su madre, fuera de cuando se frotó sino que su mente buscaba un rostro familiar a situaciones que sí se habían dado, William haciéndoselo a otras personas, y por eso era que él lo sentía muy real.
Monika al bajar la vista, es que notó que Bill no la miraba, sino que estaba viendo hacia el techo, por lo que inclinó, besándolo.
—Concéntrate en mí —ordenó la muchacha, subiendo las manos de Bill hacia sus pechos, él los apretó, pero… Nuevamente el pensamiento de los pectorales lo invadió, haciendo que Bill se corriera al momento de hacerlo—. ¿Te viniste? —inquirió su novia, separándose de él al sentir cómo se le había bajado la erección.
Bill sintió que le faltaba el aire porque sabía que si bien tenía una presión alrededor de su miembro, y había estado sintiendo a su novia moverse sobre él, no había sido por ella que se había corrido, sino por su madre, el pánico lo invadió y la sensación de ahogo fue en aumento, haciendo que Bill empujara a Monika, sintiéndose asqueado mientras se vestía y su novia se quejaba.
—¿Qué te pasa, Bill? —le increpó Monika, pero Bill no quería discutir, no podía, se quitó el condón, sintiendo asco de todo, para salir del departamento incluso llevando sus zapatos en sus manos porque no había alcanzado a ponérselos.
Al momento de subirse a su auto, Bill estaba temblando pero encendió el motor, comenzando a conducir con la respiración acelerada, le seguía faltando el aire, estaba temblando, sólo sabía que debía alejarse de allí, no… No podía, no quería, no sabía qué mierda estaba haciendo sólo que se odiara a sí mismo, en vez de arreglarlo, sólo estaba empeorándolo todo.
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Brittany estaba fijándose en su celular a cada rato, porque tenía un horario, y Bill ya se había tardado bastante, lo suficiente para que ella se fuera a casa, sin embargo, no podía hacerlo porque él no volvía y no podía dejar a Tomi solo, sólo que ya habían sido horas, y ni siquiera le contestó el teléfono, estaba entrando en pánico.
Incluso pasó tanto tiempo, que el señor Kaulitz ya había llegado de trabajar cuando sólo se lo cruzaba el sábado.
—Buenas noches, Brittany, ¿qué haces aquí todavía? —preguntó Tom apenas ingresó a su casa, observando a la niñera con su hijo menor en brazos.
Brittany recordó que le había prometido a Bill no decirle que había salido, sin embargo, no contó con que regresaría su madre antes o que Bill mismo se iría a tardar tanto.
—Buenas noches, señor Kaulitz, sino que su hijo salió y aún no regresa, por eso no podía dejar al pequeño Tomi —soltó Brittany, sintiéndose una traidora, sin embargo, no tenía otra opción.
Tom dejó su abrigo colgado, y la maleta sobre la mesa para acercarse a la muchacha, sujetando a su hijo menor.
—¿A dónde fue? —inquirió Tom con esa mirada que la ponía muy tensa.
—No lo sé, señor, no me dijo —se sinceró Brittany ya que no sabía la dirección de la novia de Bill como para dársela—. Disculpe, ¿puedo irme? Es que debo hacer cosas en mi casa, Tomi ya comió —acotó con temor.
—Sí, puedes irte —cedió Tom con el ceño fruncido.
—Gracias, señor, hasta mañana —dijo Brittany, tomando su abrigo para irse, esperando que no hubiera pasado algo malo, y que Bill la perdonara, pero ya bastante había hecho con quedarse hasta tan tarde.
Tom sintió cómo es que Tomi lo abrazaba fuertemente para ponerse a llorar, era más que obvio que extrañaba a Bill, y por eso es que estaba así con él, intentó llamar a su hijo, pero nada, no contestaba.
Lo que tenía más sentido es que hubiera ido con esa muchacha, pero no tenía cómo contactarla, y Tom también sabía que lo más normal era apagar el teléfono cuando se tenía sexo, así que sentía cómo es que se le estaba calentando la sangre al imaginarse a aquella muchacha gimiendo bajo el cuerpo de William, no, de Bill, esto no era su jodido asunto, lo sabía bien.
—Bueno, tú me acompañarás a cenar, Tomi —le habló Tom a su hijo.
—Mami, Bibi —soltó el bebé con un puchero.
—Bill se ha ido pero volverá, mi amor —le explicó Tom al bebé, limpiándole las lágrimas.
—Bibi —repitió Tomi haciendo más sobresaliente su puchero.
Tom lo dejó un momento en el suelo, mientras el pequeño gateaba siguiéndolo, para servirse su cena, sintiendo al pequeño jalar de su pantalón sin dejar de repetir Bibi, era normal, lo extrañaba.
—Yo también lo extraño, pero ya volverá, mi amor —le buscó tranquilizar al pequeño, subiéndolo a su regazo al momento de ponerse a cenar, cuando se fijó en su teléfono vibrando, sujetándolo por si era Bill, pero no, era un mensaje de Wilhelm—. Este idiota que no se cansa —acotó en voz alta, hasta que lo notó, quizá era tiempo de él también aceptarle la jodida salida al imbécil de su ex.
“Mañana después del trabajo te aceptaré la cena”, le escribió Tom a Wilhelm, para dejar su teléfono sobre la mesa y seguir comiendo con el pequeño aferrado a su torso soltando suspiros en lo que sollozaba.
Tom se sentía un tanto inmaduro, porque había respondido desde el despecho, desde ese deje de incomodidad en su interior ante el que su hijo no regresara todavía, pero no podía evitarlo, incluso aunque supiera que Bill y William eran entes separados compartiendo el mismo cuerpo, de todas formas no podía evitar sentir muchos celos, y un poco de coraje hacia su hijo porque demorara tanto, sabía que estaba mal, que era incorrecto, pero también Tom era consciente de que había querido que Bill nunca tuviera pareja para que William sólo fuera suyo. Sólo que igualmente ya tenía los formularios en su oficina, incluso los había llenado con su firma, sólo faltaba la de Wilhelm, y ponerle fecha para hacerlos válidos, así que era mejor matar dos pájaros de un sólo tiro.
Cuando terminó de cenar al momento de lavar los platos, escuchó la puerta abrirse, girándose y viendo a su hijo pero que no lucía feliz o avergonzado por su tardanza, sino tenía el semblante perdido, por lo que Tom se preocupó, acercándose hacia a él y tomándolo por las mejillas.
—¿Qué pasó, mi amor? —preguntó Tom pero Bill lo miró y sólo comenzó a llorar, haciendo que el mayor sólo lo abrazara con fuerza, sintiendo la correspondencia de su hijo al apretarlo, pero quedándose en silencio sin parar de llorar, con Tomi abrazando la pierna de Bill, buscando por llamar su atención.
Tom sentía el temblor de su hijo, pero sí distinguía el aroma de la otra muchacha en él, sólo que no entendía por qué estaba así de afectado y desmejorado, con el maquillaje corrido y como si hubiera visto un fantasma.
Bill se separó de su mamá para cargar a Tomi, recibiendo los besos del menor en su mejilla mientras también sollozaba.
—¿No quieres hablar de eso? —inquirió Tom viendo con cautela a su hijo, quien negó.—Al menos debes decírselo al doctor Köhn en tu próxima sesión, amor, no puedes estar guardándote tanto, ¿está bien?
—Sí, mamá, se lo comentaré —respondió Bill, secándole las lágrimas a Tomi aunque él mismo estuviera con el rostro mojado.
Tom sabía que tenía que regañarlo por haber dejado a la niñera, más que nada por el horario, y también por apagar su teléfono o llegar tan tarde, sin embargo, Bill se veía tan mal, que prefería hablárselo otro día.
—¿Quieres que hagamos algo? Es un poco tarde, pero quizá te sirva que veamos una película o algo así —sugirió Tom, y Bill negó.
—No, mami, gracias, sólo que hoy dormiré con Tomi, lo dejé solo mucho tiempo. Perdón por no acompañarte a cenar, te amo, mamá, a veces quisiera ser un mejor hijo para ti —soltó Bill viendo a Tom con la culpa retratada en sus ojos, y el mayor lo miró confundido.
—Mi amor, yo también te amo, pero, ¿por qué dices eso? Tú eres un buen hijo —musitó Tom, “la mala madre soy yo”, agregando en su pensamiento, un motivo más para tratar de superar a William, ya Bill tenía sus propios demonios en su cabeza.
—No, mamá, no lo soy pero ya sólo… Iré a dormir con Tomi, buenas noches —sentenció Bill para irse a su habitación cargando al pequeño.
Tom no comprendió lo que había pasado, pero se metió a su propio cuarto, revisando los mensajes de Wilhelm, que tendría todo listo para mañana en la noche, consiguiéndoles una reservación aunque no tuviera mucho tiempo de antelación para hacerlo.
“Necesito hablar de unas cosas del trabajo contigo”, le escribió Tom.
“¿Ah sí? ¿Hablar de trabajo fuera del horario laboral?”, le respondió Wilhelm.
“Es una propuesta sobre tu contrato”, le aclaró Tom.
“No renunciaré, Tom, y mucho menos ahora que me has aceptado la salida”, repuso Wilhelm.
“No es eso, te explico mañana al cenar, no quisiera hacerlo por mensajes”, cortó Tom, porque incluso sabía que iría a buscarlo a la hora del almuerzo, sólo que comería en su oficina para no lidiar con él hasta la noche, porque era más que evidente que con el resto de científicos no podría intentar sacarle más plática que lo puntual sobre sus proyectos.
Sólo que Tom estaba con los dedos cosquilleando por escribirle al doctor Köhn que le hablara sobre algún tipo de mejoría en su hijo, o si sabía a qué se refería con lo de ser un mal hijo, habían tantas dudas y preocupaciones que tenía Tom, pero que no podía hacer algo ahora mismo, porque no le correspondía, en este caso, Bill no había intentando atentar contra su vida, ni contra él, por ende, no podría mantener ese trato que tenía antes con el terapeuta, porque sólo lo vería como estaba haciéndolo por entrometerse, aunque sabía que no era así, sino que genuinamente se preocupaba por su hijo, así estuviera camino a los veinte años, seguía siendo su hijo, y el verlo así de alterado no que fuera algo que lo dejara como si nada.
No entendía qué cosa podría tener así a Bill, cuando revisaba los reportes de su universidad, sabía que estaba con excelentes calificaciones, ¿o sería en sí por el tema de haber tardado en volver? Quizá como Bill nunca lo había hecho le daba algún tipo de pavor, ¿o no? Tom sentía que se estaba haciendo un mundo en su cabeza.
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Bill se levantó abrazado a Tomi, sintiendo que el aroma de su hermanito había hecho que pudiera conciliar el sueño, porque se bañó para quitarse todo el rastro de lo que pasó, pero también supo que estuvo conduciendo sin rumbo hasta quedarse al borde del acantilado, no se iba a matar, sólo que estuvo sentado por horas frente a él, hasta que sintió que había respirado lo suficiente como para volver a casa.
Bill se repetía a sí mismo que no iba a matarse, aunque sí miró la distancia y se imaginó muchas veces lanzándose.
Sólo que ya era otro día, y tenía a Tomi entre sus brazos, suspirando de gusto mientras apuñuscaba sus manitos contra su pecho.
Bill no podía matarse por Tomi y por su mamá, besó la frente del pequeño, prendiendo su teléfono, fijándose las llamadas perdidas y los mensajes de Monika… Ahora que estaba con la mente más clara, sabía que le debía una explicación, porque sólo se había visto como un maldito imbécil egoísta que se corrió, la empujó y se fue, en vez de preocuparse también por ella, por si disfrutó o no, le debía una disculpa por empujarla y… Tal vez lo de la cena romántica tendría que hacerlo sí o sí, aunque una parte suya sólo quisiera no volver a hacerlo más porque había sido un pésimo intento, donde se disoció y sólo vino porque pensó en su madre.
Sólo que tampoco quería perder a Monika, ¿cómo podría hacerlo si era su amiga? No se había puesto a pensar que también si él arruinaba las cosas en su relación, también perdería a su amiga.
Debía arreglarlo.
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Wilhelm lo notó, cómo es que Tom comió dentro de su oficina para no lidiar con él, sólo que él era más listo que eso, si bien estaba trabajando, también se había percatado del horario que llevaba Tom, cómo es que si bien se la pasaba más que nada en su laboratorio, había un momento donde se encontraba solo en la sala de muestras, y ahí es donde iría a interceptarlo, ya que no quería decirle hasta la cena lo que hablaría del trabajo, prefería preguntarle directamente en el mismo edificio.
El de cabello azabache ingresó observando a Tom apuntar sobre la cartilla luego de fijarse en el microscopio, teniendo su bata y cabello en coleta, tan serio y concentrado, pero igual de delicioso con toda su indumentaria, haciendo que Wilhelm pensara en el jovencito rubio con rastas que hacía los mismos gestos al estar en el laboratorio.
—Siempre te ves tan hermoso así de concentrado —habló Wilhelm, haciendo que Tom se tensara porque pensaba que estaba solo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Tom con el ceño fruncido, dejando su cartilla sobre la mesa.
Wilhelm se acercó hasta él. —Noté que me estás evitando, y quería verte antes de la salida, para aprovechar que seguimos en horario laboral y me comentes esa inquietud sobre el trabajo —arguyó el pelinegro, mientras que Tom estaba que retrocedía hasta que chocó con el borde la mesa sin poder evitar que el mayor estuviera casi respirándole la boca.

—Es sobre tus casos, podríamos hacer un intercambio por algunos de los míos —respondió Tom, intentando mantenerse profesional aunque notaba cómo es que Wilhelm estaba mirándole la boca.
—¿Sí? ¿Y por qué quisieras los míos, Tom? —cuestionó Wilhelm arqueando una ceja con una sonrisa.—Oh, ya entiendo, porque como estuviste ausente, tengo mejores casos que tú —agregó antes de que Tom pudiera responder.
—Sí, y aquí el genio soy yo, Wilhelm, así que lo más justo es que me cedas esos casos —masculló Tom.
—Pero soy el talento traído desde el extranjero, Tom, ¿por qué te cedería los casos? ¿Qué es lo que ganaría yo? —increpó Wilhelm, relamiéndose los labios sin dejar de ver los suyos.
—Mi gratitud —respondió Tom y Wilhelm rió.
—Entiendo, quizá deberías ser más persuasivo —musitó Wilhelm pasando la vista de sus ojos hacia su labios, en un triángulo que estaba poniendo nervioso a Tom, tenía que admitirlo, porque una cosa era ignorarlo de lejos y otra casi empujándolo sobre la mesa, pero no, debía recordar en dónde estaban, y que este era Wilhelm, no William, aunque Tom mismo supiera que el día que compró condones para Bill, a la salida regresó a la farmacia para comprar una caja para él, porque sí, quería desfogarse con ese idiota, sólo que tampoco quería ceder con tanta facilidad, él estaba en control, no Wilhelm, por más que fuera consciente de que el aceptarle la salida era tener la puerta abierta para algo más de por sí.
—Estamos en las instalaciones del trabajo, Wilhelm, ¿no tienes algún tipo de ética sobre eso para que me hagas esas insinuaciones de aquella naturaleza? —cuestionó Tom enarcando una ceja.
—¿Cuándo nos ha detenido eso, Tom? —interrogó Wilhelm en un tono coqueto, sujetando de la bata a Tom al mirarlo.
Recuerdos de cuando cogieron en el laboratorio de la universidad cuando eran jóvenes vinieron hacia él…
—¿Entonces por qué te haces el decente ahora? —inquirió Wilhelm, casi susurrándolo en su oído, haciendo que Tom sintiera cómo se ponía más nervioso, porque su aliento sobre él, le daba más que la nostalgia, la sensación de pensar en William respirándole en la nuca, dejándole un beso…
Wilhelm se alejó lentamente de su oído, y Tom vio el brillo en él, aún teniéndolo tan cerca, con el pelinegro apoyando su mano en el pilar, que bastó que Tom le mirara la boca para que Wilhelm lo tomara como aceptación, terminando de acortar sus rostros para besarlo, haciendo que Tom correspondiera… Pero al tener los ojos cerrados, era consciente de que no pensaba en Wilhelm, sino en William, que era una boca parecida, aunque no estaba el piercing en la lengua, y se sentía lo áspero por la barba corta de su ex, pero de todas formas correspondió, sintiendo su corazón latir acelerado al momento de que el mayor jugueteó con su lengua, haciendo que ambos jadearan y se separaran por aire.

Wilhelm lucía tan satisfecho consigo mismo, porque besarlo había sido un deleite, y ya sabría que se lo cogería bien luego de la cena.
—Llévame el formulario, me has convencido de cederte los casos —mencionó Wilhelm contra su boca, porque si se lo follaba, no sólo valdría la pena por ello, sólo que también estaría haciendo que Tom se sintiera más en confianza por su ego, y así hasta que se enamorara de nuevo de él, que si lo conseguía, ya tendría todo, así que sólo lo veía como una inversión a largo plazo.
—Nos vemos a la salida, ahora déjame trabajar —soltó Tom, como si no le hubiera afectado el beso y se sintiera hasta un tanto excitado, no como cuando era William, pero de todas formas no había sido indiferente como estaba pretendiendo, no obstante, sabía que había sido porque nuevamente no estaba pensando en su ex, sino en William, sólo que la forma más sana era estar con esta copia, aunque su corazón siempre lo tuviera el alter.
—Es una promesa —mencionó Wilhelm guiñándole el ojo para salir del laboratorio, y Tom puso los ojos en blanco, recordando que tenía que avisarle a Bill para que no se preocupara, sacó su teléfono, fijándose que ya había prendido el suyo, porque salían como leídos los mensajes.
“Hijo, tendré una reunión en el trabajo, no regresaré hasta entrada la madrugada, no me esperes despierto y no te preocupes, te amo”, le escribió a Bill, ya que Tom sabía que después de la cena, tendrían que ir a un hotel o el departamento de Wilhelm, lo que fuera, no quería preocuparse por esos detalles ahora, sólo que no iría a su casa, cualquier sitio menos su casa, y después de tener sexo tendría que darse una ducha antes de regresar a su hogar, porque no planeaba quedarse a dormir con su ex, no, sería hacerlo muy personal, cuando sólo quería sexo y que le cediera los casos, sólo sería su juguete temporal hasta que se aburriera, nada más. No iba a enamorarse de Wilhelm, no podía, porque sabía que sólo le estaba haciendo caso a su ex por ser la versión mayor de William, y… Claro, una parte suya pensaba que, ¿por qué no le daba otra oportunidad? Sólo que Tom callaba a esa voz, ya que era irracional, por más que supiera que era por el hecho de que era alguien que no tenía el cuerpo de su hijo, sabía que Wilhelm era una basura como pareja, por lo mismo es que no iba a ser algo más allá de sexo.
Continúa…
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