Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 20

Normalmente cuando Brittany llegaba el señor Kaulitz no estaba, salvo el primer día, que básicamente estaba esperándola para darle la bienvenida, eso y los sábados, que solía ser él quien le abría, sin embargo, en esta ocasión, el hombre en traje le abrió la puerta, luciendo un tanto nervioso antes de saludarla para irse.
Brittany le alcanzó a saludar pero no supo si él la escuchó antes de subirse al auto de Bill, lo cual era raro porque él tenía su propio auto, ¿por qué se llevaba el de su hijo? El ansía de chisme era mucha, ojalá que Bill estuviera de buena gana para que le contara, esperando también que hubiera salido todo bien con su novia, sólo que al fijarse en el comedor, notó que habían quitado el mantel, pero habían algunos rastros de cera derretida en el suelo y cómo es que se había escurrido también parte sobre la mesa de madera, incluso traspasando la tela del mantel, reconocía bien el rastro de quemadura por cera, sólo que no entendía por qué se había escurrido su estaba la base, a menos que se les hubiera caído o… Bueno su mente ya estaba yendo muy allá, cuando todavía tenía que ponerse a cocinar tanto para Tomi como para la casa.
Así que dejó su mochila sobre el sillón y se lavó las manos, tendría que ir sacando las cosas de la refri y… Notó que la lasaña estaba allí intacta, haciendo que frunciera el ceño, ¿no la habían comido? Sacó los implementos para cocinar, pero tenía que revisar al pequeño, así que luego de acomodar todo y lavarse de nuevo las manos, es que se fue en dirección del cuarto del bebé, encontrándolo vacío, salió y vio cómo es que Bill salía en calzoncillos del cuarto del señor Kaulitz cargando a Tomi, que sonreía feliz entre sus brazos y Brittany se sentía incómoda porque nunca lo había visto desnudo, bueno, casi, notando hasta los tatuajes que tenía, por lo que aclaró su garganta, sorprendiéndole más eso que el tema de que se hubiera cortado el cabello de la noche a la mañana.
—Buenos días, Bill —saludó Brittany mirando a un costado para no fijarse en su desnudez.
—Ah, hola, Brittany, iremos a dar un paseo con Tomi —masculló “Bill”, en lo que se metía a su propia habitación, antes de esperar respuesta alguna de la parte de la niñera.
Es que había algo diferente en Bill, porque el muchacho era introvertido, muy vergonzoso, y ahora estaba totalmente desatado, ¿tendría que tomárselo como que sí salió bien la cena donde comieron de todo sobre la mesa menos la comida? Lo que seguía sin explicar por qué había salido del cuarto de su madre, es decir, ¿ahí tuvo su sexo de reconciliación con su novia? No le encajaba porque Bill estaba aterrado de que su madre se enterase, por eso le había pedido antes que no le contara, y sabía que iba a ser una “cena” temprano para que no los viera su madre. Tenía tantas interrogantes y la frustración del chisme incompleto, pero Bill estaba raro, como ayer antes de que prácticamente la botara, siendo tan… Frío e indiferente.
Pero regresó a la cocina, comenzando a ocuparse de sus obligaciones, porque al final de cuentas, tampoco es que Bill tuviera el deber de decirle lo que había pasado, por más que tenían algo parecido a una amistad, seguían siendo los dueños de la casa y si no querían contárselo, no podía exigirlo, aunque ahora tenía algo de sentido el comportamiento precipitado del señor Kaulitz, ¿quizá habría visto lo que había hecho Bill?
Tenía curiosidad, así que fue al cuarto de lavado, y notó que, en efecto, estaba lavándose el mantel de la mesa.
Entonces si se le estaba haciendo tarde para el trabajo era porque notó el desastre que dejó su hijo, y quizá por la vergüenza de que ella lo viera, es que lo había dejado lavándose. Pero era algo más compatible con el comportamiento de un hijo desvergonzado y descarado que se aprovechaba de su madre le alcahueteaba todo, algo que no encajaba con cómo era Bill, aunque… Ella apenas lo conocía unos meses, y ahora había cambiado por completo, así que estaba dubitativa mientras regresaba a la cocina.
Cuando ya había terminado de hacer la comida para Tomi, en lo que se preparaba la comida de la casa, es que Bill salió por el pasillo, ahora vestido pero diferente a como lo veía antes, cómo es que estaba usando un estilo de prendas que no le había visto emplear, siendo Bill de ropas oscuras, sí, pero no así, incluso el delineado estaba más marcado, con su copete un tanto alzado que sólo hacía que Bill luciera más intimidante, como si fuera otra persona usando su misma piel. Había vestido a Tomi, pero… Se sentía un poco paranoica, porque ni siquiera era el tipo de combinación que solía usar Bill para vestir al pequeño.
—Pero, Bill, tu mamá se llevó tu carro —le mencionó Brittany al ver cómo es que Bill se dirigía hacia la puerta.
—Lo sé, yo se lo di. Tomaré un taxi —respondió Bill, girándose para verla con una sonrisa, pero él normalmente no sonreía, es decir, sí lo hacía de vez en cuando, pero no así, eran sonrisas más bien tímidas o que demostraban algún tipo de calidez, y esta más bien lucía ensayada.
—¿Y Tomi comió? —preguntó Brittany con algo de temor ante el cambio de Bill.
—Sí, le di leche y puré de manzana —contestó Bill, para luego salir con el pequeño.
Brittany abrió el tacho de basura y se fijó que era el envase de la papilla vacía, ¿le había dado eso de desayunar? Bill solía ser más cuidoso con todos los libros que había leído para aprender a qué darle de comer, viendo cómo se esforzaba en que Tomi se habituara a las texturas y evitando los preservantes artificiales o productos con azúcar añadidos, así que ella se sentía tan confundida, es que bueno, no es como si fuera el fin del mundo, sólo había sido una vez, sólo que de todas formas lo sentía muy irreal, como si Bill fuera un impostor.
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William al momento de subirse al taxi, teniendo la pañalera lista, y a su bebé en brazos, que le sujetaba de los dedos, estando feliz de estar cargado por él, por más que Tomi le gustara inspeccionar, estar en el regazo era algo que le encantaba, mientras que el chofer comenzó a conducir en silencio hacia K-Biotech.
—Espero que a mami le gusten las visitas sorpresas, Tomi —farfulló William sonriéndole al pequeño.
—Dada —soltó Tomi aplaudiendo.
—Sí, papá, no Bill —le respondió William complacido de que hubiera comprendido que él era papá y no Bill, así fuera confuso para Bill cuando regresara, Tomi era su bebé, simplemente podría atribuírselo a que su hermano mayor era una figura paterna, o algo así, no le interesaba, había hecho que Tomi repitiera varias veces papá hasta decir “dada” y ya era un logro suyo.
Por ahora sólo quería darle una visita para recoger el auto, y también para conocer a Wilhelm, tenía que saber más de él, de paso que haría que todos supieran que Tomi existiera, para que no hubiera ningún motivo con el cual el ex de Tom pudiera amenazarlo con chantajearlo para seguir follándoselo, ya que Tom no quería mencionar a su hijo pero se aseguraría que supieran que ya tenía otro bebé, aunque no pudiera decir que era el padre, de todas formas tenía que dar a conocer la existencia de Tomi.
“Porque así sabrán que está tomado, no todos quieren meterse con una mamá soltera o que tenga la oportunidad de volver con su ex, no, lo ven como carga, y de esa forma, alejaré a todas las basuras potenciales que quieran meterse con él”, pensó William sonriendo para sí mismo.
Sí, William sabía que Tom iba a enojarse por lo que haría, sin embargo, no podía botarlo o algo así, no cuando incluso lo conocían, al menos de nombre, y no a él, sino a Bill, sin embargo, de todas formas, no podían negarle la entrada, tenía la excusa de ir por su auto, y pasar a ver a su madre, así que era una situación donde no podría evitarlo, lo tendría en una incómoda encrucijada, pero también cumpliría su cometido.
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Greta se mantenía en la recepción donde mayormente no pasaba nada inusual, le gustaba su trabajo, aunque se ponía tensa con el regreso del señor Kaulitz, porque siempre había sido muy difícil de tratar, por lo mismo es que también apoyaba al doctor Gühne, y hasta había sido muy amable el doctor Trümper con ella, haciendo que lo ayudara a que tuviera su número personal, que claro, era normal que se le hubiera perdido al pobre hombre con tantas cosas pendientes.
Sin embargo, al momento en que vio que ingresaba un muchacho bien parecido pero era casi idéntico al doctor Trümper, es que no supo quién era este joven que cargaba a un bebé.
—Buenos días. Bienvenido a K-Biotech. ¿En qué puedo ayudarle hoy? —cuestionó Greta con amabilidad y una sonrisa.
—Buenos días, ¿Greta? Qué lindo nombre —masculló William leyendo la inscripción en su gafete, haciendo que ella se sonrojara.
—Gracias, ¿cuál es el suyo? ¿En qué puedo ayudarle? —repitió Greta sintiéndose un tanto nerviosa por la forma en que la observaba ese muchacho.
—Mi mamá trajo mi auto, porque dejó el suyo en el estacionamiento, entonces quise pasar a recogerlo, pero también para que mi hermanito la vea un rato —comentó William en un tono dulce manteniendo una sonrisa, siendo encantador ante la visión de la recepcionista, que sentía su pecho apretado ante ese despliegue de ternura y cuidado de un hermano mayor, y un afecto hacia su madre.
—Ah, qué lindo bebé, y qué buen hermano eres, ¿cómo se llama tu madre para poder avisarle? —cuestionó Greta, pensando que más bien esperaba que dijera padre para que fuera el doctor Trümper quien bajara a verlo.
—Tom Kaulitz —respondió William, y la sonrisa de Greta se congeló en sus labios.
—¿Eres Bill Kaulitz? —inquirió Greta, porque sabía el nombre del hijo del jefe, sólo que nunca lo había visto, ni mucho menos sabía que tenía otro hijo menor, y… Que su hijo mayor fuera casi idéntico al doctor Trümper pero no llevara su apellido estaba haciendo que ella misma sacara sus propias conclusiones.
—Sí, el mismo —concedió William manteniendo su sonrisa encantadora.
—Yo… Déjeme avisarle al señor Kaulitz, por favor —soltó Greta con nerviosismo, no sabía cómo lidiar con esta nueva información, y ella sabía cómo de difícil era tener que soportar al jefe, y ahora… Estaba enterándose de golpe que había tenido otro bebé, y que probablemente tuviera un pasado con el doctor Trümper.
Todos sabían cómo era un secreto a voces el que el hijo del jefe llevara su apellido y no el de su padre, porque no le conocían pareja, y repetían lo mismo: “Nadie lo aguanta lo suficiente para quedarse más del tiempo necesario con él por más guapo que sea”, eso era algo que se sabía, que era madre soltero precisamente por su forma de ser, sólo que… Ahora entendía por qué hablaban mucho en los corredores cómo es que el jefe no estaba de acuerdo con la presencia del doctor Trümper. ¿Sería que esto se desencadenara en un momento incómodo en la empresa?
—Uhmn, ¿me dices en qué piso está, Greta? Por favor, es que… Mira cómo se está poniendo, lo necesita cerca, lo extraña mucho, ¿te imaginas que le pase esto a tu bebé? —pidió William en lo que Tomi comenzaba a llorar.
—Ah, es que… Está en el quinto piso pero… —dijo Greta interrumpiéndose porque sí notaba cómo es que el pequeño lloraba desconsoladamente, haciendo que ella misma sintiera un tipo de culpa por ello, porque el pequeño sólo necesitaba a su mamá, por eso es que respondió pese a sus nervios, mientras vio cómo es que el muchacho ingresaba con rapidez luego de las escasas indicaciones.
—Perdóname por pellizcarte, mi amor, es que papi necesitaba ser convincente —se disculpó William para besar al pequeño en su frente, haciendo que menguara su llanto y sólo estuviera con un puchero mirándolo resentido, pero el alter le dio un beso con pedorreta en la mejilla, haciendo que dejara de poner el puchero y se riera por lo chistoso del sonido y el afecto recibido—. ¿Ya no estás enojado con papi? ¿Ves qué eres un precioso? —le habló al bebé y éste le puso la mano en la mejilla, acariciándolo.
—Da-da —balbuceó el pequeño, olvidando el pellizco para sólo centrarse en el mayor, cuando la puerta del ascensor se abrió.
—Y ya llegamos, vamos a buscar a mami, mi lindura —le dijo William al pequeño, al momento de fijarse en las puertas transparentes que demostraban el interior con científicos con sus batas, gorros y lentes.
Uno de ellos es que lo miró, pero no era Tom, era Wilhelm, William lo supo porque reconoció esos ojos, y el cabello negro oculto detrás de la gorra, nunca lo había visto, más allá de la foto con Tom cuando eran adolescentes, sin embargo, era como verse reflejado décadas más tarde, por lo mismo suponía que la recepcionista lo había mirado de esa forma, el parecido era innegable y William sabía que lo único que lo detenía de matarlo en aquel instante, era que cargaba con Tomi y habían demasiado testigos.
¿Qué papel tomar ahora? ¿Quedarse ahí y mirarlo confundido? Era lo más esperable, quizá de esa forma, en el papel de un hijo con interés en conocer a su padre, podría conseguir más que sólo mostrando ira y así negándose a la oportunidad de tener algún tipo de cercanía con él, porque por algo la frase decía que era bueno mantener a tus amigos cerca, pero aún más a sus enemigos, de esa forma sería más fácil hacerlo confiar, y lo notaba, cómo es que el mayor estaba disculpándose con sus compañeros para salir a su encuentro.
Observó al hombre sin la mascarilla puesta, quitándose el gorro hasta llegar a él.
—¿Tú eres Bill? —preguntó Wilhelm mientras notaba cómo es que realmente era su hijo, es decir, sí, el cabello lo tenía corto, pero era él, y ese pequeño en sus brazos debía ser el hijo menor de Tom.
—¿Quién es usted? —inquirió Wiliam, teniendo que fingir que no quería romperle la boca de un puñetazo y sacarle cada tramo de su piel por haber tocado a su hombre.
—Soy Wilhelm Trümper, ¿Tom no te habló de mí? Soy… Tu padre —respondió Wilhelm, haciendo que la falsa seguridad que había tenido antes se desplomara, porque una cosa era saber en teoría que era padre y hasta pensar en presentarlo a sus padres y eso, y otra verlo en persona, le recordaba mucho a él, más allá del parecido físico, incluso en la manera de vestirse.
—Oh, entiendo, sólo conocí su nombre antes, no su apellido, no es que me interese. No lo considero mi padre porque nunca me crió, ni tampoco me hizo falta, mi mamá hizo un excelente trabajo solo todo este tiempo, al menos hasta que se enamoró del papá de Tomi —contestó William, mientras el bebé se mantenía pegado a su pecho, mirando con timidez al mayor.
Wilhelm en realidad sí esperaba algún tipo de rechazo, más que nada porque su hijo ya iba a cumplir veinte años, y él nunca estuvo presente, sólo que le dolió en su ego el que hablara del padre del segundo hijo de Tom, porque ni siquiera sabía que tenía otro hijo de no ser por cómo le salió leche materna al tocarlo.
—Pero tu mamá está soltero, eso me comentó, Bill, ¿no quisieras que hablemos en la cafetería? ¿O tal vez salir de aquí para algún otro lado para el almuerzo? Yo… Sé que no te cuidé ni crié, y está más que claro que Tom hizo un excelente trabajo contigo, sólo que quiero que sepas que tienes alguien en mí, ¿está bien? Yo no he estado en Alemania por años, y ahora que sí, quisiera que escuches mi versión, y me des la oportunidad de conocerte, de que conozcas a tus abuelos, ¿no te gustaría? —interrogó Wilhelm ofreciéndole una sonrisa.
William frunció el ceño. —¿Tu versión? No necesité que mi madre me contara ninguna versión sobre ti, sólo sé lo que vi, y lo que viví, y lo que se puede sacar de eso es que abandonaste a mi madre porque salió embarazado.
Sí, William pensó que era más conveniente enojarse, no hasta sacar todo de sí, sólo para lograr alegar al escaso dolor con remordimiento que pudiera sentir Wilhelm, haciendo que su afán por buscar su perdón, para lo que sea que lo quisiera, sólo aumentara, y, en efecto, se fijó cómo es que Wilhelm ponía una expresión afectada, porque era diferente saber lo que hizo a enfrentar las consecuencias de sus actos, creyó que podía intentar que Bill sintiera algún tipo de empatía con él, pero quizá había sido tentar mucho a su suerte, no sabía lo que Tom había pasado solo, ni lo que Bill mismo había sido testigo.
—Lo admito, me equivoqué, porque errar es de humanos, hijo, pero estoy aquí ahora. Podríamos intentarlo, al menos que nos des la oportunidad de conocernos. Aparte no sabes si quizá el destino me haga regresar con tu madre —masculló Wilhelm, pensando que el bebé podría servir como un nieto qué consentir frente a sus padres, ya que no les dio la oportunidad con Bill, al menos con el otro, que no era suyo, pero no interesaba.
—No lo harás, mamá está muy enamorado del padre de Tomi, y de hecho, han hablado sobre regresar porque es el mejor hombre que ha tenido —rebatió William, para que se quitara de una vez las ideas erradas que tenía pero Wilhelm rió, ya que si lo amara tanto no lo habría negado al decir que estaba soltero y se hubieran acostado anoche, sin mencionar que el hombre de su vida era él, porque fue el primero y por eso le había removido el piso luego de tantos años sin verse. William sólo estaba sintiendo más odio por aquel imbécil, manteniéndose inexpresivo, porque él tendría que pensarlo muy bien, las formas de no dejar rastro y dónde sería más prudente hacerlo.
—Pero no hablemos sobre eso, mejor sobre nosotros, hijo, dame la oportunidad para poder conocernos, ¿no te gustaría tener mi apellido? El que te corresponde. No digo recuperar el tiempo perdido, sin embargo, conversar, al menos para saber cómo te ha ido, cuáles son tus metas, qué estás estudiando… Porque tu mamá no quiso decirme, y yo quiero saber, quiero conocerte, Bill —instó Wilhelm incluso embargado por la propia nostalgia al tenerlo frente a él.
—Vine a buscar a mi madre, no a usted, con permiso —farfulló William con fingida dignidad y siguió avanzando, pero el mayor lo alcanzó para ponerle sobre la mano su tarjeta.
—En caso quieras hacerlo, ya tienes mi número —dijo Wilhelm, y William sabía que ya había logrado su cometido con aquella acción, tenía cómo contactarlo y estaría esperando por él, luego vería lo demás, el mantener una cercanía, y cómo evitar ser un sospechoso por su desaparición.
Al momento de seguir avanzando, es que notó a Tom dentro de otro laboratorio, y el mayor empalideció al verle, pese a que estuviera usando la mascarilla lo notó en el resto de su rostro, y unos ojos que casi le gritaban un: “¿Qué haces aquí?”. Pero William estaba complacido, porque también el resto de científicos se percató cuando el mayor se quitó las prendas de seguridad y salió del laboratorio, sujetándolo por el brazo, jalándolo en silencio porque no quería hablarle en pleno corredor.
William tuvo que resistir las ganas de reírse, porque había logrado todo lo que se propuso.
—Puedes decirme, ¿qué haces aquí? —preguntó Tom afectado al ver al menor.
—Quería venir por mi auto, y de paso saludarte, ¿sabes? Tuve una bonita reunión familiar con Wilhelm, es un imbécil de primera sumamente narcisista —comentó William sonriéndole.
—¿Hablaste con Wilhelm? Will… Por favor, y trajiste a Tomi, ¿cómo entraste? —inquirió Tom con la expresión descompuesta, cómo es que había pasado todo esto, su ex había visto a Bill, aunque no era Bill en este momento, también la empresa entera había visto a Tomi, sin mencionar el innegable parecido con Wilhelm y su hijo… Tom sentía que su cabeza iba a explotar, sumándole que no había dormido nada y estaba agotado.
—Entré por la puerta, por supuesto, ¿cómo negarle el ingreso al hijo del dueño? —cuestionó William en un tono de fingida inocencia.
Tom se sujetó el puente de la nariz, ni siquiera se preguntaba cuál era el karma que estaba pagando, porque sabía bien que él mismo se había metido en aquella situación.
—Ahora saben que eres hijo mío y de Wilhelm, saben que tengo otro hijo y… Ni siquiera sabes cuándo regresará Bill, ¿no te pones a pensar qué es lo que habría sucedido si Bill lo veía? Yo… Esto está pésimo por muchas razones que no puedo ni hablar bien porque no es ni el momento ni el lugar, Will. Yo te amo, pero no puedes hacerme esto, no puedes venir a mi trabajo, no es fácil estar en mi posición, no sabes lo duro que es. Y el tema con Wilhelm… ¿Qué te dijo? Por favor dime que no le dijiste alguna estupidez, algo comprometedor, yo te dije que no era algo serio, ni siquiera hemos hablado hoy —barbotó Tom sintiéndose frustrado con su cabeza pensando a mil por segundo.
William le acarició la mejilla. —Tranquilo, mami… No me fui de boca, soy muy cuidadoso. Sólo se mantuvo en algo incómodo donde él quería venderme su jodida idea de que quiere ser parte de mi vida, y estupideces así, sólo que a mí me importa una mierda, simplemente le hablé como un hijo dolido, en lo que él está muy convencido de que regresarás con él, así que le dije que no, porque volverás con el papá de Tomi —contestó con una sonrisa torcida.
Tom soltó un suspiro de exasperación, sacando del cajón las llaves del auto de Bill y extendiéndoselas al alter. —Bien, Will, por favor, déjame trabajar, ¿está bien? Ahí están las llaves —soltó el castaño, porque sabía que aquí no podía permitirse perder el control o mostrarse frágil, o tener una inquietante cercanía con su hijo, no, incluso aunque pecara de paranoico por la culpa recorriéndole, no quería que nadie siquiera lo sospechara.
—Pero si no puedes besarme, al menos besa a Tomi, ya te dije que tienes que ser una mejor madre —demandó William, y Tom acarició la mejilla del bebé para dejarle un beso en la frente, con el pequeño mostrándole sus dientecitos al sonreír—. Listo, nos vamos. Dile adiós a mamá —pidió el alter.
—Ma-ma-ma —balbuceó Tomi mientras que imitaba el gesto del alter moviendo la manita.
Tom no pudo evitar sonreír ante ello, aunque supiera que estaba hundido hasta el cuello en el pozo de mierda que lo había metido William con su aparición, al menos el que su hijo menor le despidiera con su manito, hizo que él también lo hiciera, haciendo que sintiera por unos escasos segundos que podía haber una solución, él podría con ello, se quejaba pero luego encontraría la forma de resolverlo. Aunque sonara mejor la opción de fingir demencia, pero no… No era así de fácil.
Cuando vio al alter irse, es que se mordió el puño para no gritar del coraje, no podía atraer más la atención, muchísimo menos ahora. Sabía de la impulsividad del alter, sólo que no se imaginaba el alcance que tendría para venir hasta su trabajo. Y ahora… Esperaba no tener que hablar con Wilhelm, aunque sabía que era esperar un milagro que no lo hiciera, y más cuando ya había hablado con William fingiendo ser Bill, sin mencionar en cómo habían quedado las cosas anoche.
—Maldita sea, en qué mierda me metí —soltó para sí mismo, pero recomponiendo su expresión porque tenía que seguir trabajando pese a todo lo demás.
“Yo puedo con esto”, se alentó mentalmente, manteniendo una expresión estoica y saliendo de su oficina. No sabía cómo lo haría, pero tendría que seguir, como siempre había hecho.
Continúa…
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