Problemas familiares 23

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 23

Tom sentía cómo es que casi se le iba a reventar la vena aneurísmica por lo que estaba escuchando por teléfono.

—¡¿Perdón?! —inquirió Tom, queriendo que el terapeuta le dijera que era una maldita broma lo que le había dicho.

—Intentamos retenerlo pero se fue, ni siquiera se subió a su auto, sólo se fue caminando —repitió el doctor Köhn, que sabía que le había pedido que se quedara allí, que se fuera a lavar la cara, sólo que Bill estaba fuera de sí mismo mientras comenzaba a llorar, empujándolo tanto a él como a su secretaria para irse del consultorio, porque si bien era un muchacho muy introvertido también seguía siendo un hombre adulto de casi dos metros como para ser detenido, principalmente cuando estaba en lo que parecía un brote psicótico.

—¡¿Sólo se fue caminando?! ¿Es que ustedes son unos ineptos o por qué diablos no hicieron absolutamente nada? ¡Si no está estable es su responsabilidad mantenerlo en un sitio seguro, tratan a personas con trastornos mentales! ¡¿Qué mierda les sucede?! —reclamó Tom mientras el terapeuta sólo estaba diciéndole que Bill era un adulto, pero el castaño no quería oír más, terminó por colgarle sintiendo que echaba humo por las orejas.

—Pero, doctor Kaulitz… —quiso llamarlo uno de sus asistentes porque Tom se había puesto a un costado para contestar la llamada pero todavía tenía que seguir trabajando.

—Tengo una emergencia, no me quedaré. Arréglenselas sin mí por un día —soltó Tom furibundo, quitándose todo el equipo de seguridad para salir del laboratorio.

Al pasar por el pasillo, Wilhelm lo vio, y aunque supiera que no estaban en los mejores términos, y él mismo tuviera trabajo que hacer, decidió salir para ver qué es lo que lo tenía tan alterado.

—No estoy para soportarte, en serio, quiero buscar a mi hijo —soltó Tom exasperado.

—¿Qué? ¿Cómo se te va a perder un bebé? ¿No lo dejas con una niñera o qué? —increpó Wilhelm frunciendo el ceño y Tom lo miró con más fastidio antes de meterse a su oficina para salirse con su maleta y llaves, haciendo que el mayor comprendiera que no podía tratarse del hijo menor de su ex.—¿Le pasó algo a Bill? ¿Cómo se perdió? No es ningún niño.

—En serio, Wilhelm, déjame en paz. Tú no sabes absolutamente nada de mí ni de mi hijo. No sabes por qué es que estoy preocupado ni es de tu puto interés… —se quejó Tom porque iba a explotar si seguía haciéndole preguntas como si fuera alguien en su vida.

—Es mi hijo, claro que me importa —rebatió Wilhelm mirándolo con seriedad, aunque no tuviera sentido que se perdiera, podía haberse dado por alguna situación extraordinaria.

Tom comenzó a llamar por teléfono, esperando que Bill le contestara pero nada, todo mientras avanzaba y su ex lo seguía.

—No es tu hijo, padre no es quien dona sus espermatozoides, es también quien lo cría y tú nunca estuviste ahí, no quieras fingir que ahora te interesa cuando han pasado tantos años. Mi hijo está en pleno brote psicótico, y necesito buscarlo antes de que le pase algo —escupió las palabras Tom con los ojos inyectados en sangre, porque sentía la preocupación, el terror porque pudiera pasarle algo a su hijo en ese estado, que le hicieran daño, que él mismo se lastimara…

Wilhelm suavizó su expresión al notar el miedo en Tom, y saber que su hijo tenía un problema que evidentemente desconocía, no podía dejar de seguirlo cuando salían de K-Biotech para irse al estacionamiento.

—Tú ni siquiera estás bien para conducir, Tom. ¿Dónde está el tan perfecto padre de Tomi que ni puede acompañarte ahora que más lo necesitas? Déjame conducir y llevarte a donde sea, será de mayor utilidad a que vayas solo —arguyó Wilhelm y Tom se giró hacia él luego de abrir la puerta de su coche, observándolo con expresión furibunda.

—Vete a la mierda, Wilhelm —dijo Tom sin ganas de seguir esa discusión para meterse en su auto, cerrando la puerta con mayor fuerza de la necesaria y comenzar a salir del estacionamiento.

Wilhelm negó con la cabeza, era consciente de que estaba siendo imprudente al sólo irse, sin embargo, Bill era su hijo también y tendrían que comprenderlo, por lo que subió a la moto y siguió a Tom, aunque no quisiera.

&

Bill estaba caminando sin saber a dónde ir, lo único que conocía era su casa, pero lo dicho por el doctor Köhn era básicamente que su vida era una mentira, que sólo tenía temor a que su mamá no lo ame y en realidad nunca había decidido nada por sí mismo.

¿Lo peor? Es que tenía razón.

No podía decírselo y ceder ante él, sólo que… La pasmosa comodidad que había representado sólo seguir las órdenes de su madre porque él sabía lo que mejor le convenía y porque sólo era una prueba fehaciente de lo incapaz que era por más adulto que fuera.

“REGRESA A CASA”, escuchó una voz en su cabeza, probablemente era William, ahora no quería oírlo, porque los detestaba por hacerlo débil, por…

No, era su propia culpa. Él mismo era quien quería cogerse a su madre, quien dejaba que todos manejaran su vida, porque era un pusilánime, lo mismo que le habían repetido siempre, ¿verdad?

Cómo es que había sido durante muchos años que él siempre había oído lo mismo, que era un hijito de mami, que no podía hacer nada, que era un fenómeno, un inútil… Cómo es que por ser raro es que estaba solo, siendo la prueba de ello que no fuera por su físico, porque William se acostaba con quién quisiera sino su actitud de mierda, el que se trabara y sintiera paralizado incluso al tener sexo, básicamente siendo abusado porque no quería que lo tocaran… Que sólo sintiera excitación al pensar en su madre que siempre había sido su todo porque temiera perder su amor… Y estaba tan cagado.

Mamá siempre había hecho todo por él, pero no debía ser así, porque su cabeza también estaba haciendo que también fuera la única persona con quien pudiera… No quería ni pensarlo, no podía hacerlo… No.

Bill quería morirse no… Dejar de sentir, ¿por qué había sido manejado tanto tiempo? ¿Por qué lo permitía?

Sentía la vibración en su bolsillo, pero no quería hacerlo, sabía qué estaban llamándole, seguro era su mamá o el doctor Köhn, no quería oírlos.

Pero tenía la presión de estar desobedeciendo a su mamá… Terminó por lanzar su celular al suelo, dejando que se rompiera la pantalla mientras repiqueteaba sin parar, caminando sin rumbo hasta que vio un lugar conocido…

Un bar, alcohol… Bill siempre se había negado a beber ni drogarse, su madre le repetía muchas veces que no debía hacerlo, pero mamá no estaba para vigilarlo ni debía seguir bajo sus jodidas órdenes, ¿verdad?

Si su madre no tenía la moral para recriminárselo cuando toda la vida desde que era un niño había tomado para olvidar. ¿Por qué él debía privarse de ello incluso ahora?

Decidió ingresar a aquel bar, pidiéndole una botella de whisky, ¿por qué justamente el whisky? Era el trago preferido de su madre…

Y el regusto amargo en sus labios y lengua hicieron que Bill recordara cuando lo besó…

Tenía la cabeza tan cagada.

&

Tom estaba entrando en una crisis, porque ya ni siquiera sonaba conforme llamaba a Bill, sólo se escuchaba como si estuviera apagado y él sentía que iba a chocar en cualquier momento.

Cuando pasó por el consultorio del doctor Köhn no se bajó allí, aunque debería ir luego por el auto de su hijo, pero, ¿no debería haber podido ir muy lejos, cierto? O al menos de ellos trataba de convencerse.

&

Stefan había ingresado al bar con intención de encontrar un ligue para pasar la noche, sin embargo, reconoció la silueta que estaba sentada en la barra, haciendo que arqueara una ceja y se acercara, por más que no hubieran quedado en los mejores términos, le daba curiosidad verlo allí.

—¿Bill? —preguntó Stefan tocándolo por el hombro, porque se le veía diferente ahora que se había cortado el cabello, es como si fuera más intimidante que antes, aunque su rostro… Estaba sonrojado, y olía a alcohol.—¿Estás tomando? —inquirió sorprendido y lo vio ariscar la nariz.

—¿Qué quieres? —increpó Bill arrastrando la voz, porque el tomar al menos bajaba el volumen de las voces y también hacía que estuviera lo suficientemente aturdido como para sentirse mal, sin concentrarse no había dolor, no sobre pensaba, sólo existía.

—Mierda, sí eres tú, ¿qué haces tomando? Tú no lo hacías, ¿qué te pasó? —cuestionó Stefan sentándose a su costado.

—Crecí —respondió Bill sin querer hablar con él, no quería ni verlo, aún recordaba cómo había sido un imbécil con él y la forma en que había hablado de su mamá.

Stefan rió. —Me imagino que es porque ahora eres novio de Monika, ¿no? ¿Qué pasó? ¿Se cansó de ti y por eso estás ahogando tus penas en alcohol? No esperaba que durasen mucho tiempo.

Bill se sentía tan mareado, y era como si control de impulsos fuera aún más deficiente porque simplemente gruñó sin ganas de decirle más, no se trataba de que estuviera enamorado o no de Monika, porque no lo estaba, se trataba de que Stefan había pasado de ser un buen amigo a alguien desagradable que sólo quería molestarlo, no le había dicho que era novio de Monika, quizá ella misma lo habría hecho, sin embargo, el que estuviera implicando que él no fuera lo suficientemente bueno para que durara la relación sólo hacía que sintiera mucha rabia, porque ya se sentía de por sí del asco al tener en su cabeza el que sólo fuera un títere de su mamá y de William, con la necesidad de valerse por sí mismo, como para aparte soportar que sólo hicieran hincapié en sus inseguridades.

—Bill… Vamos, ¿qué hay de malo en que supieras que eres gay y que no te gustan las vaginas? No siempre se puede gustar de ambos —soltó Stefan y Bill sintió la garganta apretada.

—¿Monika te dijo eso? —cuestionó Bill mirando al muchacho y Stefan sonrió, porque su cizaña había hecho efecto.

—¿Qué importa? Mira, yo soy bisexual, y tengo entendido que Monika también, y tú… Bueno, si no la satisfaces o ella no lo hace contigo… —soltó Stefan con una expresión de fingida pena que sólo hizo que Bill se sintiera aún más inseguro.

Le había dicho a Monika que había sido por un abuso, y aunque sí fue tocado, se sentía tan jodidamente expuesto de que ella hubiera compartido todo esto con Stefan que sólo estaba usándolo contra él, y él ni siquiera estaba del todo consciente porque estaba en plena bruma alcohólica.

Bill necesitaba aire porque iba a explotar, así que se puso de pie para dirigirse al baño, incluso tambaleándose porque estaba muy ebrio y sentía que todo se movía… Al llegar al recinto se mojó la cara pero se fijó que la puerta se abrió y en el reflejo del espejo estaba Stefan.

—Déjame en paz —barbotó Bill porque ya estaba lo suficientemente alterado para seguir soportándolo, se había ido de la barra para no verlo ni escucharlo y era más que obvio que lo había seguido.

—Sólo vine al baño como cualquier cliente. Antes teníamos muchas contemplaciones contigo, ¿sabes? Para no presionarte, para entender que eras un chico tímido y virgen, no muy social, justificando que sólo era eso, pero en realidad tienes un lado oculto, ¿no es así? Qué supuestamente al estresarte te crees muy valiente para amenazarme sólo porque me pareció guapo tu mamá. No tengo miedo de admitir que me gustan los hombres, así sean mayores, y más si soy bisexual y tiene lo mejor de los dos mundos —farfulló Stefan y Bill apretó la mandíbula sintiendo la rabia por cómo es que se refería así de su madre nuevamente como si fuera un jodido fetiche, como si no fuera una persona, deseando hacerle… “Las mismas cosas que tú”, negó con la cabeza ante aquel pensamiento.

—¡Cállate! —gritó Bill para la voz en su cabeza, pero Stefan lo tomó como que era hacia él.

—¿Crees que te tengo miedo, Bill? ¡Chúpala! —soltó Stefan frunciendo el ceño, porque no iba a sentirse amedrentado por el contrario, por más que le ganara en altura, estaba ebrio.

—¿Eh? ¿Yo? Chúpala tú —repuso Bill, porque ni siquiera le había hablado a él, y ya no estaba en posición para fijarse lo que decía, las inhibiciones perdiéndose debido a que estaba borracho y Stefan deshizo su ceño fruncido para reírse, porque notó que Bill ni siquiera le puso efusividad al insulto, le faltaba la ira, la fuerza, la determinación, probablemente ensimismado dentro de sí mismo, y lo vio cómo es que frunció el ceño ante la burla, con la inseguridad acrecentándose dentro de sí mismo.

Stefan no podía enojarse con él, porque al final de cuentas, por más que tuvieran la misma edad, Bill caía fácilmente ante cualquier provocación porque le faltaba vivir más, había estado tan dentro de aquel claustro en su casa, y por eso es que le daba rabia que precisamente él fuera que hubiera querido aturdirlo y Monika se hubiera puesto de su lado, haciendo que ninguno fuera capaz de pedirle disculpas o algo.

Pero iba a jugar justamente con la falta de experiencia en Bill, que notaba cómo es que se había puesto por la mención de ello, haciendo que se pusiera de rodillas buscando abrirle el pantalón.

—¡¿Qué… haces?! —preguntó Bill sintiendo que se le iban a salir los ojos, y más consciente cuando estaba viendo todo borroso por el alcohol en su sistema.

—Obedecerte, ¿no? ¿O no era una invitación? —inquirió Stefan viéndolo a través de sus propios lentes, al momento de tocarlo por encima de su bóxers al haberle abierto la bragueta, y Bill sintió nuevamente el nudo en la garganta, esa sensación de que él no estaba en control, de que nunca iba a estarlo, porque había sido lo mismo con Monika, él no estuvo de acuerdo, sólo era por cumplir, sólo que aquí… Mientras el muchacho sacaba su miembro dormido, tenía los flashes de cómo su pene era motivo de burlas, y ese miedo acuciante se sembró dentro suyo, el pánico de ser tocado volvió a él.

—No… ¡NO! —soltó Bill comenzando a llorar pero buscando sujetarle el cabello para alejarlo de él, no se le iba a parar, no así… No…

“William…”, se sentía débil por llamarlo, pero era peor quedarse así, cuando sentía la jodida boca de Stefan chuparlo, y no quería, no se ponía erecto, ¡porque no lo quería!

“William…”

“William…”

“William…”

Stefan sólo fue consciente de cómo Bill lo separó de un puñetazo haciendo que se cayera sobre su espalda impactando contra el suelo.

—¿Qué te pasa, imbécil? ¡Te estaba haciendo un favor! —expuso Stefan sobándose la cabeza al momento de ver cómo “Bill” se cerraba el cierre y lo veía.

—¿Quién te enseñó a chuparla? ¿Tu papá? —interrogó William burlesco, porque ya le tenía muchísimas ganas de golpear desde antes, sólo le había dado el motivo perfecto al poder volver por él.—Pues déjame decirte un secreto, maldito violador de mierda… Primero, no es no —acotó el alter sonriéndole hasta situarse encima de él, sujetándolo de la camiseta e inclinándose hasta llegar sobre su oído—. Y segundo, mi mamá la chupa mejor —terminó por decir antes morderle el lóbulo de la oreja, con el muchacho retorciéndose de dolor, buscando empujarlo pero sin poder lograrlo.

Tuvieron que sacar entre dos de los guardias de seguridad a William de encima de Stefan, y el alter lo veía con una sonrisa ensangrentada.

—¡Maldito psicópata! —masculló Stefan temblando de dolor y pánico y William sólo escupió el trozo de su oreja.

—Fue en defensa propia —dijo William—. ¿O sólo tú podías meterte algo a la boca, hijo de perra? —cuestionó el alter, porque sabía que Bill lo había llamado hasta que su mente colapsó por lo que estaba pasándole.

&

Tom estaba desesperándose, ¿cómo es que no había ninguna señal de su hijo? Si se supone que se había ido caminando. Cuando notó la moto a la altura de su ventanilla, reconociendo la figura es que se exasperó más, porque le hacía señas para que se detuviera.

—¡CARAJO, WILHELM, DÉJAME EN PAZ! —soltó Tom bajando la ventanilla.

—Me llamaron de la estación de policía, detuvieron a nuestro hijo —respondió Wilhelm, y Tom frenó en seco, sintiendo que se le iba el aire al momento de percibir el tirón sobre su torso, viéndolo incrédulo.

—¿Qué? —preguntó Tom sin poder creerlo, no tenía sentido.

—Sí, no tenía teléfono, y sólo mi tarjeta de presentación con él. Vamos —farfulló Wilhelm, haciendo que Tom se sintiera perdido, con muchas preguntas en su cabeza, pero su prioridad era su hijo.

—¿Cuál de todas las estaciones? —cuestionó Tom, con Wilhelm dándole las indicaciones para seguirlo.

¿Cómo era posible que su hijo hubiera sido detenido por la policía? ¿Qué habría podido hacer él? No, seguro habría sido William, pero su Will, ¿por qué? Es decir, sí sabía que era un psicópata, sólo que él no era así de descuidado, no habría expuesto a Bill a una situación así, sólo tenía temor, Bill había tenido una crisis, se había ido del consultorio, o… ¿Y si Bill sí había hecho algo? Había sido capaz de responderle durante sus arranques impulsivos, pero era diferente contestar a cometer un crimen, Tom no podía estar tranquilo, sólo estaba más ansioso conforme se acercaban.

Al momento de llegar, es que el oficial los observó. —No sé qué es lo que pasó con su hijo, técnicamente deberíamos procesarlo como adulto, porque hay una denuncia por lesión grave, sólo que… Su hijo alegó que fue por legítima defensa, al momento de que el médico legista le tomó los signos vitales pero no estaba alterado, su frecuencia cardíaca estaba normal, cuando se supone que se altera por los niveles de cortisol. Él estaba muy tranquilo para encajar con el perfil de una víctima que agredió en defensa propia. Sólo que después de eso se quedó en una esquina abrazándose a sí mismo, muy distinto a cómo lo encontramos en el bar.

—Pero, ¿qué es lo que pasó? —preguntó Tom sin entender nada.

—¿Quién de ustedes es el padre? —increpó el oficial viéndolos a ambos hombres.

—Ambos somos los padres —respondió Wilhelm, y Tom lo miró enojado.

—No, legalmente no lo eres, sólo te llamaron porque mi hijo está sin teléfono y asumieron que eras el contacto de emergencia —arguyó Tom que ya sentía que iba explotarle de cabeza por toda la presión que tenía sobre él.

—Sólo… Vengan ambos por favor —repuso el oficial, guiándolos hacia dentro de la estación, en dirección del médico que los miró.

—Buenas tardes, mi nombre es el doctor Hoffman. Su hijo Bill Kaulitz, definitivamente tiene algún tema, por lo que podrían alegar que no está estable mentalmente como para ser procesado —expuso el doctor.

—Buenas tardes, ¿qué es lo que pasó? Sí, mi hijo tiene un diagnóstico, ¡pero nadie me está diciendo de qué denuncia hablan! —masculló Tom desesperado y Wilhelm le puso la mano en la espalda.

—Tom, no sirve de nada que grites —le buscó tranquilizar Wilhelm, pero eso sólo lo hacía peor, y lo observó—. ¿Cuál ha sido la denuncia?

—Lesión grave, le arrancó un pedazo de oreja a otro joven dentro del baño de un bar —explicó el doctor observándolos.

Tom ya sentía que esto parecía algún tipo de burla. —No, mi hijo no ha podido hacer eso, ¡él sería incapaz! —repuso el castaño sintiendo cómo es que estaba temblando de la frustración, tendría que llamar a sus abogados ya mismo.

—Mencionaron que no procedería por autodefensa por el tema de sus signos vitales —exclamó Wilhelm con mayor calma.

—Sí, su frecuencia cardiaca se mantenía estable como para haber sido víctima de algún trauma, se esperaría al menos se elevara un poco por el cortisol —respondió el doctor—. Sin embargo, por cómo es que está ahora, y cómo están diciéndonos que ya posee un trastorno, podría enfocarse en ello.

—Pero, ¿trauma de qué? ¿Víctima de qué? ¿Qué le hicieron a mi hijo para que reaccionara así? ¡Y exijo verlo ahora mismo! —pidió Tom apretando los puños.

—Alegó que fue forzado a tener sexo oral en el baño —respondió el doctor Hoffman—. Pero el que denunció repuso que fue algo consensuado, y que Bill enloqueció. Testigos mencionaron que se fueron juntos al baño porque conversaban en la barra.

—Es obvio que es mentira, mi hijo no tiene sexo casual. ¡Ese maldito debería ser el que esté siendo denunciado! —reclamó Tom con su sien latiéndole, no podía creer que estuvieran acusando de aquello a su hijo, porque no sólo era por William, era el tema de que él tenía su novia, con quien de por sí había tenido un evento traumático por haber sido forzado, obligándose él mismo, a tener sexo con ella para olvidarse su supuesta enfermedad al fantasear con él, como para creer que ahora estaba buscando tener sexo en la calle, no.

Bill no podía hacerlo, le costaba mucho, y ahora sólo quería verlo, porque seguro estaba asustado…

—Necesito ver a mi hijo —exigió Tom, sintiendo una presión en su pecho, porque incluso aunque quisiera encargarse de la denuncia, que iba a hacerlo llamando a sus abogados, debía ver a Bill, ni siquiera quería cuestionarle nada, sólo que habían dicho que estaba abrazado a sí mismo, en su propia crisis, y él de por sí estaba preocupado con que se hubiera ido del consultorio del doctor Köhn como para saber que ahora estaba así, debía verlo, abrazarlo y decirle que todo estaría bien, porque él lo solucionaría todo como siempre había sido.

Wilhelm estaba observando la situación completa, cómo es que realmente no sabía absolutamente nada de su hijo, cómo es que supo por Tom mismo que le compraba condones que tenía una vida sexualmente activa, sin extrañarse sobre la idea de tener sexo casual, ahora sabiendo que era homosexual o lo que fuera, pero que había sido capaz de arrancarle un pedazo de oreja al supuesto abusador. Lo dejaba pensando cómo es que ni siquiera después de aquel evento su frecuencia cardiaca se le hubiera alterado, si hasta se le veía como un joven supuestamente normal al momento de conocerlo, sin embargo, no, habían muchas cosas que no sabía de su hijo y de… Cómo es que notaba cómo Tom lo sobreprotegía como si fuera un niño, porque era entendible que se preocupara, hasta él mismo lo estaba, pero Tom no, era como si realmente no pudiera ver más allá, cuestionándose el panorama completo.

Cómo los dejaron ingresar a la sala de interrogatorios donde vio cómo su hijo estaba sentado abrazándose a sí mismo con el rostro mojado por el llanto, y Tom se puso de rodillas para abrazarlo, haciendo que el menor apoyara su rostro contra el cuello de su madre.

—Ya pasó, mi amor, ya estoy aquí, mamá está aquí —buscó calmarlo Tom, acariciándole el cabello, y apretándolo más contra su cuerpo, en lo que Bill convulsionaba por el llanto.

No pudo hablarle a William, sólo su cabeza regresó cuando estaba en pleno interrogatorio y él no comprendió nada, teniendo el sabor a óxido en su boca, cuando empezaron a repetirle las preguntas, es que se paralizó y quedó así, pero… Ahora tenía a su madre, incluso aunque el doctor Köhn dijera lo que fuera de él, Bill sabía que no podía dejarlo, no podía pensar mal de él, no… Porque había calma en los brazos de su madre, en sentir su aroma contra su nariz, porque sólo con Tom se sentía así de completo, porque en esos momentos paralizantes y horrendos, sólo podía pensar en su mamá y la calma que le traía sentirlo. No interesaba lo demás.

Wilhelm se quedó siendo testigo de la escena que tenía frente a él, porque claro, podía tener sentido el que su hijo fuera una víctima, sólo que… Había algo que no le encajaba, que no terminaba de comprender, algo que le daba una sensación amarga dentro suyo. ¿Quizá era porque él, al final de cuentas, era ajeno a la dinámica familiar? Prácticamente un extraño, ¿o tal vez porque él no era su madre? ¿O por qué sus padres nunca fueron así con él? Habían muchas preguntas que pasaban en su mente, sólo que también lo vio como una oportunidad de ser un apoyo más. Quizá precisamente era lo que necesitaban ambos, el tener la oportunidad de conocerse por un evento terrible donde alguien le ofrece una mano amiga, ¿verdad?

—Hijo, hola, ¿no quieres contarnos qué es lo que pasó? —preguntó Wilhelm y Bill se giró, viéndolo extrañado.

—¿Usted…? —vocalizó viéndolo con confusión.

—Soy tu padre, te lo dije en K-Biotech, te di mi tarjeta, por eso es que pudimos venir, porque perdiste tu teléfono y tenías mi contacto —respondió Wilhelm.

—Yo no lo conozco, no… —contestó Bill aún aturdido.

—William —susurró Tom contra el oído de su hijo, fue muy tenue pero Wilhelm leyó los labios del castaño y notó cómo es que su hijo cambiaba su semblante.

—Ah, esa vez —soltó Bill dubitativo, con Tom sacando un pañuelo para que su hijo se secara.

—¿Quién es William? —interrogó Wilhelm observándolos a ambos, quienes se vieron entre sí.

Continúa…

Pues… William metió a Bill en problemas, pero fue más bien por salvarlo, Stefan nunca me cayó bien, y demostró su verdadera cara, lleno de envidia y capaz de lastimar aprovechándose de que Bill estaba en un momento frágil, y no, nada de lo que dijo de Monika fue por ella, él mismo estaba tentando para darle en las inseguridades a Bill, sólo que William salió al rescate aunque tampoco de la mejor manera, y… No pudo mantenerse, por eso Bill regresó alterado y ahora Wilhelm sabe de William, ¿qué pasará? Cuéntenme sus opiniones en comentarios, favor 🙂

por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “Problemas familiares 23”
    1. Qué bueno que sí terminaras la primera temporada para leerte esta, ya está subido hasta el capítulo 32, espero te animes a comentar más seguido. Es normal que estés nerviosa dado que Wilhelm no debería saber quién es William. Gracias por comentar

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