Problemas familiares 29

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 29

La semana se pasó casi rápidamente porque Bill estaba prácticamente encerrado en su habitación la mayor parte del tiempo porque el proyecto final justamente lo tenía que entregar pronto, y él quería que todos los detalles quedaran listos, así fuera un Vertical Slice, es decir, sólo un nivel de un videojuego sin terminar, Bill había estado con el párpado temblando porque había luchado tres días con los vectores de fuerza, ajustando cada código de salto, para que el impulso y la gravedad no se sienta tan pesado sino se viera natural, con mayor realismo, porque no quería quedar mal con el profesor, que pese a todos los inconvenientes que había tenido en la universidad por el tema de Stefan y el acoso, ellos se habían mantenido al margen, pidiéndole que demostrara que realmente él estaba en la universidad para estudiar y no para esos problemas.

Entonces no sólo estaba su propio perfeccionismo en el asunto, sino que tenía que agradecerles la confianza depositada en él, demostrando que sí, que era muy bueno en lo que hacía, pese a todo lo demás, y Bill lo sabía, que el día de la presentación sería difícil porque sería tener que estar con en videollamada con todos, porque era el proyecto del final de curso, a doble pantalla, teniendo que enviar el repositorio del código en GitHub, también el enlace de descarga, y explicarles paso a paso de la lógica detrás mientras lo ejecutaba.

Y que no sólo estarían los profesores, sabían que estarían sus compañeros con cámaras apagadas, y sí, eso incluiría a Stefan, Monika y el resto que había podido creer toda la mierda que había soltado su acosador, entonces Bill, incluso sin estar durmiendo por tres días, se sentía muy satisfecho cuando por fin había logrado todo…

Valió la pena todo el esfuerzo para su “bebé”, porque sí “Out of bounds” era en definitiva su hijo, lo cual le recordaba las palabras de su padre, pero decidió apagar esa vocecilla incesante en su cabeza, no, ahora no, luego podría pensar en buscar trabajo a distancia, ahora tenía que dormir, ya feliz porque mañana era su cumpleaños y luego sería la presentación de su trabajo final, así que tenía todo bajo control.

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A Tom no le gustaba la idea de tener que comprar un pastel selva negra congelado, pero tampoco quería irrespetar la decisión de su hijo, como su cumpleaños caía domingo, estarían solos, así que él se levantó temprano para ir al supermercado, llevándose consigo a Tomi, más que nada porque sabía que su hijo se la había pasado recluido por sus estudios y no quería que se despertara espantado por el llanto de su hijo menor.

Tomi estaba dentro del fular, mientras que Tom avanzaba directamente hacia la zona de pasteles, encontrando el que necesitaba, y llevándoselo consigo hasta ir a la caja, pagarlo y salir, metiéndose nuevamente al auto, acomodando al pequeño en su sillita mientras bostezaba.

—Ya, mi amor, toma a Rexi ok —le habló Tom a su hijo menor, extendiéndole el peluche de dinosaurio y Tomi lo sujetó, manteniéndose entretenido con el peluche, lo cual Tom agradeció, poniéndose a conducir de regreso a casa, suponía que como había agarrado a Tomi semi dormido, por eso no había representado molestia alguna.

Pero aún tenía que hacer las cosas para tener el desayuno listo y dejar fuera el pastel para que estuviera a temperatura ambiente.

—Mama yummy yummy —balbuceó Tomi y Tom suspiró.

—Sí, mi amor, espera un poco —pidió Tom, esperando detenerse en el semáforo, para sacar el biberón de la pañalera y extendérselo al bebé, quien lo sujetó y comenzó a beberlo. Le tocaba en sí comer no leche, pero ya llegarían dentro de poco al menos, y la leche podía engañarle a su estómago temporalmente.

Al estacionarse en su cochera, es que se puso con cuidado el fular llevando a Tomi, y una vez estuvo bien acomodado, cargó la caja con el pastel para ingresar a su domicilio, con el bebé quejándose porque no lo habían hecho eructar, pero ya dentro lo haría.

Al pasar dejó el pastel en la mesa, cargando al pequeño, poniendo la toalla en su hombro mientras lo hacía eructar sobre él con su masaje en su espalda, y después ponerlo en el pequeño corral que tenía, más que nada para evitar que se quemara o algo porque iba a cocinar el desayuno.

Aunque de todas formas, para Tomi el corral no era un límite, ya que había aprendido a salirse de él, pero prefirió quedarse jugando con sus cubos, sólo por ese momento.

Tom estaba lavándose las manos para ponerse a hacer el desayuno, mirando de reojo el reloj, estaba pensando si dejar dormir más tiempo a su hijo o quizá despertarlo con desayuno en la cama, más que nada porque no vio que estuviera comiendo bien los días anteriores, y quería asegurarse de que tuviera algo en estómago para que no se enfermara, y… Al terminar de hacer el desayuno, es que pensó que era mejor llevárselo a la cama, y comer juntos, como cuando Bill era un niño y tenían que hacerlo mayormente así.

Preparó todo en una bandeja para tomarla y dirigirse hacia el cuarto de su hijo, abriendo la puerta, sin notar que Tomi por el olor agradable del desayuno, y también reconociendo la habitación de Bill, es que se había salido de su corral, entrando antes de que Tom pusiera un pie dentro.

“Este niño es una bala”, pensó Tom, observando cómo el bebé avanzaba hasta la cama de Bill, trepándose para subirse encima de él, era algo peligroso, la verdad, pero al menos Tom estaba ahí en caso pasara algo, por lo que terminó por sentarse en la cama con la bandeja mientras que Tomi estaba llenando de besos la cara de su hijo mayor, quien entreabrió los ojos sujetando al pequeño por inercia.

—Tomi, ¿qué haces aquí, bebé? —preguntó Bill preocupado por cómo se había subido su hermanito.

—Está muy curioso aprendiendo a trepar, no sé cómo se salió del corral. Pero, feliz cumpleaños, mi amorcito —farfulló Tom, y Bill se sentó en la cama, con el bebé en su regazo, observando a su mamá que tenía una bandeja con el desayuno, haciendo que él sonriera al verlo.

—Gracias, mami, y gracias por el saludito, Tomi —le habló Bill al pequeño, dándole un beso sobre su frente—. Voy a lavarme para venir a comer con ustedes, ¿está bien? —dijo el pelinegro y se puso de pie.

Tom dejó la bandeja pero sujetó a Tomi que quería lanzarse al suelo por seguirlo. —No, mi amorcito, más bien, vamos a lavarte las manos —masculló el castaño sujetando a su hijo que estaba removiéndose queriendo seguir a Bill que se había metido en el baño de su habitación.

Tom fue al baño principal a lavarle las manos a Tomi, por si se le antojaba comer algo, pudiera hacerlo con las manitas limpias porque estaba en la etapa de experimentar agarrando todo.

Regresó al cuarto de su hijo y lo vio sentado en la cama, sirviendo jugo para ambos. Al momento de sentarse con Tomi, el bebé dejó su regazo para gatear en dirección a Bill.

—Creo que te ha extrañado mucho esta semana por estar encerrado —comentó Tom.

—Lo siento, Tomi, es que estoy estudiando para trabajar y comprarte cosas más adelante, con mi propio dinero, o llevarte a donde quieras, ¿está bien? —farfulló Bill al bebé, dándole un beso en su mejilla, escuchándolo reír, y él sonriendo al verlo.

Tom suspiró, pensando en lo lindos que se veían, pero también extrañando tanto a William, porque no lo veía desde su aparición en el cumpleaños de Tomi, su hijo ahora tenía veinte años, y había empezado su relación con William cuando tenía dieciocho, hacia dos años, y aún así había sido más establecido de lo que había poseído con Wilhelm, porque William esperó su consentimiento para hacérselo, luego se volvieron novios, posteriormente esposos hasta tener un bebé dentro de aquel matrimonio retorcido y simbólico. ¿Esto sería algún tipo de cumpleaños también para William? Se imaginaba que sí, que porque compartían cuerpo, también lo sería.

—¿No vas a comer, mamá? —preguntó Bill, sacándolo de su ensoñación.

—Sí, perdón, hijo —respondió Tom, comenzando a picar un poco del desayuno, observando cómo Bill le daba un poco en la boca a Tomi, teniendo mucho cuidado de desmenuzar todo para que no se atorara, ni darle todo tampoco, porque habían algunas cosas que el menor aún no podía comer. Bill siendo tan buen padre sin saber que lo era.

—Mamá… He pensado en buscar trabajo, es decir, no salir, sino que hay opciones para trabajar a distancia, podría ver algunas —farfulló Bill.

—¿Sí, hijo? Es decir, no me niego a que quieras hacerlo, sólo me causa curiosidad, ¿no estás bien con la tarjeta de crédito? ¿No tiene suficientes fondos? —inquirió Tom con curiosidad.

—No, no es eso, en realidad sólo quiero trabajar para sentirme… Útil —dijo Bill, y Tom arqueó una ceja.

—¿Por qué dices eso, hijo? Tu trabajo ahora es estudiar tu carrera, no tienes necesidad de trabajar porque yo soy quien lo hace, eso no te hace inútil —repuso Tom, porque sabía que si bien él había tenido que trabajar al momento de estudiar había sido porque trabajaba para la universidad, y porque tenía que mantenerlos a ambos, por una necesidad, una experiencia que no quería que su hijo tuviera que pasar nunca.

—Es sólo por mí mismo, mamá, tampoco sería algo a tiempo completo, no puedo por mis clases, sólo sería algo a medio tiempo, o por horas quizá, he visto algunas opciones que son para universitarios, más que algo por generar ingresos, es para sentirme mejor conmigo —aclaró Bill, no quería entrar en detalles que era precisamente por la inseguridad que había instalado su padre en él, no cuando su madre se lo había advertido, y sería darle más estrés del que ya tenía por ese tema o cómo lo vio regresar cabizbajo.

Tom lo comprendía, aunque no era lo que él quisiera, entendía que era parte del crecer el querer superarse e independizarse para sentirse realizado no sólo en lo profesional, que ya iba forjando con su carrera, sino también en lo económico.

—Está bien, hijo, pero que no interrumpa tus estudios, ¿ok? Esa debe ser tu prioridad —advirtió Tom y Bill asintió.

—Sí, mamá no te preocupes, primero mi carrera —le aseguró Bill—, y gracias por el desayuno, fue una linda forma de despertar, con amor de mi familia y una rica comida —agregó el muchacho y Tom le acarició la mejilla.

—Ya compré tu pastel, mi amorcito, ahora que terminemos de comer, voy a comenzar a preparar todo para cocinar el almuerzo, ¿está bien? Sólo que mantente con Tomi porque su forma de trepar me da miedo que se lastime precisamente por no entender de límites —musitó Tom, ya que podía haberse lastimado subiendo a la cama o saliéndose del corralito.

—Está bien, mamá, sí, me haré cargo de este bebé travieso —farfulló Bill en un falso tono de reproche mirando a Tomi para hacerle cosquillas en su pancita y el bebé reía feliz.

Terminaron de comer en calma, hasta que Tom se llevó la bandeja a la cocina, esperando que realmente a Wilhelm no se le ocurriera ni aparecerse allí, porque no quería que arruinara el día especial de su hijo.

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Bill decidió arreglarse en su cuarto, cerrando la puerta para evitar que Tomi se fuera pero él también quedándose un rato dentro del baño para bañarse y cambiarse, luego teniendo que abrirlo porque Tomi estaba haciendo pucheros  luego de tocar varias veces la puerta pidiendo entrar.

—Perdón, Tomi, ahora me arreglaré contigo, ¿está bien? —le habló Bill cargando al pequeño hacia la cama, mientras sacaba su neceser de maquillaje, viéndose en el espejo.

Tomi estaba sujetando algunas brochas sin entender su función pero imitando lo que hacía Bill al maquillarse, y el mayor sólo sonreía ante ello por lo tierno que se veía su hermanito.

—Tal vez podría maquillarte cuando seas mayor, ¿sabes? Pero aún estás muy pequeño. Lo que hago ahora es ponerme sombra en los ojos y delineador —explicó Bill, fuera de que el bebé apenas soltará alguna que otra palabra, más era porque sabía la importancia de comunicarse con él, para que Tomi mismo fuera entendiendo más del lenguaje.

Tomi lo miraba con atención, y manteniendo como un juguete la brocha.

Bill al verse en el reflejo es que pensaba en William, y cómo no habían podido arreglar las cosas.

“Sé que no puedes hablar como antes, pero quería decirte que lo siento mucho. No fui justo al recriminarte lo que hacías cuando siempre has sido quien ha estado allí para mí, buscando las formas de ayudarme como sea. Mi padre en realidad es una persona que no entiende mediante el diálogo, y fue algo controlado lo que hiciste sin la intención de lastimarlo de verdad como dijo mi mamá, así que no merecías que te tratara de esa forma. Hoy es nuestro cumpleaños, y siempre la hemos pasado juntos, sólo que en esta ocasión no y eso me duele muchísimo, ojalá estuvieras aquí”, confesó Bill en su fuero interno porque sabía que William si bien no podría responderle, al menos sí lo oiría.

“Feliz cumpleaños, Billy”, escuchó Bill esa voz distorsionada en su cabeza y sonrió, esa forma de llamarlo por su nombre en diminutivo, junto con felicitarlo era porque lo perdonaba.

“Feliz cumpleaños compartido, Will”, le respondió Bill, porque al menos estaban bien.

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Tom al momento del almuerzo, es que miraba cómo su hijo comía gustoso.

—Me da gusto que estés comiendo bien, Bill, porque casi no te estabas comiendo esta semana, más que chucherías o sándwiches, y ahora por fin comida de verdad, no olvides tomar agua también, hijo, porque podrías deshidratarte —mencionó Tom, en lo que Tomi estaba comiendo y haciéndose un desastre encima, pero con el castaño supervisando.

—Lo sé, mamá, sí he estado bebiendo agua, sólo que llevaba un tomatodo. Es que es muy importante por ser mi proyecto del fin de curso, pero ya terminé, sólo me queda hacer la presentación —relató Bill para no preocupar a su mamá, porque sí, estaba comiendo rico y con gusto precisamente porque comió pura porquería en la semana así que tenía hambre acumulada que bajó un poco con su desayuno y ahora mucho más con su comida favorita.

—Sí, claro, Billy, siempre te he pedido que seas responsable con tus estudios, y me da gusto que te esfuerces tanto para ser el mejor. Y… Ya que estás terminando de comer, te daré tu regalo —farfulló Tom con una sonrisa, poniéndose de pie para ir por una caja de regalo que le extendió en dirección a su hijo, que le sonrió, quitando el papel de regalo, dándose cuenta que era unas gafas de realidad virtual (PCVR) de gama ultra.

—Wow, son los Pimax Crystal Super, mamá… Son carísimos —soltó Bill aunque feliz por tenerlos.

—Sí, pero te servirá tanto para tu carrera para que te asegures de que estén bien los gráficos, y también para que juegues, así que supongo que valió la pena pagarlo, porque te mereces todo, mi amorcito —dijo Tom que la verdad no era el más adepto a la tecnología en lo que respectaba para la carrera de su hijo, pero se asesoró para poder comprarle lo mejor.

Bill se puso de pie para abrazar a su mamá, porque realmente no era el tipo de cosas que habría comprado con la extensión de tarjeta de crédito, y su mamá sólo había hecho el gasto pensando en él, haciendo que se sintiera especial y valorado. —Gracias, mami, te amo mucho —farfulló para darle un beso en la mejilla a lo que Tom le sonrió.

—También te amo, mi amorcito —correspondió Tom, en lo que se escuchaba el sonido de un plato al caerse, haciendo que se separasen y vieran que había sido Tomi, pero no se cayó, él lo lanzó, frunciendo el ceño y alzando los brazos para ser cargado.

Bill se acercó, limpiándole con cuidado el rostro para luego cargarlo un momento. —No te quieres sentir excluido, ¿verdad? Pero no te preocupes, Tomi, tanto mami como yo te amamos —le habló el mayor, dándole un beso en la mejilla.

Después Tom dejó los platos en el lavadero, porque luego se encargaría de eso, y ponía el pastel en la mesa, ubicando las velas encima y el de encendedor.

Bill se puso frente al pastel con ahora las velas encendidas, en lo que Tom le cantaba el cumpleaños feliz, aplaudiendo, con Tomi balbuceando intentando hacer sonidos similares, mientras también aplaudía, haciendo que Bill se sintiera muy feliz por tenerlos con él, después de tanto estrés, tanto por lo de su padre como los estudios, al menos tenía un remanso de paz.

—Pide tu deseo, mi amor y sopla las velas —instó Tom.

“Qué todos nos quedemos juntos y felices por siempre”, deseó Bill antes de apagar las velas.

El día parecía tan tranquilo al momento de ponerse a comer el pastel, era temprano aún, había sido más bien un almuerzo, pero no les interesaba tener un horario como tal en aquel instante, sólo importaba disfrutar el estar juntos en familia en una fecha especial, eso hizo que Bill recordara que tenía que revisar su celular, encendiéndolo y fijándose que tenía llamadas perdidas de Brit, leyendo sus mensajes de que intentó saludarlo pero que suponía que estaba ocupado pero le deseaba un feliz cumpleaños, con Bill respondiéndole que muchas gracias, era bonito recibir un saludo que no fuera por alguna página a la que se había inscrito por sus juegos o estudios.

Luego revisó que tenía un mensaje de su padre, y tragó saliva, porque no esperaba que él le hablara, aunque quizá era porque quería saludarlo por su cumpleaños, sólo que tenía miedo de abrir la conversación, pero terminó por hacerlo, tal vez era mejor que no tuviera una predisposición a algo, sino darle una oportunidad a su padre, por la fecha podría ser que quisiera que arreglen las cosas.

“Feliz cumpleaños, hijo. Te mando este mensaje con miedo de cómo vayas a reaccionar, ya que siempre malinterpretas todo lo que digo y me haces ver como el malo, debe ser porque tu madre también te envenenó el corazón. Yo ya te perdoné por todo el daño que me has hecho. Sólo pido como regalo para ti que el tiempo me dé la razón, mejores y entiendas que tienes un padre que te ama, y al que estás negándole la oportunidad de ser feliz”, decía el mensaje que hizo temblar a Bill, tensando su mandíbula y haciendo que apretara el teléfono.

Sabía que era una mentira, que su padre estaba poniéndose como una víctima, haciendo que todo se tratara de él, culpándolo por lo que había pasado, y… Bill sentía tanta frustración, no podía ni siquiera defenderse por mensaje, ¿qué cosa podría decirle? Era una mentira destructiva y malintencionada por donde se le viera.

—¿Bill, hijo? ¿Estás bien? —lo llamó Tom notando cómo había cambiado su semblante de sonreír feliz a poner una expresión de frustración que casi parecía que podría llorar.

Pero luego Bill deshizo la expresión conflictuada para sólo mostrar… Nada, parpadeó, se sujetó el cabello, echándolo para atrás y miró a Tom, ofreciéndole una sonrisa.

—Al parecer Wilhelm le dio un mensaje de cumpleaños tan “cariñoso” que hizo que Bill entrara en un cortocircuito por el estrés, y por eso estoy aquí, mi amor —farfulló William, haciendo comillas con los dedos al decir “cariñoso” en evidente ironía, sintiendo en realidad mucha rabia por el comportamiento nocivo del ex de Tom.

Tom frunció el ceño. —¿Qué cosa le dijo?

—La trampa de la culpa, humillándolo, dándoselas de buenito y haciendo ver qué Bill es el monstruo —explicó William, mostrándole el mensaje.

Tom se enojó más al leer lo que le había escrito su ex, cómo se las arreglaba para arruinarle el día a su hijo, incluso aunque no viniera presencialmente.

—Claro, yo le envenené el corazón, y sí, Wilhelm es la pobre víctima… Es un idiota de primera. ¿Qué es lo que pasó en esa reunión? Sólo sé que salió mal, ¿pero qué fue tan malo que hizo que Bill regresara sin ni siquiera querer comer? —interrogó Tom, en lo que William se ponía de pie, dándole un beso y luego cargar a Tomi.

—Te extrañé, mi precioso —farfulló William para darle un beso sonoro en su mejilla, haciendo que Tom viera el contraste en el trato tosco del alter pero muy afectuoso, y como Tomi igualmente le correspondía—. Y también a ti, mi amada milf, ¿no me vas a felicitar? También cumplo años hoy, eh, espero que tengas bien envuelto ese regalo —acotó con un movimiento de cejas insinuante.

Tom se rió por más que fuera un tonto grosero con sus comentarios vulgares al decirle milf que significaba “Madre Que Me Cogería”, y él lo era, en más de un sentido, y también la referencia a sexo como regalo, que realmente no había comprado nada para el alter porque no sabía si vendría, más allá de desearlo.

—Eso veremos después, no me has respondido, William —comentó Tom en tono serio.

—Uy, sí, mami, he sido un chico malo… —soltó William en tono juguetón.—Cómo me prende cuando te pones así, pero ya. Pura mierda, Bill intentó disculparse, sí lo hizo en realidad, explicándole que salí en su defensa porque se sintió amenazado, y Wilhelm fingió que no hizo nada malo, que no le dan la oportunidad y esa misma basura que repite siempre, de que quiere ser padre de Tomi, que lo siente suyo, Bill ahí es que quiso decirle que a Tomi no le faltaba un padre, en referencia a él mismo, es decir, biológicamente lo es, pero él se refiere más por cómo lo ha cuidado desde el inicio, Wilhelm le dijo que era un fracasado en resumidas cuentas como para ser padre de alguien, por su trastorno, que estudie a distancia y que no trabaja, y él se sintió insuficiente por eso quiere trabajar —terminó de contar el alter para seguir jugando con Tomi en su regazo.

Tom sintió que le tembló el párpado del ojo izquierdo al haber escuchado lo que pasó, con razón Bill quería trabajar, y estaba bien si se sentiría bien con ello, pero el motivo detrás era lo que le daba furia.

—Es que no puedo creer lo miserable que ese hombre y cómo pareciera que realmente no le recorre sangre en la cara, primero en el cumpleaños de Tom, y luego en el de Bill, no se pone a pensar ni un poco en las repercusiones de su palabras —arguyó Tom.

—No, en realidad sí se pone a pensarlo muy bien, quiere seguir haciendo que Bill se sienta culpable, viéndose como el monstruo, y al final él la pobre víctima, porque de esa forma podrá apelar a que Bill termine por ceder bajo la presión, y así, él estar en control de nuevo. Entonces lo sabe muy bien, piensa de forma calculada cada acción que comete, por lo mismo es que se ha esperado hoy para enviarle un mensaje, manteniéndose en silencio, completamente herido porque Bill le puso límites al darse su lugar e irse —relató William, porque no podía pensar que sólo había sido un mensaje al azar, no, desmerecer al enemigo era un error común, y Tom lo hablaba desde el enojo, cuando él sí entendía el plan de Wilhelm, porque lo veía desde afuera, sin sentimientos de por medio.

Tom lo miró indignado analizando que tenía sentido lo que decía William.

—Pero entonces tengo que decírselo a Bill —acotó Tom.

—No, porque Bill se enoja cada vez que le recriminas las cosas que te cuento sobre él, es por lo mismo de buscar su independencia y sentirse útil, si afianzamos la idea de que estamos buscando controlarlo como un niño, sólo será peor. Debes guardarlo para ti, y dejarlo que aprenda, ya te lo mencioné antes, Wilhelm lo va a arruinar, a veces es tan jodidamente evidente que sólo me provoca lástima por lo patético que es. Bill tiene que aprender, si quiere independencia, también significa que entienda que de lo que uno quiere prevenirlo desde el afecto, que él sólo considera  una “forma de manejarlo”, pero el dolor también enseña, y Bill mismo se terminará por desencantar. Sólo dale tiempo —expresó William con frialdad, porque en realidad quería que Bill estuviera cerca de Wilhelm, que conociera a sus abuelos, que supiera todo lo necesario sobre ellos, que fuera visto, porque sabía que Wilhelm nunca volvería a estar con Tom como hombre, pero Bill tampoco tendría la oportunidad de tener una relación con sus abuelos Kaulitz, y esa recriminación interna sobre lo mucho que anhelaba tener una familia, y pensar el “qué hubiera pasado”, lo tendría siempre atormentándolo, entonces Bill debería sentir esa experiencia, y comprender a las malas que a veces uno se arrepiente cuando obtiene lo que desea.

Tom lo miró, comprendiendo que sí, que era cierto, incluso si le doliera aceptarlo, había lidiado con las charlas de Bill enojándose porque ya estaba grande y William le decía cosas que sabía, sólo que, tal cual William había dicho, era desde el afecto que quería prevenirlo, protegerlo de situaciones como la de Wilhelm, pero también era necesario que aprendiera, aunque fuera a la mala.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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