Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 36

La profesora suspiró cuando por protocolo tenía que llamar a la madre del menor, pero nuevamente no contestaba, observando al pequeño quedarse debajo del escritorio del director con esa mirada gélida, totalmente quieto y en silencio, tendría que llamar otra vez al hermano mayor…
Bill estaba observando las pantallas con los códigos indescifrables, hoy es el día de entrega final de su trabajo, ya había tenido la junta en discord temprano con el resto del equipo, cómo es que los diseñadores habían sido claros en lo que debía conseguir Bill, lo cual se estresaba a veces porque ellos mismos se contradecían, haciendo que Bill tuviera que estar en continuos cambios para evitar los errores en la jugabilidad del videojuego, así que ahora tenía que mantenerse muy enfocado para terminar todo, no quería perder su trabajo, porque no sólo sería ya no tener su sueldo, sino también darle motivos a sus abuelos para que se quejaran de nuevo que debía haber estudiado Gestión empresarial para trabajar en las empresas que ellos tenían y no, Bill se aferraba a las pocas decisiones que había tomado sobre su vida, sin arrepentirse de lo que tenía a sus veinticinco años.
Él había terminado su carrera como el mejor de la clase de Ingeniería de Software y desarrollo de Videojuegos, y había pasado de tener un trabajo de estudiante a trabajar directamente para Vector Core Interactive, que era una compañía que trabajaba con estudios gigantes, viendo a Bill como sólo un programador más en el sinfín de la lista de programadores remotos, sólo teniendo el plus de que su universidad era de las mejores a nivel internacional, y también había salido con honores, pero no por eso tendrían consideración alguna si fallaba en las fechas de entrega.
Bill sintió escuchó la vibración de su teléfono, desconcentrándolo de su trabajo, porque él mismo lo tenía en silencio, iba a ignorarlo pero se percató que era por llamada: “Escuela de Tomi”, no podía permitirse ignorar una llamada del colegio de su hermano mayor.
—Buenas tardes, Herr Kaulitz, por favor, su madre no contesta, lamentamos molestarlo, pero hay una situación de agresión con su hermano y requerimos su presencia —comunicó la maestra del menor con la voz temblorosa.
—Buenas tardes, señorita Füller, ¿Tomi está bien? —preguntó Bill dubitativo, porque sentía preocupación, pero… También sabía cuál era la otra opción.
—Tomi es quien hizo la agresión —repuso la maestra y Bill suspiró.
—Voy por él, maestra —contestó Bill, colgando y teniendo que pausar su trabajo, pero tenía claras sus prioridades y siempre estaría Tomi en la cima.
Al momento de ponerse de pie, es que pisó uno de los juguetes del menor haciendo que casi se cayera, pero lo levantó, poniéndolo sobre su escritorio en lo que se cambiaba porque seguía en pijama al estar trabajando desde casa.
Cuando se subió a su auto, es que de todas formas le escribió un mensaje a su madre, diciéndole que iba a ir a la escuela de Tomi, normalmente el menor regresaba con la movilidad, pero en estas situaciones no, él tendría que lidiar con el director, y se sentía tenso, porque sabía que no era la primera vez donde él tenía que ir a la escuela, y también que su hermano no era comprendido, porque precisamente había estado en su lugar, el recibir algún tipo de rechazo por no tener papá, o porque casi nunca se presentaba su madre y era su hermano quien estaba a cargo… Eran muchas situaciones que Tomi había tenido que pasar solo desde pequeño, y Bill mismo se había propuesto a hacer que él nunca se sintiera solo como lo estuvo él, sólo que… Tomi solía ser un poco sensible y se defendía mejor que él mismo, aunque no fuera algo que había aprendido por él precisamente, sino por William quien tenía como justificación: —No me va a tener a mí cuidándolo en la escuela, estoy preparándolo para que nadie abuse de él.
Y era un constante tema de discusión con el alter, porque de por sí había sido un tanto confuso para Tomi el que fuera comprendiendo que su hermano tenía dos facetas, donde llamaba papá al alter, más que nada porque era normal que Tomi necesitaba una figura paterna, y William había asumido ese cargo los momentos donde estaba presente, aunque también luchara con sus abuelos, porque le seguían repitiendo a Tomi que su verdadero padre era Wilhelm, haciendo que Bill se tensara porque sus abuelos ya estaban mayores, y si bien adoraban a Tomi, lo que él creyó que sólo era cariño por ser su hermano menor, eran reales ideas de que había un parecido con su padre, y pues, Bill no lo notaba, aunque Tomi sí había decidido creerles, por más que incluso su madre le hubiera dicho que no, no es que su hermano tuviera la mejor relación con Tom.
Y por eso la vida de Tomi había sido un tanto caótica, teniendo que lidiar con William, y con él mismo, y las ausencias de su madre, con Bill a veces ya harto de justificarlo, por más que amara a su madre, llegaba un punto donde Tomi sólo lo escuchaba aunque no le creyera, y Bill lo sabía.
También le había pedido que ya no hablara sobre William, porque cuando lo hizo en el preescolar, sólo causó más problemas, porque creían que estaba loco y sólo era motivo de burlas para el menor. Pero es que Bill no quería darle la carga de su diagnóstico a su hermanito menor, sólo que como William nunca había regresado del todo, y no siempre podían hablar con normalidad, no era algo controlado cuando él venía, siendo a veces motivo de problemas en su trabajo porque le retrasaba en ocasiones.
Al llegar a la escuela, es que se estacionó e ingresó al recinto, no recibiéndole como tal la maestra Füller, sino el director König con el rostro con una expresión severa, haciendo que Bill se sintiera un tanto amedrentado, pero debía recordar que él no estaba ahí por él mismo, sino por Tomi.
—Buenas tardes, director König —saludó Bill observando al mayor, manteniendo su postura recta.
—Buenas tardes, su hermano empujó a un niño por el tobogán del patio, y cuando intentamos reprenderlo, nos miró y dijo exactamente lo que no podíamos hacer con él para evitar un castigo, esa conducta manipuladora no es de un niño de seis años, joven Kaulitz —expuso el director y Bill tensó la mandíbula.
—No puede referirse así de mi hermanito, director, apenas es un niño, algo habrá pasado, no voy a quedarme tranquilo sin escuchar su versión —arguyó Bill determinado, buscando con la mirada al menor.
—No quiere salir del hueco de debajo de mi escritorio —mencionó el director señalando hacia su oficina.
Bill se dirigió hacia la oficina, arrodillándose para fijarse en su hermanito, cómo es que Tomi se quedó mirándolo un instante, buscando dilucidar si quien había venido por él era su papá o si era Billy, y al notar que estaban los ojos ansiosos y preocupados en su dirección, el menor deshizo su expresión fría para llenarse de lágrimas instantáneamente, con los labios temblorosos asumiendo una postura de absoluta vulnerabilidad para quedar sólo como una víctima indefensa.
—¡Billy! —sollozó Tomi, extendiendo sus pequeños brazos con desesperación fingida.—¡Tengo miedo! ¡Me quieren llevar con la policía y Herr König me gritó muy feo por defenderme de mi compañero que quiso quitarme a Rexi para romperlo, sácame de aquí, por favor!
Bill al escucharlo hablar de esa forma, no cuestionó ni por un minuto la veracidad de lo expuesto por el menor, ciego ante el teatro de su hermanito, con esa furia protectora es que miró al director con ojos fulminantes para luego sacar al pequeño con sumo cuidado, ante la mirada incrédula del director, porque la forma de manipular a su hermano mayor había sido impecable, ese niño definitivamente era un peligro.
¿Cómo es que el muchacho no se percataba de esto? El director recordaba lo que había pasado antes de que la maestra del menor hubiera llamado a su hermano, cómo es que Tomi se había metido debajo del mueble, desesperándolo porque su paciencia ya se había extendido suficiente con este niño.
—Tomi, sal de ahí ahora mismo —ordenó el director König en tono firme—. Lo que hiciste en el patio es algo grave, empujaste a Jonas desde lo alto del tobogán, pudo haber terminado en una tragedia. Tienes que disculparte y hablar con nosotros —demandó sin querer arrodillarse para ponerse al nivel del menor, era algo inadmisible.
Tomi no pestañeó, con una calma analítica e incómoda sobre sus orbes color chocolate.
—No voy a disculparme —soltó Tomi con la voz plana, no correspondiendo a alguien de su edad, demasiado imperturbable y madura—. Jonas me quitó a Rexi, y es mío. Papi dice que si alguien te quita lo tuyo, y los adultos no lo ven, el mundo se vuelve injusto, yo sólo corregí la injusticia —alegó mientras que el director se exasperaba que siempre hiciera referencia a su padre muerto como si pudiera hablar con él cuando era más que obvio que estaba consiguiendo aquellas enseñanzas de otro lado al no tener una presencia en su vida porque su madre era ausente y su hermano trabajaba aunque fuera casi el único a cargo.
—¡Eso no justifica la violencia, Tomi! Además cuando la maestra Füller intentó separarte de Jonas al luego lanzarse sobre él, le dijiste que sabías dónde se estacionaba, como si fuera una amenaza, ¿de dónde sacas esas cosas? —increpó el mayor.
Tomi ladeó la cabeza milimétricamente viéndolo desde abajo, con una casi imperceptible sonrisa, dibujándose en sus labios.
—Sólo le recordé que su auto es rojo y se estaciona cerca del árbol seco. La maestra Anne se pone muy nerviosa cuando tiene prisa, si se pone nerviosa conmigo… Podría cometer un error al manejar, sólo me preocupaba por su seguridad —respondió Tomi con una suavidad gélida—. Eso no puede ser una amenaza, ¿verdad, Herr König?
El director sintió un escalofrío ante el comportamiento del menor, porque no era un típico berrinche de niños, era el análisis calculado de las repercusiones de sus actos totalmente intencionales, e incluso alegando sobre los vacíos legales en las reglas de la escuela.
—Estás manipulando la situación, Tomi —sentenció el director—. Esta conducta no es normal, si no sales de ahí y cooperas, esto no sólo se quedará en un reporte escolar, sino que llamaré al Servicio de protección al menor, a la policía de ser necesario, para que evalúen la situación en tu casa.
Tomi tensó la mandíbula, porque sabía bien lo que le había advertido su papá al respecto: —Los servicios sociales son burócratas, precioso. A ellos les aterra el escándalo, las demandas, si te amenazan, muéstrales que puedes ser una peor carga para ellos —soltó William luego de haberle explicado al menor cómo es que funcionaba el mundo, para que estuviera preparado, y Tomi se sentía muy feliz cuando su papá le daba aquellas lecciones, con él podía ser tal cual era.
—Si llama a la policía, le diré que usted me pegó, y obligó a meterme aquí abajo abajo, que me duele mucho el brazo, ¿y a quién le van a creer, Herr König? Si hasta mi madre trabaja con el gobierno en su laboratorio de genética, conoce a los abogados del Estado, ¿quién suena más creíble? ¿Un director que arrastra a un niño de seis años bajo su escritorio o un pequeño vulnerable?
El director König se quedó helado frente aquella amenaza, Tomi los tenía acorralados en una mentira perfectamente armada, por lo mismo es que habían tenido que llamar a su tutor, pero como siempre, el señor Kaulitz no contestó, y quién se hizo cargo fue Bill, su hijo mayor.
—Director König, ¿cómo es posible que amenace a mi hermano sobre llamar a la policía? ¿Qué clase de enseñanza es esa? —reclamó Bill, cargando al menor que sollozaba falsamente contra su cuello, en una postura de búsqueda de protección, porque era lo que Tomi sabía que funcionaba mejor con su hermano, siempre lucir como alguien vulnerable, y Bill mismo, que le costaba a sobremanera relacionarse con la gente, sólo sabía que su instinto de protección se activaba y por eso miraba al hombre con furia ciega, sin ponerse nervioso, sólo por cuidar al pequeño.
—Joven Kaulitz, siéntese y déjeme explicarle la situación antes de que cuestione nuestros métodos, Tomi empujó a su compañero de una altura peligrosa, pero el problema no reside solamente en el empujón, sino en lo que pasó después —instó el director señalando hacia la silla.
—¡Es un niño! —interrumpió Bill, abrazando más a Tomi contra su cuerpo, porque no iba a seguir escuchando los sinsentidos que estaba diciendo el mayor.—Sólo reaccionó a una provocación, si hubiera una mejor supervisión en el patio, no le habrían quitado su juguete de infancia y nada de esto habría pasado, sólo están proyectando conductas adultas en un juego de niños con decir que manipuló y no sé qué.
—Disculpe, joven Kaulitz, pero usted no estuvo aquí. Su hermano no está jugando —repuso la maestra Füller, que había permanecido detrás de ellos—. Tomi mostró una frialdad absoluta, amenazando que vigilaba mi automóvil, y que inventaría que lo habíamos golpeado si llamábamos a las autoridades, es un nivel de cálculo que…
—¡Basta! —levantó la voz Bill, por más que él no fuera el más adepto a gritar, le enfermaba las acusaciones a su inocente hermanito, como si fuera un monstruo manipulador, no iba a dejar que ellos creyeran que Tomi estaba solo, porque no lo estaba.—¿Están escuchándose? Acusan a un niño que apenas aprende a leer para armar un complot legal contra ustedes. Tomi es tímido y sensible, mi madre trabaja todo el día en K-Biotech, apenas dormimos para poder cuidarlo, ¡no venimos aquí para que ustedes lo traten como a un criminal!
El director podía percibir la ansiedad en el muchacho, cómo es que tenía la mirada desesperada de alguien que, a su corta edad, ya lidiaba con tremenda carga familiar que no le correspondía, y que Bill no podía ver más allá del amor que le tenía a su hermano.
—Joven Kaulitz —habló el director en voz baja y grave—. Sé que es difícil la situación en la que están, que su madre no dispone de mucho tiempo y es usted quien está a cargo. Pero tómese a bien mi consejo: no ignore las señales. Lo que hizo Tomi hoy no es algo producto de la imaginación de un niño asustado, es una estrategia de manipulación sumamente pulida. Si no buscan ayuda psicológica externa para el niño, la escuela se verá obligada a tramitar un reporte formal ante los Servicios Sociales.
Bill sintió que sudaba frío ante la mención de los Servicios Sociales, porque sabía que si iban a la casa, sabrían de William, ligado a la ausencia de su madre, lo considerarían como un entorno inestable, y le quitarían a Tomi, él no podía permitirlo, Tomi era su todo.
—No habrá necesidad de ningún reporte. Mi madre y yo nos haremos cargo de hablar con Tomi en casa —dijo Bill tragando saliva, intentando que su voz no delatara su pánico interno.
Tomi levantó la cabeza desde el cuello de su hermano, viendo con fijeza al director, sin expresión de llanto, sólo los ojos fríos y sus labios en una sonrisa silenciosa por haber ganado aquella contienda, haciendo que el director König empalideciera porque era obvio que era intencional y dirigida hacia a él, a sabiendas de que Bill no lo veía por el ángulo.
—Nos retiramos —soltó Bill, acomodándose la mochila del menor en su otro hombro—. Tomi no vendrá mañana, trabajaré con él desde casa. Buenas tardes —acotó para salir de la institución.
Bill acomodó a Tomi en el asiento de copiloto, poniéndole el cinturón de seguridad, normalmente buscaba prevenir algún riesgo poniéndolo atrás, pero entendía que el menor estuviera nervioso luego de haber llorado por la situación estresante que había pasado, se sacó un pañuelo para secarle el rostro, acomodándole los cabellos negros detrás de sus orejas.
—¿Estás bien, Tomi? ¿Te sientes mejor? ¿Pasó algo más? —preguntó Bill con preocupación, observándolo luego de haberle puesto el cinturón de seguridad.
—Estoy bien porque estás aquí, Billy —respondió Tomi, apoyando su rostro contra la mano del mayor quien lo acarició con afecto, sintiendo su pecho apretarle, porque sabía que esos pequeños ojitos inocentes que lo veían, que ese niño que antes había sido un bebé, era quien lo impulsaba a seguir, no podía perderlo, fuera de que sabía que le aterraba la sola idea de que alguien se lo llevara, no, Tomi que se refugiaba en su cama cuando tenía pesadillas, ¿cómo es que alguien más lo protegería?
Incluso si su madre no era el mejor con él, no podía ni quería que alguien le quitara a Tomi, sabía que su mismo trabajo era demandante, y que en muchas ocasiones, como hoy, iba a tener que madrugar para poder terminar todo en fecha por este retraso, pero también sabía que siempre lo haría por su hermanito quien era su prioridad. Bill quien se rompía en llanto pero Tomi siempre había sido el motivo para seguir adelante, de esforzarse, porque no era por él, no, era por ese pequeño, ese niño precioso que él había visto nacer, siendo apenas una cosita pequeña y frágil entre sus brazos, luego convirtiéndose poco a poco en un bebé más grande y ahora un niño inocente que no era nada de lo que podía decir el resto, su Tomi no, sólo que había tenido mala suerte, y Bill sabía bien de la crueldad del mundo, como para saber que existían las falsas acusaciones, o cómo todos parecían estar en contra.
Tomi sólo había crecido en un ambiente confuso, y amaba mucho a Rexi, era normal que se espantara si querían romperlo.
—Tomi, sólo… Debes tener cuidado, ¿está bien? Procura buscar ayuda si te quitan uno de tus juguetes, por favor, la violencia no es lo mejor —pidió Bill, acariciando la mejilla, viendo al menor asentir.
—Sí, sólo que era Jonas, el mismo niño que me molestaba desde antes, quien me dijo que nadie me quiere y por eso sólo tú vienes por mí —respondió Tomi, y Bill sintió la presión en la boca de su estómago, había un antecedente con ese niño cruel, y claro, no es que Bill pensara que se merecía caerse un niño de seis años, sin embargo, era más comprensible que Tomi tuviera miedo y sólo hubiera actuado sin pensar porque ya había demostrado el menor que sí quería lastimarlo con palabras.
—Bueno, vamos a casa, ¿ok? Tendremos que hablar con mamá cuando se desocupe de su trabajo y yo tengo que trabajar después de que comamos, me vas a acompañar dibujando al lado, ¿está bien? —ofreció Bill y Tomi le sonrió asintiendo, el mayor le sonrió de vuelta, incluso pese al agotamiento, estrés y demás, todo valía la pena si veía sonreír al pequeño, le dejó un beso sobre su frente, y se acomodó en su asiento, poniéndose el cinturón de seguridad y comenzando a conducir.
Tomi veía a su hermano mayor concentrado al hacerlo, cómo es que tenía ojeras, porque sabía que casi no dormía en la semana por estar trabajando y cuidándolo, y cómo adoraba a su hermano por ser tan devoto con él, porque claro, Tomi amaba también a su papá, y quería enorgullecerlo, pero Bill él era quien Tomi siempre preferiría, porque papá era amoroso, y le enseñaba a protegerse solo, no obstante, Bill era amoroso también, sin embargo, también veía esa forma de siempre cuidarlo, y el ser mimado por él era algo que le encantaba, porque sus abuelos le cumplían caprichos y engrían, pero Bill… Era muchísimo más especial, y por eso Tomi siempre buscaba cualquier excusa para pasar tiempo con él, mientras que papá prefería pasar tiempo con su mamá, y a Tomi no le gustaba compartir sus juguetes nunca.
Por eso la mención de hablar con mamá no era algo que a Tomi le encantara, porque mamá sólo era tener regaños o problemas, mamá siempre estaba ocupado, y si tenía tiempo para verlo sólo era para corregirlo, y a Tomi no le gustaba que quisieran mandarle, no así, él hacía las cosas bajo sus términos, sólo le gustaba ser obediente frente a Bill, y también frente a papá, sólo que ahora también había fallado porque se habían dado cuenta el resto, exponiendo todo, aunque su hermano no les hubiera creído, otra cosa sería su madre, difícilmente él le creería, pero Bill siempre estaría para defenderlo, y eso no sólo implicaba a los maestros sino también lo defendía de su madre.
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Bill al llegar es que sirvió la comida para ambos, la verdad es que él mismo no había almorzado, Brittany en sí sólo venía a cocinar, limpiar e irse, no manteniéndose el mismo tiempo que antes, porque tenía otro trabajo y Tomi mismo ya no demandaba el mismo cuidado al estar en la escuela.
Estuvieron comiendo mientras que Tomi le contaba a Bill lo que había aprendido en clases, y a Bill le daba gusto que el pequeño llenara los silencios, tal como él había predicho, Tomi se había vuelto muy parlanchín, entonces no era necesario que Bill hablara mucho, sino que le respondiera a lo que le dijera Tomi, y él estaba feliz por ello, sintiendo en aquellos instantes que era más llevadero todo lo demás, y que ya hablarían con su madre en la noche, no se tensaría más ahora. Bill lavó los platos, se lavaron los dientes y fueron a su habitación, donde Tomi se ubicó en el extremo del escritorio, con el mayor habiendo comprado uno más grande precisamente para eso, donde Tomi sacó llevó su cuaderno y comenzó a colorear, haciendo sus propios personajes que se inventaba del videojuego en el Bill estaba trabajando, mientras que su hermano mayor estaba concentrado en las pantallas, Tomi se sentía tranquilo con el sonido constante del teclado de su hermano, observándolo de tanto en tanto mientras trabajaba.
Bill era muy bonito, aunque tuviera ojeras y frunciera el ceño, lo era, y era tan responsable, tan correcto… Que hacía que Tomi sintiera que el mayor era demasiado perfecto pero regresaba la vista a sus propios dibujos, poniéndose a colorear, quedándose en silencio para no molestar a Bill, aunque supiera que él no se molestaba como tal, e incluso si lo hacía, nunca se lo demostraba, porque era demasiado bueno para hacerlo.
Había una diferencia abismal entre Bill y su papá, porque su papá era protector, pero hacía trampa, y eso era muy divertido, el portarse mal, sólo que papá siempre decía: “Cuando te portes mal, debes hacerlo muy bien para que no te descubran”, y eso lo tenía muy presente Tomi, por eso es que no quería que papá se enterara, aunque también sabía que papá sabía todo lo que Bill sabía, sólo que Bill no sabía todo lo que hacía papá, ya que él era más cauto, no comprendía cómo podía hacerlo si estaban ambos dentro del mismo cuerpo, sin embargo, sí tenía sentido para ellos.
Papá lo amaba, aunque no fuera su padre de verdad, por eso Tomi tenía dos papás, papá William que siempre lo había amado y cuidado, y su padre biológico, que sólo conocía por fotos, pero mamá y Bill repetían hasta el cansancio que su padre biológico no lo era, por más que Tomi sí supiera que lo era, no sólo por lo que decían los abuelos, sino también por sus ojos, tenía los ojos de su padre biológico, los mismos que compartía con Bill. Sólo que Tomi no entendía por qué le negaban que Wilhelm era su padre, la única respuesta que le había dicho su papá William era: —Lo entenderás cuando crezcas.
Y sabía que era mejor no hacer enojar a papá William, así que no le había insistido más con ello, pero también sabía que papá así no fuera su padre de verdad, sí era quien lo había criado, aunque mayormente estuviera Bill, pero Tomi siempre era visto como un bicho raro frente al resto cuando hablaba sobre su padre, porque pensaban que se refería a Wilhelm, cuando a él ni le importaba Wilhelm, sólo fingía sentir un apego y amor por él frente a los abuelos, porque era importante para ellos al ser su hijo muerto, Tomi sólo veía como papá real a William, y eso bastaba, porque a papá tampoco le gustaba que hablara mucho sobre Wilhelm, y por eso con las pocas personas que Tomi decidía ser obediente era con su papá William, más que nada porque sabía que con él no podía intentar jugar como con el resto, él entendía muy bien, y era quien le enseñaba, siendo su maestro para muchas cosas, que mientras que Bill le instruía a comportarse bien, su papá le explicaba que el mundo no era manejado por quienes se portaban bien, y que lo mejor era cuidarse, pero también adaptarse a cada persona que conocía.
Sólo que la idea de ser alguien bueno, como un héroe, salvando el mundo de los malos, como en los cuentos o en los videojuegos, sonaba algo muy bonito, por eso es que Tomi decidía ver a Bill como un héroe, aunque no funcionara en el mundo real, le gustaba verlo así, y ese pensamiento recurrente era el lugar feliz de Tomi.
Continúa…
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