Problemas familiares 40

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 40

Bill al haber desempacado todo, priorizando el instalar su herramienta de trabajo para poder trabajar mañana, aunque fuera hoy básicamente por ser madrugada, es que sabían que tenían dos cuartos de aquel apartamento, sin embargo, Tomi se quedó ayudando a Bill a guardar sus ropas en sus cajones para después echarse sobre su cama, quedándose dormido.

Bill no tuvo el valor para sacarlo de allí, echándose a su costado porque la cama de Tomi aún no estaba tendida y él mismo estaba extenuado luego de tanto estrés, haciendo durmieran juntos.

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La nueva normalidad de los hermanos al día siguiente era que Tomi se levantó primero, pidiendo algunas cosas del supermercado para que las enviaran al apartamento y poder cocinar porque si bien el sitio poseía electrodomésticos, estaba vacío.

Tomi dejó descansar a Bill, poniéndose nuevamente una camiseta sin mangas y sólo shorts, sin ropa interior, mientras limpiaba un poco el lugar.

Cuando llegaron con su pedido, fingió estar adolorido para que metieran todo y él no cargar peso, luego que se fueron es que se puso a hacer el desayuno aunque ya fueran las once de la mañana, mejor sería hacer el almuerzo.

Bill se levantó sin reconocer el sitio donde estaba, con unas manos acariciándole el rostro y un olor agradable que hizo que su estómago rugiera por hambre, fijándose en los ojos color chocolate que lo veían con fijeza y ternura.

—Buenos días, buenas tardes de hecho, dormilón —saludó Tomi guiñándole un ojo, dándole un beso en la frente, mientras que Bill se tapaba la boca para bostezar, sentándose en la cama y observando la bandeja con dos platos que había traído el menor, haciendo que recordara cómo es que él comía en la cama con su madre cuando era un niño, recuerdos que sonaban tan lejanos y apretaban su pecho por el dolor que le daba no estar con su madre—. Cociné para ti porque compré varias cosas que necesitábamos para la casa, quería dejarte descansar y hacerme cargo, casi soy un adulto, así que puedo cuidarte también —arguyó el menor y Bill le ofreció una sonrisa, porque su hermanito iba a cumplir la mayoría de edad, y sabía cocinar porque había sido muy unido con Brittany a lo largo de los años, algo que el mayor valoraba.

—Gracias, Tomi, me lavo los dientes y vengo para comer juntos —masculló Bill, acariciando la mejilla del menor para irse al baño.

Bill vio su reflejo, cómo es que el tiempo no había pasado en vano, tenía ojeras, agotamiento, y una líneas de expresión sutiles pero presentes, y debía recortarse la barba, llevando por comodidad el cabello corto pero con algunas canas asomándose, porque ya tenía treinta y seis años. No era el hijo de mamá, hacía muchos años había dejado de serlo, pero no por eso le era fácil digerir la idea de tener que vivir lejos de su madre, y más porque no había rastro de William, no sabía qué le había pasado al alter, pero había desaparecido hacia casi un año.

Se lavó la cara y los dientes, fijándose que hasta Tomi había comprado nuevos cepillos, pasta, enjuague bucal entre otros implementos de limpieza mientras dormía, al menos su teléfono no tenía ningún mensaje de su trabajo así que podría revisarlo por la tarde.

Salió del baño para sentarse en la cama, comenzando a comer con el menor, fijándose cómo es que Tomi sonreía achinando sus ojos por estar feliz, suponía que era lo normal luego de haber soportado tantas cosas de su madre, Bill temía preguntar si esta vez había sido la primera ocasión o ya le había comprado antes, porque él mismo no se lo perdonaría si había estado pasando algo así sin él saber.

—Está muy rico, Tomi, de verdad gracias por hacer todo esto solo, me hacía falta dormir —dijo Bill con sinceridad a su hermano menor.

—Ya no eres el adulto que debe cargar con todo, Bill —sentenció Tomi, apretándole la rodilla a su hermano mayor, quien observó la mano del de trenzas, aquella posesividad en aquel gesto, pero parpadeó, era su cabeza confundiéndose—. Déjame llevarlos a la cocina, quiero consentirte y servirte, así como tú has hecho conmigo todos estos años —acotó el menor, para llevarse los platos.

Pero Bill de todas formas lo siguió, fijándose cómo es que andaba descalzo aunque el piso ya lucía limpio, seguro porque Tomi también se había hecho cargo mientras dormía.

Al sentarse en la silla de la isla de la cocina, miró a Tomi lavar los platos, poniéndose de puntillas por momentos para guardar los platos en la alacena, y Bill se sonrojó, mirando hacia un lado cuando se le alzaba la camiseta, mostrando la piel de sus caderas, sus hoyuelos de Venus y cómo parecía que no tuviera ropa interior bajo el short, pero era algo que él no debería fijarse, no.

—¿Otra vez tienes la cabeza en otra parte? —le llamó Tomi, chasqueando los dedos frente a él, y Bill parpadeó, mirándolo cabizbajo.—¿Por qué la cara larga, Billy? —inquirió el menor, acercándose hacia a él, volteando el asiento giratorio de Bill en su dirección, para sentarse sobre su regazo directamente acorralando a Bill con su espalda contra la isla, y con Tomi sobre él, sujetando su quijada con sus dedos para hacer que lo viera.—Mírame, mi amor —demandó en tono firme de autoridad absoluta, Bill le obedeció, sintiendo el peso de su hermanito sobre él, con sus piernas a los costados, con esos muslos que se le veían por la ropa corta, y sus ojos observándolo con intensidad, que el mayor sintió más fuerte la vergüenza por la cercanía y lo que esta provocaba en sí mismo.

—Por favor, Tomi. No puedo hacer esto ahora, estoy perdiendo la cabeza con todo lo que pasó con mamá y… —arguyó Bill con la poca voluntad que tenía.

—Deja de mortificarte tanto, Bill, estás a salvo conmigo. Olvídate de mamá, él está en el pasado junto con la casa que dejamos atrás. Este es nuestro nuevo hogar, ya no soy el bebé que viste nacer, tú no eres mi padre ni mi tutor, somos prácticamente dos adultos conviviendo juntos, apoyándose… Estando solos en el mundo, en este apartamento donde las reglas del resto no aplican para nosotros —explicó Tomi deslizando las manos de su quijada hacia el cuello del mayor, acariciándolo con sus pulgares en la piel sensible.

Bill entendía el mensaje implícito, esto no estaba imaginándolo, aunque Tomi sí le hubiera dicho eso antes, ¿entonces había cambiado de parecer de la noche a la mañana? ¿O él estaba alucinando ahora?

—Somos hermanos… Esto está mal —rebatió Bill refiriéndose a ambos, al contacto que parecía más de pareja que de hermanos, pero sin la convicción que poseía antes, totalmente drenado, porque él mismo ya no sabía qué era real o no, porque aún soñaba con Tomi, y estaba viéndolo con otros ojos, donde se mortificaba era cierto, ya que él era su hermano y el adulto en casa, en su nuevo hogar como había dicho el muchacho, que seguía sobre su regazo como si fuera ese su asiento predeterminado, pero es que Tomi le había dicho antes que sólo era su cabeza y ahora no, ¿o sólo lo hacía por él?

—¿Mal según quién? ¿Según el mundo que jamás te ha comprendido haciéndote sentir que siempre has sido un fracaso? ¿Qué nunca te han hecho sentir que encajabas? Que no han visto por lo que en verdad eres, un hombre resiliente, que ha salido adelante pese a las circunstancias donde no te daban la oportunidad de brillar, y aún así, eres quien me sacó adelante. Esas personas mienten, mi amor… Te hacen sentir que estás sucio por quererme tanto, y yo sé, lo noto, lo veo en ti, cómo estás cansado de luchar contigo mismo. Deja de pelear, Billy, ríndete —instó el de trenzas y su voz aterciopelada parecía una anestesia para todo el peso que tenía Bill sobre sus hombros, porque era cierto, las personas nunca habían estado para él, sólo lo habían utilizado para su beneficio, haciéndolo sentir mal por ser diferente… No confiando en él lo suficiente para que pudiera hacer las cosas, burlándose, humillándolo… El mundo al cual nunca había pertenecido del todo, la gente no entendía, que sí, Bill sabía que hizo mal en desear a su madre, aunque no estuvo en su control y ahora, él amaba a su hermano, pero también lo deseaba, y dolía tener que sentirse tan asqueroso, entonces la orden de Tomi, el que le permitiera que sólo fluyera y se dejará llevar por la corriente, contra la cual había luchado desde antes cuando deseó a su madre…

Le daba un respiro en realidad, por lo que miró al menor frente a él, con su rostro tan hermoso, sus ojos expresivos y fijos sólo en él, sin imponerle nada como había pasado con Monika y Stefan, sólo esperando su permiso, su consentimiento… Esos labios gruesos y cómo es que sabía que estaba mal, que era un pecado, pero ya había pasado por mucho, así que sólo volvió a mirar los labios llenos del menor, quien tomó aquello como su aceptación, inclinándose en una proximidad física que era sofocante, sin embargo, que finalmente al unir sus bocas… Bill sintió cómo es que los labios que se amoldaban a los suyos eran su refugio, su calma luego de aquella tormenta.

El sabor de los labios de Tomi, la manera en que se movió sobre los suyos, ubicando sus dedos en la base de cráneo, ladeando su rostro para separarse por aire, viéndolo con sus ojos con largas pestañas, respirándole encima.

—Déjame ser tu realidad… Olvídate de todo, mi amor. Sólo existimos tú y yo, y que no nos interese lo que piense el mundo, porque yo soy el único que te va a amar con tus monstruos… Acepta lo que ambos sentimos, Bill —demandó Tomi y Bill suspiró contra su boca, asintiendo a lo que el menor tuvo que resistir las ganas de sonreír de la felicidad para volver a besarlo, pero esta vez con profundidad, colando su lengua en la cavidad del mayor, posesivamente mientras que Bill lidiaba con sus propios demonios, pero ya no pensaba en su madre como cuando lo intentó con Monika, no podía hacerlo cuando su mente estaba llena de Tomi.

Sabía que estaba mal, pero Bill mismo correspondió, sujetando a Tomi por la cintura, pegándolo hacia él con la misma posesividad, porque quería que Tomi fuera su salvación, porque sus labios sabían a Gloria, aunque supiera que era su propia condena, ya se había cansado de luchar, sin saber que Tomi fue quien orquestó todo desde el inicio.

Tomi movió más sus caderas sobre Bill al momento de besarlo, sintiendo cómo es que iba creciendo un bulto bajo suyo, él mismo teniendo el suyo formándose en sus pantalones cortos, porque había deseado tanto a su hermano, que sólo quería que se lo follara como lo hizo con su madre, aunque no fue él precisamente, sino William, y Tomi no poseía vagina como su madre, sin embargo, sí podía recibirlo, era algo que había fantaseado desde que los vio, por lo mismo es que también cuando comenzó a masturbarse, buscaba estimularse con los dedos, para habituarse a ser llenado por el mayor, y también aprendiendo cuáles eran sus propios puntos sensibles, por lo mismo es que soltó el cuello de Bill para bajar sus manos en dirección a las del mayor, haciendo que bajara hasta sus nalgas, mientras que dirigía sus labios hacia el cuello de Bill, succionándolo con ganas…

Bill jadeó empujando su pelvis contra la entrepierna de Tomi, mientras que apretó el trasero respingón del menor, sintiendo con la yema de sus dedos cómo es que entraba en contacto con su piel expuesta al subirse los shorts, distinguiendo que, en efecto, no traía ropa interior.

—Vamos a la habitación… —soltó Bill con voz grave por la excitación, y Tomi se estremeció, dejando de lamer y morder su cuello.

—Primero déjame probarte, ¿puedo, Bill? —preguntó Tomi con la mirada de sierva inocente que antes usaba para pedirle una golosina, sólo que ahora era usada en un contexto por completo diferente, haciendo que Bill tragara saliva, asintiendo y observando cómo es que el de trenzas se levantaba de su regazo para ponerse de rodillas, bajando el pantalón de chándal con bóxer del mayor, liberando la erección pesada que estaba retenida en sus pantalones.

Tomi la sujetó con devoción, relamiéndose los labios y sintiendo que aquel peso y calor palpitante sobre su palma era todo lo que había deseado y anhelado, por lo mismo es que se inclinó hasta chupar la punta, cerrando los ojos mientras apretaba sus labios alrededor de aquella carne palpitando, retrayendo sus dientes, Tomi había practicado tantas veces, no con personas, él quería sólo sentir a Bill, pero sí había tenido que intentarlo con frutas para no lastimarlo, aprendiendo mucho de la teoría también, abarcando más al bajar sobre él, entretanto sujetaba los testículos de mayor, masajeándolos al momento de relajar su garganta para que le entrara más, pero también, apretando un poco la punta y parte superior con lo hondo de su cavidad porque era la zona más sensible al masturbarse a sí mismo y sería igual con Bill.

Bill quien por inercia se aferró a las trenzas del menor, empujándose más profundo, soltando jadeos mientras su cuerpo entero temblaba, sintiendo que iba a correrse tan pronto sólo por tener esa boca hábil comiéndoselo con ganas.

—Tomi… Voy a venirme —advirtió Bill, observando cómo es que el menor abría los ojos, no alejándose, sino aumentando la succión mientras canturreó haciendo que vibrara su miembro entre su boca, dándole la venia silenciosa para que se corriera—. Mierda… Ooh… —soltó el mayor, explotando dentro de Tomi, y el menor tragó golosamente toda la esencia caliente que lo llenó en la garganta, separándose jadeante, lamiendo los restos al chuparse los labios hinchados y rojizos en un gesto por completo obsceno que sólo encendió más a Bill, en definitiva era un degenerado, porque sólo quería más de Tomi.

Bill acercó sus manos para acariciar las mejillas del menor, con un cuidado y amor, mientras pasaba su pulgar por su labio inferior.

—¿Estás bien? —preguntó Bill de todas formas, no quería presionarlo, ni cuestionar su experiencia o lo que fuera, porque la verdad es que le daba celos imaginarlo con alguien más.

Tomi sonrió, poniendo sus manos sobre las suyas, agradeciendo que Bill fuera así de dulce, y tan lindo por preguntar.

—Sí, me gustó mucho. ¿Ahora podemos ir a la habitación? —inquirió Tomi y Bill sintió cómo su miembro latía en interés, asintiendo, poniéndose de pie y ayudando a Tomi a que hiciera lo mismo.

Se tomaron de las manos mientras ingresaban en el cuarto, dónde Tomi lo besó, haciendo que Bill retrocediera pero aferrándose a la cintura del menor, sin querer alejarlo, sintiendo la presión de la entrepierna erecta dentro de sus pantalones cortos, cómo es que ambos cayeron en la cama, y Bill jadeó al tener el cuerpo del de trenzas sobre él, pasando sus manos por sus muslos, frotando por encima de su erección… Tocándole más sus caderas huesudas y estrechas, subiendo por su vientre, delineando cada parte mientras le quitaba la camiseta corta, observando su piel brillar con la luz solar que se filtraba por la ventana… Cómo es que su cuerpo menudo y hermoso estaba enrojecido por su excitación y era bello, tan sensual que estaba haciendo que se endureciera de nuevo como si fuera un adolescente en vez de un hombre camino a los cuarenta.

Esa atracción… Aquel deseo… El amor, esa conexión de la que hablaban los libros, esa sensación de pertenencia y seguridad, la había hallado en su hermanito, y era un maldito por ello, pero apagaría su lado racional, porque no estaba forzando a Tomi, ni tampoco él lo hacía con Bill… Sólo disfrutaría esta felicidad que hallaba al calmar su soledad y apagar el incendio interior.

Tomi se sentía tan poderoso sobre el mayor, porque había sido su obsesión desde siempre, esas manos grandes que estaban acariciando con posesión cada curva de su cuerpo, la forma en que lo veía… La adoración, el amor… Tomi quería más… Anhelaba más, tanto que estaba mojando de preseminal sus pantaloncillos, quitándoselos prestamente para mirar a Bill sacarse sus propias prendas, sin tener que pedírselo, sólo por imitarlo, y la manera en que lo jaló hacia él, volviendo a besarlo.

Tomi no quería besar a nadie más en su vida, sólo quería sentir aquella lengua perforada jugar con la suya, y que ese clamor, ese fuego, esa unión de pieles, fuera el embrujo en el quedaría atrapado por siempre… Podía cansarse de todas las personas, usarlas, desecharlas pero Bill… De él nunca se cansaría, era su juguete favorito, su más preciada posesión.

La forma en que Bill gemía contra su boca, y cómo bajaba por la curva de su espalda hasta apretarle las nalgas, hizo que Tomi mismo gimiera contra sus labios mientras se friccionaba con su pelvis, con sus miembros latiendo juntos, separándose levemente por aire, viéndose brillantes por el sudor y la excitación.

—Yo tengo lubricante para mis juguetes —mencionó Bill porque no quería lastimar a Tomi.

—Sí, lo puse en tu cajón cuando desempaqué —musitó Tomi mordiéndose el labio inferior ya que había sido una acción sutil pero intencional, porque podría justificarse que era sólo por darle facilidades a Bill cuando se masturbaba aunque él era consciente de que lo había dejado ahí a la mano para usarlos cuando por fin Bill cayera.

Bill se giró a abrir el cajón, sacando el tubo y sintiéndose un poco dubitativo porque no había hecho eso con alguien aparte de Monika, y Tomi leyó su expresión.

—Yo soy virgen pero sí me he metido los dedos, como recordarás, así que puedo hacerlo por ti… Aunque me gustaría que seas tú quien me toque, sentir tus dedos dentro de mí —soltó Tomi inclinándose sobre Bill y el mayor sentía que estaba goteando preseminal sólo por esa voz apretada y ansía que había en la forma en la que le hablaba su hermano, que claro que recordaba haberlo visto tocarse así, si fue se repitió muchas veces en su cabeza, haciéndolo sentir culpable y enfermo, sólo que ahora no había recriminación alguna.

Bill tragó saliva, echando lubricante sobre sus dedos y bajándolo hasta sus nalgas, sintiendo el calor emanar de su hendidura antes de presionar un dedo dentro… Con Tomi apretándose alrededor, buscando comerse el dígito, y Bill apretó la mandíbula porque se le ponía como piedra al sentir el interior del menor.

—Uhmn… —gimoteó Tomi en tono quedo mientras que Bill presionaba más, metiéndoselo, al grabarse las expresiones de placer en el rostro del de trenzas, la forma en que se mordía el labio y empujaba su trasero contra su mano.

Bill tuvo que aferrarse a Tomi con la otra mano, sujetando uno de sus glúteos, metiéndole dos dedos ahora… La calidez estrecha, esa manera en que se contraía… Como se abría poco a poco y Bill luego ocuparía ese lugar.

Los movimientos, aunque inexpertos, estaban encendiendo tanto a Tomi, porque era diferente tocarse pensando en alguien, a que precisamente tu objeto de deseo sea quien esté haciéndolo, por lo mismo es que Tomi estaba con su miembro goteando al momento de sentir a Bill dentro suyo aunque sólo fueran sus dedos.

—Te necesito, Billy… —instó Tomi con sus ojos brillantes y rostro rojizo, y Bill tragó saliva, sacando sus dígitos para echarse más lubricante pero con Tomi separándose, dándole espacio para que se acariciara la dureza renovada.

No hubieron palabras, no hubo necesidad, Tomi reemplazó la mano de Bill por la suya, y él mismo comenzó a sentarse sobre el miembro de su hermano, con el rictus de concentración mientras se familiarizaba con la longitud y grosor en su canal, pero relajándose hasta dejarse caer poco a poco a su regazo.

Bill sintió sus dientes chirriar porque era diferente un juguete al interior caliente y asfixiante de Tomi, con el mayor echándose lubricante en la mano para masajear la erección del menor, quien se apretó más alrededor suyo, soltando un gemido alto, antes de empezar a empalarse.

Bill masajeaba el miembro de Tomi, queriendo que disfrutara, hacerlo sentir bien, mientras elevaba su pelvis, con el menor quebrándose sobre él, buscando su propia próstata con la dureza de su hermano, quien lo jaló de las trenzas con su mano libre para acercarlo a su rostro, besándolo y masturbándolo, en lo que Tomi mecía sus caderas con fuerza, haciendo que estuvieran unidos por completo.

Bill sentía deseo, amor y pasión por la misma persona, la emoción completa, y ya no podía pensar en lo demás, porque había culpa, sí, sabía que este joven hermoso era el mismo que había amado desde que nació, pero era diferente, era un hombre, casi un adulto… Y ya no podía negarse más, no cuando todo su cuerpo reaccionaba ante él, sintiendo que su interior era dónde pertenecía.

Tomi mientras era besado y penetrado, sólo podía sentirse tan satisfecho, porque pese al dolor, había ese placer, no sólo el físico, sino aquel gozo de haber conseguido lo que quería… De haberse salido con la suya… Su orgasmo le vino de lleno, manchando la mano de Bill, quien se vino en su interior, y separaron sus rostros, viéndose con fijeza y sonriendo, la forma en que Bill, aún dentro suyo lo acarició, abrazándolo contra su pecho, sólo hizo que Tomi suspirar, porque era amado por la persona más dulce que había conocido… Como es el que el mayor tuvo el cuidado de ayudarlo a bajarse, y se encargó de limpiarlo con una toalla húmeda para quitarle todos los fluidos y se quedara descansando en la cama, cubriéndolo con la sábana después y dándole otro beso más.

Por fin Bill se había vuelto su hombre, lo que Tomi siempre había anhelado, porque sólo él podría amarlo, incluso más que su madre, y hasta lo haría más feliz.

—Voy a bañarme, te amo, Tomi, ahora regreso, ¿está bien? —le habló Bill, queriendo transmitirle el amor, protección y cuidado que le había dado siempre y Tomi sonrió asintiendo.

—También te amo, tomaré una siesta, mi amor —dijo Tomi, estirándose y bostezando sobre la cama.

Bill se metió al baño, su teléfono seguía sin sonar, pero él postergaría la revisión para después, podría permitírselo al ser el programador principal que ahora tenía incluso sus propios subordinados, lo único bueno es que las órdenes no las decía por videollamada, sólo mediante las páginas designadas por escrito, lo suyo era más supervisar y control de calidad en este punto luego de tantos años.

La toalla estaba colgada y Bill sonrió porque eso había puesto Tomi definitivamente, Tomi había sido su todo desde que nació…

“¿Entonces estás más relajado, eh?”, escuchó una voz en su cabeza.

—Volviste —masculló Bill, mirándose al espejo.

—Sí, en realidad no me fui, sólo me mantuve en silencio, un tiempo de reflexión, ya sabes, como los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, algo así, así que quería hacerte una confesión —musitó William y Bill se sentía confundido.

—¿Confesión de qué? ¿Mataste a alguien? —cuestionó Bill, porque si había matado a la niñera, no le sorprendía que hubiera pasado con alguien más y luego vio su rostro reír.

—Aparte, ese no es el tema ahora, Billy, sino que… Nos fuimos de casa, otra vez, dejaste a Tom por pegarle a Tomi, ¿cierto? Pero, ¿te pusiste a pensar por qué Tom le pegó en primer lugar? —interrogó William.

—Porque no quiere a Tomi, nunca lo hizo, yo intenté justificarlo por años pero… —empezó a repetir Bill lo mismo que le apretaba la garganta al saber el por qué se habían ido.

—Sí, ya lo sé, estoy en tu jodida cabeza, no me refería a eso en específico.  Digo, técnicamente no sé qué hablaron pero me hago una idea, Tom no ha sido la mejor madre, es cierto, no sólo con Tomi, Billy —arguyó William con una sonrisa torcida.

—¿De qué hablas? —increpó Bill, sintiéndose perdido.

—Que fue una mala madre contigo también, Bill, y digamos, que yo tampoco fui el mejor amigo, hermano o padre, ¿sabes? Pero… En mi defensa, fue amor a primera vista, mi yo de cuatro años se quedó perdidamente enamorado de ese rubio de rastas, ¿sabes? Yo siempre lo amé tanto que quería hacerle un hijo, uno que finalmente conseguí cuando nació Tomi —relató William, Bill se estremeció ante aquella frase y se quedó mirando en el reflejo del espejo.

—¿Qué? —preguntó, empalideciendo y sintiéndose enfermo.

—¿En serio te harás el sorprendido? Por favor, de algún modo siempre lo supiste, ¿no? Y aún así no te importó… Meterte con mi bebé —expuso William con ira.

—No… Tomi es mi hermano, él no… Es decir, sí, ahora somos… Él es especial, yo no lo forcé, no haría nada en contra de su voluntad, él… —habló Bill, sintiéndose el peor al intentar explicarle al alter que estaba en una relación con su hermano menor.

—No es contra su voluntad, claro que no, Tomi es muy astuto, y no podrías forzarlo a nada, por más que sea tu menor, porque sacó lo mejor de sus padres, eso incluye la belleza de tu madre y también su lado manipulador —aclaró William.

—¡Yo nunca toqué a mi mamá! —rebatió Bill sintiendo cómo le latía la cabeza, y luego su rostro se deformó por la risa.

—¡SABES MUY BIEN QUE SÍ LO HICISTE! Aunque bueno, era una mezcla tuya y mía. Pero no, no fuiste tú, yo puse ese bebé en Tom… Y no te hagas el maldito sorprendido, no estás en la posición para juzgarme, te metiste con Tomi, quien es tu hermano e hijo, y que tiene diecisiete años, no tienes la moral para hacerlo —respondió William en tono acusador.

—¿Violaste a mi madre? Tú… No… Mamá entró en depresión por… ¿Por ti? La vez que me besó… Pensaba en ti. Mierda, yo… ¿Por qué me hiciste esto? ¡¿Por qué me traicionaste?! ¿Cómo te atreviste a meterte con mi madre? —reclamó Bill frente al espejo con la rabia inundándole y luego él mismo rió.

—¿Entonces fingirás que eres mejor que yo, Bill? ¿Seguiremos jugando a eso? ¿Por qué crees que te enamoraste de Tomi? ¿Sólo porque se volvió tu todo? ¿Por qué lo cuidaste desde siempre y te hizo sentir ese amor tan grande que se volvió en atracción cuando él te lo pidió? ¿No será porque es igual a tu mamá? ¿Por qué te recuerda a él? Porque es una versión que te cede el control, donde tú eres su Dios, ¿no será por eso, eh? —cuestionó William, y Bill sintió la garganta apretada.—Somos lo mismo… La misma persona, en realidad, somos la misma identidad que percibe el mundo de forma distinta. Yo me forjé para lidiar con lo malo, pero ser honesto sobre ello, y tú para vivir en una mentira, porque es lo más fácil de tolerar. Al existir… Me creé en base a lo que ya tenía allí, tu necesidad de protegerte a ti mismo, la necesidad de proteger a tu mamá… Querías ser tu propio padre, porque todo el amor que te daba, hacía que tú creyeras que Tom era tu todo. Siempre amaste a tu madre de una forma enfermiza, sólo que yo sí tuve los huevos para hacer lo que tú eras demasiado moral para cometer… Y así es como caemos todos en este espiral enfermizo, “Billy”, donde amaste a tu madre desde niño, y la versión con traumas sí pudo hacerlo suyo, y tú… Bueno, también lo hiciste con la versión más joven. Así que esto es sencillo, Bill, si nos ponemos de acuerdo, todos podremos vivir felices, porque mamá no te botó de casa, tú te fuiste cuando golpeó a Tomi, porque sabía lo que hacía, notaba que estaba seduciéndote, aprovechándose de que tú no captabas, y mamá no quería decirte que no podías meterte con tu propio hijo… ¿Con qué moral, no? Porque Tomi nació de su sucio secreto… Y te repito, ya lo sabes, ya estoy en control nuevamente porque tu mente colapsó al saberlo, tenemos la opción de regresar donde Tom, y ponernos un maldito horario, para yo poder disfrutar la vida con mi esposo, y que tú también hagas lo mismo con Tomi. ¿Comprendiste o tengo que repetírtelo?

Bill miraba como un copiloto detrás de sus propios ojos, porque veía la mirada lobuna de William al haberle soltado la verdad de sopetón, haciendo que él mismo se sintiera enfermo… Porque, de algún modo, siempre lo supo, la respuesta evidente estaba allí, pero se negó a creerlo. Y ahora, tal cual lo había descrito William, estaban en un espiral enfermizo, hundidos en la inmundicia por sus actos.

Bill aún amaba a Tomi, y sabía que no sólo como hermano, sino también con quien se había acostado… Haciéndole el amor y corriéndose entre sus piernas, sintiendo por fin que encajaba sin dolor ni temor, la confianza plena… Pero el menor no sólo era su hermano, sino su hijo, el que había engendrado con su propia madre.

Continúa…

Regalito de Killy en mame por su teoría que se hizo canon:

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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