Problemas familiares 6

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 6

Tom para evitar que Tomi hiciera bulla durante la videollamada de Bill con el terapeuta, es que se lo llevó consigo a su habitación, incluso sin puerta, al menos algún ruido iba a oírse más lejano, Tomi que ya había cumplido cuatro meses, así que lo había acomodado con el cojín para que se mantuviera sentado, en lo que jugaba con unas llaves de juguete, moviéndolas porque le gustaba el ruido que hacían.

El bebé era tierno, fuera de sus propios problemas, su hijo era lindo, cuando no lloraba básicamente, pero llorar era parte de cualquier criatura, así que Tom también era consciente de eso.

Porque no quería que Tomi creyera que debía ser merecedor de su afecto, no, eso significaría repetir los patrones que hicieron con él, y no podía hacerlo, Tom mismo había repudiado por completo lo que hicieron sus padres con él, no haciéndoselo a Bill sólo que tampoco sabía cómo hacerlo con Tomi, cómo le saliera tan natural…

“Quizá es la culpa, lo culpo porque es muestra de todo lo que hice, y encima es igual a mí”, pensó Tom, observando cómo el pequeño balbuceaba y sonreía mientras meneaba las llaves de juguete, teniendo un mejor soporte de su cabecita y estando saludable pese a todo, aunque Tom sólo hubiera estado criándolo desde hacia un mes.

“¿Qué mierda estás haciendo?”, se recriminó mentalmente pero la cabeza de Tom sintió cómo aquella frase lo llevaba lejos de allí…

—¿Qué estás haciendo, Tom Kaulitz? —inquirió Charlotte Kaulitz en tono autoritario, observando al pequeño Tom de tres años que había juntado las sillas para poder subirse a la mesada de la cocina y sacar una galleta para comérsela del frasco.

Tom se quedó petrificado al distinguir el tono de su mamá, y también la mirada que le ponía porque se había portado mal, dejando de masticar, teniendo el bolo de la comida dentro de su boca y los labios temblando mientras su progenitora se acercaba a él.

—¿Qué pasa? ¿No te la vas a comer? Trágatela, ya que por eso subiste, ¿no? Cómetela, ¿no querías hacer eso en primer lugar? ¿Desobedecer? Las galletas sólo son por premio cuando haces algo bien, y tú casi nunca lo haces bien, Tom —expuso Charlotte—. Ahora cómete la galleta, Tom, obedece por una vez —ordenó nuevamente su madre, haciendo que el menor tragara entre lágrimas y con el estómago apretado, porque en sí quería las galletas por tener el mérito de haber hecho algo bien, más que por el sabor, porque ni siquiera eran tan ricas, y aún así lo supo conforme masticaba, que sólo sabían peor, ya que su madre estaba dándole una orden por haber hecho algo malo.

Y la manera en que al terminar, lo hizo bajar jalándole de la oreja para luego nalguearlo hasta que Tom comprendiera que no merecía un premio si no era bueno para nada.

—Ni siquiera pudiste nacer bien… Eres niño con partes de niña —le repetía su madre desdeñosa desde pequeño.

Cómo es que Tom sabía desde temprana edad, que si hacía cosas buenas, recibiría recompensas, haciendo que al estar en la escuela, se supiera lo muy inteligente que era, el valor que tenía por su inteligencia, el afecto de sus padres… Y eso hizo que Tom se sobrexigiera, porque también si fallaba sólo eran más golpes, que no sólo eran nalgadas, no, correa o golpes con la regla metálica en zonas que no pudiera ver el resto.

Y cómo recién en la universidad, es que Tom pudo hacer más cosas por sí mismo, hasta no llevar el cabello largo en coleta baja como le pedían sus padres, no, sino hacerse rastas, un piercing… Cosas que estando lejos de casa pudo sentir la libertad por fin luego de muchos años.

Era merecedor… De tener experiencias de todo tipo, incluso con Wilhelm…

Y cómo es que Tom se lo ocultó a sus padres, hasta que ellos se enteraron precisamente por ser menor edad, y las autoridades de la universidad estar al tanto.

—¿Qué te hiciste? Mira tu cabello, tu ropa… ¿Y embarazado? Vamos a hacer que lo abortes porque sino vas a tirar por la borda todo lo que hemos luchado por años —demandó Charlotte viendo a Tom con rabia y toda la decepción en su semblante.

—¡No, no quiero abortar! —se negó Tom de dieciséis años, abrazándose a sí mismo, ese bebé era suyo, y si Wilhelm no lo quería, él sí, era suyo, no debía hacer nada para ganarse su amor, Tom ya lo amaba desde ya, no tenía que ser inteligente, ni ser bueno, ni nada.

—¿Me estás alzando la voz? —preguntó Charlotte con amenaza en su voz, y Tom sintió secarse la garganta, lo había hecho, sí, se había atrevido.—Creo que estás confundiendo las cosas, Tom, no te estamos preguntando, es una orden y es lo que haremos —soltó tajante la mujer.

—No lo haré, madre —repitió Tom, aunque le aterrorizaba su madre, no iba a ceder frente a ella, no a costa de la vida de su bebé… Ese pequeño que apenas se notaba en su vientre ya lo volvía fuerte, sería fuerte por él, por los dos.

Charlotte iba a cachetearlo, pero Tom detuvo su brazo al tomarla por la muñeca.

—Ya no te tengo miedo, no les temo a ambos… Ustedes necesitan más de mí que yo de ustedes. No dejaré que me vuelvan a tocar o acercarse a mí. Todos los pagos se realizan a mi nombre por más que sea menor de edad. Me emanciparé y no volverán a saber de mí ni de mi bebé —advirtió Tom, soltando a su madre.

—¿Quién te crees que eres? ¡Mocoso tarado! —gritó Charlotte mientras que Jörg apretaba la mandíbula, sintiéndose frustrado, tanto por su mujer como por su hijo.

—No hagamos un escándalo, seguimos dentro de la universidad, podría venir alguien —mencionó Jörg—. Vámonos, Charlotte —instó a su esposa.

—¿No lo estás escuchando? ¡Quiere arruinarnos la vida! —replicó Charlotte, pero antes de que pudiera seguir quejándose, sonó la puerta, por lo que tuvieron que irse del campus.

Tom al verlos irse sintió cómo respiraba de nuevo, buscando toda la información posible y también un abogado, siendo ese el comienzo de su emancipación por su bebé, y por él mismo.

Tom regresó a su presente, observando a Tomi, incluso si no sintiera ese amor desbordante que tuvo por Bill, su segundo hijo no tenía la culpa, merecía sentir afecto y cuidado, ya sería bastante duro el crecer sin un padre, como para él también ser ausente, como ya lo había sido durante los primeros tres meses.

Tomi comenzó a dar señales de hambre, y Tom lo sujetó, pensando en llevárselo a la cocina para calentar su leche, pero el pequeño bebé con su puchero, apretó con su puñito sobre el pectoral de Tom, normalmente él no hacía eso, de hecho habiéndole quitado el pezón de la boca y preferir el biberón, sin embargo, si ahora estaba buscando lactarle, al Tom ya haberse quitado la leche tóxica por el alcohol, podría darle de tomar… Quizá así sentiría una conexión con su bebé.

Tom se quitó la camiseta, acomodando al pequeño contra su pectoral, guiándolo para que lo sujetara, y Tomi no lo rechazó en esta ocasión, embocando el pezón y comenzando a succionar, apretando con sus manitas sobre su pecho, y Tom se sintió… Útil, más que conexión, tuvo la sensación de ser la madre que necesitaba Tomi desde el inicio, y acarició sus cabellos negros, entretanto sentía cómo su hijo se alimentaba.

Bill al momento de salir del baño, queriendo decirle a su mamá para que le pidiera otra consulta para la próxima semana, es que se quedó mirando a Tom darle de lactar de Tomi, como estaba sin puerta no pudo tocar para advertirle o algo.

El mero acto de dar de lactar de por sí no tenía ninguna connotación sexual, era sólo alimentar a su hermanito, sólo que Bill sintió cómo se le apretaba un nudo en la garganta, porque su cabeza… Nuevamente su jodida cabeza le dolió y volvieron esas imágenes que tuvo que retirarse de la escena, sintiéndose por completo enfermo.

Los pectorales inflamados de su madre era porque tenían leche, no para pensar en querer ser Tomi y lactarle. Bill mismo ya había lactado cuando era niño, sólo que no tenía recuerdos de ello, sólo… Unos muy vagos porque lo hizo hasta los tres años, pero no era eso lo que pensó…

No reconocía esas ideas como suyas, se enfermaba, y excitaba, con esa sensación de succión del pezón, con gemidos de fondo…

Claro que se imaginaba de dónde provenían esos sonidos, de los labios de su madre.

¿Por qué su cabeza estaba así de trastornada? William sabría qué hacer, no él.

Bill tuvo que encerrarse en el baño nuevamente, tapándose la cara mientras sofocaba su grito de frustración, teniendo una erección en sus pantalones que se negaba a atender. Esta vez no.

Tomaría una ducha o lo que fuera, no debía dejar que su cabeza le ganara.

&

Tom alzó la vista de Tomi cuando escuchó la puerta de Bill cerrarse con fuerza, frunciendo el ceño, ¿su hijo había salido o por qué azotaba la puerta?

Tomi se separó de su pecho con expresión satisfecha, y Tom puso el trapo sobre su hombro, apoyando al bebé contra él, comenzando a masajearlo para que eructara. Aunque lo hiciera en automático, se sentía un poco más realizado como madre con él. Quizá ya no tendría que darle en biberón, sino directamente que bebiera, esperaba que sí. Sólo que sí quería darle menos tiempo de lactar, no como Bill que fueron tres años, no. De hecho incluso Tom estaba pensando en que sería mejor que volvieran a Berlín, para él retomar su trabajo de forma presencial.

De esa forma tendría menos tiempo para pensar, enfocándose sólo en su trabajo, teniendo una niñera para Tomi y ya no manejándolo a distancia, sino siendo quien se encargara de todo.

Si tenía su mente ocupada no podría deprimirse, tendría la excusa para estar fuera de casa, con ello no teniendo que obligarse a estar siempre tanto con Bill como con Tomi, con Bill… Para no anhelar a William, y con Tomi… Para no terminar desquitándose sus frustraciones con el pequeño.

Luego se contentarían con salidas, juguetes o cosas así, era preferible ser ausente a lastimar directamente.

Era un buen plan, Tom tendría que ver opciones de casas porque al menos quería que su hijo menor lactara hasta el año o seis meses, más que nada para darle un buen sistema inmunológico, teniendo en cuenta que Tomi era un hijo nacido por la endogamia, y que pese a todo hubiera nacido saludable a simple vista, sin ninguna malformación, todavía tenía el riesgo de que se enfermara o algo, por lo mismo es que Tom, si bien no se había enfocado en ello en los tres primeros meses, al menos ahora quería hacerlo.

Sabía que esta era la única forma que Tom tenía para “superar” a William, aunque no quisiera hacerlo y albergara las esperanzas de que regresara… Pero debía enfocarse en su realidad, y esa era con Bill y Tomi.

&

Al momento de la cena, Tom había hecho que retomaran esos momentos de familia comiendo juntos. Había dejado a Tomi en la cuna, mientras servía la comida para ambos.

—¿Cómo te fue en la consulta, Billy? —preguntó Tom, porque en realidad había esperado que su hijo fuera a hablarle después de la terapia, pero no, Bill se había encerrado en su habitación, quizá con trabajos de la universidad, no lo sabía bien, sólo que ahora su hijo mayor lucía cabizbajo.

Bill alzó la vista para ver a su madre, dejando de juguetear con la comida, ni siquiera tenía apetito, sólo que sabía que debía comer. Tenía que mirar a las personas, y eso incluía a su madre, por más que hubiera tenido una crisis por pensar inadecuadamente sobre él, ahora Tom estaba vestido, y tenía interés real en Bill.

—Estuvo normal para lo que puede esperarse de la primera consulta, mamá. Más bien, quisiera que me pidas una segunda cita para la próxima semana por favor —respondió Bill, sintiéndose un poco intranquilo todavía, aunque más pesándole la culpa y vergüenza, pero Tom no podría leer su mente y saber lo que había pasado, por suerte.

Tom asintió, no notaba que su hijo estuviera más relajado, pero era algo gradual suponía, esperando que funcionara la terapia para él. Comenzó a comer en silencio, pensando cómo es que le había dicho el terapeuta que él también necesitaba ayuda, sólo que Tom no quería… No podía aceptarla. Todo lo que estaba atravesando eran las consecuencias de sus actos, así que de algún modo, él sentía que lo merecía, como si fuera un castigo autoimpuesto, haciendo que sonriera amargamente porque eso sólo salía de haber vivido por años con la creencia de que no merecía nada, que todo sólo era su deber, y que si se equivocaba debía recibir reprimendas.

Sólo que ya no era un niño, ni un adolescente, sino un adulto, uno que se había acostado con su propio hijo, y que se quedó embarazado de él. No podía intentar pedirle ayuda a un terapeuta, por más que sólo dijera lo mismo que a Bill, que se enamoró de alguien que luego murió, era más complejo que eso. Y Tom ya se había habituado desde temprana edad a ser sólo él quien viera la forma de solucionar todos sus problemas.

Así que más que soberbia, porque sabía que podría verse como ello, era que no debía buscar ayuda, su única solución sería seguir, como siempre lo había hecho, y evadir todo lo posible lo demás.

—¿Todavía no quieres contarme qué es lo que te tiene mal? —preguntó Tom viendo a su hijo, saliendo de su propio ensimismamiento, tentando a ver si Bill por fin le decía lo que lo acongojaba tanto, porque si no era algo relacionado a William, de todas formas era importante si mantenía así a su hijo, le daba impotencia el no poder ayudarlo, no porque pensara que no podría solo… O quizá sí, se había habituado tanto a saber y ayudar a Bill en todo, al punto de que sabía que había sobreprotegido a su hijo, sin embargo, le costaba el soltarlo, el que tuviera secretos con él, cuando siempre habían sido los dos, y el único que había tenido secretos, había sido Tom, los cuales aún mantenía, sin William para ayudar a Bill, Tom no quería que su hijo se derrumbara.

—No, mamá. No puedo. No quiero que pienses que no lo hago porque no te tengo confianza, o algo así, yo te amo, eres la persona más importante para mí, sin embargo, hay cosas que prefiero mantener para mí mismo —contestó Bill no queriendo que su mamá sintiera algún tipo de rechazo, porque no era así, sabía que su mamá era quien más amaba en este mundo, y en segundo lugar a su hermanito, no obstante, precisamente por ello, es que no podía decirle, porque sólo haría que su madre lo viera como un degenerado, como si fuera capaz de hacerle algo.

Sólo que Bill jamás se atrevería a tocar a su madre como en sus sueños, por más que… No se viera a sí mismo abusando de él en ellos, porque había un grado de satisfacción, era el punto de que su madre estaba ajeno a todo su sentir, sólo lo miraba con preocupación, quizá también un tanto dolido, y Bill lo comprendía, pero decirle la verdad sería peor.

—También te amo, mi amorcito, y tanto tú… Como Tomi, son lo más importante para mí —le aseguró Tom, dudando un poco al agregar a su hijo menor a la oración, sin embargo, era suyo, así que también tenía que hacerlo, sujetando la mano de Bill por sobre la mesa.

Bill le apretó de vuelta la mano, observándolas juntas… Sus uñas no estaban pintadas, quería volver a hacerlo, pintarse las uñas, maquillarse… Pero había un contraste entre ambas manos, Bill empezaba a procesarlo al momento de acariciar la mano de su madre, cómo es que los tonos de sus pieles eran diferentes, no por mucho, y cómo es que ya tampoco era como cuando Bill era un niño, que la mano de su madre se sentía tan grande, no. Habían sido tantas veces que tomó la mano de Tom, desde que era un bebé, luego un niño, incluso como adolescente… Y había sentido esa protección y calidez en su palma.

Sólo que el tamaño era casi igual a estas alturas como adulto que era, incluso en tamaño Bill era más alto, sólo que no se ejercitaba, y se percataba que precisamente ya no era el hijo de mamá que siempre le repitieron en tono de mofa.

Era un adulto, un hombre, quien ahora había sido el que buscaba cuidar la casa, y que también lidiaba con sus propios problemas, sólo que… Era tan extraño pensar que Bill era quien buscaba proteger a su mamá cuando siempre había sido al revés.

Pero Tom se veía cansado, lidiaba con la muerte del papá de Tomi, y su depresión… Así que Bill sentía que él también debía ser más fuerte como adulto que era, por ambos.

Sus problemas quedaban de lado, no tendría que saturar a su madre con ellos, ya él tenía suficiente. Al menos agradecía cómo es que su pecho se apretó al escuchar hablar así a su madre, diciéndole que lo amaba, y también a Tomi.

Se soltaron con suavidad para retomar la cena, manteniéndose en silencio, así Bill no tuviera hambre, no quería enfermarse, y comió, observando cómo es que su mamá también lo hacía.

A Bill siempre le había gustado observar a su mamá, tanto como cuando él le correspondía, pero secretamente disfrutando de verlo cuando no lo notaba, muy absorto en sus propios pensamientos, cómo había sido ver a su madre a lo largo de los años… Habían sido tantas veces que, por eso no se sorprendía del todo, con que su mente le jugara una mala pasada para tener pensamientos impropios con su madre, no por Bill querer tenerlos, sólo que fácilmente podría recrear distintas escenas por el sinfín de ocasiones donde se había grabado a consciencia el rostro de Tom, cada expresión, ya fuera por enojo, felicidad, o satisfacción de toda índole, incluso los gestos que Tom hacía en automático por estar concentrado.

Quizá por eso tenía el problema de apego que tanto le decía el terapeuta.

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Tom se había convencido a sí mismo que no podía hacer colecho con Tomi, que por los problemas que tenía, su propio desapego, falta de conexión y demás, dejaría que Bill siguiera durmiendo con el bebé, sin embargo, como también sabía que su hijo mayor tenía mucho estrés, y cómo Tomi ahora no le rechazaba el pecho, es que la idea de hacer colecho sonaba más tentadora y práctica, debido a que sólo bastaba que él durmiera sin camiseta con Tomi boca arriba, entonces al bebé tener hambre sólo se acercaría al pezón, lactando y dejándolo dormir.

Es lo que Tom había hecho con Bill de bebé, cuando era un adolescente agotado luego de un día de clases, y encargarse de su hijo solo, lo mejor era eso, pero ahora también, porque si bien ya no era un adolescente, también le pesaba toda su situación actual.

—Colabora conmigo, ¿está bien? No estés llorando porque no dormirás con tu hermano. Mamá está aquí para ti —le habló Tom al pequeño que lo miraba con sus grandes ojos y un puchero, abrazando a su peluche de oso.

Igualmente Tom sabía que así llorara, era responsabilidad suya, por más que le estresara, era su hijo, no de Bill, sino de William. Tom más que nada se iba mentalizado, así que luego de que aplicara la técnica de hacerse el dormido, y el bebé por imitación comenzara a cerrar los ojos, bostezando hasta dormirse, era una técnica muy eficaz. Sin embargo, Tom mismo al ver al bebé descansando, y sentir su calor cerca, es que terminó por dormirse.

Tom sintió un peso sobre sí, no uno tangible, sino más bien como incomodidad, poniéndolo en alerta y entreabriendo los ojos cuando dormía, se fijó en el reloj, aún era de madrugada, ¿qué era ese peso como agujas perforándolo? El castaño viró en dirección al marco vacío de la puerta y notó que eran los ojos de Bill mirándolo en la oscuridad.

Tom sintió un poco de temor al verlo allí, más que nada por su expresión, lo veía con fijeza sin desviar la mirada ni parpadear, su rostro estaba serio… Pero parecía más fuera de sí mismo, como si estuviera en un trance. Su corazón latió acelerado, porque esa intensidad le recordaba en parte a William, sólo que esto no era un sueño, así se sintiera aletargado por apenas despertar.

—¿Bill? —preguntó Tom sin alzar mucho la voz, porque Tomi estaba durmiendo profundamente y no quería que despertara para ponerse a llorar.

Su hijo mayor se quedó mirándolo fijo, como si lo viera y no lo hiciera al mismo tiempo.

—Bill, amorcito, ¿no puedes dormir? —intentó Tom nuevamente, quizá su hijo estuviera sonámbulo ahora que lo pensaba, podría ser por el estrés y todo lo que había estado ocultándole.—¿Es por Tomi? ¿Por qué no estás durmiendo con él? —inquirió otra vez pero tampoco obtuvo respuesta, sólo su hijo viéndole como si estuviera congelado con la misma expresión vacía.

Tom palmeó sobre el colchón, llamándolo con aquel gesto, si bien lucía un tanto aterrador, era su hijo, y aún recordaba a Bill con sus pesadillas como cuando era niño, claro, ahora era un adulto, pero sí había tenido una que otra ocasión donde había tenido sonambulismo, calmándose con su tacto y cercanía, o a veces el sonido de su voz.

El gesto funcionó mejor, tal como Tom pensó, Bill no estaba tan racional, y observó cómo es que el muchacho de cabello oscuro caminó en dirección a la cama, echándose frente a Tom, con los ojos abiertos pero perdidos, y el mayor acarició la mejilla de su hijo con sus nudillos, manteniendo aquel roce tenue pero conciliador constante contra su piel, haciendo que el menor se relajara frente a su tacto.

—Ssshh… Duérmete, mi amor, mami está contigo. Cierra los ojos y descansa —instó Tom, fijándose cómo es que Bill hacía caso, cerrando los ojos, tenían a Tomi en medio, de algún modo, lucían como una familia.

“Lo somos, en más de un sentido”, pensó Tom amargamente, porque no sólo eran la mamá con sus dos hijos, también mamá, papá e hijo, todo al mismo tiempo.

Tom esperó que la respiración de Bill se acompasara para él recién cerrar sus propios ojos, quedándose dormido.

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Bill se levantó sintiéndose desorientado, porque su cama no se sentía cómo su cama… Ni los colores ni… Bajó la vista, fijándose que Tomi estaba durmiendo.

Tomi, él dormía con Tomi, pero… Se fijó con que no estaba sólo con su hermanito, sino que también estaba su mamá durmiendo, nuevamente sin camiseta, sin embargo, más que centrarse en sus pectorales, al menos teniendo a Tomi al lado ayudaba a enfocarse en algo más, es que Bill no entendía cómo es que estaba durmiendo con ellos.

Recordó que su madre le dijo que dormiría con Tomi porque ya estaba lactándole, para que Bill no se levantara de madrugada a calentarle el tetero, porque podía beber directamente de él durante el colecho, y sí, su hermanito tenía baba con leche sobresaliendo de su labio inferior.

Por eso es que Bill no durmió con Tomi, y no tenía ni idea de cómo es que había terminado durmiendo con ambos.

Bill se sentó en la cama, notando cómo es que el umbral seguía vacío porque hoy pondrían la puerta de su madre, lo más probable es que hubiera caminado dormido hasta donde su mamá, sólo que… Le daba miedo, el saber que él mismo tenía pensamientos impropios, y sin control de sí mismo al estar sonámbulo. ¿Y si sus sueños los confundía con la realidad?

Bill sintió cómo se le apretó la garganta, sintiendo ganas de rascarse hasta lacerarse la piel…

—No, si te haces daño, lastimarás a tu madre, porque eres lo más importante para él —le había dicho William cuando intentó autolesionarse al tener catorce años, y el eco de su voz resonó ahora…

No podía pensar en hacerse daño ni aunque fuera como una forma de auto castigo, no. Sería darle más carga a su mamá. Bill se giró y lo observó dormir plácidamente, hasta que entre abrió sus ojos color chocolate, tapándose la boca al bostezar.

—Buenos días, mi amorcito, estás con mucho estrés porque volvieron tus ataques de sonambulismo —comentó Tom apenas despertó, notando el nerviosismo en el semblante de su hijo mayor.

—Buenos días, mami… Yo… —iba a responder Bill pero Tomi se removió incómodo comenzando a llorar.

—Pañal sucio —dijo Tom ariscando la nariz, sujetando al pequeño que hacía una rabieta incómodo entre sus brazos, para ubicarlo en la mesa que había llevado para hacerle cambio de pañales poniendo a su hijo, quitándole el sucio, en lo que le pasaba una toallita húmeda para quitarle el excedente de la popo, en lo que Tomi lloraba fastidiado, moviendo sus pies y manos, haciendo que se le dificultara a Tom el asearlo—. Tomi, basta —le habló a su hijo, pero él lloraba más fuerte poniéndose rojo por el esfuerzo, y Tom tensando la mandíbula porque apenas se despertaba, priorizando la limpieza de su hijo por sobre la suya, y no ponía de su parte.

“Es un bebé por eso no sabe regularse”, se decía a sí mismo para no exasperarse.

—Lindura, no se lo pongas difícil a mami —habló Bill detrás suyo, pasando su mano hasta acariciar la mejilla de Tomi con cuidado, quien dejó de llorar y le sonrió a su hermano, permitiendo que Tom pudiera terminar de asearlo para ponerle el pañal limpio—. Es tan precioso… —acotó su hijo sólo que se escuchaba un poco diferente, como si la voz fuera a quebrarse en algún momento.

Tom sabía precisamente que Tomi tenía preferencia por Bill, y ya no iba a recriminarle nada porque era su culpa, ahora mismo sólo estaba agarrando el ritmo para poner pañales que no era tan rápido como antes.

—¿No te dije que nos iba a salir hermoso tal cual tú y yo? —preguntó Bill… No, Tom se tensó, no era su hijo, era William, el mismo que estaba hablándole por detrás aún acariciando a Tomi y ahora dejándole un beso en el cuello.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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