Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 8

El día que fueron al médico, en sí si bien fue Tom, no tendría que estar allí más que como acompañante debido a que Bill ya tenía diecinueve años, por lo mismo es que en varios momentos no pudo ingresar durante el procedimiento, quedándose con Tomi en brazos, fastidiado porque no le gustaba el ambiente con ruidos distinto a cómo estaba en la comodidad de su casa en silencio.
Tom se impacientaba un poco pero no podía exigir nada, a veces él mismo quería tener a Bill como si fuera un niño, vigilar cada uno de sus pasos, pero no, su hijo podía hacerlo solo, mientras que él lidiaba con quién sí era dependiente, Tomi, cargando aparte su morral con todo, hacían tantos años que él no andaba con una pañalera ni tenía el peso de un bebé en la calle que se sentía un poco extraño, intentando calmar a su hijo que lloraba fastidiado nuevamente por no poder regular sus emociones, lo cual seguía siendo normal al ser un bebé de cuatro meses camino a los cinco.
De igual modo, los exámenes si bien tomaron gran parte de la mañana, al ser una clínica, los resultados estuvieron el mismo día, y ahí sí dejaron que ambos ingresaran al escuchar al doctor leerlos.
—Físicamente está curado, joven Kaulitz. No hay edema, no hay resto de la contusión por el accidente, los niveles neurológicos son perfectos. Estos dolores de cabeza no deberían estar ahí —expuso el médico observando a Bill.
—Pero, doctor, ¿ya revisó su expediente? Mi hijo ha tenido un accidente hace meses, puede haber presentado algún inconveniente debido a algún coágulo tardío —acotó Tom con seriedad y el doctor lo miró interrogante.
—Señor Kaulitz, ¿quién es el doctor aquí? ¿Usted o yo? Aquí mismo se ve en las placas que están limpias. Soy un profesional que se fijó en el expediente de su hijo, que por cierto es mayor de edad, así que debería dejarlo hablar, no es un ningún niño… —empezó a refutarle el médico a Tom.
—No le hable así a mi mamá, por favor, doctor —interrumpió Bill con la mandíbula apretada al igual que sus manos en puños—. Mi mamá sólo se preocupa por mí porque siempre hemos sido sólo los dos —terminó por decir, porque le causaba dolor que le hablara así a su madre cuando sólo estaba preocupado por él. En este caso sí podía decir que era su madre y no padre porque estaban en un hospital.
Tom se dio cuenta de que si bien su hijo siempre había sido protector con él, por no general se mantenía callado, notándosele la frustración. Sólo que ahora Bill había hablado para defenderlo, haciendo que Tom pensara que esto no sólo algo inusual sino también que estaba relacionado a la aparición de William, ¿verdad? Porque quien siempre era de hablar, defenderlo, e incluso atacar era él, no su hijo.
El doctor arqueó una ceja al mirar a Bill. —Lo entiendo, sólo que no hay ningún rastro en las placas. Las cefaleas pueden ser psicosomáticas, y para eso necesitaría derivarte a psicología y psiquiatría —arguyó el profesional.
—Yo… Ya voy a terapia, tengo TID —respondió Bill, intentando enfocarse que esto seguía contándose como interacción con otras personas, para poder hablar y no quedarse en silencio dejando que su madre hiciera todo como solía pasar.
—Entiendo, eso explica el volumen menor en el hipocampo y también en la amígdala. En el caso del hipocampo es el que se encarga de la memoria, y esto afecta a las lagunas usuales en personas con este trastorno, mientras que la amígdala al estar reducida es que mantiene en un constante estado de alerta, considerando estímulos neutros como amenazas, como ahora mismo que te has tornado a la defensiva sólo por un comentario hacia tu madre. Pero no es en relación a su accidente, ninguna consecuencia ni nada, sólo algo que manejen con medicación y terapia —explicó el doctor observando a Bill. Tom también escuchaba pero en silencio, comprendiendo que entonces esto sólo era por el tema de su trastorno, y no por alguna lesión.
Bill pensaba cómo es que decían que estaba a la defensiva y que ellos llevaba relación con su propio cerebro, haciendo que él se sintiera roto.
El médico se aclaró la garganta frente al silencio incómodo. —¿Entonces no le hago una referencia? Si me dice que ya se está atendiendo con un terapeuta, sólo sería que le muestre sus resultados, y les den las opciones necesarias —arguyó el profesional.
—Sí, doctor, gracias —dijo Bill en tono monótono, mientras agarraba todos los resultados de sus exámenes.
Tom escuchaba a su hijo por completo desanimado, y en parte lo entendía, porque los dolores no eran por algún problema como tal en su cabeza, al menos no físicamente, en realidad era un alivio para Tom, porque pensar en algún problema que fuera físico daban muchas opciones que no eran alentadoras, pero suponía que era peor saber que todo el asunto estaba en su mente… Porque era psicosomático.
—Mi amorcito, tranquilo, ¿está bien? ¿No quieres que vayamos a comer algo que te guste para animarte? —ofreció Tom, en lo que Tomi estaba removiéndose ansioso, y el mayor intentaba que no le molestara aunque lo hacía, y Bill se giró a verlo, sujetando al bebé, apretándolo contra su pecho, hasta que el pequeño soltó un suspiro, jalándole del cabello a su hermano mayor.
—Tomi no está cómodo en la calle, será mejor irnos a casa, mamá, pero gracias, ¿podríamos pedir delivery o algo? —preguntó Bill, no queriendo sentir mal a su madre por rechazarla, pero es que su hermanito estaba muy tenso, habían sido muchas horas fuera de casa, y él quería dormir por eso lo apretaba ya que eso le daba un poco de estabilidad en aquel instante, por eso el pensar en irse a un restaurante sería darle más estrés innecesario, Tomi le jaloneaba de un mechón de cabello para regularse, su mismo cabello que iba creciendo a como lo había tenido por decisión de William.
Tom asintió, pasándole la mano por la espalda a su hijo mayor, sin hacer comentario alguno sobre el comportamiento de Tomi, ya que le costaba todavía aprenderse las señales en el bebé, y…Sólo tenía su cabeza martilleándole con la idea de que Tomi sabía que Bill era su padre, por más que él mismo fuera un hombre de ciencia, ese pensamiento intrusivo lo tenía atormentándole la cabeza, que por eso el apego, aunque supiera racionalmente que había sido por el abandono que había sometido al bebé, suponía que su lado irracional ganaba porque había escuchado tanta carga de amor en las palabras de William refiriéndose a Tomi, que sólo podía pensar que Bill de algún modo sentía tanta cercanía por lo mismo.
Sólo que Tom mismo era consciente de que eso sólo lo lastimaba, el ver las interacciones entre sus hijos y sólo pensar en William calmando a su bebé, también lo había hecho en aquel momento al cambiarle el pañal. Se sentía tan estúpido por estar pensando cosas que carecían de sentido lógico, pero también era parte del proceso de la depresión que estaba atravesando, hasta el punto de tener sueños por extrañarlo, y por ello es que quería irse, porque necesitaba alejarse de sus hijos.
“¿Y si vuelve William? ¿Qué harás?”, decía una voz en su cabeza y Tom apretó la mandíbula, porque sabía que no habría ningún maldito impedimento si regresaba, porque sí, él era quien le había pedido que se fueran lejos para tener más libertad, sólo que no había durado lo suficiente si ya no estaba, y… Así volviera, que Tom no podía negar que quería que lo hiciera, tendrían que adecuarse a que él regresara a trabajar. Bill mismo estaba estudiando su carrera, y se le notaba más frustrado, explotando en ocasiones, hasta con el mismo doctor, así que Tom sabía que en algún punto, Bill buscaría un trabajo y formas de desligarse de él, aunque él no quisiera, era “el ciclo de vida”, y… Claro, sabía que Tom mismo se había cagado en ello al momento de meterse con William, sólo que como no era seguro que regresara, quería que su hijo tuviera un respiro también.
“Un respiro de mí mismo”, completó en su mente, porque Tom sabía que era difícil de lidiar, y que al haber sido sólo los dos, de todas formas no había sido una relación muy sana de por sí, incluso antes de que William se manifestara ante él.
El regreso se mantuvo en silencio, mientras que Tom conducía, Bill había acomodado a Tomi en el asiento trasero, haciendo que el mayor pensara cómo es que Bill mismo había instalado la sillita para bebés, tantas cosas que Tom debió hacer y no hizo, pero ahora Tomi estaba sentado en ella con el peluche que Bill le puso, intentando dormirse.
Bill se sentó en el asiento de copiloto, y Tom sólo podía pensar en las ocasiones donde había estado conduciendo con William en aquel asiento, la forma en que lo había tocado mientras manejaba, o al revés, William conduciendo, y aún así, dándose un momento para meterle los dedos, o Tom mismo haciéndole un oral que terminaba con ambos cogiendo cerca del acantilado para no ser vistos.
Tantas cosas que habían pasado y parecían como si no hubieran existido… Sólo siendo producto de su imaginación, sin embargo, Tomi era el recordatorio de que no, no lo imaginó, todo fue real. Pero Bill ahora mismo iba perdiendo poco a poco el rastro de William, dejándose crecer un poco el cabello, vistiéndose con las prendas que él mismo solía usar, y no el alter… Sin embargo, Tom sabía que lo más los distinguía era la mirada, y la forma desvergonzada en que le hablaba, ese descaro, esa intensidad…
“El amor con que me habló y besó después de tiempo”, completó en su cabeza, tocándose por inercia la nuca. Bill lo amaba pero como madre, no como hombre, y esa intensidad, ese afecto que le daba William, era algo que no había conseguido con nadie, y Tom sabía que, de algún modo, era algo a lo que se había vuelto adicto.
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Los días pasaron hasta que nuevamente Bill tenía la consulta con el doctor Köhn, y al menos sentía que estaba un poco más preparado, habiendo escaneado los resultados de sus exámenes y también habiendo cumplido con la cuota de socializar.
—Buenos días, Bill, ¿cómo te ha ido en la semana? —inquirió el terapeuta a través de la pantalla.
—¿Más o menos? Yo… Hablé con personas, en plural, porque hicieron la instalación de la puerta de mi madre, y terminamos conversando con los encargados. También fui al médico por mis dolores de cabeza, ahora… Le envié los resultados, pero de todas formas el neurólogo me dijo que era algo psicosomático, nada relacionado al accidente —relató Bill tan rápido y fluido que el terapeuta se sorprendió.
—Me da gusto que estés hablando con mayor facilidad, Bill, incluso me has mantenido la mirada sin titubear, es una avance para como empezamos, ¿te das cuenta cómo es que sirve el hablar con personas? Qué también me parece muy bien que hayas cumplido la tarea. Ahora revisaré los resultados de tus exámenes —musitó el terapeuta mientras descargaba el archivo y leía los informes junto con las imágenes.
Bill en sí se sentía un tanto feliz por tener la aprobación de su terapeuta, sólo que en realidad no había sido del todo consciente de que le estaba hablando con mayor fluidez, estaba más centrado en comunicar lo que le pasaba, más que lo demás, quizá era cierto, al hablar con más personas sin el temor, sino más bien por algo obligatorio, era más llevadero, aunque no necesariamente hubieran sido charlas amigables como para hacer amigos, ya que el único que fue amistoso fue el hombre que había instalado la puerta, y Bill ni siquiera le preguntó su nombre.
—En efecto, Bill, no es nada relacionado a tu accidente. En este caso lo mejor sí sería que tuvieras un tratamiento farmacológico, tanto para bajar síntomas como las cefaleas, entre otros. ¿Has seguido teniendo fantasías con tu madre? —inquirió el terapeuta y Bill tensó la mandíbula ante la interrogante, desviando la vista.
—Sí, aún las tengo —respondió Bill, pensando que quizá debería decirle sobre que William había regresado, aunque no pudiera oírlo, y sólo hubiera sido una vez, sólo que desanimaba de hacerlo al recordar que el terapeuta le había dicho que tenía que dejar su despego con él, por lo que mejor pensó en que podría hablarle de otro tema—. Mi mamá quiere que regresemos a Berlín y no quiero hacerlo, es decir, entiendo el por qué lo hace, sólo que ha sido difícil para mí adecuarme al cambio de la mudanza que siento que sólo es un continuo empezar de nuevo.
—¿Se lo has comentado a tu madre? Porque también está la opción de que pienses en independizarse, ya que eres un adulto, sólo que implicaría que buscaras un trabajo desde ahora —contestó el doctor Köhn, que en realidad no creía que su paciente pudiera simplemente dejar a su madre al tener una relación de dependencia muy arraigada, sin embargo, el mencionarle la opción era necesario, aunque también difícil porque independizarse no bastaba con sólo pensar e irse.
—¡No! Digo… Disculpe, no quería gritarle, sólo que no quiero dejar a mi mamá, sólo lo tengo a él, así que no quisiera irme todavía. Sé que lo esperable es que en algún punto me mude y forme mi propia vida, sin embargo, ¿quién vería por mi mamá? Si él también sólo me tiene a mí —arguyó Bill, porque sabía que incluso pensar el dejar a su madre le daba un malestar físico.
—Bill, es necesario que tú pienses como un individuo, tu madre no es ningún niño que necesite cuidado, es un adulto. El que mantengas orientada tu vida a lo que requiera tu madre hará que no puedas tomar decisiones sobre ti mismo —comentó el terapeuta y Bill se sintió frustrado porque tenía razón, sólo que no podía hacerlo.
“No es que no pueda, en realidad es que no quiero”, completó Bill su línea de pensamiento.
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Tom estaba durmiendo con Tomi otra vez, manteniéndose sin camiseta para que su hijo tuviera su pectoral a su disposición, pero mayormente podía estar dormido para este punto, siendo un mal menor el que el pequeño hiciera más succión. Sólo que Tom era consciente del espacio, lo suficiente como para no moverse tanto y aplastar al bebé, al menos su instinto de madre no se veía afectado en ello, no aplastaba a Tomi, él se mantenía de espaldas, sólo girando para lactar y volver a dormirse. Tom estaba de costado, era la mejor forma para dormir en colecho.
Sólo que él debía estar durmiendo, ya que sintió cómo lo abrazaban por detrás, respirándole en la nuca… Tom sentía que esos brazos que lo apretaban y ese aliento sobre su piel le pertenecían a William, así fuera un sueño, Tom estaba feliz de disfrutarlo aunque fueran en aquellos momentos efímeros por el resquicio de su inconsciente.
No podía ser William porque Tom dormía con el seguro puesto, sin mencionar que el alter aún no regresaba del todo.
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Bill se levantó con una erección en sus pantalones, paralizándose al darse cuenta que se estaba frotando… Contra su mamá que dormía.
Esto no era un sueño, no eran las fantasías que parecían ser recuerdos, no, realmente estaba pasando y Bill detuvo sus movimientos, para separarse de su madre.
No sabía cuándo había venido en primer lugar, a menos que William lo hubiera llevado pero… No tenía sentido. Bill mismo sabía que tenía la llave de repuesto para casos de emergencias, por eso es que había podido entrar, como su madre dormía se mantenía ajeno a que él estuvo frotándose con su trasero.
Bill se sintió terrible porque Tomi también estaba ahí.
Pero se salió del cuarto para ir al suyo, golpeándose detrás de la cabeza contra la puerta por la frustración.
Si por a o b él se hubiera sentido mal, era normal que buscara abrazar a su madre para sentirse mejor, había sido algo que había hecho desde niño, no sabía si ahora había ido por una pesadilla.
El día anterior había sido un poco estresante luego de la charla con el terapeuta, quien le había pedido que siguiera hablando con personas, y que fuera viendo el formar lazos, es decir, un contacto constante hasta tener una amistad, lo cual le parecía una estupidez a Bill, sólo que no se lo había mencionado al mayor. Y básicamente pensaba en ello por el hecho de que no podía conocer personas así como así, y no el tiempo suficiente para formar una amistad, ya no estaba en la escuela, y ahí mismo le fue complicado porque la mayoría sólo quería burlarse a costa suya.
Así que… Si había tenido una pesadilla y buscado a su madre de forma inconsciente, o quizá William mismo había hecho que fuera en su afán de buscar protección, aunque Will no necesitaba sentirse protegido, como fuera, al final Bill con sus fantasías había arruinado el momento.
Era tan peligroso el que tuviera la llave del cuarto de su madre, porque claro, estaba bien para una emergencia y no tener que romper la puerta, pero si Bill mismo era el riesgo al que podía someter a su madre, ¿qué es lo debía hacer?
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Tom se levantó por el llanto de su hijo, bostezando y procediendo a cambiarle su pañal casi en automático.
Poner en su cuna a Tomi mientras se aseaba también lo hizo como autómata, siguiendo la misma rutina y pensando cómo había sido su sueño… Era algo dañino para Tom, el saber que lo mejor de su paraíso onírico era tener a William abrazándolo fuerte, con su aliento sobre su piel, y la presión contra suya. Lo amaba y necesitaba, era su peor adicción, con quién no podía hacer contacto cero al estar en el cuerpo de su hijo.
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Tom al momento de desayunar es que notaba que Bill nuevamente no lo miraba a los ojos, como si estuviera ocultándole algo.
—¿Hay algo que no te gustó durante la consulta con el doctor Köhn? Porque ayer me dijiste que preferías no hablar de eso. Pero hoy ni siquiera me quieres ver —musitó Tom observando a su hijo—. ¿Qué es lo que te tiene así? ¿Es algo relacionado conmigo, hijo? —instó el mayor, ya que habían pasado dos semanas como para que pudiera ser más directo con su hijo con este tema.
Bill sintió su garganta apretada viendo con fijeza su plato, con el tenedor temblando al sujetar el cubierto. Su lenguaje corporal respondía por él, así que Tom lo sabía.
—¿De qué forma se relaciona conmigo, Bill? —insistió Tom, ya no había sospecha, sino una seguridad.
—Mamá, no quiero hablar de ello. Hay cosas de las cuales no puedo decirte, ya te lo mencioné antes, no es porque no confíe en ti —respondió Bill sin sostenerle la mirada.
—Lo sé, y he respetado eso, el tema aquí es que esto me involucra, por eso ni siquiera puedes mirarme, Bill, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué tengo que ver? —repitió Tom exasperándose un poco, alzando la voz porque no comprendía qué era tan grave para tener así a su hijo.
—¡No puedo decírtelo, mamá! ¡Soy un adulto que también merece tener secretos! —se quejó Bill, sin darse cuenta, hasta que fue demasiado tarde, que había gritado, haciendo que Tomi llorara, y Tom tensara la mandíbula.
—No me levantes la voz, Bill Kaulitz —advirtió Tom ante el comportamiento de su hijo.
—Entonces no preguntes más, madre —rebatió Bill, y se tapó la boca a sí mismo, porque sabía que estuvo mal, sólo que no lo pensó, sólo habló sin poder controlar sus impulsos, haciendo que Bill mismo pensara que se merecía una cachetada como la que le dio su madre la otra vez—. Lo siento, mamá, me iré a mi habitación —acotó antes de que Tom pudiera decirle algo, que sabía que no sería bueno.
Bill ni siquiera había terminado su comida, pero tenía que irse, no podía seguir allí como si nada. Tom se mantuvo en silencio, aguantando el regaño, porque en parte tenía razón, Bill era un adulto, sólo que tampoco eran las formas adecuadas, observó cómo su hijo botaba lo que quedó y lavó su plato para regresar a su cuarto, con el llanto de Tomi de fondo.
Algo estaba pasando con Bill y Tom tenía que averiguar qué era, porque si estaba relacionado a lo que hicieron con William…
“No, él me dijo que Bill no tenía acceso a lo que hacíamos”, se respondió mentalmente. Que si bien William sí podía acceder a los recuerdos de Bill, viendo todo dentro suyo, su hijo no podía, por lo mismo es que habían hecho tantas cosas con su hijo manteniéndose por completo ajeno.
¿Pero y si eso había cambiado porque William no podía tomar el control? Tom sintió cómo se congelaba frente aquel pensamiento, no podía ser, su hijo… Estaría escandalizado, no lo perdonaría, no…
“Pero está actuando extraño y con vergüenza precisamente ahora. Porque tú sabes que has sido una pésima madre. No te respeta porque sabe lo que hiciste, ¿quién sentiría respeto por la misma madre que se aprovechó de él con la excusa de estar haciéndolo con su otra personalidad?”, le dijo una voz en su cabeza, pero Tom negó, no podía ser, sólo eran sus inseguridades, y la propia culpa por sus actos. Bill no sabía nada, Bill no podía saber.
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Bill sentía que estaba enloqueciendo, por más que ocupara su tiempo también en sus estudios, estaba arrepintiéndose de no poder hacerlo presencialmente, ya que al menos tendría la excusa de salir por estudio y hablar con otras personas.
Pero decidió que la única forma que tendría para mantenerse “un poco cuerdo”, era ingresando a los grupos de WhatsApp de la universidad, que sabía que más que nada era para pedir apuntes o algunos queriendo trabajar en grupo, Bill había rehuido por completo de ellos, sin embargo, ahora lo necesitaba.
Porque no podía sólo aferrarse a Tomi, él no le respondía, y claro, seguía teniendo el apego con su hermanito al cual amaba, no obstante, los pensamientos con su madre… No se iban, y había despertado más de una ocasión sobre la cama de su mamá, agradeciendo que su madre tuviera un sueño profundo porque no lo había sentido.
Bill debía buscar a personas con desesperación, y la única excusa plausible para hablar con quienes tuvieran “algo” en común, eran sus compañeros de carrera, así podría decir que era por clases.
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Tom no se sentía bien, porque volvía a soñar con William, por más que tuviera problemas para conciliar el sueño, su cabeza estaba torturándolo, ya que despierto se recriminaba porque sospechaba que Bill sabía la verdad, sin poder sólo preguntárselo, porque si no lo sabía, sería incriminarse, así que estaba como el protagonista del cuento “El corazón delator”, debido a que la culpa lo carcomía, cada vez que veía a Bill, una voz en su cabeza era tan molesta como el supuesto latido, porque la voz decía: “lo sabe, lo sabe, lo sabe”, y su ansiedad iba en aumento. Lo peor era que al dormir, soñaba con William abrazándolo con fuerza… E incluso en una ocasión sintió su dureza contra su trasero.
Haciendo que Tom se levantara con la ropa interior con humedad, acrecentando su culpabilidad, y mucho más porque dormía con Tomi.
—Creo que tendrás que regresar a dormir en la cuna —le habló Tom a su hijo menor, porque si bien era práctico el que Tomi se hiciera autoservicio bebiendo de su pectoral, también no podía dormir con él sí volvía a tener sus sueños húmedos.
Y Tom se odiaba, porque ahora él era quien rehuía la vista a su hijo, y aún así, era quien estaba soñando descaradamente con el alter frotándose con él, recordando incluso cómo había sido al inicio, que William lo hacía por desearlo y cómo Tom lo empujó…
Incluso sería lo más sano el poder retroceder el tiempo y no haber cedido ante él, aunque ya Tom no pudiera hacer nada para este punto.
Continúa…
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