
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 2
Al día siguiente Tom le dijo la verdad a su hijo, omitiéndole el que estaba masturbándose, pero sí que alguien se había metido a la casa, que tuvieran cuidado, y cerrara bien todas las puertas y ventanas, sin embargo, Bill se tensó notoriamente ante lo dicho por su madre.
ㅡMe da miedo de que puedan hacernos algo, ma ㅡexpresó Bill, mirando con preocupación a Tom, quien le acarició la mejilla a su hijo.
ㅡLo sé, hijo, pero ya hablé con el servicio de instalación de alarmas, vienen en unos días para poner un nuevo sistema de seguridad, ¿está bien? Al menos no pasó a mayores, fuera de un susto ㅡfarfulló Tom.
ㅡ¿Tú crees que pueda dormir contigo, mami? Es que siento que al menos estaré a tu lado por si alguien quiere meterse a tu habitación ㅡcomentó Bill con el rostro aún compungido por la preocupación.
ㅡHijo, es que ya no eres un niño, Billy ㅡarguyó Tom.
ㅡSí, lo sé, mami. Pero tu cama es enorme, y ahí cabemos cuando vemos películas, sólo hasta que pongan las alarmas, no me perdonaría que te pasara algo ㅡpidió Bill, tomando la mano de Tom, y el mayor notaba la sinceridad y preocupación en ello, por lo que apretó de vuelta su mano.
No es como si realmente Bill pudiera hacer algo, sin embargo, comprendía su nivel de protección con respecto a él, y fuera de lo que pensó antes, en realidad su hijo no había hecho nada inadecuado con él, aunque estuvo raro la otra noche y… Había ocasiones donde lo notaba perdido en sí mismo, pero quizá sólo era la presión de que era su último año, y el próximo Bill empezaría la universidad.
Por lo que Tom asintió.
ㅡEstá bien, Billy, dormiremos juntos hasta entonces ㅡcedió Tom.
Sin embargo, al dormir con su hijo, notaba cómo Bill se movía intranquilo, por lo que Tom con cariño le besaba la frente.
ㅡEstás con mamá, Billy, estás en un lugar seguro ㅡrepetía Tom, en lo que buscaba calmar a su hijo, quien dejaba de removerse, soltando un breve sollozo antes de dormirse nuevamente.
Bill solía tener pesadillas de niño, y Tom lo calmaba de la misma forma, que con su voz, Bill relajaba su expresión, y se acurrucaba más contra él, incluso aunque ahora estuviera grande, a portas del mundo de los sueños es que Tom tenía el mismo control sobre él.
La siguiente noche pasó lo mismo, donde terminaron durmiendo abrazados luego de consolarlo, hasta que Tom se giró, y sintió cómo Bill lo abrazó por detrás, donde no había nada inusual…
El problema fue después cuando Tom entre sueños sintió una dureza contra su trasero frotándose con insistencia…
Al inicio Tom no comprendió lo que pasaba, hasta que recordó que estaba durmiendo con su hijo, quien lo abrazaba por detrás, y quien estaba con una erección contra sus nalgas, por lo que Tom se giró de inmediato, empujando a su hijo hasta que se cayó de la cama.
ㅡBill, ¿qué te pasa? ㅡpreguntó Tom espantado.
Bill tenía cara de recién despertarse. ㅡ¿Qué hago aquí en el suelo? ㅡinquirió el menor con expresión adolorida por haberse caído sobre su trasero.
Tom apretó la mandíbula, ¿acaso Bill no lo recordaba o ahora estaba fingiendo hacerse el tonto?
ㅡVe a dormir a tu cuarto, hijo, por favor ㅡordenó Tom en tono tajante, y Bill tenía expresión confundida, pero asintió, en lo que obedecía a su mamá.
Tom estaba tenso, sin saber qué pensar sobre esta situación, sólo que tenía que tomar alguna acción sobre su hijo, para corregir este comportamiento. Tendría que llevarlo al terapeuta de inmediato. Mañana a primera hora pediría una cita para que lo revisaran, porque él no era ningún imbécil, era más que evidente que si esto había pasado, donde Bill de algún modo fingía o no recordaba, lo cual tenía que ser un problema psicológico, ya que entonces su hijo había sido quien se había masturbado en la puerta.
Tom no podía simplemente rechazar a su hijo y desentenderse, eran sólo los dos, no había más familia con la cual contar, así que Tom tenía que ayudar a su hijo, en lo que fuera que estuviera atravesando, porque dejarlo no era una opción, así fuera mayor de edad donde podría botarlo de casa como hacían algunos, no, Bill era todo lo que tenía, su vida entera, así que sólo tenían que ver cómo solucionar esto.
Tom el fin de semana pidió una cita con el terapeuta, no iba a dejar que Bill fuera solo, por más que ya fuera legalmente un adulto, Tom quería ir con él para que juntos superaran este problema, aunque en sí se mantuvo un tanto distante de su hijo, percatándose cómo es que el menor se veía afectado, sin comprender lo que había pasado, y aquello ponía peor a Tom, porque una parte suya quería abrazarlo al verlo con la expresión rota sintiéndose rechazado, pero otra entendía que no, que podía ser que Bill fingiera no saber.
Era muy confuso esta situación para Tom, así que se le hizo largo el ir a trabajar, buscar concentrarse en el laboratorio, en lo que regresaba a casa y veía a su hijo con su actitud cambiante, en un punto Tom pensaba en lo duro que era el estar solo en este momento, ya que siempre habían sido un equipo con Bill, sin embargo, ahora su hijo no podía ayudarlo, porque el problema era con él. Tom había querido proteger a Bill de todo, queriendo que fuera fuerte, porque había lidiado con la prensa, con las situaciones en la escuela, Tom lo sabía, era difícil cuando no tenía padre, siendo hijo suyo, y Bill con su forma de ser, Tom nunca lo juzgó, dejó que su hijo se desenvolviera como quisiera.
Tom sabía que no siempre podía pasar tiempo con su hijo, así que le permitía que comprara lo que quisiera, metiéndolo también en actividades fuera de la escuela para que Bill pudiera distraerse, aunque no es que Bill fuera el más adepto a estar a ellas, terminaba obedeciendo todo lo que le decía su mamá.
Pero al final del día, Tom regresaba con Bill, fijándose que hubiera hecho todas sus tareas, arropándolo, y dejándole un beso de buenas noches cuando era pequeño, donde los fines de semana veían películas o salían, pasaban tiempo juntos en diferentes actividades que Bill quisiera, sin embargo, si Tom tenía que irse, lo hacía, a veces decepcionando a su hijo que rogaba porque llegara el fin de semana para disfrutar el tiempo con su mamá.
Bill siempre amaba pasar tiempo con su mamá, a quien adoraba y era su todo desde un infante.
Ahora Bill no era un niño, era un adulto, pero no por ello dejaba de amar a su mamá, y tampoco dejaba de necesitarlo.
Tom sabía que tenía que hacer lo que fuera necesario por su hijo.
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El tema es que cuando Tom no podía llevar a Bill a terapia sin informárselo, ya que no era por un asunto de la escuela por haber presentado algún comportamiento perjudicial, sólo que Tom mismo no sabía cómo abordar esto frente al profesional, sin embargo, igualmente tenía que decírselo a su hijo, no toda la verdad, porque aún conservaba el pensamiento de que quizá Bill no supiera lo que pasaba, aunque también una parte suya esperaba que no huyera o decidiera actuar en contra de Tom por querer llevarlo al psicólogo.
Por lo mismo es que regresando del trabajo, compró un pastel en masa hojaldre con crema pastelera, uno de los postres favoritos de su hijo, que solían compartir, con el cual solía premiarle o suavizarle una mala noticia. Así Bill ya no fuera un niño, igualmente quería que lo comieran juntos en lo que le diría que quería llevarlo a terapia.
Tom no tenía hambre en realidad, sólo había comido barras de proteína en el trabajo, y comer algo consistente sonaba alentador, pero estaba con el estómago apretado, aún tenso por lo que tendría que pasar, preocupado por lo que sucedería con su hijo, así que apenas llegó, puso el postre en dos platos pequeños con cucharas, para dirigirse al cuarto de su hijo.
—Bill, abre por favor —pidió Tom, ya que estaba con las manos ocupadas como para tocar la puerta.
Escuchó movimiento detrás y luego observó cómo su hijo le abría la puerta, con la cara lavada y expresión ansiosa.
—¿Ya no estás enojado, mami? —inquirió Bill, mirando a Tom, quién sintió su pecho apretarse, porque su hijo evidentemente lo había extrañado por la distancia que había tomado.
—No estoy enojado, amor. Sólo que… Mira, traje tu favorito, ¿me dejas pasar en lo que hablamos al comer? —preguntó Tom, y Bill asintió, haciéndose a un lado, en lo que le ayudaba al mayor llevando a un plato, sentándose ambos en su cama.
Tom en realidad sí tenía la costumbre de a veces haber comido en cama junto a Bill, ya que habiendo sido un padre adolescente, incluso con su hijo en la universidad, muchas veces tenía que hacer varias cosas al mismo tiempo, vigilar a Bill para que no se atorara o algo al comer, estudiar y comer también, así que en varias ocasiones comían en la cama en lo que Tom tenía la laptop en su regazo.
Aquel acto se mantenía incluso ahora, para momentos así, dónde Tom necesitaba mantener un ambiente cómodo, para suavizar lo que iba a decirle a su hijo, mirándolo de reojo en lo que Bill saboreaba una cucharada del pastel, con Tom también comiendo un pedazo.
—¿Está bueno? —cuestionó Tom, observando a su hijo y Bill asintió, sonriéndole con la boca cerrada pero las mejillas llenas.—Sino que quería comentarte algo, Billy… He notado que has estado un tanto estresado con las actividades de la escuela, también las extracurriculares, y que es tu último año de Gymnasium. Estás sometido a muchas presiones, por ello es que creía conveniente que fueras a terapia, hijo, ¿te gustaría? —propuso el mayor, aunque en sí ya tenía la cita lista, sólo que no podía llevarlo sin decirle, y mucho menos cuando Bill ya era mayor de edad.
Bill parpadeó con expresión confundida, en lo que tragaba el pedazo de pastel para observar a su mamá, procesando lo dicho por él, demostraba preocupación, lo veía en el rostro del mayor, y Bill se sentiría bien de complacer a su mamá, ya que precisamente ahora Tom había cambiado, alejándose de Bill.
—Sí, me gustaría, mamá. Supongo que tienes razón, tal vez estoy sometido a mucho estrés —coincidió Bill, en lo que saboreaba el postre, y Tom suavizaba más su expresión, sintiéndose contento porque su hijo hubiera aceptado con tanta facilidad.
Tom ya tenía la cita, así que sólo tocaba mencionárselo mañana sutilmente que había conseguido una con prontitud.
Tom siguió comiendo en lo que conversaba brevemente con su hijo, percatándose precisamente de que había extrañado tener aquellos momentos junto al menor, sin embargo, comprendía que si bien ahora lucía como la calma luego de la tormenta, aún estaba aquel problema, y que para solucionarlo debía seguir manteniendo una distancia de Bill.
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El día de la consulta, Tom fue con Bill, sin embargo, Bill pasó solo, en lo que el mayor estaba en la sala de espera, tamborileando con sus dedos sobre sus muslos, sintiendo que en cualquier momento iba a retomar el mal hábito que tenía de morderse las uñas, pero no, él no era un adolescente ansioso, era un adulto, que ahora debía ver por su hijo, así que Tom jugueteando con sus dedos, en lo que movía sus piernas por la ansiedad, pero sin sucumbir a mordisquearse.
Cuando Bill salió se fijó en su madre, acercándose al mayor.
ㅡMami, el doctor pidió hablar contigo ㅡcomentó Bill, señalando detrás suyo, y Tom se relamió los labios, asintiendo.
ㅡEspérame aquí, ya regreso ㅡle avisó Tom, poniéndose de pie, tocándole el hombro, para luego dirigirse dentro del consultorio, cerrando la puerta tras de sí, observando el hombre sentado con traje que lucía un poco mayor que él, quien le ofreció una sonrisa de medio lado—. Buenas tardes, doctor Köhn —musitó para sentarse frente a él.
—Buenas tardes, señor Kaulitz —correspondió al saludo—. Pues ya hablé con usted por teléfono cuando solicitó la cita, sin que me dijera más del asunto, así que hoy al hablar con Bill, evidentemente él estaba nervioso, un tanto retraído, con un poco de desconfianza, que es de esperarse en la primera cita, ya que recién estamos conociéndonos con su hijo, aunque sí me he percatado que Bill se disocia y… Aísla un poco, desconectándose fácilmente de la realidad. Fuera de ello se le ve un buen muchacho, que no demuestra agresividad o violencia, aún es pronto para poder hacer un diagnóstico sobre su hijo, que entiendo que usted me dijo que le preocupaba algo en particular, sin embargo, iremos viéndolo más adelante… Bill en realidad está muy apegado a su persona, casi toda la conversación la dirige hacia usted, porque le pedí que me dijera su día a día, Bill lo mencionó varias veces, le pregunté cuál era su parte favorita de su rutina, y también me dijo que era cuando usted llega de casa y comen juntos. Y así en todos sus planes a futuro, y todo lo que conversa es sobre usted, señor Kaulitz. Lo que me hace pensar que tendremos que ver la forma de manejar un desapego para que sea más saludable el comportamiento de su hijo, que ya es un adulto, pero tiene algo que roza la obsesión con su persona —explicó el terapeuta, en lo que veía al mayor.
Tom apretó sus puños sobre sus muslos, con la garganta sintiéndola seca de pronto, porque no podía decírselo directamente al terapeuta de su hijo, al menos no en la primera consulta, que el motivo por el cual lo llevó era precisamente por ello, porque no era sana la obsesión de Bill con él.
—Entiendo, doctor. Es quizá también esperable supongo, porque sólo hemos sido Bill y yo por muchos años —intentó justificarlo Tom.
—Claro, señor Kaulitz, pero también Bill ya es mayor de edad, y si bien al haber sido criado exclusivamente por usted, sin tener más familiares, es esperable, como menciona, que lo tenga como referente, en el caso de su hijo, el mundo de Bill gira alrededor suyo, y por lo mismo es que aquella situación es un tanto no tan normal —aclaró el profesional—. Él pronto entrará en la universidad y también trabajará, por lo que necesitará ver sus propias metas sin que lo incluyan a usted. Así que lo ideal es que Bill vaya formando experiencias solo, más bien me sería de mucha utilidad el que me informara cuál es el horario que lleva actualmente su hijo —musitó el doctor.
—Es que el problema de mi hijo no es con referencia a los estudios, le va muy bien el Gymnasium, ya que en sí tiene buenas calificaciones, en el orden pues no está mal, lo que se espera que pueda tener un adolescente de su edad, no es rebelde… Sino… —empezó a hablar Tom, interrumpiéndose a sí mismo, buscando cómo decirlo con sutileza, aunque él tuviera nervios en aquel instante, porque claro, había ido con la intención de solucionar este tema, para ello tenía que ser sincero, pero era difícil confesar algo así—, he tenido unos problemas con Bill por la cercanía casi obsesiva que usted menciona —terminó por decir, sin poder mantener la mirada al terapeuta.
El doctor Köhn se fijó cómo es que el tono de voz del hombre había cambiado, junto con el deje de incomodidad del señor Kaulitz, adivinando que quizá había algo más que no decía Tom.
—Comprendo que pues su relación sea más estrecha por el tema de que usted es intersexual, y fue quien lo parió, siendo pues su madre, su mami como se refiere Bill. Quizá por ello es el motivo de la idealización de Bill hacia su persona, porque usted fue quien dio a luz para tenerlo, y con quien ha estado desde siempre, y así no sea mujer, hay una conexión desde el embarazo, lactancia y crianza, que me imagino que usted la tuvo con él, ¿cierto? —inquirió el doctor mirando a Tom.
—Eh… Sí, le di de lactar a Bill, en mi condición así no sea lo más normal, generé leche en mis pectorales, y bueno, con ello lo alimenté, de hecho lo desteté casi a los tres años, fue un poco complicado hacerlo —contó Tom recordando lo difícil que era porque Bill tenía dientes y solía morderle, pero también lloraba mucho si no le daba teta.
—Sí, es entendible aquello, señor Kaulitz. Igualmente va a ser necesario que me facilite el horario que lleva Bill en la semana, tanto en el Gymnasium como lo que hace fuera, para practicar el desapego —acotó el doctor Köhn y Tom asintió.
—Está bien, doctor, sí voy a consultárselo a mi hijo, porque la verdad es que lo meto en actividades fuera de la escuela con el fin de que esté ocupado, y no resienta tanto mi ausencia, porque suelo llegar de noche, aunque igualmente no sé qué hace en el tiempo que está en casa —masculló Tom.
—Sí, lo comprendo, señor Kaulitz, entonces me envía por favor por correo el horario cuando cuente con él —le repitió el doctor—, y nos vemos la siguiente sesión para ir conocer más a su hijo, dar un diagnóstico necesario, y solución a su problema —terminó por decir, en lo que Tom asentía.
—Gracias, doctor Köhn —farfulló Tom, en lo que se retiraba.
Cuando Tom salió del consultorio, Bill inmediatamente se puso de pie, de lo que se mantenía sentado cabizbajo en el sillón y acercó hacia su madre.
—¿Todo bien, mami? —inquirió Bill, y Tom lo miró, sonriéndole de medio lado.
—Sí, Bill, ¿te sentiste cómodo hablando con el doctor Köhn? —cuestionó Tom, observando a su hijo, poniéndole la mano en el hombro.
—Sí, es muy amable en realidad —respondió Bill.
—¿Entonces estarías cómodo con venir a otra sesión la próxima semana? —preguntó Tom, aún teniendo su mano en el hombro de Bill, quien asintió.
—Sí, sin ningún problema, mamá —le aseguró Bill, que sólo quería que todo estuviera bien con su mamá, aunque recién estuviera conociendo al terapeuta.
Tom se dirigió un momento hacia la recepcionista para agendar otra cita, habiendo decidido esperar a saber si su hijo estaba bien con ello, o sino ver la opción de ir a otro terapeuta, pero sí, Bill estaba cómodo, y ahora sólo tocaba esperar que el doctor diera con el diagnóstico de Bill pronto.
Continúa…
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Increíble
Hola, qué bueno que te esté gustando, ojalá te animes a seguir leyendo y comentando porque este fic tiene segunda temporada en emisión :), un saludo y qué tengas un lindo día