
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 3
Cuando Tom regresó al lado de su hijo, es que le pidió que apuntara sus actividades de la semana, tanto en la escuela, como fuera de ella, y Bill dijo que lo haría, en lo que seguían conversando de otros temas en el auto, con Tom sintiéndose en parte calmado porque pues su hijo parecía como antes, sin querer tocarlo de forma inadecuada. Por un momento Tom quiso mandar al diablo la terapia y no regresar donde el doctor, pero no, sabía que el que no demostrara otra vez aquello no era señal de que iba a parar, el mismo doctor Köhn había dicho que era necesario el desapego de Bill porque ya el próximo año iba a la universidad, sin saber si estaría viviendo en el campus o con él, porque en realidad Bill no había comentado nada al respecto, y era cierto, Bill tenía que tener sus propias experiencias, unas que no lo incluyeran, incluso si aquello sonaba en parte aterrador para Tom, quien sabía que si bien Bill tenía lo que era coloquialmente denominado como “mamitis”, Tom mismo también adoraba a Bill, y él también había sido su todo, su motor y motivo para salir adelante, y Tom es plenamente consciente de que si no se hubiera embarazado, no se habría atrevido a mandar al diablo a sus padres precisamente por buscar proteger a su hijo.
Así que los dos tenían una relación estrecha que quizá no era la más sana, sólo que Tom tenía que establecer límites, no sólo con Bill, sino con él mismo sobre su hijo, porque a veces habían sido tan unidos porque no tenían a nadie más que tal vez por ello es que ahora eran así.
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Tom en su laboratorio tenía que mantenerse plenamente concentrado porque si él erraba en un cálculo todo se iba al caño, lo sabía muy bien. Por lo mismo es que Tom apagaba su celular durante el trabajo, y su asistente le avisaba en caso de suma urgencia, más que nada si era por algún accidente que hubiera pasado Bill, considerándose muchas veces “accidente” por incidentes más bien, porque su hijo no era el más popular en la escuela, desde siempre su hijo había tenido los rasgos andróginos acentuados, Tom mismo los tenía, incluso más, por sus facciones redondeadas, pero la barba los ocultaba mejor, el hacer pesas en casa también lo mantenía con un cuerpo masculino que hiciera despiste de ello. Bill en cambio desde pequeño, si bien él sí tenía pene, no había hecho más que abrazar toda la ambigüedad que pudiera tener, y Tom no había buscado limitarlo, no, siempre quiso darle gusto, porque sus padres no hicieron eso con él.
Entonces cuando Bill de niño usaba prendas de mujer, lo dejaba, cuando fue creciendo, y se maquillaba los ojos, también lo dejaba, comprándole sus esmaltes, delineadores y todo lo que él quisiera.
El problema era que si bien Tom dejaba a su hijo ser como quisiera, respetándolo, incluso sabiendo que su hijo no era una chica transgénero, sólo que disfrutaba de aquella expresión diversa, sin que Bill mismo le hubiera dicho alguna vez su orientación sexual, porque no le había conocido pareja alguna a su hijo, aunque sí notó interés por partes iguales a hombres y mujeres. Pero en la escuela… La gente evidentemente no tenía en buena estima el comportamiento de su hijo, el que fuera diferente, así que sabía que su hijo sufría de bullying, por lo que también lo había metido en actividades extracurriculares desde pequeño no sólo para ocupar su tiempo y distraerse, sino también para que tuviera nociones básicas de autodefensa, aunque realmente por lo sabía su hijo era pésimo en todas las actividades físicas, por lo que sólo se mantenía en natación.
No podía forzar a que le gustaran los deportes, o que en el karate hubiera apestado por su descoordinación o temor a dar un golpe, sólo había hecho que entendiera que los talentos e intereses de su hijo fueran otros, prefiriendo las actividades de canto, música, dibujo entre otros que no implicaran algo físico, fuera de que sí o sí iba a natación incluso en la actualidad.
Así que habían habido ocasiones donde lo llamaron por algún problema en la escuela con Bill, pero no porque su hijo hubiera hecho algo, sino porque fue herido o algo así, con Tom enojándose muchas veces por ello, porque se supone que pagaba una buena escuela para que su hijo estuviera bien, optando en un inicio por cambiarlo, pero luego ya no, porque Bill mismo se lo pidió, que no le gustaba tener que empezar de cero siempre.
De igual modo siempre estaba en modo alerta por más que ya hace muchos años que no le llamaba al secretaria para decirle que había un problema con Bill en la escuela, y en sí era el último año de su hijo en ella, siendo ya legalmente mayor de edad, no por ello la preocupación de Tom menguaba, sin embargo, tampoco lo llamaron ese día.
Al término de la semana, es que Bill le brindó su horario detallado a Tom, que básicamente incluía los horarios del Gymnasium, actividades extracurriculares, realizar sus tareas, preparación de sus proyectos para ingreso a la universidad, y tiempo de ocio, nada alarmante ni fuera de lugar, igualmente se lo mandó al terapeuta, al cual irían mañana para la segunda sesión.
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Cuando fueron a la cita, es que sucedió lo mismo de la semana anterior, con Bill entrando solo, Tom un poco menos tenso esta vez, aunque sabía que cada sesión lo acercaba más hacia el diagnóstico, aunque ya el hecho de que le hubiera mencionado el doctor que Bill se disociaba, hacía que Tom pensara que sí era un problema real y no que Bill fingía padecer algo.
Igualmente estaba leyendo en la sala de espera, buscando entretenerse en lo que saldría su hijo.
Cuando Bill salió del consultorio tenía una expresión turbada, y Tom se acercó a él.
—¿Estás bien, Bill? —preguntó Tom, sintiéndose preocupado por su hijo.
—Sí, mamá. El doctor quiere hablar contigo otra vez —acotó Bill casi sin mirarlo, para sentarse en el sillón de la sala de espera.
Tom se sentía intrigado por aquella reacción de su hijo, con el instinto maternal de quedarse con Bill, abrazándolo, consolándolo, pero el doctor le esperaba, y ya le había dicho que debían alentar el desapego, Bill ya era un adulto, que quizá se había sentido saturado por lo que hubiera hablado con el terapeuta, no era un niño, así se le apretara el pecho al verlo así, tenía que centrarse, por lo apretó la manija de la puerta, e ingresó al consultorio.
—Buenas tardes, doctor Köhn —saludó Tom nuevamente y se sentó frente al profesional.
—Buenas tardes, señor Kaulitz —respondió al saludo el hombre mayor, acomodándose las gafas—. Tendré que pedirle que le realice unos exámenes médicos a Bill, derivarlo a un neurólogo —agregó el doctor Köhn, frente a lo que Tom arqueó una ceja.
—¿Con qué motivo? —inquirió Tom, sin comprenderlo.
—En sí para tener un diagnóstico se necesita hacer pruebas tanto psicológicas como físicas, para descartar otros problemas, porque muchas veces alguna enfermedad trae una sintomatología que modifica el comportamiento, ya sea un asunto hormonal, o de diversa índole como lesión cerebral. En el caso del joven Kaulitz se requiere una resonancia magnética, tomografía computarizada, electroencefalograma entre otros —acotó el profesional, en lo que apuntaba las órdenes, con Tom parpadeando.
—Está bien, es para descartar, pero Bill salió desanimado de aquí, ¿qué es lo que hablaron? —preguntó Tom directamente.
—En la primera consulta era para conocer aspectos… Positivos sobre su vida, y en esta ocasión tuve que hacerle preguntas de situaciones incómodas, cosas negativas. Bill mencionó que sufrió bullying desde pequeño, sólo que un evento en especial es el que atrajo mi atención, y por lo cual le solicito los exámenes con carácter de urgencia —mencionó el doctor Köhn.
—¿Qué evento? —cuestionó Tom, con el estómago apretado, temiéndose lo peor, ya que su hijo no le dijo algo que hubiera dejado traumas en él. ¿Tal vez habría omitido algo?
—Bill refirió que sus compañeros supieron de su condición de intersexual, siendo algo poco común el tener vagina funcional siendo varón para poder gestar, Bill… Bueno, sus compañeros pensaron que él era igual a usted, siempre le molestaban con aquel tema, hasta que en una oportunidad, es que entre varios le bajaron los pantalones para verificar que tuviera pene y no vagina, Bill no recuerda lo que pasó después porque su mente se apagó —contó el doctor, y Tom apretó con fuerza sus puños, con el estómago revuelto, y sintiendo rabia por ello.
—¿Qué edad tenía mi hijo? —interrogó Tom con la voz tensa, deseando matar con sus propias manos a quienes se atrevieron a tocar a Bill, y cómo es que él nunca se enteró, se sintió completamente deficiente como madre, tendría que haberlo notado antes.
—Tenía trece años, pero Bill no recibió abuso sexual alguno, por la forma en que me lo contó, tuve que realizarle unas preguntas para descartar, porque lo único que él recuerda es cuando “despertó” y tenía sangre en sus manos que no era suya porque no poseía ninguna herida o corte —terminó por decir el doctor—. Le repito, las pruebas fueron concluyentes, Bill no fue abusado sexualmente, sólo que tampoco recuerda nada, y este tema es el que me preocupa.
Una parte suya tenía calma porque su hijo no fue violado, pero también preocupación por lo demás.
—¿Qué es lo que podría ser, doctor Köhn? —interrogó Tom.
—¿Bill ha tenido arranques de ira o comportamientos inusuales antes? —cuestionó el doctor, sin responder a Tom.
—No, lo normal supongo —respondió Tom, alzando un hombro.
—Descríbame lo que usted considera normal, señor Kaulitz —insistió el terapeuta.
—Que a veces se enoja porque se pone celoso, pero es lo normal como hijo único, sólo que en ocasiones sí como que quiere controlar hasta que no huela a otras personas, principalmente hombres —explicó Tom—. Sólo que no es algo común, es decir, sí, siempre ha sido muy posesivo conmigo, no obstante, con el paso del tiempo es que se ha enojado de manera más notoria —acotó el hombre, analizando la situación que había lidiado con Bill.
El terapeuta estaba tomando anotaciones conforme hablaba Tom, y luego lo miró.
—¿Y cómo es que Bill es con usted cuando le pide algo? —cuestionó el doctor, observando a Tom.
—Sólo me lo pide y se lo doy, la verdad es que como no me ha dado problemas, y también por las ocasiones donde me ausento, he preferido darle todo lo que Bill me pida, no me ha gustado negarle algo, ya que hemos pasado por mucho —se sinceró Tom—. Él siempre ha tenido muy buenas calificaciones, no se mete en líos, entonces si puedo permitirme pagarlo, lo hago —terminó contando el hombre, porque Bill había sido siempre un buen hijo, desde pequeño—. No me malentienda… Bill nunca ha sido de esos niños o adolescentes malcriados exigentes, Bill siempre ha pedido las cosas adecuadamente, y por eso es que he considerado darle todo, lo mejor para mi hijo, que tenga lo que yo no pude en su momento porque viví muchas carencias siendo explotado desde pequeño por haber sido un genio —acotó Tom, porque no quería ser juzgado por ello.
El doctor era consciente de que precisamente había notado que la forma en que Bill se refería a Tom era como si fuera su Dios, incluso siendo su madre, Bill tenía muy idealizado a su madre, y también se percataba que Tom era demasiado complaciente con su hijo, dándole un trato de rey, que sólo reforzaba más los comportamientos del adolescente.
—En todo caso, señor Kaulitz, por favor, lo más pronto posible hagan los exámenes para Bill, y así nuevamente regrese aquí con los resultados —masculló el doctor Köhn y Tom asintió, recibiendo las órdenes—. Hasta pronto, señor Kaulitz.
—Hasta luego, doctor Köhn —correspondió Tom, en lo que salía, luego pediría la cita por teléfono, porque necesitaba hacer los exámenes e ir con los resultados listos—. Vámonos, Bill —instó, y el adolescente se puso de pie, siguiendo a su madre—. ¿Te sientes mejor? —preguntó viéndole a su hijo.
—Un poco, en realidad no pasó nada malo en la consulta. El doctor fue amable, sólo me afectó un poco lo que conversamos, ma —contó Bill, observando a su madre.
—Está bien, Bill. Es normal que te afecten algunas situaciones, sólo que recuerda que siempre estaré para ti, para lo que sea, ¿me entiendes? Debes confiar en mí siempre, amor, porque soy tu mamá, y, ¿quién mejor que yo para ayudarte? —preguntó Tom, acariciando la espalda de Bill, ofreciéndole una sonrisa cariñosa.
—Lo sé, ma, gracias, te amo —dijo Bill, correspondiéndole a la sonrisa a Tom para darle un beso en la mejilla a su mamá, haciendo que Tom agrandara más su sonrisa, y le besara también la mejilla a Bill, en un gesto de afecto, pensando que sea lo que sea que tuviera su hijo, estarían juntos, y esperaría cuando Bill quisiera hablar sobre aquel problema.
—También te amo, corazón. Sólo que ahora tendremos que hacerte exámenes con el neurólogo, ¿ok? Así que me pediré unos días libres en el trabajo, y a ti en el Gymnasium para poder arreglar todo —comentó Tom.
—¿Por qué exámenes con el neurólogo? —cuestionó Bill, frunciendo el ceño.
—Para descartar que tengas un problema, amor, nada de qué preocuparse —le buscó tranquilizar Tom, acariciándole la espalda nuevamente.
—Está bien, ma, supongo que puedo ponerme al día con facilidad después —cedió Bill, y Tom le revolvió los cabellos lacios, haciéndolo reír—. Ma… Pero me lo había planchado —se quejó el de cabello negro, haciendo un puchero de descontento, Tom rió, en lo que veía a su hijo acomodárselo.
—Ya, vámonos a casa, Billy —instó Tom, en lo que ambos se subían al coche para regresar a su domicilio.
Ciertamente el lidiar con los exámenes no era algo que uno disfrutara, Bill tenía un poco de fastidio, pero lo hacía por su mamá, soportando las inyecciones, que bueno, en realidad no le molestaban tanto, ya que Tom le había dejado que se tatuara desde antes, y el tatuarse precisamente era sentir agujas en su piel, pero aquí era para meterle un líquido que iba a ver las reacciones de su cerebro en las máquinas, por lo demás, el estar prácticamente desnudo, por tener sólo la bata, también le incomodaba, pero fue obediente, soportando todo, y sintiéndose feliz de que al menos pasara más tiempo con su mamá, yendo a comer a donde quisiera después del suplicio.
Al tener los resultados es que regresaron con el doctor Köhn, en lo que leería los informes, y haría los test respectivos… Las semanas siguientes fueron tensas para ambos.
A la quinta sesión el terapeuta le pidió hablar a Tom a solas otra vez.
—Señor Kaulitz, en sí el diagnóstico que tiene su hijo, y el cual se lo informaré también después con usted presente, es el trastorno de identidad disociativo, que incluye el poseer una identidad alterna, en este caso, creada para su protección, por ello es que tiene amnesia disociativa, y otros síntomas que ha referido tanto él como usted —comentó el doctor Köhn, y Tom parpadeó confundido.
—¿Cómo las personalidades múltiples? —interrogó Tom.
—Sí, antes se le llamaba así, pero sí. Bill posee una personalidad alterna, con la que he intentado contactar, sin embargo, no se muestra. Pero por lo que usted me confesó la semana pasada, de que Bill intentó propasarse con usted, y ciertas actitudes que demuestra, se nota que esta personalidad es peligrosa, incluso un tanto agresiva, al punto de haber golpeado a sus compañeros por defenderse. Por lo mismo es que le quise hablar en privado, Bill va a necesitar tomar medicación, pero no puede saberlo, si él sabe, esta personalidad lo sabrá… En estos casos es mejor calmar a aquella personalidad, y sólo con medicina psiquiátrica podremos hacerlo, así sea a escondidas de Bill, que no es lo ideal porque es un adulto, sin embargo, es necesario, su alter puede ser un peligro para usted, para otros y para sí mismo, señor Kaulitz —expresó el doctor Köhn, y Tom se quedó sorprendido.
—Yo… Lo haré, doctor. Todo lo que sea por mi hijo, lo haré —soltó con determinación Tom, sabía que no era lo más prudente, pero si era un riesgo incluso para Bill mismo el que estuviera sin medicación pues lo haría.
El terapeuta le brindó la receta, que Tom guardó, en lo que llamaban a Bill, y repetía lo mismo que le dijo, de su diagnóstico, omitiéndole lo demás, pero diciéndole que sería necesario que siga la terapia psicológica, mientras que Bill se mantenía inexpresivo escuchando todo.
Tom esperó que su hijo se alterara pero no, se mantuvo totalmente ecuánime, en lo que el mayor le decía y repetía que iba a estar para él, apoyándolo en todo.
—El doctor te lo dijo antes, por eso no te sorprendiste —mencionó Bill al salir del consultorio, cuando estaban en el auto de Tom. No estaba preguntando, estaba afirmándolo.
—Sí, me lo dijo antes —se sinceró Tom, con ello no tendría que decirle que era porque le iba a dar la receta para la medicación psiquiátrica.
—Entiendo, mamá —soltó Bill fijándose en la ventana en el transcurso del viaje de regreso a casa, con un silencio que invadió el ambiente.
Tom suponía que su hijo necesitaría tiempo para procesarlo, todo esto era nuevo para ambos. Tom jamás pensó que su hijo tendría algún trastorno mental, no es algo que uno piense así cómo así, sí creyó que Bill tenía un problema menor de conducta por lo que pasó con él pero no al grado de tener una enfermedad mental como tal, dónde Bill no era consciente de sus actos, que esa personalidad, ese alter… Como le había dicho el terapeuta, era quien cometía estos actos con él.
Aunque en parte agradeció el que por esa personalidad su hijo no hubiera sido abusado, así golpeara a otros niños, era preferible aquello a que Bill hubiera sido violado.
Sólo que sí le dolía la situación, porque no podía imaginarse el no poder estar en control de sí mismo, el que su mente se hubiera tenido que proteger de aquella forma por todo lo que pasó.
Sabía que era su culpa también, porque pensó que el bullying sólo era algo menor, por su apariencia y ya, no por Tom ser intersexual.
Quizá debió revisarlo más, debió preguntarle en más ocasiones si estaba bien o si tenía algún problema. Es que Tom también creyó que se tenían un nivel alto de confianza para decirse todo pero al parecer no era suficiente.
Por lo que no iba a presionar a su hijo, le daría su tiempo, en lo que Tom compraría las pastillas y vería la forma de dárselas sin que se entere.
Continúa…
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