
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 6
—¿No me crees, cierto? Veo un atisbo de duda —comentó William con total seguridad.—Y es de esperarse, lo más sensato es dudar, así que por eso tengo pruebas —acotó el adolescente, para salir de la estancia y luego regresar con fotos en la mano, extendiéndolas en la mesa para que Tom las viera, sintiendo el nudo en la garganta al notar que sí eran ellos, capturas impresas—, ¿lo ves? No miento. Bill no lo sabe, no tiene ni acceso a estas fotografías. Así que, Tom, ¿me comprendes, verdad?
—¿Entonces quieres…? —dejó Tom la pregunta al aire, sintiéndose por completo perdido, estaba arruinado, si daba un paso en falso, podía perjudicarse o a Bill, si Tom tenía miedo de internar a su hijo, ahora sería muchísimo peor con la información que tenía William, que todo sacado de contexto podría verse peor de lo que era, aunque no estaba bien, lo sabía Tom a ciencia cierta, que de por sí lo que se vería estaba mal.
El castaño se tuvo que sentar, sujetándose la frente, cerrando los ojos, como si con eso pudiera eludir la realidad, pero no, su cabeza intentaba procesar lo que tendría que hacer y cómo es que su hijo realmente no estaba con él, ¿cómo podría tener acceso a Bill? ¿Cómo se podría manejar aquello? ¿Sólo hacer lo que William quería y ya? No era tener opciones, era sólo someterse.
—Tómate el tiempo que necesites, pero sí, quiero que dejes de llevarme al terapeuta, eso es uno, dos, quiero que nos vayamos de aquí, a otra ciudad, puedes permitírtelo, ¿no? Eres Tom Kaulitz, te la pasas estresándote por lidiar con tus socios o inversores, podrías delegar, que alguien más lidie con eso, en este punto de tu carrera puedes permitírtelo, para que así podamos irnos a otra ciudad, o incluso país, porque mi interés es que seas mío, ¿me comprendes? Que me correspondas, quiero poseerte, Tom, pero no como algo meramente carnal, no, quiero que vivamos como amantes sí, pero también para ser tu esposo, para ser tu confidente, ser todo lo que siempre has querido, así digas que no te hace falta, es lo que necesitas, y puedo proveerte de todo —masculló William, y Tom se quitó las manos del rostro, observando la intensidad en los ojos marrones, aquella que no reconocía.
Tom tenía ganas de llorar de impotencia, pero… ¿Qué es lo que podría hacer en aquella situación?
—¿Cómo esperas que sienta amor por ti? ¿Cómo esperas ser todo lo que yo he querido si estás forzándome? El que “coopere” contigo, permitiendo que lo hagas, no quiere decir que sea algo deseado por mí, ¿no te pones a pensar que esto me es difícil, por muchos motivos, pero principalmente porque eres mi hijo? No tú, como tal, porque mi Bill no es capaz de esto, sino tú… Tu cuerpo, es el de mi hijo, si bien no reconozco su mirada en ti, toda esta personalidad me es ajena, sigues siéndolo —arguyó Tom, sintiéndose cansado en este punto, pero exponiéndoselo, aunque supiera que este alter era demasiado terco.
—Claro, lo comprendo, pero también he notado que tu mente sí es capaz de separarlo, Tom. De algún modo pese a que ves en mí a tu hijo, sí lo separas, al punto de excitarte con lo que hago contigo. No sólo por lo sexual, sino por lo demás, tu forma de relacionarte conmigo, las cosas que hemos hablado como dos adultos, es… Un diamante en bruto, podemos trabajar con eso, y si cooperas, verás que resulta enriquecedor para ambos. Ya que podrás tener una pareja que no te juzgue por cómo eres, porque ya te conoce en más de un sentido, sé lo que necesitas, Tom, incluso si no quieres afrontarlo, requieres un cuidado, atenciones y demás que es inútil que las busques en otros, porque sería conocerse de cero, y tener que limitarte a que no muestres quién eres en verdad, a riesgo de que se sientan amenazados, y yo no lo hago, porque me encantas como eres —masculló William con determinación.
Tom sabía que si esto no fuera básicamente chantaje hecho por la segunda personalidad de su hijo, sería halagador de algún modo, porque demostraba ingenio, inteligencia y el ser capaz de emplearla para conseguir lo que quiere hasta niveles insospechados, anhelando tanto el que fuera él, y sí, le gustaba eso de aquella personalidad retorcida, el problema es que era su hijo, no del todo, pero físicamente sí. Y… Lo peor era que era cierto, porque más que nada se lo cuestionaba por ese tema, aunque sabía que era verdad, que se había excitado con sus avances, mojándose o teniendo sueños húmedos con él pese a ser su hijo, porque no pensaba en Bill, sino en William pero ocupaba el cuerpo de su hijo, y allí radicaba el tema.
—Bill no ha terminado la escuela, le faltan unos meses para graduarse, es necesario, y también, ¿cuándo voy a ver a mi hijo? Porque en todo este plan sólo hablas de ti, ¿pero y él? ¿Cómo sé que tu mente no ha apagado por completo la suya y nunca más sabré de él? —inquirió Tom, porque era cierto, no sabía qué pasaba con Bill en este momento, y más porque lo que creyó ver en él era sólo una actuación del alter, aunque había dicho que por momentos sí era Bill.
—Sí, Bill está aquí —expuso William, señalándose la sien—, y es totalmente válido que quieras hablar con él, aunque Bill no sepa nada sobre mi devoción hacia ti, pero podría darte tiempo con él, sí, por horarios en ciertos días a la semana, míralo como una especie de custodia compartida —bromeó riéndose—, porque somos sus padres, Tom, lo somos —terminó por decir, poniéndole la mano sobre la suya, Tom quiso separar su mano pero al final se quedó quieto.
—¿Cómo sabré que no eres tú fingiendo ser Bill? —interrogó Tom, porque ese tema también lo tenía tenso, y ni siquiera podía decírselo al terapeuta, había mucho en riesgo.
—Tendrás que confiar en mí. Porque si bien puedo hacer sufrir a Billy, a ambos en realidad, también siento mucho genuino amor por él, porque frente a su necesidad de ser protegido es que me formé. Así que si bien mis propios deseos se han impuesto por sobre lo que consideré como mi obligación desde siempre, igualmente quisiera que estés feliz teniendo momentos con Billy, para seguir siendo su mamita —farfulló William con la misma detestable sonrisa, viendo como si esto fuera un chiste o un juego, aunque quizá de eso se trataba, los veía como peones en su tablero de ajedrez.
—Quiero hablar con él, si igual tienes el control, déjame verlo y hablar con él —instó Tom—, para lo demás… Lo haré, tienes mi palabra, sólo que necesito primero hablar con mi hijo, y que sí o sí me permitas verlo más tiempo, porque Bill es lo único que tengo, y él también me necesita —masculló el castaño, y era cierto, no sabía bien cómo es que estaría su hijo perdido en su propia mente, si de por sí le atemorizaban las pesadillas en ocasiones, ¿cómo sería quedarse dentro de su cabeza sin tener el control sobre su cuerpo? Tom no podía ni imaginarlo.
—Está bien, Tom, así me gusta, que estés cooperando y negociando, Bill puede terminar la escuela, pero ciertamente lo de la universidad no creo que sea una posibilidad, a menos que sea algo a distancia, porque quiero disfrutar todo el tiempo que se pueda contigo —dictaminó William con seriedad, apretándole la mano.
—Sí, eso se verá después, ¿está bien? Primero quiero hablar con mi hijo —insistió Tom.
William soltó la mano de Tom, en lo que su rostro lucía circunspecto para luego suavizar sus expresiones, con la mirada perdida.
—¿Mamá? —preguntó Bill al ver a Tom, quien lo abrazó fuertemente, apretándolo contra su pecho y allí es donde se quebró, fijándose cómo es que incluso en pequeños rasgos, sabía que era su hijo.—¿Qué pasó? —inquirió el adolescente, correspondiéndole el gesto a su madre, también con temor porque si bien William tomaba su lugar había sentido que casi no tenía el control sobre su vida, y no era algo que podía contarle a su madre, quién lloraba, y ahora hacía que Bill sintiera miedo.
¿Qué había pasado en su ausencia? ¿Acaso habría lastimado a su mamá?
Tom se separó de él, tomándolo por el rostro, con sus propias lágrimas bañando el suyo.
—Billy, ya sé de William —confesó Tom directamente, sin rodeos y Bill tragó saliva duramente.
—¿A qué te refieres, mamá? —cuestionó Bill, negándolo, como sí pudiera eludirse la realidad con una mentira así a estas alturas.
William le había dicho que nunca hablara de su existencia, que las personas no lo comprenderían, que pensarían que Bill era un esquizofrénico por escuchar una voz de una persona que no estaba allí, sin embargo, Bill era consciente de la existencia de William, y cómo éste lo había protegido, ayudando en los momentos donde él se sentía sumamente desesperado y sin salida, le ofrecía un escape, el no tener que lidiar con la situación, así como su madre solía solucionar todo, pero no podía darle preocupación por otros temas, William le ayudaba con esos otros temas.
Pero se supone que Bill no podía decirle ni a su propia madre de William, aunque se hubiera sentido un tanto perdido, y aún lo estaba, sin embargo, notaba la expresión de su mamá, y tenía miedo, porque sería explicar muchas cosas que no había podido decirle al terapeuta, y si bien Bill no le mentía a su madre, sino más le omitía asuntos, en este caso era más complejo.
—Bill, no tienes que mentirme, empecé a llevarte a terapia porque hubo en cambio en tu comportamiento y porque William se presentó ante mí —expuso Tom, porque si bien sabía que estaban atrapados en aquella situación, tenía que saber más, la versión de su hijo, el semblante de Bill pasó se descompuso.
—William él… Yo no estoy loco, mamá —empezó a explicarse Bill, porque sabía que sonaba a un demente, ¿quizá su mamá quisiera internarlo? Empezó a sentir la ansiedad recorrerle, abrazándose a sí mismo ante la atenta mirada de Tom.
—No, amor, no pienso que estés loco. Entiendo que William existe —musitó Tom en un tono tranquilizador, frotándole los brazos a su hijo, buscando que lo viera y se calmara.
—Sí, él ha estado hace mucho tiempo conmigo, me ayuda, William es más fuerte que yo —se sinceró Bill, calmándose con el tacto de su mamá, y no veía reproche en sus ojos, su mami no estaba recriminándole nada.
Tom se daba cuenta cómo es que su hijo se refería a su otra personalidad, sin verle el aspecto negativo, denominando a William como alguien fuerte, y no como un psicópata obsesionado con él, eso quería decir que realmente el alter no le había mentido con eso al menos, que Bill era ajeno a todo el tema.
—William ha estado tomando tu cuerpo la mayor parte del tiempo, ya no en crisis o situaciones difíciles, corazón, ¿sí te has percatado de eso? —inquirió Tom suavizando su tono.
Bill si bien se sentía desorientado sobre ello, no sabiendo ni qué día era, ni mucho menos la hora, es que frunció el ceño, sí, William había ocupado más tiempo del usual.
—Sí —respondió Bill.
—¿Y cómo te sientes respecto a eso? —preguntó Tom observándolo, buscando leer su expresión, pero su hijo estaba como si nada, ¿cómo no podía afectarle más allá de lo obvio?
Normalmente William siempre tenía una buena razón para hacerlo, pero sí notaba que era un poco más inusual, por lo que arrugó el ceño.
—No sé, es decir, me siento un poco confundido —farfulló Bill—. ¿Estoy en problemas? —interrogó, porque si bien William a veces era agresivo contra otros, nunca le había hecho algo a su madre, pero su mamá no lucía tan feliz por la aparición de su otro yo, que en sí no lo consideraba como sí mismo ya que si bien era como un amigo, o algo más parecido a un hermano mayor, no tenían nada en común, por más extraño que sonara al ser una voz en su cabeza.
—No lo estás, mi amor —le respondió Tom, sintiendo en su garganta palabras que pugnaban por salir, y es que en sí Bill, su hijo, no era quien estaba haciendo algo negativo, sino William, por ello es que su rostro era el de la incomprensión misma, haciendo que el castaño simplemente volviera a apretarlo contra su cuerpo, acariciándole los cabellos, sintiendo cómo Bill lo abrazaba.
Siempre el oler el cabello de su hijo había sido algo tranquilizador para él, recordando cómo es que le besaba la pelusita negra sobre su pequeña cabeza, y eso se mantuvo conforme crecía, porque era su hijo, y eso no iba a cambiar, el que sintiera esa necesidad de cuidarlo por sobre todas las cosas, pero Tom estaba muy conflictuado en ese punto, porque si bien estaba olisquéandole el cabello mientras le dejaba un beso en el costado de su cabeza, sabía que su mente misma se fragmentaba porque William olía igual.
¿Cuánto tiempo tendría con Bill? Era incierto, sólo que el alter sí o sí tenía el poder, y el dejar a su hijo encerrado en un psiquiátrico no era opción.
—Vamos a comer, ¿está bien? Salgamos, Billy —dijo Tom, decidiendo que tenía aprovechar al máximo el tiempo que tendría con su hijo, separándose levemente para verle, acariciándole las mejillas, con el pelinegro sonriéndole.
—Sí, mami, vamos —cedió Bill—. Sólo déjame arreglarme —dijo el muchacho, y Tom negó.
—No, vámonos ahora, amor, ¿sí? —instó Tom, porque sentía que si se separaba de Bill podía volver William, el adolescente asintió, aunque sabía que estaba sin maquillar, sólo prefería hacerle caso a su mamá, quien como adivinando su pensamiento, sacó una liga para el cabello, haciendo que Bill se peinara con sus dedos, amarrándoselo, porque cuando no se lo planchaba sabía que se le iba por todos lados.
Tom fue con Bill en dirección a su auto.
—¿Qué se te antoja? —interrogó Tom, tocándole la rodilla a su hijo.
—Pasta —respondió Bill y Tom asintió, sólo quería cumplirle en todo lo que quisiera, al menos en su versión como su hijo, que luego tendría que lidiar con lo que le pedía William, y Tom sabía que parte de la culpa que lo carcomía por dentro es que intentaba no sólo disfrutar el tiempo con su hijo, sino también ganarse su perdón por lo que iba a suceder después.
Aunque Tom pensaba mientras comían, que podía decirle a William que si lo que quería netamente era sexo, podría contratar a una escort, no le había conocido a su hijo nunca una pareja, ¿quizá por eso la insistencia? Aunque sonaba más a obsesión específicamente por él.
—Hijo, ¿tú has tenido novias o novios? —preguntó Tom directamente a Bill, que casi se atora, por lo que tuvo que apurar el vaso con agua antes de responderle a su mamá.
—No he salido con nadie, mamá —respondió Bill una vez se recompuso, sonrojándose y sintiéndose avergonzado por ello, porque en sí no era por falta de ganas, sino porque si bien poseía atractivo, le faltaba “algo”, porque se paralizaba y no podía interactuar con otras personas de la manera adecuada.
Le faltaba algo, Bill lo sabía, porque si bien le habían gustado algunas personas, había fracasado miserablemente, lo que hacía que él pensara que era mejor mantenerse enfocado solamente en sus estudios y otros intereses, viendo lejana la opción de casarse o algo así, mucho menos tener hijos.
Tom pensó en lo dicho por su hijo, precisamente eso se temía, que quizá por la falta de interacción con alguna chica o chico, su alter lidiara con aquella necesidad manteniéndola en su objeto de fijación, que era Tom mismo, por ser lo que estaba más a su disposición, ligándolo a la admiración que sentía por él, y que la vida de su hijo giraba alrededor de la suya. Era toda una situación complicada. Sólo que Tom no podía simplemente conseguirle una pareja si a su hijo de por sí le costaba relacionarse, pero hubiera sido más fácil que la tuviera, aunque desconocía si pese a ello seguiría manteniéndose William en la ecuación, si esto venía desde hacia años, ¿cambiaría algo? Quizá no, pero al menos no lo estaría chantajeando para tener una relación romántica con él, donde tuvieran sexo.
Bill no comprendía por qué su mamá estaba tan pensativo, aunque agradecía que estuvieran pasando tiempo juntos como antes, y hasta le dejó que comiera dos postres, sólo que dentro suyo pensaba que precisamente su mami le daba esa clase de premios cuando iba a haber un cambio grande o desagradable, por lo que la última cucharada de su pastel le supo amarga.
—¿Vas a internarme, verdad, mamá? —preguntó Bill, aunque era más una afirmación.
—No, amor —respondió Tom de inmediato, tomándole la mano por encima de la mesa—, no, no quiero hacer eso. No lo haré, tú tienes que estar conmigo, ¿siempre juntos, no lo recuerdas, corazón? —inquirió el castaño, sonriéndole aunque tenía las lágrimas contenidas dentro suyo, y sentía que la sonrisa se tambaleaba entre sus propios labios, porque en verdad le aterraba que lo separasen de su hijo, o mantenerlo encerrado, no.
Billy necesitaba a su mamá, y Tom necesitaba a su hijo, una madre haría lo que fuera para proteger a su hijo, ¿verdad?
Bill asintió, apretándole de vuelta la mano a su mamá, si bien veía como si su madre quisiera llorar, le estaba diciendo que no lo haría, y pues sólo le tocaba creerle, esperando que sólo fuera una coincidencia.
—Te amo mucho, Billy —farfulló Tom, porque lo hacía, amaba a su hijo, y él le sonrió.
—Te amo más, mami —respondió Bill, achinando los ojos al sonreírle.
Continúa…
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