Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 5
Bill esa mañana tenía una migraña que lo estaba matando. El golpe en la cabeza y las copiosas cantidades de alcohol que había ingerido no hace muchas horas atrás, estaban haciendo estragos en su cuerpo y ahora, además, tampoco podía dejar de pensar en que el sujeto del choque era aquel aspirante a rapero que hace años había visto presentando su nuevo éxito. La cabeza le daba vueltas, aunque su exterior no lo mostrara. Iba impecable como siempre. Había llegado a la oficina vistiendo una camisa de seda color vino con pantalones negros que recordaban a un estilo retro y unas botas de tacón que rozaban casi en plataformas, haciendo que el ya alto rubio se viera mucho más imponente. El pelo lo llevaba desordenado cubriéndole un poco la pequeña costra que había dejado la herida de la noche anterior, dándole un look un poco más grunge junto con su incipiente barba. No sabía donde habían quedado sus hermosos lentes de sol del día anterior, así que optó por otros color ámbar oscuros. Si Bill no hubiera elegido esa profesión, probablemente hubiera sido un increíble modelo o rockstar.
Estaba sentado con la cabeza apoyada en la enorme silla de su oficina tomando una bebida energética cuando recibió una llamada de Andreas. Suspiró ante el molesto sonido y lo pensó unos segundos antes de contestar. No tenía ganas de hablar con nadie, pero sabía que Andreas había ido a revisar el estado de su preciado coche así que cogió la llamada.
-¿Qué noticias tienes Andy?.- Contestó sin muchas ganas mientras le daba otro sorbo a su bebida.
-Más de las que tú crees. Espero que estés sentado, porque lo que te voy a decir no lo vas a creer.
-¡Dime ya! – El ahora interesado Bill prestó más atención a la conversación. Cruzando una pierna y relajándose en la cómoda silla esperando por lo que le tenía que contar su amigo.
-Fui a ver tu Audi. Está horrible. El rapero me dio entre tres semanas o más para reparar tu auto, la verd… —Pero Bill no lo había dejado terminar -¡¿Perdona?! ¡¿Cuánto dices?!- Gritó exaltado.
-¡No me interrumpas que no he terminado! – Gritó Andy al otro lado de la línea, Bill puso los ojos en blanco y su silencio fue señal para que el rubio siguiera hablando. – Bueno, como te decía, que se iban a tardar mucho, que hay demasiadas cosas por reparar y bla bla. Pero descubrí que el hombre de ayer, el que te dejó esperando toda la tarde para la audición, estaba ahí en el taller. ¡Es el mejor amigo del rapero!
Bill no estaba captando, tenía el ceño fruncido con una expresión de confusión. -¿El pueblerino? ¿El que Hans me rogó que viera? ¿Y eso qué tiene que ver? No entiendo. ¿Qué me estás contando?- Andy rio al otro lado de la línea.
-Nosotros tampoco entendíamos. Te dije que no me interrumpieras… No es un pueblerino. Y si tanto te molesta deberías dejar de hacerle favores a tu ex. -Dijo lo último con algo de celos en su entonación y Bill puso los ojos en blanco.- En fin, se supone que él vendría con su amigo, el rapero, a la audición. ¡La audición siempre fue para Tom!, pero luego la perdieron, ocurrió el accidente y aquí estamos. Pero se me ocurrió una mejor idea. – Dijo Andy añadiendo un tono de misterio a su relato.
-¿Y cuál es esa maravillosa idea que tuviste?.- Dijo Bill intentando parecer desinteresado, pero ahora mucho más atento a sus palabras.
-Le dije al rapero que si conseguía terminar las reparaciones en una semana, podía tener otro chance.- Escuchó las palabras de su amigo y le dio igual interrumpirlo nuevamente.
-¡¿Quién coño te crees para tomar decisiones que no te competen?! ¡¿Perdiste la cabeza?! ¡Por supuesto que no pienso darle otra oportunidad, no después de que me hizo esperar todo el día. Además arruinó mi auto y me hizo llegar tarde a mi propio evento!- Bill se había levantado de la silla y estaba caminando en círculos en su oficina.
-Pues yo creo que deberías hacerlo, Bill. Hace tiempo que quieres descubrir un nuevo talento y creo que aquí lo tienes frente a tus narices. Lo peor que puede pasar es que no te guste el sujeto, se irá de nuevo a casa y tú aun así habrás tenido tu auto entero y de vuelta en una semana.- Al escuchar estas palabras Bill se calmó. Su amigo no estaba del todo equivocado. Solo tenía que dedicarle unos minutos de su tiempo a aquel hombre y si no le gustaba, el que saldría perdiendo no sería él. Se lo pensó unos segundos regresando a su silla, dejando a la espera al rubio del otro lado de la línea y finalmente contestó.
-Está bien, Andy. Fíjate el alcance de mi bondad que lo haré. Pero si el tipo sigue siendo un fracaso no podrá volver a poner un pie en esta disquera, no perderé más de mi valioso tiempo en él, ¿te quedó claro? – Y se escuchó un pequeño chillido de felicidad al otro lado de la línea.
-Ok, Billy. Nos vemos en un rato. Después te cuento el resto de los detalles. ¡Muak!- Y ambos terminaron la llamada. A Bill le hizo gracia la felicidad que sentía Andy en esos momentos. Si tan solo supiera que anoche mientras lo follaba solo podía recordar aquellos ojos miel. Si lo supiera quizás no se mostraría tan optimista ante la idea de tener frente a Bill la fuente de su nuevo y extraño deseo.
Recordaba la electricidad que sintió cuando lo tocó mientras limpiaba su herida y luego al agarrarle del brazo. Era fuerte e increíblemente masculino, olía a hombre. Recordaba el olor que su cuerpo emanaba cuando iban de camino a la fiesta y una erección se formó en su entrepierna. Toda la noche quiso olvidar esos ojos, esos brazos, ese aroma; pero no lo consiguió. Estaba muerto de deseo por ese animal y esa fijación creció aún más esa mañana cuando descubrió que era el mismo rapero de aquel show. El que cuya mirada hace tantos años había producido un nudo en su estómago, y lo mucho que le atraía la intensidad que expresaba. Se imaginó tocando su pecho desnudo y lamiendo su sudoroso cuello. Estaba demasiado excitado, así que desabrochó sus pantalones y metió su mano derecha dentro de sus ajustados boxers. Agarrando su duro miembro, tocándose y dándose placer imaginando todos los escenarios en que podría tener ese cuerpo desnudo frente a él. Se masturbó furiosamente, gimiendo suavemente esperando que llegara el día de volverlo a ver.
Explotó sobre su mano y el caliente líquido empezó a escurrirse entre sus dedos, sonriendo, pensando en cómo se vería la boca de Tom llena de su semilla.
Cogió uno de los pañuelitos de papel que guardaba en unos de los cajones de su escritorio, limpiándose los restos de semen y arreglando de nuevo su ropa.
“No tienes idea, Tom, de lo que te espera.” Susurró para sí mismo tirando aquel papel pringoso en la basura y saliendo de la oficina.
&
En el taller de Doug todo era caótico. Los chicos no habían dejado de trabajar, no se tomaron ni el fin de semana para descansar. Todos los días llegaban a las siete de la mañana y se iban a casa a medianoche. Se repartían las responsabilidades y los horarios. A veces se turnaban las siestas en el taller, pero estaban decididos a que el auto estuviera en perfecto estado para el viernes en la tarde. Habían pedido ayuda a Ryan, un chico de unos 20 años que de vez en cuando cubría turno cuando alguno no podía ir. Principalmente cubría el turno de Georg, pero esta vez se dedicaba a ir de tiempo completo. Incluso el propio Doug estaba tomando más responsabilidades de las que acostumbraba. Por suerte el taller seguía con poco movimiento, un par de autos y la siempre recurrente Sra. Leigh fueron clientes habituales con reparaciones menores, pero igual de importantes. Esas eran las que pagaban el salario. El incidente de Tom les estaba costando caro, pero todos sabían que lo hacían por ayudar a un amigo, no por la recompensa a su trabajo, porque definitivamente no habría ninguna, más allá de la satisfacción de saber que lo hacían por una buena causa.
Así pasaron los días. A veces parecía que avanzaban mucho y otras veces que retrocedían y los invadía la frustración, pero no se rindieron a pesar del cansancio físico y mental que estaba produciendo en ellos. Nunca faltó la motivación y las oportunidades para montar un poco de fiesta entre los presentes para animarse un poco. Estaban determinados a terminarlo a tiempo y lo vieron como un reto personal, se estaban poniendo a prueba mutuamente y de alguna manera les parecía estimulante.
Y llegó el día, finalmente el viernes. Aquella mañana solo quedaban un par de ajustes por hacer, pero podrían decir que el auto estaba prácticamente listo, una buena lavada y quedaría como nuevo. Todos en el taller estaban celebrando y Tom no lo podía creer, se sentía extasiado como hace mucho no lo hacía y complacido consigo mismo. Los chicos le dieron a Tom el resto del día para que descansara un poco, cobrara energías y se diera un buen baño antes de ir a su tan deseada audición.
Cuando llegó a su apartamento alrededor del mediodía se consiguió con su madre adentro, preparando lo que suponía eran unas deliciosas hamburguesas por el olor que se apoderaba de todo el lugar. Debió haber traído con ella los ingredientes porque no recordaba tener tanta comida en casa.
Simone vivía a un par de calles de distancia de Tom, donde daba clases particulares de pintura a niños, y con la llave extra que tenía, de vez en cuando se colaba en su apartamento a ayudarle a mantenerlo en un estado decente. Como madre incondicional, no le importa que tan grande fuera su hijo, para ella siempre sería su pequeño.
-¡Hola, mamá! Qué sorpresa verte por aquí.- Dijo Tom acercándose por la espalda a la mujer de unos 45 años de corto cabello castaño claro, dándole un beso en su mejilla y sentándose en la pequeña mesita de la cocina que servía de comedor. -Pensé que hoy estarías ocupada.
-Y lo estoy, pero me escapé un rato para venir a verte. Quería hablar contigo. Estoy preocupada, hijo.- Tom suspiró y se escurrió en la silla con desgano sabiendo lo que su madre le iba a decir.
-Voy a ir a esa audición mamá, ya lo decidí. Quiero volver a intentarlo.- Dijo tajantemente esquivando la mirada y cruzándose de brazos, visiblemente incómodo.
-Tom, no quiero que sufras. Ese mundo es muy cruel. Ya pasaste por eso y nada bueno salió de ahí. Es un mundo muy corrupto, de gente mala y poderosa. Quizás durante un tiempo todo parezca un sueño, pero si algo es muy bueno para ser verdad, entonces no lo es. La gente cambia, se vuelve ambiciosa y pierde su esencia. Tú perdiste una parte de ti, no quiero perderte por completo como pasó con tu padre.
-Lo de mi padre fue completamente diferente. Él nunca llegó a donde yo llegué. Él murió queriendo ser alguien que no pudo. No quiero morir sin saber que lo intenté.- Tom golpeó la mesa. Sentía como su corazón palpitaba fuertemente haciendo que la sangre corriera por su cuerpo, mientras apretaba la mandíbula mirando fijamente al piso. – Lo voy a hacer, y no me importa lo que pienses.
-Gordon murió desilusionado, buscando una vida que no era para él. Fue un increíble músico, pero no estaba hecho para ese mundo. Entiéndelo hijo, es un camino muy difícil.
-No hables así de papá. Él me enseñó que hay algo más que estas cuatro paredes. ¿Es que no lo entiendes? Mi destino no es este. Despertar, trabajar en un taller, llegar sucio a casa sin ganas de nada, comer una comida de mierda, ir a dormir y repetir todo de nuevo. Es como si estuviera esperando a que todo acabara mientras interpreto este papel en una estúpida obra de teatro, día tras día. Debe haber algo más… y hay algo más, porque ya lo viví. No me vas a detener esta vez.
Simone tomó aire con un nudo en la garganta conteniendo las lágrimas. -Yo siempre he querido lo mejor para ti, Tom. Y como tu madre es mi deber decirte lo que creo que te conviene y lo que no y creo que estás tomando la decisión equivocada. Te amo, hijo.- Tom seguía con la mirada clavada en el suelo, pero vio como su madre se apresuró a salir de aquel apartamento y cerró la puerta con brusquedad, dejándolo ahora solo con sus pensamientos. Recostó la cabeza sobre la mesa sintiendo los latidos se su corazón recobrar un ritmo más pausado.
Su padre le había inculcado ese amor por la música. Desde pequeño le enseñó a tocar la guitarra y a escribir sus propias letras. Siempre se sintió muy unido a él y compartían esa misma pasión.
Cuando a los 14 años vio la fortaleza de su padre apagarse velozmente y morir de un cáncer que no detectaron a tiempo, su vida había cambiado. Tom había perdido a un padre, un guía y un amigo; todo al mismo tiempo. Se refugió en la música porque sentía que así seguía conectado a él, y encontró en sus letras la manera de aliviar lo que sentía por dentro.
Una vez se halló más calmado comió aquella hamburguesa que su madre le había preparado. No había sido gentil con ella, pero se trataba de su sueño y ni ella, — ni nadie–, podía decidir por él opinando desde sus propios miedos. Cuando terminó de comer se dio una ducha caliente y tomó una siesta. Su cuerpo pedía a gritos descanso y lo necesitaba, especialmente por lo que le esperaría unas horas más tarde.
&
Eran las 2:45pm. Tom iba de camino a Hamburgo en el hermoso Audi de Bill, ahora en una condición en la que jamás imaginó que podrían dejarlo, –considerando el estado en el que había llegado al taller–; conduciendo a una velocidad moderada. Estaba increíblemente nervioso, pero las ansias de lo que el destino le deparaba lo mantenían entusiasmado. Necesitaba fumar un cigarrillo con carácter de urgencia, pero lo reconsideró. No podía arriesgarse a que ocurriera lo mismo de nuevo.
Era una tarde cálida. El cielo estaba despejado y el cielo de un azul brillante para cuando llegó al complejo de oficinas de Phoenix Records. Esta era una nueva sede que no tendría más de 2 años. Era increíblemente colosal y daba la sensación de que algo más grande de lo que tu mente pudiera imaginar, estaba ocurriendo ahí adentro.
Andreas le había indicado que en la entrada habría alguien esperando por su llegada, y así fue. Una mujer joven vestida con una falda de lapiz gris y unos altos tacones negros estaba parada frente aquellas gigantescas puertas de vidrio. Tom se bajó del automóvil y un hombre con uniforme de valet parking se encargó del auto en ese momento.
-Buenas tardes, Sr. Trümper- Le dijo la mujer sonriendo amablemente. No tuvo ni siquiera que pronunciar palabra. – El Sr. Kaulitz lo espera. – Le hizo una seña para que lo acompañara y así lo hizo. Empezó a caminar junto a la joven en silencio, pasando entre aquellas enormes puertas atravesando un elegante e iluminado lobby. Se subieron al ascensor y la mujer marcó el piso que los llevaría a su destino. Después de unos pocos segundos incómodos, las puertas se abrieron haciendo un pequeño sonido indicando su llegada. Del otro lado estaba Andreas esperando, el cuál le brindó una enorme sonrisa al verlo.
-Muy puntual, Sr. Trümper, ¿o debería llamarte Tom?- El platinado cruzó su brazo con el de él y lo empezó a guiar. -Desde aquí me encargo yo, ¡gracias, Camille!- Le dijo entusiasmadamente a la mujer que segundos antes lo había acompañado. -¿Estás preparado?- La pregunta le tomó por sorpresa, todo estaba pasando tan rápido que apenas tenía tiempo para ordenar las ideas en su cabeza.
-Hola… Andy.- Se atrevió a decir recordando la pequeña interacción que tuvo con el rubio días atrás. -Estoy preparado.- prefirió ser breve a tener que revelar el torbellino de emociones que estaba sintiendo en ese momento, pero nada lo iba a detener.
Caminaron por un largo pasillo que los conducía a una oficina de grandes puertas sobre las que se leía “Bill Kaulitz”, la cuál Andreas no se tomó el tiempo de tocar y abrió rápidamente haciendo que ambos entraran estrepitosamente.
-¡Mira quién llegó!- Dijo el rubio muy informalmente para lo que esperaba. Se imaginó una introducción más cabal, pero no le molestó. Y entonces la persona que estaba sentada de espaldas en una enorme silla de cuero negro se dio la vuelta. Era el dueño del nombre de aquella puerta. El mismo excéntrico hombre al que le había ocasionado un accidente y el mismo del que pendía ahora su carrera.
-Buenas tardes, Tom.- Y las palabras salieron dulcemente atemorizantes de los labios de Bill. Tom pudo ver como una sonrisa se formaba en sus labios y mientras se acercaba a él, sintió un nudo en el estómago. Ahora que sabía quién era y conociendo su temperamento tendría que ir con cuidado.
-Buenas tardes Sr. Kaulitz- Le tendió la mano, la cual el rubio estrechó y pudo ver cómo las pupilas de este se dilataban.
-¿Cómo está mi Audi? – No pensó que eso sería precisamente lo primero en preguntarle.
-En perfectas condiciones, alguien lo ha recogido a mi llegada.
-Perfecto, es lo mínimo que esperaba después del mal rato que me has hecho pasar. Pero bueno, estamos aquí por algo más ¿no? Andy me ha suplicado que te diera una segunda oportunidad. Me contó de tu pasado y que quisieras volverlo a intentar, ¿o me equivoco? – Tom se volteó a ver al platinado hombre a su lado que lo animaba a hablar con la mirada.
-Así es. Creo que en su momento, algo no salió bien.- suspiró moviendo la cabeza, como si todos los recuerdos hubieran llegado de golpe a su cabeza. -Pero este es mi lugar. La música es lo que me mueve. No quiero volver a dejarlo pasar y aquí estoy. Quiero demostrar que he llegado para quedarme.- Bill lo miraba con ojos misteriosos mientras se tocaba la barbilla con una mano.
-Está bien, admiro tu voluntad. Eso no se ve mucho por aquí, aunque me parece un poco cursi tu discurso.- Tom se sintió avergonzado. Este sentó en un cómodo sofá cruzándose de piernas e hizo una seña a Andy indicándole que se sentara a su lado. – Muéstranos qué tienes, algo de ti, algo que valga la pena. Pero si no, te irás así como llegaste.- Sonrió cínicamente sin apartar la mirada de él.
-¿Ahora?
-Sí, ahora.- Respondió Bill mientras se reclinaba poniéndose más cómodo, alzando las cejas hacia Andy en complicidad.
Tom suspiró y cerró los ojos. Todo por lo que había luchado estaba a punto de hacerse realidad. Guardó sus temores en un rincón oculto de su mente y sintió un fuego recorrer sus venas. Recordó su familia, a su padre, sus conflictos internos, sus amigos. Su desgastada vida, sus frustraciones, sus alegrías. El sentimiento de vacío que a veces lo azotaba, su pasado e inconformidad, sus disgustos, su decepción y su motivación y empezó a recitar…
Tengo tantas cosas que decir que ya me ahogo
Aunque he salido de la oscuridad y casi no compongo
Llámalo alma, poesía o magia
Yo, me doy a las letras y al sentimiento
Básicamente, escribo este dolor que llevo dentro
Mi rap es sufrimiento, amor y lamento
Y vacile, porque vivo en continuo movimiento
Intento enterrar mis fobias y alegrar mis días
Salir de mis infiernos, resucitar alegrías
Volver a darle vida y sentido a todo esto
Y morir en tu recuerdo, revivir entre mis textos
Y poder bailar un vals con las palabras
Llorar por tantos miles de millones de miserias
Y estar agradecido por vivir entre papeles
Recuperar mi fuerza y no dormirme en los laureles
Yo suelo querer más de lo que debo
Yo bebo de la fuente del amor mientras me elevo
Esta puta ciudad me está matando, mas, ya salí del fango
Ando dando y perdiendo
(Viendo) Viendo lo que pasa y viviendo
(Pierdo) Así voy creciendo, escribiendo
Sintiendo la calma, en mi alma sigue lloviendo
Ando dando y perdiendo
(Viendo) Viendo lo que ocurre entre el viento
Y muriendo, y muriendo, y muriendo, y muriendo
Ya no tengo nada que perder menos el tiempo
Lo único que nunca me abandona es el tormento
Lento, camino hacia ninguna parte
Tengo tantas cosas que decir que ya me ahogo
Parece ser que acumulé el dolor como un tesoro
Pero, ya me di cuenta de que el odio a nada lleva
Vengo de la escuela de los versos acapella
Allá donde tristeza nos consuela
Cuando el silencio me desvela
Cuando la Tierra le pide paz al karma
Se cierran mis acá y se abre mi alma y
Solo me calma el vivir entre papeles
Cuando apenas tengo sitio en el reino de los infieles
Ando, ando dando y perdiendo
(Viendo) Viendo lo que pasa y viviendo
(Pierdo) Así voy creciendo, escribiendo
Sintiendo la calma, en mi alma sigue lloviendo
Ando dando y perdiendo
(Viendo) Viendo lo que ocurre entre el viento
Y viviendo, y viviendo, y viviendo y viviendo.
Continúa…
Notas de la autora: Este verso es un extracto de la canción ‘Dando y Perdiendo’ de Rapsusklei. Me pareció que la letra reflejaba lo que podía estar sintiendo Tom en este momento.