Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 6
Cuando Tom abrió los ojos se encontró con la mirada fija de los rubios. Estaba en un limbo entre la conciencia y la inconciencia. Su mente lo había transportado a otro lugar, ese donde el tiempo se detiene y nada existe, solo sus emociones mezcladas con sus pensamientos saliendo de su cuerpo a través de las palabras. Andreas, quien tenía la boca ligeramente abierta con expresión de asombro, empezó a aplaudir muy lentamente. Bill por otro lado tenía la mirada oscurecida, por más que intentaba descifrar qué podía estar pasando por su mente, fue en vano, pero tenía una mueca en los labios cercana a una sonrisa y estaba completamente tranquilo. Tenía las manos entrelazadas haciendo pequeños círculos con sus dedos, era la única parte de su cuerpo que se estaba moviendo, eso lo estaba poniendo ansioso.
-¿Qué tal? – Fue lo primero que se le ocurrió decir, arrepintiéndose rápidamente ante lo infantil que se sintió al hacer esa pregunta como un niño en busca de aprobación. Los segundos en que se tardó en responder se sintieron como una eternidad.
-Andreas- habló Bill rompiendo el silencio. -Llama a David y dile que vamos a estar ocupados el resto de la semana y no nos moleste. Que tenemos un proyecto grande en el que estamos trabajando, pero no le des detalles. También asegúrate que nadie más esté usando el estudio 483. Quiero que sea solo para nosotros.- sin apartarle la mirada a Tom, viéndolo fijamente a sus ojos.
-¿Eso significa que…?- Andy se mostró un poco confundido, pero rápidamente se levantó del lujoso sofá, de nuevo con su tableta de trabajo anotando con precisión las tareas que su jefe le indicaba.
-Sí, vamos a probar al Sr. Trümper, quiero ver de qué está hecho. Quiero el estudio listo para hoy mismo, diles que lo preparen para esta tarde.- Andy asintió y una vez terminó de escribir en la pantalla táctil se dirigió hacia la puerta, no antes sin brindarle una sonrisa a Tom haciéndole un gesto con el pulgar arriba a modo de celebración.
Una vez Andreas se halló fuera de aquella fría oficina, Tom sentía la tensión en el ambiente. Era tan palpable que casi cortaba. Quería hablar, pero temía que cualquier cosa que saliera de su boca arruinara el momento. Todavía estaba procesando lo que acababa de pasar. ¿Realmente había recitado frente a uno de los mejores productores de Alemania y además quería grabar con él? ¿Había entendido bien? ¿No era alguna clase de sueño que pronto se convertiría en pesadilla y despertaría de nuevo en su pequeño apartamento? Le había dicho a Andy que prepara un estudio para esa misma tarde. Tom se sentía listo, pero quizás no tanto como para lo que eso significaba.
-¿Bien? ¿Después de todo ese verso ahora no puedes hablar? – Dijo Bill sacándolo de su ensimismamiento mientras se acercaba.
-Es una locura, todo esto es una locura. Yo… todavía no lo creo.- Tom río en su asombro llevándose las manos al rostro respirando hondo, cayendo en si de nuevo. Volviendo a poner los pies en la tierra.
-Esto es solo el comienzo, no cantes victoria.- Bill posó su mano sobre el hombro de Tom y este volteó a ver al rubio que ahora sonreía junto a él. Sus ojos eran filosos y penetrantes, escondían algo y quería saber qué. – Hace años cuando te vi en aquel show la verdad es que no escuché nada que realmente captara mi atención, pero hoy fue… diferente. Tienes potencial y me interesa. He estado buscando algo que valga la pena y creo que puedes tenerlo. No puedo perder el tiempo, así que es tu decisión si aceptas o no.
-Por supuesto que acepto. De otra manera no hubiera hecho todo lo que hice para llegar hasta aquí.- Hizo un gesto con las manos y la cabeza, haciendo referencia al destrozado auto que había traído en perfectas condiciones.
Bill rio y se alejó de Tom ahora apoyándose con ambas manos sobre su escritorio.
-Para esta noche tienes que ponerle melodía a esa canción. Por supuesto contarás con mi increíble talento y guía, pero quiero que me muestres tu capacidad para trabajar bajo presión. Así funcionan las cosas por aquí, incluso para alguien como tú eso debería ser lógico. Así que hasta que no esté listo el primer demo de esa canción no saldrás de estas paredes.
Tom sabía que aquello era una explicación, pero de alguna manera se percibía casi como una amenaza, más no lo hizo retroceder.
Andreas entró por la puerta nuevamente y ambos voltearon a ver al platinado rubio, quién se mostraba de un buen humor que rayaba en el histerismo. -Todo listo y en orden, ya me aseguré de que nadie más use el estudio. Es todo para nosotros, ¿vamos? – se paró a un lado de la puerta señalando con la mano la salida y todos en grupo salieron de camino a aquel cuarto.
Se subieron al ascensor y bajaron un par de pisos. Este era mucho más oscuro y lleno de pasillos. Empezaron a caminar por una serie de puertas que serían la entrada a diversos estudios. En algunos se podían escuchar levemente bandas ensayando, hasta que finalmente se detuvieron en la más lejana de todas y que parecía más grande que las anteriores. Marcaba en grande fuera de esta ‘483’.
Al entrar se encontraron con una iluminada salsa de controles de paredes cálidas, desde donde resaltaban discos de oro y platino de nuevas y antiguas bandas. Nombres que cualquiera que no viviera bajo una piedra reconocería. Tenía grandes altavoces a cada esquina, un par de mesas de mezcla y edición acompañados de varias sillas y un rojo sofá, todo apuntando a un gigantesco vidrio desde donde se podía ver la cabina de grabación forrado de espumas y alfombras, con varios instrumentos y micrófonos.
-Bienvenido al 483.- Dijo Andy mostrando la grandiosidad de aquel cuarto con brazos abierto.
-Aquí han grabado muchos de los artistas más importantes nacionales e internacionales. No cualquiera tiene el honor de poner pie en este sitio.- Bill hizo una pequeña pausa suspirando. -Pero no te ilusiones, estamos aquí porque es mi favorita.- Le sonrió con un toque de maldad mientras le guiñaba el ojo.
Al castaño le hizo gracia el comentario, que intuyó venía con un tono de mala intención, pero estaba tan extasiado que prefirió tomarlo con algo de humor. De todas maneras, si él había llegado hasta ahí tan mal no lo habría hecho.
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Las siguientes horas se sintieron como minutos en aquel estudio. Tom se sentía como pez en el mar, había deseado tanto esto que cada detalle de lo que estaba sucediendo se sentía irreal. Había grabado las vocales en un par de intentos, estaba inspirado. Los arreglos de la melodía y hacer que todo encajara fue lo más complicado, teniendo en cuenta que trabajaba con Bill. Resultaba realmente molesto, pero sin duda sabía lo que hacía, así que se dejaba guiar. Andy de vez en cuando salía a buscar café y algo de comer y regresaba con ojos emocionados. A veces daba su opinión o alguna idea que rápidamente Bill descartaba y luego cuando el platinado se iba, la tomaba en cuenta y pretendía que había sido suya. Momentos en los cuales aprovechaba para acercarse un poco más a Tom, cosa que este parecía no notar en su concentración.
Empezaron a trabajar casi a las cuatro de la tarde y ya eran la una de la madrugada. Habían estado en aquel sitio cerca de 9 horas y nadie sabía aún de Tom. Bill había prohibido teléfonos encendidos hasta que no estuviera lista la canción, así que cuando ya podían decir que habían terminado, Tom por fin pudo encender su móvil. Este empezó a vibrar sobre sus manos con furia gracias a los mensajes y llamadas perdidas de sus amigos, claramente preocupados. Tom se limitó a escribir: “He tenido un día de locos, estoy grabando. Hablamos mañana”. No dio detalles, no podía realmente, así que decidió ser breve y reenvió el mensaje a todos.
-¿Entonces? ¿Vas a seguir mensajeando a tu novia o estás listo para escuchar tu canción? – Dijo Bill de repente sacándolo de su distracción y haciendo que Tom lo apagara de nuevo.
-No tengo novia. Y sí, estoy listo.- Respondió Tom dejando salir un largo suspiro y Bill sonrió ampliamente a la respuesta del castaño.
Los tres hombres entonces escucharon atentos cómo empezaba la música y un compás de melodías danzaban unas con las otra entrelazándose con las palabras. En solo unas horas habían conseguido hacer algo que, aunque no estaba perfecto, era de lejos mucho mejor de que lo que Tom había hecho nunca.
Todos se miraron sorprendidos, especialmente Tom, a quien estaba empezando a faltarle el aire.
-¡Creo que esto requiere de una celebración!- Andreas habló dando saltitos de alegría y Bill se mostró repentinamente interesado.
-Vienes con nosotros Trümper.
-¿Qué? ¿A dónde?.- Respondió Tom algo exaltado.
Bill y Andy se miraron con cierta complicidad. -Será una sorpresa.- Respondió Bill jalándolo del antebrazo. Sintió un pequeño nudo atorarse en el medio de su estómago, pero no refutó. Los tres salieron del estudio rumbo al estacionamiento donde se encontraba el como-nuevo Audi del rubio.
A esa hora el lugar estaba casi completamente desierto, solo un par de personas y los vigilantes eran quienes quedaban rondando las instalaciones. Andreas iba confiadamente a subirse al asiento del copiloto cuando Bill le dirigió una mirada fulminante. – No Andy, tú vas atrás. El asiento hoy es para Trümper.- El platinado lo vio algo indignado pero no le dio importancia, subiéndose entonces en los asientos traseros mientras Tom se subía en la delantera junto a Bill.
-Por favor, llámame Tom. Realmente nadie me llama por mi apellido.- Pidió el castaño, mientras el rubio ponía en marcha el vehículo en dirección al destino desconocido.
En el camino la tensión prácticamente había desaparecido y Tom empezaba a llevarse mejor con el par de amigos, especialmente con Andy. Este era más abierto que Bill y mucho más carismático. Había algo en Bill que se mostraba oculto y no quería indagar mucho en aquello, especialmente ahora que tendría que trabajar directamente con él.
Pocos minutos después llegaron a un club desde donde se veían personas haciendo fila en la entrada. Estaba realmente lleno y lujosos autos se paraban en el frente, siendo ellos uno de esos tantos. El trío de hombres se bajó, mientras un valet quien agarró las llaves, se encargaría de estacionarlo.
Caminaron bordeando la larga fila de personas que se amontonaban a un lado de la entrada y un hombre alto y musculoso les daba paso mientras asentía con la cabeza. -Señor Kaulitz, bienvenido.- Le dijo entonces poniendo alrededor de las muñecas de cada uno una banda de papel color dorado. “Esto sí que es ser VIP” pensó Tom y los tres se adentraron a aquel ruidoso sitio.
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Todo estaba oscuro y las personas bailaban, saltaban y bebían frenéticamente. Las luces de colores que se movían de un lado a otro eran cegadoras y la música retumbaba en su interior, sintiendo las vibraciones en todo el cuerpo, incitándote a moverte. El lugar era tan inmenso que se dividía en 3 áreas: La central, –y más grande–, por donde se accedía era una especie de pit donde todos bailaban, rodeado de plataformas y balcones. Y otras dos áreas a cada lado del espacio central, un poco más pequeñas, pero con el mismo ambiente. Con dificultad llegaron hasta una de las barras donde ordenaron tres shots de tequila seguidos de tres cubatas, una para cada uno.
-¡Por Tom!- Gritó Andreas subiendo su vaso para que sus acompañantes lo imitaran con los suyos.
-¡Salud!- Dijeron los otros dos dejando que el alcohol entrara en su sistema y se perdieron entre la multitud.
Después de un rato bebieron un trago tras otro. Sus cuerpos no dejaban de moverse y tropezaban con la masa de personas. Se dejaron llevar por todo el ambiente y entre sudorosos brincos Tom encendió un cigarrillo. A nadie realmente le importaba si fumaban en el interior, cada uno estaba en lo suyo. Le dio unas cuantas caladas con ojos cerrados siguiendo el ritmo de la música, cuando sintió un par de dedos que robaban inesperadamente el cigarrillo de sus manos. Cuando los abrió notó a Bill ahora más cerca llevándoselo a sus labios inhalando de él. Volteó con la cabeza de un lado a otro para buscar a Andy, pero no lo encontró. Cosa que Bill notó al instante.
-Espero que no te moleste, he dejado los míos.- sonrió dándole otra calada. -Andy fue al baño y a buscar otra ronda de tragos, probablemente se tarde un poco.- Tom no sabía por qué, pero esa información lo puso repentinamente nervioso.
Bill acortó la poca distancia que quedaba entre ellos y a solo centímetros de su cara, alzando una ceja, sacó de uno de sus bolsillos una bolsita de pequeñas píldoras de colores que le mostró a Tom.
-Vamos a divertirnos, se las quité a Andy antes de que se fuera. Es molly.- Sacó una de las pastillas y la tragó dándole un sorbo a su bebida, frunciendo un poco la cara. Luego cogió otra entre sus dedos. -¿No vas a rechazarlo, o sí?.- Tom no solía consumir drogas, pero era una ocasión especial y definitivamente no podía decirle que no después de todo lo ocurrido en el día, así que asintió levantando la mano para tomarla, pero Bill la alejó de él.
-No, así no.- La llevó hasta su boca y la posó sobre su lengua. -Tómala.- Estaba increíblemente confundido y su corazón empezó a palpitar frenéticamente cuando Bill lo tomó de la cabeza y lo acercó a sí besándolo. Todo a su alrededor se volvió borroso y el ruido del lugar no se comparaba con el retumbar de la sangre en sus oídos. Estaba paralizado. Bill abrió la boca guiando a Tom a hacer lo mismo profundizando el beso, y sintió cómo su lengua invadió su cavidad moviéndose sobre la suya. Fue un beso húmedo y rápido. Le pasó la pastilla y una vez que estuvo situada en su boca, Bill se separó un poco dándole el vaso con lo que quedaba de su bebida.
A Tom le tomó unos segundos reaccionar ante lo que había sucedido. Nunca antes había sido besado por un hombre. Su cuerpo envió señales de alerta, pero estaba inmóvil, hasta que vio a su acompañante sonreírle y darle un toque en el hombro haciendo que reaccionara y tomara el vaso en sus propias manos.
-No te asustes, esto te ayudará a relajarte.- Respondió con cierto tono oscuro pero divertido mientras Tom se tragaba la píldora y se acababa el trago de un solo sorbo. El rubio le dio una última calada al cigarrillo que tiró al suelo pisándolo, lo tomó de la mano y lo guio al otro extremo del club; una esquina más oscura y congestionada de gente, alejándose del lugar donde habían estado desde que llegaron.
Su corazón no había dejado de latir con una fuerza demencial, especialmente cuando se detuvieron y Bill lo acercó a si juntando sus cuerpos, empezando a bailar. -¿Nunca has bailado con un hombre, verdad?
-No, nunca.- Respondió con la voz extrañamente ronca mirando a los lados, esquivando la mirada del rubio. No sabía qué hacer.
-No es tan diferente a hacerlo con una chica, pero a mi en lo personal me gusta más.- Lo tomó por la barbilla y lo miró fijamente. Aún en la penumbra pudo notar el color miel de sus ojos y las pupilas dilatadas. Una corriente le recorrió el cuerpo y el corazón que latía con tanta fuerza ahora parecía que se detuvo por un instante. ¿Qué estaba pasando y por qué a él?, se preguntó. -Relájate y déjate llevar. Esta noche es para dejar todo atrás.- Bill lo tomó por los hombros guiándolo en su baile, haciendo que sus cuerpos chocaran y lo siguió. Cerró los ojos y se convirtió en un títere de la música, siendo el sonido los hilos que guiaran sus movimientos y se concentró en lo que minutos después empezaría a sentir.
Tenía el pulso acelerado y estaba notando el subidón. Los colores de las luces se veían exageradamente más intensos y la euforia empezaba a adueñarse de sí. Todo se veía mucho más brillante y de repente estaba feliz, mucho más feliz, y lleno de energía. Sudaba a mares y no podía contener las ganas de moverse. Sentía que nada en ese momento importaba y solo podía seguir bailando. Ya no se sentía cohibido, la confianza en sí viajaba por sus venas y dejó que Bill lo tomara por la cintura empezando a tocar su espalda. Se sentía bien. Las caricias eran electrizantes, dejando un rastro de chispas por donde pasaban.
Cerró los ojos y suspiró sintiendo un par de labios cálidos besar su cuello, para luego seguir a una húmeda lengua recorrerle hasta el lóbulo de su oreja. Dejó salir un gemido cuando este le mordió el lóbulo y lo succionó suavemente. En un impulso, tomó a Bill por la cabeza y lo miró fijamente de nuevo a los ojos. Sintió que por un momento pudo ver a través de ellos, y estaba seguro que Bill sintió lo mismo por la mirada que le estaba devolviendo. En ese instante juraría que ambos pensaron lo mismo y sin más detenimiento se besaron. Lo acercó a su cuerpo con furia profundizando el beso. Su lengua viajó por dentro de la boca de Bill y este hizo lo mismo. El rubio escurrió las manos debajo de su camiseta y le clavó las uñas en la espalda. Se sentía bien. Nunca antes con ninguna chica había sentido lo que estaba sintiendo en ese momento.
En algún rincón de su cabeza, preso de tanta serotonina, se encontraba su cordura. Quería decirle que aquello estaba mal, que ese no era él, pero no pudo salir de su celda. Estaba hipnotizado de un repentino deseo y no quería parar. Lo único que lo detuvo fue Bill cuando momentáneamente se separó de él, agarrándolo de la mano y guiándolo hacia uno de los baños que solo la gente con aquella cinta dorada podía usar.
Estaban llegando a la puerta cuando un grupo de hombres iba saliendo, tropezando con ellos a su salida. Una vez estuvieron dentro, Bill cerró la puerta a sus espaldas con seguro y se giró a verlo. Ahora en la intimidad de aquel iluminado baño se dio cuenta que ambos estaban hechos un desastre, y con la claridad veía lo que realmente estaba a punto de suceder, pero la excitación no disminuyó, solo lo hizo más real.
Bill lo empujó contra una de las paredes apresando sus manos a cada lado de su cabeza. Empezó a besarlo con ansia y este se dejó, zafándose con facilidad de su agarre empezando a quitarle la camisa que luego cayó al suelo. Pudo divisar el esbelto torso de su acompañante adornado de grandes tatuajes y un piercing en su pezón izquierdo. Lo vio lamerse los labios y tragó fuerte. Se veía realmente sexy y reparó en la abultada erección que se escondía dentro de sus pantalones y no había notado hasta ese momento. Estaba excitado por un hombre, y no cualquier hombre. Quería follar al maldito arrogante que era ahora su nuevo jefe.
-Supongo que esta no es tu primera vez.- Se atrevió a decir a decir Tom.
-Supones bien. Si no me hubieras dicho que nunca has estado con un hombre, jamás lo habría notado.- Y Tom no pudo contenerse más. Empujó a Bill hacia el mesón de los lavamanos subiéndolo sobre él y situándose en medio de sus piernas, besándolo de nuevo, devorando su lengua; haciendo que pequeños hilos de saliva cayeran sobre sus barbillas. Bill lo tomó por el pelo jalando de la goma que lo mantenía asegurado y su melena castaña cayó en cascada sobre sus hombros.
Tom empezó a bajar por su cuello en dirección a aquel piercing que adornaba su pezón y lo apretó con sus dientes, haciendo que el rubio se retorciera, mientras pellizcaba el pezón libre con una mano. Lo lamió en pequeños círculos y lo succionó enrojeciendo toda el área. Bill dejó escapar varios gemidos moviendo su mano hacia la entrepierna de Tom, agarrándolo con firmeza por encima de la tela y empezando a desabrocharlos, haciendo que este se sobrecogiera un poco.
-Tranquilo, no muerdo… A menos que me lo pidas.- Ese comentario le hizo gracia, haciendo que volviera a relajarse y al mismo tiempo provocándolo más.
Mientras Bill le desabrochaba y bajaba un poco sus pantalones, lo justo para dejar en libertad su duro miembro, Tom se quitó la camisa acaloradamente dejando a la vista su tonificado pecho, cuyos músculos se encogieron cuando Bill apresó su enorme erección entre sus manos.
-Umm, la tienes grande.- Dijo mordiéndose los labios mientras empezaba a masturbarlo con una mano y con la otra le recorría su desnudo abdomen con la yema de los dedos. Cerró los ojos y echó el cuello hacia atrás gimoteando mientras sentía aquellos largos dedos envueltos en su dureza moverse de arriba a abajo. Su tacto era algo áspero, pero le gustaba, le provocaba escalofríos.
-Ya lo sabía.- Respondió con voz grave, demasiado incluso para él mismo. Lo bajó con velocidad del mesón y le dio la vuelta desabrochándole los pantalones, bajándolos a la altura de sus muslos; dejando expuesto el pequeño y redondo trasero del rubio. -Te va a doler.
-No lo hará, y si lo hace valdrá la pena cada maldito segundo.- Esas últimas palabras lo habían llevado al límite de la excitación. Escupió sobre sus dedos llenando de saliva su miembro, situándose en esa caliente entrada y empezó a penetrar lenta y cuidadosamente el apretado agujero que se abría a su paso.
-¡Aaah!- Dejó escapar Bill un grito entre dolor y placer que se mezcló con los fuertes golpes que daba alguien a la puerta.
“¡Abran la puerta, queremos mear!”. Se escuchaba al otro lado del baño. La adrenalina empezó a fluir con fuerza por sus venas y Tom terminó la penetración con una embestida fuerte, llegando a lo más profundo de su interior.
-¡Ufff maldita sea!- Gruñó entre dientes, sintiendo las gotas de sudor recorrerle la frente y el cuello. Bill gimió bullosamente.
“¡Abran ya!”
Pero Tom no pudo parar. Agarró las caderas de Bill y lo movió sobre sí acercándolo más. Con embestidas cada vez más enérgicas, entraba y salía del esfínter que apretaba su miembro en una calidez nunca antes experimentada.
“¡Que abran, joder!” Continuaban golpeando y gritando.
-No te detengas, sigue.- Gimió Bill arqueando la espalda y separando un poco más las piernas para darle más espacio hacia su interior. Su voz rasposa le puso el vello de punta y se inclinó más hacia él, pegando su musculoso torso a su espalda sin dejar de embestirlo. Con una mano le rodeó el cuello y con la otra tomó el hasta ahora olvidado miembro de Bill y empezó a sacudirlo con vigorosidad. Estaba húmedo e hinchado, probablemente no iba a durar mucho más.
“¡Abran la puta puerta!”
Gimió entre susurros en su oído sintiendo el orgasmo acercarse y con una embestida final, pegando la pelvis más contra su entrada, subió el cuello de Bill hacia el gran espejo que se encontraba frente a ambos; donde ahora con el rostro uno al lado del otro, sus miradas se encontraron en el reflejo y sintió una corriente recorrerle el cuerpo, expulsándolo todo dentro de Bill sin dejar de mover la mano con la que lo estaba tocando, y segundos después esta se humedeció entre sus dedos mientras el rubio dejaba escapar un grito de satisfacción.
“¡Jódanse!”. Se escuchó un golpe final del otro lado y unos pasos alejándose.
Tom aún con el pulso acelerado salió de su interior y vio cómo el blanquecino líquido empezaba a escurrirse lentamente entre las piernas de Bill. Se reclinó en el borde del mesón recobrando el aliento, abrió el grifo y se lavó las manos mientras el rubio le imitaba. Ambos se miraron y empezaron a reír.
Habían pasado poco más de dos horas desde que Andreas perdió de vista a sus compañeros. Después de buscarlos durante un buen rato, el efecto de las drogas había empezado a hacer presencia en su cuerpo y se rindió, en algún momento aparecerían así que se dedicó a disfrutar del ambiente, pero ya estaba a punto de amanecer y ninguno estaba respondiendo sus llamadas. Decidió dar otra vuelta por el tumultuoso club en su búsqueda de nuevo, cuando cerca de los baños finalmente los voy salir.
Dando tropezones entre la gente se acercó a ellos. Tenían la cara muy pálida y estaban increíblemente sudorosos. Tom tenía el pelo revuelto y Bill una expresión de triunfo en el rostro. Ambos se sorprendieron cuando lo vieron, casi como si se hubieran dado cuenta que el rubio había venido con ellos y lo habían olvidado.
-¿Dónde mierdas se habían metido? Llevo horas buscándolos.- Tom tragó con fuerza y desvió la mirada, pero la atención de Andreas se centraba en su amigo.
-Esas pastillas que trajiste estaban fuertes Andy. Hemos perdido la noción del tiempo y a Tom le ha pegado un poco mal, así que lo traje al baño porque obviamente tú no estabas para hacerlo.- Andreas no sabía si lo que estaba diciendo Bill era cierto o no, pero todo de repente le pareció demasiado gracioso y empezó a reír escandalosamente y la risa contagió al par. Ni porque intentara tener un poco de seriedad lo iba a conseguir.
-¡Salgamos de aquí!- Gritó Andy y el trío empezó a caminar fuera del club.
Continúa…
Notas de la autora: Les debo confesar, este es mi capítulo favorito hasta ahora. No se ustedes, pero la química entre estos dos es indiscutible. Tom todavía no entiende bien qué le pasa, pero poco a poco lo irá descubriendo. Así como Bill también tendrá que descubrir que hay algo más en su interior que simple interés y complejo de grandeza hahaha. Por otro lado siento pena por Andy. Veamos cómo avanza esto… Se dará cuenta del affair de estos dos? Díganme qué piensan!
Saludos, Ginger