Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 7
Ese fin de semana Tom lo pasó realmente mal. Desde que llegó a su pequeño apartamento el sábado por la mañana no había salido de él. Se sentía increíblemente cansado y desanimado. Quizás eran los efectos de la substancia saliendo de su sistema, o su conciencia reapareciendo para recordarle lo que había hecho en ese club, pero lo cierto era que estaba pasando por una de las peores sensaciones físicas y mentales que había experimentado en mucho tiempo.
Una vez que la euforia se había disipado, la vergüenza consigo mismo empezó a aparecer… esa persona no era él. No entendía por qué se había dejado llevar ante una situación que en completa sobriedad hubiera evitado y había tenido sexo con un hombre. Nunca se había sentido atraído hacia su mismo género y empezaba a cuestionarse toda su realidad. Quería culpar a las drogas de su completamente cuestionable capacidad de tomar decisiones.
Había evitado todas las llamadas de sus amigos excusándose diciéndoles que había enfermado y necesitaba descansar, pero realmente no quería ver a nadie. Se supone que debía estar feliz, y sí lo estaba. Grabó un demo después de muchos años y fue una experiencia increíble, pero todo había sido opacado por aquella noche. Tenía recuerdos que súbitamente invadían su mente y sentía que el pecho se le encogía.
Al amanecer del sábado una vez Andreas los había encontrado en horribles condiciones y decidieron salir de ese sitio, Bill le había insistido que fueran a su apartamento, pero simplemente no pudo hacerlo. Por un segundo dudó de sí mismo y estuvo a punto de aceptar la invitación, pero sabía que tenía que recobrar conciencia pronto, así que se negó. Los rubios se despidieron de él, no sin antes recordarle que el lunes tendría que volver a las oficinas para hablar sobre el siguiente paso a dar.
Ya era el atardecer del domingo y no quería ni pensar en tener que volver a ver a Bill a los ojos. Sintió un escalofrío subir por su cuello y sacudió la cabeza ante la idea cuando escuchó la puerta de su pequeño apartamento abrirse. Tom estaba acostado sobre su viejo sillón viendo realmente nada en la televisión, cuando su madre entró por la puerta con una bolsa de, –lo que parecía ser–, sopa entre sus manos. La miró con extrañeza mientras ella le dedicaba una mirada de preocupación.
-Voy a tener que cambiar la cerradura. Te di una copia de la llave para emergencias, no para que entraras sin avisar.- Trató de decir de forma burlona mientras le brindaba una sonrisa de saludo a su madre.
-Es una emergencia. Gustav me dijo que no te han visto desde el viernes que fuiste a…- hizo una pequeña pausa tragando fuerte -y lo único que han sabido de ti es que estás enfermo. ¿Qué tienes? ¿Te sientes mal? Te traje un poco de sopa de pollo.- Tom arrugó la nariz en un gesto de disgusto, como un niño al que no le gustan los vegetales.
-No es nada. Solo estoy cansado, es todo.- Suspiró centrando la mirada en la pantalla donde transmitían una película de acción y Simone le daba pequeños empujoncitos para sentarse a su lado, sacando el aún tibio envase, mientras se lo pasaba junto a una cucharilla.
-Vamos, come. Esto te ayudará a sentirte mejor.- A regañadientes Tom se acomodó sobre el sillón, probó la sopa y volteó a ver a su madre. -Gracias, ma.- Fue lo único que dijo, cuando Simone le pasó un brazo por encima del hombro, dándole un beso en la mejilla.
-¿Me vas a contar ahora qué pasó realmente? – Le preguntó con tono dulce. El instinto de madre le decía qué aquello que le pasaba a Tom iba más allá del malestar físico.
-No lo se. Todo salió realmente bien. Grabamos una maqueta de una canción que había escrito y todo fluyó mejor de lo que esperaba. Luego salimos a celebrar y… – hizo una pequeña pausa pensando en lo siguiente que iba a decir. -… lo pasamos bien. Me pidieron que regresara mañana para hablar sobre la dirección a seguir, pero tengo miedo.- Terminó Tom, sorbiendo un poco más de sopa y dejándola sobre la mesita de centro. No había mentido sobre tener miedo, pero no especificó exactamente a qué le temía.
Simone suspiró mientras reconfortaba con el brazo a su hijo y luego se volteó a buscar algo en su bolso. Sacó de este un pequeño papel doblado y se lo pasó. Tom lo desplegó y pudo ver un dibujo un poco torcido de él, de aquella época que usaba ropa muy grande y llevaba esas largas rastas rubias. Una sonrisa se formó en sus labios inconscientemente.
-Uno de los niños lo hizo hoy. Se fijó en una de las fotos que tengo en casa y quiso dibujarte. Dijo que le gustaba mucho aquella canción tuya y que de grande quería ser como tú.- Su madre lo tomó de la mano y lo miró con ojos brillantes. – Sé que he sido dura contigo y mi opinión al respecto, pero esto es lo que tú quieres hacer, y aunque sigo pensando que es un mundo que puede ser muy cruel, también tiene cosas increíbles como estas. Se el impacto positivo y felicidad que puedes llevar a otras personas.- Tom la miraba un poco confundido. -Lo que quiero decir es que… te apoyo. Solo quiero que seas feliz. Pero ten mucho cuidado, ¿me lo prometes?
-No sé a qué debería tenerle cuidado.- Dijo tratando de ocultar el temblor en su voz, sabiendo que probablemente ya se había topado con alguien de quien debía cuidarse.
-Tú sabes muy bien a lo que me refiero. Ya hemos hablado de esto muchas veces. Toda esa superficialidad, arrogancia e intereses personales pueden destruir a cualquier corazón noble. A esas personas solo les interesa hacer dinero y…-
-No vayas a empezar de nuevo con lo de papá… Además no hay nada de malo en tener un poco de ambición.- Tom no pudo evitar sonar cansado ante el repetitivo discurso de su madre.
-Esto ya no se trata de Gordon, sino de ti. Solo quiero que me lo prometas. ¿De acuerdo?
No tenía caso discutir con Simone. Ambos tenían puntos de vista diferentes, pero sin embargo no podía negar que todo lo que le decía, lo hacía por amor, así que prefirió no darle largas al asunto. -Te lo prometo… Te amo, mamá.- Ambos se abrazaron y Tom sintió que de ahora en adelante tendría que ocultarle algunas cosas a su madre.
El resto de la noche pasó sin mayores. Terminaron de ver la película y Simone se fue a casa. Ya se estaba haciendo tarde cuando Tom se dio cuenta que no había tomado una ducha en todo el fin de semana. Estaba asqueado de sí mismo.
Fue al baño, abrió el grifo de la ducha y mientras esperaba que calentara el agua, se empezó a desnudar notando unos leves rasguños casi imperceptibles en su espalda baja, y la persistente mezcla de olor entre cigarrillos y el perfume de Bill en su camiseta. Se llevó a la nariz aquella prenda y la olfateó a profundidad sintiendo una oleada de calor por el cuerpo, mientras entraba a la ducha y se arrepentía de lo que estaba a punto de hacer.
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-Qué bueno verte, hombre. ¡Pareces un fantasma! – Bromeó Gustav al verlo entrar el lunes por la mañana al taller. Acompañado de su tío y Georg.
-Tienes muchas cosas que contarnos. ¡Suelta! Hemos sido muy pacientes contigo.- Dijo Georg, quien lleno de grasa de auto y con una herramienta en mano, se acercaba a abrazarlo. Pero Tom retrocedió alzando un poco los brazos.
-Lo siento Geo. De hecho, no puedo decirles mucho por ahora. Quería pasar por acá para avisarles que hoy no podré venir a mi turno. Y espero no tener que hacerlo de nuevo.- Insinuó Tom y los tres hombres lo miraban en una mezcla entre confusión y sorpresa.
-¿Eso quiere decir que…?- Insistió a una respuesta más extensa, su primo.
-El viernes todo salió mejor de lo que esperaba. Grabamos un demo y quieren verme hoy para hablar sobre él. La verdad ni yo mismo sé qué va a pasar pero tengo un buen presentimiento.- Tom sonrió un poco más motivado de lo que había estado los últimos dos días y Doug le dio un par de palmadas en la espalda.
-Bien hecho, hijo. Estoy orgulloso de ti. Espero no tener que ver tu tonta cara regresando por aquí entonces.- Dijo su alto tío y todos se rieron. Tom hizo una mueca con los labios.
-Eso todavía no lo se. Pero quiero pensar que es algo bueno.
-Y lo es. No soportaba verte a diario como un perro triste.- Soltó Gustav empezando a alejarse hacia el Mercedes de la Sra. Leigh. Tom sonrió para sí mismo. -Vete, no se qué haces aquí todavía.
-Pero tienes que contarnos todo, ¿entiendes? Quiero detalles sucios.- Bromeó Georg empezando a acercarse a Tom con las manos grasosas amenazando con tocarlo. Tom se alejó de él esquivándolo y terminaron dando vueltas como niños corriendo uno detrás del otro.
-¡Deja! ¡Aléjate si no quieres que te rompa de nuevo la nariz!- Gritó Tom entre risas y Doug volteó los ojos al presenciar tal juego empezando a caminar hacia su pequeña oficina.
-Basta ya, son hombres adultos, ¡compórtense! Y Georg, vuelve al trabajo, que ahora vas a tener doble.- Dijo el hombre mayor y ambos dejaron de correr aún riendo. Tom se despidió de todos y subió a su camioneta de camino a Hamburgo.
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Cuando llegó al complejo de edificios de Phoenix Records, estaba de nuevo aquella joven mujer que lo había recibido unos días antes esperándolo en la entrada y se preguntó si de ahora en adelante sería así cada vez que llegara. Luego se dijo a sí mismo que estaba adelantándose mucho a los hechos y le sonrió. La joven le devolvió la sonrisa. Llevaba los labios pintados de rojo haciendo que los dientes perfectamente derechos y blancos resaltaban sobre aquel labial. Era atractiva y Tom por un momento dejó que sus ojos divagaran por el cuerpo de la mujer reafirmándose a sí mismo que aún le gustaba el sexo femenino. Lo ocurrido aquella noche lo seguía atormentando y pensó que probablemente había sido un error que no volvería a ocurrir.
-Buenos días Sr. Trümper, el Sr. Kaulitz lo espera.- Escuchar ese nombre hizo que el corazón le diera un vuelco y asintió, siguiendo a la joven haciendo el recorrido hacia aquel piso que ya conocía.
Una vez llegaron a las oficinas, la mujer tocó a la puerta de Bill anunciando su llegada y le dio paso. Desde adentro se escuchó la voz de Andreas. – Gracias de nuevo, Camille. Eres una dulzura.- Esta le brindó otra sonrisa alejándose y Tom finalmente puso pie dentro del lugar.
Frente a él, sentado en el enorme escritorio estaba Bill y a un lado en el lujoso sillón estaba Andreas con las piernas cruzadas.
-¿Qué tal esa resaca?- Le preguntó el platinado muy animado a modo de saludo. -Yo me he sentido fatal, pero ya estoy fresco como una lechuga.- A Tom le hubiera causado gracia el comentario, si no fuera porque sus ojos se cruzaron con los de Bill y de repente sintió la garganta extrañamente seca, tragando fuerte. Enmudecido.
-¿No vas a responder? Eso es muy maleducado de tu parte Tom. Andy te ha hecho una pregunta.- Habló Bill, quien tenía los codos apoyados sobre el escritorio y una sonrisa maliciosa.
-Sí, ehmm… También tuve un poco de malestar, pero ya estoy mejor.- Fue lo único que alcanzó a decir. La vista se tornó algo borrosa y si no fuera por su capacidad de controlarse, probablemente hubiera vomitado a causa del revuelo de emociones que se habían acumulado en su estómago.
-Ya. No lo molestes, Billy. Es un milagro que esté aquí hoy después de todo lo que ingerimos el viernes.- Respondió el platinado para luego voltear a verlo. – ¿Quieres que te traiga café? Tienes muy mala cara.
Quiso negarse, pero probablemente sí lo necesitaba, y además lo que tenía que hablar con Bill no lo podía escuchar su asistente. Aún tenían un tema de conversación pendiente.
-Sí, gracias Andy.
-A mi también me traes uno, y es mejor que te des una vuelta. Tom y yo tenemos que hablar de algo importante.- Dijo Bill en un tono con doble sentido mientras sacaba de una de los cajones de su escritorio un cúmulo de hojas engrapadas y las lanzaba frente a él. Lo que Andreas captó como una indirecta.
-Claro, vuelvo en un rato.- Esta vez no sonaba tan entusiasmado como otras veces. A pesar de que a simple vista iban a hablar de negocios, el tono sugerente de Bill lo puso en alerta. Salió de la oficina y cerró la puerta a su espalda.
Ahora estando solos de nuevo, el silencio se hizo presente y estaba sofocándolo. Bill lo veía cómodamente desde su silla y Tom se sentó frente a él empezando a sudar.
-¿No lo vas a revisar?- Rompió el silencio Bill señalando aquellos papeles que había puesto en su escritorio. -Creo que si dejaras de verme y le dieras una ojeada, te volvería un poco de color a la cara.
Tom estaba tan ensimismado que no se había percatado de ese detalle. Cuando bajó la mirada y tomó ese tumulto de hojas blancas llenas de letras muy pequeñas, sus ojos casi salieron de su órbita. Era un contrato de grabación con Phoenix Records. Lo acercó a sí con las manos levemente temblorosas, esto tenía que ser un sueño. De repente estaba muy concentrado leyendo cada palabra para asegurarse de que lo que estaba leyendo no era mentira, pero Bill estiró su brazo a través del escritorio que se interponía entre sus cuerpos e interrumpió su lectura sin que pudiera terminar de asimilarlo.
-¿Esto es…?
-No preguntes algo si ya conoces la respuesta. Sí, es un contrato de grabación, pero hay mucha palabrería y formalidad. En resumen, te estoy ofreciendo un contrato por un año. Es corto, pero dado que todo ha transcurrido de una manera no muy… habitual.- Hizo una pausa y se mordió levemente los labios. -Pues esto tampoco lo es: Seis meses para grabar un álbum, cinco meses de promociones, videos y entrevistas, y un mes de tour por Alemania.- De repente Tom palideció aún más.
-Es prácticamente imposible, no se puede hacer todo esto en tan poco tiempo.
-No lo es. No trabajando conmigo al menos, y el increíble equipo que tendrás a tu disposición. Empezando desde ahora, el álbum debería estar listo para septiembre. Tengo planes, no hay tiempo que perder, además ya demostraste que estás dispuesto a hacer que esto funcione. ¿O me equivoco?- Le dedicó una mirada lasciva que no pudo esquivar y el corazón empezó a latirle con fuerza.
-Por supuesto, pero aún hay muchas cosas más que revis…- Tom no pudo continuar cuando el rubio lo cortó. Tenía esa horrible costumbre de interrumpir a todos mientras hablaban y se le hacía increíblemente molesto.
-Bien, si estás dispuesto entonces lo demás lo podemos revisar luego.- Dijo quitándole los papeles de sus manos y guardándolos de nuevo en el cajón, de donde ahora había sacado un pequeño aparato negro en forma de cuadrado que a primera instancia no supo identificar. -Hay algo más que debemos hablar antes de que firmes el contrato y creo que es más que obvia la misma razón por la que estás tan nervioso esta mañana.
-Lo que pasó la otra noche estuvo mal.- Finalmente pudo decir, entendiendo a lo que se refería Bill. Era hora de aclarar las cosas y darle un final a aquel pensamiento que no lo dejaba en paz. Pero no tenía idea de lo equivocado que estaba.
-Al contrario, lo que pasó la otra noche estuvo muy bien. Debo decir que para ser, digamos, tu primera vez… Estuviste mejor de lo que imaginaba. No has salido de mi cabeza. -Se lamió levemente los labios pasando la lengua por sus aros y se puso de pie, inclinándose hacia él a través del escritorio, cosa que hizo que sintiera la sangre recorrerle el cuerpo a una velocidad alarmante y que instintivamente se le empezara acumular en un lugar que lo estaba poniendo incómodo. Esa confesión le había tomado por sorpresa.
-Yo… No. Yo no soy gay. A mi no me gustan los hombres.- Tom frunció el ceño aparentemente ofendido y apretó los puños contra sus muslos esquivando la mirada del rubio.
-La erección que se te está formando entre las piernas me dice lo contrario.- Bill dejó escapar una risa por lo bajo y Tom se cubrió la entrepierna con rapidez, intentando ocultar el bulto que se hallaba bajo sus pantalones. -Igual a mi no me importa lo que seas. Me importa que te gusto yo.- Otra vez, si el corazón pudiera, le iba perforar el pecho y saldría corriendo disparado de ese lugar pidiendo ayuda. Los latidos le retumbaban en los oídos y sentía la cara arder. Ahora no podía culpar a las drogas, el estado de éxtasis o euforia. Estaba en sus cinco sentidos y se estaba poniendo nervioso gracias a las insinuaciones de Bill.
-No me gustas.- Respondió Tom con la voz ronca creyendo decir la verdad. A él no le gustaba Bill. Además de ser un hombre, le parecía una persona increíblemente egocéntrica e insoportable. No, a él no le podía gustar alguien así.
-A mi tampoco me gustas.- Bill lo rodeó acercándose más a él y lo besó. Posó sus manos encima de sus hombros y guiando sus labios a abrirlos, sintió la húmeda lengua adentrándose en su boca. Sabía bien, tenía un gusto agridulce pero suave. Era exactamente como lo había recordado una y otra vez esos últimos días. Tom le correspondió el beso y movió su lengua también dentro de la boca de su compañero, sintiendo cómo se entrelazaban y se sincronizaban a la perfección, calzando una con la otra y la sensación le provocaba latigazos en la punta de su miembro que ahora se encontraba completamente duro.
Ambos se alejaron levemente para recobrar el aliento. Sus miradas se cruzaron, viéndose reflejado en sus pupilas, sintiendo cómo el tiempo se detenía en esos cálidos ojos por un segundo.
-Si quieres ese contrato, tendrás que hacer algo por mí.
-¿Qué tengo que hacer?- Susurró sobre sus labios, embriagado de su sabor.
-Tienes que ser mío.
-¿Qué?
Bill no respondió. En cambio, lo volvió a besar y movió una mano hasta su entrepierna haciendo que un gemido bajo saliera de sus labios, erizándole la piel, sintiendo cómo la cerraba sobre su miembro apretándolo con firmeza. No lo había notado, pero con la otra mano había acercado aquel aparato que ahora teniéndolo de cerca lo identificó y vio cómo presionó un pequeño botón.
-Mira a la cámara, Tom.
Continúa…
Notas de la autora: Bueno, bueno, bueno… Si llegaste hasta aquí estarás pensando lo mismo que yo… Bill es una perra, hahaha. Pero no todo lo que brilla es oro, así que guárdense el rencor para más adelante, porque esto se va a quedar así por un ratito. Como diría nuestro amigo Mickey, “es una herramienta sorpresa que usaremos más tarde” así que ya saben 😉