Recording. Track 10

Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11

Recording. Track 10

-No lo puedo creer. ¡Simplemente no lo puedo creer!

El tan dichoso día había llegado, esa noche había sido una locura. Después de tantos años, Alemania volvía a llegar a la final, esta vez enfrentándose a Argentina.

El estadio estaba repleto de fanáticos que llevaban sus franelas características blanco, rojo y negro, incluyendo a Tom y Bill, el primero luciéndola con orgullo y el segundo llevándola casi a regañadientes pues creía que rompía con su look. Sin duda sería un día inolvidable para todos los seguidores alrededor del mundo. Incluso para aquellos que no tuvieran la suerte y privilegio de verlo en persona.

La primera mitad del partido fue un reparto de golpes. Alemania dominó el balón en muchos instantes del primer tiempo, pero dio la sensación de que el partido estuvo totalmente controlado por Argentina. Los alemanes llegaron a pecar de confiados y llegaron incluso a provocar momentos de peligro en contra de su propio portero.

Minutos más tarde Higuaín cantaría gol después de recibir un centro desde la banda derecha, pero su alegría quedó en el olvido al ver al linier con el banderín levantado. Gol anulado… y bien anulado. El delantero de la albiceleste estaba claramente en posición ilegal. La primera mitad finalizó con una buena ocasión de Messi que despejó la defensa alemana.

Sabella decidió mover la banca y metió en el campo a Agüero por Lavezzi. Argentina salió dándolo todo y estuvo a punto de marcar en los primeros minutos del segundo tiempo gracias a Leo Messi. Alemania cedió el control del balón y fue Argentina el que llevó la iniciativa. El arbitraje quedó en evidencia en un choque entre Higuaín y Neuer. El portero de Alemania salió a despejar un balón con el puño y se acabó llevando por delante al delantero argentino. Rizzoli, muy despistado en toda la final, señaló lo que jamás puede ser: falta de Higuaín sobre Neuer. Poco a poco el partido perdió algo de intensidad y volvió a coger un buen ritmo en los últimos 15 minutos. Messi lo intentó desde la frontal del área y el combinado de Joachim Löw siguió intentando crear peligro con balones parados.

Se llegó a los 90 minutos con el marcador aún 0-0. Comenzó una prórroga notable por el cansancio de los dos equipos. Schurrle estuvo muy cerca de batir a Romero tras una genialidad de Götze y respondió Palacio errando otra clarísima ocasión ante Neuer.

Precisamente Götze se convertiría en el protagonista de la final al marcar el único gol del encuentro. Corría el minuto 113. Un centro de Schurrle lo controló Götze con el pecho y, sin dejar caer el balón, sacó un zurdazo para batir a Romero, convirtiéndose en el primer sustituto en anotar un gol ganador en una Final de Copa del Mundo. La locura se desató en un combinado germano que defendió con uñas y dientes los minutos finales.

Gary Lineker dijo en el Mundial de Italia 1990 que «el fútbol son once contra once, pero al final siempre gana Alemania». Pues bien, los germanos se proclamaron campeones del mundo después de ganar a Argentina. La selección germana fue, por méritos propios, digno campeón del Mundial de Brasil 2014 y con este triunfo levantaba su cuarta Copa del Mundo de la historia.

El estadio se caía en gritos y celebraciones. Todo el mundo aplaudía y saltaba frenéticamente. Tom no aguantaba la emoción, el corazón latía tan aceleradamente bombeando sangre a cada rincón de su cuerpo, que podía sentirla viajando en su interior. Estaba feliz, real y auténticamente feliz. Bill a pesar de no ser especial seguidor del fútbol no pudo evitar unirse a él en su emoción y celebración. Ambos brincaban y se abrazaban tarareando canciones de barra con las personas a su alrededor. Vasos repletos de cerveza volaban por los aires, junto con camisetas, banderas, gorras, cualquier cosa que estuviera al alcance. Todo estaba pasando al mismo tiempo y se sentía casi irreal. La adrenalina y euforia eran increíblemente contagiosas.

-¡Los campeones del mundo, Bill! ¡Los malditos campeones! ¡¿Lo puedes creer?!- Tom dejó de saltar por unos instantes y tomó a Bill a cada lado de su cabeza, juntando sus frentes mientras cerraba los ojos en un suspiro. -Gracias… Gracias por esto.

-¿Por qué me agradeces? No es como si te hubiera llevado hasta Brasil.

-No, pero esto es mucho más especial. Y me gusta más así.- Rompió la mínima distancia que quedaba entre ellos y lo besó, sin importar quién estuviera a su lado y si alguien los veía. Juntaron sus labios, rodeando sus cuerpos mutuamente en un abrazo acercándose más. Las personas vitoreaban a su alrededor cuando el cielo se encendió en un mar de fuegos artificiales que coloreaban sus caras en tonos azules, violetas, naranjas y rojos. Abrieron los ojos para presenciar el espectáculo y del techo semi-abierto del estadio empezaron a llover globos y confeti que cayeron sobre sus cabezas en cascada.

Todo ese momento se sentía mágico, como si hubiera sido sacado de una película.

Tom cogió su celular y empezó a tomar fotos y videos. Sin duda quería recordar esta experiencia por el resto de su vida. Tomó a Bill por los hombros y lo acercó a sí juntando sus rostros con una expresión de irracional felicidad.

-Ven, vamos a tomarnos una foto.

-¿Qué? No, a mi no.- El rubio intentó alejarse dándole pequeños empujones inútilmente.

-Nooo, ven aquí. No seas aburrido.- Con un solo tirón lo arrastró de nuevo a sí y empezó a presionar el botón de la cámara, capturando cada segundo mientras ambos hacían diferentes caras con cada disparo. -¡Mira qué bien salimos!- Abrió una de las fotografías y empezó a pasarlas una detrás de otra mostrándoselas a Bill, quien a pesar de refutar segundos antes, también sonrió ante las imágenes.

-Tienes una cara de tonto que no te la quita nadie, jajaja.

-¿Y tú? Mira esta, aquí sales con los ojos torcidos.

-Claro que no, a ver otra vez.- Los dos empezaron a carcajearse y siguieron viendo las siguientes.

-Esta es perfecta, se la voy a mandar a Andy.

-¿Qué? No, no lo harás.

-¿Por qué no? Ya vas a ver que le va a gustar.

-Dame el teléfono, Tom.- Bill se lanzó encima de él empezando a forcejear, y mientras más lo intentaba más subía el brazo alejándolo en la dirección contraria.

-¿Qué pasa? Pareces un loco.- No paraba de reír. La escena se le hizo increíblemente graciosa al ver lo molesto que se veía Bill con el ceño fruncido, en un acto casi desesperado por arrebatarle el aparato.

-No me da la gana de que se la mandes.

-¡Ups! Muy tarde, ya se la mandé.- Sonrió triunfante mientras presionaba el botón de enviar y Bill se cruzó de brazos dirigiéndole una mirada fulminante.

-Vas a tener regresar solo a casa entonces, yo me largo.

-¡Qué exagerado eres, por dios! Mira, ya está respondiendo.- Ambos asomaron la cara hacia la pantalla donde se veían 3 puntitos que titilaban y segundos después apareció una respuesta del platinado: “A qué hora vuelven? Los extrañooo! Dile a Bill que es un imbécil por no llevarme con ustedes y que sale con los ojos torcidos 🙁 no se demoren, pls”

-Ugh, te dije que no se la enviaras. Ahora me va a mortificar por el resto de mi vida con esa foto.- Tom empezó a romper en risa de nuevo y ambos se abrieron paso entre la muchedumbre buscando la salida.

El amasijo de personas parecía de otro mundo. Las celebraciones no paraban y era demasiado fácil perderse. Se tomaron de la mano y entre empujones fueron haciéndose camino. Todo en ese momento era casi indistinguible y se volvieron casi instintivos los movimientos para salir de allí. Lo único bueno era que la prisión de tantos cuerpos, les permitían estar muy cerca uno del otro, cosa que les resultó graciosa a ambos para empezar a toquetearse juguetonamente por encima de la ropa y robarse uno que otro beso.

-¡OUCH! ¡Cuidado imbécil! ¿No ves por dónde andas?- En medio de tanto caos y manoseo, Tom no había notado que a su espalda se encontraba una chica a la que sin querer había golpeado con el codo, haciendo que se derramase a sí misma un vaso de cerveza que llevaba en la mano.

-Oye, disculp– ¿Camille?- E inmediatamente los tres voltearon a verse mutuamente.

-Tú otra vez, qué increíble coincidencia…- La cara de la pelinegra palideció cuando sus ojos se cruzaron con los de Bill. -¿Cómo lo llamaste?- Ahora fue Tom quién volteó a verlo confundido. Observó cómo su mirada se oscurecía y se situaba a su lado encarando a la chica que había vuelto a enmudecer.

-Yo. Yo no sabía qu…

-Es que de verdad, eres un fastidio. Estás en todos lados y además siempre abriendo la bocota.

-Basta, Bill…- Dijo rompiendo el acercamiento del rubio hacia la chica. -Está bien Camille, no te preocupes. Fue un accidente.

-¿Vas a dejar que te hable así?

-No me habló de ninguna manera a propósito. Además, fui yo quien la golpeó.

-Sí, Sr. Kaulitz. No sabía que se trataba de Tom. Lo siento. Yo no quería….- Camille apenas y podía mantener la mirada, en cambio empezó a exprimir la mojada camisa que empezaba a transparentarse, intentando quitar el exceso de líquido.

-Deja de disculparte, Camille. De verdad no fue nada, debería disculparme yo contigo. Ven, déjame ayudarte.- Respondió Tom sacando un pequeño pañuelo que llevaba en sus pantalones para ayudar a secarla, cosa que a Bill no pareció agradarle en lo absoluto por la expresión de disgusto que se formó en su rostro.

-Eres un estúpido, Tom.- En menos tiempo del que tuvo para reaccionar, el rubio había desaparecido entre la multitud dejándolos a ambos atrás.

-¡BILL, BILL! ¡Espera!- Le gritó, pero este no se detuvo ni retrocedió. Suspiró cerrando los ojos antes de voltear a ver a su compañera. -Disculpa por eso, ¿estás bien?

-Sí, sí. Estoy bien, gracias.- Camille tomó el pañuelo para limpiarse a sí misma rozando las manos de Tom en el proceso.

-¿Has venido con alguien? ¿Te llamo un taxi? Quisiera enmendar un poco esto.

-No hace falta, he venido con una amiga, está en el baño. Igual ya estoy acostumbrada. Fue un mal rato, como todo lo que trata de Bill. Ya pasó.

-¿Perdón?- Por supuesto que conocía esas actitudes, eran comunes y no lo sorprendían. A nadie, de hecho. Pero escucharlo de alguien tan ajeno a ellos dos de repente le dejó un sabor amargo en la boca y tampoco le había agradado del todo.

-Ya sabes, es normal en él. A ninguno nos agrada en verdad. Todos tenemos que tolerarlo porque es nuestro jefe, si no fuera por eso nadie se le acercaría más allá de conseguir algo. Ni siquiera entiendo qué haces aquí con él. ¿No era que no podías dejar el estudio?

No entendía qué era esa sensación que se le había atorado en el pecho, pero no le gustaba. Estuvo mal la manera en que le había hablado a Camille, no tenía si quiera justificación, pero que ella tan abiertamente hablara mal de Bill, le dolió. No había otra manera de describirlo más que una punzada en los pulmones. No lo había pensado del todo, pero definitivamente a él sí le agradaba, aunque no pudiera explicarle a nadie, quizás ni siquiera a él mismo, por qué. Y esa sensación inexplicable, muy en el fondo, le hizo entender lo que quizás Bill sintió segundos atrás. ¿Podía él realmente sentir empatía?

-¿Sabes qué, Camille? Eso no es realmente asunto tuyo. Si tienes algún problema con él, deberías decírselo a la cara en vez de quedarte callada y luego hablar sus espaldas.

-Es fácil decirlo viniendo de ti, eres su favorito. Al resto de nosotros nos comería y vomitaría vivos. Nadie se ha acercado tanto a Bill desde Andy. Al resto de nosotros se nos da más fácil simplemente no batallar una guerra perdida.

Ya no quería escuchar más, no le interesaba. Solamente deseaba salir de ahí e ir en busca de Bill. No iba a dejar que una tontería como esa arruinara una de las mejores noches de su vida. Tampoco quería que fuera ese momento el lugar dónde reflexionar sobre las decisiones que había tomado, y por qué, de repente, sentía una necesidad absurda de defenderlo.

-Buenas noches, Cami. De nuevo disculpa por eso,- dijo señalando su aún mojada camisa y el charco que se encontraba a sus pies. -pero es mejor que me vaya.

-No, Tom. No quise decir eso, espera…

-Nos vemos luego.- Le guiñó el ojo como un gesto de paz y se alejó atravesando la recurrente masa de personas en busca de Bill.

De nuevo, todo el lugar era demasiado caótico. A donde volteara no había señales del rubio, así que después de varios minutos se dirigió al único sitio donde podía estar, y de hecho se sintió más calmado cuando divisó su figura en la oscuridad, recostado de su brillante Audi mientras fumaba un cigarrillo.

Estaba calmado, con la mirada fija en las personas que abandonaban el estacionamiento mientras exhalaba grandes nubes de humo. Cuando se acercó hasta él no se dignó a verlo, simplemente siguió fumando como si su presencia no lo inmutara.

-Vamos, Bill. ¿Qué fue eso? Llevo una eternidad buscándote. ¿Por qué te fuiste así?- Pero este no respondió. Pasó de él inhalando lo poco que quedaba de su cigarrillo antes de tirarlo y subir al auto. -¿No piensas hablarme?

-¿Vienes o no?- Fue lo único que respondió. Tom Estaba fuera de sí. No entendía cómo algo tan simple había podido ser la causa de una reacción tan dramática. Sin embargo, no dijo nada en buena parte del trayecto de regreso al loft.

Encendieron la radio y en cada emisora solo se podía escuchar locutores hablando sobre el partido y lo increíble que había sido traer la copa del mundo de vuelta a Alemania. Tom quería sentirse feliz, como minutos antes lo estuvo, pero la tensión no lo dejaba.

Las calles estaban congestionadas. Ir en coche hasta casa estaba resultando una tarea casi imposible y ninguno de los dos aguantaría mucho más el silencio que reinaba ahí adentro. Bill estacionó en una de las calles y se bajó del auto, seguido de Tom, quien empezó a caminar a su lado por una acera que llevaba a un pequeño puente hacia un lugar más despejado y calmado de la ciudad.

Los dos veían fijamente el suelo, sin decir palabra aún. Caminaban tranquilos, sintiendo la brisa cálida del verano empezar a colarse en sus cuerpos. La noche desde ese lugar había tomado un nuevo color. Las voces y cantos de la gente cada vez se oían más lejanas y en cambio se transformaron en cantos de grillos y ranas que vivían en el río que pasaba cerca de ellos.

-¿Podemos hablar?- Se atrevió a decir Tom finalmente, y Bill asintió. -¿Por qué eres así?

-¿Así cómo?

-Así. Tratas mal a las personas, reaccionas a la defensiva, pareciera que solo te preocupas por ti mismo y nunca dices lo que piensas.

-Yo siempre digo lo que pienso.- Bufó dejando salir una risa incrédula, aún con la mirada fija en el suelo.

-No, lo que realmente piensas. Cuando te conocí, vi lo que todo el mundo ve. Un tipo narcisista, egocéntrico, que no tiene nada de empatía. Ahora estos meses conviviendo contigo he visto algo más. No se qué es, pero sé que Andreas también lo ve y por eso sigue a tu lado. Nadie tan bueno como él lo haría si fueras tan vacío.- Tom intentó acercar su mano a la de Bill, pero él la esquivó. La llevó hasta su pecho y se cruzó de brazos.

-No sabes lo que dices, no me conoces.

-Lo sé. No te conozco y aun así siento que te conozco más que nadie.- No sabía lo que estaba haciendo. En ese momento todo era incierto, pero esa sensación inexplicable le hacía dar el siguiente paso y dejaba que su boca se diera a la tarea de traducir lo que pasaba en su interior.

-No me fastidies. Literalmente estás inventando cosas.

-Quizás. Pero al menos tengo las bolas de decirlo. Tú en cambio crees que ofender a las personas y usar sus emociones en su contra es ser “sincero y decir lo que piensas”. Pero ¿cuándo te vas a sincerar contigo mismo y decir lo que realmente piensas de ti?

-¿De eso se trata? ¿Crees que me miento a mi mismo o alguna clase de estupidez como esa?- Bill empezó a acelerar el paso alejándose momentáneamente de Tom quien no dudó en agarrarlo por el brazo haciendo que retrocediera.

-No, tú no te mientes a ti mismo. Tú sabes muy bien quién eres, pero quieres ocultarlo.

-¿Sí? ¿Cómo lo sabes? A ver, lléname de tu sabiduría, Trümper.

-Porque veo más de mi en ti, de lo que crees.- Ambos se miraron fijamente, centrando sus miradas en sus ojos miel. De nuevo esa corriente extrañamente electrizante invadió el cuerpo de Tom, pero no quería parar. Se había propuesto tumbar esas paredes e iba a hacer lo que fuera por lograrlo. Su corazón latía con fuerza y la respiración empezaba a acelerarse. Bill frunció el ceño evitando su mirada tras unos segundos y empezó a andar de nuevo, recuperando el paso tranquilo.

-Tú y yo no somos iguales. Jamás lo seremos.- A Tom se le hizo un hueco en el estómago, y estuvo a punto de tragárselo, pero fue él quien se tragó ese sentimiento.

-¿Por qué me tratas diferente entonces?

-Te trato exactamente igual que todos los demás. Suenas ridículo y cursi.- Rodó los ojos poniéndolos en blanco viendo al lado contrario. Presentía que su mirada delataría la mentira que acababa de salir de sus labios.

-Mentira. Eres un mentiroso, Bill. Apuesto a que no has tenido ni la mitad de esta conversación con alguien más, ni siquiera con Andy, o quizás no en los últimos años. ¿Por qué me trajiste al juego hoy? ¿Por qué reaccionas así cuando Camille se me acerca? ¿Por qué estás siquiera aquí caminando a mi lado? Podrías haberte ido e ignorarme como haces con todos los demás.

Silencio.

No se escuchaba más que las pisadas de sus pies y el agua del río corriendo a su lado. Nada. Tom se quedó observándolo inquieto a la espera de una respuesta que no llegaba. Su pulso se había acelerado y sentía las mejillas arder con un calor que lo invadía. No solo quería una respuesta, la necesitaba. No podía ser él el único que estuviera pasando por todo ese mar de emociones completamente solo.

-Está bien, no me respondas, pero entonces dime algo que sea cierto. Lo que sea.

-¿Lo que sea?

-Sí, lo que sea. Dime algo que nadie más sepa.- Quizás hacer preguntas puntuales no era el camino que debía tomar con Bill. Abordarlo de esa manera hacía que subiera sus defensas y no consiguiera nada de ello. Quizás guiándolo para que él mismo dijera lo que pasaba por su cabeza haría que poco a poco consiguiera más información sobre él. Era un enigma que quería descubrir.

-Me cautivaste desde el primer día que te vi.- Suspiró con calma sin apartar la mirada del suelo. Se atrevería a decir que nunca lo había visto tan sereno y al mismo tiempo con tanto temor. No se trataba de la manera en que lo dijo, sino algo más que lo delataba.

-¿En serio? El día del accidente me veías como si fuera un vagabundo, aunque igual no dejabas de mirarme…

-Ese fue el día que te conocí, pero no la primera vez que te vi. Fue hace años en el club donde te presentaste con tu primera canción. Tu música no me gustaba para nada, pero había algo en ti que me hipnotizó. No sé cómo explicarlo, pero fue como si mi cuerpo reaccionara ante ti.

-¿Por qué no me hablaste entonces?

-No lo sé, quizás no fue el momento adecuado. Tenía planes en mi cabeza, los mismos que tuve cuando volví a verte hace unos meses. Ahora soy más grande, tengo más experiencia y creía que podía conseguir lo que quería, de la manera en que lo quería y cuando lo quería.

-¿Y lo conseguiste?

-Sí, pero, eso no importa…- Se detuvo a media frase pensándoselo y evadiendo tener que dar una respuesta más amplia. -Mejor dime algo tú que nadie más sepa.

-¿De verdad quieres saber algo de mí?- Tom se sonrojó sintiéndose levemente avergonzado de si mismo, como un adolescente siendo sorprendido haciendo algo que no debe. Se acomodó el cabello pasándoselo por detrás de las orejas antes de recogerlo en una coleta casi suelta y voltear a verlo con una media sonrisa en los labios.

-Ay, por favor. Si ya estamos haciendo esto, no seré el único en tener que confesar incomodidades ¿no? Vamos, quiero saberlo.

-Vale, está bien.- Tomó una bocanada de aire profunda antes de comenzar. -Cuando te conocí eras de las peores personas con las que había tenido que lidiar en mi vida, y créeme que como mecánico conoces todo tipo de personas. Incluso creí que “nuestro acuerdo” para poder grabar mi álbum era asqueroso, moralmente incorrecto, pero que era un sacrificio que debía hacer para cumplir mi sueño. Estaba dispuesto a hacerlo todo por lograrlo, pero… descubrí que no siento que estoy haciendo ningún sacrificio. Me gustas, y no sé exactamente por qué. Creo que eso que dices de que tu cuerpo reacciona ante mí, yo también lo siento contigo. Yo no lo sentí inmediatamente, creo que me tomó un poco más de tiempo descubrirlo y aceptarlo. Quería reprimir ese sentimiento porque creía que no estaba bien, de hecho, creo que todavía no lo está. Pero si es tan malo como mi mente quiere hacerme creer ¿por qué se siente tan bien? Sabes… Y yo, simplemente dejé de batallar conmigo mismo.- Volteó a ver a Bill quien ahora también estaba levemente sonrojado aguantando una sonrisa.

-¿No te importa que te use por sexo a cambio de fama y fortuna?

-No lo haces. Sé que esa fue tu intención, pero ya no lo es. Ahora te gusto de verdad.

-¿Eso crees, Tom?

-Sí, eso creo. Tú mismo lo dijiste, sentiste algo por mi desde el primer día que me viste, solo que tu ego no te dejó verlo, así como a mi tampoco me dejó hacerlo. ¿Ves que no somos tan diferentes?

Ambos detuvieron el paso y se miraron el uno al otro, cruzando miradas. Tom había sido vulnerable con él y no se arrepentía. Finalmente decía todo lo que su mente llevaba meses queriendo descifrar y no hallaba cómo ordenarlo y ponerlo en palabras.

-Puede que tengas un poco de razón, pero solo un poco.

-Es imposible ganarte, ¿verdad Kaulitz?

-Correcto. Yo siempre gano.- Bill lo empujó a un lado de la vereda, haciendo que cayera de espalda sobre el pasto fresco y húmedo cerca del río, que le hizo cosquillas en la nuca cuando de repente aprisionó sus labios y compartieron un beso profundo, lleno de deseo y sentimientos nuevos que estaban pidiendo a gritos salir desde hacía tiempo. Este beso se sentía mejor, incluso cuando para él mismo fuera imposible que eso sucediera. Sabía dulce, sabía a sinceridad. Se separaron y se miraron nuevamente antes de sentarse uno junto al otro mientras admiraban las pequeñas luces del cielo reflejadas en el agua que corría tranquilamente a pocos metros de ellos.

-Vamos, te toca. Ya te dije un casi monólogo sobre lo loco que me tienes. Es tu turno de decirme algo.

-¿Qué más quieres saber?

-No lo se. Cuéntame algo de tu pasado. ¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo es que Andreas y tú terminaron siendo amigos?- Bill rodó los ojos, y por su expresión parecía que estuvo a punto de esquivar la pregunta, pero tras un leve suspiro cerró los ojos y respondió.

-La verdad no me gusta hablar de mi pasado.

-¿Ayudaría si te cuento algo de mí?

-Hmm, sí. A ver, cuéntame algo del pequeño Tom.- Se acomodó en su posición, llevando las rodillas al pecho y cruzando los brazos sobre ellas prestando atención. Nunca había visto a Bill tan entusiasmado por algo tan simple como aquello.

-Ok… Bueno. Mi madre se llama Simone, creo que eso ya lo sabías. Ella me crio junto a mi padre, Gordon, en una pequeña casa de Lübeck. No teníamos muchos lujos, pero tampoco nos faltaba nada y nos queríamos mucho. Mi padre era músico y mi madre es maestra de arte. Ambos tenían un pequeño taller donde daban clases. Él me enseñó a tocar guitarra y me inculcó la pasión por la música.

-¿“Era”? ¿Qué pasó con él?- Tom tragó fuerte sintiendo un pequeño nudo en la garganta. Era inevitable sentirse así cuando se trataba de su padre, pero al mismo tiempo era reconfortante recordarlo tan vívidamente.

-Murió cuando tenía 14 años. Desde entonces hemos sido mamá y yo nada más. Bueno, junto a mi tío Doug, mi primo Gustav y el tonto de Georg.

-Lo siento por tu padre.- Y aquellas palabras realmente lo reconfortaron. En su cara se veía la incomodidad por hacerle tocar un tema que para cualquiera era delicado. -¿Ellos son los que han venido a visitarte a la disquera de vez en cuando no?

-Sí, los mismo que has pedido correr apenas llegan.- Los dos enmudecieron unos segundos, y podía jurar que Bill se veía un poco avergonzado ante esa afirmación. –Bueno, mi vida con ellos no estuvo tan mal. He vivido muchas cosas buenas, pero siempre he sentido que me faltaba algo. Llené ese vacío con la música, nunca nada antes me había llenado tanto hasta que…

-¿Hasta que…?

-Nada, te toca.- Bill puso los ojos en blanco y abrió leventemente la boca en una expresión casi de sorpresa y frustración ante la falta de información.- ¿Ves qué se siente?, vamos tu turno.

-Ughh… Ok.- Frunció el ceño y se mordió un poco los labios antes de continuar. -Yo sí tuve una infancia de lujos. Siempre tuve lo que quería. Mi padre fue un gran productor de música, me imagino que ya sabrás quién es Jörg Kaulitz ¿no?… Bueno él es… Él. Por ese tiempo casi no lo veía y ahora lo veo mucho menos. Reuniones, viajes, negocios que siempre eran más importantes. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que hablé con él. Es un hombre duro y también tuve una educación muy estricta. Desde muy pequeño tuve que cumplir con grandes expectativas, no podían esperar menos del hijo del gran Jörg Kaulitz. Estuve en el grupo de natación de la escuela, en el grupo de drama, de equitación y en el grupo de representantes estudiantiles.

-Wow, eso suena como mucho trabajo para alguien tan joven…

-Sí, pero gracias a eso soy lo que soy hoy en día.- Respondió un poco cortante mientras tiraba de pequeños pedacitos de pasto del suelo. No supo si aquello lo decía como algo positivo o negativo, pero por su cara y la ansiedad en sus manos, presentía que no era bueno.

-¿Y tu madre?

-Murió el día que nací.- Ahora fue Tom quien se sintió avergonzado por hacerlo tocar ese tema.

-Siento mucho lo de tu madre.

-Está bien, no puedes extrañar a alguien que no conociste.- A pesar de que sus palabras salieron con tanta frialdad, en su cara podía ver que había sido algo que con el tiempo aprendió a decirse a sí mismo. Era más fácil vivir con aquella idea que lidiar con el peso de haber perdido tan temprano a la persona que debió ser la más importante en su vida. Acercó su mano a la de Bill y la estrechó suavemente.

-Creo que los dos necesitamos terapia.- Y ambos rieron sin peso ni pudor. Era una risa cómplice de sus secretos que ahora compartían el uno con el otro en la intimidad de la noche.

-A Andreas lo conocí también en la escuela.- Bill continuó sin que él se lo pidiera y lo escuchó detenidamente. -No sabía nadar muy bien y yo le enseñé, creo que teníamos 12 o 13. No sé por qué, pero era tan buenachón que sentí pena por él. Era nuevo en la escuela así que me vino bien alguien de otro ambiente. Nos llevamos bien al instante, quizás porque éramos maricas de closet y en ese momento no lo sabíamos. – ambos volvieron a reír. -Él me ayudó a descubrirme y aceptarme. Mi padre enloqueció cuando nos descubrió en casa un día.

-…¿Cuando los descubrió?

-Por favor, Tom, serás el único ciego que no se ha dado cuenta que Andy está enamorado de mí. Él y yo hemos tenido más que una amistad… No seas tonto. Si lo tiene escrito en la frente.- Ya lo sospechaba, de hecho sí lo había notado, pero no había querido pensar mucho en aquello ni quería meterse en un asunto que él creía, no le incumbía, pero ahora saliendo de su propia boca confirmaba que entre ambos había ocurrido algo más desde siempre.

-¿Y qué pasó luego?

-Fue… Un desastre. Pero él siempre estuvo a mi lado, nunca me ha dejado. Incluso cuando me lo he merecido.- Lo que estaba presenciando era como ver un unicornio montado por un alien, emergiendo en medio de Manhattan. Algo inimaginable que no pensó que vería ni en mil años. Bill no solo se estaba abriendo con él, sino que además estaba reconociendo que había hecho mal. Quería grabar aquella escena en su mente como el día que había empezado a derrumbar esas paredes y lo estaba consiguiendo. -Andreas es mi mejor amigo y a veces ha sido más que eso. Pero yo nunca le he correspondido como él quiere. No puedo, simplemente… No puedo. Además, ahora tengo otros intereses.- Lo vio de reojo y le brindó una mirada insinuante. Sin decir nada más entendió que se trataba de él. Ahora entendía que quizás, sin querer, se había entrometido en una relación que tenía mucha historia.

Ambos quedaron en silencio nuevamente. Tom no sabía qué más agregar así que prefirió no decir nada. Sacó un cigarrillo encendiéndolo y luego pasándoselo a Bill. A pesar de estar en mitad de julio, la brisa fresca de la noche empezaba a enfriar sus cuerpos. Ambos compartían el cigarrillo mirando fijamente las ondas del agua golpear suavemente contra las rocas, disfrutando de la presencia uno del otro.

-¿Extrañas a tu padre?- Bill habló y esa pregunta lo sacó de sí por un instante.

-Sí lo hago. Unas veces más que otras. Unos días casi ni lo recuerdo y otros no sale de mi cabeza. A veces me da miedo olvidar su voz, su cara, cómo se sentía su abrazo. Por eso de vez en cuando reviso nuestros viejos videos para recordarlo. No era muy chico cuando se fue, pero aún así el tiempo es mi enemigo y temo que eventualmente se vuelva un extraño para mí. También lo recuerdo en la música, es una manera de mantenerlo vivo conmigo.- Le dio una calada al cigarrillo sintiendo cómo una lágrima tímida bajaba por su rostro y en su pecho se atoraba un nudo que no había notado hasta que terminó de hablar. Se extrañó cuando la mano fría de Bill limpió con suavidad su mejilla y lo miraba con… sí… compasión.

-Apuesto a que estaría orgulloso de ti hoy y lo que estás logrando.

-Nada de esto lo hubiera logrado sin ti, y sin tu ayuda.

-Pfff, Tom. Yo solo fui el medio para un fin. Por supuesto que yo te di la oportunidad y te abrí el camino, pero tú tienes talento. Todo esto está saliendo de tu cabeza.

-¿Me estás… halagando?

-Ugh, sí. Pero te mato si le dices a alguien, ¿ok?

-Está bien.- Quiso guardarse por ahora todo lo que estaba sintiendo, solo se limitó a sonreír y sentirse inmensamente agradecido por lo que estaba viviendo. Le devolvió el cigarrillo a Bill y vio cómo este lo terminaba con una última calada antes de tirarlo al río. -… ¿Y tú? ¿extrañas a tu padre?

Bill se volteó y le regaló una sonrisa, esta vez una fría como la que estaba acostumbrado a ver de él. Una que no transmitía nada. Arqueó las cejas y dejó salir un suspiro cansado.

-Ni un poco.

Continúa…

por Ginger-Ale11

Escritora del Fandom

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