Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 11
-¡Shhh! Escucho algo, creo que ya vienen.
-No me mandes a callar, rubia.
-¡Que te calles panzón! Apaga la luz y escóndete.
-Ni que fuera su cumpleaños, esto no tiene sentido.
-¡Ssssshhhh!- Andreas golpeó a Gustav por el costado con un codo antes de irse hacia su escondite, haciendo que este lo viera con una mirada penetrante, que se perdió en la penumbra cuando bajó el switch sumiéndolos en la oscuridad.
-¡Ouch! Me pisaste.
-Perdón Geo, es que no veo nada.
-Escucho algo. Son las llaves.
-No me digas, gordito, es lo que he estado diciendo. Ya sabes, cuando entren enciendes la luz y gritamos “sorpresa” todos juntos ¿entienden?- Los amigos asintieron con la cabeza, pero ninguno fue capaz de ver sus respuestas.
La puerta se abrió con lentitud y el reflejo proveniente del pasillo alumbraba lo suficiente como para poder divisar la figura de Bill y Tom, que empezaron a entrar en el loft hablando con normalidad, pero las luces no se encendieron.
-¡AHORA GUSTAV, AHORA!- Gritó Andy a través del salón con desespero ante la falta de iluminación.
-No lo consigo, ¡no lo consigo!
-¿Qué pasa aquí?- Preguntó Bill confundido, y justo en ese instante se hizo la luz. Gustav había presionado el switch y detrás del sofá saltaron alegres Andreas y Georg con globos de helio amarillos, rojos y negros en las manos que dejaron volar al techo y se unieron a muchos más.
-¡SORPRESA!- Gritaron todos sin ningún tipo de sincronización y la mirada de los recién llegados solo reflejaba confusión. A Tom no le dio tiempo de reaccionar cuando ya tenía encima a Gustav y Georg quienes se abalanzaron sobre él en un festivo abrazo.
-¿Qué hacen aquí? No entiendo- Preguntó Tom caminando hacia el interior acompañado de sus amigos, mientras Bill cerraba la puerta y miraba alrededor con extrañeza.
-¡Duh! ¡El mundial! Y que soy un increíble amigo al traerte a tus compis después de tanto tiempo porque sé cuánto los extrañas, y qué mejor momento para hacerlo que éste.- Andreas se acercó a Tom y también le brindó un abrazo de bienvenida.
Era cierto todo lo que decía. Desde que regresó de aquellas vacaciones unos días atrás se había convencido de que Tom necesitaba conectar de nuevo con sus amigos más cercanos. De hecho, todo el mundo notaba lo cansada que se había vuelto su vida y quería hacer algo lindo por él. Sentía que realmente se lo merecía y por ello había planificado aquella pequeña reunión para sorprenderlo. Con lo que no contaba era ser él el sorprendido cuando supo que Bill llevaría a Tom ese mismo día a ver aquel partido. No era especialmente la clase de cosas que él solía hacer, y de hacerlo, al menos esperaba ser incluido. Una parte de sí se sintió decepcionada y desplazada y otra simplemente se lo esperaba. No importaba qué tanto hubiera aguantado durante años, el cariño que sentía hacia el rubio era más fuerte y conseguía darle donde más le dolía. ¿Por qué no lo había invitado también? El distanciamiento de Bill con él nunca había sido tan físico, incluso en esas temporadas donde tenía nuevos amoríos, por sobre todas las cosas, siempre había sido su amigo y ahora sentía que poco a poco también lo perdía de esa manera.
En su mente se había instaurado el gusano de la duda y se preguntó si algo más podía estar ocurriendo entre Tom y él aunque no quisiera verlo o aceptarlo. Todas esas horas extras, las sesiones privadas de grabación, los momentos constantes a solas, la dinámica extraña entre ambos en el apartamento y esa tensión tan palpable eran solo indicativos de que algo más estaba sucediendo. Sin embargo, no quería encarar de esa manera a Tom. Se habían hecho muy cercanos, pero no quería involucrarlo en un problema que desde su perspectiva, era netamente entre Bill y él y de estar equivocado solo haría mucho más incómoda la situación.
-No tenías que hacerlo Andy, pero gracias.- El castaño respondió, mientras que Bill se cruzó de brazos esperando más que esa respuesta, inclinando la cabeza en su dirección.
-¿Cuándo pensabas decirme que estabas planificando esto?
-No empieces, Bill. No es la gran cosa. Además si te decía seguro le ibas con el chisme a Tom y dejaría de ser una sorpresa, relájate ¿quieres? y celebra con nosotros.- El platinado ser acercó hasta Bill, entrelazando sus brazos y guiándolo hacia la cocina. -¿Quién quiere una cerveza?- Todos, excepto Bill levantaron las manos en señal de aprobación. -Somos 4 contra uno.
-¿Qué es todo esto, Andreas?- Bill le susurró al oído con cierto tono de disgusto en su voz, mientras Andy sacaba varias botellas del refrigerador.
-Ya te lo dije, quería hacer algo lindo por Tom. Eso es todo ¿por qué te importa tanto? No eres el único que puede planear una sorpresa para él, como llevarlo al partido, por ejemplo…- Se notaba el sarcasmo en su voz y no intentó disimularlo, cosa que a Bill no pareció agradarle, pero ignoró por completo. Empezó a destapar una a una las botellas, ofreciéndole una, que este tomó por inercia dándole un largo sorbo. -Menos mal que no querías…
-No me importa, en lo absoluto. Pero tenías que decirme.
-Quizás, pero es imposible hablar contigo últimamente de otra cosa que no sea trabajo. Así que al final hice lo que me dio la gana. ¿No te jode? ¡Salud!- Chocó su botella con la Bill con descaro y dándole la espalda, se dirigió en dirección hacia los tres amigos que ahora se hallaban sentados en el salón principal, dejándolo fuera de sí con la boca abierta en incredibilidad.
-… entonces Anya terminó conmigo hace 2 semanas y no responde mis llamadas.
-Te dije que dejaras de llamarla, Georg. Eres un tonto. Ahora en temas más importantes, papá y Simone te extrañan y te mandan saludos.- Oyó a Gustav responderles, mientras Tom los veía disfrutando de aquella charla.
-Lo sé, lo sé. Espero verlos pronto. Yo también los extraño.
-Aquí tienen caballeros. Hay que hidratar el cuerpo.- Andy los interrumpió brevemente y les guiñó el ojo a todos, mientras cada uno tomaba sus respectivas botellas.
-¿No nos vas a presentar, Tom?- Preguntó Georg señalando al rubio quien ahora también se acercaba en dirección a ellos.
-Sí, por supuesto. Georg, Gustav. Este es Bill Kaulitz, mi productor y el responsable de que el álbum sea posible. Bill, este es mi primo Gustav y mi mejor amigo Georg.
-Un placer, al fin nos conocemos personalmente.- Georg se levantó de su asiento estirando la mano en dirección al rubio, quien a primera impresión pretendía rechazarle, pero cruzó miradas con Tom y le dio la impresión de que en ese intercambio de miradas negar el saludo no sería lo correcto. Andreas vio como se estrechaban de manos y repetía el proceso con Gustav.
-Igualmente.- Se limitó a responder Bill mientras rodeaba la pequeña mesa de centro que dividía el espacio y se sentaba junto a Andy frente al trío de amigos.
-Bien, ¿qué tal lo pasaron? Supongo que muy bien. Mira la hora que es y hasta ahora están regresando. Estuvimos esperando durante horas. Son casi la una.- Andy se relajó en su asiento tomando de su cerveza esperando que alguno de los dos respondiera.
-Sí. ¿Qué tanto hacían? Estaba volviéndome loco. Imagínate tener que explicarle todo el partido al rubiecito. Lo hemos visto entero y cada dos minutos hacía una pregunta.
-No te pases, Gus. Ha estado muy bien y lo ha entendido todo ¿verdad?
-Así es. Gracias, guapo. Por eso eres mi preferido.- Respondió a Georg lanzando un beso al aire en su dirección y este echó a reír. -¿Qué esperabas que hiciera? Quería saber por qué se emocionaban tanto. Eres un aburrido.
-Pensé que yo era tu favorito, Andy.
-Entre ellos dos, querido. Pero por supuesto que eres mi favorito. Por eso eres el Rey Tom.
-Uhm, Rey Tom. Me gusta. De ahora en adelante deberán referirse a mí como su majestad.
De nuevo las risas se apoderaron del lugar. Todos se llevaban realmente bien. Todos excepto Bill, quien se hallaba sentado bebiendo en silencio viéndolos interactuar como si se tratara de un show de circo. Y quizás también un poco Gustav, que entre tanta seriedad podía sentir la incomodidad en su presencia. Ya entendía de dónde Tom había sacado ese carácter a veces tan cerrado, solo que el robusto rubio lo había llevado a otro nivel y él disfrutaba de hacerlo incomodar solo por diversión inocente.
-¿Entonces? ¿Por qué se tardaron tanto?- Andreas volvió a hacer énfasis en su pregunta, esta vez mirando fijamente en dirección a Bill.
-Había mucho tráfico. Las calles eran un desastre, así que tuvimos que venir caminando.
-Uhmm ya.- El platinado respondió sin mucho interés aparente, pero prestando atención a cada detalle y se levantó de su asiento para poner algo de música. -Bueno, es hora de animar esto un poco ¿no? ¿quién quiere jugar?
-Podríamos jugar al Mario Kart, somos 5 pero podemos turnarnos por parejas.- Sugirió Georg.
-No está mal, pero ¿por qué no jugamos algo más picante, eh?- Y su pregunta hizo colorar a Gustav.
-Si estás pensando en algo como strip poker estás demente. No pienso desnudarme frente a ti.
-Cálmate, Hitler. Nadie quiere verte desnudo, créeme.- Todos estaban aguantando la risa floja, mientras el robusto se sonrojaba aún más abochornado. -Más bien estaba pensando en ‘Yo nunca nunca’ ¿qué tal? Eso sí, no juguemos por puntos para hacerlo más divertido.
-Tú eres de lo míos, Andy.- Georg estiró el brazo en su dirección y ambos chocaron las manos en el aire en complicidad, mientras Gustav los miraba con confusión.
-Chicos, Gustav no sabe jugar…- Tom habló y su primo lo fulminó con la mirada ante aquella afirmación que lo delataba. -Deberíamos explicarle.
-¿No tienes que si 30 años? ¿Cómo nunca lo has jugado?…
-Tengo 25, no 14 años mentales como aparentemente tienes tú al querer jugar esto.
-No estoy aquí para juzgarte, tranquilo. Es un juego para todas las edades. Yo sí te explico sin problema.- Empezó Andreas. -Es muy sencillo: Cada uno de los jugadores tiene que decir algo que jamás haya hecho y el resto de los participantes bebe si lo han hecho. Por ejemplo: Tú dices “yo nunca nunca he jugado yo nunca nunca” y el resto de nosotros bebemos porque sí hemos jugado. ¿Entendiste?
-Vale, sí entendí.
-Perfecto, entonces es hora de traer la artillería pesada.- Andreas se apresuró hasta la cocina buscando el próximo protagonista de la noche. Sacó del refrigerador una botella de Grey Goose que posó junto a varios vasitos de shots que empezó a llenar sobre la mesita de centro frente a todos, mientras los veía triunfante. Sabía que con el alcohol y un poco de juego podría hacer que más de uno hablara.
-¡Bien! ¡vodka!- Exclamó Georg entusiasmado con una expresión de competitividad. Definitivamente en esto iba a ser un experto.
-Aquí se vale todo ¿ok? ¿Qué te parece si empiezas tú Tom?- Andy volvió a sentarse junto a Bill y aunque no había abierto la boca, casi podía leer su pensamiento por la manera en que lo miraba. Sentía su disgusto incluso sin decir una sola palabra y algo dentro de él lo estaba disfrutando.
-Sí… A ver ¿qué podría decir? Uhmmm. Yo nunca nunca he sido detenido por causar problemas en un bar.- Georg y Gustav se miraron en sorpresa y rieron. Georg tomó el pequeño vaso y se lo bebió dignamente frunciendo levemente el ceño mientras el resto sonreía.
-Uuuh, empezamos bien. Directo. Me gusta. ¿Qué tal si sigues tú ahora, Gustav? Ya sabes cómo es.- Señaló Andy a su izquierda y este asintió quedándose pensativo por unos segundos.
-Esta es por ti, Geo. Yo nunca nunca le he roto la nariz a golpes a mi mejor amigo.- Esta vez fue Tom quien sonrió en sorpresa, tomó su vasito y también se lo bebió. Casi se ahogó al terminar, pero se recuperó rápidamente brindándole una mirada de resignación a su primo sin decir nada más.
-Gracias Gus.
-Wow. Eso estuvo intenso…- Andreas hizo una pausa y todos asintieron con una expresión que inicialmente podría confundirse con incomodidad, pero que ahora se veía como una memoria graciosa. -Te toca, Georg.
-Vale. Yo nunca nunca he chocado un auto que luego tuve que reparar.- Todos quedaron de bocas abiertas y Tom asintiendo, tomó de nuevo el vasito subiéndolo por encima de su cabeza antes de beberlo sin respirar. Bill también estuvo tentado a sonreír ante el recuerdo.
-Aghh. Me lo merezco. ¡Salud!
-¡Salud!- El trío de amigos se unieron a él tomando de sus vasos de cerveza. En ese momento se veían realmente adorables y la conexión entre ellos eran innegable y se preguntó qué se habría sentido tener un grupo con el que mantener ese tipo de complicidad, en vez de haber pasado su adolescencia y primeros años de adultez detrás de Bill. Quizás todos tenían razón y siempre había sido su perro faldero y la idea no le gustó.
-Creo que ahora es mi turno. Empezaré con algo suave para todos. Yo nunca nunca he tenido sexo en un baño.- Los cuatro restantes enmudecieron por un segundo, en especial Bill y Tom quienes discretamente se sonrojaron. Una pequeña expresión que quizás otra persona no hubiera notado, Andreas había detectado casi al instante. Todos bebieron de sus shots y regresaron sus vasitos a la mesa. Bill había pasado su primer shot con un poco de cerveza, mientras que Tom veía casi incrédulo a Gustav después de que este también bebiera y se encogiera de hombros. -Wow, ya veo que son unos cerdos en esta casa.- Todos rieron y luego continuó. -Es tu turno Bill. Di algo. Estás sospechosamente callado.
Bill lo miraba casi siniestramente. No sabía exactamente qué pasaba por su cabeza, pero no podía ser algo realmente bueno.
-Bien. Hablando de mejores amigos… Yo nunca nunca me he enamorado del mío.- Ouch.
No había abierto la boca en un buen rato, pero cuando lo hizo fue con todas las de matar. Su voz calculadora y fría. Sabía exactamente lo que hacía y por qué lo decía. Le había dado justo en la herida y sintió cómo su interior se revolvía sin apartar la mirada, pero no quería darle el gusto de que lo viera mal. Estaba cansado. Si quería jugar sucio, él también sabía cómo hacerlo. Tomó su vasito y lo bebió sin siquiera pestañear. Una tensión extraña se formó por un instante en el ambiente, que rápidamente se disipó cuando Georg también bebió.
-¿Te has enamorado de Tom o de mí?- Gustav sonaba casi frenético y tenía los ojos muy abiertos. Georg empezó a partirse de risa y fue inevitable que el resto lo imitara.
-No seas tonto. Paula, mi mejor amiga en el kínder. Estuve enamorado de ella hasta tercero de primaria. No todo en mi vida gira alrededor de ustedes, payasos.- Sin duda el ojo verde había disipado aquella tensión sin querer, pero en Andy todavía seguía evidente en su interior y también podía detectarlo en la mirada de Tom, quien a pesar de reír, evitaba hacer contacto visual con él, con una mueca de pena en la cara.
-Sigues tú, Tom.- Interrumpió Andreas y este se volvió con expresión de diversión hacia sus amigos.
-Ok… A ver, vamos con algo más tranquilo ¿sí? Yo nunca nunca me he cagado los pantalones.- E inmediatamente Gustav movió la cabeza en dirección a su primo, casi indignado y abochornado.
-Joder, si eso es algo tranquilo. Hijo de puta.- Georg empezó a descojonarse nuevamente cuando Gustav tomó el vasito y se lo tomó sin siquiera cerrar los ojos. Tom quien estaba bebiendo un sorbo de su cerveza escupió por la risa que se apoderó de él imitando al castaño.
-Perdóname, Gus. Pero es algo normal. A todos les pasa.
-Sí, tan normal que aquí nadie bebió.- Gustav se cruzó de brazos con una mueca de disgusto, que se veía muy tierna en su sonrojado rostro.
-Ay, no te preocupes. Técnicamente sí lo hemos hecho cuando éramos bebés ¿no? Vamos, todos tomen un shot para apoyar a Gusti.- Andreas subió su vasito y se lo bebió, viendo como el resto, incluso Bill, se tragaba el suyo también.
-Aaaagh. Está fuerte.- Se quejó Tom al terminar.
-Vale, es mi turno.- Continuó ahora Georg, y los demás asintieron. -Yo nunca nunca he tenido sexo con un hombre.
Aunque Andreas sabía que aquella afirmación probablemente había sido inocentemente dirigida hacia él, no lo sintió como una ofensa, sino como una broma entre amigos y a pesar de que Bill y él no estaban en los mejores términos por el momento, se vieron como si nada y ambos bebieron de sus shots sin ningún tipo de pena. Por otro lado, Tom se encontraba terriblemente tenso, y Andreas no sabía si el par se había dado cuenta como él lo hizo, pero Tom no parpadeaba. Solo se quedó inmóvil esperando que el turno pasara. Si aquello no había sido una confirmación, se le acercaba mucho. Sus sospechas cada vez eran más fuertes y su sexto sentido le gritaba que no se equivocaba.
-Ya vuelvo, me ha caído mal la bebida.- Tom se paró de su asiento con la cara terriblemente pálida. Gustav y Georg lo siguieron con la mirada extrañados viendo cómo corría en dirección al baño donde se encerró de un portazo.
-¡HEY! ¡¿Estás bien?!- Le gritaron desde el salón y a lo lejos se escuchó a Tom afirmar que pronto saldría.
-¡Grita si necesitas algo! ¡¿Sí?!- Dijo Andy alzando la voz, sin recibir respuesta del otro lado. -Está bien, sigamos. Vienes tú Gus.- Pero el rubio se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
-No, creo que paso. Esperaré por Tom.
-Uhmm, vale. Supongo que es mi turno entonces.- Hizo una pequeña pausa tomando aire pensando bien qué decir para luego continuar, esta vez dirigiéndole la mirada a Bill. -Yo nunca nunca he engañado a mi pareja.
-¡Ja!- Bill alzó la ceja y tomó la botella de la mesa, bebiendo un trago directamente de ella. Suspiró y se lamió los labios antes de volver a responder. -Yo nunca nunca he sido la persona por la que engañan a su pareja.
Andreas le arrebató la botella de las manos, bebiendo también de ella, con la mirada enfurecida.
-Yo nunc…— Intentó continuar Georg con su turno, pero le fue imposible cuando Andreas lo interrumpió sin apartar la mirada de Bill. La ira se le acumuló en el pecho y no quería salir de ahí. Esto ya era personal, mucho más, y la tensión en el ambiente había alcanzado su límite.
-Yo nunca nunca he usado a una persona solo por sexo.- Bill también le arrebató la botella de las manos y le dio un sorbo casi sin inmutarse, antes de sacudirla frente a su cara devolviéndosela.
-Empieza a beber, porque yo nunca nunca he sido la segunda opción de nadie.- Andreas tomó la botella de nuevo y tragó el vodka junto con el nudo que se le había formado en la garganta.
-Yo nunca nunca he humillado a nadie por subirme el ego.- Bill bebió.
-Yo nunca nunca he tenido un desorden alimenticio.- Andreas bebió y negó con la cabeza frunciendo el ceño.
-Bitch, please. Tú también. ¿De qué hablas?
Gustav y Georg se encontraban incómodamente sentados sin mover ni un solo músculo, en silencio y sin hacer el menor ruido, presenciando la escena que ahora había pasado de ser un simple juego, a un problema personal. Viendo cómo con cada revelación aparentemente al azar, los rubios bebían un trago detrás de otro.
-Yo nunca nunca me he cortado los brazos para llamar la atención.- Chistó Bill y Andreas bufó.
-No fue por llamar la atención. Yo nunca nunca he sobornado a un profesor para que me apruebe una clase.
-Serás perra. Yo nunca nunca he tenido problemas de erección.
-Fue una sola vez, imbécil. Yo nunca nunca he sido rechazado por mi padre.
-Yo nunca nunca he sido rechazado por la escuela entera.
-Yo nunca nunca me he hecho el peinado de puercoespín más horrible de la historia.
-Si me dijiste que te gustaba… Yo nunca nunca he sido gay de closet.
-Yo nunca nunca me he disfrazado de Peter Pan.
-¿Qué?- Entonces Bill lo miró con cara de confusión y sorpresa, pero sus ojos se desviaron hacia Tom, quien se encontraba ahora de pie junto a Gustav y Georg quienes tampoco habían notado su presencia hasta ese momento, sujetando el vasito vacío en sus manos frunciendo la cara en una mueca de asco mientras terminaba de tragar.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?- Preguntó el platinado también con clara confusión.
-Unos segundos. Pero vuelvo y me consigo con un freestyle mejor de lo que podría hacer yo en mi vida. ¿Se les fue de las manos, no?- Georg y Gustav estaban conteniendo la risa nerviosa y Bill puso los ojos en blanco, quien se levantó saliendo del lugar sin decir palabra dejándolos a todos en desconcierto.
Andreas apenas tuvo tiempo para reaccionar excusándose con la mirada ante los tres y fue detrás de Bill, sintiendo el mareo que de repente azotó su cabeza haciendo que perdiera ligeramente el equilibrio y lo siguió por el largo pasillo donde ahora se encontraba esperando el ascensor. Estaba con la cabeza apoyada sobre el antebrazo en la pared y empezaba a sudar a chorros. Ninguno había sido consciente de la cantidad de alcohol que habían ingerido en tan corto tiempo y ahora sus cuerpos empezaban a reaccionar.
-¿Qué mierda pasó ahí adentro, Bill?
-Eso es lo que debería preguntarte yo, idiota. ¿Qué fue todo eso? ¿Esperabas atacarme frente a todos y que yo no respondiera?- Bill se separó de su brazo y subió la vista, que ahora se veía un tanto perdida. También se notaba algo mareado, pero había recobrado la compostura con más facilidad.
-No te estaba atacando.- Vio cómo tomó aire y tragó fuerte antes de contestar, aunque hubiera deseado que no lo hiciera.
-No, por supuesto que no. Y nada de eso tuvo que ver con el hecho de que te estás comiendo la cabeza pensando por qué te he dejado de lado de nuevo, ¿verdad?…
-Yo, no– Andreas no pudo siquiera formular oración cuando Bill siguió sin detenerse, ni pensarlo demasiado.
-…Queriendo una explicación. Preguntándote qué pudiste haber hecho mal esta vez para que dejara de ir detrás de tu culo. Seguro ya creaste cien diferentes escenarios en tu mente. No soy estúpido Andy y la verdad es que tú tampoco lo eres. Te conozco muy bien y sé que, aunque no siempre lo reconozca, tú también me conoces. Por eso no hace falta preguntar algo que es obvio y está frente a tus narices, solo no quieres verlo. Todos fingimos no ver aquello que nos lastima porque es más fácil vivir así, buscando una respuesta alterna que no nos hiera tanto. Pero la vida es una mierda, yo soy una mierda y tú lo sabes. Hoy eres tú el que se siente lastimado y mañana seré yo. La vida nos ha jodido y nos seguirá jodiendo, por eso sigues conmigo y yo sigo contigo, aunque te den estos estúpidos arranques infantiles y aunque yo pase de tu culo por un rato. Deja de llorar ¿no querías que hablara? Estoy hablando, aunque no es lo que querías escuchar. Porque a nadie nos gusta que nos digan la verdad.- El ascensor se abrió y al ver su reflejo en el espejo se dio cuenta que las lágrimas descendían en caída libre por sus delgadas mejillas. -Mañana lo olvidaremos, y si amanezco de buen humor quizás lo hablemos, pero necesito salir de aquí. Me voy al pent-house. Nos vemos en la disquera- Le dio un suave beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios que se sintió de mil maneras, menos afectuoso, y lo vio desaparecer cuando las puertas del elevador se cerraron frente a él. Dejándolo solo con sus pensamientos.
Había querido jugar a su juego y perdido miserablemente. Creía que tratando de ser indiferente con él o presionando sus límites un poco podría lograr algo, pero era inútil si quiera intentarlo.
Realmente se culpaba a sí mismo por haberse puesto en esa posición. Todos a su alrededor se lo habían dicho, y en efecto, él era el único que no quería verlo. Debía separar sus sentimientos y poner sus propios límites cuando se trataba de Bill. Ya estaba completamente cansado de ser siempre el que ponía el corazón y estaba dispuesto a todo, solo para ser usado y botado como si nada. Al final nadie lo había obligado a nada. Él aceptó las condiciones esperando que el cariño que Bill sentía hacia él, y estaba seguro que existía, se transformara en algo más. Pero nunca pasaría. Debía dejar de dar luz verde a sus caprichos, al menos con los que tenían que ver con jugar con su corazón. Él tenía razón, no le gustaba la verdad y esa verdad era que no importa qué tan incondicional fuera para él, nunca tendría su corazón como lo deseaba. Era momento de dejarlo ir de una vez por todas, o al menos dar el primer paso para intentarlo.
Se dejó caer sobre el frío suelo y cubrió su rostro limpiándose las lágrimas mientras su cabeza seguía dando vueltas por algunos minutos, hasta que escuchó una puerta a lo lejos abrir y cerrar, seguidos de unos pasos que se acercaban. Cuando subió la mirada se encontró a Tom frente a él, quien lo observaba silenciosamente con una botella de cerveza en la mano y no pudo evitar volver a llorar.
-¿Se ha ido?
-Sí. Se fue a casa.
-Escucha, Andy. Lo siento, yo…
-No digas nada, está bien.
-No, de verdad yo…
-Ya te dije que está bien, Tom. No quiero saberlo, no ahora.- Cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás, intentando arrancar aquellos recuerdos que lo atormentaban.
-¿Estás bien?
-No. Creía que necesitaba respuestas, pero obtuve más de lo que quería.- Tom suspiró y se sentó a su lado, posando una mano sobre su rodilla viendo fijamente al suelo. Su mirada reflejaba culpa y pena. No hicieron falta palabras para saber lo que pasaba por sus mentes y realmente ninguno de los dos quería que el otro se sintiera de esa manera.
-¿Te digo algo cliché?- Andy volteó a verlo con ojos acuosos, limpiándose con el reverso de la mano nuevamente las lágrimas. Forzó una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza. -¿Has visto “Las ventajas de ser invisible”?- No solo había visto la película, también era uno de sus libros favoritos, y ahora no tuvo que forzar la sonrisa. Esta simplemente iluminó su enrojecida cara.
-Por supuesto. Cientos de veces.- Tom le pasó la cerveza invitándolo a beber de ella y continuó.
-Bueno, yo la vi hace un par de años con mi madre. No había nada bueno en la tv así que me quedé ahí por aburrimiento, esperando que fuera otra película romántica más, pero no lo fue. Hay una escena que recuerdo muy bien. Donde Charlie habla con su profesor y le pregunta por qué la gente buena sale con la gente equivocada y este le responde que “aceptamos el amor que creemos merecer”.- Conocía bien esa frase y aunque sí era cliché, especialmente con lo rápido que esta se propagó en redes sociales, no la hacía menos cierta. -Eres muy bueno Andy, y sé que quizás no estoy en posición de decírtelo, pero, eres mi amigo y sé que mereces más de lo que estás aceptando.
Las lágrimas volvieron a caer sobre sus mejillas una vez más, en una combinación de tristeza, frustración y también algo de alivio cuando Tom pasó su brazo por encima de su cuello en un pequeño acto de consuelo. Le dio un sorbo a la cerveza que ahora caliente, sabía un poco amarga. Tomó tanto aire como sus pulmones le permitieron y miró a Tom unos segundos sin siquiera saber bien por qué, pero se sentía seguro haciéndolo.
-También hay una escena donde Charlie habla con Patrick en el parque, que se parece mucho a esto.
-Lo sé.- Y en menos tiempo del que tuvo para pensarlo, su cuerpo simplemente actuó por instinto. Acercó su rostro al de Tom dándole un beso en los labios, recreando aquella escena.
Fue un beso superficial, sin profundidad. Un beso cálido, suave, casi inocente. Sin ninguna intención más que sentir la compañía de otro cuerpo brindándole confort. Sus labios se mantuvieron presionados apenas unos segundos, hasta que el roce se hizo ligero y se separaron. Su corazón latía con fuerza y sus mejillas hervían sintiendo los vasos sanguíneos de su rostro dilatarse y tintándolo de rosa hasta las orejas.
-Lo siento, lo siento. Me dejé llevar por…- suspiró escondiendo la cara en el hombro de Tom sin poder continuar. Se sintió tonto y apenado por ello, o por todo realmente.
-Lo sé. Está bien.
Ninguno de los dos dijo nada más, pero el silencio no se hizo molesto. Aquello quizás hubiera sido increíblemente incómodo para cualquiera, pero Andreas estaba agradecido de tenerle ahí en ese momento. La mano de Tom se movía lentamente sobre su platinado cabello, y él se dejó acariciar, relajándose cada vez más haciendo que su respiración se controlara y las lágrimas cesaran.
Se quedaron ahí sentados un buen rato, compartiendo lo que quedaba de la botella y no volvieron a tocar el tema sobre lo ocurrido. Andy empezó a hablar de todo, a veces de Bill, a veces de él, a veces de nada en particular. Y Tom lo escuchó el resto de la noche, porque para eso están los amigos.
Continúa…
Buah! Esta última escena como ya habrán visto fue inspirada en “Las ventajas de ser invisible” de Stephen Chbosky. Quise traer esa esencia de dos amigos que se entienden y escuchan en un momento de vulnerabilidad. Quienes no hayan visto la película se las recomiendo muchísimo (aunque el libro es mejor) y para el resto, aquí les dejo la escena del beso que me parece muy linda: https://www.youtube.com/watch?v=cK9lE4yxziM
En el capítulo anterior vimos cómo ha evolucionado la relación BillxTom y en este quería mostrar cómo la perspectiva de Andy hacia Bill ha cambiado y también cómo acercarse a Tom le ha ayudado en ello.
PD: Hay un pequeño easter egg por ahí, quizás alguna ya lo notó.
PD2: El verdadero cliché soy yo misma siempre.
Me encantó tu historia desde el capítulo uno!!! Gracias por compartirlo con nosotros. Espero con ansias la continuación 😄😄😄😄
Gracias!!!! 👏👏👏👏
Hola Ysy, muchas gracias por leer la historia que tanto disfruto escribir. Ya está listo el capítulo nuevo así que pronto estará por aquí.