Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 13
-Cuéntanos Tom, ¿cómo ha sido el cambio y has llevado el regreso a la música?
-La verdad fue toda una sorpresa para mí. Pasé de estar arreglando autos en el taller de mi tío a estar en un estudio de grabación todos los días con los mejores instrumentos y equipos posibles, haciendo lo que realmente disfruto hacer. -Se escuchó un “oooh” de ternura proveniente del público y Tom sonrió. -Desde hace tiempo había desistido de la idea de volver, aunque siempre estuvo en mi mente y bueno, creo que simplemente este era mi momento. No ha sido fácil, pero estoy mucho más entusiasmado.
-Fueron cinco años de ausencia, ¿no es así?
-Sí, a veces pareciera que fue hace mucho y a veces siento que fue ayer. Era apenas un joven de casi 20 años.
La mujer que se encontraba sentada frente a Tom entrevistándolo con las piernas elegantemente cruzadas, llevaba su cabello rojo como el fuego perfectamente arreglado a la altura de los hombros, era mucho mayor y una celebridad de la farándula en Alemania. El último mes sí que había supuesto para él un cambio de dinámica en la disquera. Desde la llegada de David, Bill había perdido mucho de esa libertad y liderazgo de la que presumía y sus cambios de humor eran cada vez más frecuentes. La fecha de lanzamiento del álbum estaba muy cerca y no podían perder ni un segundo, lo que provocó mucha tensión entre los miembros del equipo, especialmente entre Bill y Andreas, quienes desde la última discusión en el loft se habían distanciado.
Para el ojo desconocedor de cualquiera, parecía que todo estaba en normalidad, pero había una capa de incertidumbre que caía sobre ellos y no era un tema que ninguno se atrevía a tocar, al menos no por el momento donde todavía quedaba mucho por hacer.
-Sin duda este tiempo fuera del ojo público te ha sentado bien.- La mujer le guiñó el ojo y una antigua fotografía -donde llevaba sus ahora inexistentes largas rastas rubias y su holgada vestimenta-, apareció en la gran pantalla a sus espaldas. Las chicas del público gritaron de emoción haciendo que el sonido retumbara dentro del estudio de televisión y a Tom se le formó una risa nerviosa en los labios, al mismo tiempo que se llevaba una mano a los ojos intentando cubrir su sonrojamiento. -No te imaginaba tan tímido, Tom.
-Mucho ha cambiado desde entonces, pero debo reconocer que fueron buenos tiempos, sin duda.- Respondió con una amplia sonrisa en los labios, una de orgullo, por todo lo que había logrado en tan poco tiempo.
-Pero ahora vendrán muchos mejores. Cuéntanos que nos depara este nuevo álbum.
-Queremos mantenerlo en secreto por los momentos- empezó Tom,- pero puedo decir que es algo diferente a lo que hice en su momento. Durante estos años he escrito mucho sobre mi vida, mis experiencias y creo que en este proyecto hemos podido moldearlo y darle forma hacia el nuevo camino que quiero tomar. Hemos trabajando mucho en ello y la verdad es que cuento con un equipo extraordinario que me ha ayudado a hacerlo realidad.
-¿Tenemos una fecha de lanzamiento?
-Así es. La fecha la anunciaremos muy pronto, pero puedo decirles que será en un par de semanas.
-Y no podemos esperar para escucharlo.- La mujer en el asiento se giró hacia el público y continuó.- Hoy Tom nos has traído su primer sencillo del álbum homónimo titulado ‘Unkwon World’ en exclusiva para el Show de Zelda Vogel. -Extendió su brazo a un costado del estudio y una pequeña plataforma al costado se iluminó revelando los músicos hacia donde Tom se dirigió y el público empezó a aplaudir.
Se subió sobre la tarima pasándose ambas manos por su castaño cabello recogido antes de tomar el micrófono y al fondo se podía escuchar a varias chicas que vociferaban “¡Te amo, Tom!”, cosa que le causó un poco de gracia justo antes de que los primeros acordes empezaran a sonar dando paso a su presentación.
El espectáculo transcurrió sin inconvenientes. El sencillo sin duda alguna iba a ser un éxito, al igual que el álbum. La recepción del público no se comparaba con algo que hubiera visto antes, o quizás sí se comparaba, pero habían pasado tantos años que casi no recordaba haberlo vivido. No sabía si se lo estaba imaginando o estaba ocurriendo en realidad, aunque se inclinaba por lo segundo. Algo así no podía ser producto de su imaginación. La sensación de satisfacción invadió su cuerpo y se sentía seguro de sí, mientras recitaba una línea tras otra y se movía de un lugar a otro haciendo que los presentes en el estudio se levantaran de sus asientos mientras seguían el ritmo de la música. Era fenomenal todo aquello. Esto lo llenaba como nada, o casi nada… Sus ojos se movieron entre la multitud de rostros y se encontraron con otro par de ojos miel.
Bill se encontraba al fondo del estudio de brazos cruzados sin despegar la mirada de él, parecía hipnotizado y una sonrisa ladeada que no lograba esconder entre sus labios se asomó haciendo que sus ojos destellaran. No tenía manera de saber qué estaba pensando, pero no podía ser nada malo. Era casi como si aquella satisfacción que él sentía estaba siendo compartida con el rubio, que en cuanto se dio cuenta que sus ojos se habían cruzado cambió de dirección desapareciendo entre las chicas. ¿Se había apenado? ¿Qué había sido esa pequeña interacción? No tenía tiempo de procesarlo. Quizás no había sido nada. El show finalizó y los aplausos lo abrazaron en una recepción cálida que no esperaba.
En cuanto se bajó de la tarima y se dirigió tras bastidores, lo recibió Andreas en un abrazo repentino de celebración.
-¡Lo hiciste increíble Tomi!- El platinado casi lo estaba sofocando entre sus brazos, pero apreció mucho su reacción.
-Gracias Andy, de verdad.- En cuanto este por fin se separó, a su lado se encontraba David junto con Gustav y Georg.
-Felicidades Tom, fue un show increíble.- El mayor le estrechó la mano y le brindó una sonrisa sincera, la cual no dudó en devolverle mientras movía su cabeza en señal de agradecimiento. Por último, se acercaron sus amigos quienes al mismo tiempo lo abrazaron a cada lado de su costado dándoles pequeñas palmaditas en su espalda.
-Sabíamos que lo ibas a lograr, hermano.- Habló Georg, antes de separarse y soltar una risa bullosa como las que siempre le caracterizaban.
-Gracias a todos, en verdad no habría logrado nada de esto sin su apoyo.- Por un momento Tom se sintió como si su cuerpo estuviera fuera de este planeta gracias a la adrenalina y la emoción de lo que estaba viviendo. Era lo más cercano a un estado de euforia. Empezaron a caminar hacia el interior, mientras con la mirada buscaba entre el resto del personal que se encargaba de sus labores, a alguien que no estaba ahí, pero que esperaba ver. -¿Dónde está Bill?
-No lo sé, debe estar por ahí. Llegó mucho después que nosotros, pero no lo hemos visto de nuevo.- Respondió David mientras pasaban por la mesa de aperitivos y vio cómo este agarraba una manzana que empezó a comer sin darle mucha importancia a su pregunta. Luego se giró hacia Andy en busca de otra respuesta y éste solo se encogió de hombros sin detener el paso.
-Simone ha mandado a decir que lamenta mucho no haber venido. Agarró un resfriado de verano y papá se quedó en casa cuidando de ella.- Por un momento dejó de pensar en Bill y se sintió culpable de no haber pensado antes en su madre, pero la verdad es que tampoco tenía ningún tipo de expectativas respecto a ella. Aunque sabía lo mucho que ella lo amaba, no era secreto para nadie su falta de apoyo en relación a su carrera musical, y aunque en los últimos meses sí se había ido acostumbrando a la idea de que este era el camino que él iba a tomar, siempre se encontraba un poco renuente a participar en su carrera. Además, ya la conocía y sabía que la excusa del resfriado era algo que su madre usaba con frecuencia cuando quería evitar algún compromiso.
-Está bien Gus. La llamaré en cuanto pueda.- Dejó salir un suspiro y vio cómo su primo, sin decir ninguna palabra, entendió que sabía que era algo de esperarse de Simone.
-¿Qué les parece si vamos por algo de beber? Creo que la situación lo amerita.- Interrumpió Andreas y todos se vieron en señal de aprobación, menos Tom, quien negó con la cabeza.
-La verdad hoy no me apetece. Estuvo fantástico, pero prefiero descansar.
-Vamos, no será mucho rato. Es viernes y el cuerpo lo sabe.- Andy respondió intentando convencerlo pero volvió a negar con la cabeza y no pudo evitar sentirse mal por la expresión de desilusión que se atoró en la cara de su amigo, que todos los presentes también notaron.
-Si Trümper no quiere, déjalo tomar su merecido descanso, se lo ha ganado.- David terminó de comer la manzana y posó su brazo en la espalda de Andreas conduciéndolo hacia la salida.
-A mí sí se me antojan unas birras, yo voy contigo Andreas.
-Yo también me apunto.- Respondió Gustav, uniéndose a Georg en la invitación.
-Pues ya está, nos vamos todos y dejamos en paz a Trümper por hoy.- Volvió a responder David, haciendo que los tres jóvenes se giraran a verlo. Quizás la invitación no había sido muy clara y Andreas solo se refería a los 3 amigos, pero el productor no lo había entendido de esa manera y ninguno tenía la intención de corregirlo.
Se despidieron y Tom vio cómo el grupo se separaba y se marchaban en el auto de David, mientras uno de los hombres de seguridad lo acompañó hacia una camioneta negra de vidrios ahumados que lo esperaba a su salida. El calor de agosto le abrasó y deseó con todas sus fuerzas entrar en aquel automóvil o que terminara de llegar el otoño de una vez, pero todo aquello pasó a segundo plano cuando el fornido hombre le abrió la puerta trasera del automóvil y en su interior estaba Bill.
No supo explicar la sensación que tuvo al verlo, pero el corazón le dio un vuelco y le pareció casi estúpida la reacción de ese músculo que bombeaba sangre a su cuerpo, al igual que la de sus pulmones que también habían decidido dejar de respirar, como si cada uno de sus órganos hubieran adquirido su independencia y no le estaban haciendo caso a la razón.
-Qué gran presentación fue esa, ¿no?- Habló Bill mientras Tom terminaba de entrar y se sentaba a su lado, escuchando cómo la puerta se cerraba a su espalda y el auto se ponía en marcha. Ni siquiera notó al conductor. En ese momento solo podía ver al rubio que le tendía una copa de champán con una mano y con la otra sostenía la suya propia. Se veía relajado, con una expresión muy tranquila, como si lo hubiera estado esperando. Sonrió ante lo obvio de la situación.
-Gracias.- Tomó la copa y la chocaron en un brindis. El calor que había sentido segundos antes se transformó en un escalofrío agradable que le recorrió el cuerpo cuando sus ojos se clavaron en los de él. -Sí, me lo pasé muy bien. Pensé que no vendrías.- Admitió intentando ocultar su interés en su presencia.
Desde la llegada de David apenas habían tenido tiempo a solas y la relación entre ambos se sentía algo estancada. No sabría explicar bien el por qué, pero asumía que se debía al tiempo extra que tenía que pasar con el nuevo productor, la exposición en redes y la grabación del video musical que estaba próximo a salir. Bill también estuvo muy ocupado unos días en Berlín, días en los que no solo estuvieron separados, sino que no habían tenido casi ningún tipo de comunicación. Por ello estar tan a solas de nuevo con él, se sentía como experimentarlo todo por primera vez.
-¿Cómo me iba a perder tu primera aparición en televisión promocionando mi trabajo? Por el que tanto me esforcé y ahora otros quieren llevarse el crédito.- Tomó un sorbo sin despegarle la mirada. Se notaba el resentimiento en su voz, y para él, esa era una verdad absoluta. Pero en su tono se notaba que ese no era el único motivo.
-Claro, no te lo podías perder…- Tom respondió por lo bajo y lo acompañó tomando también de su propia copa.
-Pero debo confesar que también he venido por otra razón.- Bill se acercó acortando la distancia entre ellos y con los labios muy cerca de su oreja, sintiendo su aliento cálido rozándole la piel susurró. -Tengo una sorpresa para ti.
-¿Una sorpresa?
-Sí, un regalo.
-¿P-para mí?- De repente se sintió apenado. Sí que le había agarrado desprevenido esa declaración.
-No, para Georg… Obvio que para ti.- Se alejó un poco de él y puso los ojos en blanco, tomando otro sorbo de champán.
-¿Qué es?
-Ya te dije que es una sorpresa. No lo arruines, ya lo verás.
-¿Dónde está?
-En casa.
-¿En el loft?
-No, en mi casa. Vamos al pent-house.
En todos los meses que llevaban conociéndose, Tom nunca había ido a la casa de Bill. Era la primera vez que este le invitaba. Nadie de la disquera a parte de Andreas había entrado en su hogar. Una sensación desconocida se apoderó de su cuerpo, quizás emoción, quizás ansiedad, quizás un poco de las dos. No sabía exactamente de qué se trataba todo eso, pero sí que le había tomado por sorpresa y aún no le había dado el dichoso regalo.
Cuando llegaron, Tom quedó enmudecido ante la grandiosidad de aquel apartamento. Ya casi se había puesto por completo el sol y los pocos rayos que aún se asomaban en el horizonte se colaban por los monumentales ventanales tintando de un suave ámbar el piso de mármol pulido, creando pequeños destellos que reflejaban sobre algunas superficies. No había visto un lugar como ese nunca, pero le encantaba.
-Pasa y espérame aquí.- Le ordenó Bill alejándose a paso apresurado, empezando a buscar algo en una de las mesitas del foyer. Regresó unos segundos después con un pañuelo de seda entre las manos. -Date la vuelta.- Tom prefirió no preguntar, tampoco sabía bien el qué, así que simplemente accedió. Bill le puso el pañuelo sobre los ojos impidiendo su visión, le dio un par de vueltas e internamente se preguntó si se trataba de alguna piñata. Solo recordaba haber estado en una situación así en las fiestas de cumpleaños de sus amigos de la escuela.
-¿Qué hago?
-Nada, sólo sígueme.- Le tomó de la mano y empezaron a caminar con cuidado a través del lugar. No tenía idea de qué tan grande era ese sitio, pero el recorrido le pareció una eternidad dada la incertidumbre, aunque solo fueran unos cuantos metros. Cuando se detuvieron sintió el aire -ahora un poco más fresco- de la naciente noche rozarle la piel. -Listo, ya puedes ver.
Tom se quitó el pañuelo de la cara y al mirar al frente se encontró con una pequeña mesa circular perfectamente decorada. Solo tenía dos sillas. En el medio se encontraba un pequeño jarrón de vidrio con una rosa roja, iluminada por una velita. A cada lado dos copas de vino y unos finos platos de borde dorado que aún no tenían ningún alimento, pero por el olor que notó proveniente de la cocina, pronto serían llenados. Lo que más llamó su atención era una delgada caja negra envuelta en un enorme listón blanco en el borde de la mesa.
-¿Qué es eso?- Señaló la caja y Bill le sonrió.
-Tu regalo. Vamos, ábrelo.- Tom se acercó con cuidado, casi como un gato, hasta la mesa donde tomó la delgada caja. Era bastante liviana. No entendía de qué se trataba y le tomó unos segundos empezar a abrirla, pero cuando por fin retiró el listón y la abrió, su contenido lo dejó sin palabras, solo pudo tragar saliva.
-¿Entonces? ¿No tienes nada que decir?
-¿Es… mi…?
-Es tu álbum, Tom. Quería sorprenderte con la versión final.- De nuevo su corazón había decidido actuar por cuenta propia y dejarlo sin aliento. Lo sacó de la caja y lo contempló en silencio. La portada era oscura, con un par de siluetas que se tomaban de la mano en medio de la niebla, casi formando un yin-yang: una blanca, otra negra. En la contraportada pudo leer en letras rojas la lista de canciones, sus canciones. Pasó el dedo índice por cada una de ellas leyendo con detenimiento. Luego, con mucho cuidado sacó el disco de su envoltorio. Era un disco de vinil. En el centro en un círculo rojo se encontraba la silueta de las manos de la portada con el nombre del álbum grabado en cada una de ellas. El vinil era semi-transparente negro con fisuras blancas que parecían pequeños rayos grabados sobre él. Sin duda era precioso. -¿Por qué no dices nada? ¿No te gusta?
-No es eso. Me encanta, es solo que… No lo esperaba. ¿Cuándo?… ¿Cómo?… Yo no sabía…
-Hace unos días cuando fui a Berlín me reuní con el equipo de diseño para hacerlo. Todos los de Hamburgo son unos incompetentes y tras insistirle al tonto de David que me dejara hacerlo a mí, aceptó. Él quería darte la noticia y sorprenderte con el record final, pero decidí hacerlo yo.
-No sé qué decir.
-Un gracias estaría bien.
-Gracias.- Bill se acercó y lo rodeó por la cintura pegando sus cuerpos. Sus labios quedaron muy cerca de los suyos y no dejaba de verlos. Sus respiraciones empezaban a sonar más agitadas de lo normal. Ninguno de los dos se atrevía a besar al otro, pero la tensión y las ganas eran palpables. La sensación del justo antes, del casi beso, era embriagante.
-Yo…- Bill estuvo a punto de hablar, pero unos pasos acercándose hicieron que ambos se separaran al instante. Pocos segundos después apareció una mujer bajita y robusta, de mejillas rojas muy sonriente, con unos platos en las manos.
-Buenas noches joven Kaulitz, aquí están los platillos que me encargó preparar.
-Gracias Nora.- La mujer puso los platos sobre la mesa y se acercó a Bill dándole un abrazo que este correspondió. Se veía muy tierna, apenas le llegaba a la altura del hombro y él se tenía que inclinar para poder abrazarla.
-Estás muy flacucho.- Nora le dio varios pellizquitos juguetones en las costillas y se echó a reír. -Espero que te comas todo esto.
-Claro que sí. No te preocupes.- Bill puso los ojos en blanco y exhaló un bufido. Jamás lo había visto tan cálido y abierto con alguien de esa manera.
-¿Esta noche no viene el señorito Andreas? Hace mucho que no lo veo.- Preguntó la señora buscando con la mirada a través del sitio, pero solo cruzó miradas con Tom quien seguía tranquilo de pie contemplándolos.
-No, Nori, esta noche no. Pero este es Tom.
-¡Oh, claro! Ya me ha hablado mucho de usted. Un placer conocerlo.- La empleada se dirigió a él y tomó la mano de Tom estrechándola con ímpetu. Mantenía la misma sonrisa amplia en los labios, pero lo miraba con cierta extrañeza.
-El placer es mío.- Tom le devolvió la sonrisa, estrechando su acolchada mano de vuelta y quiso poder decirle que él también había escuchado mucho de ella, pero la verdad no tenía idea de quién era y no sabía de su existencia.
-Bueno, esto es todo lo que vamos a necesitar por esta noche. Ya puedes irte, Nori.
-¿Estás seguro? Puedo prepararles otra cosa.
-No, esto es más que suficiente, no necesitamos nada más, de verdad.- Bill pasó su brazo por el hombro de la señora llevándola hacia el interior del pent-house, mientras esta recogía su abrigo y una pequeña bolsa.
-En el horno te dejé un poco más de comida por si quieren más.
-Ok, gracias.
-Y también te guardé wafles para la mañana por si quieres desayunar.
-Vale, vale, gracias.
-Y como vi que tenías una carga de ropa pendiente, también te la lavé y guardé.
-Está muy bien Nori. Muchas gracias.- Bill le dio un beso en la mejilla de despedida y la mujer desapareció por el elevador agitando la mano de un lado a otro. ¿Qué había sido todo eso? Regresó hasta él y le señaló hacia la mesa invitándolo a sentarse. Había dos platos de Pansotti alla Genovese acompañado de una cesta de pan con ajo. Todo olía delicioso.
-Uhmm. ¿Quién es esa señora?- Bill tomó un sorbo de vino y cogió un trozo de pan haciendo caras de felicidad antes de contestar.
-Nora.
-Eso ya lo sé, pero ¿quién es Nora?
-Por favor prueba esto, está delicioso. Bon appétit!– Respondió y ambos empezaron a comer. Definitivamente la pasta estaba excelente y el vino era un increíble acompañante. Sus papilas gustativas estaban teniendo una fiesta dentro de su boca, pero eso no fue suficiente para hacerlo olvidar de todas las preguntas que tenía en su cabeza. ¿Por qué lo sorprendió con su álbum? ¿Por qué era tan tierno con esa mujer? ¿Por qué lo había invitado esa noche a cenar?
-Bien, entonces…
-Nora es mi empleada de servicio, viene a cocinar y limpiar cuando se lo pido.- El rubio se metió un bocado grande a la boca y lo bajó con un sorbito más de vino. No sabía si tenía demasiada hambre o estaba manteniendo la boca ocupada para no tener que hablar.
-Creo que eso también es un poco obvio.
Bill hizo una pequeña pausa y suspiró.
-Ella es mi nana. Prácticamente me crió cuando mi padre no estaba, lo cual ocurría con demasiada frecuencia. ¿Eso es lo que querías saber?- Sí era lo que quería saber, pero no exactamente enterarse de esa manera.
-¿Por qué nunca me contaste de ella? Andreas tampoco la mencionó.
-¿Por qué tendría alguno de los dos que mencionarla? No es gran cosa.- Sus palabras no iban con su expresión. Sí que era gran cosa, o más de lo que quería mostrar. Pero no quiso indagar más en ello, a menos que Bill se lo contara por voluntad. Ya había logrado pasar mil barreras que no creía posible y temía dar un paso en falso y volviera a cerrarse.
-Es muy agradable.
-Sí, es un sol de mujer, aunque a veces puede ser un poco fastidiosa.
-Tú también puedes ser muy fastidoso.- Bromeó y Bill fingió indignación llevándose una mano al pecho. -Pero también puedes sorprenderme con detalles como este.- Continuó, señalando el disco que aún conservaba a su lado.
-Uhm, sobre eso.- Se limpió los labios y terminó de beber la copa de vino. -La otra parte del regalo es que ya no tienes que ser mío.
-¿Qué?- Las manos empezaron a temblarle levemente y perdió el apetito repentinamente. ¿Qué quería decir? Bill sacó su móvil y buscó en la galería de archivos ocultos aquel video que grabó hacía meses atrás de Tom haciéndole sexo oral, aquel que había grabado como chantaje para asegurarse de que cumpliría con su parte del contrato. Lo seleccionó y borró frente a él.
-Es una lástima, te veías muy guarro en ese video. Ahora soy yo el que te lo chupa a ti.- No entendía nada de lo que estaba pasando y por la risa floja que soltó Bill, probablemente su cara era un espectáculo en ese momento.
-¿Qué quieres decir?
-Que ya cumpliste con tu parte del contrato, yo también cumplí con mi parte. El álbum está listo y ya no lo necesito. Eres libre de irte si quieres. Por supuesto, todavía tienes deberes con la disquera, hablo solamente de lo que a mí me compete.- Una alarma se encendió en su cabeza, ¿qué? ¿qué? ¿qué?
-¿Estás terminando conmigo, Kaulitz?- De nuevo la risa floja se apoderó de Bill y Tom sintió un nudo atorado en la garganta. Tomó la copa de vino y se la bebió hasta el fondo.
-Dios, tienes que verte.- Bill empezó a reír abrazándose a sí mismo. Si seguía riendo así estaba seguro que vomitaría, o quizás el que vomitaría era él. No le veía lo gracioso. -No hay nada que terminar, no somos novios.- Tenía razón. Él había sido su perra acompañante durante todo este tiempo, pero no su novio y esa realidad le estaba hirviendo la sangre. Bill no era de nadie.
-¿Qué mierda te pasa?- Tom se acercó a Bill y lo cogió de la camisa levantándolo de golpe, este dejó de reír pero su cara seguía mostrando diversión.
-Qué rápido te alteras. Te dije que ya no tienes que ser mío, ahora puedes ser mío si quieres. Lo que pasa es tú no escuchas.- Ahora estaba entendiendo mucho menos. -Mira, simplemente he decidido que no tienes que hacer lo que yo te diga, digamos, por obligación. Eres libre de elegir si quieres estar conmigo o no.
-Por supuesto que quiero ser tuyo, ¿qué clase de pregunta es esa?- Eso sin duda, había salido sin filtro.
-Eso es lo que quería escuchar.
Apenas le dio tiempo de reaccionar cuando Bill ya lo había estampado contra el cristal que separaba la terraza del interior, presionando su cuerpo contra el suyo, sintiendo su entrepierna restregándose contra él.
-No juegues así, maldita sea.
-Pensé que te gustaba.
-No, no esto. Sabes lo que digo.
-No, no lo sé.- Finalmente lo besó y su lengua viajó por el interior de su boca devorándola, haciéndola suya justo como segundos antes había sentenciado. Era de él. Tomó a Bill de la cintura y lo jaló a sí, casi fundiéndose el uno con el otro. Pasando las manos por el borde de sus jeans y clavándole las uñas en su espalda baja. Sus respiraciones se volvieron entrecortadas y Bill sonrió con malicia cuando sus erecciones chocaron una con la otra a través de la tela.
-Te veías muy gracioso.
-Cállate.- Tom entreabrió los labios y Bill no demoró en ofrecer su lengua de nuevo como tributo. La introdujo con ansias dentro de su boca y sus lenguas se entrelazaron con descaro. Lo tomó de la barbilla y lamió el pequeño hilo de saliva que se escurrió desde sus labios hasta la barbilla, mordisqueándolo sobre esta y su gemido se escapó como respuesta a esa sensación.
-Uhmmm.- Sus miradas se encontraron y aquella sensación extraña se atoró en su estómago haciendo que ambos tragaran fuerte antes de continuar.
Tom se dio la vuelta y ahora fue Bill quien terminó contra el vidrio. Le levantó la camisa hasta las axilas dejando su plano pecho al descubierto. Se acercó hasta uno de sus pezones y empezó a lamerlos y mordisquearlos haciendo que el rubio se deshiciera en suaves espasmos debajo de su boca. Los succionó como si se tratara de su postre favorito, y de hecho lo era. Se sentían tan duros y dulces contra su lengua.
Bill abrió la boca y ahogó un gemido cuando Tom llevó su mano hasta el interior de su pantalón, sintiendo su mano hervir con tan solo el contacto de su erección. Estaba muy duro y no dudó en cerrar sus dedos contra él, toqueteándolo de arriba abajo.
-¿Te gusta?
-Uhmm, sí me gusta mucho.- Tom sonrió. Ahora sí empezaba a hacerle gracia el asunto. Subió hasta su cuello y lo succionó dejando pequeñas marcas enrojecidas sobre su piel, mientras no dejaba de masturbarlo y sintió cómo se erizaba cada vello de su cuerpo. Se separó solo lo suficiente para desabrocharle los pantalones y bajarlo por debajo de la ingle.
-¿Quieres que siga?
-Sí, sigue.
-Entonces no.
-¿Qué?
-Que ya no quiero.- Tom lo vio palidecer y ahora su expresión de indignación no fue fingida. -Es lo mínimo que mereces por jugar de esa manera conmigo.
-Ya verás.- Bill lo tomó de la mano con una fuerza casi desconocida para él y lo arrastró hacia su habitación. Hubiera querido prestarle más atención al lugar, pero no le dio tiempo de reaccionar cuando el rubio ya lo había arrojado contra la enorme cama de sábanas azules oscuras y se subió encima de él. Antes de que pudiera hacer cualquier cosa, Tom se dio la vuelta dominándolo y lo aprisionó debajo de su cuerpo tomando ambas manos del rubio por encima de su cabeza inmovilizándolo, haciendo que este se revolviera en búsqueda de libertad, sin éxito. Sin duda tenía la ventaja física a su favor.
-Dios, tienes que verte. Te ves muy gracioso.- Respondió Tom sarcásticamente, imitando sus palabras.
-Ok, ya no es gracioso.
-Es muy gracioso para mí.- Empezó a restregarse contra Bill haciendo movimientos con su pelvis de adelante hacia atrás, mordisqueando su labio inferior provocándole gemidos suaves.
-¿Qué vas a hacerme, Tom?
-Nada, te dije que ya no quería.- Le dio un beso sin mucha profundidad, pero lo suficiente para poder sentir la lengua cálida de Bill contra la suya, mucho menos ansiosa que antes.
-¿Entonces qué quieres?
-Que me digas por qué hiciste todo esto por mí.
-Porque hoy era un día especial. Fue tu debut 2.0
-Sabes que no. Me refiero a todo. El disco, la cena, traerme a tu casa, presentarme con alguien que te importa y no todo el mundo conoce, llevarme a un partido que era importante para mí, celarme y defenderme de Camille, no poder separarte de mí.- Bill suspiró y puso los ojos en blanco.
-Ya me hiciste esta pregunta antes.
-Se la hice al Bill que quería que fuera suyo bajo chantaje, no al Bill que hizo algo auténtico por mí sin esperar nada a cambio.
-¿Si prometo responder, me soltarás?- Tom sonrió y asintió con la cabeza. -Está bien.- Aflojó su agarre y se dejó caer a un costado admirando el perfil de su nariz perfectamente perfilada.
-La verdad es que soy un cursi de closet.- Tom lo fulminó con la mirada y Bill no pudo evitar la risa floja. -Supongo que de esta no me escapo.
-No.
-¿Recuerdas cuando dijiste que veías más de ti en mí, de lo que creía?- Tom volvió a asentir con la cabeza.- A mí también me pasa. Es como si a mi me faltara ver las cosas de una manera más empática, y a ti te faltara un poco más de incentivo para tomar las cosas que realmente mereces. Cuando estoy cerca de ti, se me pega un poco lo tuyo, y creo que a ti te pasa igual. -Dejó salir un suspiro y llevó una mano al pecho de Bill, empezando a hacer pequeños círculos sobre su piel. – Y por debajo de todo eso somos testarudos y no hay quien nos haga cambiar de opinión, cada uno a su manera.- Y no se equivocaba, él también pensaba así.
-¿Por qué si eres capaz de hacer cosas buenas, te comportas como un idiota la mayor parte del tiempo?
-Porque eso es lo que soy. Soy un idiota.- Bill se volteó sobre su costado quedando frente a él y pasó una de sus manos entre su castaño cabello, acariciándolo con calma. Se sentía bien y su tacto lo relajaba. -Soy un idiota que hace cosas idiotas.
-No lo eres.
-Sí lo soy. Es más fácil ser un idiota, porque cuando lo eres nadie espera nada de ti, nada real al menos. Solo te tienes a ti mismo y aprendes que eres todo lo que necesitas. Vienes a este mundo solo y te irás solo. Las personas en tu vida estarán temporalmente y solo tomarás de ellos aquello que necesites para hacerte más fuerte, ser mejor y poder continuar tú solo.
-No estás solo, no realmente. La soledad es una habitación que te atrapa y te hace creer que estás encerrado, pero no te das cuenta que la puerta no está cerrada y puedes salir de ahí cuando quieras. Es todo una ilusión. Yo también he estado en esa habitación y he logrado salir.- El castaño estaba disfrutando de las caricias de Bill, al mismo tiempo que escucharlo hablar con sinceridad era como un canto arrullador para sus oídos, aunque se tratara de un canto melancólico con un tono algo sombrío.
-Pero es la ilusión más real que he sentido en mi vida.- Tom sintió pena de Bill y se acercó más a él, posando su mano en su mejilla. Deseó poder responder otra cosa que lo hiciera sentir mejor, pero ante una herida así no había palabras que sanaran. Se dejaron acariciar mutuamente durante varios minutos y sus cuerpos se fueron haciendo cada vez más pesados.
-¿Te puedo hacer otra pregunta?
-Sí.
-¿Qué significan las manos que salen en el disco?- Preguntó casi arrastrando las palabras. Sus ojos se fueron cerrando lentamente y la caricia había pasado a ser un ligero roce, como una pluma que volaba sobre el viento.
El tiempo se hizo lento, tan lento que se detuvo y estaba en medio de algo que parecía un túnel muy largo. Caminaba atravesando la niebla, pero no podía ver con claridad. Su cuerpo era una blanca silueta destellante, y el brillo de su propio cuerpo iluminaba sus pasos, pero era tan cegadora que apenas podía diferenciar nada. Seguía caminando sin dirección, a veces creía que andaba en círculos, hasta que chocó con otra silueta que no pudo vislumbrar hasta tenerla de frente, era muy oscura y no se distinguía entre la niebla, solo podías ver sus bordes gracias al brillo de su cuerpo. ¿Cuánto llevaba ahÍ? ¿Lo habría visto todo este tiempo? Miró su mano, justo donde había chocado con la otra silueta y notó que no era blanca, ahora era negra. La silueta oscura también se miró a su propia mano, y no era negra, ahora era blanca. Con curiosidad se acercaron una a otra quedando frente a frente. La silueta se movía al mismo tiempo que él, como viendo su reflejo en el espejo. Levantó su mano manchada y la silueta negra lo imitó. Las movieron de un lado a otro, de arriba abajo hasta encontrarse de nuevo, ahora en un una unión intencional y no accidental. Se agarraron de las manos y empezaron a caminar al mismo tiempo. Su propio destello seguía sin dejarlo ver con claridad, pero la silueta negra lo guiaba. Él necesitaba a la silueta negra y ella lo necesitaba a él también. No sabía hacia donde se dirigían, pero siguieron un camino incierto juntos.
&
-…somos nosotros Tom, caminando hacia un mundo desconocido.- Cuando Bill terminó de hablar notó que Tom se había quedado completamente dormido y suspiró con una sonrisa en los labios sintiéndose como lo que era y tanto repitió minutos antes, un idiota. No sabía qué estaba haciendo. Tenía miedo, y esa era la única verdad que lo había acompañado toda su vida. El miedo que vivía dentro de él era el mismo miedo que quería ocultar a todo aquel que se le acercara. Cuando no tienes nada, no hay nada que puedas perder y mantenerlos a todos a distancia era lo que creía correcto. Si haces daño primero, nadie te puede hacer daño. Si nadie conoce tus debilidades, no las pueden usar en tu contra. Si estaba por encima de los demás no habría nadie que lo alcanzara y lo tirara de esa cima donde se sentía a salvo. Había aprendido a controlar ese miedo ocultándolo de todos, pero con Tom no lo sentía. Cada día, cada minuto y cada segundo que pasaba a su lado le costaba más mantenerlo oculto de él.
Se paró de la cama son sigilo y le quitó los zapatos a Tom, para luego cubrirlo con las sábanas. Se veía muy tierno dormido. Revisó su móvil, no era tan tarde, pero una notificación lo hizo tragar fuerte. Abrió la mensajería y borró la notificación entrante, bloqueando al remitente.
-Dejar de joder, Hans.- Susurró para sí, lanzando el móvil en la mesita de noche antes de entrar a la cama donde se quedó dormido junto a Tom.
Continúa…
Creo que este ha sido el capítulo más lindo que he escrito hasta los momentos y el próximo es donde se revelarán cosas nuevas. Soy mucho de un slow burn pero gracias por la paciencia, y sobre todo el apoyo. Al fin nos estamos acercando al clímax que desde el día uno que empecé a escribir esta historia he querido alcanzar.
Gracias también a quienes se toman un poco de su tiempo en leerme por acá y seguir esta fantasía, me hacen sentir que no soy la única que lo disfruta.
Espero poder volver pronto y que ustedes también vuelvan a la historia.
Un abrazo.
Ginger