Recording. Track 16

Administración: Y, por fin, regresa Ginger-Ale en gloria y majestad con más de su increíble fic «Recoerding». Disfruten la lectura y no olviden dejar su amor en los comentarios para que la escritora se anime a continuar con la historia.

Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11

Recording. Track 16

Una pareja de jóvenes esperaba impacientemente en un banco del salón principal con grandes paredes de madera, sentados uno al lado del otro, de manos y piernas cruzadas. Miraron a su alrededor, observando el caos de personas caminando de un lado a otro con prisa, ocupándose de lo suyo: artistas, productores, ingenieros de sonido e instrumentistas, todos parecían tener algo que hacer, con mejores y grandes cosas entre sus manos como para detenerse a detallarlos. Era el corazón de Phoenix Records, año 1989.

¿Cuánto tiempo llevamos aquí?

-No lo sé, poco más de una hora, amor. Pero pronto nos atenderán.

-Creo que fue una pérdida de tiempo venir.- El joven de unos 20 años y desordenado cabello castaño dejó escapar un suspiro mientras sus piernas inquietas no dejan de moverse.

-Pues ya estamos aquí, no es momento de que dejes tus nervios ganar. Ya vuelvo.

-No, Simone…- La chica se levantó y acercó a la recepcionista a paso decidido, se veía ocupada pero eso no pareció importarle.

-Buenas, disculpe… Disculpe.- Le hizo señas a la mujer mayor y grandes rulos oscuros que se encontraba al teléfono. -Mi esposo y yo tenemos más de una hora esperando.

-Tendrá que esperar un poco más, señorita.

-No, ya hemos esperado lo suficiente. Exijo que alguien nos atienda.- Simone no tenía ninguna intención de moverse y la mujer lo notó. Presionó un par de botones, pronunció un par de palabras que no fue capaz de escuchar y tras cortar la llamada y anotar algo en una libreta, volvió a responder.

-Ya alguien vendrá por ustedes. Por favor vuela a tomar asiento.- La joven rubia asintió y volvió con su esposo.

No pasó mucho más tiempo hasta que otra mujer apareció guiándolos por un pasillo, luego un elevador, y luego otro pasillo mucho más grande. Aquel sitio les parecía un laberinto a dos inexpertos como lo eran ellos dos. Luego de pasar por una serie de puertas, llegaron al estudio número 483. Al abrir la puerta, se encontraron en su interior con un hombre vestido elegantemente, muy alto y que por lo menos les duplicaría la edad.

-Bienvenidos, soy Jörg Kaulitz. Tú debes ser Gordon, ¿y tú…?- El hombre dirigió la mirada hacia la joven con curiosidad y una media sonrisa sobre los labios.

-Es mi esposa, Simone.

-Encantado de conocerla, señorita.- A la rubia se le enrojecieron las mejillas mientras estrechaba su mano y los ojos del mayor recorrieron su figura de arriba a abajo. El hombre tenía cierta madurez y se notaba por su presencia que era alguien importante. De alguna manera aquella interacción la había dejado algo intimidada, pero estaba feliz por su esposo. Gordon tenía mucha fe en su proyecto como músico. Después de tantos años enseñando en su pequeña escuela de música, pensó que era momento de darle una oportunidad a su talento. -¿Usted también canta o toca algún instrumento?

-No, para nada. Yo solo soy maestra de arte. Vengo a apoyar a Gordon porque sé lo mucho que esto significa para él.- A Simone se le escapó una risa un poco más estruendosa de lo que esperaba, que la dejó apenada mientras se pasaba el cabello detrás de las orejas.

-Tienes una gran mujer a tu lado. Eres muy afortunado. Es hermosa y se nota que están perdidamente enamorados.

-Sí, lo sé. Ella es mi musa.- Gordon hizo una pausa y frunció levemente el ceño antes de desviar la atención de su esposa. -Muchas gracias por recibirnos, estuve esperando semanas por una respuesta sobre mi demo.

-Por supuesto. Lo estuve revisando y tengo algunas sugerencias que hacerte. Por favor, tomen asiento.- Jörg señaló a cada uno un lugar, para luego tomar asiento en medio de los dos. Presionó un par de botones y la melodía de una guitarra suavemente arrulló sus oídos. La pareja se encontraba expectante mientras escuchaba con detenimiento. Al finalizar la canción Jörg empezó a hablar sobre las cosas positivas que tenía el demo y aquellas en las que todavía faltaba trabajar.

El par de hombres rápidamente se sumergieron en una conversación sobre tecnicismo que poco conocía Simone, pero no dejaba de observar cómo su esposo se veía tan contento y entusiasmado, cosa que por momentos pasaba por alto cuando también veía aquellas facciones misteriosas de aquel productor, quien no dudaba en brindarle una sonrisa y alguna mirada indiscreta a la ingenuidad de Gordon.

No pasó mucho tiempo después de acordar una siguiente reunión y tomar decisiones sobre su futuro en la compañía, pero todo parecía viento en popa. Habían dejado una buena impresión y estaban motivados ante lo que esta oportunidad prometía. Se despidieron en un abrazo cordial y Simone no pudo evitar sentir un escalofrío que le erizó la piel, al sentir la mano de Jörg recorrerle la columna hasta su espalda baja.

Durante las siguientes semanas intentó sacar de su cabeza esa pequeña y aparente inocente interacción, enfocándose en las cosas que tenía por hacer, convenciéndose de que solo se había impresionado ante alguien mayor y poderoso, después de todo no era la clase de personas con las que estaban acostumbrados a relacionarse, y sin duda alguna amaba a Gordon. Lo había amado desde que se conocieron en la escuela y empezaron su romance durante la adolescencia. Él había sido su primer y único amor, y nada ni nadie podía cambiar eso.

-Mierda mierda…- El sonido del teléfono sonando le hizo dar un brinco manchando su blusa de pintura, ya luego se encargaría de ello. Se levantó de prisa a atender la llamada escuchando una melodía genérica de espera antes de que una voz pre-grabada le informara que provenía de Phoenix Records. -¿Aló? ¿Bueno?- Dijo cuando la música se detuvo y un par de segundos después la voz grave de su interlocutor le erizó la piel al igual que lo hizo días atrás.

-Hola, ¿Simone?, habla Jörg Kaulitz, ¿me recuerdas?

-Por supuesto Sr. Kaulitz. ¿En qué puedo ayudarle?- Claro que lo recordaba, si en su interior había hecho todo lo posible por no hacerlo.

-¿Se encuentra Gordon ahí?

-No, él ahora está en la escuela trabajando, pero ¿quiere que le diga algo?

Jörg hizo una pequeña pausa antes de continuar. -No no, no hace falta. Ya me comuniqué con él, quería invitarlos a cenar esta noche para conversar más sobre su música. ¿Estarás disponible a las 7pm?- Simone revisó rápidamente el reloj en la pared. La reunión sería en apenas un par de horas. Respondió nerviosamente afirmando y un nudo se atoró en su estómago.

-Sí, a esa hora suena bien.

-Perfecto. Nos vemos en un rato. Toma papel y tinta para anotar la dirección.- Rebuscó rápidamente entre el pequeño desorden que se había convertido su mesa de trabajo y anotó la dirección en la palma de su mano. Era un restaurant en Hamburgo, y desde Lübeck tardaría un poco en llegar. Terminó la llamada y pensó en llamar a Gordon, pero sabía que en horas de clase sería prácticamente imposible comunicarse con él, por lo que decidió simplemente alistarse y dejar al destino encontrarse con su esposo en aquel restaurante. No tendría mucho más tiempo de irse con él después del trabajo.

No sabía realmente por qué su presencia era necesaria para una reunión, pero tampoco quiso pensar mucho en el asunto. Creyó que sería normal en un mundo que no conocía, y por lo que había visto en televisión, siempre entre artistas era natural que personas allegadas a ellos compartieran momentos importantes. Quiso convencerse de ello y nada más que eso.

Al llegar el restaurant se encontró con uno de los mesoneros que la acompañó hasta el interior. Era increíblemente lujoso y el color dorado resaltaba en cada superficie. Por un momento se sintió pequeña en ese lugar. Observó su vestido crema de diminutas flores rojas bordadas en él y no encajaba con ese sitio. Se acomodó el cabello que había recogido en un moño debajo de la nuca e intentó pasar desapercibida ante la mirada curiosa de los comensales. Llegaron al segundo piso donde había una mesa privada, en ella se encontraba Jörg tomando un vaso de whisky frente a la tenue luz de una vela. Miró alrededor buscando con la mirada a su esposo, pero no lo encontró.

-Buenas noches señor, su compañía ha llegado.- El mayor asintió con la cabeza haciendo que el trabajador se retirara y se puso de pie, tomando la mano de Simone dándole un cortés beso en su dorso.

-Bienvenida, Simone. Te ves radiante esta noche.- El roce de sus labios contra su piel hizo que retirara su brazo con nerviosismo y volviera a rebuscar con la mirada sin ver a nadie más a su alrededor.

-¿Dónde está Gordon?

-No ha llegado aún. Dijo que se retrasaría porque tuvo un inconveniente en la escuela, pero en cuanto pueda vendrá con nosotros, no te preocupes. ¿Acaso soy tan mala compañía?

-No claro que no.- Una sonrisa misteriosa adornó el rostro de Jörg y se sentaron uno frente al otro.

-No te hacía tan tímida, te ves un poco nerviosa.

Simone lo pensó un poco antes de responder, pero no tenía muchas más opciones que hablar con el hombre a la espera de Gordon. -Sí estoy nerviosa, es que… No estoy acostumbrada a esta clase de sitios.

-¿Gordon no te lleva a restaurantes?

-Sí, pero no como estos, y mucho menos con personas importantes.

-¿Entonces crees que soy importante?- Respondió con tono jocoso mientras abría una botella de vino que se enfriaba en un recipiente plateado a su lado. -Permíteme, quizás esto te ayude a relajarte.- Le sirvió una copa que no dudó en beber.

-Gracias Sr. Kaulitz. Y sí, usted debe ser muy importante, más aún cuando le dio una oportunidad a Gordon con su música. No sabe lo mucho que esto significa para nosotros.

-Por favor, no me llames señor, apenas tengo 37. Llámame Jörg. Y creo que tendremos el resto de la noche para hablar de Gordon y su música, ¿por qué mejor no me cuentas de ti? Prefiero no tocar temas de trabajo por ahora y tú pareces una mujer muy interesante. Quisiera saber más de ti.

Simone no supo de dónde sacó el valor suficiente, pero le hizo caso a él, o quizás a la parte de ella que inconscientemente estaba disfrutando de la atención que un hombre como él le daba en ese momento, y le contó todo sobre ella. Sus aficiones, sus gustos, de su relación con Gordon y cómo a pesar de ser tan jóvenes habían decidido casarse. De los problemas económicos que también conllevaban al ser dos inexpertos apenas jugando a la vida. De sus sueños, sus metas, sus planes a futuro. Y sin darse cuenta ya había terminado una botella y comenzado la otra. En algún punto los nervios se convirtieron en emoción, y la ansiedad en risas. El hombre tenía un carisma que no había visto en nadie más, decía tan poco y tanto a la vez. Se sentía casi hipnotizada bajo sus ojos azules, su cabello tan oscuro y la manera en que parecía escuchar cada detalle que salía de su boca. Para cuando volvió a la realidad, se había dado cuenta que eran casi las 9 y Gordon no había aparecido. Fue entonces cuando su mirada confusa la delató y Jörg la tomó de su antebrazo en una suave caricia.

-Ya es algo tarde. Gordon no ha llegado.

-Y tampoco llegará.

-¿C-cómo?- Su rostro palideció y tragó fuerte ante su respuesta.

-Tengo algo que confesarte. La verdad es que solo te he citado a tí aquí, pero sabía que no aceptarías si Gordon no venía. Quería conocerte. Eres una mujer increíblemente hermosa, y después de todo lo que me has contado, comprobé que también una muy interesante.- Su tacto se hizo más presente y sus dedos empezaron a ascender desde su brazo hasta su mejilla. -Sé que amas a Gordon, y sin duda creo que tiene talento, pero tu brillo me ha hipnotizado más de lo que sea que él tiene que ofrecer, a mí, y sobre todo a ti. Con alguien como yo podrías tener todo lo que quieres, a mi lado nadie te detendría.

-Esto no está bien Jörg. Yo… Yo solo he venido aquí por Gordon.- Simone empezaba a tropezar las palabras y los nervios volvieron a hacer presencia. -Yo… No podría.

-Shhh. Tranquila.- Intentó tranquilizarla con un tono sombrío en su voz. -No estoy obligándote a hacer nada. Tú estás aquí porque quieres estarlo. Si quieres irte, puedes hacerlo.- Se acercó más a ella quedando solo a centímetros de su cara mientras acariciaba su barbilla, pero Simone no se inmutó y tampoco lo hizo cuando un par de segundos después Jörg la besó.

El vino había hecho suficiente efecto en su cuerpo para saber que no estaba en lo correcto, pero aún así dejarse llevar por el momento. Solo bastó sentir un par de labios diferentes y una emoción nueva para que por ese instante se olvidara de todo lo demás.

Esa noche Simone no regresó a casa temprano, pues decidió entregarse a los brazos del productor. Por unas horas realmente sintió que era otra persona y aquel momento podría ser su pequeño secreto, hasta que al terminar la noche y la adrenalina se disipara, la conciencia volviera a su mente llenándola de culpa.

Se prometió no volver a cometer el mismo error, aunque su cuerpo lo deseara y aunque Jörg le hiciera mil propuestas para hacerlo funcionar. Se dio una ducha intentando borrar todo rastro de lo sucedido y regresó a casa en compañía de Jörg.

No podía si quiera ver a la cara a Gordon, en él solo podía ver a un joven como ella, lleno de sueños por un futuro que casi podía tocar con sus manos, mismas manos que habían decidido traicionar su amor.

Por más que intentaba pretender que nada había sucedido y era buena ocultando su secreto, su preocupación crecía cuando al pasar de los días, y luego semanas, no escucharon nada de Phoenix y mucho menos de Jörg. Temía que lo sucedió hacía muchas noches hubiera perjudicado por lo que Gordon había trabajado, así que por iniciativa propia, y a espaldas de su esposo, decidió verse a escondidas con Jörg en busca de una respuesta, o quizás de algo más.

Aquella noche volvió a repetirse, y luego una vez más. Jörg le había admitido a Simone que sin ella, no existiría oportunidad alguna para Gordon, si no podía tenerla a ella tampoco un contrato para él, por lo que accedió a seguir una aventura con el mayor.

Cuando la noticia llegó a Gordon, y supo que la disquera había aceptado grabar con él, la emoción que iluminó su rostro fue suficiente para calmar el alma atormentada de Simone. Verlo tan feliz y animado por su trabajo le fue razón suficiente para convencerse de que lo que hacía no estaba tan mal. Pero nada dura para siempre, al igual que las apariencias no se pueden mantener para toda la vida, poco a poco sus deslices eran más evidentes. Cada vez le costaba más mantener sus mentiras y buscar excusas de sus llegadas tardes a casa o por qué de repente se arreglaba más en sus salidas.

La mentira había llegado muy lejos, y cuando en el vientre de Simone empezó a crecer vida, supo que era momento de decir la verdad.

Fueron momentos oscuros y dolorosos para la pareja. Gordon no sabía como reaccionar. Estaba atrapado entre el dolor de la mentira y la traición de la persona que más amaba en el mundo, junto con la caída de sus sueños y sus esperanzas de incursionar en la música. Aún creía que el fruto de su vientre podía ser suyo, pero Simone sabía que por el tiempo que llevaba, solo podía ser de Jörg. Simone sabía que todo había sido su culpa, e intentó enmendar su error ofreciéndole desaparecer, pero Gordon, sobre todas las cosas, la seguía amando y no quería perder al amor de su vida, a pesar de haber roto su corazón.

En la disquera todo fue mucho peor. Ante la noticia, Jörg hizo todo lo posible porque el embarazo de Simone no continuara, pero el riesgo era mucho mayor dado a lo avanzada que estaba. Ya tenía poco más de 4 meses de gestación y para su sorpresa llevaba dos niños en su interior. Un par de gemelos crecían dentro de ella y en su corazón no cabía la posibilidad de no verlos crecer.

La pareja de jóvenes sabían que tenían mucho más que perder que alguien como Jörg, que con su poder e influencia podía manipular a las personas a su alrededor.

Sus planes se cayeron, su contrato fue tirado a la basura y todo aquello por lo que habían trabajado se esfumó por la ventana, pero aún así Gordon no quería perder lo único que le quedaba, que era el amor que aún sentía por Simone, incluso si eso significaba criar un par de bebés que no llevaban su sangre.

Ahora sin una carrera prometedora, con sueldos que apenas les alcanzaba para vivir y dos niños en camino, la situación se les había complicado mucho más. Los días pasaban con rapidez y no estaban preparados para lo que ese cambio en sus vidas significaría.

La noche del 31 de agosto fue larga, Simone no se sentía bien y se fue a la cama con mucho malestar. Gordon estuvo a su lado toda la velada intentando aliviar su dolor pero nada ayudaba. Aún faltaban unas semanas para la fecha del parto, pero sabía que con gemelos existía el riesgo de adelantarse.

-Vamos amor, respira. ¿Ya estás sintiendo contracciones?

-Tengo más de una hora sintiendo las contracciones, Gordon. ¿Qué crees qué es esto entonces? ¡Aaaah!- El dolor la estaba alterando y moverse se le estaba empezando a dificultar más de lo normal, pero el joven masajeaba su espalda en movimientos circulares.

-Ya lo sé, perdón. Es que no sé qué hacer.- Se hizo el silencio por unos segundos y Simone rompió a llorar. -Está bien cielo, todo va a salir bien. ¿Quieres ir ya al hospital?

-No lloro por eso. Ya sé que es normal, o eso se supone. Estoy llorando porque soy yo quien debería estar pidiéndote perdón una y otra vez. Nunca me podré perdonar haberte hecho lo que te hice.- Gordon tragó fuerte y vio a la rubia romper en llanto una vez más. El dolor no era solamente físico, sino también emocional, pero nada de lo que dijera podía hacerla sentir mejor. Él la había perdonado y no había más que hacer sino empezar de nuevo y continuar como si aquello no hubiera ocurrido, aunque siempre fuera un recuerdo oscuro al que nadie quisiera volver.

-Yo siempre te he amado, y siempre te amaré. Hoy se trata de ti y de nuestros hijos, porque tus hijos son también míos. Ellos tendrán a un padre que los ame tanto como amo a su madre. Solo me necesitas a mí, y a veces a Doug.- Añadió por último a su hermano mayor a modo de una pequeña broma para aligerar el ambiente. Simone sonrió un poco limpiándose las lágrimas y asintió dándole un suave beso en los labios.

-¿Ya le hablaste a Doug? Deberíamos avisarle que los niños pueden llegar esta noche.

-Sí, está en casa con el pequeño Gustav. Dijo que no se estaba sintiendo muy bien esta noche, tiene algo de fiebre y está cuidándolo pero irá al hospital cuando sea necesario.

-Está bien, deberíamos ir ya. En cualquier momento puedo romper fuente.

.

La madrugada no fue mucho más fácil. En un hospital público como en el que estaban la atención era muy pobre y a Simone le tocó compartir habitación con un par de mujeres más. La privacidad era casi inexistente y con un embarazo múltiple cualquier cosa podía salir mal. Gordon sabía que no debía hacerlo, y ambos habían prometido cortar por completo a Jörg de sus vidas, pero las complicaciones cada vez era más y ya era muy tarde para trasladar a Simone a otro hospital, por lo que decidió recurrir a él por ayuda, la última ayuda que jamás necesitarían de un hombre como él. Y de hecho, se lo debía. Después de todo, eran sus hijos biológicos.

Con el dinero y la influencia de Jörg, pudo conseguir una habitación privada para ella y la atención que requería con urgencia. Así que a primera hora de la mañana Simone había empezado su labor de parto, sin saber lo que su esposo había hecho por ella y su bienestar.

Las contracciones cada vez eran más fuertes y más frecuentes. Los niños estaban a punto de llegar. Simone puso todas las fuerzas que tenía en sí, mientras Gordon se mantenía a su lado cada segundo tomándola de la mano. Una y otra vez, debía pujar como nunca lo había hecho en su vida. Y así fue como en un último intento, exactamente a las 6:20am del 1ero de septiembre, un pequeño cuerpito pegostoso llegó al mundo. El llanto del pequeño se mezcló con los de ambos padres y una enfermera entre un tumulto de sábanas les mostró al recién nacido.

-Felicidades, es un niño.- Ambos asintieron entre lágrimas y Simone respondió.

-Sí, es mi Tom.

-Muy bien Simone, pero no pierdas fuerzas. Todavía queda uno por sacar. Vuelve a pujar y respira entre cada vez. Vamos.

-No puedo. Estoy muy cansada, no puedo, no puedo.- Movía la cabeza de lado a lado y sus reparación estaba acelerada.

-Vamos amor, sí puedes. Ya falta cada vez menos.- Gordon besó su frente y apretó su mano con fuerza, sintiendo cómo Simone recobraba el ritmo. Una vez más, puso toda la fuerza en sí. Sus gritos y gemidos podían escucharse por los pasillos, hasta que finalmente, 10 minutos después, a las 6:30am, otro pequeño cuerpito salió a acompañar el primero, pero este no demoró en llorar con más fuerzas.

-Felicidades, es otro niño.

-Mi Bill.- Respondió Simone y no podían dejar de admirarlo con felicidad. Después de limpiar a los bebés un poco y ponerle sus pulseritas para diferenciarlos, la enfermera les tendieron ambos infantes y los envolvieron entre sus brazos. Pensaron que nunca habían visto algo más hermoso en sus vidas, aunque en realidad parecieran un par de pequeños ratones. En ese momento estaban completos, en ese momento eran realmente felices. Acurrucados con sus caritas arrugadas, buscándose uno al otro, como si en esos minutos se hubieran extrañado como nunca antes.

Un par de besos y mimos bastaron para el par de nuevos padres antes de que se los llevaran para observaciones y chequeos. Ya todo había terminado y Simone estaba increíblemente cansada. No pasó mucho para que cayera en un profundo sueño y descansara de haber dado a luz a dos seres humanos en un mismo día.

Para Gordon, la historia fue otra. Apenas había podido dormir poco más de una hora, cuando afuera de la habitación se encontró con Jörg, a pesar de haberle advertido que jamás querían volverlo a ver, y él tampoco quería verlos a ellos, pero por alguna razón ahí se encontraba, como si creyera que su presencia era necesaria.

-Vete de aquí. No debiste venir.

-¿Por qué no? Son mis hijos.

-No son tus hijos. Tú podrás ser su padre biológico pero nunca serás más que eso.

-Y un niñato sin futuro como tú nunca podrá darle a nadie la vida que merece. Ten.- Hizo una pausa y sacó de uno de sus bolsillos 1000 Marcos que los extendió hacia él. -Para los primeros gastos del pequeño Tom. Los otros gastos del hospital ya están pagos, de eso me encargué yo.

-¡Rata infeliz!- Gordon sacudió el dinero de su mano y lo acercó a su cara con furia. -¿Crees que haces algo con tu sucio dinero? ¿Y acaso se te olvida que existe Bill también?

-No creo que sea necesario para Bill. ¿No te has enterado? Supongo que fui el primero en recibir la noticia.- Gordon palideció instantáneamente en confusión.

-¿Qué pasó con Bill?

-El más pequeño, no sobrevivió. Es una lástima. Vengo a ver a mis hijos y uno ya se fue.- Gordon no podía creer lo que escuchaba, y además viniendo de una persona como lo era Jörg, con esa voz tan fría e indiferente, como si no le importara.

-No es cierto, es mentira.

-No lo es, puedes ir a verificarlo por tí mismo.- Los ojos de Gordon de llenaron de lágrimas y estampó al mayor con fuerza contra la pared, para después darle un par de puñetazos en la cara, lo que resultó en una nariz rota. El dolor y la ira contenidos en su cuerpo estallaron contra Jörg, pero un par de brazos lo detuvieron evitando la pelea. Entre gritos y patadas fueron separados, hasta que lo perdió de vista y se derrumbó en el suelo. Nada de lo que decía podía ser cierto.

En el área de cuidados neonatales había un grupo de enfermeras moviéndose de un lado a otro, y comprobó con sus propios ojos, como un pequeño bebé inerte, con aquella pulserita que llevaba su nombre, se encontraba acostado muy pálido y frío.

Lo que había dicho Jörg era cierto, o al menos para ellos. La noticia no tardó en llegar a Simone quien rompió a llorar en un llanto fulminante.

Según los doctores, el pequeño Bill presentó problemas respiratorios poco después del nacimiento e hicieron todo lo posible por salvarlo, pero sus esfuerzos no fueron suficientes. Simone y Gordon lloraron la partida de su bebé sin casi conocerlo, y prometieron nunca contar a nadie lo sucedido. Enterrar junto con su hijo ese capítulo de sus vidas que tanto daño les había hecho y continuar junto a Tom, como hijo único e hijo de Gordon y nadie más.

Ninguno de ellos llegaría a pensar que, aquel hombre, en su egocentrismo y perversidad hubiera sido capaz de sobornar al personal médico para llevarse a uno de los gemelos y fingir su muerte. Ninguno tampoco pudo si quiera imaginar que el menor de los gemelos crecería con su padre biológico en la ignorancia y realidad de su pasado, al igual que el mayor, sin saber que en otra parte de Alemania, se encontraba su hermano.

Así fue como Bill Kaulitz y Tom Trümper jamás pensaron si quiera estar relacionados, y a pesar de que la vida y las circunstancias los separaron, el destino sería capaz de volverlos a encontrar.

… y de qué manera.

Continúa…

por Ginger-Ale11

Escritora del Fandom

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