Notas de Ginger-Ale11: Antes que nada, quiero agradecer a quienes pasen por acá a leerme y me dediquen un poquito de su tiempo.
Esta historia empezó hace años como un proyecto de una amiga muy querida, a la cual me invitó a participar y co-escribir. Inicialmente la empezamos a publicar traducida al inglés en Tokio Hotel Fiction. Por cuestiones de la vida solo pudimos escribir unos pocos capítulos hasta que finalmente la abandonamos.
Hace poco escuchando ‘When We Were Younger’ sentí nostalgia por aquella época que viví con personas increíbles en el fandom y las amistades tan lindas que hice gracias a una banda alemana. Así fue como resurgió este interés por volver a escribir y darle a mi yo más joven lo que deseaba y no terminó.
Quisiera que me dieran su opinión al respecto, y siempre son bienvenidas las sugerencias.
Los primeros 3 capítulos son los originales (con unas pequeñas modificaciones para adaptarla al camino que tomará) y continuaré la historia por mi cuenta (aunque la puerta a la participación, colaboración y opinión de mi amiga que fue la autora original, sigue abierta).
Gracias M. por dejarme compartir de nuevo esta historia.
Autoras originales: ‘BillsMK’ y ‘MissingMySoul’ (yo) en THF

Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 00: Prólogo
El ensordecedor sonido de los gritos que llenaban el lujoso club rebotaba sobre las paredes del local, mientras que unas luces cegadoras iluminaban el pequeño escenario que ofrecía el bar y un joven de pelo negro, que se sentaba en un taburete, justo al lado de la barra, se compadecía momentáneamente de quien fuera que se estaba presentando en ese momento.
No tenía ni idea de por qué habían dejado entrar a los fans en el club. Por lo que él sabía, este pequeño concierto había sido planeado para que sólo las personas importantes de la industria fueran finalmente testigos del -supuestamente- ‘nuevo artista ascendente del rap alemán’, como todo el mundo decía.
… Quién sabe quién los había dejado entrar –y el joven estaba casi seguro de que nunca sabría la respuesta a esa pregunta–, pero quienquiera que hubiera sido, estaba cargando sobre sus hombros el odio del de pelinegro.
Probablemente podría decir que esa una de las pocas cosas que despreciaba de su trabajo… ¿Por qué los fans no podían comportarse como personas decentes y escuchar a su artista favorito sin tener la necesidad de gritar a pleno pulmón? Sin embargo, no tenía nada en contra de ellos, per se, pero sus gritos furiosos cada vez que veían al objeto de su admiración, le molestaban hasta el extremo; por no mencionar que la música que sonaba por los altavoces ya era molesta por sí sola.
Había tanta gente en el pequeño club que el lugar empezaba a ser algo asfixiante. Había al menos doscientas personas –quizá incluso un poco más– empujándose unas a otras, golpeándose, dándose codazos… Casi pisándose los unos a los otros y abriéndose paso entre la multitud, sólo tratando de situarse lo más cerca posible del iluminado escenario, donde una figura alta y ligeramente bronceada ‘cantaba’ el segundo estribillo de su nuevo éxito. Así que, sumado a los gritos de los fans, el ritmo repetitivo de una canción de hip-hop –que, aunque era bastante pegadiza, parecía estar permanentemente en bucle– que estaba sonando en ese momento, hacía que toda la situación, para Bill, estuviera a tan solo un decibelio menos de ser completamente insoportable; por no hablar de que, si ese decibelio aumentaba, sería el responsable de una de las peores migrañas que Bill había sufrido nunca.
El joven pelinegro se llevó a los labios la bebida que un simpático camarero le había preparado hace un rato mientras coqueteaban descaradamente, esperando que tal vez el alcohol lavara su fastidio, le hiciera relajarse y le hiciera olvidar su dolor de cabeza… Incluso esperaba que la bebida le ayudara a ignorar un poco más ese mini-concierto al que tuvo que acudir, por mera cuestión de trabajo gracias a David.
Bill era joven y estaba empezando a adentrarse como buscatalentos en la escena musical. Gracias a la influencia de su padre, uno de los más grandes productores – ahora retirado– de Alemania, había conseguido un trabajo que para él, sin duda, era mucho más llamativo que seguir una carrera universitaria. Ya estaba familiarizado con ese mundo e iba de la mano con su personalidad. Bill era en todo aspecto una diva, no temía ser diferente y decir lo que pensaba, no tenía miedo a arriesgarse y a pesar de su arrogancia contaba con un talento que pocos tenían con apenas 20 años. Le gustaba ser el centro de atención y que las personas lo notaran, deseaba aquella grandeza que su vida prometía desde su infancia.
– Entonces, ¿qué te parece el nuevo espécimen? – Giró la cabeza hacia el origen de la voz. Sentado en un taburete junto al suyo, el dueño de un par de ojos azul hielo y un pelo de un tono tan rubio que casi tildaba a blanco, lo miraba con curiosidad.
El peligro levantó una de sus cejas –la que estaba adornada con un aro metálico negro– preguntando en silencio a Andreas –compañero de trabajo y amigo desde hace años– a qué se refería cuando preguntaba por el «nuevo espécimen».
La única respuesta del rubio fue un movimiento de cabeza hacia el escenario detrás de Bill.
-Oh… Ya. – Respondió el pelinegro mientras asentía, sin siquiera molestarse en girar la cabeza hacia él. Pensó un rato su respuesta, mientras sacaba un cigarrillo de uno de los ajustados bolsillos de sus vaqueros y lo encendía. Intentó idear unas palabras que no sonaran duras o bruscas o simplemente groseras cuando le dijera a Andy su opinión sobre ese «nuevo artista…». Sin embargo, sus esfuerzos no sirvieron de nada cuando se limitó a decir lo primero que le vino a la mente, no se le ocurrió nada más. Dio una calada a su cigarrillo y jugando con él entre sus dedos mientras hablaba. – ¿Sinceramente? No creo que tenga nada de especial.
El rubio ensanchó los ojos y lo miró sorprendido, para luego alzar una de sus propias cejas, sin creer realmente lo que acababa de escuchar; nunca había visto a Bill descartar por completo un nuevo talento de forma tan despiadada. -¿Hablas en serio?
Este se limitó a encogerse de hombros mientras tomaba un sorbo a su bebida para luego darle otra calada larga a su cigarrillo suspirando. – El tipo suena igual que cualquier rapero; recita un montón de basura al ritmo de una pista mediocre sobre como él es el mejor rapero, que supera a cualquier otro – aunque realmente no lo es-, sobre sexo y mujeres desnudas que bailan al ritmo de su música… Yo, personalmente, no creo que eso sea especial en absoluto.
– Bueno, a mí me gusta y cuando venía hacia acá escuché a los peces gordos hablando de él, y David estaba con ellos… ¡También les gusta! Pero creo que tienen miedo, a pesar de que creen que el chico tiene mucho talento, tienen miedo de invertir en él y perder su dinero. Piensan que el público puede tomárselo a mal y decir que es una copia alemana barata de Eminem o alguna mierda así-. Contestó el rubio.
Bill, de nuevo, tardó en contestar; se tomó su tiempo para beber y fumar un poco más. Por un momento, se planteó dejarlo, o al menos, disminuir un poco su consumo de tabaco, por si no quería que su apodo en la oficina se convirtiera en «chimenea ambulante». Sin embargo, rápidamente descartó la idea… ¿Desde cuándo le importaba lo que los demás pensaran de él?
La respuesta: Nunca.
– Una decisión bastante acertada, creo-, dijo Bill una vez que recuperó la concentración en la conversación que estaba manteniendo. -Este tipo es sólo un rapero. Un rapero de un solo éxito, en realidad. Tuvo sus 5 minutos de ‘fama’ con su primera canción, y después de que esos 5 minutos se acaben, va a desvanecerse en el fondo… Como he dicho, es como cualquier otro rapero, suena como el resto, y ahora mismo, esta industria necesita algo nuevo.
– ¡Bah! Si yo estuviera en su lugar dejaría de hablar mierda, me arriesgaría y ya está. La vida no es vida sin correr riesgos… Además, ¡le estarían cumpliendo un sueño a este pobre tipo!
Bill sacudió la cabeza, decepcionado, y se volvió hacia Andreas con una mirada dura. – ¡Hablas casi como si no conocieras el tipo de industria en la que estás, Andy! Si este negocio consistiera en hacer que los sueños se hagan realidad, contrataríamos a todas las niñas de ocho años del mundo que sueñan con ser popstars cuando sean mayores. Esto no se trata de hacer realidad los sueños de algún chico, Andy, se trata de rentabilidad, de dinero. Se trata de cuánto dinero inviertes y de cuánto dinero vas a obtener a cambio de esa inversión. De cuánto estás dispuesto a entregar, sólo para obtener algo mucho, mucho más grande a cambio.
El rubio devolvió la dura mirada hacia Bill, aún con un toque de decepción oculto bajo la frialdad de sus ojos azules. -¿Cómo puedes pensar así, Bill? Todo el mundo merece una oportunidad, igual que tú tuviste la tuya en su momento.
Bill sólo puso los ojos en blanco ignorando el comentario del Andreas. – De todos modos, no es asunto nuestro, Andy… Al menos, no es el mío, por ahora. Es un asunto enteramente de David mientras siga siendo productor de esta empresa.
-… No por ahora, ¿dijiste?
– Sabes perfectamente dónde pienso estar en esta industria, Andy. Mejor que nadie, incluso.
El rubio suspiró y asintió. – Sí que lo sé. Y sigo pensando que planeas con demasiada antelación, y demasiado a lo grande, y eso no puede ser bueno. Incluso para ti mismo.
– Eso es estúpido, Andy. Todo el mundo pensó exactamente lo mismo una vez, y mira dónde estoy ahora, ¡y sólo tengo veinte años! ¡Asisto directamente a un excelente productor, trabajo en una excelente compañía! Dame unos años más, y estaré sentado en el escritorio de David, ¡te lo aseguro!
– Eres demasiado ambicioso, Bill.
– Un poco de ambición y visión de futuro nunca perjudicó a nadie…- Dijo guiñando uno de sus ojos y lanzando una sonrisa pícara a su amigo.
El rubio negó con la cabeza con una expresión ilegible, dando un sorbo a su propia bebida –que Bill no había notado hasta ese momento–, mientras seguía observando al hombre en el escenario.
-… ¿Ni siquiera crees que está buenísimo? Eso hay que reconocérselo, por lo menos.- Intentó el rubio una vez más. A Bill casi le pareció que Andreas sólo intentaba obtener de él una buena opinión sobre el tipo… ¿No había sido lo suficientemente claro en los últimos minutos?
Bill volteó la cabeza en dirección al escenario y tenía que ser sincero, al menos consigo mismo.
El cantante –o rapero, en este caso– no estaba nada mal… Físicamente hablando, por supuesto; el tipo era tan alto como él mismo, o quizá unos centímetros más bajo, pero aun así era más alto que la mayoría. Como buen rapero, o tal vez un pésimo aspirante a gánster, vestía con ropa demasiado grande para el cuerpo delgado que Bill estaba seguro que se escondía bajo toda esa tela. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue el precioso rostro del rapero, sus largas rastas rubias recogidas en una coleta alta ocultas debajo de una grande y aplastada gorra, sus labios carnosos y rosados, adornados con un piercing de plata. Todo en el tipo dejaba que la imaginación de Bill corriera libre y al máximo… No era realmente su tipo, pero no podía negar lo extremadamente atractivo que le parecía.
-No es tan guapo, la verdad-, se conformó con esa simple respuesta regresando a su posición. Una de las primeras cosas que Bill había aprendido a lo largo de los años gracias a la influencia de su padre, era a no compartir ninguna información privada con nadie y, a veces, eso incluía a su amigo más cercano… Al menos en este momento.
El rubio miró con extrañeza a Bill, levantando de nuevo una ceja. Tras unos instantes, Andy soltó una ligera risa. – Que te oigan todas esas fans y groupies. Te castrarán si vuelves a decir eso… ¡Y también podría ayudarles, porque en serio el tipo es precioso!
El pelinegro negó con la cabeza y esbozó una sonrisa, con un evidente tono de chulería. – ¿Por esa cosa? Dios, ¡incluso les reto a que lo intenten!
-Eres increíble, Bill. No has cambiado nada en todos estos años que te conozco…- Respondió el rubio mientras su rostro se transformaba en un ceño fruncido de asco; sin embargo, este tipo de comportamiento era habitual en Bill, por lo que a fin de cuentas, Andy debía estar simplemente acostumbrado a ese tipo de comentarios… Al menos, eso era lo que Bill suponía.
– Lo sé, y realmente no veo una razón por la que deba cambiar… Me lo he pasado muy bien toda mi vida siendo como soy, de hecho… No sé, Andy, tal vez deberías aprender algo de mí, ver si algo de mi grandeza es contagiosa para que puedas obtener algo de ella.- Habló con sequedad y, obviamente, fingió una sonrisa para su amigo y ahogó rápidamente el último sorbo de su bebida, apoyando el vaso con brusquedad en la barra de madera.
– ¿Te llevas bien con el alcohol, eh, Bill? – espetó Andreas. Su ceño fruncido se hacía más evidente a cada momento.
– ¡Y aparentemente te llevas perfectamente bien con las preguntas estúpidas! – siseó Bill. – ¡Dios, Andy! Tal vez sea todo el ruido que hay alrededor, pero realmente no estoy de humor para mantener una conversación con nadie, y menos aún este tipo de conversación, así que si pudieras largarte, ¡me harías un gran favor!- Inhaló el resto del humo que pudo sacar del cigarrillo encendido, tirando la colilla al suelo, mientras su bota de tacón la pisaba. -Tal vez incluso puedas acercarte al camarero y batir tus bonitas pestañas, mostrar tus ojos un poco… Si tienes suerte, al tipo no le importará una pequeña aventura de una noche. O si quieres algo diferente, sal a perseguir una minifalda, o ve a ahogarte en el océano, haz lo que te dé la gana, pero te quiero fuera de mi vista.- Terminó Bill con brusquedad. Realmente no estaba de humor para nada ya.
En otra oportunidad, Bill se habría tomado el tiempo de idear una mejor excusa para deshacerse del rubio de una manera más suave, pero en ese momento, apenas podía pensar con claridad… Con un dolor de cabeza mortal y un estado de ánimo que disminuía rápidamente, mientras estaba en un lugar en el que definitivamente no quería estar, desde que la noche había comenzado, no le estaba facilitando las cosas. Y luego, encima tenía que lidiar con su molesto amigo que sólo venía a hacer preguntas estúpidas…
“Tendrás que estar jodiendo”, pensó Bill cuando el rubio volvió a hablarle.
-¿No eras tú el que coqueteaba con él? Creía que tenías el territorio marcado.- replicó el rubio refiriéndose al camarero que se encontraba al otro lado de la barra.
– No soy un perro, Andy. Yo no ‘marco territorio’. Además, es obvio que tú necesitas más la compañía que yo.
Andreas se puso al lado del pelinegro, con los brazos cruzados sobre el pecho y luciendo el ceño más fruncido que Bill había visto en él en mucho tiempo. El rubio sacudió la cabeza y dijo alto y claro para que Bill lo oyera por encima de la música: – ¡Puede que no seas un perro, Bill, pero eres una perra!
Bill puso los ojos en blanco y suspiró, observando durante unos segundos a su ofendido amigo perderse entre la multitud, sin dudar en pedir otra copa o encender un nuevo cigarrillo que sacó del bolsillo.
Decidido a quitarse de la cabeza la estúpida pelea con su mejor amigo, se giró en su taburete y se encaró al escenario.
«Sigo sin entender lo que todo el mundo ve en el tipo», se dijo Bill después de unos minutos de ver la actuación mientras se apoyaba con ambos codos en la barra de madera, con el cigarrillo y la bebida sostenidos cada uno por una de sus cuidadas manos, mientras miraba al escenario. Observó cómo el rapero subía y bajaba en el escenario, con un paso habitual de fanfarronería de un gánster.
Bill se dio cuenta de lo mucho que le gustaba al tipo estar ahí arriba, cantando -o hablando o lo que coño fuera que hicieran los raperos-, y estar delante de un público. El tipo se aferraba al micrófono como si fuera lo único que lo mantenía con vida, como si todo lo demás no importara si no tenía ese micrófono en la mano, y Bill no pudo evitar admirar esa clase de pasión, esa determinación tan evidente en el tipo; Bill podría incluso decir que conocía perfectamente ambos sentimientos…
Lástima que el tipo no tuviera lo suficiente para sobrevivir dentro del negocio de la música.
Hablaba con toda seriedad cuando le dijo a Andy que la decisión de los productores era la correcta, aunque no hubiera contado todas las razones por las que había sido lo correcto: el tipo tenía la imagen, el talento, que ni siquiera Bill podía seguir negando, tenía la pasión, la determinación que necesitaba para seguir adelante, pero aun teniendo todas esas cosas, le faltaba algo… Un «je ne sais quoi» que Bill, de alguna manera, veía en cada nuevo talento potencial…
Tal vez, pensó Bill, le faltaba la voluntad de dar, para obtener algo mucho más grande a cambio.
Una carrera.
De eso se trataba este negocio, ¿no?
Después de unos minutos más de ver al tipo interpretar otra canción, un par de ojos color miel se encontraron con los de él. Bill sintió cómo si algo le perforara por dentro y se asombró que de alguna manera esto pudiera ocurrir, ya que todo el club era un amasijo de sombras, si no fuera por las luces del escenario que se movían constantemente, que eran incluso un poco molestas. Pero cuando Bill miró aquellos ojos iluminados y llenos de fuerza, se dio cuenta de que no mostraban miedo, temor o cobardía. Eran unos ojos capaces de hacer que cualquiera se lo pensara dos veces, y de dejar un camino para seguir y descubrir lo que escondían.
Un nudo se le formó en medio del estómago, y no era causado por los nervios, eso era seguro. Era algo que iba más allá de los nervios, algo que había despertado la duda en su interior… Estaba completamente seguro de que aquel hombre no iría a ninguna parte en la industria; tenía una especie de ojo entrenado que reconocía automáticamente las estrellas ascendentes, y nunca se equivocaba, pero este pequeño e insignificante nudo en el estómago le hizo dudar por unos instantes.
Lo que le tranquilizó, sin embargo, fue que si, efectivamente, se equivocaba esta vez, podría aprovechar de alguna manera la situación… Jugar un poco. Siempre tenía tiempo para ganar un simple juego. Por no mencionar que estaba seguro de que lo ganaría, de todos modos.
Este hombre definitivamente no tenía idea de lo que tenía que estar dispuesto a dar si quería grabar…
… Al menos, por ahora.
Continúa.