Regreso a la laguna azul 11

Fic Twc de novaficacci. Temporada II

Cap 11: Recepción

– Vanessa ¿por qué no regresas al barco? – sugirió el capitán al ver aquella mirada en los ojos de su hija.

– Claro que no – contestó con una irónica sonrisa, – seguro tienen mucho que contarnos ¿no es así?

No había cosa que pudiese negársele a la chica. Siempre obtenía lo que quería; producto de una crianza sin una madre; y quedarse en tierra para averiguar más sobre aquellos hombres no iba a ser la excepción.

– Tom… ¿por qué no vas a la casa a ordenar un poco? – Bill miró al mayor, confiándole con la mirada, que debía esconder a los niños. Si los extranjeros no los conocían siquiera no harían preguntas sobre ellos.

– Sí – respondió rápidamente, bajando la mirada – Disculpen.

Salió corriendo hacia la selva. Daría toda la vuelta de ser posible, no quería que ellos y sobre todo la chica supieran dónde vivían.

– ¡Hey, Tom! – escuchó a sus espaldas y se detuvo a mirar, justo en el linde de los árboles. Bill le hacía señas – ¡Los llevaré a ver al abuelo! – el moreno asintió y siguió corriendo.

En la playa el rubio continuó hablando un poco con los marinos, queriendo distraerlos de la dirección que había tomado su amante y no pasó inadvertida la mirada que soltaron Vanessa y el tipo del rifle hacia Tom, es solo que no supo exactamente cómo clasificarlas.

– Por favor, síganme – les pidió y comenzó a caminar hacia el noreste.

La chica los siguió y cuando entraron a la maleza hecho una mirada vigilante, para asegurarse que nadie la veía escabullirse. Se situó al último de la compañía y se preparó para seguir al moreno, y descubrir qué estaban escondiendo. Se preparó para correr.

– ¡Oye! – se sobresaltó y miró al frente. El rubio la había pillado – Es por aquí – dijo fríamente y siguió caminando.

La tripulación que accedió a acompañarlos la miró con desaprobación. Ella soló bufó de frustración y se dignó a seguirles el paso.

El mayor se encontró caminando lentamente ya a pocos metros de llegar a casa. Estaba confundido. Esa chica no le inspiraba absolutamente nada de confianza, pero a Bill parecía agradarle en cierta manera ¿por qué? En realidad lo que reconocía en él era interés. Claro, eran extraños, era normal… pero a ella la encontraba mucho más fascinante que a los demás.

– Ella es una mujer, Tom y él es un hombre – se dijo a sí mismo. Luego frunció el ceño al recapacitar – ¡Yo también soy un hombre y no babeo por ella! – gruñó y entró corriendo a casa.

Abrió la cortina de David y no había nadie. Su corazón se detuvo por un instante y estuvo a punto de echar a gritar, cuando sintió unas manitas enganchándosele a la cadera. Miró rápidamente hacia su espalda y suspiró con alivio. El pequeño llevaba al menor en su espalda bien sujeto.

– ¡Te asusté, papi! – dijo sonriendo, inocente de todo.

– La verdad es que sí, mucho – se rio de puro nerviosismo. – Escucha, David – se hincó y lo tomó de los hombros – no quiero que salgan de la casa, ¿sí?

– ¿Por qué?

– Solo quiero que obedezcan, ¿sí? – la curiosidad del niño a veces lo turbaba un poco. Era bastante rebelde.

– De acuerdo… ¿dónde está mi papi? – sus ojos se abrieron, cuestionando.

– Tu padre… fue a ver al abuelo.

– Oh – el niño bajo la mirada y pestañeó un poco, recordándose a sí mismo que no debía llorar.

– No llores. – Tom extendió una mano y le acarició una mejilla con cariño – El abuelo quería que crecieras siendo fuerte y muy valiente – se inclinó para dejar un beso en su frente. – Ya debo irme. Alcanzare a tu padre. Cuida mucho a este pequeño – tomó a Gordon en brazos y lo meció de un lado a otro con una sonrisa, haciendo que el pequeño riera, luego lo regreso a brazos de su hermano. Le revolvió el cabello a David y se dispuso a salir – David – se detuvo. – No dejes que nada le pase a tu hermano, nunca. Y protégete a ti mismo también – su mirada expresó preocupación antes de irse.

El niño miró confuso la puerta por unos momentos, luego se sentó a jugar con el menor. Su padre había dicho que no se fueran, más no que no salieran de la cabaña.

&

Al norte de la isla Bill ya se encontraba frente a la tumba de su abuelo y de David. El capitán escuchaba con atención, pero Vanessa solamente rodaba los ojos, suspirando de aburrimiento.

– Mi padre, David Jost murió hace 17 años, aproximadamente. Y mi abuelo, Gordon Kaulitz hace 6 meses, apenas.

– ¿Por qué tienen apellidos diferentes? – cuestionó Jacob. Su hija paseaba la mirada distraídamente por todo el físico del rubio.

– Bueno… David no era mi verdadero padre, pero en realidad pareció haberlo sido…

– El señor Jost nos crio – fue interrumpido por una voz a su espalda. Todos miraron en esa dirección y se toparon con el moreno arribando. Se acercó y tomó la mano de Bill. La mujer enarcó una ceja en señal de despreció y fingió posar su atención en una de las tumbas.

– Llegamos aquí cuando teníamos casi doce años – todos se sorprendieron. – Él nos enseñó todo lo que sabemos, quiero decir, todo sobre lo que sobrevivir solos se refiere… Luego murió, meses después.

– ¿Y han estado solos desde entonces? – el capitán no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, parecía ser una historia fantástica.

– Nuestro abuelo encontró la isla cuando teníamos 19 – continuó Tom – y ofreció llevarnos de vuelta a la civilización… pero no quisimos. Así que nos quedamos aquí – bajó la mirada, recordando las circunstancias en las que los había encontrado el mayor.

– ¿Cuántos años tienen? – preguntó Vanessa de improvisto, repentinamente interesada.

– 22 – contestaron al unísono.

– Mmm, tengo una duda – contestó el marinero que había fijado su atención en Tom. Su mirada era aguda y calculadora – ¿Por qué hablan de estos fallecidos señores como si fueran parientes de ambos? – sonrió con malicia.

Bill abrió los ojos, habían cometido un error…

– Bueno, es verdad que el señor Gordon no es mi abuelo, en realidad – contestó rápidamente el moreno, con una sonrisa que transmitía absoluta confianza. – Sin embargo, ambos, Bill y yo somos amigos desde la infancia, desde muy pequeños y su abuelo siempre me consintió como si fuera su nieto en verdad. Yo me refiero al señor Jost como mi padre por la misma razón que Bill: nos enseñó a sobrevivir solos – el marinero bufó y desvió la mirada, apoyándose en su rifle.

– ¿Cómo cuentan los años? – se interesó Woods de nuevo.

– Jost nos enseñó a hacerlo. Contamos las lunas llenas. Doce lunas llenas hacen un año. También aprendimos a contarlas por nuestra cuenta – ambos rieron disimuladamente. Claro que llevaban cuenta de las lunas puntualmente.

– Celebramos Navidad, Año nuevo y Pascua, solo que no sabemos si lo hacemos en las fechas correctas – dijo Tom con una sonrisa. El marinero le miraba de arriba abajo, fijamente.

– ¡Es absolutamente increíble! Los dos solos, todos estos años en este lugar olvidado de Dios.

– Oh, no, Capitán – reprochó el mayor. – Dios no lo ha olvidado, para nada.

– Bueno, y ¿serán tan hospitalarios como para invitarnos a su morada? – preguntó Vanessa con una sonrisa tan falsa como decir que el cielo es amarillo.

Ambos se miraron estupefactos, visiblemente incómodos.

– Bueno, he de admitir que sería agradable experimentar una cena suya antes de que comencemos a explicarles lo que es vivir en sociedad. Claro, si a ustedes les parece.

Los gemelos se miraron una vez más y suspiraron, resignados.

– Claro que sí, pero les rogamos que dispongan de su tiempo libre mientras nosotros vamos a preparar la cena. ¿Harían eso? – dijo Bill.

La morena estuvo a punto de responder, pero su padre fue más rápido.

– Claro que sí, faltaba más. Mis marinos comenzarán a montar un campamento en la playa donde arribamos. Ahí esperaremos hasta que ustedes nos llamen.

Ella rodó la mirada una vez más, y torció los labios. Todos bajaron luego de eso.

Continúa…

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por novaficacci

Escritora del Fandom

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