Fic Twc de novaficacci. Temporada II
Cap 3: Los hechos de la vida
Los rayos de sol comenzaron a aparecer en el terreno. Las aguas se movían pacíficas. Y la familia dormía plácidamente en sus respectivas camas. Fue hasta dos horas más tarde que los gemelos se levantaron para llevar a cabo las actividades del diario: pescar en el caso de Bill y recolectar en el caso de Tom, todo para que una hora después todos se encontraran desayunado dentro de la choza. El pequeño comía silenciosamente con la mirada baja, el de rastas le miraba con preocupación, cosa de la que se percató su hermano.
– David – le llamó y el niño levantó apenas la mirada – no quise regañarte ayer – se disculpó – pero nos interrumpiste cuando estábamos haciendo algo que a tu padre y a mí nos gusta mucho – le explicó calmadamente.
– ¿Qué estaban haciendo? – preguntó curioso, pero reservado aun.
El rubio miró a su gemelo, quien le daba de comer a Gordon que balbuceaba y tragaba rápidamente mirando a su padre. Tom asintió y contestó en su lugar mientras le tendía la cuchara de madera al menor para que siguiera su trabajo alimentando a su hijo.
– Es algo que hacen dos personas cuando se aman como pareja. Es una forma más para demostrarse que se quieren – David asintió y comenzó a comer de nuevo, más animado, sus padres le habían contestado algo. – Hoy vamos a dejar que nos preguntes lo que quieras, y lo responderemos, claro.
Cuando terminaron de comer e hicieron limpieza, se encaminaron hacia la cascada con la intención de bañarse. Fue ahí cuando los gemelos le relevaron mucha información sobre la vida, información que aplacó al pequeño por toda una semana.
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David nadaba con un poco de dificultad hacia donde se encontraban sus padres, desnudos, sentados en la roca y bañando a su hermanito, que no hacía más que agitar sus manitas y seguir balbuceando.
– ¡Papi! – llamó, entusiasmado, mirando a Tom. – ¿Qué es lo que tenemos entre las piernas? – le habían prometido respuestas, sus padres tendrían que contestar a todo lo que preguntara.
Bill sonrió mientras tallaba la cabeza del bebe con un jabón especial que ellos habían creado.
– Pues lo que tú, tu hermano, tu padre y yo tenemos se llama pene.
– ¿Pene? – preguntó, con el ceño fruncido, asombrado por el nombre, que sonaba gracioso. El rastudo asintió y se dedicó a lavar los brazos del pequeño. – Papá, ¿cómo es la vida? – Ambos se sorprendieron mucho con esa pregunta de una buena manera, era en cierta forma una pregunta muy adulta. – Hay muchas cosas que no se… por ejemplo ¿qué era lo que se escuchaba ayer?
– Esos eran tambores – contestó Bill, serio – pon atención David. Ayer Tom te explicó sobre las distintas personas del mundo ¿cierto? – El niño asintió – Bueno, hay personas que viven en otra isla y vienen aquí cada luna llena. Ellos tocan los tambores. Pero escúchame, jamás, y me refiero a que JAMÁS intentes encontrarlos.
– ¿Por qué?
– Porque son gente mala – dudo un momento en si decirle la verdad – esa gente adora a un dios distinto al nuestro… cada luna llena eligen a alguien de su propia gente y lo matan – El niño lo miró con ojos aterrorizados, sabía que era la muerte, ellos le habían explicado cuando Gordon murió. No lo habían descrito como algo malo, sino como algo que todos hacían, pero a sus oídos infantiles matar tomaba un significado escabroso. – No vas a ir a verlos nunca ¿cierto? – el niño negó enérgicamente y alzó los brazos para que Tom lo levantara, cosa que hizo y después empezó a tallar su cabello.
Minutos después todos se sumergieron en el agua para lavarse aquella mezcla de nácar, piel de coco, sábila y sal. Luego regresaron a la cabaña para terminar de secarse. David iba fuertemente abrazado al cuello de Tom y se negaba a soltar. Ni siquiera cuando la lluvia comenzó a caer y su padre le pidió correr por sí solo.
Ya dentro de la cabaña y sentado en el lecho de los mayores su curiosidad regresó y comenzó a preguntar más cosas. Gordon estaba dormido y Bill lo arrullaba. Afuera la tormenta picaba el mar.
– ¿Cuáles son los hechos de la vida? – el de rastas suspiró y se sentó a su lado.
– Cuando te conviertas en hombre…
– ¿Cuándo va a pasar eso? – interrumpió.
– Bueno… no es una edad precisa. Cuando te conviertas tú lo sentirás. Pero bueno. Cuando crezcas tu cuerpo cambiará, tendrás músculos como los nuestros, tu voz se hará más grave y te saldrá barba. Creo que te quedaría bien la barba – rio y acarició el mentón del niño – a menos que decidas afeitarla.
– Afei… ¿qué?
– Afeitarla, es decir, cortarla. Cuando seas un poco más grande ambos te enseñaremos a hacerlo – David asintió. – Ahora bien… – ahí iba la parte difícil – ambos, tú y tu hermano podrán tener bebés cuando crezcan – comenzó a explicar pausadamente, – ambos lo sentirán en sus corazones, cuando estén listos. Ten en cuenta que Gordon es tres años menor que tú, y aunque tú te sientas listo debes dejar que él también lo sienta. No busques forzarlo a algo que no desee hacer todavía – miró intencionalmente hacia arriba, y ahí de pie Bill sonrió al recordar como su gemelo lo había rechazado cuando él quería copular. El niño lo miraba con el ceño fruncido, su pequeño pero inteligente cerebrito buscaba aprenderse bien lo dicho por su padre, así como hallarle completo sentido. – Cuando ambos estén listos necesitarán del otro para poder concebir un bebé… bebé que estará dentro de la barriga de alguno de los dos.
– ¿Dentro? – se tocó su estómago, lo que el mayor le decía le parecía cada vez más confuso.
– Sí… hay un lugar dentro de los dos donde el bebé está cómodo, calientito y seguro, hasta que está listo para salir al mundo después de nueve meses.
– ¿Cómo entra ahí el bebé?
– Bueno… – Bill acostó al bebé rápidamente y fue a sentarse del otro lado del pequeño para contestar él ahora.
– Cuando ambos están listos se acuestan juntos, muy juntos y…
– Ya se – dijo de pronto el niño – es como las iguanas, que están tan juntas que no sabes dónde empieza y termina una. Luego tienen bebés al poco tiempo. ¿Es así?
– Sí… más o menos.
– ¿Y eso es lo que había esperado escuchar todo el día? – preguntó, estupefacto. Ahora se sentía tonto.
– Bueno, hay un par de cosas más que debes saber. Cuando comiencen a abrazarse de esa forma tu hermano y tú, si no desean tener bebés todavía, es mejor terminar fuera – El niño lo miró totalmente confundido ¿qué era aquello de terminar? – Y otra cosa… cuando el bebé venga al mundo… no podrá hacerlo solo. Si tu hermano es el que tenga al bebé entonces deberás tomar un cuchillo especial que guardamos en esa caja – señaló hacia la esquina, debajo de la cuna de Gordon. Tom se levantó y la trajo consigo – y deberás abrir su barriga para sacar al bebé – David puso expresión de horror, y la mantuvo mientras sus dos padres le explicaban para qué servía cada cosa, qué debía hacer y cómo sería, todo superficialmente. También le dijeron que existía la posibilidad de que él no tuviera que hacerlo, sino el pequeño. De igual forma, le hicieron saber que eso no tenía por qué pasar, si ninguno de los dos quería.
Cuando terminaron el pequeño calló por un muy buen rato, parecía estar pensando. En ese lapso los gemelos salieron a por comida de nuevo, generalmente fruta porque aún llovía a cántaros y apenas acababa de pasar el medio día. Cuando regresaron, empapados por completo, el menor los miró atentamente y sus ojos se iluminaron.
– ¿Lo que hacían ayer es lo que acaban de explicarme? – Ambos se sonrojaron y lo miraron sorprendidos, para su corta edad ya era muy inteligente – se abrazaban muy fuerte. ¿Duele? A papi parecía dolerle – Tom rio de los nervios y Bill solo hizo una mueca.
– Sí David, era lo que hacíamos y necesitamos estar solos cuando lo hagamos – Dijo el mayor con la voz airada – No, no duele… – El pequeño asintió, seguro de sí mismo.
– ¿Quieren tener otro bebé? – preguntó, inocente.
– No David, eso… bueno, se usa más para demostrarse cariño que para tener bebés – Bill dijo riendo, sin percatarse de que a su lado Tom tenía los ojos abiertos, llenos de pánico al recordar que precisamente la noche anterior había sido luna llena y se le había ocurrido dejar que el otro terminase dentro de su cuerpo.
– Bill – llamó con la voz temblorosa y tocó su hombro. El menor seguía explicándole un poco al niño, pero se detuvo y escuchó atentamente a lo que su gemelo le susurraba. Lentamente su sonrisa se fue borrando.
Después de que Tom se alejó con expresión preocupada Bill no dijo nada y de improvisto fue a dar contra el suelo: se había desmayado.
Continúa…
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