Silent promise 1

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 1

En este puto mundo del narcotráfico tienes que tener tres cosas claras. Son las normas para que no te la jueguen, y son sencillas:

Primera regla: La lealtad no se compra, se gana con sangre. Y si se rompe, se paga con sangre.

Segunda regla: Los secretos son el alma del negocio. Si le sueltas un dato a alguien, esa persona tiene tu vida en sus manos.

Tercera y última: No existen segundas oportunidades. Aquí perdonar es morir.

Mi padre me las enseñó cuando mi hermano y yo estábamos empezando a ser formados para meternos de lleno en el negocio. Las aprendimos bien. Con Travis las vivimos y las respiramos cada maldito día desde que entramos en este infierno. Y Werner las pasó por alto todas.

Werner Fischer.

Mi socio durante cuatro años. Un tío en el que había confiado. Sí, error mío, siempre lo es. Compartía mesa conmigo y con Travis, conocía cada movimiento del Clan Geist antes de que pasara. Se ganó la confianza de mi padre cuando montamos la nueva organización sobre las cenizas del Clan Trümper. Pero hace tres meses empezamos a perder cargamentos. Primero fue en el puerto de Hamburgo, cinco toneladas de coca interceptadas por la DEA. Después uno en la frontera con Holanda, otros tres embarques perdidos. Más tarde, un almacén en Berlín fue allanado. Diecisiete de mis hombres detenidos. Millones perdidos.

Al principio pensé que habíamos fallado nosotros: que la DEA había mejorado, que había un fallo en seguridad. Pero no. Era Werner. ¿Cómo lo supe? Solo Travis, él y yo conocíamos los detalles de esos movimientos: rutas, fechas, contactos. Nadie más. Y cuando la DEA apareció justo donde debía, en el momento exacto, encajaron las piezas.

Werner nos estaba vendiendo.

Me costó dos semanas confirmarlo. Un contacto de la calle me soltó la pista: Werner quedaba con alguien, reuniones nocturnas en sitios discretos, llamadas encriptadas, movimientos de dinero a cuentas offshore.

Son las tres de la mañana y lo confirmo mirando la hora en mi reloj. Les caímos a su Clan por sorpresa, justo mientras dormían. Fue fácil liquidar a sus hombres rápidamente. Estamos en una de sus casas de seguridad, en el salón, está muy bien amueblado, con cosas que parecen carísimas. Estoy delante de Werner Fischer, con Travis al lado. Los dos con las manos en los bolsillos, tranquilos, como si estuviéramos hablando de la otra cosa más tonta del mundo. Pero la calma engaña, siempre engaña con nosotros.

A nuestros pies, en el suelo frío de cerámica, están los cuerpos de los hombres de Werner. Quince en total. Mis muchachos se encargaron de ellos rápido y sin hacer ruido; no hizo falta que Travis o yo tuviéramos que disparar. Para eso tengo un equipo leal. Un equipo que sabe que la traición se paga con sangre. Ahora la cerámica blanca que antes brillaba está manchada.

El olor de la sangre flota en el aire; repugna a cualquiera que no esté acostumbrado a tener las manos manchadas de ese líquido rojo.

De esos quince, solo quedan dos vivos. Werner, de rodillas, el rostro hinchado y sangrando. Y Henrik, su mano derecha, arrodillado junto a él con las manos temblando. Los dos están cagados de miedo porque saben qué les espera. Werner intenta mantener la compostura, pero se le ve el terror en los ojos.

Eso me satisface. Así debe ser… que me teman.

Mis hombres forman un semicírculo detrás de nosotros. Georg. Andreas. Harry. Todos esperando mis putas órdenes.

—Werner— digo al fin, mi voz sale tranquila, casi suave —¿Sabes por qué estás aquí?— él traga saliva. Los labios se le mueven pero no sale sonido, y eso me arranca un resoplido. —Respóndeme— insisto, sin cambiar el tono. Me mola parecer calmado por fuera cuando por dentro me hierve la rabia.

—Klaus, yo… yo puedo explicar— titubea.

Cuando mi padre cerró tratos con él, porque Werner nos daba la información para negociar con los cárteles pequeños que nos fueron llevando hasta donde estamos, no le contó que éramos los mismos que llevaban el Clan Trümper. Ese secreto solo lo sabemos los de confianza, nadie más. Ahora me llaman Klaus, por mi segundo nombre, porque Tom Trümper murió.

—No te pedí explicaciones— lo corto, relamiéndome los labios con calma —Te hice una pregunta. ¿Sabes por qué estás aquí?— se lo repito.

—S-sí— susurra con voz temblorosa.

—Bien. Eso es un comienzo— le digo con un leve asentimiento. Travis se mueve junto a mí y se cruza de brazos. Su presencia es una sombra amenazante; no tiene que decir nada, su silencio ya asusta. Y me dejó esto en las manos cuando le conté el plan de ir a por este gilipollas —Tres cargamentos, Werner— continúo —Cinco toneladas de coca. Diecisiete de mis hombres arrestados. Millones perdidos. Y todo porque tú abriste la boca.

—¡Yo no quería!— estalla Werner de repente con la voz rota —¡Me obligaron, Klaus! ¡No tuve opción!

Doy un paso hacia él, desenfundo el arma con calma y mi cara no cambia. —Mantén la puta boca cerrada— ordeno, con voz dura, intimidante pero disfrazada de paciencia; eso hace que Werner se encoja —No me valen tus excusas. Solo quiero una cosa— paso el filo del cañón por mis labios —¿Con quién estás trabajando?

Werner vacila. Veo cómo su cabeza busca una salida que no existe. —Yo… yo no…

—Responde a mi pregunta— repito, perdiendo la paciencia —¿Con quién trabajas para hundirnos?

—Klaus, por favor, yo…

—¡¿Con quién, Werner?!— grito; mi paciencia se ha agotado y él se sobresalta. Me agacho frente a él, le miro a los ojos —Respóndeme ahora o te juro que te quedarás sin una oreja. Chasqueo los dedos y mis hombres se encargan.

Él abre la boca, pero solo sale un gemido patético. Suelto un suspiro. —Tú te lo has buscado— sentencio y chasqueo los dedos.

A estos inútiles hay que tratarlos como a los críos tercos: cuando no aprenden, se castiga para que entiendan que no es un juego. Harry reacciona al notar el chasquido. Saca una navaja del bolsillo del pantalón, pulsa un botón y la hoja sale en un salto; el metal brilla bajo la luz tenue del salón. Se acerca a Werner, que empieza a hiperventilar.

—¡No, no, no! ¡Espera!— grita, desquiciado, la voz subiéndose varias octavas. Harry apoya la navaja en su oreja. La presión hace que una gota de sangre resbale por su cuello. Werner chilla; es un sonido agudo, desesperado, como un cerdo antes del sacrificio. —¡Está bien! ¡Está bien! ¡Te lo diré!— suelta, en pánico, llorando como una niña —¡El Cártel Nexus! ¡Trabajo para el Cártel Nexus!

Hago una seña con la cabeza. Harry se echa atrás pero mantiene la navaja visible. Werner respira entrecortado, las lágrimas se mezclan con la sangre en su cara. Se le pegó una buena paliza cuando llegamos… —Nexus— repito, saboreando el nombre —Uno más entre muchos, qué interesante.

—No trabajé con la DEA, Klaus, lo juro— Werner habla atropellado, intentando salvarse la vida —Nunca con el Estado, ni la Marina, ni el FBI. Fue Nexus. Me contactaron hace meses. Me dijeron que si no cooperaba matarían a mi familia. ¡No tuve opción!

Sé que me miente, pero ¿por qué no hacerle creer que sí le creo? —Siempre hay una opción— respondo frío —Podías haber venido a mí. Podías haber contado la verdad, pero elegiste traicionarnos.

—¡Tenía miedo!— balbucea, suplicando.

—Y ahora tienes aún más razones para tener miedo— me levanto, rozando la punta de la pistola en su frente y deslizándola por la mejilla hasta el mentón; le levanto la cabeza. Mis ojos se clavan en los suyos otra vez, y él tiembla. Joder, es fascinante. —Dime una cosa, Werner. ¿Quién es Raven?

Se le queda la cara más pálida, si eso es posible. —No… no lo sé— musita —Nadie lo sabe. Solo recibía órdenes, mensajes encriptados. Nunca vi su cara, nunca oí su voz de verdad.

Asiento despacio y miro a Travis mientras aparto el cañón del arma de su piel; eso hace que respire algo más tranquilo. Mi hermano también me mira. —¿Le crees?— me pregunta.

Me encojo de hombros. —No lo sé— murmuro. Esto es un juego; lo que buscamos es Werner pierda la calma. Mis ojos vuelven a su puto rostro —¿Qué te ordenó Raven?

—Que…— traga saliva —Que les pasara información sobre tus movimientos. Tus rutas. Tus cargamentos. Que ayudara a debilitarte— traga otra vez —Nexus quiere tu territorio, Klaus. Quiere que el Clan Geist caiga para ocupar tu lugar… eso es lo que me dijeron.

Desvío la mirada al suelo y proceso la información.

No trabaja para la DEA directamente, me he equivocado ahí… solo se alió con el Cártel Nexus. Hum… un nombre que últimamente se oía cada vez más en el submundo. Una organización dirigida por alguien que solo se hace llamar Raven. Nadie lo ha visto. Nadie sabe quién es en realidad. Opera en las sombras, moviendo piezas como un puto maestro de ajedrez invisible.

Y si Werner solo ha pasado info a esa organización y ha sido la DEA la que interceptó, entonces Nexus estaba aliado con ellos. ¡Ja! Eso pone las cosas más interesantes. Y más peligrosas también. Werner no solo nos traicionó. Nos vendió a quienes, a partir de ahora, son nuestros enemigos. A una organización que quiere vernos caer para quedarse con nuestras rutas, nuestros contactos, nuestro imperio.

Y eso no lo puedo permitir.

Porque estar arriba en este mundo no es solo por poder o pasta. Es supervivencia. Es tener los recursos para encontrar a quien realmente me importa. Brian. Ese hijo de puta que me quitó todo junto a las perras de Nathalie y Ría, esa cucaracha que ahora se esconde como rata, montando su puto imperio desde las sombras mientras yo lo busco cada segundo.

Al parecer la DEA lo tuvo bajo custodia, pero el imbécil, por haber hecho favores a otros narcos, logró escapar con ayuda de ellos. Para encontrar a Brian necesito ser intocable, necesito que el Clan Geist crezca. Necesito estar en la cima, como lo estuvo el Clan Trümper, al que destruimos para salir del radar de la DEA; si no, estaríamos siempre escondidos. Y eso, para gente como nosotros, no vale.

Y nadie, absolutamente nadie, se va a interponer en mi camino. —Nexus…— susurro, llamando la atención de mi hermano; me mira al instante —Raven… una organización fantasma que se alía con la DEA para cargarse a la competencia y crecer en la oscuridad.

—Mierda…— gruñe Travis.

—¿Algo más que deba saber?— pregunto a Werner.

Él duda, y Henrik, a su lado, solloza en silencio. —Nexus… está creciendo rápido— admite Werner —Tienen contactos por todos lados. Europa, América, Asia. Son… más grandes de lo que crees.

—Gracias por la información, Werner— digo, esbozando una sonrisa torcida. Su cara muestra un hilo de esperanza; qué patético.

—¿Entonces… me vas a dejar ir?— pregunta.

Eso, sin querer, me arranca una risa sin alegría. Mis hombres y mi hermano se ríen detrás; esto es demasiado divertido. ¿Cómo va a pensar que lo voy a dejar ir así, por las buenas? —No— espeto, dejando de reír de golpe. Su esperanza se desmorona al instante cuando oye mis palabras —Has roto las tres reglas, Werner. Y ya sabes lo que eso significa.

—¡Klaus, por favor! ¡Tengo familia! ¡Tengo…!

Chasqueo los dedos otra vez; no quiero oír más. Entonces suena el disparo de Georg en la bodega y Werner cae desplomado de bruces; tiene un agujero limpio en la frente del que brota sangre a raudales. Queda con los ojos abiertos, vacíos, mirando a la nada. Henrik grita, se me olvidó decir que es su hermano pequeño… su mano derecha. Travis se acerca mirándolo con desprecio.

—Tienes dos opciones, Henrik— le dice —O sigues el camino de tu hermano, o trabajas para nosotros. ¿Qué eliges?— le suelta una sonrisa.

Henrik es un crío de dieciocho años y está temblando, sollozando. —Yo… yo trabajaré para vosotros— dice con la voz hecha un nudo —Lo que queráis. Solo… por favor, no me matéis.

—Bien— mi hermano le da una palmada en el hombro —Bienvenido al Clan Geist. A partir de ahora tu nombre es Voss, ¿entendido?— el chico asiente como un loco —Y recuerda: aquí la lealtad lo es todo. Si alguna vez piensas en traicionarnos…— señala el cadáver de Werner —Ya sabes cómo acaba la historia.

Henrik asiente otra vez, rapidísimo, desesperado.

—Andreas, haz que Raven encuentre el cuerpo de este idiota— ordeno, señalando el cadáver con la pistola —Y dejadles un mensaje claro: Geist le declara la guerra a Nexus. Que todo el mundo lo vea junto al cuerpo de Werner.

—Sí, jefe— me responde con un asentimiento. Andreas disfruta este tipo de cosas más que nadie en la organización. Dejo la orden clara y me doy la vuelta, camino hacia la salida de la casa; Travis me sigue.

—¿Qué hacemos con Nexus?— pregunta en voz baja —Si les vamos a declarar la guerra, hay que estar preparados, hermano…

—Investigamos— respondo —Averiguamos quién es Raven. Dónde opera. Cuáles son sus puntos débiles. Y luego… lo destruimos.

—¿Y si son tan grandes como dice Werner?

Me paro en la puerta y miro hacia atrás por encima del hombro. El cuerpo de Werner, la sangre en el suelo, los muertos. Este ha sido mi mundo siempre: sangre, muerte. Y ahora, venganza. Tengo que encontrar a Brian cueste lo que cueste, porque no tengo nada que perder.

Lo perdí todo hace diez años.

Y eso me convierte en el tipo más peligroso de todos. —Entonces será una guerra interesante— digo al final —Pero, siempre ganamos.

&

Tras una madrugada movida y entretenida, nos fuimos al bar. Solo vinieron Andreas, Harry, Georg, Voss, Travis y yo. El olor a sangre que llenaba mis fosas nasales se ha sustituido por humo de cigarrillo y alcohol. Brindan, animando a Voss a relajarse como si nunca le hubieran matado al hermano delante de sus ojos.

Pero bueno, ya forma parte del Clan. Hay que tratarlo como tal… como uno de los nuestros. Así que brindan, celebrando la victoria sobre Werner y el desmantelamiento de su pequeña operación traidora. Yo no. Estoy sentado al final de la barra, girando un chupito de vodka entre los dedos, mirando cómo el líquido atrapa las luces tenues.

Nexus. Raven. Otra amenaza. Otro obstáculo en mi camino.

Pero también, quizá, una pista.

No lo sé.

Porque si Nexus crece tan rápido, si tiene contactos por todos lados, si actúa desde las sombras… ¿qué tiene de distinto de lo que estaría haciendo Brian? La idea se planta en mi cabeza como una semilla, se entierra ahí y me obliga a pensar a fondo. ¿Y si Brian y Nexus están conectados? ¿Y si Raven no es más que otro nombre? ¿Otra máscara?

No.

Probablemente sea solo paranoia. Un deseo irracional de un tío desesperado por encontrar al responsable de su dolor. Yo soy ese tío. Y aun así no puedo descartar la posibilidad porque la semilla ya está ahí y va a crecer.

—Eh, Klaus ¿estás con nosotros?— la voz de Travis me saca de los pensamientos.

Levanto la mirada y veo varias miradas clavadas en mí. Esbozo algo que pretende ser sonrisa pero no llega a los ojos. —Siempre— respondo, y alzo el vaso. Ellos hacen lo mismo al verme «unirme» a la celebración. Llevo el borde del chupito a los labios y doy un trago. El vodka quema al bajar. Pero el fuego en el pecho, la rabia, la sed de venganza, quema más.

Han pasado diez putos años; diez años tragando el dolor de no tenerlo, extrañándole, viviendo con su fantasma torturándome. Buscando a quien me lo quitó todo y ahora tengo un nombre más para investigar. Espero que Nexus y el cártel de Brian estén ligados. Si Nexus me lleva hasta ese cabrón, todo esto habrá merecido la pena. Pido otro chupito con un gesto al barman.

Esta noche, como todas en estos diez años, necesito ahogar recuerdos. Los recuerdos de mi moreno. Sus ojos, su risa, su calor. Todo lo que perdí. Todo lo que me arrebataron de forma salvaje. Y mientras el vodka quema y la oscuridad me envuelve, hago la misma promesa que me repito cada noche de esta década interminable.

Vengaré a mi moreno…

Encontraré a Brian y le haré pagar: por mi moreno, por nuestros hijos, por todo.

El vaso vacío golpea la barra; el barman lo entiende y lo rellena. Otro más. Siempre otro más. Porque sin alcohol, los fantasmas son demasiado reales. Mi moreno. Mi todo. Mi razón para respirar en un mundo que no merecía respirarse. Nuestros hijos. Esos bebés que apenas llegaron a abrir los ojos. Gemelos, dos vidas pequeñas y perfectas que Brian apagó antes de empezar. Aprieto el vaso con tanta fuerza que los nudillos se me ponen blancos.

—¿Otro?— pregunta el barman, al ver de nuevo el vaso vacío.

Asiento sin hablar, porque ni idea de cuántos chupitos llevo. ¿Tres? ¿Siete? Dejé de contar hace años. Dejé de contar muchas cosas hace años. La única manera de que duela menos es beber hasta olvidar mi nombre.

—Werner era un cobarde— oigo a Travis —Siete años currando con nosotros y nos traiciona así. Jodido hijo de puta… Klaus, ¿cómo lo descubriste?

—Un contacto— respondo con indiferencia —Me pasó los registros de comunicación: llamadas encriptadas, encuentros en moteles cutres. Werner les estaba dando todo en bandeja. Incluso prometió entregarme en persona en el siguiente intercambio de mercancía, el jueves…

Andreas suelta un silbido bajo. —Hijo de puta.

—Hijo de puta muerto— corrijo —¿No lo crees, Voss?

El chico me mira, con miedo todavía en la cara. Traga saliva y asiente casi sin que se note. —S—sí, jefe…

Me río, pero sin gracia. Solo amargura. Travis se acerca y apoya una mano en mi hombro; sabe lo que me pasa, sabe en qué pienso ahora. —Llegaremos hasta el final de la cadena.

—Brian está ahí, en algún sitio— susurro, con la mirada perdida.

—Lo encontraremos— promete mi hermano.

—Lo encontraré— corrijo, mi voz sale tan fría que hasta el aire parece helarse —Y cuando lo haga, deseará no haber nacido. Le haré sentir cada gramo del dolor que Bill sufrió. Multiplicado por mil.

Travis aprieta mi hombro. —Por Willem— dice en voz baja.

Cierro los ojos. Ese nombre es un puñal en el pecho. Joder, hace años que no dejo que nadie lo diga cerca de mí, pero escucharlo de Travis duele distinto. Duele porque me recuerda que mi moreno existió, que no es solo una alucinación de mi mente destrozada por el alcohol y la culpa.

—Por mi moreno— repito con la voz rota, apenas un susurro —Y por mis hijos…

Alzo el vaso otra vez; ellos me acompañan y Henrik no entiende de qué hablamos. Mejor que no lo sepa. Esta vez, mientras el vodka baja por la garganta, me permito sentir: la rabia, el dolor, ese vacío infinito que ha sustituido todo lo que un día fue amor. Porque eso es lo único que me queda. Y con eso, con esta rabia y este vacío, alimentaré mi venganza hasta que Brian pague. Hasta que pueda mirar al cielo… si mi morenito está en algún sitio mejor que este infierno… y decirle que por fin lo conseguí. Que cumplí la promesa y lo hice pagar por todo…

Porque es lo único que puedo hacer ya.

Lo único que me queda de Willem son fantasmas y promesas rotas. He aprendido a vivir en las sombras, alimentándome de la oscuridad, convirtiéndome en el monstruo que Brian creó al quitarme mi luz. En estos diez años, Tom Trümper dejó de existir. El tipo que era, el que levantó un imperio con su padre y su hermano, el que se partía de risa con los colegas, el que le decía «te amo» a mi moreno cada vez que podía, murió con Willem.

Lo que queda es un fantasma. Un jinete espectral que cabalga por el inframundo del narcotráfico con un único objetivo.

Venganza.

—Mañana seguimos— anuncio, dejo el vaso en la barra y me levanto —Caerán más cárteles y hay más pistas que seguir.

—¿A dónde vas?— pregunta Travis.

Me ajusto la chaqueta negra y mis ojos, tan parecidos a los de Bill pero ahora vacíos de toda calidez, se clavan en mi hermano. —A buscar a alguna puta con la que distraerme— respondo. Travis me mira con desaprobación —Seguid celebrando, no me necesitáis para eso…

—Quédate con nosotros, hombre…

—No— espeto serio —Nos vemos mañana. Vete a casa, Travis, no vaya a ser que Melannie se enfade otra vez.

Dicho eso, sin escuchar lo que me contesta porque no me entero, me abro paso entre la gente en la pista y avanzo hacia el escenario, donde las bailarinas del local se mueven en los tubos con ropa que apenas les cubre lo íntimo. Miro directo a Vanessa, una de mis mejores bailarinas… la hija de uno de los jefes de esas muchas organizaciones pequeñas que destruí para hacer crecer mi organización junto a mi hermano y por compasión, me la traje conmigo.

Se convirtió en mi perrita personal; cuando noto sus ojos fijos en mi, hago un gesto de cabeza y ella se baja del escenario y viene al encuentro. Es rubia, ojos verdes, piel blanca. Tiene un cuerpo bueno, pero no es más que eso, una carita mona y un cuerpazo con el que distraerme. Nada más.

—¿Vamos a los camerinos?— me pregunta con voz llena de lujuria.

Sonrío. —No, vamos a mi apartamento.

—Encantada…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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