Silent promise 12

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 12

By Bill

Han pasado tres semanas desde el funeral.

Tres semanas en las que he estado yendo a terapia como lo ordenó Crawford, sesiones obligatorias. Dos veces por semana, sin excepciones. La doctora Hoffman ha sido… paciente. Más de lo que merezco, probablemente.

En estas sesiones hemos hablado de todo. De la culpa que me come vivo cada vez que cierro los ojos y veo la cara de Marcus. De cómo me despierto en mitad de la noche con el sonido de la explosión todavía resonando en mis oídos. De cómo cada vez que paso por el despacho que Marcus solía ocupar, siento como si alguien me clavara un cuchillo en el pecho. Y Xavier no colabora mucho…

Hemos hablado de mi amnesia, de ese vacío enorme donde debería estar mi vida antes del coma. De cómo a veces me miro en el espejo y no reconozco completamente al hombre que me devuelve la mirada.

Hemos hablado de mi incapacidad para conectar emocionalmente con la gente. De cómo Sheryl es prácticamente mi única amiga real. Y hemos hablado de los sueños, esos malditos sueños que no me dejan en paz. Hoy me encuentro, como todos los días de terapia, sentado en ese sillón de cuero marrón frente a la doctora Hoffman. Es miércoles, una de la tarde. El sol entra por la ventana, creando patrones de luz en la alfombra color marrón.

La doctora está en su sillón habitual, con su libreta en el regazo y sus gafas colgando de una cadena. Me mira con esa expresión serena que siempre tiene, paciente, esperando.

—Tuve el sueño de nuevo— digo sin preámbulos.

Sus cejas se alzan ligeramente. —¿El de los bebés?

—Sí, anoche. Exactamente igual que la primera vez. En el avión, ¿te acuerdas? Te lo conté.

—Me acuerdo perfectamente— dice, anotando algo —Cuéntamelo de nuevo. ¿Hubo alguna diferencia?

Cierro los ojos, dejando que las imágenes vuelvan. —No. Todo igual. La habitación de bebés, el niño en mis brazos, yo cantándole. Y luego… la voz detrás de mí.

—La voz del hombre con trenzas— dice la doctora.

—Sí. Diciéndome que le gusta escucharme cantar y yo respondiéndole que puedo cantarle a él también. Llamándolo… llamándolo amor.— mi voz se quiebra ligeramente en la última palabra. —Y entonces me doy la vuelta y está ahí, con la niña en brazos. Esas trenzas africanas cayendo sobre sus hombros. Pero sigo sin poder ver su cara. Está… borrosa. Como si hubiera niebla.

—¿Y qué te dice?

—Lo mismo «¿Tienes idea de cuánto te amo, moreno?»— repito las mismas palabras exactas —Y entonces me despierto. Con los brazos vacíos, con ese… ese vacío horrible en el pecho.

La doctora escribe algo más en su libreta. —Benjamín, hemos hablado antes sobre la posibilidad de que estos sueños sean recuerdos fragmentados. Cosas que tu subconsciente está intentando traer a la superficie.

—Lo sé.

—Y también hemos discutido la posibilidad de que sean proyecciones, deseos. Cosas que tu mente anhela pero que nunca tuviste realmente.

—También lo sé.

—¿Qué crees tú que son?

Respiro hondo —No lo sé— admito —A veces se sienten tan reales que juraría que son recuerdos. Puedo sentir el peso del bebé en mis brazos, puedo oler su cabello, puedo escuchar la voz de ese hombre como si estuviera aquí mismo, en esta habitación.— hago una corta pausa. —Pero otras veces pienso que tal vez estoy perdiendo la cabeza. Que mi cerebro está inventando cosas para llenar el vacío, para darme algún tipo de… de contexto emocional que me falta.

—¿Y el hecho de que el sueño se repita?— pregunta la doctora —¿Qué te dice eso?

—Que mi subconsciente es persistente, supongo.

Ella sonríe ligeramente. —O que está intentando decirte algo.— dice —Benjamín, en todos los años que llevo haciendo esto, he aprendido que la mente rara vez hace cosas sin razón. Si estás soñando lo mismo repetidamente, especialmente después de un evento traumático como el operativo fallido, es porque hay algo ahí. Algo importante.

—¿Como qué?

—Eso solo tú puedes saberlo. Pero déjame preguntarte algo. En el sueño, cuando ese hombre te llama «moreno», cuando dice que te ama… ¿cómo te hace sentir?

Cierro los ojos de nuevo, pensando un poco —Como… como en casa— digo finalmente y abro mis ojos —Como si esa fuera mi vida real y esto, todo esto, fuera la pesadilla. Como si hubiera perdido algo tan fundamental, tan importante, que mi alma lo extraña…

—Eso es muy específico, ¿sabes?…

—Lo sé.

—¿Y has considerado la posibilidad de que tal vez sí tuviste eso? ¿Que tal vez antes del coma, antes del accidente, tuviste una pareja? ¿Hijos?

La idea me golpea como siempre, dolorosa, devastadora. —Si los tuve, ¿dónde están ahora?— pregunto y mi voz sale más amarga de lo que pretendía, más seria —¿Por qué nadie vino a buscarme cuando desperté del coma? ¿Por qué no hay registros? ¿Por qué…?

—Hay muchas razones posibles— me interrumpe la doctora suavemente —Tal vez murieron. Tal vez te creían muerto a ti o tal vez había circunstancias complicadas que no conocemos. La amnesia postraumática es un área gris, Benjamín. No hay respuestas fáciles.

—Entonces, ¿qué se supone que debo hacer?— pregunto, frustrado —¿Seguir teniendo estos sueños torturadores? ¿Seguir sintiendo este vacío? ¿Seguir sin saber quién coño soy realmente?

—No— dice con firmeza —Sigues viviendo, sigues construyendo tu vida como Benjamín Keller. Y si los recuerdos vuelven, los recibes. Y si no, aprendes a vivir con la incertidumbre.— fácil decirlo. Más jodido hacerlo. —Pero hay algo más que quiero discutir contigo— continúa la doctora, su tono cambiando ligeramente a uno más firme, más serio —Algo que hemos tocado superficialmente pero que creo que necesitamos explorar más profundamente.

—¿Qué?

—Tu incapacidad para abrirte emocionalmente. Para permitir que la gente entre en tu vida de forma significativa.

Ah, eso.

—No es que no pueda— me defiendo —Es que… no quiero.

—¿Por qué no?

—Porque…— busco las palabras agitando de forma imperceptible la cabeza —Porque se siente mal. Como si estuviera traicionando a alguien.

La doctora se inclina hacia adelante, sus ojos se agudizan un poco —¿Traicionando a quién?

—No lo sé. A… a quien sea que esté en esos sueños, supongo, al hombre que me llamaba moreno, a esos bebés. A… a la vida que tal vez tuve.

—Benjamín, escúchame con atención— dice la doctora, su voz se vuelve seria —Si esos sueños son recuerdos, si realmente tuviste esa vida… fue hace más de ocho años. Antes del coma, antes de despertar sin memoria, antes de convertirte en quien eres ahora.

—Lo sé, pero…

—Y si esa persona, ese hombre en tus sueños, fue real… ¿no crees que querría que fueras feliz? ¿Que siguieras adelante? ¿Que encontraras amor de nuevo?

—No puedo— digo, y mi voz tiembla ligeramente. Parpadeo con torpeza —No puedo abrir mi corazón a nadie porque se siente como… si estuviera borrando a alguien. Como si estuviera eligiendo olvidar.

—No es olvidar— dice la doctora suavemente —Es seguir viviendo, es permitirte ser humano. Tener conexiones, amar y ser amado.

Sacudo la cabeza. —Cada vez que pienso en intentarlo, algo dentro de mí se cierra. Como si hubiera una parte de mí que todavía está esperando. Esperando a… a alguien que probablemente ni siquiera existe.

—¿O tal vez— sugiere la doctora —Tu subconsciente está enviándote estos sueños no como una advertencia para que te mantengas cerrado, sino como una señal para que te abras? Para que dejes entrar el amor en tu vida de nuevo. Para que te permitas sentir.

Me quedo en silencio, procesando eso.

—Piénsalo, Benjamín— continúa —Si realmente amaste a alguien tan profundamente como sugieren esos sueños, entonces esa capacidad de amar todavía está en ti. No desaparece con la amnesia. Y tal vez, solo tal vez, esos sueños son tu mente diciéndote que está bien volver a sentir eso. Que mereces sentirlo de nuevo.

—Pero no recuerdo cómo amar así— admito —No recuerdo cómo… cómo abrir mi corazón sin miedo.

—Entonces aprende de nuevo— dice simplemente —Paso a paso. Persona a persona. No tiene que ser romántico inmediatamente, puede ser amistad, conexión, vulnerabilidad. Pero tienes que intentarlo, Benjamín. Porque vivir cerrado emocionalmente no es vivir. Es solo… existir.

Sus palabras se quedan flotando en el aire. Tiene razón. Coño, he estado existiendo, no viviendo. Solo pasando los días, haciendo mi trabajo, cumpliendo mi función. Pero sin realmente sentir nada profundo por nadie. Excepto culpa. Eso sí lo siento constantemente. Todo este tiempo he estado protegiéndome, manteniéndome a salvo detrás de murallas emocionales. Usando mi amnesia como excusa para no conectar con nadie realmente. Pero tal vez… tal vez es hora de intentar algo diferente.

—Muy bien— digo finalmente con un resoplido —¿Cómo empiezo?

La doctora sonríe. Es una sonrisa pequeña pero genuina. —Empiezas siendo honesto con quien sea que esté en tu vida. Empiezas compartiendo cosas reales, emociones reales. No solo los hechos superficiales y empiezas permitiendo que ellos hagan lo mismo contigo.

—¿Y si es incómodo?

—Será incómodo— dice con una risa suave —Pero eso significa que lo estás haciendo bien. El crecimiento emocional siempre es incómodo.

Asiento lentamente. —¿Y qué hay de… de volver al trabajo?— pregunto, cambiando ligeramente de tema —Crawford me tiene en revisión psicológica obligatoria. ¿Cuándo crees que estaré listo para volver al campo?

La doctora me estudia por un momento. —¿Te sientes listo?

—Sí— respondo sin dudar —Sé que lo de la bodega fue un desastre. Sé que cometí errores, pero no puedo quedarme sentado aquí sintiéndome culpable para siempre. Necesito hacer algo, necesito… necesito intentar arreglarlo.

—¿Arreglarlo o vengarlo?— pregunta con perspicacia.

Esa es una buena pregunta.

—Ambas cosas, tal vez— admito —Quiero atrapar a Frost, a Blade, a quien sea responsable de esa trampa. Quiero que paguen por Marcus y por los otros dieciocho. Pero también… también quiero demostrarme a mí mismo que puedo hacerlo, que no soy un fracaso total como líder.

—No eres un fracaso, Benjamín— dice la doctora firmemente —Tuviste un revés. Uno terrible, sí. Pero un revés no define toda tu carrera, no define quién eres.

—Entonces, ¿crees que estoy listo?

Ella hace una pausa, considerando cuidadosamente.

—Creo que todavía estás procesando el trauma. Creo que la culpa te va a acompañar durante un tiempo, pero también creo que eres uno de los hombres más resilientes que he conocido. Y que mantenerte encerrado en una oficina solo va a empeorar las cosas.— se quita las gafas, limpiándolas con un pañuelo. —Así que sí— dice finalmente —Voy a recomendar a Crawford que te levante la suspensión con la condición de que sigas viniendo a terapia. Una vez por semana, al menos.

Un alivio enorme me recorre. —Gracias.

—Pero Benjamín— añade, mirándome seriamente —Prométeme algo.

—¿Qué?

—Que si empiezas a sentirte abrumado, si la culpa se vuelve demasiado, si los sueños empeoran… me lo dirás. No intentarás manejarlo solo, no te cerrarás.

—Te lo prometo.

—Bien.— miro el reloj en la pared. Nuestra hora está por terminar. —¿Algo más que quieras discutir hoy?— pregunta la doctora.

—No— digo —Creo que ya hemos cubierto bastante.

—De acuerdo. Entonces nos vemos el miércoles que viene a la misma hora.

—Aquí estaré.

Me levanto del sillón, sintiendo mis músculos protestando ligeramente. Todavía tengo algo de dolor de las costillas fracturadas, aunque ya están casi curadas. —Benjamín— la voz de la doctora me detiene en la puerta y lentamente me doy la vuelta. —Estoy orgullosa de ti. Del progreso que has hecho, sé que no lo sientes así, pero estás sanando. Lenta pero seguramente.

Sus palabras me conmueven más de lo que esperaba. —Gracias, doctora.

.

By Tom

Hoy estamos en la casa de mi hermano, reunidos de nuevo. O bueno, es una reunión informal pero importante, porque Harry ha terminado su investigación sobre Benjamín Keller y lo que descubrió es… interesante, por decir lo mínimo.

Harry está de pie junto a nosotros, con su laptop conectada. Papá está sentado en el sillón de cuero, con las manos entrelazadas, su expresión es ilegible. Travis está apoyado contra su escritorio, con los brazos cruzados. Y yo estoy en la ventana, mirando ocasionalmente hacia el jardín donde Cristina está jugando con su perro Scotty, es un regalo mío.

—Muy bien, Harry— dice papá acabando con el silencio del despacho de mi hermano —Tienes nuestra atención. ¿Qué encontraste?

Harry traga saliva nerviosamente. Papá lo pone nervioso, en sí, papá pone nerviosa a mucha gente. —He estado investigando a Benjamín Keller durante las últimas tres semanas— comienza —Hackeando archivos de la DEA, registros hospitalarios, expedientes policiales, lo que fuera que pudiera encontrar. Y… bueno, hay mucho que no cuadra.

—Empieza por el principio— ordeno.

Harry hace clic en su laptop. —Benjamín Keller. Oficialmente nacido en Nueva York hace veintiocho años. Pero como mencioné antes, su historial solo se remonta a ocho años atrás. Antes de eso… nada. Como si materializara de la nada.— dice —Puede ser identificación falsa o protección de testigos como opcioné antes, como también puede ser algo más complicado. Pero aquí es donde se pone interesante.

Harry hace clic de nuevo.

—Hace ocho años, un hombre joven fue ingresado al Hospital Mount Sinai en Nueva York. Había estado en un accidente automovilístico, choque grave. El coche volcó, se estrelló contra los parachoques de la autopista, fue un desastre.— nos mira a los tres antes de continuar. —Ese hombre era Benjamín Keller. O al menos, eso es lo que dicen los registros.

Papá se inclina hacia adelante. —¿Cómo de grave fue el accidente?

—Muy grave— responde Harry, —Hubo trauma craneoencefálico severo. Fracturas múltiples, hemorragia interna. Los médicos no estaban seguros de que fuera a sobrevivir.

—Pero sobrevivió— digo.

—Sí, colega, pero entró en coma. Un coma profundo causado por el trauma cerebral y así se quedó durante un año completo.

—Un año en coma— repite Travis —Hostia.

—Durante ese año— continúa Harry —Estuvo en cuidados intensivos, con respiradores, alimentación por tubo. Todo el equipo completo. Los informes médicos muestran que su condición era estable pero no mejoraba. Los doctores no sabían si alguna vez despertaría.

—¿Y entonces?— pregunto.

—Y entonces, un año después, despertó. Contra todo pronóstico. Pero…— Harry hace una pausa dramática. —Despertó con amnesia. Amnesia postraumática severa, no recordaba nada. Ni su nombre, su familia, su vida. Nada. Era como un lienzo en blanco.

Eso sí que es jodido.

—¿Los médicos intentaron ayudarle a recuperar la memoria?— pregunta papá.

—Según los informes, sí. Con terapia y intentos de estimulación, pero nada funcionó. Su memoria a largo plazo estaba completamente borrada. Solo podía formar nuevos recuerdos a partir del momento en que despertó.— Harry hace algo en la laptop antes de continuar hablando, tiene toda la información ahí. —Y aquí es donde la historia se vuelve realmente extraña. Tres meses después de despertar, Benjamín Keller fue arrestado.

Frunzo el ceño, confundido —¿Por qué?— pregunto.

—Bueno, por tráfico de drogas, encubrimiento, y filtración de información clasificada. La acusación decía que antes del accidente, Keller había sido parte de una operación criminal. Que había trabajado con narcotraficantes y que estaba fingiendo la amnesia para evitar responsabilidad.

—Espera, ¿qué?— Travis se endereza realmente interesado por la historia de aquel chico —¿Lo acusaron de fingir la amnesia?

—Exacto. Los fiscales argumentaron que todo era un acto. Que Keller estaba usando el accidente y el coma como tapadera para borrar su participación criminal. Presentaron evidencia: grabaciones de cámaras de seguridad que supuestamente lo mostraban con conocidos narcotraficantes antes del accidente. Registros bancarios con transacciones sospechosas. Todo parecía sólido.

—¿Y lo condenaron?— pregunto, sin podérmelo creer. Esa gente está loca…

—Lo condenaron a diecisiete años de prisión y lo enviaron a una prisión federal de máxima seguridad.

Joder.

—¿Cuánto tiempo cumplió?— pregunta papá.

—Dos años. Solo dos años y entonces, de repente, apareció nueva evidencia. Evidencia que demostraba que todo el caso contra él había sido fabricado. Que alguien lo había incriminado falsamente y que las grabaciones fueron manipuladas. Los registros bancarios falsificados. Todo fue un montaje.

—¿Quién lo incriminó?— pregunto, fascinado a pesar de mí mismo.

—Los informes no lo dicen específicamente— admite Harry —Pero hay menciones de corrupción dentro de la propia DEA. De un agente corrupto que usó a Keller como chivo expiatorio para algo más grande. Ese agente, James algo, ya murió, en un operativo hace unos años.

Que conveniente.

—Así que liberaron a Keller— continúa Harry —Le dieron una disculpa oficial. Compensación económica y aquí es donde entra Alex, el director actual de la DEA. Alex estaba supervisando la investigación que limpió el nombre de Keller y cuando todo terminó, le ofreció un trabajo.

—¿Qué tipo de trabajo?— pregunta Travis.

—Agente de la DEA. Con una condición: terapia obligatoria para manejar el trauma de la prisión injusta y para intentar recuperar su memoria. Además de un nuevo nombre, nueva identidad, nueva vida.

—Espera— interrumpo —¿Le dieron un nuevo nombre? ¿Entonces Benjamín Keller ni siquiera es su nombre real?

—No lo sé— admite Harry —Los archivos sobre su identidad anterior están sellados. Clasificados al más alto nivel, así que no pude hackearlos sin levantar alarmas serias. Pero sí, parece que Benjamín Keller es un nombre que le dieron después de salir de prisión.

Me froto la cara, procesando toda esta información.

—Entonces, déjame ver si entiendo— digo lentamente —Este tipo sufre un accidente brutal. Cae en coma durante un año, despierta sin memoria, lo acusan falsamente de crímenes que no cometió. Pasa dos años en prisión y luego lo liberan, le dan una nueva identidad, y lo reclutan para la DEA. ¿Es eso correcto?

—Básicamente, sí— confirma Harry.

—Eso es una puta locura— dice Travis.

—Es más que locura— añade papá —Es sospechoso, muy sospechoso.— todos lo miramos. —Pensadlo— continúa papá —¿Por qué la DEA reclutaría a alguien con ese historial? Alguien sin memoria, sin antecedentes verificables, que acababa de salir de prisión. No tiene sentido. A menos que…

—A menos que haya algo más— termino —Algo que no estamos viendo.

—Exactamente— dice papá —En este informe falta algo. Alguna pieza clave que explique por qué Benjamín Keller es tan importante para la DEA, por qué lo pusieron a cargo de operaciones tan grandes. Por qué…— se detiene, pensando. —Harry, ¿encontraste algo sobre su vida antes del accidente?— pregunta de repente —Aunque sea fragmentos. Rumores, lo que sea.

Harry sacude la cabeza, negando —Nada concreto. Los archivos están completamente sellados, pero hay… hay algo extraño que noté.

—¿Qué?— pregunto.

—El accidente, según los informes de la policía, no fue exactamente un accidente. Fue una persecución. La DEA estaba persiguiendo el vehículo en el que viajaba Keller y durante esa persecución, el conductor perdió el control y chocó.

—¿Por qué lo perseguía la DEA?— pregunta Travis.

Todo es tan confuso.

—El informe dice que el vehículo estaba vinculado a una investigación en curso. Pero no especifica cuál. Todo está redactado.

Papá se pone de pie, caminando hacia la ventana donde estoy yo.

—Esto huele a operación encubierta— dice —A algo más grande que un simple accidente y amnesia. La DEA estaba investigando algo, Keller estaba involucrado de alguna forma. Hubo un accidente y luego… silencio. Todo sellado.

—¿Qué estás sugiriendo?— pregunto.

—Estoy sugiriendo que Benjamín Keller, o quien sea realmente, no es solo un agente cualquiera. Es alguien importante, alguien con información valiosa. Y la DEA lo está protegiendo.

—¿Protegiendo de qué?— pregunta Travis.

—Esa es la pregunta, ¿verdad?— dice papá, volviéndose hacia nosotros —Y para responderla, necesitamos más información. Información que no vamos a conseguir desde afuera.

Sé a dónde va con esto.

—Quieres infiltrar a alguien en la DEA— digo.

—Exacto— confirma papá —Necesitamos ojos y oídos dentro. No solo para investigar a Keller, aunque eso es importante. También necesitamos información sobre Nexus, sobre Raven, sobre todo lo que están planeando contra nosotros.

—Es arriesgado— señala Travis —Si nos descubren…

—Por eso tiene que ser alguien bueno— dice papá —Alguien con experiencia en infiltración, alguien que pueda pasar desapercibido.

Pienso por un momento.

—Tengo a alguien en mente— digo finalmente —Sophia. Trabaja en una de nuestras operaciones secundarias. Ex-militar, con entrenamiento en inteligencia y tiene un historial limpio. Sin antecedentes que la vinculen directamente con nosotros.

—¿Confías en ella?— pregunta papá.

—Con mi vida.

—Entonces hazlo, contacta con ella. Explícale la misión. Y ponla en marcha.

—¿Y qué hacemos con la información sobre Keller?— pregunta Travis —Toda esta historia de la amnesia, la prisión, todo eso. ¿Cómo la usamos?

Buena pregunta.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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