
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 15
La sala de análisis está hasta arriba de gente.
Alex está en la cabecera de la mesa, con los brazos cruzados y esa cara seria que pone cuando las cosas se empiezan a poner interesantes. Crawford está a su lado, repasando informes en la tablet. Sheryl está junto a mí con el portátil abierto, tecleando a toda pastilla mientras procesa datos.
Y yo estoy aquí, mirando la pantalla grande en la pared donde está proyectada toda la información que Eva nos dio. Llevamos dos días verificando todo. Cada nombre, cada ubicación, cada jodido detalle.
Y joder, es que todo cuadra.
—Las comunicaciones interceptadas coinciden con los patrones que Eva nos facilitó— suelta Chen desde el otro lado de la mesa, señalando gráficos en su propia pantalla —Las frecuencias, los horarios, todo. Alguien está definitivamente organizando una transacción grande.
—Y los movimientos bancarios que rastreamos confirman transferencias a las cuentas que ella identificó— añade Williams, deslizando el dedo por su tablet —Cantidades que cuadran con pagos por adelantado por armamento militar.
Alex se frota la mandíbula, pensativo. Ese gesto que hace cuando está sopesando opciones. —¿Y la verificación en terreno?— pregunta, girándose hacia Rodríguez.
—Nuestros contactos en Alemania confirmaron vigilancia del almacén que Eva mencionó— responde Rodríguez —Hay movimiento, camiones entrando y saliendo, seguridad privada rondando el perímetro. Todo apunta a que se está cociendo algo gordo.
Coño. Miro a Sheryl, que me lanza una mirada que claramente significa «¿ves? la tía no mentía». Le conté lo de esa sensación rara que tenía; tanto ella como yo no hemos dejado de estar pendientes de Eva, y ahora todo esto confirma que la información de la señorita es real. Pero esa sensación en el estómago sigue ahí, esa inquietud que no me quito.
—Muy bien— suelta Crawford, dejando la tablet sobre la mesa con un golpe seco —La información es sólida; más que sólida, es oro puro.— se gira hacia Alex —Necesitamos actuar sobre esto. Ahora.
—Estoy de acuerdo— murmura mi jefe —Pero tiene que estar coordinado. No podemos entrar a lo bestia en territorio alemán sin tener a las autoridades locales de nuestro lado.
—Ya he contactado con el BKA— interviene Crawford —Están dispuestos a cooperar. De hecho, están encantados. El Cártel Sombra les ha dado la lata durante años, si conseguimos desmantelarlos en una operación conjunta…
—Les damos un puto regalo envuelto con lazo— termino yo, recostándome en mi silla.
Crawford me mira al instante. —Exacto, agente Keller— afirma —Y de paso reforzamos nuestra relación con las autoridades alemanas después de… bueno, después del incidente de la bodega.
Ah, sí. El «incidente». Qué forma tan suave de llamar a una masacre. —¿Cuál es el plan propuesto?— pregunta Alex.
Crawford activa otra pantalla. Aparece un mapa del almacén en las afueras de Múnich, detallado, con puntos de entrada marcados. —El operativo se ejecutará el viernes por la mañana, justo como Eva predijo que sería la transacción— comenta —Seis de la mañana. Iremos con equipos tácticos alemanes liderando la carga; nosotros proporcionamos apoyo, inteligencia en tiempo real y algunos de nuestros agentes en el terreno para supervisar.
—¿Quiénes van?— pregunto, aunque ya me imagino la respuesta.
—Tú, para empezar— responde Crawford, señalándome —Eres el agente sénior disponible. Chen y Williams también entre otros de nuestros mejores agentes; el resto será personal alemán, GSG-9, probablemente— musita con calma.
Hostia puta, GSG-9 otra vez, como en la bodega. Sheryl debe notar mi expresión porque posa su mano sobre la mía un instante. Un gesto sutil pero reconfortante. —Esta vez será diferente— murmura en voz baja, solo para mí —Esta vez no es trampa.
—Eso espero.
Alex se aclara la garganta. —Muy bien. Entonces está decidido, habrá operativo el viernes, Benjamín lidera nuestro equipo— me mira con una pequeña sonrisa en sus labios y yo se la devuelvo —Con coordinación total con el BKA.— se relame los labios —Y en cuanto a Eva Wigel…
—¿Qué pasa con ella?— pregunto, arqueando las cejas.
—Si este operativo tiene éxito, y todo indica que lo tendrá, necesitamos asegurarla como activo permanente. No podemos dejar que se nos escape; alguien con sus habilidades, sus contactos… es demasiado valiosa— me dice.
—¿Estás sugiriendo reclutarla?— pregunta Williams.
—Estoy sugiriendo que le ofrezcamos un puesto como consultora de inteligencia. Con contrato formal, salario, beneficios. Todo legal y oficial.— Alex me mira detenidamente —Benjamín, después del operativo, quiero que hables con ella. Tantea el terreno, ve si está interesada en algo más permanente que ser informante ocasional.
Genial. Más tiempo con Eva Wigel y su mirada calculadora. —Entendido— suelto, pero sin mucho ánimo.
—Perfecto. Todos tenéis vuestras asignaciones. Preparad vuestro equipo; salimos para Alemania mañana por la noche.— Crawford se pone en pie, indicando que la reunión ha terminado —Y gente… no la caguemos esta vez.
Sé que ese comentario va dirigido a mí. Todos lo saben. La sala se vacía poco a poco, Chen y Williams se van a preparar el equipamiento. Rodríguez se queda hablando con Alex sobre logística. Sheryl me toca el hombro, sacándome de mis pensamientos. —¿Estás bien?
—Sí. Solo… procesando.
—Lo sé. Volver a Alemania después de lo que pasó no puede ser fácil…— susurra con una pequeña sonrisa en los labios.
—No lo es— admito, pasándome una mano por el pelo y despeinándolo un poco —Pero es el trabajo, así que lo hago.
—Eres un tío valiente, Ben— me dice dándome un par de palmadas en el hombro, de forma amistosa —Aunque no te lo creas.
Sonrío a pesar de todo. —Gracias, Sheryl.
Ella se marcha también, dejándome solo en la sala de análisis. Me quedo mirando la pantalla, el mapa, las fotos de vigilancia. Toda la información que Eva nos dio. Y esa sensación vuelve otra vez, joder, algo no encaja, pero no sé qué coño es. Odio esa jodida sensación.
Hago un «micht» con la boca y saco el móvil del bolsillo del pantalón; veo que ya es la hora del almuerzo. Trago saliva y deslizo el aparato entre los dedos distraídamente; es un gesto nervioso que he desarrollado con los años. Me paso el filo del móvil por los labios, pensando. Eva Wigel apareció de la nada con información perfecta, demasiado perfecta. Pero hemos pasado toda la mañana verificándola y todo es real. Todo cuadra. Entonces, ¿por qué mi instinto me grita que algo va mal?
¿Es paranoia?
O…
¿O mi subconsciente está captando algo que mi mente consciente no puede ver? Suelto un suspiro resignado, guardo el móvil en el bolsillo de nuevo y salgo de la sala. Tengo que prepararme para viajar a Alemania y esta vez, juro por Dios, que no voy a cagarla.
Voy a regresar victorioso…
.
By Tom
Estoy en el mismo despacho donde hace casi una semana le expliqué la misión a Sophia. Días que se han sentido como un puto mes. Travis está conmigo, paseándose de un lado a otro como un tigre enjaulado. Lleva haciendo eso durante la última hora y me está poniendo de los nervios.
—¿Puedes parar?— suelto, señalando sus pies —Me estás mareando, tío.
—No puedo parar. Estoy nervioso, idiota— se para, mirándome —¿Tú no? Sophia está ahí dentro, en la puta guarida del lobo. Si algo sale mal…
—Nada va a salir mal— le corto, aunque ni yo mismo me lo creo del todo.
He estado esperando noticias desde que Sophia se infiltró hace dos días; quiero y muero por saber si la aceptaron, si creyeron su tapadera. Si…
Justo en ese momento mi móvil vibra sobre el escritorio. Mi hermano y yo intercambiamos miradas al instante, y sin decir una palabra ambos nos lanzamos hacia el aparato, literalmente. Vemos en la pantalla un mensaje de un número que no reconozco pero que sé exactamente quién es. Tomo el móvil y abro el mensaje con dedos que tiemblan ligeramente.
«Pájaro en el nido, todo despejado. La información ha sido aceptada. Habrá un operativo confirmado para viernes a las seis de la mañana. Posición segura. Más actualizaciones próximamente. -S»
Leo el mensaje tres veces y entonces una sonrisa se extiende por mi cara. —Está dentro— murmuro —La hija de puta lo logró, está dentro— repito, elevando un poco la voz para que el sordo de mi hermano lo escuche. Travis me arranca el móvil de las manos, leyendo por sí mismo. Su expresión pasa de preocupación a alivio a alegría en cuestión de segundos.
—¡Joder, sí!— exclama, dándome un puñetazo en el hombro. Me quejo porque me dolió —¡Lo sabía! ¡Sabía que Sophia lo lograría!
—Hace unos momentos no lo parecía, eh— le digo para joderlo, y me mira con el ceño ligeramente fruncido. Suelto una risita —Realmente está dentro de la DEA, tenemos ojos dentro, es increíble…
—¿Qué significa lo del operativo del viernes?— pregunta Travis, releyendo el mensaje.
—Significa que la información que le dimos sobre el Cártel Sombra funcionó. La DEA la verificó y ahora van a actuar— me froto la cara, sintiendo la tensión de los últimos días finalmente aflojándose —Y cuando tengan éxito, Sophia se convertirá en su activo más valioso.
—¿Y qué hacemos con el Cártel Sombra? ¿Les avisamos?
—¿Estás de coña?— le lanzo una mirada divertida —Que se jodan, Travis, son competencia. Dejar que la DEA los desbarate nos beneficia; estaríamos eliminando rivales sin mover un dedo.
—Eres peor que yo— dice entre risas, negando lentamente con la cabeza mientras deja el móvil sobre el escritorio de nuevo —¿Qué hacemos ahora, eh?
—Necesitamos contárselo a papá— murmuro.
—Oh, eso ya lo sé. ¿Dónde está?
—En la casa de seguridad del norte, revisando las operaciones de Hamburgo— le contesto.
—Le llamo ahora.— Travis saca su propio móvil del bolsillo interior de la chaqueta, marca el número encriptado de papá y, mientras suena, lo pone en altavoz. Suena dos veces antes de que papá conteste.
—¿Sí?
—Papá, soy Travis. Estoy con el bastardito de tu otro hijo— pongo los ojos en blanco —Tenemos noticias.
—¿De Sophia?
—Sí. Está dentro, la DEA aceptó su información. Van a actuar contra el Cártel Sombra el viernes— le dice.
Se forma un silencio corto al otro lado de la línea, pero puedo escuchar a papá respirar, procesando. —Bien— suelta finalmente —Muy bien. Eso es… mejor de lo que esperaba, honestamente. ¿Algún problema? ¿Sospechas?
—Nada que Sophia haya reportado— respondo enseguida, interrumpiendo a Travis —Por ahora, su tapadera está intacta.
—Excelente. Mantened contacto mínimo con ella. Solo lo estrictamente necesario; no podemos arriesgarnos a que alguien intercepte comunicaciones— nos ordena con voz firme.
—Entendido— respondemos mi hermano y yo al unísono.
—¿Y qué hay de Keller?— pregunta papá —¿Sophia lo ha visto?
Busco el móvil y leo el mensaje de nuevo, buscando alguna mención. —No dice nada sobre él específicamente— contesto —Pero si están organizando un operativo, Keller probablemente estará involucrado. Es el líder de operaciones encubiertas.
—Entonces es solo cuestión de tiempo antes de que Sophia interactúe con él— murmura papá —Cuando lo haga, que observe, que aprenda. Pero que no levante sospechas.
—Se lo comunicaremos en el próximo mensaje— prometo.
—Bien. Seguiré aquí otros dos días y luego vuelvo a Berlín— musita con calma —Tenemos que reunirnos, planear los próximos pasos ahora que Sophia está posicionada.
—Suena bien, papá.
—Y chicos…— hace una pausa corta —Buen trabajo. Esto es exactamente lo que necesitábamos; estar un paso por delante de la DEA, de Nexus, de todos esos cabrones.
—Gracias, papá— susurra mi hermano. Papá cuelga y Travis me mira con una sonrisa enorme. —¿Recuerdas lo que decíamos de pequeños cuando hacíamos alguna trastada?— pregunta.
—¡Ja! «Somos malos…»— alzo la mano en gesto de puño y chocamos.
—»…desde la cuna»— concluye él.
—Sí— asiento, aunque parte de mí todavía no puede creer completamente que tengamos una espía en la mismísima sede central de la DEA —Ahora solo tenemos que asegurarnos de que se quede ahí, de que no la descubran. Que…
—Que nos dé información útil— termina Travis —Como quién coño es realmente Benjamín Keller y quién es Raven.
Raven, ese misterio que todavía nos tiene jodidos.
—Paso a paso— murmuro con calma —Primero, Sophia se establece, gana confianza, se vuelve indispensable para ellos. Y luego, cuando tenga acceso real, cuando esté en el círculo interno… ahí conseguiremos las respuestas que necesitamos.
—¿Y cuánto tiempo crees que tardará eso?
—Meses, probablemente. Tal vez más— le digo —Este tipo de operaciones no se hacen de la noche a la mañana; calculo unos cinco meses como máximo.
Travis gruñe, frustrado. —Ojalá fuera más rápido, ya quiero que todo esto termine.
—Yo también, hermano. Yo también.
Mi móvil vibra de nuevo; es otro mensaje de Sophia.
«Operativo liderado por agente Benjamín Keller. Confirmo que es el del dossier; intentaré observar durante los preparativos. Manteneos informados. —S»
Le muestro el mensaje a Travis. —Ahí está— masculla —Confirmación de que Keller está involucrado. Sophia va a tener su oportunidad de estudiarlo.
—Bien, muy bien— me guardo el móvil en el bolsillo —Cuanto más sepamos sobre él, mejor preparados estaremos para cuando volvamos a enfrentarnos.
—¿Crees que habrá un próximo enfrentamiento?
—Seguro— afirmo sin dudar con un pequeño asentimiento —Keller prometió hacerme pagar en ese funeral, ¿recuerdas?— sonrío sin poder evitarlo —Y yo le tendí una trampa que mató a casi veinte de sus hombres; esto no va a terminar con una conversación civilizada, Travis. Va a haber sangre…
—Sí…— suspira.
—Con Sophia dentro, con información fluyendo, con ventaja táctica… la próxima vez que Keller intente algo contra nosotros, lo veremos venir de lejos— muerdo mi labio inferior con parsimonia —Con tantos fracasos que tendrá contra nosotros seguramente lo bajarán de nivel, así funciona la DEA… hay que celebrar, mi estimado— le digo a mi hermano.
—¿Celebrar qué?— pregunta con burla en la voz; odio cuando me habla así, joder —Sophia apenas acaba de entrar, no hemos ganado nada todavía, Tom.
—Hemos ganado un puto espía dentro de la DEA, tío. Eso merece al menos un trago— le digo. Sé que no podrá discutir con esa lógica.
—Un trago— cede —Pero solo uno porque mañana tenemos curro…
—Travis, siempre hay curro— le recuerdo con obviedad.
Me dirijo a la cómoda que está con un par de retratos, en un rincón. Hay una bandeja con un decantador de whisky y un par de vasos boca abajo; los volteo y cojo el decantador para servir un poco del trago en cada vaso, hasta la mitad. Tomo ambos vasos y le tiendo uno a Travis. —Por Sophia— brindo, alzando mi vaso con una sonrisa pequeña en los labios —La infiltrada más valiente y cabrona que conozco.
—Por Sophia— repite, chocando su vaso contra el mío. Bebemos; el whisky quema al bajar porque no hay hielo y, sinceramente, así gusta más, porque es un ardor satisfactorio. —Y por joder a la DEA— añade Travis con una sonrisa maliciosa.
—Exacto, hermano— asiento con la cabeza lentamente.
Bebemos de nuevo. En algún lugar de Estados Unidos, está Sophia viviendo una mentira, arriesgando su vida. Todo para darme ventaja en esta guerra. Y ahí mismo, Benjamín Keller está preparándose para un operativo, sin saber que la mujer que le dio la información es mi agente, sin saber que cada movimiento que hace ahora está siendo observado. Es como un tablero de ajedrez, pienso.
Y acabo de colocar una de mis piezas más valiosas en territorio enemigo. Pero el ajedrez es un juego peligroso: un movimiento en falso y pierdes la pieza.
—Esto es solo el comienzo— murmuro —Sophia está dentro; es la fase uno de dieciocho— me echo a reír —Pero ahora viene la parte difícil, que es mantenerla ahí, protegerla, asegurarnos de que no la descubran. Debemos seguir pasándole información para asegurar su puesto en la DEA como informante… y decirle que se acerque más que a nadie a Benjamín.
—Sophia es demasiado buena para que la atrapen— me recuerda mi hermano con mucha tranquilidad en la voz.
—Eso espero, hermano. Porque si la atrapan…— no termino la frase; no necesito hacerlo. Si la atrapan, no solo perdemos a Sophia, sino que también perdemos nuestra ventaja y en esta guerra la ventaja lo es todo. Travis me da una palmada en la espalda.
—Deja de preocuparte tanto, hombre— musita —Sophia sabe lo que hace; confía en ella.
—Confío en ella…— bufo —Es en la DEA en quien no confío, en Keller. En todas esas variables que no podemos controlar.
—Nunca podemos controlar todo, Tom. Solo podemos jugar las cartas que tenemos lo mejor posible— tiene razón.
—Muy bien— suelto. Termino de tomarme lo que me queda del whisky de un trago y dejo el vaso sobre el escritorio con un golpe seco pero suave —Suficiente filosofía por hoy; tenemos que preparar un informe para nuestro padre cuando vuelva, con todos los detalles, cronología. Próximos pasos. Todo— le digo.
—Me pongo a ello— responde él —Seguramente venga también nuestra madre.
—Sí, ¿hace cuánto no la vemos?
—Casi medio año, hermano— dice él con algo de diversión en la voz. Lo veo caminar a su escritorio y sentarse frente al ordenador, empezando a escribir. Yo me quedo de pie, observándolo trabajar, mi mente aún dándole vueltas a todo.
Sophia está dentro; el plan está funcionando. Debo admitir que tenemos mucha suerte, bueno, en varias cosas… y pronto, muy pronto, tendré las respuestas que necesito sobre Benjamín Keller, sobre Raven. Bueno, sobre toda esa mierda. Y cuando las tenga… cuando finalmente entienda contra quién estoy luchando realmente… entonces podré golpear donde más duele.
Destruir a la DEA es primordial, porque si destruyo a esa gente de mierda, podré destruir a Nexus, porque ya no tendrá quien los proteja, porque ya no podrá joder a ninguna organización más; en pocas palabras, quedará vulnerable. Y una vez que acabe con ese cartel de porquería, me quedaré con sus federaciones. El Clan Geist crecerá más, será más poderoso que el clan del hijo de puta de Brian. Lo que sé de ese cabrón es que se hace llamar «El Zar», qué alias tan absurdo…
Espero tener a ese cabrón de rodillas ante mí; después de hacerle pasar una mierda como la que le he hecho pasar todos estos años a Ría, le cortaré la cabeza. Solo así vengaré a Willem, a mi moreno. Esa es la meta final; todo lo demás es solo… ruido de fondo. Mi móvil vibra una última vez: es otro mensaje de mi querida espía.
«Estoy oficialmente instalada en alojamiento seguro de la DEA, con acceso a información limitado por ahora pero creciendo. Próximo reporte en cuarenta y ocho horas. Estén pendientes. —S»
Sonrío, guardo el móvil y me junto a Travis en el escritorio. —Vamos a currar— murmuro —Tenemos una guerra que ganar.
Y mierda, pienso hacerlo; lo voy a conseguir… cueste lo que cueste.
Continúa…
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