Silent promise 16

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 16

By Bill

Han pasado cuatro meses desde que Eva Wigel entró en mi vida, cuatro meses que, joder, no han sido para nada lo que esperaba. Estamos a diez de enero; cuando volé a Alemania aquel viernes, con el estómago hecho un nudo y la cabeza llena de dudas sobre Eva y su información demasiado perfecta, jamás imaginé que tendría razón en todo.

El operativo contra el Cártel Sombra fue un éxito rotundo. Entramos en aquel almacén a las seis de la mañana en punto y las fuerzas alemanas iban por delante, nosotros dando cobertura. Y joder, estaba todo ahí: las armas, los explosivos y, lo mejor de todo, Roman Richter, el mismísimo líder del Cártel Sombra, supervisando personalmente la transacción. Lo pillamos con las manos en la masa.

Veintidós arrestos esa noche, toneladas de armamento confiscado y una victoria limpia y contundente. Todo gracias a Eva.

Así que sí, mis dudas sobre ella eran claramente paranoia postraumática por lo de Frost. Eso, o simplemente estaba siendo un gilipollas desconfiado. Porque desde entonces, Eva ha demostrado ser… coño, es que es la mejor informante que hemos tenido jamás. Durante estos cuatro meses, nos ha proporcionado información sobre cinco operaciones criminales distintas, ¡cinco!

Y todas, absolutamente todas, han sido exitosas.

Un grupo de traficantes de personas en Nueva York fue desmantelado. Una red de blanqueo de dinero en Miami fue destruida. Un pequeño cártel de metanfetaminas en Texas fue arrestado al completo. Es como si Eva tuviera un puto GPS para el crimen organizado. Siempre sabe dónde buscar, siempre tiene fuentes, siempre acierta.

Crawford está encantado con ella, y Alex también. Incluso Sheryl, que al principio era tan escéptica como yo, ahora dice que Eva es como un regalo caído del cielo. Y yo… bueno, me he tenido que tragar mis dudas y admitir que estaba equivocado. Eva no es una amenaza, es una aliada. Y joder, creo que hasta puedo decir que se ha convertido en una amiga. Nunca lo habría predicho, pero resulta que tenemos algo en común.

Algo absurdamente simple, pero efectivo para romper barreras: a ambos nos gusta correr.

Fue pura casualidad, en realidad. Hace como dos meses salí a correr una mañana por el National Mall, intentando despejar la cabeza antes de un día de mierda en la oficina gracias al imbécil de Xavier. Y ahí estaba Eva, corriendo en dirección contraria. Nos reconocimos, nos saludamos con un gesto y, al día siguiente, casualidad otra vez.

A la tercera vez ya no era casualidad, era algo así como una rutina.

Ahora corremos juntos tres o cuatro veces por semana. Normalmente no hablamos mucho mientras hacemos ejercicio, ya que ambos estamos concentrados, pero después, mientras nos enfriamos, charlamos de todo y de nada a la vez, cosas triviales. Del trabajo a veces, de la vida otras.

Es raro. No tengo muchos amigos; Sheryl es prácticamente la única persona con la que tengo algo parecido a una conexión real fuera del trabajo. Pero Eva… se ha ido colando en esa categoría sin que me diera cuenta. Y lo más importante… gracias a ella, he recuperado algo que creía haber perdido para siempre en aquella bodega de Berlín.

La confianza en mí mismo como líder.

Porque cada operativo basado en la información de Eva ha sido un éxito; ninguno fue una trampa, en ninguno hubo sorpresas desagradables. Solo trabajo policial sólido, basado en inteligencia fiable. Y eso… coño, eso me ha ayudado más que cualquier sesión de terapia.

Ahora mismo estoy sentado en mi escritorio, o bueno, en la pequeña oficina que Crawford me asignó hace un mes, después de que el quinto operativo saliera bien. Ya no estoy en un cubículo; tengo paredes que me dan la privacidad que siempre quise, una puerta, una ventana que da al aparcamiento. Me lo he ganado con esfuerzo, y Alex me ha dicho que lo tengo bien merecido… es algo que le agradezco.

Y hablando de Alex, hmm… hemos tenido más acercamientos que nunca desde que nos conocemos. Y eso, lejos de molestarme, me agrada. Estoy haciendo lo que la doctora Hoffman me sugirió: abrirme un poco al… amor, y bueno, mi acercamiento con Alex ha sido el resultado positivo de eso.

Creo que lo estoy haciendo bien, supongo.

Ahora mismo estoy redactando el informe del último operativo, el de Texas: cártel de metanfetaminas con trece arrestos, cuatro laboratorios desmantelados y kilos de mierda confiscada. Tecleo en mi ordenador, detallando cada punto del caso:

INFORME DE OPERATIVO – CÁRTEL METAMORPHOSIS

Fecha: diez de enero de 2021.

Agente a cargo: Benjamín Keller.

Ubicación: Dallas, Texas.

RESUMEN EJECUTIVO:

Basándose en la inteligencia proporcionada por la consultora Eva Wigel, se llevó a cabo un operativo coordinado contra el Cártel Metamorphosis, una organización dedicada a la producción y distribución de metanfetaminas en la región de Texas. La informante Wigel identificó cuatro ubicaciones clave:

Laboratorio principal en las afueras de Dallas.

Dos puntos de distribución en Fort Worth y Arlington.

Casa de seguridad donde se alojaban los líderes del cártel.

EJECUCIÓN:

La fecha del operativo fue el treinta y uno de diciembre de 2020, a las siete de la tarde. Equipos tácticos locales, con apoyo de la DEA, ejecutaron asaltos simultáneos en las cuatro ubicaciones.

RESULTADOS:

13 arrestos, incluido Matheson alias «Diablo» Torres, líder del cártel.

4 laboratorios de metanfetamina desmantelados.

127 kilos de metanfetamina confiscados.

Equipamiento de laboratorio valorado en aproximadamente dos millones, confiscado.

Cero bajas entre nuestro personal.

Dos heridos leves entre los sospechosos que ofrecieron resistencia al arresto.

CONCLUSIÓN:

Operativo exitoso. La inteligencia proporcionada por la consultora Wigel fue, una vez más, precisa y práctica. Se recomienda continuar utilizando sus servicios y…

Llaman a la puerta de mi oficina, interrumpiéndome al instante. Detengo mis dedos, que estaban a medio camino de tocar las teclas. —Adelante— suelto sin levantar la vista de la pantalla.

La puerta se abre y levanto la mirada. Eva está en el umbral, vestida de forma casual como siempre, con vaqueros, un jersey púrpura y una chaqueta vaquera. Me sonríe. —¿Ocupado, agente?

—Terminando el informe del operativo de Texas— le respondo —¿Qué pasa?

—Nada urgente. Solo…— se encoge de hombros, entrando y cerrando la puerta tras ella —Llevamos cuatro meses trabajando juntos y nunca hemos ido a tomar algo fuera de la oficina. Pensé que podríamos cambiar eso. Hay un bar a un par de manzanas. ¿Te apuntas?

Parpadeo lentamente. —¿Ahora?

—Son las seis de la tarde, Ben. Ya has terminado tu jornada y yo también. Así que sí, ahora— espeta ella con esa mirada rebelde, cruzándose de brazos. Miro la pantalla de mi ordenador; el informe está casi terminado… puedo acabarlo mañana.

—No sé… no suelo salir a bares— susurro en voz baja.

—¿Por qué no?— pregunta ella, frunciendo ligeramente el ceño.

—Porque… no bebo— le respondo con una risita nerviosa que se me escapa sin querer. Eva, con una sonrisa divertida esbozándose en sus labios, alza una ceja.

—¿No bebes nada?— interroga, y niego con un movimiento rápido de cabeza. —¿Ni siquiera una cerveza?— ahora abre los ojos como si realmente no se lo creyera. Pero es así. No bebo. Sheryl ha intentado miles de veces, desde que llegué aquí, convencerme, pero nunca lo ha logrado.

—No me gusta el alcohol— respondo con cierta vergüenza —Me hace sentir… fuera de control.

—Pues no bebas alcohol, pide un refresco— dice —Una Coca-Cola, o agua con gas, lo que sea. El punto no es emborracharse, Ben. El punto es salir de esta oficina y tener una conversación normal en un ambiente normal.— deja caer los brazos a los lados —Vamos, colega. Nos vendría bien a ambos.

La miro. Tiene esa expresión decidida que me indica que no va a aceptar un no por respuesta. Y joder, tal vez tenga razón. Llevo años encerrado entre cuatro paredes, ya sean las de mi apartamento o las de este lugar. Un poco de vida social no me vendría mal. —Vale— cedo, soltando un leve suspiro y apago el ordenador —Pero solo una hora, ¿eh? Y me largo si hay demasiado ruido.

—Trato hecho.

&

El bar es exactamente el tipo de sitio que habría evitado en circunstancias normales. Oscuro, con música de fondo que no es ni demasiado alta ni demasiado baja, mesas de madera gastada y ese olor característico a cerveza y patatas fritas. Pero Eva tenía razón. Es… agradable. Relajante, incluso.

Estamos sentados en una mesa en la esquina. Eva con una cerveza y yo con una Coca-Cola, porque realmente no quiero levantarme con resaca mañana. —¿Ves? No está tan mal— comenta Eva, dándole un sorbo a su bebida.

Sonrío ligeramente. —Vale, lo admito, no está mal— bebo un poco de mi refresco y me relamo los labios.

—Sabía que te convencería— dice, guiñándome un ojo.

Charlamos de tonterías durante un rato: sobre el trabajo, las noticias, una serie de Netflix que Eva está viendo y que jura que debería ver también. The Walking Dead, dice que es buenísima, pero… no sé, no soy de ver series, nunca las termino, las dejo a medias.

En fin, es… fácil. Hablar con ella es fácil. No hay presión, no hay expectativas. Hmm. Pedimos comida, patatas fritas para compartir. Eva pide una hamburguesa con doble carne, pero a mí no me gusta la carne. Es algo que sí tengo claro a pesar de haber perdido la memoria. No sé, fue lo único que se me quedó grabado, creo, así que pedí una hamburguesa, pero con carne vegetal. Por suerte sí tenían, joder. Esto, además de ser un bar, parece también un restaurante.

—Muy saludable— bromea Eva cuando llega mi hamburguesa.

—Alguien tiene que mantener los estándares— respondo con una sonrisa.

Ella suelta una carcajada. Comemos en relativa tranquilidad, intercalando bocados con conversación casual. Eva me cuenta sobre una película que vio el fin de semana, algo de acción, explosiones… el típico blockbuster de Hollywood.

—Suena horrible— digo, bebiendo un trago de mi refresco.

—Lo fue, pero para mí lo horrible es entretenido— dice entre risas —No sé, me gusta. Lo que sí me aburre son las películas de terror, buah…— hace una mueca con los labios después de chuparse dos dedos que se habían llenado de las salsas de la hamburguesa —Siempre con el típico final tan predecible…— bufa.

—Lo sé, a mí tampoco me gustan— le comento —Prefiero cosas con más sustancia, ¿sabes?

—¿Como qué?— pregunta.

—Documentales— contesto, encogiéndome de hombros —Thrillers psicológicos, ya sabes, cosas que te hagan pensar.

Eva me mira con una expresión divertida.

—Por supuesto que te gustan los documentales, eres el tío más serio que conozco— dice, y yo la miro falsamente indignado.

—No soy serio. Solo… selectivo con mi entretenimiento— digo con un tono socarrón.

—Serio— repite, sonriendo —Pero está bien, alguien tiene que equilibrar mi mal gusto.

Me río a pesar de mí mismo. Eva tiene esa habilidad de hacerme reír incluso cuando no quiero. —Bueno, si soy tan aburrido, ¿por qué insististe en que viniéramos?— pregunto, robándole una patata frita.

—Porque «aburrido» no significa «mala compañía»— responde, dándole otro sorbo a su cerveza. Es algo raro, come comida basura acompañada de bebidas alcohólicas. Esta chica tiene gustos únicos, joder —Y porque… no sé. Me caes bien, Ben, dres diferente… auténtico.

Eso me pilla por sorpresa. No estoy acostumbrado a cumplidos tan directos, bueno, a menos que sean de Sheryl. Ya me acostumbré a los suyos.

—Gracias, supongo.

—De nada, supongo— imita mi tono, burlándose suavemente.

Terminamos de comer. Eva pide otra cerveza, yo me quedo con mi Coca-Cola, que todavía está medio llena. El bar se va llenando poco a poco: gente que sale del trabajo, grupos de amigos, parejas en citas. El murmullo de las conversaciones aumenta, pero no es molesto. Es… reconfortante, de una forma extraña. Como estar rodeado de vida normal. La música suena bajito…

—¿Puedo preguntarte algo?— dice Eva de repente, con un tono que se vuelve más serio de la nada.

—Depende de qué— arqueo una ceja, burlón.

Ella sonríe, traga saliva y se relame los labios antes de hablar. —Xavier mencionó algo el otro día, sobre ti— hace una pausa, como si estuviera eligiendo bien sus palabras. Yo, sabiendo cómo es Xavier, me espero cualquier cosa.

—Déjame adivinar— la interrumpo, recostándome en mi silla —¿algo sobre que no merezco mi puesto o que solo estoy aquí por favoritismo de Alex?

—Bueno, eso también. Pero…— Eva levanta la mirada, y hay algo en sus ojos, preocupación genuina, creo —Mencionó que estuviste en prisión antes de unirte a la DEA.

Y ahí está. Por supuesto que Xavier lo mencionaría. Ese cabrón nunca pierde la oportunidad de soltar mierda sobre mí. Eva debe notar mi expresión de enfado, porque levanta las manos rápidamente.

—Perdona— dice —Sé que es una pregunta muy directa, muy personal. Pero me dejó pensando y… antes de creerle a Xavier sobre cualquier cosa, quería preguntártelo a ti directamente.— me mira a los ojos —Si no quieres hablar de ello, lo entiendo. Pero si es verdad… me gustaría escucharlo de ti.

Joder.

Respiro hondo, dejando mi vaso sobre la mesa. ¿Le cuento? ¿Comparto algo tan personal con alguien que, hace cuatro meses, era una completa desconocida? Pero Eva ha demostrado ser de fiar. Ha arriesgado su vida dándole información a la DEA, ha sido honesta conmigo y, joder, si vamos a ser amigos de verdad, no puedo seguir ocultando partes de mi vida.

La miro durante un largo momento. Eva no aparta la vista, no hay juicio en su expresión, solo… curiosidad e interés genuino.

¿Le cuento?

Sheryl lo sabe, más o menos. Alex, obviamente, la doctora Hoffman tiene todos los detalles, pero nadie más. Y joder, quizá ya va siendo hora de que alguien más lo sepa, alguien que no esté obligado profesionalmente a mantener mi confidencialidad.

—Xavier tiene razón— admito finalmente, soltando un resoplido; odio que se vaya de la lengua ese cabrón. Está peor que una vieja chismosa —Estuve en prisión dos años.

Eva asiente lentamente, sin sorpresa visible. —¿Puedo preguntar por qué?

—Puedes— digo con un leve asentimiento de cabeza —Pero es… es una historia larga y complicada. Honestamente, una mierda de principio a fin.

—Tenemos tiempo— dice Eva suavemente —Y si no quieres contármela, lo entiendo. Pero estoy aquí si te apetece hablar.

Doy un largo trago a mi Coca-Cola, intentando organizar mis pensamientos. Joder, vale, allá vamos. —No fui a prisión porque fuera culpable— empiezo a contar —Fui porque alguien decidió que yo era el chivo expiatorio perfecto para su mierda.

—¿Qué quieres decir?

—Hace ocho años, me desperté en un hospital sin saber quién coño era— suelto una risa sin humor —Literalmente, o sea, sin memoria, sin nombre, sin pasado. Nada.

Eva frunce el ceño. —¿Con amnesia?

—Sí, por un accidente de coche— digo, asintiendo con la cabeza —Fue… grave, muy grave. Me dijeron que el coche volcó, que me estampé contra los quitamiedos de una autopista. Estuve en coma un año entero— paso el dedo por el borde del vaso, girándolo lentamente —Cuando desperté, los médicos intentaron ayudarme a recordar con terapia, ejercicios, toda la mierda, pero no funcionó. Mi cerebro simplemente… borró todo lo anterior al accidente.

—Joder, Ben…

Suspiro. —Y lo peor es que tres meses después de despertar, me arrestaron.

Eva parpadea, algo descolocada. —¿Cómo?

—Me acusaron de tráfico de drogas, de colaborar con narcotraficantes, de filtrar información clasificada— me froto la cara —Dijeron que había pruebas, vídeos de cámaras de seguridad donde supuestamente salía yo con criminales conocidos. Transacciones bancarias raras, testigos que juraron haberme visto haciendo tratos.

—Pero… ¿cómo podían probar algo así si no recordabas nada?

—Exacto, ese era mi argumento— le digo —Pero los fiscales aseguraron que estaba fingiendo la amnesia, que era demasiado conveniente perder la memoria justo cuando estaban a punto de pillarme— aprieto la mandíbula y los labios; recuerdo a la perfección ese momento —El jurado les creyó a ellos y me condenaron a diecisiete años.

También recuerdo cómo grité, cómo supliqué que por favor no me llevaran a ningún sitio. Yo no recordaba nada, no tenía ni idea de nada, y lloré, lloré desesperado incluso cuando me dejaron en la celda que compartí con un par de tipos que intentaron hacerme daño. Si no hubiera sido por Bach, no sé qué habría pasado…

Como mencioné antes, él me cuidó allí dentro. Fue un gran amigo. He querido ir a visitarle, pero no me lo permiten…

—Diecisiete años— repite Eva, sacándome de mis pensamientos; suena genuinamente horrorizada.

—Hujum, me mandaron a una prisión federal de máxima seguridad. Me aislaron porque, supuestamente, era peligroso, que tenía conexiones con el crimen organizado internacional— suelto otra risa amarga; aún no puedo creer el motivo por el que me incriminaron así —Pasé dos años ahí dentro sin saber si realmente había sido un criminal o si todo era mentira. Dos putos años preguntándome quién coño era yo.

Eva no dice nada durante un rato. Solo me mira, procesando. —¿Y qué pasó? ¿Cómo saliste?

—Alguien descubrió la verdad— digo rápidamente, con desdén —Y ese alguien fue Alex— ella abre los ojos, sorprendida —Apareció evidencia nueva, pruebas de que todo había sido fabricado: los vídeos estaban manipulados, las transacciones bancarias eran falsas y los testigos habían sido pagados o amenazados— levanto la vista para encontrarme con sus ojos —Todo era mentira, Eva, cada puta cosa. Alguien me incriminó deliberadamente.

—¿Quién?

—El anterior jefe de la DEA, el padre de Alex, James Krüger— bufo —Según lo que me contó Alex, su padre era un cabrón corrupto que necesitaba un chivo expiatorio para cubrir sus propias operaciones ilegales— el nombre me deja un sabor amargo; odio a ese hombre y me da igual si está muerto —Me eligió a mí, probablemente porque yo no recordaba nada, así que no podía defenderme como es debido. Era el objetivo perfecto.

Pero debo admitir que lo que Alex me contó, al principio, no me convenció del todo, ¿un agente de la DEA, o bueno, jefe de la DEA haciendo cosas ilegales? No lo creo, pero no sé…

—¿Y qué pasó con ese señor?

—Murió hace unos años en un operativo— respondo con desdén —Así que nunca pude preguntarle por qué, por qué yo. Qué coño hice para que me destrozara la vida así…

Eva deja su cerveza sobre la mesa lentamente. —Entonces te liberaron.

Asiento como respuesta. —Me dieron una disculpa oficial, algo de dinero como compensación y me limpiaron los antecedentes. Ah, y me ofrecieron esto— señalo vagamente hacia mí mismo, hacia la idea de ser un agente —Alex supervisó la investigación que me exoneró, y cuando dio con la verdad, vino a verme a la cárcel. Me dijo que tenía potencial, que podía darme una nueva oportunidad si estaba dispuesto a trabajar.

—¿Y aceptaste?

—No tenía muchas opciones— admito, alzando los hombros —No quería seguir en la cárcel, Eva…— ella hace una mueca de pena —Alex me ofreció un trato con condiciones— bajo un poco la voz —Tenía que ir a terapia regularmente, para intentar recuperar la memoria y para procesar… todo lo que pasó. Y ayudarle con una misión específica.

Ella parece interesada, cruza los brazos sobre la mesa. —¿Qué tipo de misión?

—Capturar a un narcotraficante, uno en concreto— trago saliva lentamente —Alguien que creció durante el tiempo que estuve en coma y en prisión, alguien que ahora es uno de los criminales más peligrosos del mundo.

—¿Quién?

—Se hace llamar «El zar». Su nombre real es Brian, pero no se sabe su apellido— siento cómo mi voz se endurece —Es… es un monstruo, Eva. Ese hombre no tiene límites, no tiene escrúpulos. Si necesita eliminar a alguien y esa persona está rodeada de gente, los mata a todos. Niños incluidos.

Eva palidece ligeramente. —¿Y tú tienes que capturarlo?

—Es parte del trato. Si lo atrapo, consigo mi libertad completa, seré totalmente libre. Sin condiciones, sin ataduras. Pero si fallo…— guardo silencio unos segundos —Si fallo, vuelvo a prisión a cumplir los quince años que me quedan de la condena original.

—Eso es…— Eva sacude la cabeza —Eso es jodido, Ben.

—Lo sé, pero es lo que hay— me encojo de hombros —Esa es la razón por la que me han puesto al mando de cada operativo. Cada uno es como un… entrenamiento, ¿sabes? Si puedo con todos ellos, podré con Brian— ese nombre siempre hace que se me erice la piel, no sé por qué, pero es una sensación horrible.

Brian… me provoca… ¿cómo explicarlo? Es como si sintiera miedo.

Respiro hondo. —Así que sí, esa es mi historia. Por eso estoy aquí, por eso trabajo tan duro. Porque no tengo opción, porque si no atrapo a ese hijo de puta, pierdo mi libertad otra vez— me relamo los labios, los noto secos —Y joder, no puedo volver ahí, no puedo.

El silencio se instala entre nosotros. No es incómodo, pero sí pesado. Eva finalmente rompe el silencio. —Xavier es un gilipollas.

Parpadeo, sorprendido por el cambio brusco. —¿Qué?

—Xavier, que es un gilipollas— toma un largo trago de su cerveza —Está celoso de ti, Benjamín. Celoso de que Alex confíe en ti, celoso de que hayas ascendido rápido. Por eso esparce rumores, porque es un hombre pequeño con un ego gigante y frágil.

No puedo evitarlo. Rompo a reír. —No te guardas nada, ¿eh?

—¿Para qué?— se encoge de hombros —La vida es demasiado corta para andar con mierdas. Xavier puede irse a la mierda. Tú eres… eres un tío decente que ha tenido una vida horrible pero que sigue adelante de todas formas. No hay comparación.

—Gracias, Eva. En serio.

—No me lo agradezcas, es la verdad— me mira directamente a los ojos —Y para que conste, no me importa lo que Xavier o cualquier otro idiota diga sobre ti. Yo sé quién eres. He trabajado contigo, he visto lo mucho que te importa tu trabajo, lo mucho que te importa hacer las cosas bien. Eso es lo que cuenta.

Joder. No esperaba esto. Esta… aceptación, esta falta de juicio. —¿No te molesta?— pregunto en un susurro —¿Que haya estado en prisión?

—¿Por un crimen que no cometiste? Nah, tío. ¿Por qué me iba a molestar?— Eva sacude la cabeza —Si hubieras sido culpable, tal vez sería distinto. Pero fuiste víctima de un sistema corrupto, eso no te define, Ben.

—Mucha gente no lo ve así.

—Entonces mucha gente es estúpida— termina su cerveza dejando la botella con un golpe fuerte en la mesa, sonríe con autosuficiencia —Mira, todos tenemos mierda en nuestro pasado, todos hemos pasado por cosas difíciles. Lo que importa es quién eres ahora. Y ahora, eres un buen agente, un buen tipo y un buen amigo.

Esa palabra otra vez, amigo. Y esta vez, realmente se siente real. —Gracias por no juzgarme.

—Gracias por confiar en mí— responde Eva —Sé que no fue fácil contarme todo esto.

—No lo fue. Pero… me alegro de haberlo hecho.

Nos quedamos en silencio por un momento. La música del bar sigue sonando un poco más alto que antes. La gente ríe en otras mesas, vidas normales fluyendo a nuestro alrededor.

—¿Otra ronda?— pregunta Eva, señalando su botella vacía.

Miro mi reloj; ya llevo aquí más de una hora, pero la verdad es que no quiero irme todavía. —Una más— acepto —Pero después me voy, tengo que madrugar.

—¿Para qué?

—Para correr contigo, mañana es sábado.

Eva sonríe. —Cierto. Vale, una más y luego nos piramos— se levanta —Vuelvo en un momento.

La veo alejarse hacia la barra, abriéndose paso entre la multitud. Yo me quedo aquí sentado, procesando todo lo que acabo de compartir. No hablo de esto nunca, con nadie, excepto con la doctora Hoffman. Pero con Eva… fue natural. Fácil. Tal vez porque ella tiene esa manera de escuchar sin juzgar, de estar presente sin presionar. O quizá porque necesitaba decirlo en voz alta.

Contárselo a alguien que me ve como soy ahora, no como el proyecto de rehabilitación que soy para Alex, por muy feo que suene eso, o el paciente que soy para Hoffman.

Hmm…

Eva regresa con las bebidas, se sienta y me pasa mi Coca-Cola. —Entonces— dice —¿alguna vez has tenido algo? ¿Algún recuerdo?

—A veces tengo sueños— cojo mi vaso de refresco y bebo un sorbo —Pero no sé si son recuerdos reales o solo mi cerebro intentando rellenar los huecos.

—¿Qué tipo de sueños?

Dudo en decirle; esto es aún más personal. Pero joder, ya le conté el resto. —Caras borrosas, voces que no puedo identificar. A veces… a veces hay una sensación de calidez, como si hubiera tenido a alguien importante— me paso una mano por la cabeza —Pero nunca es claro, nunca es suficiente como para significar algo.

—¿Qué dice la doctora?

—Que es posible que sean fragmentos reales o que sea mi mente inventando lo que cree que debería haber sido mi vida— suspiro —No hay forma de saberlo con certeza.

—¿Y has intentado investigar? ¿Buscar tu vida anterior?

—Solo la DEA tiene esos archivos. Según lo que me contó Alex, esos documentos los guardó su padre cuando era jefe… y no se sabe si son reales o no. Además, están sellados, clasificados. Ni siquiera yo puedo acceder a ellos— suelto una risa sin humor; lo he intentado muchas veces, pero nunca pude, y al final me rendí —Alex dice que lo mejor es que trate de recuperar la memoria con ayuda de la terapia, porque si al leer algo de esa información llego a recordar y los recuerdos vienen a mí de golpe, podría provocarme un derrame cerebral.

—¡Mierda!— exclama —¿Y tú qué piensas de eso?

—Pienso que es frustrante de cojones no saber quién eres, no saber si tuviste familia, amigos, en fin, una vida— miro mi vaso como si fuera lo más importante del mundo —Es como existir sin raíces, ¿sabes? Como flotar sin ancla. Pero sé que Alex tiene razón… la doctora Alexandra me lo ha dicho también.

Eva me mira con una expresión que no logro descifrar. Hay algo ahí, algo que parece casi… culpa. Pero desaparece tan rápido que creo que me lo he imaginado. —Para lo que vale— dice finalmente, soltando un resoplido —Creo que eres valiente. Seguir adelante sin saber quién eras, construir una vida desde cero… eso requiere coraje.

—O estupidez.

—No, coraje.— sonríe —Y oye, seas quien hayas sido antes, ahora eres Ben Keller, un buen agente y una buena persona. Eso cuenta… además de guapo, porque sí que eres majo, ¿eh?

Me echo a reír. —Me lo han dicho muchas veces — menciono con algo de vergüenza —Pero no sé…

—¡¿Estás de coña?!— se ríe —Eres demasiado sexy, tío. No me sorprendería si se confirma el rumor de que Alex está pilladito por ti…

—Oh, no digas eso…

Reímos los dos y seguimos bebiendo, charlando de cosas más ligeras. Eva me cuenta sus planes para el fin de semana, y yo le hablo de un documental que vi sobre narcotráfico en México. Para cuando salimos del bar, son casi las diez. La noche está helada, ese frío de enero que, literalmente, te corta la cara.

—Gracias por venir— dice Eva cuando llegamos a donde se separan nuestros caminos —Y gracias por confiar en mí y contarme lo tuyo.

—Gracias a ti por escuchar— le digo —Y por no salir corriendo cuando te conté todo.

—¿Por qué iba a hacer eso?— se ríe —Eres mi amigo, Ben. Los amigos no huyen.

Amigo…

Sí, eso es lo que somos.

—Nos vemos mañana para correr.

—A las ocho en punto, no llegues tarde.

—Oh, nunca.— se burla ella.

Eva se aleja, caminando hacia el metro. Yo me quedo ahí un momento, mirándola marcharse, y esa sensación vuelve… esa inquietud. Pero la ignoro. Eva es mi amiga, ha demostrado ser de confianza, no hay razón para sospechar.

Empiezo a caminar hacia mi piso. Debe de ser paranoia, solo eso… tiene que serlo.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!