Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 19

Cuando llego al bar la calle está inusualmente tranquila. Las puertas están cerradas y hay un cartel de «Cerrado temporalmente por mantenimiento» colgando en el centro. Aparco la moto, me quito el casco al bajar y entro por la puerta lateral que sólo nosotros usamos.

El bar está vacío, sin música, pero con ese olor a cerveza, salvo por Georg y cinco hombres sentados en distintas mesas. Mi colega se acerca cuando me ve entrar. —Klaus, los hombres están aquí como pediste— dice con una pequeña sonrisa ladina.

—Gracias, Geo…— le doy unas palmaditas en el hombro —Quédate, porque tú también tienes que escuchar, eh…

—¿Vas a decirme por qué tanto show?

—Ya verás…

Miro a los cinco hombres y, sinceramente, no reconozco a ninguno. El encargado de reclutar es Georg: pasó de ser tonto antes a ser un jugador muy bueno en este juego. Ah, y su pelo, que antes llevaba largo, ahora lo tiene corto y, siendo honesto, le queda bien. Si mi amigo ha traído a estos hombres es porque los considera los mejores; espero que realmente sea así, porque no quiero ningún error en el momento del secuestro. Tiene que estar todo perfectamente planeado.

—Caballeros— digo, acercándome al centro del bar con todas las miradas puestas en mí —Gracias por venir con tan poca antelación, aunque tampoco es como si hubierais tenido opción— me río ligeramente —Si estáis aquí es porque Georg piensa que sois buenos en lo que hacéis; espero que tenga razón. Porque el trabajo que os traigo es… difícil.

—¿Qué tipo de trabajo, jefe?— pregunta uno de ellos; es rubio. Travis se coloca a mi lado, con las manos en los bolsillos.

—Es una operación que se llevará a cabo en Estados Unidos, Washington D.C.— les aclaro con voz neutra; eso capta la atención de todos y se miran entre sí —Vamos a extraer a alguien: un objetivo de alto valor y traerlo aquí.

—¿Quién es el objetivo?— pregunta otro.

—Un agente de la DEA. Se llama Benjamín Keller— respondo.

—¿Un agente federal?— pregunta otro más, frunciendo ligeramente el ceño y levantando una ceja —Eso es arriesgado, jefe.

—Lo sé, idiota— gruño de inmediato —¿Por quién me tomas? Ya he analizado la situación; sé que es peligroso, sé que puede no funcionar, pero también sé que existe una posibilidad de que funcione si hacéis bien vuestro jodido trabajo. Además, esto es necesario. Keller tiene información que necesitamos sobre alguien…

Todos se tensan con mi tono; a veces tengo que hablarles así para que dejen las gilipolleces.

—El plan es simple— continúo, relamiéndome los labios ligeramente —Keller corre solo por las mañanas, por el National Mall en Washington. Ese es nuestro momento. Vosotros os prepararéis; Georg os dirá quién liderará el equipo en terreno, quién coordinará el transporte, quién proporcionará cobertura desde la distancia, quién se encargará de la extracción física y, por último, quién sedará al objetivo.

—¿Cuándo?— pregunta el mismo al que les grité a todos.

—En cuanto tengamos confirmación de sus rutinas exactas; probablemente dentro de dos o tres días…

—¿Y el traslado?— interroga otro; joder, es difícil si no sé sus nombres, pero no me importa.

—Será en un jet privado. Tendremos uno esperando en un aeropuerto privado en las afueras de D.C.; vuelo directo a Berlín sin escalas.

—¿Debemos asumir que habrá resistencia, verdad?— pregunta el rubio.

Asiento despacio. —Keller está entrenado; es un agente, así que sí, esperad resistencia. Pero la orden es clara: traerlo vivo y sin daño permanente. Necesito poder hablar con él cuando llegue aquí— anuncio.

—¿Y si las cosas se complican?— pregunta otro —¿Si hay testigos? ¿Si alguien interviene?

—Entonces improvisáis, qué sé yo… Pero sin matar civiles inocentes. Solo si es absolutamente necesario para completar la misión. ¿Entendido?

Todos asienten.

—Bien, Georg…— el castaño me mira al instante —Quiero que empieces a planear los detalles; coordina con Travis lo del jet y que los chicos estén listos para partir en cuanto tengamos el visto bueno— él asiente, satisfecho vuelvo a mirar a los hombres que aún están sentados en las mesas —¿Preguntas?

—¿Dónde lo traemos?— interroga el rubio —¿Aquí, al bar?

—No— respondo —Mi hermano os dirá dónde.

—Entendido.

—Perfecto, mantened los móviles encendidos porque os contactaré en cuanto tenga más información. Podéis iros.

Los cinco hombres se levantan, asienten con la cabeza como siempre hacen cuando tienen clara una orden, y salen del bar por distintas salidas. Solo quedamos Georg, el idiota de mi hermano, que se mantuvo en silencio todo el rato, y yo. Me acerco a la barra y me siento en uno de los taburetes. Georg se mueve detrás de la barra, saca una botella de whisky y tres vasos.

—Bueno, ahora sí que puedes contarme mejor lo que sea que estés tramando con esto— dice, mientras echa un par de cubitos de hielo en cada vaso y los llena hasta la mitad. Travis ocupa un sitio a mi lado en otro taburete; me mira y alza las cejas varias veces, instándome a que responda.

—¿Además de lo que acabo de explicar?— pregunto tras chasquear la lengua con aburrimiento.

—Sí, además de eso— me pasa un old fashioned al mismo tiempo que a Travis y espera paciente —Secuestrar a un agente de la DEA no es algo que hagas porque sí, y menos teniendo en cuenta la guerra que hay con esa gente. Así que, ¿qué está pasando realmente?

Me reclino ligeramente sobre la barra, giro el vaso entre los dedos después de beber un trago. —Vale, como ya sabéis, mi querido amigo, tengo a la gran Sophia Schwarz infiltrada en la DEA desde hace ya un par de meses— él asiente despacio, toma su vaso y bebe con calma para luego relamerse los labios. Yo sonrío —De las tantas informaciones que me ha dado, hubo una que me hizo tomar esta decisión.

—¿Por qué no vas directamente al grano?— pregunta con diversión en la voz.

—Ya sabéis que le gusta hacerse el misterioso— comenta Travis con una sonrisa socarrona mientras inclina el vaso hacia los labios para beber; yo me echo a reír.

—Vale, vale, par de cabrones. Keller está buscando a Brian; es su misión.

—¿Eh? No estoy entendiendo ni mierda.

—Geo…— pongo los ojos en blanco —Tú, solo por milagro, sabes dónde estás parado— me mira indignado; su expresión hace que Travis y yo nos partamos de risa —A ver…— tomo aire para controlarme ya —Resulta que el agente ese salió de prisión gracias a un trato que hizo con su jefe en la DEA donde se dice…

—Se especifica— interrumpe Travis, aún riendo pero más flojo que antes.

—Eso: se «especifica» que si no quiere volver a prisión debe ayudar a capturar a un narcotraficante; ahí entra el cabrón hijo de su puta madre, Brian. Si rompe ese contrato, vuelve a la cárcel; pero si atrapa a esa rata asquerosa recupera la libertad completa— le explico con la calma que no tengo siempre. Hoy ha tenido suerte.

Él levanta las cejas sorprendido. —O sea que está en la DEA por obligación.

—Quién sabe…— dice Travis encogiéndose de hombros —Igual con los años le empezó a gustar.

—El punto es que necesito hacer una alianza con ese tío para poder atrapar a Brian, porque según lo que me dijo Sophia la DEA tiene información sobre esa organización de mierda— murmuro con desprecio en la voz; me pasa cuando hablo de ese gilipollas —Si consigo hablar con él de forma civilizada, o al menos intentarlo, y llegamos a un acuerdo… podemos trabajar juntos para dar con Brian. Y luego podemos seguir jugando al gato y al ratón— sonrío al terminar mi majestuoso plan y doy un trago al whisky porque se me ha quedado la garganta seca de tanto hablar.

Georg me mira fijamente y frunce el ceño; tiene esa mirada que me puso Travis esta mañana en Potsdam. Me mira como si yo hubiese dicho que la Tierra es plana, y mira a Travis, que asiente como dándole la razón y vuelve a mirarme a mí. —¿Qué coño te has fumado, tío?— pregunta, haciendo una mueca con los labios.

—Eso mismo le pregunté yo…— suelta Travis.

Pongo los ojos en blanco. —Es un buen plan…

—Sí, claro— dice con sarcasmo —Un buen plan que parece suicida— suelta con horror —Tom, ¡es un puto agente de la DEA! Cuando se enteren van a venir contra nosotros; harán lo que sea para sacarnos información, ¡y van a liquidarnos! Y yo no quiero morir tan joven, eh… al menos no antes de haberle dado un beso a Angelina Jolie.

—Eres tan cobarde como Travis— digo en mi defensa —Y el único beso que le darás a esa mujer será en tus sueños; estoy seguro de que ya los has tenido y justo cuando vas a meterle la lengua hasta el fondo, suena la alarma.

—Bueno, sí, ¡pero ese no es el punto!— exclama, señalándome con el dedo acusador —El punto es… ¿colaborar con la DEA? En serio, te has vuelto loco, y lo peor es que para ti parece algo normal.

—Lo es— respondo con una sonrisilla burlona —Y no voy a colaborar con la DEA, sino con Keller. Además, es temporal. Hasta que Brian esté muerto— concluyo, encogiéndome de hombros.

Georg se ríe sin ninguna gracia. —Joder, Tom. Solo a ti se te ocurre una cosa así…

—¿Ves alguna otra forma de encontrar a ese hijo de puta? Lleva diez años escondiéndose y no hemos conseguido nada porque los hombres que tenemos investigando son tan idiotas que no han encontrado nada.— él asiente, como queriendo decir que tengo un punto —Pero Keller tiene acceso a recursos que nosotros no, y eso nos ayudará bastante.

—Suponiendo que colabore— añade él.

—Lo hará; de una forma u otra va a colaborar— espeto.

Georg toma un sorbo de su whisky. —Esto puede salir muy mal, ¿lo sabes?

—Lo tengo muy claro.

—La DEA va a venir con todo cuando se den cuenta de que uno de sus agentes ha desaparecido— dice —Pero supongo que no podrán probar que hemos sido nosotros, ¿no?

—Hay una pequeña posibilidad de que sí lo piensen— dice Travis —Porque es el agente que lideró el operativo contra nosotros; si piensan en los posibles culpables, quizás nos incluyan en esa lista y crean que lo hemos secuestrado para torturarlo y hacer que dejen de perseguirnos.

—Así es…— afirmo —Pero igual no habrá testigos en el momento en que lo secuestren.— comento con sorna —Y Sophia se encargará de la excusa perfecta por si la interrogan.

—Espero que sea buena— susurra Travis.

—Oh, créeme que lo es… yo le ayudaré.

Georg sacude la cabeza sonriendo ligeramente. —Eres un loco cabrón, ¿lo sabías?

—Alguien, que no diré quién es pero que está sentado a mi lado con su cara de drogado, me lo ha mencionado— digo, señalando vagamente a mi hermano.

—¡Oh, vaya! ¿A quién se habrá referido el cara de rata con esa indirecta que no fue nada indirecta?— dice, dramático.

—Vete a la mierda, Travis…— digo entre risas.

—¿Harry y Andreas saben esto?— pregunta Georg de repente. Yo niego con la cabeza.

—Todavía no. Pero lo sabrán pronto— le digo.

—Les va a encantar— comenta —Especialmente a Andreas; ya sabes cómo es con estas cosas.

—Andreas siempre ha sido el más cauteloso— digo con sarcasmo. En realidad es el más impulsivo; recuerdo cuando éramos jóvenes, apenas unos adolescentes, tenía que frenarlo y mantenerlo controlado. Porque si lo descuidabas ya estaba apuntando a alguien en la cabeza con su arma solo porque no le obedecían. En ese grupo incluyo a mi moreno y a la puta de Nathalie. Hubiese dejado que le disparara a esa rubia zorra en aquella joyeria…

—Es alemán del este— comenta Georg sacándome de mis pensamientos —La cautela está en su ADN…

No puedo evitar echarme a reír de nuevo. —Cierto.

Georg rellena nuestros vasos de whisky al verlos vacíos. —¿Y qué pasa si Keller no colabora? ¿Si se niega rotundamente?

—Lo torturaré…

—¿Qué?

—Solo si es necesario…

Georg arquea una ceja. —Ojalá el señor Gordon esté presente para que así sea…

—¿No confías en mi palabra?

—No.

—Capullo.

—Oye, ¿qué esperabas? Eres demasiado loco, Tom. De ti se puede esperar cualquier cosa, y con esa poca paciencia que tienes…

—Será solo si es necesario— repito, pasando la mano libre por la cabeza. Ni Travis ni Georg me creen, y lo sé por las expresiones de obviedad en sus rostros. Y tienen razón en mirarme así: si no está mi padre presente seguramente haré cosas que no serán nada buenas.

—Bueno— dice Georg finalmente, cambiando de tema —Al menos después de todo esto, si sobrevivimos, tendremos una buena historia que contar.

—Si sobrevivimos…— recalca Travis, alzando el vaso antes de beber.

—Siempre tan optimista— refunfuño.

—Es una de mis mejores cualidades— dice él.

Georg se ríe. —Qué par de niños en cuerpos de adultos, joder…

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By Bill

Han pasado dos días desde la noche en el bar con Eva. Dos días en los que todo ha parecido… normal, rutinario, tranquilo, incluso. Con jornadas llenas de trabajo, informes y reuniones. Las cosas de siempre.

Y hoy, Alex nos dio el día libre a Eva y a mí; dijo algo de que llevábamos semanas currando sin parar y que necesitábamos descansar. Cosa que me pareció completamente absurda, pero aquí estamos. Corriendo por el National Mall como hacemos habitualmente. El día está nublado; el cielo aparece lleno de nubes grises. Es el tipo de tiempo que amenaza con llover pero nunca termina de hacerlo. Hay gente por el parque: familias con perros, parejas paseando, turistas haciendo fotos del Capitolio a lo lejos.

Todo normal.

—¿Otro kilómetro?— pregunta Eva, trotando a mi lado; su respiración es constante y bastante controlada.

—¿Intentas matarme?— pregunto con sorna en la voz.

—Venga ya— se ríe ella —Eres más fuerte que eso, Benjamín.

—Llevamos una hora corriendo— le digo —Si seguimos así mañana no podré ni levantarme de la cama del dolor de piernas.

—Una hora y cuatro minutos— corrige con una sonrisa burlona, cruzándose de brazos cuando nos detenemos —¿Quién está contando?

Me río a pesar del cansancio. —Vale.— tomo aire —Un kilómetro más, pero después paramos. Mañana tengo que limpiar mi apartamento.

—Trato.— empezamos a correr de nuevo, no tan rápido; es lento pero aún así agotador —¿Qué piensas hacer en tu semana de vacaciones? Yo me voy de viaje a París, como turista. Sería la primera vez; con lo que me han pagado por ser informante me da para quedarme unos días, despilfarrar y volver…

Río ligeramente. —La verdad… no sé qué haré— respondo, con la voz agitada —Creo que me pasaré el tiempo en mi camita durmiendo; solo saldré para mis sesiones con la doctora Hoffman.

—¡Qué aburrido!— exclama —Igual pasa algo súper emocionante y no te quedas solo en el apartamento.

—¡Ja! No lo creo…

Seguimos corriendo. El ritmo es constante; mi mente se vacía mientras mis pies golpean el pavimento, uno tras otro. Izquierdo, derecho, izquierdo, derecho. Es casi meditativo. Para cuando por fin nos detenemos son casi las cuatro y media. Estamos cerca de una de las salidas del parque, así que caminamos para enfriarnos, con las manos en las caderas y respirando hondo.

—Joder— dice Eva, secándose el sudor de la frente con un pañuelo que llevaba apretado en la mano —Eso ha estado bien, pero necesito agua urgentemente.

—Siento que me muero de hambre.

Ella se parte de risa. —Mi estómago se está comiendo a sí mismo; yo también muero de hambre.

—¿Qué tienes en mente?

—Hay un puesto de comida rápida por aquí cerca— dice, señalando vagamente en la dirección hacia la que debemos ir —A un par de calles; tienen opciones vegetarianas, creo.

—¿Crees?— la miro arqueando una ceja.

Eva sonríe. —Vale, estoy segura— dice —Lo vi la semana pasada; tienen falafel, ensaladas, esas cosas que comes.

—Esas cosas que como— repito con sarcasmo divertido. A ella le parece aburrido que yo sea vegetariano; dice que me pierdo cosas deliciosas por andar pensando en la desgracia de los animales que son sacrificados. Joder, eso solo ha aumentado mi ganas de ser todavía más vegetariano. De solo pensar en esos pobres animales muertos me da tanta tristeza como repulsión. —Qué forma de describirlo.

—Tú me entiendes.

—Vale, vamos. Pero si no tienen opciones vegetarianas me comprarás algo después— le advierto.

—¡Hecho!— exclama.

Salimos del parque. Eva parece saber exactamente hacia dónde vamos, así que la sigo. Dos calles más adelante giramos en una esquina. Y ahí está el puesto de comida: pequeño, con un toldo rojo y blanco y un cartel que pone «Ahmed’s Fast Food — Falafel, Shawarma, Ensaladas».

—¿Ves?— dice Eva, triunfante —Te lo dije.

—Tonta…— digo entre risas cansadas.

Nos acercamos al puesto; hay un hombre mayor detrás del mostrador. Bueno, no tan mayor, pero tiene la barba gris y un delantal manchado. Sonríe cuando nos ve acercarnos. —¡Buenos días! ¿Qué les sirvo?

—Buenos días, ¿tienes falafel?— pregunto con una pequeña sonrisa en los labios. Tengo calor a pesar de que el día es frío; mi pelo está completamente húmedo. Y necesito agua, necesito mucha agua.

—Por supuesto, el mejor de la ciudad— responde el hombre.

—Entonces dame un wrap de falafel, con hummus y, por favor, sin salsa de ajo— le pido amablemente.

—Perfecto. ¿Y para la señorita?

Eva mira el menú colgado detrás del hombre. —Shawarma de pollo, con todo— pide con urgencia en la voz; realmente se muere de hambre.

—Excelente elección, en diez minutos tendré todo listo… ¿desean algo para beber?

—Dos Gatorade— pido yo, antes de que Eva pida un refresco. Necesitamos energía; el refresco, para después. Ella me mira con los ojos entrecerrados, falsamente enfadada, y yo sonrío. —Es para recuperar energías, ¿eh?

—Sí, claro…— rueda los ojos, esbozando una sonrisa en los labios.

Nos apartamos un poco del puesto mientras el hombre empieza a preparar nuestra comida. Es entonces cuando noto lo vacía que está esta calle. No hay nadie, ni un solo peatón, ni coches pasando. Solo… silencio, y el ruido lejano de los cláxones sonando, seguramente por algún atasco. Frunzo el ceño ligeramente. Es raro: aquí, en Washington D. C., siempre hay gente, especialmente a esta hora.

Pero antes de que pueda pensar demasiado en ello, escucho el sonido de un motor. Por reflejo miro de reojo, y veo un coche negro… bueno, un SUV, que se detiene justo detrás de nosotros, demasiado cerca, demasiado deliberado. Mis instintos se activan de inmediato. Algo va mal, muy mal, y sin embargo mantengo la calma, porque de nada sirve entrar en pánico. Miro a Eva y, para mi sorpresa, ella ya me está mirando. Y hay algo en su expresión… algo que no logro identificar del todo.

¿Culpa?

¿Arrepentimiento?

—Ay, Ben…— suspira —Vas a tener que perdonarme por esto, ¿eh?— dice de repente.

Parpadeo, confundido. —¿Eh?

—Vas a tener que perdonarme…

—¿Que te tengo que perdonar qué…?

—Esto…— me interrumpe.

Y antes de que pueda preverlo, siento algo presionándose contra mi nariz y mi boca desde atrás. Es un pañuelo húmedo, con un olor químico fuerte. No hace falta ni olerlo para saberlo, joder. Instintivamente intento forcejear. Levanto los brazos, intentando agarrar a quien sea que me está sujetando; mis codos golpean algo sólido. Es un cuerpo. Pero hay manos, y esas manos fuertes sujetan mis brazos, inmovilizándome por completo.

Y ese pañuelo sigue ahí, presionado contra mi cara.

No respires, no respires.

Pero mis pulmones arden; necesito aire con urgencia. Forcejeo más, intentando liberarme, pero no lo consigo. Lo único que hago es vaciar el poco aire que me queda en los pulmones, hasta que no puedo aguantar más y, preso del pánico, inhalo. El químico entra en mis pulmones de inmediato. Siento cómo mi cuerpo se vuelve pesado, torpe, conforme pasan los segundos.

Mis piernas fallan. Mi visión se vuelve borrosa. Veo a Eva, todavía ahí, mirando a los lados, asegurándose de que nadie esté viendo.

—Lo siento, Ben…— dice, pero su voz la oigo tan lejana, tan…

Todo se vuelve negro.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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