Silent promise 22

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 22

Me sirvo un vaso de whisky hasta arriba por décima vez desde que Travis y mi padre casi me sacaron a rastras de la habitación de tortura donde aquel hermoso hombre quedó aún arrodillado en el suelo, con esa expresión de confusión en el rostro cuando lo llamé «Billi».

Debo admitir que me perdí por completo en mi cabeza durante lo que pareció una eternidad, intentando entender y asimilar lo que estaba pasando, lo que vi, lo que sentí, y traté de convencerme a mí mismo de que no fue una ilusión lo que vi, sino que fue real, jodidamente real. Cuando finalmente lo entendí, no pude evitar sonreír como nunca en mi vida. Es que, bueno, acabo de ver al amor de mi vida frente a mí, mirándome como si fuera un desconocido, pero vivo al fin y al cabo.

Siento tanta alegría que no me cabe en el pecho y por eso bebo, para que el alcohol me ayude a calmarme, y lo estoy consiguiendo.

Mi padre y Travis se encargaron de explicar la situación a mi madre y a Georg; ambos asimilaron todo al instante, más rápido que yo, y Georg se encargó de esparcir la noticia, haciendo que hasta Harry, Matthew y Andreas vinieran. Eva también acaba de llegar: después de que mis hombres detuvieron a mi bonito moreno, que ya no es moreno sino rubito, ella cogió un vuelo hasta aquí.

Planeó todo para que en la DEA nadie sospechara de la desaparición del agente Benjamín.

Ahora mismo le están contando todo lo que ocurre y tiene los ojos como platos desde que Travis le dijo que Benjamín es Willem Kaulitz y mi pareja. Porque sigue siendo mi pareja. Él y yo nunca terminamos…

—¡Halaaaa!— la oigo exclamar, y se lleva las manos a la boca al instante. Pero esa emoción se le pasa en cuestión de segundos cuando me busca con la mirada y me encuentra —¿Cuánto me pagarás por esto? Porque es gracias a mí que sabes que tu novio está vivo y no muerto como pensabas…

—¿Qué tal una bala en la cabeza?— le sugiero mientras doy un sorbo a la bebida.

Me mira indignada y se cruza de brazos —Eres un malagradecido— dice y yo me encojo de hombros restándole importancia, para luego beber otro trago de whisky.

—Tom, estás bebiendo mucho— me dice mi madre —Cálmate un poco, cariño…

—Mamá, créeme que estoy más calmado de lo que realmente debería estar— le contesto.

—Lo sé, lo has creído muerto tanto tiempo que ahora todas las emociones te tienen hasta temblando…— sonríe con suavidad —Pero acabarás borracho si sigues así, anda… respira hondo y verás cómo te calmas en segundos.

—Vale…— me bebo lo que queda en el vaso y lo dejo sobre la cómoda donde estuve apoyado todo este tiempo, bebiendo y bebiendo —¿Ya lo sacaron de esa habitación, verdad?— pregunto mirando a Travis —Me voy a enfadar si resulta que no, así que responde…

—Primero, no me des órdenes, recuerda que soy tu hermano mayor— pone los ojos en blanco; siempre lo saca a relucir como si fuese importante —Y segundo, obviamente ordené que lo sacaran de allí. ¿No me escuchaste? Te dije que le daría una habitación y haría que le compraran ropa para que pudiera ducharse…

No, no escuché eso…

—Para convencerlo fue difícil— menciona Georg —Se negaba a entrar al baño porque no entendía por qué el cambio tan repentino, pero la señora Charlotte me ayudó y accedió.

—Pobrecito…— suspira Eva —Debe estar muy confundido, yo también lo estaría…

—¿Qué hora es?— pregunta mi padre.

—Las once, señor Friedrich…— responde Harry tras mirar su reloj de pulsera. A esta hora deberíamos estar durmiendo, pero no, tenemos algo más importante que hacer.

—Ve y búscalo, Georg; ya debería haberse vestido dice mi padre con calma en la voz.

—Recordad llamarlo por su nombre falso y no por el real, eh— comenta Sophia —Y no mencionéis nada de su pasado; cualquier mínima cosa que le haga recordarlo todo de golpe le puede provocar un derrame o algo peor.

—¿Cómo lo sabes?— pregunta Matthew.

—Porque él me lo contó, y cállate…

Georg resopla —Iré a buscarlo— musita, tomando camino hacia las escaleras para ir en busca de Bill o, bueno, Benjamín.

—Tom…— me llama papá —¿Te sientes preparado para tener una conversación con él? Sabes que el objetivo es que considere la oferta de formar una alianza con nosotros.

Me humedezco los labios —Claro que sí, ya se me pasó el shock…

—Yo no lo creo…— susurra Travis —Pero con tal de que no hagas algo tan tonto como llamarlo «Billie» otra vez, todo bien…

—No me lo podía creer, ¿vale?— le digo —Es como si fueras pobre y te dijeran que te has ganado la lotería…

Andreas, sentado en el sofá, suelta una risita que llama la atención de todos, incluso la mía —Me resulta todo muy gracioso…— dice —Ahora es un agente de la DEA y montó un operativo contra ti donde casi muere por la explosión; luego jura atraparte en una ceremonia donde se despidieron de los que murieron en el operativo… y tú no te quedas atrás— me mira —Casi lo matas, lo maldecías, te burlabas de él porque falló en su operativo, y muchas cosas más sin saber que era Bill…

—No me lo recuerdes…— murmuro.

Travis se ríe —Pero no olvidemos que se ha estado acostando con muchas en su ausencia; ¿creéis que su morenito se lo perdonará?— lo miro y juro que me dan ganas de matarlo —Porque yo creo que no…

—Gilipollas— gruño, frunciendo el ceño.

—No empecéis, por favor…— interrumpe nuestra madre, como siempre —No es momento para eso…

—Necesitamos un plan— dice mi padre ignorándonos a mi hermano y a mí —Una estrategia clara, no podemos improvisar esto. Bill es inteligente y está entrenado. Va a buscar inconsistencias y a intentar manipularnos tanto como nosotros intentaremos convencerlo.

—Entonces, ¿qué propones?— pregunta Travis.

—Presentaremos los hechos; seremos fríos y lógicos— papá se gira para mirarme —Le explicarás que tanto él como tú queréis a Brian y que combinar recursos es la forma más eficiente de encontrarlo. Le mostraremos los beneficios: acceso a nuestra red de contactos, información que la DEA no tiene…

—¿Y qué hay de nosotros? ¿Qué ganamos?— pregunta Georg.

—Acceso a la base de datos de la DEA— le responde papá —Información sobre los movimientos de Brian que ellos han rastreado y un agente interno que puede influir en las decisiones operativas para que no interfieran con nuestras actividades mientras buscamos a Brian.

—Es una buena propuesta— admite Travis —Pero, ¿la va a aceptar? Es un agente federal; cuando intenté convencerlo me dijo que tiene principios, código de ética y todo eso. Que nunca colaboraría con nosotros…

—Todos tienen un precio— dice papá —El suyo es su libertad. Si no captura a Brian, vuelve a prisión por quince años, Tom…— me llama y yo lo miro —Usarás eso…

Me froto la cara con ambas manos. Me va a resultar difícil; estamos hablando de manipular a Bill, al amor de mi vida, pero también es necesario. Porque necesito encontrar a Brian, necesito también asegurarme de ayudarle a atraparlo para que no lo metan en la cárcel, es mi vida, por Dios, jamás permitiría algo así. Él es nuestra mejor oportunidad; necesito convencerlo…

—¿Y si pregunta sobre lo que pasó abajo?— pregunto en un suspiro —Sobre por qué reaccionamos así al verlo.

—Le diremos una verdad parcial— responde papá con calma.

—Papá, él va a insistir— le digo…

—Entonces le explicarás el riesgo médico— me dice Sophia —Él sabe que si recupera su memoria de forma abrupta, podría morir por un derrame, recuerda. Eso debería ser suficiente para detener sus preguntas, por ahora…

Tiene sentido, todo tiene sentido lógicamente. Pero emocionalmente… emocionalmente esto es un infierno. No quiero hacer eso pero, joder, realmente es necesario. Debo ser Frost con mi moreno, con el amor de mi vida… o al menos intentarlo.

Justo en ese instante, escuchamos pasos acercándose y todos nos enderezamos, quedando demasiado rígidos, diría yo, menos mamá y papá; ellos parecen muy calmados. Demasiado. Yo apenas puedo contenerme de no correr, cogerlo entre mis brazos y besarlo aunque sea probable que me reciba con un puñetazo antes de que pueda juntar mis labios con los suyos.

Lo vemos acercarse escoltado por Georg; mi corazón comienza a latir desenfrenado de nuevo pero trato de respirar hondo para calmarme y verme profesional. Soy yo quien quiere la alianza para poder destruir a Brian, así que soy yo quien debe hablar con él. Mierda, va a ser tan difícil pero lo voy a conseguir… yo prometí que Brian pagaría por todo lo que le hizo y lo voy a cumplir así Bill esté vivo, no me importa, Brian le hizo mucho daño…

Veo cómo sus ojos marrones, hermosos, recorren toda la sala de estar; su ceño se frunce en confusión al ver a tanta gente aquí. Pero esa expresión cambia a seria cuando ve a Sophia… y, de forma automática, una sonrisa irónica se forma en sus labios…

—Eva, querida…— le dice, con su voz tan calmada como amenazante.

—¡Benjamín!— exclama ella de vuelta con algo de nervios en la voz —¿Recuerdas que te dije que tenías que perdonarme por lo que haría? Espero que lo consideres…

Suelta una risita nasal— Claro…— asiente lentamente con la cabeza —Eres una traidora— Sophia abre la boca con indignación fingida, obviamente. Billie se cruza de brazos y la mira con seriedad —Yo sabía que había algo malo en ti; lo intuí pero decidí ignorarlo para cuatro meses después ser secuestrado y estar aquí…

—Ay, no exageres…— suspira Sophia —No ha sido para tanto…

—¿Que no ha sido para tanto?— repite él con enojo esta vez, pero sin perder la compostura —Entraste en la DEA con información que, muy seguramente, recibías de ellos— se refiere a nosotros pero no nos señala —Con una identidad falsa probablemente, te haces pasar por mi amiga, me mientes en la cara, me sacas información para luego contársela a tus jefes y, para colmo, me secuestran. Pero sí, no es para tanto…

—Oye, oye… no fue intencional— dice ella alzando las manos —Klaus me lo ordenó; trabajo para él, no podía negarme…

—Vaya, si no me lo dices no me entero— le responde él con sarcasmo —¿Cómo es que estás aquí?

—Bueno, le comenté a Alex sobre un viaje que haríamos tú y yo a París… le hice ver que habías estado trabajando mucho y le pedí una semana de vacaciones— le explica ella —Como ya sabes, nos dio la semana de vacaciones y ahora piensa que estamos llegando a París… además, como el tonto está enamorado de ti…

—Él no…

—Sí lo está— le interrumpe Sophia y yo aprieto la mandíbula; así que ese imbécil está enamorado de mi moreno… ni modo, tendré que matarlo.

Bill suspira —Todo esto es una mierda; yo no sé qué hice para merecer tantas desgracias…

Muerdo mi labio inferior para evitar sonreír. Mi padre me mira, y con eso me dice que debo empezar con esto ahora. Así que me aclaro la garganta mientras cojo el vaso de la cómoda y lo lleno de whisky porque no seré tan valiente de mirarle a los ojos por mucho tiempo. El alcohol me ayudará a mantenerme controlado.

—Lamento interrumpir vuestra conversación— digo lo suficientemente alto como para que él me mire; sus ojos evalúan mi rostro y entrecierra los suyos —Benjamín Keller, ¿puede tomar asiento?— le pido.

Señalo el sofá donde está sentado Andreas, que se hace a un lado para dejarle espacio y le sonríe como lo más normal del mundo. Cosa que hace que mi moreno lo mire con una expresión extraña.

Tiene en el labio una pequeña herida; ya no hay restos de sangre. Su cabello rubio está húmedo, viste unos pantalones deportivos y una camiseta que se ajusta a su cuerpo esbelto. Tiene buena musculatura, no mucha, pero teniendo en cuenta que siempre ha sido de complexión delgada, está bien. Y su trasero… mierda, ¿qué hago mirándole el trasero? No puedo estar tan loco, joder.

Aparto la vista rápidamente.

Bill no se mueve inmediatamente ante mi petición; me mira con desconfianza evidente.

—¿Por qué?— pregunta. Y joder, siento un escalofrío recorrer todo mi cuerpo solo de escuchar su voz —Hace menos de una hora me teniaís de rodillas en un cuarto horrible con una capucha en la cabeza. Y ahora, ¿qué? ¿Vamos a tomar té y comer galletas?— pregunta con sarcasmo.

Sophia se echa a reír, intentando disimular sin éxito alguno.

—Las circunstancias han cambiado significativamente— respondo con una calma que me sorprende —Y debemos hablar como adultos civilizados — él arquea una ceja, con mucha ironía en la expresión —Así que, por favor, siéntese.

Él lo duda; sus ojos vagan entre nosotros. —Vamos, Ben, que no te van a hacer nada…— intenta convencerlo Sophia.

Él bufa —No me digas nada— le dice y, finalmente, con movimientos lentos y cautelosos, camina hacia el sofá y se sienta. Su postura es tensa; apoya las manos sobre las rodillas. Está listo para saltar y salir corriendo si hace falta. Andreas está a su lado, no deja de mirarlo; eso me molesta, pero no digo nada.

Me acerco y me siento en el sofá frente a él. Nadie habla por un momento, hasta que respiro hondo —¿Debo presentarme?

—Sé quién eres— susurra él con obviedad en la voz —El capullo que casi me mata en una explosión y que ahora quiere hacer una alianza conmigo— se ríe sin humor —Qué irónico.

—Eso fue defensa, agente— digo. Mi voz suena más áspera de lo que pretendía. Supongo que estoy haciéndolo bien —Vuestro operativo ponía en riesgo nuestras vidas y nuestras operaciones, así que actuamos en consecuencia.

—Diecinueve personas murieron— su voz se endurece —Hombres y mujeres con familias, con vidas, murieron por tu puta trampa. ¿Y lo llamas defensa?

—La guerra tiene bajas en ambos bandos— tomo un sorbo de la bebida; estoy sudando frío, joder.

—Esto no es una guerra— espeta él —Se lo dije a tu hermano y te lo repito a ti: esto es la ley contra el crimen— musita. Andreas parece divertido con el asunto; el muy imbécil se está conteniendo de reír.

—¿Y quién decide qué es ley y qué es crimen?— pregunto —¿Tu gobierno? ¿tu agencia? Las leyes las escriben gente con poder para proteger sus propios intereses.

—Eso es una racionalización conveniente para justificar matar gente— dice, frunciendo ligeramente el ceño. Joder, sigue viéndose tan adorable como siempre cuando está enfadado. Recuerdo que a Bill siempre le gustaba que yo le diera la razón; supongo que hay cosas que ni la amnesia cambia…

—Y lo vuestro es una moralidad de conveniencia para justificar destruir vidas en nombre de la justicia— contraataco, esbozando una ligera sonrisa. Él tensa la mandíbula. Nos miramos fijamente; empieza una batalla de voluntades, principios opuestos chocando, cuando ese ni siquiera era el tema por el que lo traje aquí —Pero bueno, no estamos aquí para debatir filosofías morales ni para discutir el pasado. Estamos aquí para hablar del futuro.

Entrecierra los ojos —¿Qué futuro exactamente?

—El futuro en el que encontramos y capturamos a Brian, juntos—.digo, señalándonos a ambos de forma vaga.

Él suelta una risa breve —Ya os dije cuál es mi postura sobre eso— dice —No voy a colaborar con criminales.

—Ni siquiera nos has escuchado de verdad— dice Travis —¿Cómo puedes rechazar una propuesta que no entiendes completamente, agente?

—Lo entiendo perfectamente— responde Bill —Queréis usar mis conexiones en la DEA para vuestro beneficio; queréis acceso a información clasificada y, probablemente, queréis que haga la vista gorda ante vuestras actividades criminales mientras perseguimos a Brian— niega con la cabeza —No soy idiota; sé exactamente lo que es esto.

—No estamos diciendo que seas idiota, agente Keller— comento —Estamos diciendo que hay factores en juego que tal vez no hayas considerado por completo.

—¿Como cuáles?

—Como el hecho de que Brian no es sólo mi enemigo, también es el tuyo y de forma muy personal— tomo otro trago de whisky —Sabemos de tu acuerdo con la DEA, del trato que hiciste para evitar pasar quince años más en prisión.

Bill se tensa visiblemente y aprieta la mandíbula mientras desvía la mirada hacia Sophia, que sólo sonríe y mueve los labios articulando un «lo siento» sin emitir palabra. —Se supone que nadie debía saber esto…— susurra, mirando al suelo.

—Pero lo sabemos— digo —El punto es éste: necesitas capturar a Brian, porque tu libertad depende de ello. Y yo necesito encontrarlo por motivos personales también. ¿Por qué no unir fuerzas? Así aumentamos nuestras probabilidades de éxito.

—Porque sois narcotraficantes, criminales. Y yo soy un agente de la ley— dice Bill, enfatizando cada palabra como si fuesen obvias —No puedo colaborar con gente que rompe las leyes que juré defender.

—Pero colaboráis con Nexus— menciono antes de poder detenerme.

Bill me mira fijamente. —¿Qué has dicho?

—Nexus, ese cártel. Colaboráis con ellos, ¿no? Tenéis algún tipo de acuerdo, una alianza temporal— me inclino hacia delante ligeramente —Si podéis colaborar con esa organización, ¿por qué no con nosotros? ¿Qué nos hace diferentes?

Por un segundo, solo un segundo, veo algo pasar por su rostro que se parece mucho al pánico. Conozco esa expresión muy bien; recuerdo que la hizo cuando el cabeza de huevo de Marc nos pilló en mi apartamento, justo después de que lo hiciera mío, como tantas otras veces. Hmm… sin embargo, esa expresión desaparece tan rápido que casi creo haberla imaginado.

—Eso es… diferente— dice por fin. Su voz es muy cautelosa y controlada.

—¿Diferente cómo?

—Es diferente y no voy a entrar en detalles sobre operaciones clasificadas de la DEA contigo— me deja claro con tono despectivo —Además, ese trato lo tiene mi jefe con el líder de Nexus, no yo… en ese caso, si lo que quieres es una alianza deberías hablarlo con él. No conmigo; solo soy un agente, nada más…

—Qué conveniente…— murmuro.

—No es conveniencia, es protocolo— me mira Bill directamente ahora. Sus ojos marrones se clavan en los míos; eso, que se enfade más, me encanta verlo así —Pero incluso si fuera comparable, lo cual no lo es, eso no cambia el hecho de que colaborar con vosotros sería traicionar todo lo que represento.

—¿Incluso si esa traición te da la libertad?— pregunta Travis.

—Incluso entonces— no duda Bill —Prefiero cumplir quince años en prisión con mi integridad intacta que ser libre sabiendo que ayudé a narcotraficantes.

—Oh, eso es estúpido…— comento yo.

—Llámalo como quieras, es mi decisión— se cruza de brazos. Está completamente decidido; joder, ¿qué debo hacer? Esto no está funcionando, Bill es más terco de lo que recordaba y, al parecer, su código moral es inquebrantable. Necesito un enfoque distinto, algo que lo haga reconsiderar.

Pero antes de que alguien pueda hablar, Bill hace su propia pregunta.

—¿Qué pasó en esa habitación?— su voz es firme, exigente incluso —Cuando me quitaron la capucha, él salió corriendo como si hubiera visto algo imposible— señala a Travis —Y tú…— me mira directamente —Entraste, me apuntaste con un arma, y luego empezaste a llorar cuando me viste la cara. ¿Por qué?

Mierda, me tenso al instante. —Es complicado…

—Entonces descomplícalo— Bill no va a dejarlo pasar —Si quieres que confíe en ti, lo suficiente como para siquiera considerar tu propuesta, necesito entender qué coño está pasando aquí. ¿Por qué me miras como si fuera un fantasma?

No le respondo inmediatamente. ¿Qué le debo decir? ¿Cuánto puedo revelarle sin arriesgar su salud? —Te pareces a alguien— digo por fin —Alguien que conocí hace tiempo, alguien importante para mí…

—¿Quién?

—No puedo decírtelo.

—¿Por qué no?

Sophia interviene al verme acorralado con tantas preguntas: —Recuerda que me dijiste que si tu memoria regresa de forma abrupta, el shock podría causarte daño cerebral severo— le recuerda —Posiblemente un derrame, así que mejor no preguntes, Ben…

—Pero no entiendo qué tiene que ver eso con…— y entonces las piezas comienzan a encajar en su mente, seguramente, porque sus ojos se abren como platos y su respiración se acelera ligeramente —Espera. ¿Acaso ellos…?— se detiene, se recompone y me mira —¿Vosotros tenéis algo que ver con mi pasado? ¿El pasado que no recuerdo?— se oye horrorizado.

El silencio es mi respuesta.

—Joder…— se pasa una mano por el pelo —¿Qué coño acabo de decir? Eso es tan imposible…— rueda los ojos —Estoy siendo paranoico.

—En realidad, no… pero allá tú si quieres creer eso— comenta Andreas, ganándose una mirada asesina no solo mía, sino de todos —Vale, ya me quedo callado.

—No podemos confirmar ni negar esto sin ponerte en riesgo— le digo para calmarlo un poco, porque lo que dijo Andreas solo hizo que entrara en pánico y tiene una expresión de horror puro en el rostro —Lo siento, agente Keller. Sé que debe ser frustrante, pero tu seguridad es más importante que tu curiosidad en este momento.

Bill se recuesta en el sofá; su mano sube a la sien, frotando como si le doliera la cabeza. —Esto es una locura, una puta locura— gimotea —Si lo que ese tío ha dicho es verdad, entonces… los cargos por los que me acusaron hace años y por los que terminé en la cárcel son reales— parece que va a llorar —Mátame ya, por favor…

—¿Qué dices? Claro que no— digo rápido —Tranquilízate un poco; si te sirve de consuelo… no tuviste nada que ver con lo del narcotráfico. Lo tuyo fue más… ¿sentimental?

—¿Era el amigo de alguien?

—No.

—¿Hermano?

—Tampoco.

—¿Entonces?

—Eras la pareja de alguien— interrumpe Andreas.

—¡Pero qué coño contigo!— exclamo, mirándolo.

—¡Lo siento! Es que me estresa tanto misterio. ¿Qué más da? Igual lo irá recordando poco a poco, ¿no? Mejor que se vaya acostumbrando— dice él en su defensa. Voy a matarlo…

—¿Era pareja de quién?— pregunta Bill mirando a Andreas; sus ojos están vidriosos. Oh, sí, va a llorar.

—De…

—¡Andreas, cállate!— interrumpo de inmediato.

—¡Deja que me lo cuente, mierda!— exclama Bill, desesperado.

—¡No, y no grites!— me estoy desesperando yo también. Suspiro —Por favor, tal vez puedas reconsiderar mi propuesta. Nos ayudará a ambos…

—No voy a colaborar con narcotraficantes— responde después de tomar aire —No sé quién creéis que soy, pero yo sé quién soy y soy un agente de la DEA…

El rechazo duele más de lo que debería. Porque tiene razón: él no es Bill. No en su mente, no en sus recuerdos. Es Benjamín Keller, un desconocido que por casualidad tiene la cara del chico que amé y que sigo amando.

—Entonces dame una razón— digo de repente. Mi voz suena más desesperada de lo que pretendía —Una sola razón por la que deberíamos dejarte ir, por la que no deberíamos simplemente forzarte a colaborar.

Bill me mira sin pestañear, sin miedo. —Porque si me forzáis, nunca confiaréis en que la información que os dé sea real— dice —Siempre dudaréis. Siempre pensaréis que os estoy traicionando y, en el momento en que bajéis la guardia, estaréis en lo cierto— se inclina hacia adelante, mirándome fijamente a los ojos —Pero si me convences de verdad, si encuentras una forma de que colabore voluntariamente, entonces tendrás un aliado de verdad. No un prisionero resentido esperando la primera oportunidad de escapar.

Tiene un punto, un punto jodidamente bueno.

Papá asiente despacio. —Tienes razón. Por eso no te vamos a forzar… al menos no todavía— se sienta a mi lado —Te vamos a dar tiempo, hasta mañana por la mañana para pensar. Para procesar todo lo que has oído aquí y luego nos darás tu respuesta.

—¿Y si mi respuesta sigue siendo no?

—Entonces tendremos otra conversación. Y encontraremos otra forma de convencerte— es una amenaza velada —Pero esperamos que no sea necesario.

Bill lo entiende perfectamente. Su mandíbula se aprieta otra vez pero no dice nada más. Mamá, que ha estado en silencio durante toda la conversación, al igual que el resto, por fin habla. —¿Has comido algo hoy?— le pregunta con una sonrisa suave en el rostro.

Bill parpadea ante la pregunta tan normal. —No, estaba a punto de comer cuando…— hace un gesto vago con los labios y me mira —Vuestros hombres me secuestraron.

—¡Oh, por Dios!— exclama Sophia —¿Ni siquiera te han dado un vaso de agua? ¡Corrimos mucho ayer!

—No— responde Bill mirándola directamente —Incluso me golpearon— señala su labio inferior, justo en la herida que tiene allí —O eso intentó el chico rubio, ¿cómo se llamaba?— chasquea los dedos varias veces, pensativo —Félix…— espeta al recordarlo —Pero él quedó peor, ¿no lo has visto?

—¿Quién es Félix?— pregunta ella mirándome; señalo vagamente al rubio que está junto a Georg. Lo tengo aquí porque tendré una conversación corta con él para que no vuelva a ponerle una mano encima a Bill.

Sophia mira en la dirección donde está Félix y se cubre la boca con la mano para amortiguar una risa. Félix solo rueda los ojos.

—Mierda…— murmura Sophia.

—Y eso que no había pasado mucho desde que desperté por la droga que me pusieron— dice Bill con mucho orgullo; parece que se le ha olvidado que está rodeado de criminales.

—Quizás pueda partirte la cara ahora, idiota— gruñe Félix.

—Adelante…

—Félix…— lo detengo antes de que pueda dar un paso más —Ve al despacho de mi padre; necesito hablar contigo.

—Pero, jefe…

—Te he dado una orden.

Murmura algo que no alcanzo a entender y se da la vuelta para ir al despacho.

—Benjamín, ven conmigo— dice mamá tras suspirar después de tanto drama —Te prepararé algo. ¿Tienes preferencias? ¿Alergias?

—Soy vegetariano…— susurra él con algo de vergüenza en la voz.

Aprieto los labios para evitar sonreír. Sigue siendo tan hermoso y tímido como la última vez que lo vi… joder, ahora que lo tengo enfrente no puedo evitar preguntarme cómo aguanté tanto tiempo sin él en mi vida. Necesito tenerlo cerca y no separarme de él nunca… pero eso es imposible; él no me recuerda…

—Perfecto, haré pasta con verduras asadas. ¿Te parece bien?— le pregunta mamá.

—Sí, yo… gracias, señora…— murmura.

—Ay, llámame Charlotte, por favor— sonríe mamá suavemente y luego se acerca a él para tomarlo del brazo y arrastrarlo a la cocina —Mientras estés bajo este techo, serás tratado con respeto. Eso te lo prometo.

Mierda… claro que será tratado con respeto. No permitiría que le hicieran daño… ignoremos el hecho de que casi lo mato, ¿vale?

Mi moreno precioso, dios… como quisiera besarlo…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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