
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 23
By Bill
Tengo un puto dilema interno, y no exagero.
Estoy sentado al borde de la cama, mirando la pared blanca frente a mí sin verla realmente, porque joder, mi cabeza es un puto caos.
La habitación es… agradable. Sorprendentemente agradable para ser la guarida de unos narcotraficantes. Tiene una cama queen size con sábanas limpias y suaves, situada en el centro del cuarto. Hay mesitas de noche a ambos lados, una lámpara con luz amarilla, una ventana grande con puertas correderas de cristal que dan a un pequeño balcón, y unas cortinas gruesas que bloquean completamente las luces encendidas del exterior. También hay un armario empotrado y una puerta que lleva a un baño privado con ducha y todo lo necesario.
Mucho mejor que la habitación donde me tuvieron de rodillas hace unas horas, cuando me trajeron sin mi consentimiento.
La señora Charlotte ha sido increíblemente amable; me preparó algo para comer, y de paso Eva también. Sigo bastante desconcertado, tengo que admitirlo. El cambio que tuvieron esos hombres me dejó completamente confundido. ¿Por qué pasaron de tratarme como un prisionero a tratarme como un huésped? Sé la respuesta, por supuesto. Porque «aparentemente», y sí, lo digo entre comillas, me parezco a alguien que fue importante para ellos.
Y, sin embargo, con lo que me dijo el tío llamado Andreas, me niego a aceptar que ese «alguien» probablemente era yo antes del accidente. Joder.
Me paso las manos por la cara, frotando con fuerza. Quisiera borrar así la confusión, el miedo y la puta incertidumbre que estoy sintiendo, pero no funciona. Nada funciona, coño. Necesito pensar, necesito analizar esto lógicamente como el agente, no como la víctima en todo este asunto.
Debo pensar en la propuesta.
Klaus König me ofreció una alianza temporal para capturar a Brian.
Lo bueno de eso es que, si capturamos a Brian, cumplo mi parte del trato con Alex. Mi libertad quedaría asegurada, evitaría los quince años de prisión y podría vivir sin esa espada de Damocles sobre mi cabeza. El Clan Geist tiene recursos que la DEA no posee: contactos en el submundo criminal, información que nunca llegaría a nosotros por canales oficiales, y eso aumentaría considerablemente nuestras probabilidades de encontrar a Brian.
Si esto sale bien, si realmente conseguimos capturar a Brian, habré hecho algo bueno, algo importante. Habré eliminado a un monstruo de las calles, uno que, sin sentir el más mínimo remordimiento, mató niños sin pestañear.
Pero también hay contras, y es que ellos son narcotraficantes, criminales, gente que se salta la ley todos los días. Que trafica con drogas, que mata cuando hace falta, que corrompe y destruye vidas. Colaborar con ellos sería traicionar todo lo que juré defender: mi juramento como agente federal, mi código ético y mi integridad. ¿Cómo puedo confiar en ellos? ¿Cómo sé que no me usarán y luego me descartarán? ¿Cómo sé que la información que me den será real y no una trampa?
Si la DEA descubre que he colaborado voluntariamente con el Clan Geist, no solo iré a prisión, será peor. Mucho peor.
Los pros y los contras se equilibran casi perfectamente, lo cual no me ayuda en absoluto a tomar una decisión. Suspiro profundamente, dejándome caer hacia atrás en la cama, con los brazos extendidos a ambos lados y la mirada fija ahora en el techo blanco y liso, sin nada interesante. —Esto es tan jodido…— murmuro, haciendo un pequeño puchero con los labios.
No quiero sobrepensar las cosas, pero no puedo evitarlo. Este tema es muy delicado y preocupante. Trato de cerrar los ojos para no pensar en nada, pero, sin quererlo, mi mente se desvía hacia él. Sí, hacia Klaus König.
No puedo sacarlo de mi cabeza.
Esos ojos marrones intensos, llenos de algo que no logré identificar cuando me miraba mientras me hablaba de la alianza. ¿Dolor? ¿Anhelo? ¿Reconocimiento? Esa voz, tan áspera, pero con un tono subyacente que era casi… suave. Cuando no estaba siendo Frost, el narcotraficante frío y despiadado que seguramente es.
La forma en que me miró cuando me obligó a levantar la cabeza tras amenazarme con volarme los sesos, como si acabara de ver algo imposible, algo que no debería existir, y luego lloró.
Un hombre que claramente no llora fácilmente, un líder de una organización criminal despiadada, que no debe mostrarse vulnerable ante nadie porque solo siendo un cabrón y un despiadado sobrevive, lloró al verme. ¿Por qué? Porque me parezco a alguien que conoció, tanto él como los demás.
Es demasiado loco. Es el enemigo al que juré llevar ante la justicia. Es incluso absurdo, imposible, retorcido de una forma que mi cerebro no puede procesar del todo. Pero explicaría tantas cosas: la manera en que me miraba, como si cada segundo sin poder tocarme lo estuviera matando; la desesperación en su voz cuando me pidió que reconsiderara la propuesta de la alianza, cuando preguntó por qué no deberían forzarme.
El hecho de que pasaran de tratarme como prisionero a tratarme como… como alguien valioso. Alguien a quien no pueden permitirse perder. Y mi reacción hacia él…
Ese es el problema. Mi maldita reacción inexplicable.
Cuando estaba sentado frente a él en esa sala, cuando nuestros ojos se cruzaban durante esas discusiones tensas, mi corazón latía tan rápido que pensé que iba a explotar. No de miedo, no exactamente. Era otra cosa. Algo que no puedo nombrar, algo que se sentía casi como… reconocimiento. Como si mi corazón supiera algo que mi mente no logra recordar.
Y su voz, esa maldita voz, me sonaba tan familiar. Como algo que había escuchado en sueños, en ecos lejanos que no puedo alcanzar del todo. La voz de aquel chico en mis sueños, con una niña en brazos. Pero también era nueva, diferente, como escuchar una canción conocida en una versión distinta.
Y la forma en que me hablaba.
Incluso cuando estaba siendo Frost, frío, calculador, amenazante, había momentos… pequeños momentos donde algo cambiaba en su expresión, en su tono. Como si luchara contra sí mismo, contra el deseo de decir algo más.
¿Qué me pasa? ¿Por qué reacciono así ante un narcotraficante? Joder, no lo sé, y eso me aterra. Y lo hace todo mucho más complicado, porque, ¿cómo puedo colaborar con alguien así? ¿Alguien hacia quien, aparentemente, tengo algún tipo de reacción inexplicable? La línea entre lo profesional y lo personal se volvería difusa, peligrosamente difusa, y podría hacer algo estúpido.
Como confiar en él cuando no debería, dejarme manipular emocionalmente o, peor aún, desarrollar sentimientos reales hacia un criminal. Hacia mi enemigo. ¡¿Pero qué puta mierda estoy pensando?! Obviamente nunca podría sentir algo así por alguien como él, un delincuente…
Necesito mantener las cosas claras, objetivas, profesionales.
Si acepto esta alianza, y todavía es un gran «si», tiene que ser puramente transaccional. O sea, negocios y nada más. Sin importar lo que mi traidor corazón intente decirme, cosas que voy a ignorar porque seguramente estoy malinterpretando todo. Dejándome llevar por lo que me dijeron, por lo que dijo el tal Andreas, que quizás no es real y solo me están confundiendo con alguien.
Alguien llama a la puerta de repente, y me incorporo al instante. Me pongo tenso inmediatamente: ¿quién coño puede ser a estas horas? Son pasadas las doce de la noche, y todos deberían estar durmiendo.
—¿Quién es?— pregunto, mi voz sale de mis labios llena de cautela.
—Soy Eva…— canturrea ella al otro lado de la puerta.
Por supuesto que es ella. Suelto un suspiro; parte de mí quiere decirle que se vaya, que la dejaré entrar mañana porque necesito estar solo. Pero otra parte necesita hablar con alguien que entienda ambos lados de esta situación imposible. Ella no es la persona indicada, ya que me traicionó, pero es la única opción que tengo. Es eso o quedarme toda la noche despierto dándole vueltas a las cosas.
—Pasa— digo finalmente.
La puerta se abre al momento, y Eva entra despacio. Lleva puestos pantalones de pijama y una camiseta holgada, su pelo castaño cae suelto sobre los hombros. Cierra la puerta detrás de ella y se apoya contra la madera blanca, mirándome con una expresión tranquila y sujetando una mochila con las manos.
—¿Estás más tranquilo ahora?— pregunta, con un toque de burla en la voz —No quise venir antes porque pensé que me mandarías a la mierda, que no te veías muy contento— arqueo una ceja y me cruzo de brazos —Así que quise esperar un poco.
—¿Cómo esperas que esté contento después de toda esta mierda?— pregunto, con obviedad en la voz —Estoy aquí en contra de mi voluntad, Eva. Y aun así intento mantener la calma— respondo honestamente —Procesando y tratando de decidir qué coño hacer.
—¿Has pensado en la propuesta?— pregunta, esbozando una pequeña sonrisa en los labios.
Pongo los ojos en blanco. —No he pensado en otra cosa desde que terminé de hablar con Klaus— me paso una mano por el pelo rubio, echándolo hacia atrás —Es solo que… no sé qué hacer, Eva…
Ella camina hacia la cama y se sienta en el otro extremo, dejando espacio entre nosotros. —Pues dime qué has estado pensando hasta ahora.
—Estoy pensando que…— hago una pausa, organizando mis ideas —Por un lado, sería bueno para mí, ¿sabes? Muy bueno. Si atrapamos a Brian, mi libertad ya no dependería de un jodido contrato con la DEA. Sería completamente libre.— respiro hondo antes de continuar —Y joder, anhelo eso. Anhelo no tener esa espada sobre mi cabeza constantemente, anhelo poder vivir sin miedo a que un día falle y me manden de vuelta a prisión por quince años.
Eva asiente lentamente, escuchándome sin interrumpir.
—Pero por otro lado…— prosigo —Son narcotraficantes, gente que hace cosas horribles. Y colaborar con ellos sería traicionar todo lo que soy, todo por lo que he trabajado para ser lo que soy ahora. Un agente especial de la DEA.
—¿Y qué pesa más?— pregunta Eva suavemente —¿Tu libertad o tu código ético?
Oh, joder…
—No lo sé— respondo en voz baja —Quisiera decir que mi código ético, que mis principios son más importantes que mi conveniencia personal. Pero…— trago saliva —Pero también estoy cansado de ser una herramienta, por muy feo que suene. Cansado de que la DEA me use como cebo para Brian…
Porque eso es lo que soy ahora que lo pienso: una carnada, un sacrificio potencial.
—Así es— confirma ella —Y no es justo.
—No, no lo es— aprieto los puños —Alex me dijo que me estaba dando una oportunidad. Pero a veces me pregunto si no habría sido mejor cumplir la condena completa; al menos entonces sabría exactamente cuándo termina todo esto. Cuándo puedo ser realmente libre.
—Piensas que Klaus y su familia podrían hacerte una jugada sucia, ¿no es así?— pregunta Eva, yendo al grano. La miro a los ojos —Crees que te usarán para encontrar a Brian y luego te descartarán o, peor, te matarán para eliminar pruebas.
—No sé qué pensar— admito con un suspiro cansado —Pero sí, digamos que una parte de mí no puede confiar, al menos no del todo. Son criminales, Eva, ¿por qué debería creer que cumplirán su palabra?
—Porque a diferencia de la DEA, ellos no te están obligando— la castaña se inclina hacia adelante —La DEA te dio un ultimátum: capturar a Brian o volver a prisión— me recuerda —No tienes opción real ahí. Pero Klaus te da una opción, te pide que colabores voluntariamente. Y si decides no hacerlo, bueno, habrá consecuencias, pero al menos la decisión es tuya.
—Eso no significa que pueda confiar en él.
—No, pero significa que tiene algo que perder si te traiciona— me mira fijamente —¿Sabes por qué Klaus te quiere aquí? ¿Por qué pasó de tratarte como prisionero a tratarte como huésped?
—Porque me parezco a alguien que todos conocieron, ¿no?
—Exacto.— Eva baja la voz —Sabes que no podemos contarte nada para evitar que te pase algo, pero yo sí sé la razón por la cual él no te haría nada. Debes confiar…
—Ellos no conocen a Benjamín Keller, solo conocieron a alguien que se parecía a mí…
—Tal vez. Pero para Klaus, eres esa persona, y eso significa que probablemente seas la única persona en el mundo a la que nunca haría daño intencionadamente.
Eso… eso tiene sentido, de una forma extraña.
—Entonces, ¿estás diciendo que debería confiar en él porque está emocionalmente comprometido conmigo o con la persona a la que me parezco?— digo con cierta obviedad.
—Estoy diciendo que deberías considerar que, tal vez, solo tal vez, esta alianza es tu mejor opción.— Eva se acerca un poco más, apartando la mochila de sus piernas y dejándola a un lado de la cama —La DEA te está utilizando, Benjamín, como carnada, como una herramienta desechable. Y cuando ya no les sirvas, te dejarán tirado. Pero Klaus tiene razones personales para querer tu colaboración. Para mantenerte a salvo y para asegurarse de que esto funcione.
—O podría estar tan obsesionado con la idea de recuperar a ese «alguien» perdido que se vuelva peligroso.
—Hmm, no lo creo.— Eva niega con la cabeza —He trabajado con esta gente durante años. Les he visto operar y sí, son criminales, sí, hacen cosas horribles. Pero también tienen un código, y ese código es la lealtad y la familia. Y si te ven como parte de esa familia… bueno, estarías más seguro aquí que en la DEA.
Eso es un pensamiento tan perturbador. ¿Más seguro con narcotraficantes que con mi propia agencia? ¿Pero es realmente tan descabellado?
Alex me reclutó porque le convenía. Porque necesitaba a alguien desesperado, alguien sin opciones, seguramente. Y me ha estado utilizando desde entonces, ¡claro! Enviándome a misiones peligrosas, usándome como infiltrado, como cebo. Porque si muero, bueno… soy un exconvicto con amnesia, nadie va a llorar demasiado.
Pero Klaus me miró como si fuese lo más valioso del mundo. Incluso sin conocerme realmente, solo por parecerme a alguien que fue importante. ¿O estoy distorsionando las cosas…?
¿Eso me hace estar más seguro o en mayor peligro?
Mierda, la falta de sueño ya me está pasando factura.
—No seas tonto, Ben.— la voz de Eva interrumpe mis pensamientos —Acepta la propuesta, trabaja con ellos y atrapa a Brian. Consigue tu libertad real y luego decide qué hacer con tu vida, sin la DEA controlándote, sin amenazas de prisión. Solo tú, siendo libre por primera vez en años.
Suena demasiado bien, lo cual me hace sospechar. Pero también me hace querer creerlo.
Eva tiene razón en algo: la DEA me está usando. Eso es un hecho innegable. Y mi contrato con Alex siempre me ha parecido… turbio. La historia que me contó sobre cómo fui incriminado por James Krüger, el anterior director de la DEA, su propio padre… sobre cómo James supuestamente utilizó mi amnesia para convertirme en un chivo expiatorio de sus propias operaciones ilegales.
Nunca me lo creí del todo.
Porque, ¿cómo puede el director de la DEA, la agencia encargada de combatir el narcotráfico, estar implicado en actividades criminales? Es demasiado perfecto, y también demasiado conveniente. Y Alex siempre ha sido amable conmigo, comprensivo y… joder.
Pero, ¿y si eso forma parte de la manipulación? ¿Y si me está utilizando exactamente como Sophia dice? Como carnada, como herramienta desechable. Y cuando Brian finalmente me mate, porque, seamos sinceros, esa es una posibilidad muy real, Alex se encogerá de hombros y reclutará a otro pobre desgraciado desesperado.
Mierda.
Tal vez Eva tiene razón. Tal vez la DEA no es el lado correcto de esta ecuación o, al menos, no es significativamente mejor que el Clan Geist. Ambos me están utilizando; la diferencia es que uno lo admite y el otro no.
—Mañana veré qué hacer— digo finalmente —Necesito dormir, pensar con más claridad y luego daré mi respuesta.
Eva sonríe, satisfecha. Se levanta y se cruza de brazos —Bien. Solo elige sabiamente, Ben. Esta decisión podría cambiar tu vida, para bien o para mal.
—Lo sé…
—Y perdóname.— su expresión se vuelve genuinamente arrepentida, aunque con una chispa de diversión en la mirada. Levanto una ceja, me cruzo de brazos y hago una mueca con los labios —Ya sabes…— ríe suavemente —Por meterte en esta situación, por mentirte durante meses. Mejor dicho, por… por todo.
Suspiro. —Ya no hablemos del tema— digo con indiferencia —Pero, ya que estamos siendo sinceros… ¿cuál es tu verdadero nombre? Tu nombre real.
—Sophia Schwarz.— sonríe ligeramente —Ese es mi nombre real. Eva Wigel fue solo una tapadera.
Claro…
—Sophia.— repito el nombre con calma, asintiendo ligeramente con la cabeza —Suena mejor que Eva, la verdad.
Ella se ríe suavemente. —Gracias, supongo— dice, encogiéndose de hombros.
—Estoy enfadado contigo— lo digo directamente —Por mentirme, por traicionarme, pero también sé que es una estupidez seguir cabreado.— digo con un bufido —Trabajas para ellos, seguiste órdenes y además, lo hecho, hecho está.— hago un gesto vago con las manos —Ahora me encuentro en una casa en medio de Dios sabe dónde, en Alemania, rodeado de personas involucradas en narcotráfico que me han pedido colaboración para atrapar a un enemigo en común. Y yo no tengo más que aceptar o rechazar y sufrir las consecuencias de cualquiera de las dos opciones.
—Cuando lo pones así, suena simple— dice.
—Pero no lo es— la miro a los ojos —Nada en esta situación es simple.
—No, tienes razón.— Sophia o Eva, como sea que deba llamarla ahora, se acomoda un poco el pelo —Pero oye, al menos no estás muerto. Eso cuenta para algo, ¿no?
—Supongo que sí— me encojo de hombros, resignado.
Sophia camina hacia la puerta y se detiene con la mano en la manilla. —Antes de que se me olvide… en esa mochila— señala hacia la cama, y miro en la dirección que indica —Traje algo de tu ropa, ya sabes… y las cosas personales que creí importantes, ya que nos quedaremos aquí hasta que pase completamente la semana que nos dio Alex.
—Oh, gracias…— susurro.
—De nada— responde —Buenas noches, Ben. Y que tomes la decisión correcta mañana, sea cual sea.
—Buenas noches, Sophia.
Ella sale con una pequeña sonrisa en los labios. La puerta se cierra suavemente detrás de ella, y me quedo solo otra vez. Me dejo caer de espaldas en la cama, suspirando, pensando en la propuesta, en Brian, en mi libertad y, inevitablemente, en Klaus König.
Ese hombre que me miró con tanto dolor y anhelo que casi me rompió; ese hombre que lloró al verme; ese hombre hacia quien mi corazón reaccionó de una forma que no puedo explicar ni controlar. Ese hombre que, aunque me joda admitirlo, es demasiado guapo… tiene un atractivo… ¿cómo explicarlo? Tiene un estilo muy chulo, por así decirlo, es… sexy.
Cierro los ojos, e inmediatamente su rostro aparece en mi mente.
Esos ojos marrones intensos, esa mandíbula marcada. La barba cortita que tiene, ese pelo negro peinado en rastas finas, como trenzas, recogidas en un moño bajo. Esa voz grave, pero con una suavidad casi imperceptible, y mi corazón…
Mi maldito corazón traidor empieza a latir más rápido solo de pensarlo. Solo de recordar cómo me miró, cómo habló, cómo se contuvo visiblemente para no… ¿para no qué? ¿Tocarme? ¿Abrazarme? Ay, no lo sé, y eso me asusta. Es peligroso porque, ¿qué pasa si acepto la propuesta? ¿Qué pasa si paso tiempo con él? ¿Si trabajo junto a él?
No lo sé, pero necesito descubrirlo, y la única forma de hacerlo… es aceptar la propuesta.
Trabajar con ellos, estar cerca de Klaus y ver qué pasa. Descubrir quién era esa persona importante a la que me parezco. No quiero decir que sea esa persona, me da pánico. Pero necesito averiguar sobre mi pasado, ahora más que nunca necesito encontrar la manera de acceder a los archivos y documentos sellados de la DEA y dar con la información que tienen sobre mí.
Sé que es arriesgado, que podría acabar sufriendo un derrame cerebral, pero necesito saber qué me pasó realmente. Si tengo padres, no sé, amigos. Necesito recordar quién era antes de convertirme en Benjamín Keller.
Tal vez esto que siento no sea nada, que mis reacciones sean solo neurológicas. Residuos de conexiones neuronales que sobrevivieron a la amnesia. O tal vez… descubra quién fui realmente, quién era antes del accidente… y quién podría volver a ser. Si eso es bueno o malo…
Bueno, supongo que lo averiguaré.
Abro los ojos, miro el techo una última vez y tomo mi decisión mentalmente. Mañana le diré a Klaus König que acepto su propuesta. Trabajaremos juntos para capturar a Brian y luego veremos qué pasa con todo lo demás.
Con mi libertad.
Y con este sentimiento inexplicable en mi pecho cada vez que pienso en esos ojos marrones mirándome como si fuese lo más precioso del mundo. Hmm… ya quiero dejar de pensar en eso, estoy siendo idiota…
Cierro los ojos de nuevo e intento dormir. Mañana será otro día.
Continúa…
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