
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 25
By Tom
Verlo fue un maldito golpe directo al corazón, con su maquillaje. Ese que tanto solía usar antes, con las sombras negras en los párpados, profundizando aún más su mirada, haciendo un hermoso contraste con sus preciosos ojos marrones.
Y es que su cabello rubio y su maquillaje le quedan tan bien, no sé… se ve tan bonito que no puedo hacer otra cosa que mirarlo con cara de tonto mientras lo escucho discutir con Sophia, porque por lo que acabo de oír, ella perdió a su mascota. Ver esta versión enfadada de Willem me recuerda a cuando tenía esos cambios de humor por el embarazo. Cuando se enfadaba y me decía cosas «feas», por así decirlo, y luego aseguraba que nunca me había dicho nada.
Claro que yo nunca me dejaba llevar por lo que decía cuando estaba de muy mal humor, ya que sabía que era por su embarazo. Y se me hacía adorable, justo como ahora. Pero el momento se arruinó cuando Sophia sacó a la luz lo del supuesto enamoramiento del tal Alex con Bill. ¿Por qué me tiene que amargar el momento, joder?
—Creo que deberías intervenir ahora antes de que ambos se agarren a golpes— me dice mi hermano en voz baja, mirándome un instante antes de volver la vista a los dos que están discutiendo verbalmente.
—Tienes razón, no me importa, pero me da curiosidad— oigo a Sophia decir, mientras cruza los brazos —A que te gusta Alex, pero te da vergüenza admitirlo.
Mi moreno arruga la nariz, ¡ja! Hay cosas que no cambian, joder. —A mí no me gusta Alex— dice entre dientes, muy pausadamente —Ya deja de ser tan metida, Sophia.
—Yo creo que sí te gusta.
—¡Que no me…!— se detiene, respira hondo por milésima vez para controlarse —No tengo que responderte a nada. Piensa lo que quieras, me da exactamente igual. He soportado a Xavier todos estos años; tú eres como él, pero en versión femenina. Si pude controlarme de romperle la cara a él, podré hacerlo contigo.
Sophia abre la boca con indignación —¿Quieres romperme la cara?
—No, ¿cómo crees?— dice Willem con mucha ironía en la voz.
—¿Dónde quedan tus principios, tus valores y tu educación?
Él se encoge de hombros —Se fueron de vacaciones, vuelven mañana.
Aprieto los labios para no reírme.
—Ehm…— aclaro la garganta, llamando la atención de ambos. Aunque prefiero no mirar a Bill directamente, me pone mal verlo, y más ahora que se ha maquillado como solía hacerlo antes. Estoy conteniéndome de atarlo a una cama y hacerle mil cosas que lo hagan desfallecer de placer.
Mejor me controlo mentalmente también.
—Lamento interrumpir vuestra discusión, pero lo mejor es que os calméis un poco…
—Ay Klaus, estábamos teniendo una conversación…— me dice Sophia.
—Conversación la que tendremos tú y yo en privado. ¿Cómo le has dicho tu nombre real?— le pregunto, señalando vagamente a mi moreno, que solo pone los ojos en blanco —Se suponía que no había que revelarle nada de nosotros, mantener algunas cosas en secreto para evitar que las use cuando acabe nuestra alianza, si es que acepta— ahora lo miro a él, y hace una mueca con los labios —Espero que pienses con cabeza fría al elegir, ¿eh?
—No me digas lo que debo hacer— claro, debo aprender a adaptarme a la personalidad de Benjamín.
—Oye, te recuerdo que estás en una de las propiedades del Clan Geist, no me hables en ese tono— le digo, intentando sonar firme y lográndolo a medias —Estás aquí porque quiero que nos unamos para acabar con Brian; si no fuese así, ya te habría matado.
—¿Ya debo empezar a temblar de miedo?
¿En serio? Joder, me está desafiando.
Me pongo de pie al instante, pero él ni se inmuta ante mi «falso» cabreo. Su rostro mantiene una expresión tranquila. Me acerco a él hasta estar a unos pasos de distancia. —Cuida cómo me hablas— musito —Puedo matarte ahora mismo si quiero.
—Hmm, qué bien…
—Te quieres morir, ¿verdad?
—En realidad no, aún soy muy joven… pero eso no significa que deba tenerte miedo solo porque me amenaces, querido. Si quieres matarme, hazlo— chasquea los dedos en el aire, levantando las cejas, como invitándome a hacerlo —Vamos, apúntame con tu arma en la cabeza, así como lo hiciste ayer— oh, mierda —¿Quieres que te ayude?
Me mantengo en silencio unos segundos. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? No es como si pudiera desenfundar mi arma y apuntarle a la cabeza, no soy capaz. Mierda, Bill siempre ha logrado ablandarme cuando se trata únicamente de él. —No te voy a seguir el juego— le digo, sin saber qué más hacer, y el muy cabrón de Travis tampoco me ayuda. Solo se divierte con la escena, viéndome entre la espada y la pared —Parece que olvidas a quién tienes delante…
—Usted también— contraataca él.
Ah, sí, su ego sale a la luz.
Doy unos pasos más hacia él.
—Controla tu lengua, Benjamín. Hoy estoy siendo muy paciente; quizás mañana no sea igual— demando con autoridad. Todos a nuestro alrededor observan la «discusión», si es que así se puede llamar —No me tientes, mantén la boca cerrada.
—Oblígame…— me reta.
Mis colegas, que se divierten junto a Travis por la situación, abuchean. Entrecierro los ojos, mirándolo fijamente, pero él, en cambio, sonríe ligeramente. Desafiante. Eso solo me desestabiliza aún más; no puedo, no soy capaz de siquiera agarrarlo del cuello y amenazarlo. Está jugando con mi paciencia, probando hasta dónde llega mi límite para hacerme perder la cordura y ver si soy capaz de hacerle algo. Lo que él no sabe es que yo con él no tengo límites; nunca los tuve ni los tendré. Podrá golpearme ahora frente a todos y yo no haría nada para detenerlo.
Yo soy el puto rey aquí, pero él es quien me gobierna a mí. Joder…
—Ya dije que no te voy a seguir el juego— declaro después de varios minutos de silencio. Me alejo de él dando un par de pasos hacia atrás… mi respuesta ha hecho que varios de mis hombres, los que vigilan desde aquí dentro, se queden boquiabiertos sin poder creer lo que he dicho.
—Jefe…— miro hacia quien me ha llamado, es Félix, su rostro aún tiene heridas, pero ya están curando —Perdone que me entrometa, pero, ¿cómo puede permitir que este sujeto le hable así? Le está faltando el respeto al desafiarle, ¿acaso no es usted alguien que no permite este tipo de cosas?— pregunta —¿A cuántos no ha matado por atreverse a desafiarle?
Miro a Travis, pero él no dice nada. No quiere meterse en esto porque, claro, tampoco sabe qué decir. Pero yo sí.
—Félix, ¿te atreves a cuestionar mis decisiones o cómo hago las cosas?— le pregunto —¿Quién te crees que eres para venir a hacerlo, eh? ¡Yo sé perfectamente lo que hago! No vuelvas a venir a cuestionar mis decisiones o voy a arrancarte la puta lengua— él baja la mirada al instante —Sé perfectamente por qué hago las cosas; no vuelvas a meter tu puto hocico donde no te llaman— amenazo entre dientes.
—Lo lamento, jefe… no volverá a pasar…
—Eso espero— espeto —Ve a preguntar si ya está el desayuno, tienes cinco segundos para ir y volver— él sale corriendo a cumplir con mi orden. ¿Este es uno de los hombres que Georg consideró de los mejores y envió a traer a Willem aquí? Con razón casi se les escapa, son todos unos ineptos.
—Yo pensé que habría masacre…— dice Sophia de repente, rompiendo el silencio —Y todo por culpa de Benjamín.
—¿Mi culpa?— dice él indignado, señalándose a sí mismo con el ceño fruncido. Suelto un suspiro y vuelvo a sentarme en el sofá, del cual Travis ni se levantó siquiera para ayudarme a salir de ese aprieto.
—Sí, nada más por desafiar al mismísimo Rey Klaus primero— afirma ella, con un tono dramático en la voz —En el mundo otomano, todos solían besarle las manos a quien fuese el sultán, o el borde de sus vestidos cuando habían hecho algo malo y querían su perdón o para agradecerle algo…
—Ah, primero, ¿y a mí qué me importa?— dice él, con una actitud muy borde que me encanta. A diferencia de mí, Bill sí tiene un límite de paciencia que ya ha sido cruzado —Segundo, no estamos en el «mundo otomano» y él no es un sultán— me señala con el pulgar como si nada, como si fuese una persona normal. Si no fuese mi moreno, ya le habría arrancado la cabeza; pero como es Bill, mi moreno precioso, el amor de mi vida, que me diga lo que quiera —Y tercero, que venga él y me bese, pero el pene…
—¡Benjamín!— exclama Sophia, tan impresionada como yo, o bueno, como todos por lo que ha dicho Bill. Claro, lo ha dicho enfadado, y al darse cuenta de sus palabras, traga saliva con amargura. No por miedo, eh, sino porque él mismo se ha quedado atónito por lo que dijo sin ser consciente…
—¿Por qué no vienes tú y besas el mío?— le respondo yo, solo porque quiero ponerlo nervioso y avergonzarlo. Recuerdo que antes sus mejillas se ponían carmesí cuando se sonrojaba…
—¿Qué mierda…?— me mira horrorizado y sí, también sonrojado, porque conseguí mi objetivo.
—¿No quieres?— le pregunto muy sugerente, mierda. Se ha puesto más rojo y sus ojos se han abierto un poco.
—¡¿Cómo crees?!— exclama con terror.
—Oh, bueno… de lo que te pierdes.
Travis y los chicos sueltan una risita por mis palabras. Mientras que Bill solo… está nervioso y trata de no mostrarlo, pero yo lo conozco mejor que él a sí mismo, y sé que está teniendo una batalla mental y quién sabe en qué estará pensando para ponerse rojito, rojito como un tomate. Como si hubiese comido algo picante… a saber lo picantes que son sus pensamientos, ¿no?
Sin embargo, se calma a sí mismo. —Eres un depravado y un pervertido…
—¿En serio? Me halagas— digo, soltando una risita ronca y breve.
Me mira como si hubiese dicho algo incorrecto, con desaprobación. Pero no es con asco; de hecho, cuando le pregunté «¿No quieres?» no me respondió con un «no» directo y rotundo. Me respondió con un «¿cómo crees?». No se negó, así que lo voy a tomar como un «Sí, quiero, pero no te lo diré en público».
¡Ja! Yo el menos ilusionado.
—Pendejo…— murmura.
—Jefe, la comida está lista desde hace un rato. El señor y la señora König ya están en la mesa…— aparece Félix para interrumpir el momento.
—Bueno…— suspiro —A desayunar, porque el hambre nos hace decir cosas que no queremos, ¿verdad, agente Keller?
Él suelta una risa falsa, sarcástica, antes de volver a su expresión seria.
Qué divertido… algún día me besará el pene y no se verá tan horrorizado como hace unos momentos. Yo sé que sí…
.
By Bill
No puedo creer que esto esté pasando. Primero, Sophia abandona a mi bebé Alfia; segundo, discutimos y Klaus se mete en la sopa como una mosca para interferir y me dice que debo pensar con cabeza fría a la hora de decidir sobre la alianza. Eso me cabreó porque él no tiene derecho a decirme cómo debo tomar mis decisiones, o sea, por Dios.
Tercero, lo desafío porque me colmó la paciencia y, para mi sorpresa, no me hace nada. Cuarto, regaña a Félix por llamarlo prácticamente «blando» por no hacerme nada cuando lo reté. Quinto, Sophia me echa la culpa y viene desviando el tema mezclando al mundo otomano… o sea, ¿qué tiene que ver eso con lo que estaba pasando? Sexto, pierdo el control porque ha sobrepasado mi límite de paciencia y además estaba de mal humor y acabo diciendo algo que ni sé cómo fui capaz de decir.
¡En mi vida habría dicho algo así! ¡Ni borracho habría llegado a tanto!
Y para colmo, Klaus dice que mejor bese su pene… ¡¿Qué mierda?! Obviamente me sentí avergonzado, apenado, nervioso, y juro que seguramente me puse rojo de la vergüenza que sentí. Y más por la cosa que pasó por mi mente en ese momento, para nada buena ni sana, cosa que no voy a mencionar porque es muy vergonzosa para mí.
¿Qué me está pasando? ¿Acaso las energías malas y rebeldes del mundo criminal están afectando mi pureza y mi mundo de bien? Dios mío.
Ahora mismo estoy sentado en una mesa, en medio de un chico con gafas, pelo negro corto y rebelde que cae en leves rulos sobre su frente, ocultando un poco sus cejas; una de ellas tiene un piercing. Su piel es blanca, pero no tan blanca como la mía; es más bien ligeramente bronceada. Lleva una camisa blanca de manga larga de cuello alto que se ciñe a su cuerpo, pegadita, y unos pantalones negros rasgados, un poquito anchos. Tiene un reloj en la muñeca izquierda… ¿es zurdo?
Está a mi derecha, pero el otro, el castaño que también tiene el pelo corto y ojos verdes, está a mi izquierda. Viste una camisa de manga corta azul y unos pantalones vaqueros algo desgastados. No tiene piercings, ni reloj, pero su cabello está muy bien cuidado. Sin embargo, no los miro mucho. Están cerca de mí, pero también hay más gente sentada en la mesa, comiendo sus waffles con un poco de miel que chorrea por los bordes y azúcar glas espolvoreada por encima.
La señora Charlotte y el señor Friedrich comen tranquilos, al igual que todos… menos yo. Siento que voy a perder la cabeza en cualquier momento…
¡Hola! Soy un jodido agente de la DEA que combate contra el narcotráfico, y ellos son criminales. ¡¿Por qué actúan como si esto fuese una comida cualquiera en familia?! ¡Joder! ¿Qué clase de mala broma es esta, tío?
—Benjamín…— Sophia me saca de mi lío mental. Levanto la mirada de mi plato para verla, dándome cuenta de que todos me están mirando. Ella toma el cuchillo y el tenedor, pincha con el tenedor el waffle y con el cuchillo corta un trozo para llevárselo a la boca, todo sin dejar de mirarme. Es una hija de puta, ¿me está enseñando cómo debo comer los waffles? Luego alza las cejas como si no fuese obvio.
Empujo con la punta de la lengua mi mejilla interior y asiento lentamente, captando su indirecta muy directa. Sonrío, alzo mis manos en puños: la izquierda de lado y la derecha hacia arriba. Muevo la izquierda en círculos, de adelante hacia atrás, como una manija, mientras que mi puño derecho se mantiene cerrado y mi dedo medio empieza a levantarse hasta que se alza completamente, y ensancho una sonrisa cínica en mis labios.
Escucho un par de risitas que intentan contenerse, vaya a saber quiénes, porque no los miro. Ella sonríe burlona por mi forma de responderle, también con gestos. Tomo el cuchillo y el tenedor para comer, los señores Friedrich y Charlotte se cruzan una mirada.
—¿Todo bien?— pregunta la señora, limpiándose la comisura de los labios con una servilleta.
—Sí, mamá. Es que el invitado se ha levantado de muy mal humor— responde Klaus. Desvío la mirada de Sophia hacia él muy lentamente, achinando los ojos. Lo veo llevarse un trozo de waffle a la boca como si nada, masticando con tranquilidad. Aprieto el cuchillo en mi mano sin dejar de mirarlo. —Me ha retado, incluso, como sabe que no le puedo hacer nada, se aprovecha— dice mientras pica otro trozo y se lo come. Me fijo en el movimiento preciso de su mandíbula, adornada por una ligera barba, demasiado parsimoniosa.
Se relame la miel que queda en sus labios, y sin quererlo, porque juro por mi madre, si es que la tengo, que no fue voluntario, mi piel se eriza y siento un escalofrío recorrerme todo el cuerpo. Y no un escalofrío desagradable, sino todo lo contrario. Oh mierda, estoy mal, mal, mal. Desvío la mirada de él y vuelvo a mirar mi plato.
¿Acabo de sentir… placer involuntario? ¿Deseo?
Oh, esto no puede estar pasando.
No, no, no, no.
Debo ir a la iglesia, sí. Debo deshacer estos pensamientos tan horribles…
—¿Qué hiciste para que te retara?— pregunta la señora Charlotte a su hijo, su voz me saca de mi ensimismamiento. De soslayo veo cómo Klaus la mira con indignación.
—¿En serio? No hice nada, mamá…
—Tiene que haber una razón…— dice su padre, alzando ambas cejas.
—Juro que no hice nada…
—En realidad, le dijo que pensara con cabeza fría si no quería que le pasara nada malo.
—No le dije eso.
—No, pero eso fue lo que se entendió— afirma Viktor.
—Pero no lo dije con mala intención.
La señora Charlotte niega con la cabeza. —Te he dicho muchas veces que busques una forma de expresarte mejor cuando hablas— le dice, prácticamente regañándolo.
Él bufa. —Sí, yo siempre soy el problema…
—Qué bueno que lo admites, rata sucia— le dice el hermano, acompañado de una risa tras el insulto de Klaus.
Sin embargo, nada más escuchar la frase «rata sucia» siento una punzada en la cabeza tan fuerte que me obliga a cerrar los ojos y sisear por el dolor. En cuanto cierro los ojos, todo cambia, el mundo se curva. Es como si me hundiera dentro de una esfera de cristal. La luz late, parpadea, y las formas se estiran y encogen con cada respiro. Todo a mi alrededor vibra, como un reflejo que intenta volverse nítido, pero se deforma apenas lo miro.
Las voces se oyen lejanas, es breve, y lo que logro escuchar también…
«Tan inocente y adorable, y vie… a enamorarte de un loco co… mi hijo.»
Escucho risas distorsionadas.
«Oye, mamá, que estoy a…»
«Aquí» «aquí» «aquí» «aquí»
Escucho esas palabras repitiéndose en el fondo, con un segundo de retraso entre unas y otras, como un eco.
«Por supuesto que… qué sí, cari… ño, pero no puedes culpar… me por decir la verdad…»
«Tom, rata sucia»
Veo que el lugar está muy iluminado, pero son tan borrosas y fuertes que no me dejan ver nada.
«Travis, felicida… otra vez, herma… no. ¿Y la novi… a? ¿Por qué no ha llega… contigo?»
No puedo hacer nada más, porque la superficie tiembla y se fractura antes de que logre verlo del todo. Y abro los ojos de golpe, tomando una bocanada de aire en una pequeña inhalación. El dolor de cabeza aumenta; ya no es solo una punzada, sino varias, y siento cómo todo a mi alrededor se mueve.
—¿Benjamín? ¿Estás bien?— escucho que alguien pregunta; es Sophia, pero su voz se oye tan lejana que me cuesta saber si es de ella o de la señora Charlotte.
—No…— gruño antes de ponerme de pie, tropezando al instante.
—¿Qué tienes?— pregunta el chico de gafas, el que estaba sentado a mi lado.
Jadeo de dolor, me tomo la cabeza con las manos como si eso pudiera calmar algo. —Me… me duele— digo con dificultad. Abro los ojos y los cierro de nuevo al instante. La imagen vuelve a mí y las voces las escucho unas sobre otras, unas más claras, otras no tanto. Y mi cabeza duele.
«Por cierto, te presen… to a Bi…»
«Las fotos que Tom tie… ne colgadas en su habitació…»
«Deberías apren… der de tu novio…, cariño. Míral…, es más jo… ven que… y más madu… ro.»
«Ma… he hecho muchas estupi…, y de lo único que estoy seguro… es que tod… pue… do hacer má…»
«No le me… tas más pre… si… sión, bastante tiene ya…»
Abro los ojos.
—¿Qué tiene?— pregunta alguien, que al ver en medio de mi mareo, es Klaus.
—¡Matthew, coño!
—¡Le está sangrando la nariz!
Otra punzada de dolor en mi cabeza. Cierro los ojos sin poder evitarlo con un gruñido.
«Por una noche inol… vidable, amor»
«Olvidé que eres fan de Britney, amor»
«Amor» «amor» «amor» «amor»
—Oye, Benjamín… trata de respirar…— veo al de gafas, ¿estoy tirado en el suelo? —Trata de…
«¿Quieres algo de beber, moreno?»
«Mo… reno…»
«Ella es mi cantante favorita.»
«Prefiero mi moto, me gusta la sen… de liber… tad cuan… do… a to… da velocidad.»
—Hey…— alguien me susurra —Respira hondo…
Gruño de nuevo por el dolor.
«Por muy se… xy que… veas.»
«Pero tú sigues siendo lo más bonito de toda la noche.»
«E-e-eres encanta… dor, mi cie…, pero debe… mos bajarnos ya…»
«Y yo me muero por presentarte oficialmente como mi novio.»
—No, no cierres los ojos…— me dice alguien cuya voz ya no puedo descifrar y mi cuerpo se desvanece. Mis ojos se cierran…
«Moreno…»
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉