Silent promise 26

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 26

By Tom

Observo cómo Matthew le pasa un algodón empapado en alcohol por la nariz para que mi moreno recupere la consciencia después de desmayarse. Me asustó verlo levantarse de golpe de la mesa, tomándose la cabeza mientras gimoteaba de dolor, cómo comenzó a sangrarle la nariz y también cuando lo vi caer al suelo.

Juro que sentí que iba a entrar en pánico y lo cogí en brazos para llevarlo a la sala y sentarlo en el sofá. Sentí miedo, mucho miedo de que le pasara algo malo y volver a perderlo otra vez. No soportaría algo así de nuevo. Lo tengo aquí conmigo, ahora, no como quisiera, pero está vivo, a mi lado, y eso es lo que cuenta. No podría soportar el dolor de perderlo esta vez para siempre. Sería capaz de matarme, dejar mi venganza y todo de lado, porque no podría vivir en este mundo sin él. No quiero vivir eso otra vez.

—Está despertando— escucho decir a Matthew, que mantiene el algodón a un centímetro de la nariz de Bill para que despierte del todo. Mi corazón late demasiado rápido; todavía sigo preocupado.

—Hmm…— gimotea, frunce el ceño y mueve solo un poco la cabeza como para alejarse del olor del alcohol. Matthew se aparta, y mi moreno abre los ojos lentamente. —Joder…— gruñe, llevándose una mano a la cabeza. Eso me pone en alerta de inmediato. —¿Qué ha pasado?— pregunta, acomodándose con las pocas fuerzas que tiene en el sofá. Está pálido y sus labios casi parecen blancos.

—Te desmayaste— le responde Matthew —¿Te sientes bien?

—Mhmm… no— responde, apartando su mano de la cabeza —Me duele demasiado… la cabeza— dice como si le faltara el aire.

—Te daré una pastilla— Matthew saca de un bolso, que pidió a uno de mis hombres que le trajera de su habitación hace un rato, antes de que Willem despertara, una tableta de aspirinas. Con eso su dolor de cabeza desaparecería.

—Ve por un vaso de agua— le digo a uno de mis hombres, que sale corriendo de inmediato. Se demora un par de minutos, los mismos en los que Matthew le pasa la pastilla a mi moreno, que con manos temblorosas la toma y se la mete en la boca. Cuando el chico llega con el vaso de agua, se lo entrega y él se toma la pastilla, bebiendo solo dos tragos pequeños.

—En unos minutos hará efecto— le anuncia Matthew.

—Gracias…— murmura Bill, echándose hacia adelante. Apoya los codos sobre las rodillas y con las manos oculta el rostro. Lo oigo suspirar.

—Benjamín, voy a hacerte unas preguntas, ¿vale?— le dice Matthew. Bill entreabre un poco los dedos para mirar al susodicho sin apartar las manos de la cara.

—¿Preguntas sobre qué?

—Sobre lo que pasó antes de que te desmayaras— responde él. Ajustándose las gafas sobre la cabeza, yo me siento en el sofá de enfrente para no molestar. No puedo hacer nada; Benjamín no confía en mí como mi moreno lo haría si me recordara —¿Qué fue lo que pasó?

—No sé…— contesta mi rubio bonito —Yo solo… no sé— suspira.

—¿No recuerdas?

—Muy poco.

—¿Sueles tener estos ataques muy a menudo?

—¿Ataques?— repite Bill, apartando por fin las manos de la cara para mirar a Matthew, con el ceño ligeramente fruncido al no entender del todo la pregunta —¿Qué ataques?

—Lo que tuviste en el comedor fue un ataque— dice Matthew con calma —Sufriste un dolor de cabeza grave, Benjamín, porque te sangró la nariz— le explica —Y pasaste mucho tiempo inconsciente; tuve que mojar el algodón en alcohol varias veces para ver si reaccionabas. Por eso te pregunto si te pasa este tipo de cosas con frecuencia.

Mi moreno niega lentamente con la cabeza. —No— responde —Nunca me ha pasado.

—Entonces esto es nuevo— susurra Matthew, asintiendo lentamente —¿Te pasó por algo que dijera alguien durante el desayuno?

Bill guarda silencio unos segundos.

—Hujum…— asiente con un leve movimiento de cabeza —No creo que sea buena idea hablar de eso con vosotros— espeta. Travis, que está de pie junto a mis padres al lado del sofá, me mira —Mejor dicho, no hablo de mis problemas con nadie a menos que sea con mi psicóloga. Igual, ya estoy bien— dice con un resoplido.

—Pero Ben— suspira Sophia, que se aleja de Georg y se sienta a su lado en el sofá —Matthew es doctor, cuéntale lo que pasó y así sabrá cuál fue la causa.

—Estoy bien— repite él.

—Pero…

—He dicho que estoy bien, Sophia— suspira, cerrando los ojos unos segundos —No me pasó nada, ¿vale? Solo fue un dolor de cabeza repentino y ya.

Quiero levantarme, regañarle por ser tan terco y no dejarse ayudar, y pedirle que por favor hable sobre lo que pasó para saber por qué ocurrió. Pero sé que no puedo; él no va a hacerme caso. Para él, soy simplemente un narcotraficante en quien no debe confiar. Y si es necesario, me golpearía con tal de defenderse, y yo prefiero evitar que se altere o algo por el estilo.

—No lo presionéis— dice mi madre —Dejadlo respirar un poco, chicos…

—Benjamín, si quieres, puedes ir a tu habitación a descansar— le sugiero. Él me mira; sus ojos marrones, maravillosamente acentuados por las sombras negras de sus párpados, me examinan, como si estuviera pensando si hacerme caso o no —Cuando te sientas mejor, podemos hablar sobre la alianza— digo con calma, pero mi pierna derecha empieza a temblar, delatando mis nervios, mis ganas de abrazarlo y decirle lo aterrado que me sentí solo de pensar que podría perderlo otra vez…

Para mi sorpresa, él asiente lentamente y se pone en pie.

—Te ayudo…— le dice Sophia, levantándose con él para llevarlo a la habitación y ayudarle a subir las escaleras. Quisiera ayudarlo yo mismo, pero sé que no debo. —Quizás te ha pasado eso por el estrés…— oigo a Sophia susurrar mientras se alejan a paso lento.

—Sí, seguro…— le contesta mi moreno, pero hay algo en su tono que no me convence. Él sabe lo que pasó, sabe por qué tuvo ese dolor, pero no quiere contarlo porque no confía en nosotros para compartir algo que, seguramente, le hizo sentirse vulnerable.

Suelto un suspiro cuando los pierdo de vista en las escaleras.

—Él no va a contar nada— digo en voz baja —No puedo ayudarle si se niega a hablar…

—Tiene sus razones para no hacerlo— dice mi madre, sentándose a mi lado —Si quieres que Benjamín deje de verte como su enemigo, debes ganarte su confianza para que se sienta cómodo y pueda dejarse llevar. De lo contrario, seguirá negándose a compartir cosas tan personales…

—Tu madre tiene razón— me dice mi padre —Y ganarte la confianza de un agente de la DEA no será fácil.

—No creo que me lo permita— les digo —Es demasiado obstinado. Si vieras cómo me retó esta mañana, papá— suelo una risita corta, pero desganada —Estoy seguro de que se siente como un pez pequeño rodeado de tiburones, y aun así se atrevió a desafiarme. Yo no pude hacer más que dejarlo pasar…

—Sí, bueno, ni modo que fueses a darle un guantazo— comenta mi hermano —Pero debes ponerte firme, Klaus… recuerda lo que pasó con Felix… si ellos ven cómo dejas que Benjamín te diga ciertas cosas, puede que también se rebelen— dice, ladeando ligeramente la cabeza y alzando los hombros —No tienes que levantarle la mano ni nada, con un par de palabras pasivo-agresivas, todo estará bien.

—Lo intentaré…— murmuro.

Aunque será demasiado difícil. No puedo mirarlo a los ojos y hablarle como lo haría Frost. Mi mente me traicionaría y vería a mi pelinegro hermoso con un pucherito en los labios y los ojos llenos de lágrimas, preguntándome por qué le digo cosas tan feas… con lo sensible que siempre fue, no me veo capaz. Y sé que no hay rastros de mi moreno en este chico rubio, en Benjamín, pero no me importa. No voy a hablarle feo…

Buscaré otra forma. Necesito ganarme su confianza… pero, ¿cómo lo hago? Para eso debo pasar tiempo con él, demostrarle que no lo traicionaría y que puede confiar en mí. Pero en unos días volverá a Estados Unidos, si acepta mi propuesta, claro. Si lo hace, si accede a colaborar conmigo, entonces tendremos que trabajar por separado.

A menos que…

—Papá…— le llamo, teniendo una idea que para mí es brillante. Mi progenitor me mira —¿Qué posibilidades hay de que vaya a Estados Unidos con Sophia y él?— le pregunto.

Mi hermano y mi padre intercambian miradas.

—No estarás pensando en…— dice Travis, pero lo interrumpo de inmediato.

—Mamá ha dicho que debo ganarme la confianza de Benjamín— le digo —No podré hacer eso si acepta aliarse conmigo y vuelve a Estados Unidos. Necesito tenerlo cerca…

—Eso no es buena idea— menciona mi hermano —Te conozco, no saldrá bien.

—Joder, saldrá más que bien— le digo —Además, podré mantenerlo vigilado. Me ganaré su confianza mientras estemos en nuestra alianza, y todo estará bien. Necesito poder estar cerca de él, ¿vale? No me importa si no me recuerda; al menos podré ayudarle cuando lo necesite— espeto, un poco desesperado para que mi padre me deje viajar a Estados Unidos —¿Por favor?

Él suspira. —Hablaremos de esto luego, lo pensaré— me dice.

Yo sonrío ligeramente.

Es una buena idea, ¿no? Podré estar cerca del amor de mi vida. Es perfecto…

.

By Bill

Después de lo que pasó y de que Sophia me dejara aquí, en la habitación, no pude hacer más que pensar y pensar en lo que me ocurrió. En esas voces en mi cabeza, la misma voz del chico que aparece en mi sueño con un bebé en los brazos, llamándome “moreno” de nuevo, pero solo oí voces. No pude ver nada más que borrosidad y ya.

Pero, ¿quién es Travis? ¿Quién es Bill? ¿Quién es Tom? ¿Acaso fueron recuerdos? Joder, ahora más que nunca necesito hablar con mi psicóloga, pero no tengo cómo. No estoy en Estados Unidos. Y si sigo dándole vueltas a esto, el dolor de cabeza no me va a desaparecer. Me pasé toda la tarde tumbado, intentando dormir sin conseguirlo. A la hora de la comida me la subieron en una bandeja, comí muy poco porque no tenía hambre. Me siento completamente desganado, no quiero estar aquí; quiero irme. Estar en mi apartamento, con mi pequeña Alfia…

Son las nueve de la noche, sí… me he pasado todo el día aquí encerrado porque no me sentía con ánimos para ver a nadie. Pero ha sido ahora cuando se me ha ocurrido acercarme a la gran ventana, correr las cortinas hacia los lados, abrir las puertas de cristal correderas y salir al pequeño balcón. El aire helado de la noche choca contra mi rostro; cierro los ojos y respiro hondo. Es en estos momentos cuando necesito un cigarrillo…

No suelo fumar mucho; lo hago cuando estoy estresado y necesito dejar de pensar. Por alguna razón, fumar me tranquiliza, y cuando lo hago, con solo dos cigarrillos me basta para calmarme. Pero no tengo ni uno solo aquí…

Escucho cómo llaman a la puerta, interrumpiendo mi intento de encontrar calma. Bufo. —Adelante…— digo lo suficientemente alto como para que quien sea que esté detrás pase. Y así sucede. Entra el castaño de ojos verdes; le veo recorrer con la mirada toda la habitación antes de fijarse en el balcón, donde estoy yo, con los brazos cruzados.

—Benjamín, Klaus me ha enviado a comprobar si ya te encuentras completamente bien— me dice —Si es así, me ha dicho que lo estará esperando en su despacho para hablar sobre el tema de la alianza.

Por supuesto que sí.

—Estoy bien— le respondo, mi dolor de cabeza ha desaparecido. Lo único que tengo ahora es una lucha mental, nada más —¿Dónde está el despacho?— pregunto.

—Sígueme— me dice. Se da la vuelta y sale de la habitación; obviamente, lo sigo. Al salir cierro la puerta y camino tras él por los pasillos, pasando varias puertas cerradas, hasta que nos detenemos frente a una puerta de madera oscura. El castaño toca dos veces.

—Pasa, Geo…— escucho la voz de Klaus desde el interior.

Geo… el castaño es Georg, ahora lo recuerdo. Él abre la puerta y me hace un gesto para que entre. Sin pensarlo demasiado, lo hago; entro por completo y la puerta se cierra tras de mí. El despacho es… impresionante. Grande, con estanterías llenas de libros del suelo al techo, un escritorio masivo de madera oscura, amplias ventanas que dan a los jardines exteriores, sillas de cuero y una chimenea apagada en una pared.

Y Klaus esperándome.

Lleva puesta una camisa de seda negra de manga larga. Los primeros cuatro botones están desabrochados, dejando a la vista un poco del vello de su pecho y algo que parece un colgante; solo se ve la cadena, que es de oro. Las mangas se ciñen a sus musculosos brazos de forma increíble, arremangadas hasta los codos. Luce un reloj elegante en la muñeca; sus delgadas rastas negras están recogidas en una coleta baja, con dos mechones cayendo frente a su rostro. Me mira fijamente…

Se ve… firme, atractivo de una manera que no debería afectarme, pero lo hace.

Esa sensación de antes vuelve otra vez. Esa reacción inexplicable: mi corazón se acelera, mi respiración se vuelve un poco más superficial. Aparto la vista rápidamente, fijándome en la carpeta amarilla que tiene sobre la mesa; lo veo entrelazar los brazos sobre ella.

—Agente Keller, por favor, tome asiento— me indica Klaus, señalando la silla frente a él. Dudo un segundo, porque sentarme frente a él significa estar demasiado cerca, aunque el escritorio nos separe. Pero no tengo otra opción, así que camino hacia la silla, me siento, manteniendo la postura rígida.

Muy profesional.

—¿No se supone que tu hermano y tu padre deberían estar aquí?— pregunto, rompiendo el silencio incómodo que se había formado, ya que Klaus no había abierto la boca en ningún momento.

Se relame los labios. —La alianza que vas a hacer es personalmente conmigo, Benjamín— me dice, con demasiada calma —Por eso ellos no están, quería algo de privacidad… luego les notificaré todo.

Asiento lentamente.

—¿Has pensado en la propuesta?

—He estado dándole vueltas toda la noche— respondo con sinceridad.

—¿Y?— su voz suena controlada, pero hay algo debajo de esa firmeza… como expectativa o esperanza, tal vez —¿Qué decidiste?

Lo miro directamente a los ojos. —He sopesado los pros y los contras— empiezo despacio —He considerado todas las implicaciones, las consecuencias, los riesgos y he llegado a la conclusión de que…— hago una pausa deliberada antes de continuar —…de que colaborar contigo es, probablemente, mi mejor opción para capturar a Brian y asegurar mi libertad.

Klaus sonríe, pero no es una sonrisa completa. Más bien es una curva sutil de sus labios, pero está ahí. Es genuina y ligera. —Entonces, ¿eso es un sí?— pregunta —¿Aceptas la alianza?

—Sí, Klaus. Acepto— digo las palabras con claridad, con determinación —Trabajaré con el Clan Geist para localizar y capturar a Brian bajo los términos que discutimos anoche.

—Excelente— él quita sus brazos de la carpeta y esta misma la desliza hacia mí sin levantarla de la mesa —Entonces necesitaremos formalizar esto.

Tomo la carpeta, mis ojos escanean rápidamente el contenido, pero no logro comprenderlo del todo. Así que la abro y veo que es un contrato muy detallado y específico. Comienzo a leer en voz baja todo lo escrito, mis ojos se mueven por el texto. —Esto es… extremadamente detallado— comento, genuinamente impresionado, sin levantar la mirada de la hoja.

—Necesitamos que todo esté claro— responde Klaus —Para protegernos mutuamente, este documento establece que tu participación es voluntaria, que no te hemos forzado y que esto es una decisión informada de tu parte.

—Y las salvaguardas del Artículo siete…

—Son necesarias— interrumpe —Tanto para ti como para nosotros. Si decides traicionarnos, tenemos evidencia. Pero si cumples tu parte del trato, destruimos todo; es justo.

Leo las cláusulas de nuevo, más despacio. Es justo, sí, sorprendentemente justo para un contrato redactado por un criminal. Establece límites claros, protecciones para ambas partes y una salida limpia una vez que Brian sea capturado. —El Artículo tres del punto cuatro— señalo —Sobre proporcionarme información de vuestras operaciones secundarias.

—Para darte cobertura— confirma él rápidamente —No podemos esperar que simplemente dejes de perseguirnos. Tu jefe sospecharía, así que te daremos pequeñas victorias, suficientes para mantener tu posición sin comprometer nuestras operaciones principales.

—¿Y estaréis dispuestos a sacrificar vuestros propios recursos?

—Por capturar a Brian, sí— Klaus me mira directamente —Vale la pena el precio.

Asiento despacio, comprendiendo perfectamente todo. Brian debe haber hecho algo verdaderamente terrible para que Klaus esté dispuesto a tanto. Pero eso es problema suyo, no mío. Al menos, no por ahora. Muerdo mi labio inferior, observando cómo él extiende su brazo hasta un guardalápices negro, toma un bolígrafo y me lo pasa.

Lo tomo y leo el contrato una última vez, palabra por palabra, asegurándome de que entiendo cada implicación, cada obligación, cada consecuencia, y entonces firmo al final de cada página, ya que hay un original y dos copias. Klaus toma el documento, lo examina y asiente satisfecho. Luego lo firma él cuando le entrego el bolígrafo. Ahora todos estamos vinculados legal y criminalmente.

—Ahora, algo más— dice él, señalando una cámara profesional sobre el escritorio —Necesito un vídeo, puede ser breve. Solo quiero que declares tu nombre, posición y que confirmes que esta alianza es voluntaria.

Oh claro, esto era de esperar. Asiento lentamente con la cabeza; él toma la cámara, presiona un botón y la luz roja se enciende. Estoy siendo grabado. Respiro hondo, miro directamente a la cámara antes de comenzar a hablar:

—Mi nombre es Benjamín Keller. Soy agente especial de la DEA, división de narcóticos— mi voz es clara —Por la presente declaro que he aceptado, de forma voluntaria y sin coerción, colaborar temporalmente con el Clan Geist. Esta alianza tiene un único propósito: localizar y capturar al narcotraficante conocido como Brian, alias El Zar. Entiendo los riesgos, comprendo las implicaciones y acepto los términos establecidos en el contrato que acabo de firmar. Esta es mi decisión; nadie me ha forzado, nadie me ha amenazado. Lo hago porque creo que es la mejor forma de cumplir mi misión y asegurar mi libertad futura.

Mantengo contacto visual con la cámara.

—Fin de la declaración.

Klaus presiona el botón de nuevo y la luz roja se apaga. —Perfecto— dice, guardando cuidadosamente tanto el contrato firmado como la tarjeta de memoria de la cámara en una caja fuerte empotrada en la pared detrás de su escritorio —Con esto, nuestra alianza está oficialmente establecida.

Relame sus labios.

—Con respecto a la información sobre mis puntos de empaque, bodegas y demás… se la daremos a Sophia— me dice —Ella sigue infiltrada en la DEA, así que puede filtrar la información de forma que parezca que vino de sus propias fuentes de inteligencia. Tú la «verificas», organizas los operativos, los ejecutas y tienes éxito. Tu jefe está contento, la DEA está contenta y nosotros… bueno, perdemos piezas que podemos permitirnos perder.

—¿Y cuánto tiempo puede durar eso?— pregunto —Eventualmente mi jefe va a querer más, va a querer a los líderes del Clan.

—Para entonces, Brian estará capturado y esta alianza habrá terminado— Klaus se encoge de hombros —Podrás volver a perseguirnos con toda tu energía, sin restricciones y sin conflictos de interés. Tal como dice el Artículo seis del contrato.

Es un plan sólido, sorprendentemente sólido.

—Está bien— digo finalmente —Puedo trabajar con eso. Mientras la información sea creíble y los operativos produzcan resultados reales que justifiquen mi tiempo y recursos.

—Lo serán, te lo garantizo— él extiende su mano hacia mí —¿Entonces tenemos un trato, agente Keller?

Miro su mano extendida, que espera a que la tome. Este es el momento, el punto de no retorno definitivo. Extiendo mi propia mano y tomo la suya. Su agarre es firme, cálido, y joder, cuando nuestras manos se tocan, siento algo. Como electricidad, como un reconocimiento profundo que mi mente consciente no puede explicar. Nuestros ojos se encuentran, se mantienen. La familiaridad de su piel hace que suelte su mano al instante.

—Trato hecho— respondo, con dificultad en la voz ante su pregunta.

—Eso es…— replica Klaus con una pequeña sonrisa —Bienvenido oficialmente a la alianza, agente Keller. Espero que esta colaboración sea fructífera y exitosa para ambas partes.

—Yo también…

—Y espero que no te arrepientas de esto— continúa con una sonrisa que no es del todo amigable, pero tampoco hostil —Porque una vez que entras en nuestro mundo, aunque sea temporalmente, es difícil salir completamente limpio.

—No planeo quedarme más tiempo del estrictamente necesario…

—Eso dicen todos al principio, Benjamín…

No sé cómo responder, así que simplemente no lo hago.

—Ahora que la formalización está completa, hablemos de logística operativa. Necesitamos establecer protocolos seguros de comunicación, métodos encriptados para compartir información sensible, procedimientos de seguridad para reuniones— me mira —Sé que tienes que volver a Estados Unidos pronto…

—Así es…

—Entonces te daremos tres días completos aquí para establecer las bases sólidas de nuestra colaboración. Para que Sophia y tú coordinen perfectamente su historia de cobertura, para que revisemos toda la inteligencia disponible sobre Brian. Y luego arreglaremos tu transporte seguro de regreso— Klaus hace una pausa significativa —Obviamente, esto nunca sucedió. Oficialmente, nunca estuviste aquí, nunca nos conociste en persona y nunca firmaste ningún documento. ¿Entendido?

—Completamente entendido.

—Excelente, entonces comencemos con lo importante— Klaus abre la carpeta frente a él —Esto es todo lo que he logrado reunir sobre Brian hasta la fecha…

Y así, la reunión continúa.

Durante las siguientes dos horas, discutimos exhaustivamente todo lo que sabe sobre Brian: sus últimos movimientos confirmados, sus asociados conocidos, sus métodos operativos, sus objetivos estratégicos, sus debilidades potenciales. Es información increíblemente valiosa, conseguida por uno de sus hombres infiltrado en el territorio de Brian. Mucho más detallada y actualizada de lo que la DEA tiene en sus archivos.

Acabo de hacer un trato con el diablo.

O al menos, con los demonios más cercanos y peligrosos que conozco.

¿Fue la decisión correcta? Todavía no lo sé, pero es la decisión que tomé y ahora tengo que vivir con ella y con todas sus consecuencias.

Para bien o para mal.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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