
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 29
Esto es una completa mierda, ¿qué se supone que tengo que hacer ahora? Tengo a Klaus König delante otra vez, pero ahora en mi piso, sonriendo como si nada, mientras yo siento cómo una ola de nervios me recorre todo el cuerpo, haciendo que se me cierre la garganta sin poder evitarlo.
—He llegado hace un rato, ¿media hora, quizá?…— me dice, echando un vistazo a todo mi piso —Qué mono, y yo que pensaba que, siendo tan aburrido como eres, tu piso tendría una decoración de mierda. Pero ya veo que no— se deja caer en el sofá con una exhalación de satisfacción y su sonrisa se ensancha —Aunque tampoco es que sea una pasada, ¿eh? Pero está bien, me gusta.
—¿Qué coño haces aquí?— le pregunto, ignorando que prácticamente me ha llamado «carcamal» por ser «aburrido».
Él me mira con una mueca de desaprobación total en la cara. —¿Acaso no sabes que a las visitas hay que atenderlas bien? Al menos ponme un trago, un vodka estaría bien.
—Deja los jueguecitos, Klaus— me cruzo de brazos —¿Cómo es que estás aquí y no en Alemania?
—Ah, bueno…— rueda los ojos con desgana —Me voy a quedar aquí un tiempo— se me abre la boca y siento como si se me cayese la mandíbula al suelo; no puedo creer lo que acaba de decir —Es para tenerte mejor vigilado. ¿Acaso no te lo dije antes de que te vinieras?
—No, claramente no lo hiciste— le suelto enseguida —No puedes estar aquí.
—Cielito, puedo estar donde me salga de los cojones— me dice, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda con un aire muy chulo, sin dejar de mirarme ni un segundo.
—Has entrado en mi piso sin mi permiso, mientras no estaba…— empiezo a decirle —Y vas tan campante, sentado en mi sofá como si nada. Pero claro, ¿qué se puede esperar de un criminal que va por ahí como si fuese el puto rey del jodido mundo?
—Me halagas…
—¡Hablo en serio, joder!
—Pero tranquilízate— se levanta, riendo por lo bajo —No es como si viniera a hacerte algo… a menos que quieras, claro— qué puto degenerado —Y solo estaré aquí un tiempo, así que acostúmbrate a que me aparezca en tu piso de la nada— suelto un suspiro —No tienes por qué temer…
—No te tengo miedo, gilipollas…
Suelta una risita nasal. —Y encima me insultas sin motivo, ¿qué te he hecho yo para que me trates así?— pongo las manos en la cintura y lo miro con toda la obviedad del mundo; ¿cómo tiene la cara de preguntar semejante estupidez? —Okay, no me contestes— aclara enseguida, señalándome un segundo con el dedo índice —Ahora que estamos más tranquilos, ¿dónde tienes las bebidas por aquí?
—No bebo alcohol, así que no esperes que tenga ni una botella— le contesto rápido —Si quieres beber algo, hay agua del grifo, buenísima para los riñones…
—Joder, ¿cómo que no bebes?
Pongo los ojos en blanco y vuelvo a la cocina para seguir lavando la fruta. —No me gusta…
—Hmm, debí imaginarlo— dice —¿Ni siquiera tienes vino?
—Nada.
—Joder…— repite con un bufido. Escucho sus pasos acercándose —¿Qué haces?— pregunta desde el otro lado del mesón, sin molestarse en mirar.
—Comida.
—¿Cocinas?
—No, ¿tú qué crees?— le suelto con sarcasmo —Obvio que cocino, tonto, si no, no estaría haciéndolo ahora.
—No se te puede preguntar nada, nene…
—Qué pena, y no me llames así— le advierto.
—Tienes un carácter de mierda, Benjamín. Contrólate un poco, por favor… no soporto a la gente así, bastante tengo conmigo mismo.
—Si tanto te molesta, usa tus pies y lárgate por donde viniste— le respondo, mientras sigo quitándole las hojitas a las fresas. Realmente me estresa tenerlo aquí porque mis manos tiemblan y es como si los latidos de mi corazón no me dejasen respirar bien —Yo no voy a dejar de ser como soy solo porque te moleste, o sea…— suelto una risa seca —ubícate.
—Lo haré… entre tus piernas— susurra lo último, y no lo oigo bien. Bueno, sí lo oí, pero no sé si demostrar que lo he oído.
—¿Qué has dicho?— lo miro con los ojos entrecerrados.
—Nada— responde —¿Vas a hacerme cena a mí también?
—Mirad a este…— niego con la cabeza.
—¿No?— suspira dramáticamente —Primero me recibes de malas, ni un vaso de agua me das y encima no me preparas nada para comer— niega con la cabeza —Qué falta de educación tienes.
—Pues habré perdido la memoria, así que no recuerdo si de verdad tuve padres que me enseñasen esas cosas— me mira como si no estuviera hablando en serio —Eso significa que no tengo por qué recibirte bien, y encima entraste en mi piso como si nada. Además, no soy nada tuyo para estar preparándote comida como si fuese una mujer que tiene que atender a su marido.
—Ay, bonito, si supieras…
—¿Perdón?
—Nada, nada…— dice —Pero deberías ser buena persona y darle de comer a este pobre hombre que acaba de llegar de un largo, larguísimo viaje…
Suelto una risa sin pizca de gracia. —No voy a preparar nada más que cereales y fruta troceada. Yo que tú me iba a comer a un restaurante o algo así…
—¿No comes bien?
—Claro que como bien— tiro el agua del bol procurando que las fresas no se caigan y vuelvo a enjuagarlas. Sé que debería limpiarlas mejor, pero no tengo ganas de ponerme a eso ahora, resoplo —A veces pido algo a domicilio, pero esta noche no me apetecía. Además, tengo que hacer algo rápido para poder terminar lo que tengo pendiente.
—¿Qué es?
Inclino la cabeza para mirarlo. Tiene los codos apoyados sobre el mesón y esa mirada serena que me pone nervioso, pero ignoro esa maldita sensación al instante. —No puedo hablar contigo de temas confidenciales de la DEA, Klaus.
—Mmm, ¿no será más bien que piensas que puedo ir a chivarme a quien sea que tengáis en la mira de lo que estéis planeando?— suspiro, volviendo a mirar las fresas que ya están más que limpias.
—Vosotros, los narcos, os cubrís entre vosotros.
—No siempre…— me dice él justo en el momento en que vuelvo a tirar el agua y dejo el bol sobre la encimera para lavar las demás frutas —A veces hay que hacerles creer que es así para poderles dar la puñalada. Hacerles pensar que con una colaboración haremos cosas grandes, conseguir el objetivo y después cargárnoslos. O al menos, eso hacemos mi querido hermano y yo.
—Pensé que la lealtad era el lema principal de vosotros— comento.
—Lo es, pero no de la forma que piensas— me doy la vuelta completamente para mirarle.
—¿A qué te refieres?
—La lealtad para nosotros es fundamental, sí, pero de una forma distinta— le escucho atentamente —Por ejemplo, si quieres nuestra lealtad debes ganártela. No es algo que damos así porque sí, Benjamín; tú tienes que demostrar que te la mereces. Es algo muy valioso para nosotros porque en este mundo cualquiera se acerca por conveniencia, para conseguir algo y luego desecharte como si nada— me fijo en el movimiento lento de sus labios mientras habla con calma —Mi hermano y yo siempre analizamos a las personas con las que hacemos negocios; si las traicionamos es porque simplemente no se han ganado nuestra lealtad. Y si no hay lealtad, entonces no hay problema…
Miro sus ojos. —Es como una especie de regalo, ¿no?— comento —O sea, es como premiar a un niño por portarse bien, ¿o me equivoco?
—Es una forma muy simple de explicarlo— confirma con un pequeño asentimiento —Es exactamente así— me dice —Si te portas mal, no hay regalo. Todo lo contrario: hay castigo…
—Claro…— me humedezco los labios con la lengua y vuelvo a lo que estaba haciendo.
—Actualmente no estamos haciendo negocios con nadie, después de lo que pasó con Werner— me tenso un instante al oír ese nombre —Él realmente demostró merecer nuestra lealtad, pero lo jodió todo y acabó muerto. Y a su hermano lo tenemos con nosotros, pero al mínimo intento de que piense hacer algo contra nosotros, lo mataré. O mejor, lo voy a torturar como tengo a Riri…
—¿Riri?
—Una mascota…— la forma en que lo dijo, con voz tan frívola, me hace estremecer. No de miedo exactamente, sino de incertidumbre; ¿qué mascota tiene como para torturarla? —No es importante…
—Hmm…— trago saliva.
—Entonces… ¿vas a contarme en qué andas trabajando?— pregunta de nuevo —Quizá yo podría ayudarte.
—No, oye— respondo —Puedo estar aliado contigo para atrapar a Brian pero… ¿compartir contigo datos tan importantes para que me «ayudes»? Eso ya es demasiado…
—¿A quién le importa?— rodeando el mesón se acerca hacia mí. Me mantengo firme, no voy a mostrar nervios, ni sé de dónde sale esta puta sensación —Solo piensa en lo bien que te vendrá si consigues esa información cuanto antes; ¿cuánto tiempo te dio tu jefe?
—Me dijo que quería la información cuanto antes— contesto, sin mostrar interés en su propuesta.
—¿Qué necesitas averiguar exactamente?
—Oh, no te lo voy a decir— niego con la cabeza, negándome por completo.
—Vamos…
—No insistas, por favor— le pido —De verdad es demasiado. No puedo hablar contigo de estas cosas; ya tengo bastante con la alianza que tenemos con el único fin de atrapar a Brian, no quiero vincularme más contigo. Que no se pase del límite que tenemos, ¿entiendes?— él solo alza las cejas y sonríe de forma ladina —Yo puedo conseguir esa información si me lo propongo, aunque no duerma por las noches.
—Vale…— asiente con la cabeza, un movimiento casi imperceptible —Yo solo lo decía… ya sabes, deberías centrarte más en Brian que en otras cosas superficiales.
—¿Superficiales?— frunzo ligeramente el ceño —Esto es muy serio…
—Para mí no lo es— me responde con simpleza —Lo que es serio para mí es Brian; cualquier cosa que hagas fuera de eso es superficial.
—No puedo centrarme solo en Brian, Klaus, tengo una carrera que mantener…
—Lo sé, pero prioriza— me dice —O al final tu jefe va a pensar que capturar a Brian no es tan importante para ti. Igual le quitas peso al trato que hiciste con él y vuelves a prisión…
—Él no haría eso…
—¿Seguro?— me pregunta, alzando ambas cejas —Nunca se sabe, Benjamín, nunca se sabe. Y no quiero que vuelvas a acabar en prisión; prefiero que estés aquí fuera. Conmigo…
—¿Por qué?— le pregunto, mirándole fijamente, buscando alguna respuesta en su mirada —No me conoces tanto como dices, Klaus, en serio que no. No lo entiendo…
—No puedo decírtelo, joder— su voz sale firme, tajante —A mí me interesa que tengas un buen puesto en la DEA, ¿entiendes?— me dice y yo lo miro sin comprender del todo —Algo me dice que hay archivos sellados sobre Brian que la DEA tiene, a los que un agente normal no puede acceder a menos que sea un superior, ¿ves? Necesitamos todo lo que sepan de Brian para poder actuar— se acerca aún más —Por eso quiero ayudarte, recuerda que tenemos un trato. No pienso traicionarte.
—No puedo…
—Sí puedes— espeta él, demasiado serio, diría yo —Deberías aprovecharme ahora que puedes— sonríe ladinamente.
—¿Aprovecharte?
—Sí, estoy dispuesto a arriesgar lo que haga falta con tal de atrapar a Brian, te lo dije hace días, ¿no?— asiento despacio con la cabeza. Claro que lo dijo, lo recuerdo perfectamente —No me importa a quién deba entregar— se detiene frente a mí, a un par de pasos, con la mirada intensa fija en la mía —Te daría la información que necesitas solo si aceptas. Yo te ayudo, tú asciendes, me ayudas, y quedamos a mano.
—¿Quieres que haya una especie de «protección» por parte de la DEA para tu organización?— pregunto con cautela, porque eso es lo que he entendido de lo que me ha dicho. Él solo sonríe un poco como respuesta.
—Quizá…
—Oh, no. Eso no…
—Cuando recuperes la memoria no pensarás igual, Benjamín— musita —Además, no te lo estoy preguntando, te lo estoy diciendo. Más adelante, cuando recuerdes quién soy realmente, estarás de acuerdo— trago saliva —No seas terco, aprovéchame ahora— extiende los brazos a los lados —Haré lo que me pidas…
¿Qué?
—Solo dime qué información necesitas y te la conseguiré en menos de lo que imaginas, dime— su voz es calmada. No puedo, no puedo simplemente compartir este tipo de información con él, pero es que… joder, no sé qué pensar. No quiero verme como un vendido, no quiero —No lo pienses tanto…
—¿Crees que es fácil para mí?— le pregunto —He pasado ocho años enteros trabajando para la DEA, combatiendo el narcotráfico, intentando que todo esto acabe de una vez por todas. Jamás pensé que acabaría en esta situación, aliado con un narco— él se cruza de brazos —Trabajando contigo para atrapar a otro que es peor que tú y poder conseguir mi libertad— cierro los ojos y respiro —Y ahora resulta que también quieres protección de la DEA, que haga la vista gorda cuando vayas a traficar cocaína. Eso es demasiado, no puedo hacerlo…
—No puedes, pero estás dispuesto a intentarlo, ¿no es así?
—No he dicho eso…
—Tampoco has dicho lo contrario— tiene razón, coño, sí que la tiene —Escucha…— suspira —No tengo intención de joderte, ¿vale? Lo único que quiero es asegurarme de que asciendas de puesto en la DEA, que tu jefe te tenga en cuenta para ser su sustituto si le llegase a pasar algo— frunzo el ceño —No voy a utilizarte, porque siendo sincero, el Clan Geist no necesita protección de la DEA…
—Pero tú…
—He dicho «quizás», bonito, no fue ni un «sí» ni un «no»— me interrumpe antes de que pueda terminar la frase. Se acerca, pero yo retrocedo, y mi espalda choca contra el borde de la encimera. Exhalo sorprendido cuando se acerca demasiado y me acorrala con los brazos apoyados a cada lado de mi cuerpo, en el borde de la encimera.
Su rostro está muy cerca del mío, manteniendo solo una pequeña distancia. Mi corazón late a toda hostia contra el pecho.
—Quiero que seas el próximo jefe de la DEA, para estar tranquilo…
—¿Tranquilo por qué?— mi voz sale un poco temblorosa.
Él sonríe suavemente, pero con esa chulería tan suya. —No puedo decírtelo. Lo mejor para ti es que vayas recordando tu pasado poco a poco, no quiero que pase lo mismo que ocurrió hace una semana en Alemania. En realidad, no quiero que te pase nada malo. Tienes que confiar en mí…
Me quedo callado, sin saber qué hacer ni qué decir. Sé que debería apartarlo de mí o el raciocinio me va a abandonar por completo, pero no me veo capaz de hacerlo.
—Hazme caso, ¿sí?— dice, con esa voz tranquila, serena. Me tiene completamente hipnotizado con la mirada, como un gilipollas —Y como dije, aprovéchame… de la forma que quieras— se relame el labio inferior, donde tiene un piercing en el que no me había fijado antes porque cada vez que veía sus labios pensaba en cualquier otra cosa, como ahora. La pieza es negra, con dos bolitas que brillan.
—Eres un jodido pervertido— le suelto, mirándole ahora a los ojos —No es la primera vez que te me insinúas así, ¿por qué?— mi voz sale algo ronca —No deberías hacer eso.
—Tienes razón, no debería, pero… ¿adivina qué?— pregunta —Me da igual. Y sobre lo otro, yo no me ando insinuando contigo, ¿eh? Lo que pasa es que soy así, coqueteo con las tías sin darme cuenta. Me sale natural. Y todas caen porque soy… irresistible, en cierto modo— alzo ambas cejas.
—Qué maldito egocéntrico…
—No, es amor propio— me dice. ¿Por qué siento un déjà vu otra vez?
—¿Sí?— él asiente despacio con la cabeza —Bueno, podrás ser tan irresistible como dices con las mujeres, pero…— pongo ambas manos en su pecho, notando la tela suave de seda beige de la camisa de manga larga que lleva —Yo soy hombre— tras aclararlo, lo empujo suavemente lejos de mí. Él retrocede sonriendo.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Que tu «irresistibilidad» no me afecta— le aclaro de una vez. Obviamente estoy mintiendo. En realidad sí me afecta, pero no puedo permitírmelo, así que lo voy a negar e ignorar hasta que esos efectos desaparezcan. No puedo sentir atracción por un criminal… por muy sexy que sea —Así que mantente alejado de mí.
—Ya veremos cuánto duras…— me dice riendo levemente. Yo solo arqueo una ceja y me cruzo de brazos —Pero volvamos al tema inicial, ¿vas a contarme sobre ese caso en el que trabajas?
—¿Y qué me asegura que no vas a ir con el cuento para arruinarme el operativo?— le pregunto —Ya una vez casi me matas con una puta trampa que me tenías.
—En ese momento no sabía quién eras— responde —Pero ahora sí lo sé. Tú y yo empezamos mal, ¿por qué no lo intentamos de nuevo?— pregunta. Sonrío mientras niego con la cabeza. No puedo creer que esté teniendo este tipo de conversación con un narcotraficante, joder —Verás que no tienes por qué desconfiar de mí.
—Ya…— me humedezco los labios —¿Y cómo estás tan seguro de que no voy a traicionarte?— le pregunto —Porque… muy fácilmente podría entregarte ahora mismo a la DEA, y si sale ese documento que firmé y el vídeo que grabé sobre la alianza, diría que lo acepté solo para hacerte creer que íbamos a colaborar y así poder atraparte. Yo saldría ileso, pero tú no, Klaus.
—No lo harás…
—¿Cómo lo sabes?
—Porque me necesitas para atrapar a Brian. Porque te conozco…— me río con ganas. ¿Cómo puede decir que me conoce este idiota? —Sé cuándo no estás hablando en serio, créeme… te conozco demasiado bien, muy profundamente— la parsimonia con la que suelta esas palabras mientras me mira de pies a cabeza y se relame los labios me descoloca —Pero si ese no fuera el caso y realmente llegaras a traicionarme, no podría hacer nada en tu contra. Puedes hacer lo que quieras, Ben… tengo razones suficientes para no tocarte ni un pelo… a menos que me lo pidas, claro…
Y ahí va otra vez con sus putas insinuaciones. Entrecierro los ojos, mirándole fijamente, fingiendo que no estoy a punto de morir por lo rápido que me late el corazón.
—Sin embargo, sé que no harás nada en mi contra— prosigue —Me necesitas y yo te necesito… y no solo en lo profesional, ¿eh?
—¿Para qué más podría necesitarte yo a ti?
—No lo sé… esperemos a que recuerdes, y lo verás.
Cierro los ojos unos segundos. Este misterio sobre mi pasado me llena de incertidumbre. Respiro hondo antes de abrirlos y mirarle fijamente a los ojos. —Bien, esperemos a que mi memoria vuelva entonces— me encojo de hombros —¿Realmente quieres ayudarme a conseguir la información que necesito? ¿Aunque se trate de un gran socio tuyo?
—Ya lo que quería de mis socios lo tengo, Ben…— me dice sin borrar la sonrisa de su cara —Pídeme lo que quieras.
Joder, es que prácticamente está dispuesto a darme todo lo suyo con tal de ayudarme. ¿Por qué? ¿Qué papel jugó Klaus en mi vida, en ese pasado que no recuerdo? ¿Tan importante fui para él como para que no sea capaz de hacerme daño si llego a traicionarlo? ¿Tan importante fue él para mí como para que ahora me entren estos putos nervios cada vez que lo veo, como para no ser capaz de entregarlo a la DEA? Mierda…
—¿Seguro?
—Segurísimo.
Continúa…
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