
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 32
Su aliento tibio choca contra mis labios temblorosos. Quiero controlarme, dejar de hiperventilar tanto pero me es imposible. Sus manos sujetan mis manos, firme, mientras que una de sus rodillas aún presiona de una forma increíblemente deliciosa en mi entrepierna.
Su mirada está fija en mis ojos, y la mía en los suyos. Esa expresión que tiene, esa de que sabe lo que está haciendo y a la vez que me está provocando, la sonrisa maliciosa en sus labios, el brillo lujurioso en sus ojos. Las ganas que tengo por que me bese se están apoderando de mí, relamo mis labios dejándolos entreabiertos porque siento que no puedo respirar bien solo por tenerlo así de cerca.
Un montón de sensaciones se acumulan en mi pecho y no puedo hacer nada para detenerlas. —Pero esto está mal…— intento una última vez, débilmente.
—Lo sé— Klaus se acerca más, sus labios ahora rozando mi oreja —Y sin embargo, aquí estamos. Así que deja de pensar por una vez, Benjamín. Deja de usar esa mente brillante tuya que siempre está analizando todo, buscando la salida correcta, el camino seguro. Solo por esta noche…— su mano baja por mi cuello, dejando un rastro de fuego a su paso —déjate sentir.
Lo miro a los ojos, estoy perdido, joder. Cambiar el rumbo de las cosas ya no depende de mí, es más, ni siquiera quiero hacerlo.
—Me gusta la carita de excitado que tienes— susurra con su voz ronca, mientras aparta una de sus manos de las mías y la desliza por mi hombro, jugando con la camisa negra de mi uniforme —Me imagino a mí, con mis labios rozando tu oreja mientras te digo al oído que eres mío, mis manos bajando por tu cintura— procede a hacerlo, sus manos se escurren por mis costados, y cuando llegan a mi cintura una de ellas va mas allá y logra situarse sobre mi entrepierna —Apretándote, rozando mi mano contra ti hasta que tu piel se erice, tus piernas flaqueen y solo puedas rendirte al placer que te doy, lento, profundo…— su mano acaricia de arriba abajo mi miembro por encima de la tela del pantalón —Hasta que grites que no puedes más y aun así te pida otra ronda.
—¿Por qué me haces esto?— pregunto con voz temblorosa, en un hilito entre la excitación y el temor que estoy sintiendo.
—Porque no aguanto las ganas de tenerte tan cerquita de mí y no poder hacer nada— me responde, siento como su mano baja por mi brazo hasta llegar al muslo de mi pierna y apretar suavemente —No sabes cuanto le agradezco a la vida porque estés ahora aquí, conmigo… pero es jodido, porque no te tengo como quisiera.
—¿Co-como quisieras?— repito, tragando saliva.
Siento como su mano hace más fricción contra mi entrepierna, trato de cerrar las piernas pero reacciono muy tarde. Los desliza de arriba hacia abajo por todo el falo, y una corriente eléctrica placentera abraza todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los dedos de mis pies. Lo miro, suplicándole con la mirada que se detenga porque sé que acabaré dejando de lado mis principios y me dejaré hacer lo que él quiera.
No puede pasar.
Pero me ignora completamente, y yo no hago nada para detenerlo. Me gusta, me gusta lo que está haciendo y eso está tan jodidamente mal, porque siento las punzadas dolorosas de placer en la punta de mi miembro que se ha puesto duro poco a poco, y sé que estoy empapado por mi propio semen, siento la humedad. Sus dedos suben, desabrocha mis pantalones, estira la pretina de mi boxer y su mano se escabulle dentro.
Oh Dios…
Agacho la cabeza y muerdo mi labio inferior en el instante en que él toma toda mi longitud con su mano y comienza a masturbarme con un ritmo lento y torturador. Intento no gemir, no jadear, controlar mi respiración, ahorrar fuerzas para poder apartarlo de mí…
—Estás tan mojado…— le oigo ronronear en mi oído. —¿Sabes que cosas quiero hacerte ahora?— pregunta, yo contengo la respiración —Quiero dejarte en la cama, abrir tus piernas para contemplar toda tu desnudez como ya muchas veces lo hice, tocarte hasta hacer que te mojes aún más de lo que ya estas— cierro mis ojos, contraigo los dedos de mis pies por lo bueno que se siente su mano dándome placer y sus palabras sucias. —Quiero meterte los dedos hasta el fondo de tu culo, hasta escucharte ronronear de placer, suplicándome que te folle. Que te meta mi pene. Y lo haré… lo haré tan profundo, tan salvaje, qué gritaras de puro gusto.
Sin darme cuenta he empezado a mover mis caderas, frotándome contra su mano para que siga y no se detenga. Quiero que siga masturbándome, yo… no puedo contenerme ahora. Quiero que me siga hablando sucio, quiero, deseo que me haga suyo aquí y ahora…
Deseo con todas mis fuerzas recuperar la memoria.
—Disfrutaré de cada cosa que te haga, de estar dentro de ti, pero sobre todo, de ver tu carita cuando llegues al orgasmo y veas las putas estrellas…— alzo mi cabeza lentamente, para verlo directamente a los ojos —Quiero hacerte el amor… como en los viejos tiempos, precioso…
Relamo mis labios, suspirando enternecido y cachondo a más no poder —Quiero que lo hagas…— es lo que sale de mi boca antes de siquiera pensarlo dos veces, mi voz sale rasposa por mi estado libidinoso.
Él sonríe. —Era lo que necesitaba escuchar.
Sin previo aviso saca su mano de en medio de mis piernas, soltando mi pene, y me toma de la cintura para estampar su boca contra la mía. Sus labios se mueven rápido, salvajes, y yo me demoro un segundo antes de seguirle el rollo. Su lengua invade mi cavidad bucal, mientras hace que nos movamos y vayamos directo a mi habitación. Chupa mis labios con tantas ganas que me intensifica la calentura. Ladeamos la cabeza para que nuestras bocas encajen mejor, y nuestras lenguas se encuentren en medio del beso y se acaricien entre sí de una forma tan guarra que me encanta.
La saliva se escurre por mi barbilla, gimo contra sus labios, gustoso. Amo el sabor de Whisky que hay en su boca, señal de qué bebió antes de venir aquí. Amo como me chupa la lengua cuando nuestros labios, unidos por un hilo de saliva que se rompe, se separan. Me empuja contra la cama y me hace caer, mi espalda hace contacto con las sábanas y él se hace espacio entre mis piernas. Su cuerpo encima del mío, su pene a la par del mío, y su boca de nuevo junto a la mía.
Nos comemos en ese beso con ganas, mientras él comienza a mover sus caderas de arriba hacia abajo, frotando su dureza contra la mía. Lo abrazo por el cuello, con mis manos detrás de su cabeza para atraerlo más hacia mí. Abro mi boca para que su lengua vuelva a entrar en ella, lo abrazo por las caderas con mis piernas para que la fricción de nuestros miembros sea más fuerte.
Siento que no puedo respirar, Klaus muerde mi labio inferior al separarse del beso de nuevo. Comenzando a besar mi mentón, yendo hacia abajo, echo mi cabeza hacia atrás para dejarle más espacio, sus besos húmedos en mi piel me hacen jadear, amo como su lengua pasa por la piel sensible en mi cuello, como logra hacerme suspirar. Toma el borde de mi camisa y la tira hacia arriba para quitármela de un tirón. Lanza la prenda sin ver donde cae, sus labios chupan uno de mis pezones, haciendo círculos con la lengua, mordiéndolos y dejándolos duros y sensibles. Siseo de dolor y placer al mismo tiempo.
—Hmm…— cierro mis ojos, dejando que haga conmigo lo que quiera. —Oh…— suspiro. Su boca sigue trazando un camino de besos por todo mi cuerpo, lamiendo, chupando, mordiendo, hasta llegar a mi abdomen. Bajar, y quedar frente a mí entrepierna.
Al sentir que no hace nada, me apoyo en mis codos para poder verlo. Está mirando mi miembro duro oculto entre la tela de mis boxers y pantalones. Antes de que pueda cerrar mis piernas porque me dio vergüenza en la forma en la que me miraba, él lo impidió quitando mis pantalones y abriendo mis piernas aún más para inclinarse y lamer la tela mojada de mi bóxer por mis fluidos.
Muerdo mi labio inferior cuando tira de mis boxers hacia abajo y mi miembro queda libre ante su mirada. —Mhmm… joder, joder…— digo entre suspiros cuando sus labios dejan varios besos en mi falo duro hasta llegar a la punta y pasar su lengua lamiendo cualquier rastro de mi presemen. La sensación fue tan… joder, tan gozosa, que arqueé mi espalda sin ser consiente.
Se siente tan increíblemente bien.
Una ola de calor comenzó a emanar por todo mi cuerpo. —Hmm, coño, extrañaba sentir tu sabor en mi lengua— dice, con tanto cinismo que me gusta —Cosita, quiero que te sientes en mi cara, ¿vale?
No protesto ante su petición y rápidamente me levanto, él se acuesta en la cama.
—Trae tu trasero aquí, ahora— lo miro confundido pero no hago preguntas y gateo hacia él para acomodarme de modo que mi trasero quedara en su cara pero sin sentarme completamente y mis manos en su estómago. El estar cachondo me hace hacer cosas qué… joder… —¡Mhmm!— gimoteo con sorpresa cuando sus dedos se entierran en mis nalgas y siento como las separa. Como entierra su rostro en mi trasero y comienza a lamerme ahí…
Pongo los ojos en blanco al instante, su lengua se desliza en mi entrada con tanta eficacia que siento que voy a morir en cualquier momento por lo tan bueno que se siente.
Da lamidas tan deliciosas que no puedo evitar comenzar a moverme yo también contra su rostro como un maldito desquiciado, para sentir más fricción. Con su lengua me penetra, mi cuerpo tiembla, comienzo a sudar y al encontrarme con su entrepierna frente a mí, no pierdo la oportunidad y mordiendo mi labio inferior en una sonrisa, comienzo a desabrochar sus pantalones.
Bajo el cierre y meto mi mano para sacar su polla dura, gruesa, con las venas marcadas decorando toda su longitud, y la punta chorreando presemen. Me relamo los labios deseando meterlo en mi boca, echo mi cabello a un lado para tener más comodidad. Con ambas manos comienzo a sobar su pene de arriba hacia abajo, haciendo presión en la punta antes de volver a bajar y volver a subir lentamente. Paso mi pulgar por el glande y con su lengua aún dándome placer en mi culo, meto toda su polla caliente y dura en mi boca.
Primero chupo la punta con vehemencia, saboreando el sabor de su semen en mi boca. Él gruñe y me responde dándole una bofetada a una de mis nalgas a manos llenas. Succiono la punta como si se tratara de un chupete antes de enterrarla toda en mi boca. Joder, es tan grande que hago lo posible porque entre toda pero no lo logro, y sin embargo, eso no me detiene.
Acaricio sus bolas con suavidad ante cada mamada que le doy a su pene, me lo saco de la boca y lo observo, empieza a ponerse de un color rojizo que me encanta. Brilla por mi saliva, gotea líquido preseminal… lamo desde la base hasta la punta antes de volver a meterla de nuevo. Doy un par de succiones más antes de sacarla, frotar la punta contra mi lengua y cierro mis ojos disfrutando de eso…
—Joder…— gruñe él.
—Uhg, sí…— gimo con una pequeña sonrisa en mis labios, sin dejar de frotar el glande contra mi lengua —Oh, sí, sí, sí…— la punta de mi miembro me duele, palpita al igual que el pene del hombre que no para de lamerme allí atrás —Dios, que rico… yo… siento que, hmm…— succiono la punta antes de volver a frotarla contra mi lengua, Klaus se retuerce debajo de mí. —Me encanta, joder… voy a correrme en cualquier momento.
—Oh, no, moreno…— me dice, y yo me quedo loco. Solo así me llama el chico de trenzas en ese sueño que tengo siempre por las noches. Es el mismo apodo que escuché semanas atrás en mi cabeza, cuando tuve lo que pareció ser un recuerdo. Klaus se quita la ropa completamente, yo observo cada movimiento suyo con mucho detenimiento. —Ven, levántate— me ordena, dándome una bofetada en mi trasero que sacude una de mis nalgas.
Me quedo de rodillas en la cama, observándolo. Siento mi cuerpo sudoroso, él también lo está.
—Acuéstate— demanda con voz autoritaria y yo obedezco sin rechistar. Él vuelve a acomodarse entre mis piernas, deja un beso fugaz en mis labios —Deseo tanto follarte, precioso. Quiero hacértelo bien rico, quiero verte desfallecer, quiero correrme dentro de ti y luego ver como se escurre mi semen de tu culo cuando explote dentro…
Mierda.
Muerdo mi labio inferior —¿A qué esperas?— le reto, con una pequeña sonrisa ladina en mis labios que él besa antes de sentir como alinea la punta de su miembro en mi entrada y luego me la mete toda de una sola estocada.
En estos momentos me desconozco por completo.
Abro mi boca y suelto un gemido ahogado, siento dolor pero más allá de eso, sentí placer porque tocó de una vez mi punto sensible. Contraigo mi esfínter un par de veces, tratando de acostumbrarme a su gran tamaño, él jadea. —Amorcito, no hagas eso…
—¿Por qué?— pregunto con un pucherito en mis labios.
—Porque no podré contenerme y no quiero hacerte daño…
Ante su respuesta yo ensancho mi sonrisa y comienzo a impulsarme hacia arriba para luego deslizarme hacia abajo y autopenetrarme yo mismo. Achino mis ojos y entreabro mi boca para gemir, frunciendo ligeramente mis cejas. Hago eso un par de veces, mostrándole con mis expresiones lo bien que se siente autofollarme, gimiendo descaradamente bajo su atenta mirada.
Sí, realmente este no soy yo. ¡Que alguien me ayude!
O no, mejor no.
Quiero decir ¡sí! ¡socorro!
—Ah…— muerdo mi labio inferior —Se siente tan bien…
—Joder…— jadea él, deleitándose por mis expresiones de placer. —Sigue haciendo eso, bebé. Me encanta…
—Mhmm, uff— relamo mis labios, echando mi cabeza hacia atrás, con mis ojos entrecerrados —Por favor, tómame…— le suplico —Hazme todo lo que quieras, fóllame, soy todo tuyo.
—Mierda…— su gruñido hace que un escalofrío placentero recorra todo mi cuerpo hasta acumularse en la puntita. Me toma de las caderas, sale de mí y así mismo como lo hace vuelve a entrar, haciéndome desfallecer con una sola embestida. Que se vuelven más, que aumentan de velocidad, qué son más salvajes, más profundas y me dejan tonto.
Siento como mi vista se vuelve borrosa por mis lágrimas acumuladas, como mi mente se pone en blanco y mi cuerpo reacciona ante el placer. Pone mi piernas sobre sus hombros y se entierra en mi culo con todas sus fuerzas, —¡Oh, cielos!— grito, preso de la excitación.
—¿Sientes cada centímetro de mí, mi amor?— me pregunta entre jadeos —Porque yo amo como tu culito aprieta todo mi pene, se siente tan jodidamente bien…
—¡Oh, sí, mierda!— exclamo, —Me encanta como me haces perder el puto control— le digo entre farfullos.
—Te gusta, ¿eh?
—Sí, mhmgh… tu pene, ¡ahí!— grito, mi cuerpo se sacude bestialmente por sus embestidas —Me gusta como se siente dentro de mí. Quiero que te corras dentro de mí hasta que sienta que voy a explotar.
—Mierda, esa boquita, moreno…
De nuevo ese apodo…
Ver su rostro frente al mío, gimiendo conmigo, disfrutando de este momento, hace que mi mente me haga una mala jugada y vea al chico de trenzas, pero esta vez puedo ver su rostro. El chico de trenzas jadeando encima de mí, su respiración agitada chocando contra mis labios. Sus cejas son gruesas, su labio superior mas delgado que el inferior, donde tiene una perforación. El mismo pircieng que tiene Klaus…
Su mandíbula marcada, su nariz respingada. Sus ojos marrones, esa mirada es la misma mirada que la de Klaus. La forma que relame sus labios, joder, no estoy loco, el chico de trenzas es el mismo hombre que ahora me hace el amor de una forma tan deliciosa… la única diferencia es que este tiene barba. Una muy ligera barba, que me encanta…
¿El chico de trenzas con el cual sueño que tiene una nena en sus brazos mientras yo sostengo al nene, es Klaus?
Es la primera vez que puedo ver su rostro en mi mente, cuando algún recuerdo de mi pasado viene a mí. Y es idéntico a Klaus, ¿cómo es eso posible? ¿Cómo es que no estoy teniendo ese horrible dolor de cabeza?
—Oh…— suelto temblorosamente.
—Ponte en cuatro, vida mía…
Me doy la vuelta en la cama, ignorando mi recién descubrimiento, flexionando las rodillas para inclinar mi trasero y dejarlo a su disposición. Klaus agarra mi cabello con una sola mano, tira de mi cabeza hacia atrás al momento en que me la clava profundamente. Abro mi boca y gimo sin escrúpulos. —¡Oh, maldita sea! Mghm, sí… más— pido con desespero.
Él me embiste con todas sus fuerzas y yo siento que ya no puedo más.
—¡Oh, Dios!
—Quiero llenarte por completo, morenito…
No se porqué me dice «moreno» si soy rubio, pero me fascina… y más porque durante el acto veo al chico de trenzas frente a mí, y luego a Klaus, es como si me estuviesen follando dos personas y solo es una. Sé lo loco que suena, pero igual son la misma persona… ¿verdad que sí? Tiene que serlo, tiene que serlo…
—Eres tan sexy, siempre me ha gustado verte desnudo…— me dice después de varios minutos follándome así.
Claro que son la misma persona, sino fuese así, ¿por qué Klaus me habla de esa forma? Haciéndome entender que ya me ha visto… desnudo. Que ya hemos hecho estas cosas antes, que ya me conoce, que ya sabe como soy. ¿Por qué? La razón está ahí. Klaus… es el chico de trenzas. Lo es…
—Ven, móntame…
Salgo de mis pensamientos al oírlo y nos acomodamos, ahora él está sentado en la cama y yo sentado en su regazo, con su pene dentro de mí. Comienzo a saltar sobre su gran trozo de carne como si fuese una perra en celo. El sonido seco de mi culo golpeando contra su piel cuando bajo y todo su tronco entra en mí, el sonido viscoso y obsceno de su pene entrando y saliendo…
—Me encanta como hueles…— me dice y, oh por dios, él me habla tan sucio…
—Ouh, klaus…— gimo su nombre, lo tomo por las mejillas, mirándolo mientras me pierdo en el placer, estoy a punto de llegar al clímax —Mhmm, sí, hmm…
Doy un par de saltos más contra su pene y estallo por completo, gimiendo su nombre tan alto como puedo, echando mi cabeza hacia atrás y cerrando mis ojos mientras mi semen sale disparado a su abdomen. Él me toma de las nalgas, las separa y me ayuda a dar unos saltos más, lentos pero profundos, atrayéndome de adelante hacia atrás, contraigo mi esfínter ante el espasmo del orgasmo, y Klaus eyacula dentro de mí, llenándome. Muerdo mi labio inferior, pegando mi frente sudorosa contra la suya…
—Joder…— digo con mi respiración entrecortada. Trato de controlarme un poco, pero siento tanto mi trasero como mi miembro muy sensibles. —Joder…— repito.
Él me abraza por la cintura —No sabes cuanto te amo, bebé…
Como respuesta a eso, busco sus labios y lo beso. Nuestros cuerpos sudorosos se pegan entre sí y él se deja caer de espaldas conmigo encima, sin separar nuestros labios, entre risitas cansadas. Su miembro sale de mí y yo suspiro con deleite. Esto me ha gustado, me ha encantado, y es tan sorprendente que no pensé en lo malo mientras sucedía y ahora que ha acabado y que estamos abrazados, tampoco lo hago.
Mi cabello está húmedo por el sudor, mi corazón palpita acelerado al compás del suyo, nuestras respiraciones comienzan a calmarse y yo sonrío contra su pecho…
—¿Ya haz aprendido la lección, mmm?— pregunta —No saldrás más con aquel capullo, ¿verdad?
—Hmm…— niego con la cabeza —No…
—Eso— dice, y aunque no pueda verlo sé que está sonriendo.
—Ha sido la mejor noche de mi vida…— le digo, con mi voz ronca.
—No será la única…
Continúa…
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Ahhh muero de amor❤️❤️❤️!!!