
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 39
El agente se adelanta aún más, corriendo más rápido, lo cual me resulta sorprendente teniendo en cuenta todo lo que llevamos corriendo desde que llegamos aquí. Incluso yo ya estoy cansado, aunque puedo aguantar un poco más. El agente corre y sabe perfectamente por dónde ir, como si supiera exactamente adónde se dirige Rodrigo, lo cual me parece extraño, muy extraño. Pero ahora mismo no puedo pararme a pensar en eso; solo puedo centrarme en atrapar a Rodrigo.
Para mi sorpresa, joder, Rodrigo aparece en nuestro campo de visión, protegido por cuatro de sus hombres, que abren fuego en cuanto nos ven. Pero somos más agentes, que se han ido sumando a la persecución siguiendo mis indicaciones, y consiguen que esos hombres caigan al suelo heridos. Intento disparar a Rodrigo, pero las balas no le alcanzan; sin embargo, mi agente también dispara y, entre tanto, consigue darle. Rodrigo cae rodando por el césped. Mi agente corre aún más rápido, disparando justo hacia donde el objetivo lleva el arma, que no deja de disparar.
El jardín está iluminado por luces que bordean el sendero; hay una piscina a la derecha, el agua brilla en azul, y Rodrigo está en el suelo, con la mano herida y la pierna sangrando.
—¡Hijos de puta!— exclama.
Levanto el arma, apunto y respiro hondo.
—¡Manos arriba, ahora mismo!
Hace un movimiento rápido antes de que mi agente pueda detenerlo y saca de la espalda, entre el pantalón y el cinturón, otra pistola cromada. Dispara y consigue herir a uno de mis agentes que está a mi lado y a varios más, incluido el agente que me ayudó antes. Pero este también le dispara: la bala impacta en su muñeca y la pistola sale volando de su mano de nuevo, aterrizando lejos. Grita, agarrándose la muñeca ensangrentada.
—¡Malditos cabrones!
Dos agentes brasileños aparecen desde los flancos, con las armas firmes y apuntando al frente. Rodrigo, por fin, obedece. Se coloca de rodillas en el césped, con las manos ensangrentadas detrás de la cabeza. Llego hasta él. Siena aparece con las esposas en cuestión de segundos, asegurándolas con un clic metálico muy satisfactorio para mí.
—Rodrigo Mendes— digo mientras me agacho a su altura; sonrío, aunque él no puede ver mi rostro a través del casco —Quedas detenido por tráfico internacional de narcóticos, blanqueo de capitales, asociación criminal y, aproximadamente, otros veinte cargos más que te leeré cuando tenga tiempo y antes de extraditarte a los Estados Unidos, donde pasarás muchos años en prisión.
Me mira y sonríe con cinismo; tiene sangre en los dientes. —¿Sabes quién soy, hijo de perra? ¿Sabes cuánto dinero tengo? Puedo darte lo que quieras, ¡a todos!— grita, dejando de mirarme solo a mí para mirar a mis agentes detrás —¡Puedo daros lo que queráis! ¡Hagamos un trato, puedo ayudaros en lo que sea!— musita —¡Hay muchos narcotraficantes mucho más poderosos que alguien con una organización tan pequeña como la mía! ¡Por ejemplo, el cártel de Sinaloa, liderado por Mateo Salazar! ¡O incluso el Clan Geist!
—Qué hijo de puta— oigo murmurar al agente de antes, pero lo ignoro.
Echo la cabeza hacia atrás, mirando a mis agentes. Suelto una exhalación divertida y vuelvo a clavar la mirada en Rodrigo. Los disparos han cesado, señal de que hemos ganado aquí y, más aún, de que tenemos a Rodrigo en nuestras manos. —Oh, cariño…— digo, riendo sin poder evitarlo.
Me quito el casco y, con él, el pasamontañas, respirando el aire fresco, sudado, acalorado, pero divertido por la situación.
—¿De verdad crees que puedes intentar esto con agentes de la DEA? ¿Crees que soy el primer agente al que intentas sobornar, eh? ¿Crees que tu dinero sucio o tus «ayudas», que obviamente no queremos, significan algo para mí? ¿Para nosotros?
—Todo hombre tiene un precio, y vosotros no sois la excepción.
—Tienes razón. Todo hombre tiene un precio— repito sus palabras —Y el tuyo…— añado con frialdad —Es cada año extra que vas a pasar entre rejas por intentar corromper a un agente federal de la DEA. Espero que te guste el naranja, Rodrigo, porque vas a envejecer llevándolo.
Su sonrisa se borra al instante.
Me pongo en pie, mirándolo con desprecio desde mi posición. —Lleváoslo— ordeno, y dos agentes brasileños lo levantan bruscamente y lo arrastran de vuelta hacia la mansión.
—¡Líder, aquí equipo tres!— suena por la radio —¡Ala oeste asegurada, siete detenidos!
—¡Equipo cinco aquí!— dice otro —¡Dos intentaron huir por el perímetro sur, fueron neutralizados!
—¡Equipo cuatro, confirmando!— sonrío antes de responder —¡Perímetro asegurado, nadie ha escapado!
Respiro hondo, limpiándome el sudor de la frente. Otra victoria más, joder, pero aún no ha terminado. —Excelente trabajo, todos. ¿Equipo dos? Informen de inmediato, es una orden.— nadie responde. Absolutamente nadie. —Equipo dos, habla el líder del operativo. Informen.
Nada.
Miro a mis agentes. Varios también se han quitado el casco e intercambian miradas, sabiendo perfectamente qué significa cuando nadie responde. Pero no puedo creerlo, de verdad que no; no pueden estar todos muertos. —Equipo dos, ¿me recibís?
Silencio.
—¿Xavier? Informa.
—…equipo dos aquí— por fin escucho su voz, y suena frustrada —Salazar se me escapó. Tenía una maldita ruta de escape subterránea y huyó con la ayuda de uno de nuestros agentes.— aprieto la mandíbula con fuerza. —Mi equipo… todos han caído intentando ayudarme a seguirlos. El agente Smith y yo somos los únicos que quedamos del equipo dos. Smith está herido en una pierna.
Cierro los ojos y aspiro aire con fuerza, sintiendo la rabia hervir en el pecho. —Entendido— respondo, intentando controlarme —Todos, reagrupaos en el salón principal.
Me giro hacia Siena. —Informa a Alex. Vamos a iniciar la revisión y el desmantelamiento.
—Entendido, jefe.
—Agente…— ladeo ligeramente la cabeza para mirar al susodicho que vio huir a Rodrigo y al que seguí en todo momento hasta lograr atraparlo. Distingo su apellido en el parche del uniforme —Agente Majerus… gracias.
—No hay de qué, jefe— me responde.
Le dedico una pequeña sonrisa pese al cabreo que llevo encima. Camino de vuelta por todo el terreno que recorrimos hace unos minutos. Rodrigo ha sido detenido, pero Salazar consiguió escapar. Regresamos al jardín, donde todos los invitados están siendo esposados junto a los hombres de Rodrigo, sentados en filas en el suelo bajo la vigilancia de agentes armados. Hay algunos heridos siendo atendidos por paramédicos brasileños; otros han muerto. Incluidos varios de mis agentes. Muchos.
Rodrigo es empujado y obligado a ponerse de rodillas frente a todos. Me gusta que todos sus hombres vean a su líder esposado, derrotado.
—Lleváoslos a todos. Los quiero procesados, fotografiados y en celdas antes del amanecer.
Los agentes comienzan a mover a los detenidos hacia los vehículos de transporte en el exterior. Es un auténtico desfile de criminales: algunos lloran, otros guardan silencio, algunos maldicen.
—¡Escuchad todos!— mi voz resuena en el jardín, ya vacío de civiles, quedando solo mi equipo —Excelente trabajo, chicos— les digo —Ahora viene la parte aburrida. Quiero equipos de búsqueda y recuperación en cada habitación. Documentos, ordenadores, teléfonos, dinero, drogas, armas. Todo se cataloga, se fotografía y se embala. Erika, tú coordinas el equipo técnico. El jefe supervisará la búsqueda de pruebas físicas. Siena…
—Aquí— aparece a mi lado.
—Trabaja con el comandante Silva para coordinar con las autoridades locales— le pido —Necesitamos que todo esto se procese legalmente, sin errores que permitan apelaciones.
—Hecho.
Me giro hacia Xavier, que está apartado del resto pero atento a todo, limpiando su arma con expresión neutra. Como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera desobedecido una orden directa. Eso es lo que más me cabrea. —Xavier— mi voz sale más fría de lo que pretendía, más dura —Una palabra.
Levanta la vista; el desafío y la soberbia brillan en sus ojos, pero se acerca. —¿Sí… jefe?— dice la última palabra a la fuerza; no soporta llamarme así, lo sé.
—¿Quieres explicarme qué parte de «sigue el plan» no entendiste?— pregunto, con una calma peligrosamente controlada.
—Tomé una decisión en el campo— responde con su arrogancia habitual —Vi una oportunidad de capturar a Salazar y la aproveché.
—Y la cagaste— le suelto sin filtros —Salazar escapó porque abandonaste tu posición, porque no aseguraste el ala este como te ordené, porque decidiste que tus instintos eran más importantes que el plan que todos estábamos siguiendo.
—No podía saber que había un túnel…
—¡Ese no es el puto punto!— alzo la voz, el cansancio y la adrenalina transformándose en rabia —¡El punto es que nos pusiste a todos en peligro porque no había cobertura en el ala este! ¡El punto es que todo tu equipo ha muerto por tu culpa! ¡El punto es que casi arruinas todo el operativo porque tu ego no puede aceptar recibir órdenes de alguien que llegó «demasiado rápido» a la DEA!
Xavier da un paso hacia mí, apretando la mandíbula. —No te atrevas a cuestionar mi profesionalidad, Keller…
—¿Profesionalidad?— me río sin humor —¿Llamas profesionalidad a poner en riesgo la vida de tu equipo porque querías ser el héroe que capturara a Salazar?
—Vete a la mierda, Benjamín— escupe con desprecio —No tienes ni idea de lo que es ganarse el respeto…
—¿Ah, no?
—No— afirma, alzando el mentón con soberbia —Estás donde estás por ser el niño bonito del jefe. Siempre lo he dicho, y no solo por tocarte los cojones. Es la verdad.— hace una pausa —Te crees mucho por ganar todos los operativos y me juzgas por la decisión que tomé, pero ¿acaso olvidas que por tu culpa perdimos a muchos agentes en el operativo contra el Clan Geist?
Me tenso al instante.
—Ah, eso sí que no lo mencionas, ¿verdad?— continúa —Alguien que estuvo en la cárcel, condenado a diecisiete años por estar aliado con el narcotráfico, que salió gracias a un acuerdo con la DEA, que no pasó por la academia ni estudió como todos…— los señala a todos —…los que estamos aquí; que está donde está porque se acuesta con el jefe, que fue el causante de la muerte de casi la mitad de su equipo en un puto operativo… no puede venir a cuestionarme.
Trago saliva y aprieto las manos en puños.
—Yo, a diferencia de ti, sí pasé por el procedimiento correspondiente para estar donde estoy— musita —No estuve en la cárcel ni finjo tener amnesia…
—Yo no estoy fingiendo nada.
—Eso dices— murmura con una risita irónica.
—Xavier— le llama una de las agentes —Ten más respeto por el agente Keller. ¿Se te olvida que es nuestro superior?
—¡Me importa una mierda!— exclama Xavier —Y no te metas, Valeria.
—¡Sí me meto! ¡Creo que el agente Keller se ha ganado con mucho esfuerzo su puesto actual!— le responde en voz alta —¡¿Tú qué has estado haciendo, aparte de hacerle la vida imposible, intentar dejarlo mal y arruinar su imagen, imbécil?! ¡Nada, no has hecho ni una puta mierda!
—Es cierto— afirma otro agente.
—Sí— murmuran otros.
—Yo siempre estoy haciendo mi trabajo— dice él entre dientes —Mientras Benjamín solo va a abrirle las piernas al jefe, yo me mato trabajando para ganarme un puesto mejor— dice, y luego me mira —¿O vas a negar que dejas que el jefe te folle para llegar a donde estás?
No lo pienso. Levanto la mano y mi puño se estrella contra su nariz con toda la fuerza acumulada de semanas de tensión, de noches sin dormir, de cargar con el peso de este operativo. Se escucha un crujido satisfactorio y Xavier cae hacia atrás, con la sangre brotando al instante.
—¡Hijo de puta!— grita, llevándose las manos a la cara.
Avanzo hacia él, dispuesto a golpearlo de nuevo, pero unos brazos fuertes me sujetan por detrás. —¡Benjamín! ¡Basta!
Es Alex. No lo vi llegar junto a los demás agentes que estaban fuera esperando para proceder con el desmantelamiento. —¡Suéltame, Alex!— forcejeo, pero su agarre es firme —¡Voy a partirle la puta cara a este jodido cabrón! ¡No voy a tolerarlo más!
—¡Cálmate!— ordena Alex —¡Cálmate ahora!
Poco a poco, la niebla roja que me nubla la vista se disipa. Cuando Alex me suelta, miro a mi alrededor: todo mi equipo nos observa en shock. Los brasileños parecen confundidos y Xavier está en el suelo, con la sangre goteándole entre los dedos mientras se tapa la nariz.
—¿Qué coño está pasando aquí?— pregunta Alex, manteniéndose cerca por si tiene que intervenir otra vez.
—Xavier no siguió el plan— digo, con la voz ronca y los ojos llenándose de lágrimas que contengo —Abandonó su posición, puso en riesgo el operativo y todo su equipo murió. Además de eso, me ha estado denigrando con mentiras, Alex.
Alex mira a Xavier, que se pone en pie lentamente con la mano en la nariz. —¿Es eso cierto, Xavier?
Él escupe sangre sobre el césped. —Tomé una decisión táctica…
—Una decisión de mierda— interviene Valeria, sorprendiendo a todos —El agente Benjamín tiene razón. Xavier fue por libre, ignoró órdenes directas, Salazar escapó por su culpa y murieron agentes, jefe.
Se hace un silencio tenso. Alex se pasa la mano por la cara, claramente agotado. —Xavier, ve a que un paramédico te revise esa nariz. Después te quiero en el vehículo de transporte. Vuelves a D. C. inmediatamente.
—¿Qué?— Xavier se acerca con pasos lentos —¿Me estás sacando del operativo?
—Estás suspendido— dice Alex con frialdad —Los dos estáis suspendidos.— me mira a mí también.
Desvío la mirada al suelo. Sabía que esto iba a pasar.
—Este tipo de comportamientos no están permitidos y lo sabéis. Xavier, Benjamín es el líder del operativo. Tu trabajo es obedecerle en todo lo que diga, sin importar qué. Es tu superior. No intentes sobrepasar tu rango. Se ha ganado con su esfuerzo todo lo que tiene ahora. Si tanto te molesta, haz lo mismo tú: esfuérzate más y ya veré si mereces un ascenso. Aunque, después de lo que has hecho hoy, lo dudo.
Xavier asiente, incrédulo, completamente indignado. Se humedece los labios.
—Benjamín, tu reacción ante las provocaciones de Xavier tampoco está permitida. La agresión entre compañeros es una falta— continúa Alex —Entiendo que tuvieras motivos, pero estamos en medio de un operativo que aún no ha terminado del todo y no puedo pasar esto por alto.
—No te estoy pidiendo que lo hagas, jefe— le respondo —Acepto mi suspensión. Sé que lo que hice estuvo mal, pero tampoco esperes que me quede callado cuando minimiza mi trabajo y mi esfuerzo diciendo que me acuesto contigo para conseguirlo todo. ¿Lo entiendes?
Él asiente lentamente.
—Pido disculpas a todos por mi comportamiento— digo, mirándolos —Terminaré con esto y regresaré a Estados Unidos.
Alex respira hondo. —Xavier, quedas suspendido dos semanas sin sueldo. Benjamín, tú igual. Cuando regreséis, tendréis una revisión formal de conducta. Y Xavier, si Benjamín decide presentar cargos formales por insubordinación, lo apoyaré completamente.
—Esto es una mierda…— murmura Xavier mientras sale cojeando del salón.
Alex se gira hacia mí de nuevo para terminar con la bronca. —Y tú, no vuelvas a pegarle a un compañero agente, me da igual lo justificado que creas que estás. ¿Ha quedado claro?
Asiento, con la adrenalina abandonándome por fin y dejándome vacío, aunque la sensación de impotencia sigue ahí. —Claro.
—Bien— Alex mira alrededor de la sala —Ahora todos, volved al trabajo. Tenemos pruebas que recopilar.— el equipo se dispersa y el momento incómodo pasa rápidamente. Alex se queda conmigo un instante más, junto al otro agente que me ayudó antes con Rodrigo, observándolo todo en completo silencio. —Buen trabajo con Rodrigo, en serio. Pero controla ese temperamento.
—Lo intentaré.— estoy a punto de pasar por su lado para irme, pero el agente Majerus se planta delante de mí. Frunzo ligeramente el ceño. —¿Pasa algo, agente?— le pregunto, pero no responde —Agente, si no tiene nada que decir, apártese, por favor.
—No lo creo, agente.
—Agente Majerus— interviene Alex con voz dura —Si no tiene nada que decir, retírese a hacer su trabajo.
—Eso haré— responde.
Justo en ese momento, mi radio chisporrotea con estática y, sin siquiera cogerla, escucho la voz de Dion. —¡Agente Keller… tenemos… contacto en el períme…!
La transmisión se corta de golpe, demasiado rápido. Estoy a punto de entrar en pánico, pero al instante recuerdo los planes de Klaus y trato de disimular la calma. Finjo una expresión de miedo y miro a Alex mientras mi mano va instintivamente hacia el arma. —¿Equipo cinco? Repetid— pido, pero nadie responde —Silva, ¿me recibes?
Solo silencio.
—¿Equipo cinco? ¿Comandante Silva? ¿Hay alguien en el perímetro?
Nada.
La adrenalina, que empezaba a disiparse, regresa con fuerza y me inunda por completo. Ya debo prepararme para la breve confrontación contra el Clan Geist. —¡Atención a todos! ¡Quiero máxima alerta! ¡Algo no va bien!— anuncio por la radio.
—Eso no servirá de nada, agente— dice Majerus.
Lo miro sin entender. En ese momento aparece otro agente. Todo sucede a cámara lenta. Veo cómo ambos agentes se quitan los cascos y se quedan solo con los pasamontañas. Reconozco esa mirada. Joder… ¿qué hace Klaus con un uniforme de la DEA?
Por puro reflejo, saco mi Glock y la desenfundo. Otros agentes convergen desde distintas direcciones, todos con la misma expresión de alerta máxima en el rostro tras mi aviso de hace unos segundos. Alex desenfunda su propia arma en el instante en que varias figuras emergen de las sombras en los bordes del patio. Uno, dos, cinco, diez, quince, veinte… más. Todos vestidos de negro, con pasamontañas, portando armas que definitivamente no son equipo estándar de las fuerzas del orden. AK-47, MP5, incluso distingo un par de rifles de francotirador y lo que parece una ametralladora ligera.
—Mierda— susurro, dando un paso atrás por pura inercia.
Klaus y Viktor han estado con nosotros todo este tiempo, entre nosotros, y nadie lo notó. Joder, ni siquiera yo. Ahora entiendo por qué el «agente» sabía por dónde huía Rodrigo. Claro que sí. Pero esto Klaus no me lo contó. No me dijo nada. Sabía que me estaba ocultando algo, el muy cabrón.
Mis agentes llegan hasta nosotros con las armas firmes al frente, pero es demasiado tarde. Las figuras se ven ya con total claridad y se colocan detrás de Klaus y Viktor, con las armas levantadas, apuntando a Alex, a mí y a otros a mis agentes que quedan tras el operativo.
—¡Todos en posición defensiva!— grito al salir de mis pensamientos tras haberlo visto todo a cámara lenta.
Mis agentes reaccionan al instante, formando un semicírculo con las armas en alto, buscando cobertura detrás de vehículos, columnas, cualquier cosa que sirva.
Continúa…
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