Silent promise 4

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 4

By ¿Bill?

Washington D.C., Estados Unidos. Sede central de la DEA.

La sala de conferencias huele al café que antes trajo la asistente de mi jefe, Mahriam.

Estoy sentado en mi sitio de siempre, a la derecha de Alex, con el portátil abierto delante mostrando informes, fotos y datos de inteligencia. Mantengo la postura recta, profesional, con las manos entrelazadas sobre la mesa y una expresión neutra en la cara. Soy Benjamín Keller. Agente especial de la DEA y mi código operativo es Raven.

Eso es lo que soy ahora.

Eso es lo que he sido estos últimos años, desde que Alex me sacó de ese infierno que fue la prisión y me dio una segunda oportunidad. Una identidad nueva con una vida nueva. Aunque «nueva» es un término relativo cuando no recuerdas la anterior. En fin… la sala está llena. Alex preside la mesa, como siempre, con esa autoridad tranquila que lo caracteriza. A su izquierda, por una pantalla, está el ministro del Interior de Alemania, Herr Schneider, de Leipzig, un hombre de cincuenta y tantos con el pelo gris y una expresión perpetuamente mosqueada.

Junto a él, también de forma virtual, hay varios mandos de la policía federal, agentes de inteligencia y algunos asesores legales cuyos nombres ya he olvidado.

Todos están aquí, aunque sea por llamada, por la misma razón. El Clan Geist.

En la pantalla grande al frente de la sala ponen en bucle el vídeo de las noticias de esta mañana. El cuerpo de Werner Fischer colgando del puente Oberbaumbrücke. La manta de plástico blanca con letras rojas, el mensaje imposible de ignorar…

«RAVEN: TE HAS METIDO EN EL

TERRITORIO EQUIVOCADO. EL CLAN GEIST TE DECLARA LA GUERRA. ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.»

Mi nombre. Bueno, mi código operativo. Pero para el mundo criminal, Raven soy yo. El líder fantasma de Nexus, aunque la verdad es mucho más complicada.

—Esto es exactamente lo que temía— rompe el silencio la voz del ministro Schneider, llena de reproche —Desde el principio dije que esta operación era demasiado arriesgada. Y ahora mirad: guerra en las calles, cuerpos colgando de puentes. ¡Estamos perdiendo el control!

Varios oficiales murmuran en acuerdo. Siento las miradas clavadas en mí, acusadoras, como si fuera mi culpa. Y, técnicamente, supongo que lo es.

—Con todo respeto, Herr Schneider— interviene Alex entre los murmullos —Nadie está perdiendo el control. La Operación Nexus fue diseñada precisamente para esto: infiltrar, provocar y desmantelar las organizaciones criminales desde dentro.

—¿Y Werner Fischer?— contraataca Schneider —¿También estaba «diseñado» para acabar colgado de un puente como advertencia pública?

—Werner Fischer era un activo que decidió colaborar con nosotros a cambio de protección— respondo con calma y la voz firme —Nos dio información valiosa sobre el Clan Geist durante meses. Desgraciadamente, su tapadera fue comprometida.

—»Desgraciadamente»— repite Schneider con sarcasmo —Un hombre está muerto, agente Keller. Y su muerte ha desatado una guerra entre su operación fantasma y una de las organizaciones criminales más peligrosas de Alemania.

—Nexus no es una operación fantasma, ministro— replico manteniendo el tono profesional —Es una tapadera legítima. Una estructura falsa operada por la DEA para atraer, infiltrar y, eventualmente, detener a narcotraficantes reales. Werner conocía los riesgos cuando aceptó trabajar con nosotros.

—¿Y ahora qué?— pregunta uno de los oficiales de la policía federal —El Clan Geist cree que Nexus es real. Creen que Raven es un narco rival. Han declarado la guerra públicamente ¿Cuál es su plan, agente Keller?

Respiro hondo antes de contestar. —El plan sigue siendo el mismo. Usar Nexus para atraer al Clan Geist a terreno descubierto, recopilar pruebas, identificar a sus líderes y, finalmente, desmantelarlos.

—Excepto que ahora lo están buscando activamente— apunta otro oficial —Y cuando lo encuentren, ¿qué? ¿Van a colgar su cuerpo junto al de Werner?

—No lo encontrarán— respondo con confianza —Raven no existe físicamente para ellos. Es un fantasma, un nombre, una sombra y eso nos da la ventaja.

—Benjamín tiene razón— interviene Alex, con voz calmada pero autoritaria —La Operación Nexus ha funcionado hasta ahora. Hemos infiltrado tres organizaciones pequeñas, arrestado a varios distribuidores y confiscado toneladas de cocaína. Werner nos dio información clave sobre el Clan Geist antes de morir. Información que podemos usar ahora.

—¿Qué tipo de información?— pregunta Schneider, escéptico.

Alex me señala. Es mi turno, así que me levanto y me acerco a la pantalla. Con el mando cambio la imagen del puente por un mapa de Alemania con varios puntos marcados en rojo.

—Werner nos facilitó las ubicaciones de tres operaciones clave del Clan Geist— empiezo, señalando los puntos —Una en Sttutgart, otra en Munich y la tercera en Berlín. También nos dio nombres de contactos, rutas de distribución y detalles sobre su estructura organizativa.— tomo aire antes de seguir —El Clan Geist no solo actúa en Alemania. Tienen enlaces directos con distribuidores aquí, en Estados Unidos. La cocaína que procesan en Europa acaba en nuestras calles por eso tenemos jurisdicción para actuar.

—¿Y quién lidera el Clan Geist?— pregunta uno de los asesores legales.

Esa es la pregunta del millón.

—Aún no lo sabemos con certeza— admito —Werner mencionó varios nombres: Klaus König, alias Frost y Viktor König, alias Blade. Hay otro, el cabecilla, el jefe de esos dos, y solo se sabe que le llaman Odin. Pero no pudo confirmar quién manda de verdad. La organización funciona con esos tres líderes, lo que dificulta identificar una cabeza única.

—Entonces no saben contra quién están luchando realmente— dice Schneider, con tono acusador.

—Sabemos lo suficiente— mascullo con paciencia —Sabemos que son peligrosos. Sabemos que controlan una parte importante del tráfico de cocaína en Europa. Y sabemos que ahora están centrados en Nexus, lo que significa que están distraídos de sus otras operaciones.

—Eso nos da una ventana de oportunidad— prosigue Alex —Mientras el Clan Geist está ocupado buscando a Raven, podemos atacar sus operaciones reales. Desmantelarlos desde dentro.

Schneider me mira fijo a través de la pantalla que nos separa. Veo el cálculo en sus ojos; está valorando si esto es una estrategia brillante o un desastre a punto de ocurrir.

—Agente Keller— dice al final —Desde el principio, cuando Alex propuso esta operación, yo expresé mis reservas. Una agencia del gobierno creando una organización criminal falsa para atrapar criminales reales… es poco ortodoxo, por decirlo suave. Y ahora, con esta declaración de guerra pública, mis temores se han confirmado. Esto se nos está yendo de las manos.

—Con todo respeto, ministro— interrumpo —Esto está exactamente bajo control. El Clan Geist reaccionó tal y como predijimos están enseñando las cartas, están siendo imprudentes. Y es entonces cuando cometen errores.

—¿O es cuando se vuelven más peligrosos?— opina, arqueando una ceja.

No tengo una respuesta inmediata; tiene razón. Un animal acorralado es el más peligroso.

—Ministro Schneider— se levanta Alex, y su presencia llena la sala —Entiendo sus preocupaciones todos las entendemos. Pero la Operación Nexus ha sido aprobada por los niveles más altos del gobierno. Hemos invertido tiempo, recursos y personal en esto, cancelarla ahora sería tirar por la borda todo ese trabajo. Y, lo más importante, dejaríamos al Clan Geist operando libremente.

—No digo que haya que cancelarla— Schneider suspira, frotándose el puente de la nariz —Estoy diciendo que sean más cautelosos. Esto ya no es solo una operación encubierta, es una guerra pública y las guerras tienen víctimas civiles.

Tiene razón.

El cuerpo de Werner colgando del puente no solo mandó un mensaje al mundo del hampa, también lo mandó a toda Alemania. A personas normales, familias, niños que pasan por ese puente camino al cole.

Y eso pesa sobre mí.

—Me hago responsable— digo de repente, sorprendiéndome a mí mismo. Todos me miran. —Me hago responsable de lo ocurrido— sigo —Werner era mi activo, mi contacto, debería haber sido más cuidadoso, debería haber protegido mejor su identidad. Su muerte está en mis manos.

—Benjamín…— empieza Alex, pero lo corto.

—No, jefe. Es la verdad— resoplo —Y el ministro tiene razón. Esto se ha hecho público y es peligroso, pero precisamente por eso no podemos dar marcha atrás ahora. Tenemos que terminar lo que empezamos; tenemos que desmantelar al Clan Geist antes de que esta guerra haga más daño.

El silencio llena la sala. Schneider me mira con una expresión que no sé descifrar del todo. ¿Respeto? ¿Desconfianza? ¿Las dos? Imposible saberlo. —Está bien, agente Keller— dice al final —Acepto su responsabilidad. Ahora demuéstrame que puede solucionarlo ¿Cuál es su siguiente paso?

Me giro hacia el mapa en la pantalla. —Werner nos dio datos de una bodega en el puerto de Berlín, la cuál llaman «bodega número tres» y es donde el Clan Geist procesa y empaqueta cocaína para su distribución. Según Werner, manejan de quinientos a ochocientos kilos por semana.

—Eso es… muchísimo— comenta uno de los oficiales.

—Más que muchísimo, señor. Es su operación central en la región— confirmo —Si golpeamos esa bodega, no solo confiscamos una cantidad masiva de droga destinada al mercado estadounidense; también desestabilizamos sus operaciones. Les forzamos a reaccionar. Y cuando reaccionen…

—Los cazamos— completa Alex con una sonrisa apenas perceptible.

—Exacto.

—¿Cuándo?— pregunta Schneider.

—Esta semana— respondo —Werner dijo que los envíos salen los jueves por la mañana. Tenemos dos días para volar a Berlín, coordinar con las autoridades alemanas y preparar el operativo.

—Necesitaremos autorización judicial para el registro— apunta uno de los asesores legales.

—Ya estoy en ello— responde Alex —Coordinando con las autoridades alemanas. Con la evidencia que nos dio Werner y la conexión con el tráfico hacia Estados Unidos, no debería haber problema para conseguir las órdenes necesarias en ambos países.

—¿Y la seguridad?— pregunta otro oficial —Si es su operación central, estará muy vigilada.

—Lo estará— admito —Por eso volaremos con un equipo táctico completo. Coordinaremos con las fuerzas especiales alemanas en terreno: SWAT, francotiradores, unidades de apoyo… no podemos permitirnos errores.

—Y una vez que golpeemos la bodega— continúa mi jefe —El Clan Geist sabrá que no ha sido casualidad. Sabrán que alguien les está chivando información y eso creará paranoia dentro de su organización. Desconfianza. Y eso…

—Los debilita desde dentro— remato yo. Alex y yo funcionamos de lujo juntos… ha sido mi mentor, nos hemos hecho muy cercanos y, sinceramente, lo quiero como a un hermano. Schneider se reclina en la silla, procesándolo todo.

—Es arriesgado— dice después de un rato —Pero supongo que no tenemos muchas más opciones a estas alturas. Muy bien, tenéis mi aprobación para proceder. Pero, agente Keller…— me mira fijamente a los ojos —Si esto sale mal, si hay víctimas civiles, si esta guerra se descontrola… la responsabilidad no será solo suya, será de todos nosotros. Pero usted será el primero en caer. ¿Entendido?

—Entendido, ministro.

—Bien. Mantenerme al corriente de cada avance. Esta reunión ha terminado.

Los oficiales empiezan a desconectarse tras despedirse formalmente uno por uno. Apago la pantalla y recojo el portátil. Alex se acerca, esperando a que quedemos relativamente a solas. —Lo has llevado muy bien, Ben— dice en voz baja.

—¿Hacerme responsable o diseñar el operativo?— pregunto con un punto de humor amargo.

—Ambas cosas— sonríe —Pero sobre todo lo primero. A Schneider le gusta la honestidad. Aunque no le guste la situación, respeta a quien la afronta de frente.

—No tenía muchas opciones— susurro —Tiene razón. Werner murió porque no fui lo bastante cuidadoso.

—Werner murió porque el Clan Geist es despiadado— me corrige Alex —No te cargues toda la culpa, Benjamín. En este trabajo, las cosas salen mal. Gente muere; forma parte de la realidad.— asiento, aunque sus palabras no quitan del todo el peso de mi pecho. —¿Estás listo para liderar el operativo?— pregunta, y hay algo más en su voz. Preocupación genuina. —Serás increíble…

Lo miro a los ojos: Alex, mi jefe, mi salvador. El hombre que me dio una segunda oportunidad cuando nadie más lo haría. No sé si él siente algo más por mí. A veces lo sospecho, por cómo me mira, por cómo siempre me respalda. Pero nunca ha dicho nada. Y yo… no estoy en posición de corresponder a nada. Ni siquiera sé quién soy realmente.

—Estoy bien— respondo —Es mi trabajo y lo haré bien, o eso espero…

—Lo sé— dice, y por un momento apoya la mano en mi hombro; es un gesto sencillo, al menos para mí —Siempre lo haces.

Luego se aleja y sale de la sala a paso lento. Me quedo solo un instante. Miro la pantalla apagada, donde hace segundos estaba el mapa, las ubicaciones, los planes. El Clan Geist. Los König. Nombres que no significan nada para mí; solo objetivos. Criminales a los que tengo que atrapar. Pero hay algo… algo en el fondo de mi mente, una sensación rara, como un eco lejano de algo que no alcanzo.

A veces, en las sesiones con la doctora, ella me pregunta si he tenido algún recuerdo, algún flashback. Algo. Y la respuesta siempre es la misma: no.

Solo vacío.

Un vacío enorme donde debería estar mi pasado: mi familia, mi vida antes del coma. ¿Tuve padres? ¿Hermanos? ¿Amigos?

¿…amor siquiera?

No lo sé.

Y cada día que pasa me convenzo más de que nunca lo sabré, así que me centro en lo que sí sé. Soy Benjamín Keller, agente de la DEA, punto. Y tengo un trabajo que hacer. Guardo el portátil y salgo de la sala de conferencias, en dos días, atacaremos la bodega del Clan Geist y, con suerte, daremos el primer golpe real en esta guerra.

Salgo de la sala y el ambiente cambia al instante.

Los pasillos de la sede de la DEA en Washington D.C. siempre tienen ese aire de tensión controlada: paredes blancas y grises, luz fluorescente que nunca resulta agradable, y el murmullo constante de actividad. Agentes moviéndose de un lado a otro con carpetas, teléfonos sonando en las oficinas, el ocasional ruido de risas desde la sala de descanso.

Este es mi mundo desde hace años.

La oficina ocupa tres pisos de un edificio gubernamental en pleno centro de la capital. El primer piso es recepción y seguridad, blindada como una fortaleza. El segundo piso son las oficinas administrativas, salas de reuniones y los escritorios de los agentes de campo como yo. El tercer piso es territorio de los jefes: Alex, los subdirectores y toda la burocracia que hace funcionar esta máquina.

Nuestra división se especializa en operaciones internacionales. Narcotráfico que cruza fronteras, organizaciones que operan en Europa pero que tienen conexiones con Estados Unidos. Por eso estamos constantemente coordinando con agencias europeas, sobre todo en Alemania, donde el tráfico de cocaína hacia el mercado americano es importante.

Bajo por las escaleras hasta el segundo, prefiero eso al ascensor, necesito moverme, despejar la cabeza después de esa reunión. Cuando llego al espacio abierto de escritorios, varias caras se vuelven hacia mí. No todos me tragan y, siendo sincero, me da igual.

—¡Benjamín!— oigo una voz conocida. Marcus, uno de los agentes más veteranos, me saluda desde su puesto. Es un tipo robusto de cuarenta años, con barriga cervecera que disimula mal bajo sus camisas, pero con un instinto policial que le ha salvado la vida más veces de las que puede contar. —¿Qué tal la reunión con los peces gordos?— pregunta.

—Como siempre. Mucha política, poca acción— respondo, deteniéndome junto a su escritorio.

—Ja. Por eso nunca me invitan a esas cosas— se ríe —Demasiado honesto para mi propio bien. ¿Es cierto que volamos a Berlín pasado mañana?

—Parece que sí, el operativo está confirmado.

—Bien. Ya iba siendo hora de darles una lección a esos hijos de puta del Clan Geist— dice en voz baja. —Escuché lo del puente— dice, bajando la voz —Werner… una maldita tragedia.

—Sí— es todo lo que puedo decir.

—¿Nexus sigue operativo?— pregunta, usando el código que todos aquí conocen.

—Operacional, seguimos adelante.

—Bien. Porque esos gilipollas del Clan Geist tienen que caer. ¿Vas en el vuelo?

—Lidero el equipo— confirmo.

—Felicidades, eh…

Sonrío y sigo hacia mi escritorio.

El área de trabajo es un espacio abierto con cubículos parcialmente separados, mi escritorio está en la esquina, junto a la ventana. Pequeña victoria de jerarquía. Los agentes senior y los mejor valorados consiguen las ubicaciones privilegiadas. Y yo, aparentemente, soy uno de ellos.

Agente especial Benjamín Keller.

Uno de los más destacados de la división. El tipo que pasó de ser un preso condenado injustamente a ser la mano derecha del director Alex. Una historia de redención que algunos admiran.

Y que otros odian…

—Vaya, vaya. Si es el niño de oro.— y hablando de los que me odian…

Me pongo tenso antes de girarme. Xavier Müller está apoyado contra el escritorio junto al mío, con los brazos cruzados y esa sonrisa petulante que me dan ganas de arrancarle a puñetazos. Xavier es todo lo opuesto a mí. Rubio, ojos azules, mandíbula cuadrada que parece sacada de un anuncio de aftershave. Lo único que tenemos en común es el color del pelo, nada más. Viene de una familia de policías, entró en la DEA directamente desde la academia y ha subido puestos con competencia real y política interna.

Ah, y me odia.

—Xavier— digo con voz neutra, pasando junto a él para llegar a mi escritorio.

—¿Otra reunión con Alex?— pregunta con falsa casualidad —Debe ser agradable tener acceso tan directo al jefe. Algunos tenemos que ganarnos ese privilegio con años de trabajo duro.

Ignoro el comentario y dejo mi portátil sobre la mesa. —¿Tienes algo productivo que hacer o solo viniste a putear?— pregunto sin mirarle.

—Oh, solo curioseo. He oído rumores. Algo sobre la Operación Nexus causando un pequeño… incidente público.

Me giro hacia él, encontrando su mirada. —Si tienes dudas sobre operaciones clasificadas, dirígelas a Alex. Seguro que estará encantado de ignorarte.

Su sonrisa se tensa. —Cuidado, Keller. Ese tono podría meterte en problemas.

—¿Qué tipo de problemas? ¿Vas a inventarte más rumores sobre mí? Porque parece tu especialidad.

Xavier se endereza, la expresión endurecida. —No invento rumores. Solo señalo hechos, como que estás en tu puesto no por mérito, sino porque a Alex le dio pena de ti. Un ex-convicto haciendo de agente… es casi cómico.

Aprieto los puños, pero mantengo la voz controlada. —Aprobé todos los exámenes— digo perdiendo los papeles —Completé el entrenamiento. He cerrado más casos en dos años que tú en cinco. Si eso no es mérito, no sé qué es.

—Tuviste ayuda— contraataca él, y yo pongo los ojos en blanco —Conexiones, protección, mientras algunos de nosotros tenemos que seguir las reglas, tú…

—¿Yo qué, Xavier?— lo corto, dando un paso hacia él —¿Que me dieron trato de favor? ¿Que no merezco esto? Di lo que realmente piensas.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!