
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 41
Llegamos a Alemania hace exactamente una hora. Travis se ha ido a ver a su mujer y a su hija, y Klaus y yo nos hemos quedado en la misma casa donde me trajeron la primera vez. Solo que ahora ya no están ni sus padres ni sus amigos, porque Georg también se ha ido a buscar a Matthew, que no le contestaba los mensajes a Klaus. Cosa que me pareció innecesaria, no es como si me estuviese muriendo por la herida en la mano, que sigue vendada.
Ahora mismo estoy entrando en la habitación de Klaus después de darme una ducha, con el cuerpo envuelto en un albornoz negro. Yo iba a ir a otra habitación, la que me dejaron antes cuando me trajeron en contra de mi voluntad, por ejemplo, pero él no quiso.
Es en su habitación donde tiene una maleta con varias de mis cosas, porque Klaus lo tenía todo perfectamente planeado. A mi querida Alfia no la llevó a ninguna guardería, no, la trajo aquí el muy imbécil. Estoy muy cabreado ahora mismo porque me ocultó sus verdaderas intenciones, sus planes reales. No hizo absolutamente nada de lo que me dijo que haría; lo único que fue verdad fue eso de que se enfrentarían a la DEA, pero hasta ahí.
Lo demás me lo ocultó.
Cierro la puerta de la habitación a mis espaldas y ni siquiera lo miro, aunque sé que está tumbado en la cama en una postura súper cómoda, despreocupado. Como si nada. Y eso es lo que más me cabrea, que le importe un comino.
La maleta está en la cama, a sus pies. Me acerco a ella y la abro para buscar qué ponerme, algo simple. Rebusco entre toda la ropa y encuentro lo que me parece más cómodo que Klaus metió en la maleta. Es un suéter de tejido abierto, de esos que parecen hechos a mano, suave, ligerito, con ese estilo relajado que deja ver un poco de piel entre las tramas.
—Oye, bebé…— me llama él, con la voz algo ronca. No le respondo —¿Seguirás enfadado conmigo? Es un poco cruel por tu parte, ya te expliqué que cambié los planes a última hora. No te oculté nada, ¿vale?— sigo sin contestarle, solo cojo uno de mis bóxers de encaje, porque no metió más el muy idiota y lo hizo a propósito, y me lo pongo sin quitarme el albornoz —¿Vas a ignorarme, mmm?
Me quito el albornoz por fin y deslizo el suéter por mi cuerpo, me cae suelto sobre los hombros, ni siquiera me preocupo por acomodármelo… y aun así creo que me queda perfecto. El color es claro, un blanco crema que combina con todo y que me da un aire sencillo pero bonito.
—¿De verdad?— refunfuña, poniendo los ojos en blanco mientras suelta un resoplido y se levanta —Capturarás a Salazar, ¿vale? Te lo prometo. Te será muy fácil.
—Me suspendieron— le recuerdo en voz baja, sin ganas de hablarle.
—Por dos semanas— dice —No es nada, amorcito…
Lo miro por primera vez desde que entré en la habitación, asesino.
—¿Cómo puedes decir que no es nada?— le pregunto.—Esto es terrible. Las razones de mi suspensión irán a mi historial de trabajo, Klaus, el mismo que he mantenido impecable y que ahora se arruinó por una jodida falta. Pero eso no es lo peor, no, sino que me mentiste y, además, metiste tus manos en mi operativo, haciendo que Salazar se escapara ayudándolo incluso.
Él se acerca a mí a pasos lentos mientras yo sigo hablando, reclamándole por todo.
—No me contaste nada ni siquiera por mensaje— le digo cuando se detiene a un paso de distancia.—Al menos me hubieses dicho algo simple como: «cambiaré los planes, tengo una nueva idea» y al menos yo habría estado preparado para cualquier cosa, pero no— choco mis manos, riendo sin gracia, a punto de perder la cabeza —Tuve una discusión con Xavier donde acabé golpeándolo, me suspendieron…—.mi voz se quiebra solo por la rabia que siento ahora mismo.—Acabé siendo «secuestrado» delante de todos mis compañeros, cosa que desatará un puto caos, Klaus.
Me alejo y me tomo la cabeza con las manos, completamente frustrado. Él no ve la magnitud de la situación porque no le importa; su solución para todo es pasar por encima de cualquiera, matar, solo eso.
—Bebé…— intenta decir, pero lo corto abruptamente levantando la mano para que se calle. Él lo hace, apretando los labios.
—Me mentiste— susurro —No me importa cuál haya sido tu plan, de igual forma debiste decirme, joder.
—Lo sé, ¿vale?
—Lo sabes, pero no lo hiciste— le suelto, cruzándome de brazos. Él desvía la mirada al suelo —Me dices que debo confiar en ti y créeme que lo hice, ciegamente. Confié en ti en todo momento, pero esto solo hace que siempre dude de ti, ¿entiendes?— me mira de nuevo a los ojos.—Si pierdes mi confianza no vas a recuperarla nunca. Hagas lo que hagas. Así que por favor, no me vuelvas a ocultar nada ni me vuelvas a mentir, ¿te ha quedado claro?
—Sí, no lo haré de nuevo— me dice, suspirando ligeramente —¿Ya puedes dejar de estar enfadado? Tendrás a Salazar; yo sé que lo entregaré a la DEA en bandeja de plata. Lo atraparás, pero antes debo quedarme con lo suyo.
Bufo.
—No me gusta esto, ¿sabes?—.comento mientras echo mi cabello húmedo hacia atrás y me siento en el borde de la cama, soltando una pequeña exhalación —Tu obsesión con el «poder» te llevará a la ruina, a ti y a todo el Clan Geist. ¿Cuántos narcotraficantes no han caído por lo mismo, eh? Ahora están en la cárcel porque no se conforman y quieren más y más… no quiero que eso pase contigo.
—No me pasará— me asegura, pero no puedo creérmelo —Mi único objetivo es hacer crecer mi clan para poder atacar a Brian, amor. Créeme que si fuese por mí, no estaría haciendo esto, pero todo cuenta, ¿ves? Mientras más fuerte se haga el Clan Geist, más posibilidades tenemos de acabar con ese malnacido. Es prioridad para mí atraparlo. Necesito que pague por todo o no estaré tranquilo.
—Solo…— relamo mis labios —Solo no dejes que esto se te meta tanto en la cabeza, ¿vale? La venganza nunca acaba en algo bueno, o consigues lo que quieres con ella o simplemente ella misma te acaba consumiendo hasta hacerte perderte por completo a ti mismo.
Veo cómo él me sonríe ligeramente mientras está arrodillado frente a mí, muy cerca.
—Yo no puedo perderme a mí mismo si te tengo conmigo— me dice, alzando la mano para llevar un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y deslizar sus dedos por mi mejilla en una suave caricia —Eres lo que más quiero, ¿sabes? Mientras te tenga conmigo todo estará bien, ¿sí? Eres lo que le da color a mi vida. Y todo esto lo hago por ti y por…
Él no termina la frase, se queda en silencio y luego aspira aire por la boca. Sus ojos se llenan de lágrimas, pero parpadea para apartarlas y me sonríe con una tristeza que se le nota a leguas y que me contagia también. ¿Qué iba a decirme?
—Eres mi todo— continúa después de unos segundos —No te vayas de mi lado nunca más, ¿sí? Por favor…
—No me iré— le aseguro con una sonrisa, poniendo mi mano sobre la suya que sigue en mi mejilla.—Pero debes ser sincero conmigo siempre. Sin confianza nada funciona. Mantengamos la nuestra intacta—.digo, soltando una risita corta que lo hace sonreír, pero sin tristeza esta vez.
—Vale, mantengamos la nuestra— se impulsa hacia adelante, quitando su mano de mi mejilla para poner ambas en mi cintura. Su cuerpo queda encima del mío, mi espalda toca el colchón cubierto de sábanas negras.
—¿Se supone que ya nos hemos reconciliado?— me pregunta, con el ceño un poco fruncido, cosa que me hace reír.
—¿No lo hacíamos antes?
—Casi nunca peleábamos— me responde —Solo tuvimos una que realmente fue algo extrema, por así decirlo. Yo acabé yendo a un bar solo para beber, me emborraché, una mujer se quiso aprovechar de eso, pero yo no le hice caso. Nunca te fui infiel— me aclara con mucha seguridad —Lo resolvimos en la cama, claro, como siempre.
—No te creo.
—Te lo digo en serio— musita con seriedad, aunque su sonrisa lo delata —¿Quieres que te haga recordar, mmm?— me pregunta. Yo solo me echo a reír por su sugerencia. Roza la punta de su nariz con la mía, juguetonamente.
—Ta amable…— le respondo sin dejar de reír.
—¿Verdad que sí?— se levanta un poco, solo para acomodarse mejor entre mis piernas.
—Georg llegará pronto con Matthew…
—¿Y? ¿Los esperamos para invitarlos o qué?— pongo los ojos en blanco.
—No quiero que nos pillen en una situación… comprometedora. Sería vergonzoso…
—Tampoco es como si me agradase la idea de que te puedan ver desnudo, ¿eh?— me dice y luego se pone de pie. Por un momento, pienso que se ha rendido y no intentará nada, no miento cuando digo que sus dos amigos llegarán en poco tiempo para que Matthew limpie mejor mi herida y la cierre con puntos o no sé. Pero se que me equivoco cuando lo veo pasarlo el seguro a la puerta y luego regresar mientras sonríe con malicia —Ahora sí, nadie podrá interrumpir.
—Estás loco, Klaus…
—Loco por hacerte mío de nuevo, sí.
Niego con la cabeza, intento sentarme en la cama pero él me empuja hacia atrás de nuevo. Hace que flexione mis piernas, Klaus me tiene agarrado por las caderas y se empuja despacio hacia adelante, una y otra vez, solo para que nuestras entrepiernas se rocen a través de la tela. Cada vez que lo hace, suelta un suspiro bajo, caliente contra mi boca.
—¿Sientes lo dura que la tengo ya, Billie?— me susurra, rozándome otra vez, más lento, más fuerte —Todo esto es por ti… por lo mucho que me pone verte debajo de mí con esta carita que tienes ahorita— besa brevemente mis labios y sonríe con chulería —Y llevando solo esto puesto— dice, refiriéndose al suéter.
Yo me río bajito, le paso los brazos por el cuello lo atraigo hacia mi, moviendo las caderas para devolverle la fricción.
—¿Y tú sientes lo mojada que se me está poniendo la ropa interior solo de rozarte, amor?— le contesto, mordiéndole el labio inferior cuando se acerca para besarme de nuevo. Ambos estamos jadeando —Porque como sigas así, voy a acabar manchándote los pantalones antes de que te los quites.
Él gruñe, me agarra las nalgas con las dos manos y me aprieta contra él con más ganas. —Pues mancha lo que quieras, cielo.— me dice —Me encanta saber que te pongo tan cachondo que no te controlas… que solo con esto ya estás chorreando por mí, ¿a que sí?
Atrapo sus labios con los míos, meto la lengua en su cavidad bucal un segundo, solo para callarlo, y luego me aparto lo justo para mirarlo a los ojos. —¿Como es que logras siempre salirte con la tuya, eh?— susurro, moviéndome más rápido, sintiendo cómo su polla se desliza dura contra la mía a través de la ropa. —Digo que no y acabo cediendo al final. ¿Por qué?
Klaus suelta una pequeña risita —Porque te gusta cómo te lo hago, ¿no?— sonrío, pero la sonrisa dura poco porque no puedo evitar comenzar a gemir suavemente por la fricción de nuestros miembros. —Te encanta, eh— ni le respondo, mi silencio es la respuesta.
—¡Mmm! Sí…— digo, asintiendo lentamente con la cabeza. —Me gusta…
—Bueno, entonces te voy a dar tan fuerte que vas a suplicarme que pare… y no voy a parar.— me dice. Yo, solo le sonrío y le muerdo suavemente la barbilla.
—Promesas, promesas… A ver si cumples.
Digo mientras sigo rozándome contra él, cada vez más rápido, hasta que los dos estamos jadeando y la tela entre nosotros está empapada de los dos. Solo falta que uno de los dos diga «ya» sin musitar palabra alguna, y esto explota. Pero nos encanta alargar la tortura, claro que sí. Sus labios chocan contra los míos con esa urgencia sucia que solo él sabe tener, como si llevara meses sin follarme cuando en realidad ha sido solo un día o dos. Me muerde el labio inferior, fuerte, y yo suelto un gemido.
Me encanta cuando me besa —¿Podemos…?— No soy capaz de terminar la pregunta. Suelto un suspiro pequeño cuando él deja de moverse y se aleja lo suficiente como para tomar el borde de mi suéter y levantarlo para quitármelo, haciendo lo mismo con mi boxer. Y pensar que hace apenas unos momentos me duché y me vestí, joder. Me deja completamente desnudo ante su mirada y relame sus labios.
—Abre bien las piernas, bebé…
Y lo hago, claro que lo hago. No hay nada que me ponga más cachondo que Klaus en este plan de posesivo, no se porqué. Estiro mis brazos hasta él, para desabrochar con manos temblorosas su pantalón mientras que su mano va directa a mi pene, que está mojado por mi semen. Me aprieta justo como sabe que me gusta, bordeando el dolor, y yo arqueo la espalda con un grito ahogado.
No me deja quitarle bien los pantalones, joder.
—Eres muy hermoso— susurra, lamiéndome el cuello, mordiendo justo debajo de la oreja —Sí fuese por mí te haría mío todos los días, a toda hora.— hago un pucherito con mis labios, preso del placer que recorre mi cuerpo entero, haciéndome estremecer, sentir los espasmos que me hacen gemir sin que pueda contenerme.
—Klaus… joder…
Me calla metiéndome dos dedos en la boca sin aviso. Los chupo sin pensarlo, mojándolos bien, sabiendo perfectamente lo que viene. Cuando saca los dedos, brillosos de mi saliva, los lleva directos a mi culo, rozando mi entrada de arriba abajo antes de meter uno primero, sin piedad, hasta el fondo.
—¡Aah! ¡mierda, mierda!— gimo fuerte, me retuerzo bajo su cuerpo, pero él me sujeta con la otra mano en la nuca.
—Quieto— me ordena. El segundo dedo ingresa de la misma forma que el primero, y me abre sin contemplaciones, rápido, sucio, ¿realmente hacíamos todas estas cosas antes? ¿Qué pensaban mis padres? ¿Lo sabían? ¿Sabían sobre mi relación con Klaus? Me sigo estremeciendo, pero no me aparto.
Entrecierro mis ojos, dejándome llevar por el mar de sensaciones tan increíbles que estoy sintiendo ahora mismo. Klaus es magnífico en toda la extensión de la palabra, amo como me mira, como me habla incluso cuando estamos intimando. Me encanta cuando me toca, cuando me besa, cuando me dice de la forma más linda posible que me ama, sin decirme exactamente «te amo». Me gusta cómo me deja claro que soy todo lo que más le importa en la vida. Así como él me importa a mí.
—Ahh… Klaus, joder… ¡ahh!— lloriqueo sin poderlo evitar. —Nnh… por favor…
Sus dedos entran y salen de mí con rapidez, empiezo a gemir alto cada vez que con ellos toca ese punto que me hace querer más y más. Esto es tan bueno, me gusta, me gusta todo lo que me pasa con él, lo que siento con y por él. Lo amo de una forma que no sabría describir, lo siento fuerte en mi interior. Mi corazón se acelera, se emociona cada vez que me dice cosas bonitas o simplemente me sonríe con dulzura.
Mi labio inferior tiembla, de repente tengo unas ganas de llorar enormes, pero me contengo. Simplemente lo atraigo de nuevo hacia mi para besarlo, sintiéndolo hundirse en mi interior con fuerza, nuestros labios se mueven con lentitud, ambos disfrutamos el momento. Deja un beso fugaz en mis labios cuando nos separamos, para luego empezar a despojarse de toda su ropa. Se saca su pene con una mano mientras vuelve a follarme con los dedos. Está dura como piedra, goteando ya, y cuando la saca me la enseña como si fuera un puto trofeo. —¿Esto es lo que quieres, eh, mi amor? Dime.
—Sí… joder, sí, métemela ya.
Se inclina, me besa otra vez, esta vez más lento, casi tierno. Alinea su miembro en mi entrada y se empuja hacia adelante, me embiste de una sola estocada, hasta el fondo, sin condón, sin nada. De nuevo. Solo él y yo, como siempre ha sido. Grito sin poderme contener, él gruñe. Y empezamos a movernos como animales. Porque sí, estamos reconciliados y de la mejor forma posible.
—Oh Dios…— suspiro.
Me tiene clavado en el colchón, entrando y saliendo con una fuerza que me sacude hasta los huesos, pero de pronto se detiene en seco, todavía dentro de mí, y me acaricia la mejilla con el dorso de la mano. —Ven, mi vida… quiero verte bien.
Me coge en brazos como si no pesara nada, aunque estoy hecho una mierda y él también está sudando, y me da la vuelta con cuidado de no rozar demasiado la herida en mi mano. Me pone boca abajo, pero levanta mis caderas hasta que quedo de rodillas con el pecho pegado a la cama y el culo en pompa solo para él. Me abre con las dos manos las nalgas, despacio, casi con devoción.
—Mira qué bonito estás así, moreno… todo mío.— me dice con su voz ronca, ladeo la cabeza pegando mi mejilla a las sábanas —Porque eres todo mío, ¿verdad que sí, bebé?
Asiento con un movimiento brusco de mi cabeza, rápido, con mis ojos cerrados. Siento su lengua primero, caliente y húmeda, lamiéndome entero, entrando un poco en mi interior, saboreándome como si fuera la última vez. Siento como da las lamidas fuertes, de arriba abajo y haciendo círculos en mi entrada. Gimo contra las sábanas, que aprieto entre mis dedos, me tiemblan las piernas.
Después de unos minutos así, se incorpora, se coloca bien detrás y vuelve a entrar en mi culo de una sola vez, pero esta vez más profundo, más lento, como si quisiera que sienta cada centímetro. Me agarra mis caderas y me empuja hacia atrás cada vez que él avanza hacia adelante, haciendo que las estocadas lleguen hasta el fondo y toquen mi punto sensible que me pone a desfallecer y a temblar de placer, soltando balbuceos inentendibles, hasta que siento que me parte en dos de la mejor forma posible.
—¿Te gusta mucho, mi amor?— susurra ronco, inclinándose para besar mi espalda, deslizando su lengua por mi nuca, mi hombro —Dime, quiero oírlo.
—Mucho… joder, amor, mucho…— le respondo entre balbuceos.
—Eso es…— murmura. Empieza a moverse más rápido, más fuerte, pero sin dejar de acariciarme. Una de sus manos baja hasta mi pene y me acaricia al mismo ritmo que me folla, la otra me recorre la columna, los costados, como si quisiera memorizarme otra vez. Cada embestida me llega justo ahí, a ese punto que me hace ver estrellas de verdad, blancas y brillantes detrás de los párpados cerrados.
Me agarro a las sábanas, grito su nombre, y él solo suspira contra mi piel.
—Así, mi cielo… déjate ir, yo te tengo.
—Ah…— gimo, mordiendo mi labio inferior, sintiéndome al tope, estoy a punto —¡Oh, joder, mhmm!
Y me corro tan fuerte que me tiembla todo el cuerpo, apretándolo dentro de mí sin querer. Él gruñe, me sigue dos, tres, cuatro embestidas más y se derrama dentro, caliente, abundante, marcándome como solo él sabe. Se queda encima un segundo, respirando contra mi nuca, besándome suave el hombro. De mi boca salen suspiros, mientras intento recuperar el aliento al igual que él. Entreabro un poco mis ojos para volverlos a cerrar tras sentirme demasiado débil en estos momentos.
—Te quiero mucho, amor mío.— me susurra en mi oído en una voz baja, ronca, ronroneante que me hace sonreír como un imbécil —Siempre te voy a querer.
Me siento perdido entre las sábanas, su peso perfecto sobre mí y el cosquilleo en mi estómago. —Y yo a ti, cielo… ahora y siempre.— le contesto, suspirando tan enternecido que no quiero que nadie interrumpa este momento.
Lo amo, joder, cuanto lo amo.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉