Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 42

—Vale, ya está listo— dice Matthew cuando termina de vendarme la mano después de haberme puesto los puntos en la herida.

Suelta mi mano despacio. Klaus no ha parado de estar pendiente de todo en todo momento; está de pie delante de nosotros, que estamos sentados en el sofá grande de lado. Él va con los brazos cruzados, cara seria, mirando fijamente a Matthew. Yo conozco esa mirada de celos: cualquiera se da cuenta porque tiene la mandíbula apretada y la mirada intensa y un poco amenazante. Pero a Matthew parece importarle un pito.

—Intenta no usar esta mano para nada de momento— me dice tranquilo mientras yo asiento atento a lo que dice —Y cámbiale las vendas cada tres días, ¿vale? Si pasa algo, cualquier cosa que haga que la herida se abra otra vez, pues me llamáis— mira un segundo a Klaus, yo también lo miro y le sonrío. Su cara dura se ablanda un pelín —Ahora sí que me voy.

—Gracias— le digo —¿Cuánto crees que tardará en curarse del todo?

—Unas tres semanas— me contesta dudando un poco, mientras se levanta y guarda sus cosas en una bolsa gris que trae —Si sigues las indicaciones que te he dado, si no, tardará más.

—Vale— asiento con la cabeza, entendiéndolo perfectamente. No es tan complicado —Gracias otra vez, Matt… ¿Cómo te lo puedo pagar?— está a punto de decir algo pero no le dejo —O no, arregla eso con él— señalo vagamente a Klaus, que sonríe a duras penas —Yo me voy a dormir— digo mientras me pongo de pie también.

He quedado hecho polvo después de echar un polvo con mi novio, joder. Me acerco a él despacio, sonriendo al verle todavía con esa cara de cabreo que no sé por qué tiene. Pero aun así le cojo por las mejillas y le planto un beso corto en los labios, bueno, uno no, sino tres, antes de irme al dormitorio a dormir. Mientras subo las escaleras oigo a Matthew decirle algo que me hace ir más despacio.

—¿Vosotros dos…?— ni siquiera termina la pregunta. Realmente a todos les está pillando por sorpresa que hayamos vuelto juntos. ¿Es porque ahora soy agente de la DEA y pensaban que iba a ser más difícil? Porque se suponía que tenía que serlo, pero no, todo ha pasado demasiado rápido —Georg me lo contó pero no me lo quise creer, ¿desde cuándo…?

—Hace poco— le responde Klaus con un orgullo tremendo en la voz —Necesito que me ayudes a que recupere la memoria. ¿Qué hace falta para que todo le vuelva a la cabeza sin esfuerzo? No quiero que se repita una escena como la de hace tiempo— ladeo la cabeza hacia atrás, no los veo pero sí los oigo —Quiero que no sienta ningún dolor, ¿vale?

—Podemos probar con varios ejercicios— le contesta Matthew, oigo pasos y las voces un poco más lejanas —Llévalo a los sitios que visitasteis hace años, cuando todo esto acababa de empezar y…

Suelto un suspiro cuando las voces se vuelven lejanas y ya no se entiende nada. Sigo subiendo las escaleras hasta que llego al dormitorio, me arreglo el jersey antes de tirarme en la cama, metiéndome entre las sábanas grandes y suavecitas. El tema de mi amnesia es algo que me tuvo jodido bastante tiempo. Despertar de un coma sin saber quién eres, por qué acabaste ahí y por qué no había nadie esperando ni siquiera a que abrieras los ojos… alguien que te explicara, que te contara, alguien en quien confiar… es una putada.

Yo desperté desorientado, confundido, con una venda blanca rodeándome la cabeza como si fuera una bandana. No sabía absolutamente nada de mí. Verme en el espejo y tragarme las ganas de llorar por no saber quién era, ni siquiera mi nombre, me resultaba imposible. Siempre acababa llorando aunque no quisiera. Y siempre estaba triste.

Peor fue cuando me culparon de cosas que no sabía si había hecho de verdad; me sentía como un crío asustado, un conejito pequeño y solo en el bosque rodeado de lobos. Tuve un abogado pero no sirvió de nada, hice mi confesión delante del juez, intenté hacerles entender que no estaba fingiendo la amnesia, pero nadie me creyó. Todos me tomaban por mentiroso. Fue horrible. Recordar esas cosas solo me hace sentirme un poco mal ahora mismo. Tengo un caso policial en el que me acusan de cosas que son mentira, una condena que está en pausa de momento hasta que pille a Brian.

Todo esto me hace pensar.

¿Por qué Alex me hizo aceptar ese contrato con ellos? ¿Por qué no dejó simplemente que cumpliese mi condena? ¿Por qué quiere que sea yo, solo yo, el que pille a Brian?

Tengo todavía más preguntas, pero no sé.

Todas las respuestas están en esos recuerdos que perdí y que tengo que recuperar. Como sea. Necesito volver a tener mi memoria…

—Oye…— la voz de Klaus, suave y bajita, hace que salga de mis pensamientos al instante. Parpadeo un poco, algo atontado, y miro hacia la puerta. Él está apoyado contra el marco, con los brazos cruzados y una sonrisilla pícara en los labios —¿Estás bien?— me pregunta. No sé cómo Klaus se da cuenta de la cosa más mínima, es como si supiera lo que me pasa con solo mirarme.

Bueno, no sé por qué sigo sorprendiéndome.

—Sí…— respondo en voz baja, pero él no parece muy convencido.

—Estás mintiéndome— dice mientras se acerca a la cama y se sube hasta quedar tumbado a mi lado, de lado, mirándome fijamente a los ojos —¿Te encuentras mal? Dímelo y…

—No me encuentro mal— le interrumpo, sonriendo solo un poquito por su preocupación —Solo estaba pensando.

—¿En qué?

Me paso la lengua por los labios muy despacio, ganando un poco de tiempo antes de contestarle. —En mi amnesia— comento, y él entrecierra un poco los ojos —Me gustaría saber por qué es tan importante para Alex que sea yo el que pille y encierre a Brian.

—Yo también quiero saberlo— me dice, con un punto de amargura en la voz —Lo voy a averiguar por ti, ¿vale? Pero antes necesito, de verdad me urge que recuerdes todo. Necesito saber más sobre tu historial médico, amor. Lo que consiguió Harry no lo menciona todo y a lo mejor algo no es real. Tenemos que saber qué tan seria es tu amnesia. ¿Has seguido yendo a esa terapia con tu psicóloga?— asiento con la cabeza a su pregunta —Dejarás de ir, no puedes fiarte de ella.

—Pero…

—Pero nada— me corta —Vas a hacer lo que te diga. No voy a permitir que la DEA te siga utilizando, las cosas van a cambiar ahora— no entiendo del todo lo que me está diciendo, pero no me atrevo a interrumpirlo —También necesito saber qué pruebas usaron para que el juez te condenara, o si el juez es un corrupto de mierda. También tengo que saber todo lo que pasó en tu juicio, bebé, todo con pelos y señales desde el momento exacto en que despertaste del coma hasta que acabaste en la cárcel. Si tuviste abogado, entre otras cosas.

—¿Para qué, Klaus?

—Todo es esencial. Así podré sacar mis propias conclusiones con lo que yo sé— me responde.

—¿Conclusiones de qué?— pregunto otra vez, incorporándome un poco, apoyándome en los codos para mirarlo. Odio que no me explique las cosas, él parece divertirse con mi reacción, lo que hace que yo frunza el ceño, cabreadísimo —Explícame porque no lo pillo y deja de tomarme el pelo, joder…

—No me estoy burlando, bebito— es lo que me dice —Solo que me hace gracia cómo te pones solo porque no hago lo que me mandas— pongo los ojos en blanco, resoplo y el cabreo se me pasa rapidísimo. Me acomodo mejor a su lado, él me atrapa con sus brazos musculosos, apoyo la cabeza en su pecho y suspiro suave —A ver, necesito toda esa información para saber por qué el antiguo jefe de la DEA hizo que todos creyéramos que no habías sobrevivido al accidente. Saber por qué te acusaron de cosas que no hiciste, condenándote a tantos años en la cárcel. Saber por qué el nuevo jefe te sacó de la cárcel obligándote a firmar un contrato, reclutándote como agente para la DEA.

Sí, yo también quiero saberlo.

—Necesito saber si tus padres lo supieron desde el principio— lo miro al instante en cuanto dice la palabra «padres» —O si no tienen ni idea de nada.

—¿Mis padres…?

—Sí— me dice.

—Oh…— exhalo suave desviando la mirada al suelo —No creo que sepan, Klaus— murmuro —Si de verdad me querían no creo que hayan tenido nada que ver con todo lo que me hizo James Krüger, ahora, si mi relación con ellos no era buena… cabe la posibilidad de que sí estuvieran al tanto. ¿Tú qué piensas?

—Pienso que tu relación con ellos era muy buena, tu padre te cuidaba un montón— me dice —No creo que sepan lo que ese tal Krüger te hizo, amor. Una duda menos— musita sonriendo suave —¿Qué te parece si para ayudarte a recordar visitamos los sitios a los que fuimos durante esos tres días que nos conocimos— dice con un puntito de guasa. El muy cabrón se ríe porque seguro que nosotros no nos tomamos el tiempo de conocernos como Dios manda —Sería como… volver a enamorarte.

—Pero si ya lo estoy…

—No importa— me aprieta más contra él —Me flipa la idea de volver a enamorarte, una y mil veces. Va a ser muy divertido, y es lo más sano, según Dick…

—¿Por qué «Dick»?— pregunto entre carcajadas.

—Solo para tocarle los cojones, mi amor. Odia que le llamemos así, y eso es lo gracioso— me responde —Todos tienen un mote, por ejemplo… Harry, en realidad no se llama así, le decimos Harry por lo mucho que se parece a Harry Potter, ¿ves?

—¿Y a ti cómo te llaman?— pregunto alzando una ceja mientras sonrío.

—El Dios Tom Trümper…

Me parto de risa —Qué mentiroso eres, ¿eh? Venga, dímelo ya…

—Vale, vale… me dicen «bestia» pero no en el buen sentido, todo lo contrario, me llaman así por mi fama de «mujeriego» en la adolescencia— responde —Porque llegaba con una diferente cada día, mi hermano dijo una vez: «Klaus es como una bestia, siempre va a por la presa fácil que ve» y desde entonces empezaron a vacilarme.— se ríe él también, seguro recordando aquellos tiempos.

—¿Cuándo empezamos?— le pregunto tras unos minutos de silencio, me siento tan a gusto entre sus brazos, joder. Es una sensación tan increíble que no quiero que se acabe nunca, nunca, nunca.

—Mañana mismo puede ser— musita con una calma tan reconfortante en la voz.—Primero pasaremos por mi bar, ¿vale? Quiero que cuentes todo lo que pasó cuando despertaste del coma, todo lo que sepas, mi amor, ellos me ayudarán a sacar conclusiones. Dos cabezas piensan más que una— sí, eso es verdad —Y sobre tu «secuestro», he pensado que te quedes aquí una semana y unos días más. Total, te han suspendido dos semanas. En el tiempo que estés conmigo, haré que tu memoria vuelva.

—¿Y cómo vas a hacer para que me dejen en paz? Tiene que ser algo muy bueno para que nadie sospeche.

—No te rayes por eso, cielo. Ya pensaré en algo más adelante— besa mi cabeza con dulzura —¿Qué tal si mejor aprovechamos el tiempo que tenemos, eh?— en un movimiento rápido y preciso acaba encima de mí, lo que me hace reír —Quiero tenerte desnudo otra vez.

—Klaus…— resoplo sin parar de reír —No…

—¿»No» qué?— pregunta mientras se inclina y me da un beso rapidito en los labios.

—Lo hemos hecho hace nada— le recuerdo y aprieto los labios casi al instante cuando vuelve a besarme, bajando por la mejilla y la barbilla sin parar de besar y besar. Hasta llegar a mi cuello y hundir la cabeza ahí, lamiendo y chupando —Klaus…— repito su nombre en un suspiro —Joder.

Sus manos se escurren por los costados de mi cuerpo, suavemente, hasta llegar a mis piernas y volverlas a subir sin cortar el contacto del tacto, sube mi camisón mientras asciende sus manos, apretando mis muslos con vehemencia. Ladeo un poco la cabeza, dándole más espacio para que me diera más y más besos. Lo siento sonreír contra mi piel mientras me oye jadear. Estoy perdiendo toro raciocinio de nuevo, ese que me dice que debo detenerme, tomarme la pastilla y solo dormir, ese al que estoy ignorando muy bien, como me suele pasar cuando tengo a este hombre besándome.

Besando mi piel como si fuese algo que se debe probar con lentitud, para disfrutar, para grabarse la suavidad, la calidez, en su mente.

—Bebé…— me llama, separándose de mí un poco para verme a los ojos y sonreírme con los labios. Deleitándose por la visión que tiene de mí rostro, mis mejillas sonrosadas y labios ligeramente entreabiertos, al igual que mis ojos, ante la excitación que va creciendo con cada toque suyo. Cada cosa que hace —Eres hermoso, mi amor. Lo mejor que tengo en mi vida, mi todo, ¿tienes idea de lo mucho qué me tramas? Mi vida, no soportaría perderte de nuevo. Ahora que estamos juntos de nuevo te juro que haré lo posible, moreno, hasta lo imposible e impensable para mantenerte a salvo. Te amo con cada fibra de mi ser, te adoro…

Le sonrío —Me encanta cuando me dices estas cosas— le digo sintiéndome cohibido y enternecido a la vez —Haces que te ame más, y más, y muchísimo más…

—Pues yo amo la idea de que me ames tanto— contesta con un tonito orgulloso y cariñoso a la vez. Acerca su rostro al mío y hace que la punta de nuestra nariz se rocen juguetonamente mientras se inclina hacia adelante haciendo presión de su entrepierna contra la mía, causando una fricción que me hace jadear al instante —Tanto como yo te amo a ti, y también como amo tenerte de nuevo conmigo. Bebesito… ¡Ahg, que te amo un montón!— exclama antes de inclinarse completamente hasta juntar nuestros labios.

Siento como de mueve encima de mí, como su miembro que se pone duro con cada fricción, hace presión contra el mío. Causandome deliciosos espasmos de placer que recorren mi cuerpo entero, haciéndome estremecer mientras Tom me come la boca con una urgencia que me deja sin aliento. Su boca me devora, hambrienta, exigente, y yo respondo con la misma fuerza, abriéndome a él sin pensarlo dos veces. Sintiendo las fricciones cada vez más intensas…

Siento su lengua deslizándose contra la mía, caliente, posesiva, explorando cada rincón como si quisiera grabarse en mí. Mis manos se aferran a su camiseta, arrugándola, tirando de él para pegarlo más a mi cuerpo. Él gruñe bajito contra mi boca, un sonido ronco, crudo que me recorre la espina dorsal como electricidad, y sigue frotándose contra mí. Joder. Es tan bueno…

Sus dientes rozan mi labio inferior, lo muerden apenas, lo suficiente para que un jadeo se me escape. Una de sus manos sube a mi pelo, enredándose con fuerza, inclinándome la cabeza para profundizar aún más el beso. La otra baja por mi cintura, apretándome contra él hasta que siento cada centímetro de su cuerpo duro contra el mío.

No hay espacio para pensar, solo para sentir el calor de su boca, el sabor intenso de él mezclándose con el mío, el latido desbocado de su corazón contra mi pecho. Me está consumiendo, y yo lo dejo sin rechistar. Quiero más. Quiero que no pare nunca.

Cuando por fin nos separamos, fue solo lo justo para tomar aire. Sus labios lucen hinchados, brillantes, y sus ojos me miran con una oscuridad que me hace tragar saliva. —Joder…— murmuro con la voz ronca.

Él sonríe, peligroso, y vuelve a por más antes de que pueda recuperarme.

Klaus vuelve a bajar la cabeza y su lengua caliente traza una línea lenta y húmeda por mi cuello, justo donde ya sabe que me vuelve loco. Un escalofrío brutal me recorre entero, como si hubiese metido un dedo en un enchufe. Mi piel se eriza al instante, y un espasmo involuntario me hace arquear la espalda, apretando los hombros contra la almohada. Siento cómo mi garganta vibra con un gemido suave, casi lastimero, que no puedo contener.

—Ouh…

Al mismo tiempo, Tom desliza sus manos por mis costados y agarra el borde del camisón. Lo levanta despacio, rozando deliberadamente mi piel con los nudillos mientras lo hace. El aire fresco golpea mi torso desnudo y otro temblor me sacude, más intenso, haciendo que mis abdominales se contrajeran en oleadas. Ya solo llevo los boxers puestos, y la tela se sentía demasiado ajustada, demasiado insuficiente, demasiado empapada.

Él no espera. Su boca cae sobre mi pecho como si tuviese hambre de mí. Lame cada centímetro, trazando círculos húmedos alrededor de mis costillas, bajando por el centro hasta el hueco entre mis pectorales. Sus labios se cierran sobre mi brazo, besando la parte interna, sensible, donde la piel es tan fina que cada roce es una descarga directa. Llega hasta mis dedos, los toma uno a uno, los chupa y besa con lentitud obscena, mirándome a los ojos mientras lo hace. Yo me retuerzo debajo de él, incapaz de quedarme quieto; cada lamida es como un latigazo que me hace jadear, mis caderas se mueven solas buscando más contacto.

Cuando su lengua encuentra mi pezón izquierdo, lo rodea primero, suave, juguetón, con su lengua, y luego lo atrapa entre sus dientes. Da un mordisco ligero, preciso, y un grito ahogado sale de mi garganta. Mi cuerpo se convulsiona entero, las piernas se me tensan, los dedos de los pies se curvan, y siento cómo mi esfínter se contrae con fuerza, vacío y desesperado. Otro mordisco, más fuerte, y otro gemido se me escapa, dulce y roto, tan alto que casi me avergonzó.

Tom baja entonces, implacable. Su lengua dibuja un camino ardiente por mi estómago, deteniéndose en el ombligo. Lo lame despacio, mientras mi respiración se vuelve un caos de jadeos rápidos, entrecortados, cada vez más obscenos.

Sigue bajando con besos húmedos, lamidas largas que dejan rastros brillantes sobre mi piel por su saliva. Llega al vientre bajo, justo por encima de la cintura de los boxers, y allí se queda un rato, torturándome. Cada roce de su boca hace que mi miembro palpite dolorosamente dentro de la tela, la punta ya húmeda, hinchada, enviando punzadas agudas de placer que se acumulaban y no tenían dónde ir. Quería gritarle que entrara en mí ya, que me llenara, que dejara de jugar… pero solo salen gemidos suaves, necesitados, que suenan casi como súplicas.

Mi esfínter se contrae una y otra vez, vacío, ansioso, sincronizado con cada espasmo que me sacude el cuerpo. Estoy temblando entero, perdido, rendido, y solo puedo pensar en una cosa…

En tenerlo dentro de nuevo, profundo, hasta que no quede nada de mí que no fuera suyo.

Klaus me mira fijamente a los ojos mientras su mano baja por fin hasta mis boxers. Los desliza hacia abajo con un tirón impaciente, liberándome, y el aire fresco choca contra mi piel ardiente. Su palma envuelve mi miembro de inmediato, caliente, firme, y empieza a moverla despacio, arriba y abajo, con una presión perfecta que me hace abrir la boca en un gemido largo y tembloroso.

—Ahh… Klaus…— susurro con la voz rota, mirándolo sin poder apartar la vista. Sus ojos oscuros están clavados en los míos, intensos, llenos de esa mezcla de deseo y ternura que me deshace. Cada caricia suya hace que mis caderas se alzen solas, buscando más. —Mmm… sí…— gimo más alto, entrecortado, mientras mi rostro se contorsiona de placer puro con las cejas fruncidas, los labios entreabiertos y un rubor subiéndome por las mejillas.

Su otra mano se escurre entre mis nalgas, separándolas sin prisa. Siendo sus dos dedos rozando mi entrada, secos, ásperos, y entonces los empuja dentro de golpe, sin lubricante, sin aviso. El ardor fue inmediato, una quemazón aguda que me atraviesa como un jodido rayo.

—¡Joder…!— grito, mi cuerpo se tensa entero, un espasmo brutal me recorre desde ahí hasta la nuca. Duele, sí, arde como el infierno… pero Dios, me encanta. Esa fricción cruda, esa invasión sin piedad, me hace sentir tan suyo que el dolor se mezcla con un placer sucio y adictivo. —Ahh… duele… pero… no pares…— jadeo, retorciéndome contra su mano.

Tom sonríe, esa sonrisa perversa y cariñosa al mismo tiempo, y empieza a mover los dedos dentro de mí mientras la otra mano acelera en mi miembro, masturbándome con ritmo implacable.

—Mira qué bonito estás, mi amorcito…— murmura contra mi oído, su voz es ronca y cargada de amor —Tan agitado, tan cachondo por mí… Me encanta verte así, temblando, gimiendo como un puto ángel desesperado. Tu culito aprieta tanto mis dedos… ¿sabes lo que quiere mi amigo de aquí abajo?— aprieta más fuerte mi erección, sacándome otro gemido obsceno —Quiere entrar en su agujero favorito.

Mierda.

—Quiero follarte de nuevo, hasta que no puedas ni hablar, mi vida… Porque te amo tanto cuando estás así de caliente, todo mío…

No puedo responder; solo gemidos salen de mi garganta —Nngh… Klaus… por favor… ahh… sí…— farfullo, perdido, las palabras tropiezan en mi boca. De repente saca los dedos, y antes de que yo pueda quejarme del vacío, siento la punta de su miembro presionando mi entrada. Sigue masturbándome sin parar, rápido, mientras empuja dentro de mí de una sola embestida profunda. —¡Tom…!— grito, el cuerpo se me arquea violentamente.

Me llena por completo, ese ardor delicioso volviendo con más fuerza, estirándome hasta el límite.

Empieza a moverse propinándome embestidas fuertes, profundas, sin piedad. Gruñe con cada una, sonidos guturales y animales que me vuelven loco —Grr… joder, amor… tan apretado…— masculla, el sudor comienza a perlar su frente, resbalando por su pecho hasta mezclarse con el mío. Nuestras pieles chocan con un sonido húmedo, resbaladizo, pegajosas de sudor.

Yo no puedo contenerme —Ahh… ahh… más… hmm… ¡fóllame…!— gimo sin control, con la voz aguda, rota, farfullando entre jadeos —Nngh… sí… ahí… oh Dios…— mis manos arañaban su espalda, las piernas tiemblan alrededor de su cintura.

Él acelera, embistiendo más duro, más rápido, gruñendo mi nombre. Y yo, que he llegado al límite del placer logro conseguir mi tan anhelado orgasmo con un grito largo y tembloroso saliendo de mi garganta mientras me corro en su mano, con chorros calientes cubriéndonos a los dos, el placer me ciega entero. Tom gruñe profundo, me da una última embestida brutal, y se derrama dentro de mí con un rugido ronco.

Su cuerpo se tensa, temblando contra el mío, el calor de su semen llenándome mientras seguimos agitados, sudorosos, pegados el uno al otro. Nos quedamos así, jadeando, temblando, hasta que el mundo vuelve a tener sentido. Solo entonces me besa la frente, suave.

—Te amo, mi amorcito… tanto…— me susurra.

—Te amo aún más…

Tom…

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!