Silent promise 45

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 45

James Krüger estaba sentado delante de su escritorio, rodeado de expedientes, fotos de la escena del crimen y documentos legales que necesitaban su firma. No había pegado ojo en toda la noche, tirando solo a base de café solo y con la certeza de que estaba a punto de hacer algo que lo iba a cambiar todo en el caso. Había visto las cámaras de seguridad del aparcamiento y, obviamente, reconoció a Willem Kaulitz, el mismo chaval cuyo padre puso una denuncia contra Thomas Trümper cuando este secuestró a su hijo.

Lo que Jhörg Kaulitz le había contado a las autoridades era que Tom se había llevado a su pequeño a la fuerza, pero James, después de ver las grabaciones, supo que no había sido así. Porque el beso que vio a través de la pantalla, entre un Trümper y el joven Kaulitz, no fue para nada forzado. Había algo entre esos dos, y debería haberlo sospechado cuando el detective Wagner, que llevaba el caso de la desaparición de Willem, le avisó del retiro de la denuncia por parte del propio Jhörg. Estuvo dándole vueltas a todos los detalles y en eso se le fue la noche entera. El resultado fue positivo para él, porque ya tenía una idea clara de lo que había pasado entre ambos clanes, Trümper y Nox.

Una vez que lo tuvo todo ordenado en la cabeza, pidió que viniera rápido el detective Wagner. Cuando se abrió la puerta de su oficina, en la sede que estaba en Heidelberg, Alemania, levantó la vista. Vio cómo el detective entraba y cerraba con cuidado detrás de él. Llevaba su propia carpeta debajo del brazo y una expresión que mezclaba profesionalidad con algo que parecía incomodidad.

—Director— saludó Wagner, sentándose en la silla de delante del escritorio sin esperar invitación —Recibí su mensaje, dijo que era urgente.

—Lo es— Krüger empujó dos carpetas por encima del escritorio —Necesito que eches un vistazo a esto antes de que hablemos.

Wagner abrió la primera carpeta. Era el expediente completo de Willem Kaulitz: había foto del carné, información familiar, antecedentes limpios y, lo más importante, la denuncia inactiva presentada hacía dos meses. Pero eso él ya lo sabía; lo que no pillaba era por qué James le ponía una carpeta con información que él mismo le había pasado meses atrás sobre el chaval.

—¿Por qué…?— iba a preguntar, pero James lo cortó.

—Encontramos al joven Willem Kaulitz— informó con voz neutra. Wagner abrió un poco los ojos. Iba a preguntar «¿Cómo…?» pero no llegó ni a decir la palabra cuando James lo volvió a cortar —Hace unos tres días, recibí un mensaje anónimo diciéndome que me entregarían a los Trümper un día concreto a una hora concreta. No teníamos forma de comprobar si la fuente era fiable, pero necesitábamos pillar a esos criminales y rescatar al joven Kaulitz. Resulta que la información sí era buena, pero cuando llegamos al sitio a la hora indicada, no quedaban más que cuerpos entre la vida y la muerte o directamente muertos. Los Trümper se habían largado y no había ni rastro de Kaulitz.

—¿Y…?

—Me avisó mi hijo de un coche que volcó, un coche al que persiguieron y que, aunque le dispararon a una de las ruedas, no paró. El que conducía parecía que estaba huyendo, porque si no, se habría parado— siguió explicando —Consiguieron sacar a los ocupantes, no llevaban identificación de ninguna clase y ahora mismo están en un hospital privado, siendo atendidos. Al mirar las cámaras de seguridad del sitio pude ver qué pasó de verdad.

Wagner entrelazó los dedos encima de la carpeta abierta, mirando fijamente a los ojos al director de la DEA. Prestando atención a cada palabra.

—Todo apunta a que fue un enfrentamiento entre el clan Nox, liderado por Brian, alias El Zar. Fue él quien envió ese mensaje anónimo— contó —Y el clan Trümper. Por lo visto, Brian tenía a Willem Kaulitz en su poder y no como te imaginas. En las grabaciones se ve al chico completamente herido, en muy mal estado, y a Tom Trümper entrando en el aparcamiento donde se montó toda la masacre. Lo que me llamó la atención fue ver cómo se… besaban.

—¿Qué…?

—Tal como lo oyes, detective— James se echó hacia atrás en la silla soltando un resoplido —He pensado en dos cosas que podrían ser probables. La primera: que el chico y Trümper se conocieron, se «enamoraron» por decirlo de alguna forma. Tuvieron una relación a escondidas y cuando el padre se enteró decidió separarlos, reacción que es normal, teniendo en cuenta que Trümper es un delincuente. Por eso, el joven decidió fugarse con Thomas Trümper y vivir su romance con él, lejos. Pero algo pasó y terminó en manos del Zar.

—¿Y la segunda?

—Que Trümper sí secuestró al joven y este desarrolló el síndrome de Estocolmo…

—Eso es algo… ridículo, agente. Perdone que se lo diga así de directo, pero es muy ridículo— comentó Wagner con el ceño un poco fruncido.

—Lo sé, por eso estuve investigando a Willem Kaulitz, detective— respondió James —¿Sabía usted que salió en una web y en revistas un artículo sobre «un supuesto chico de trenzas que parecía ser el nuevo interés romántico del joven»?— Wagner negó con la cabeza —Pues hay fotos, detective. Donde se les ve a los dos en una especie de centro comercial, en las afueras, dándose un beso. No solo tenemos eso. También buscamos información en el aeropuerto de Alemania, justo el día en que los dos se fugaron. Revisamos cada nombre de la lista hasta que dimos con dos concretos con destino a Los Ángeles. Nombres falsos porque no hay ningún informe sobre ellos, los números de identificación no aparecían.

—Joder…

—Lo que me hace pensar que alguien les tuvo que echar una mano para cruzar— dijo James con precisión en la voz —Sabemos que compraron un apartamento en Los Ángeles, porque al meter sus nombres en los archivos salieron las compras bajo esas identificaciones y un expediente médico. Por lo visto el joven Willem estaba embarazado, y allí tuvo a dos gemelos con diez minutos de diferencia al nacer.—.Wagner se estaba quedando flipando con cada cosa que oía —No necesito más pruebas para saber que mi opción uno es la más probable y que los dos tenían una relación. Sé que el joven estaba al tanto de la vida criminal de Trümper porque si su padre puso una denuncia era porque ya se sabía de la situación… lo que lo convierte en cómplice de Thomas Trümper, detective.

—Espera, comandante…— pidió Wagner, intentando ordenar sus propios pensamientos —¿Está usted acusando a un inocente de estar vinculado a un narcotraficante?

—Sí, eso es más que obvio.

—No sabemos si estaba metido en el negocio también o si solo era un vínculo emocional entre los dos.

—¿Importa, detective?— preguntó James —Vínculo es vínculo, si el chaval sabía de la vida de Tom Trümper como criminal, como narcotraficante, entonces es cómplice.

—¿Dónde está?— preguntó de golpe el detective.—Me ha dicho que lo han encontrado y que están siendo atendidos en un hospital privado. Quiero la información del sitio, ahora mismo.

—Detective…— James respiró hondo —¿Qué sabe usted de la señorita Nathalie Franz?

—Es una amiga del joven Kaulitz, junto a otros tres chavales más a los que estuvimos vigilando todo este tiempo—.dijo —¿Por qué?

—Ella también salía en las grabaciones, detective— le respondió. Wagner frunció el ceño con una confusión evidente —Por lo que vi, llegó con El Zar al aparcamiento, estuvo presente cuando ese tío lo ató a una de las columnas del sitio momentos antes de que llegara Trümper y se liara la de Dios. También se ve cómo arrastra al chico fuera del aparcamiento después de amenazarlo con un arma, consiguiendo distraer a Tom para que este acabara herido por Brian por despistarse. En resumen… Trümper recibió ocho disparos de los que dudo que haya salido con vida, los demás también quedaron heridos pero llegó alguien que los sacó de allí. Todavía estamos buscando algo del coche por la matrícula. La señorita Franz se llevó al joven Kaulitz, metiéndolo en el coche donde ella misma provocó un accidente al verse perseguida por la DEA. Y un chaval, que acabó en coma inducido, estaba fuera del aparcamiento. Recibió tres disparos de la señorita, cosa que me hace pensar que quizá está metido con el clan Trümper.

—¿Qué pasó con los demás?

—El Zar quedó entre los heridos, por dos balas en el pecho, pero está estable en el mismo hospital— respondió —Si la señorita Franz era tan amiga de Kaulitz, ¿por qué estaba con el clan Nox, sin hacer nada cuando Brian agredió a Kaulitz? No estaba atada ni nada, y se la veía contenta con lo que pasaba. Y en los registros del aeropuerto aparece su nombre, compró un billete a Los Ángeles días después del nacimiento de los hijos de Kaulitz.— Wagner se quedó callado sin saber qué decir, James chasqueó la lengua, ya se esperaba esa reacción —Aquí va mi análisis: como ya sabemos, Kaulitz y Trümper tenían un romance. El problema entre la señorita Franz y Kaulitz es desconocido, pero sea lo que sea, los llevó a tener una especie de enemistad de la que Kaulitz no estaba al tanto. Así que míralo como una traición de Nathalie hacia Willem. Ella estaba liada con Brian, Brian quería joder a Tom y sabemos que Willem es la debilidad de Tom, así que ella misma se ofreció a ayudar, convenció a Willem de que le dijera dónde estaba… porque si él hubiese sido consciente de su paradero, los bebés ni siquiera habrían nacido. Willem le dio su dirección, quién sabe cuánto tiempo pasó hasta que se llevaron al joven y lo tuvieron secuestrado. Trümper volvió a Alemania. Y pasó todo lo que pasó para que ahora esté en una camilla conectado a cables…

—Esto es… joder.

—No sabemos nada del paradero de los Trümper, pero ya hemos levantado los avisos y si están en algún hospital, llamarán— dijo —Dudo que estén vivos, vi cómo recibieron un montón de balazos y también la sangre en el suelo. En estos momentos deben estar jugándose la vida. De todas formas… daremos con ellos.— se relamió los labios y siguió —Pero si por algún motivo… llegan a salir vivos, necesito a Willem Kaulitz.

—¿Qué dice?— preguntó Wagner al instante, con el ceño muy fruncido.

Krüger soltó el aire —Kaulitz es la única palanca de verdad que tenemos contra Tom Trümper. Las fotos de los paparazzi, los vídeos de seguridad, todo lo confirma: Tom quiere a ese chico. Lo quiere lo suficiente como para jugarse la vida, para meterse de cabeza en una emboscada, para matar a docenas de tíos. Ese tipo de amor… esa conexión… es algo que puedo aprovechar.

—¿Aprovechar cómo? El chico no está bien, usted mismo lo ha dicho.

—Por ahora— dijo Krüger —Pero si despierta, si recupera algo de conciencia, se convierte en mi activo más valioso. Alguien que ha estado en el corazón del mundo de Tom Trümper. Alguien que lo conoce a fondo. Alguien que podría identificarlo, localizarlo y llevarnos directos a él.

—¿Pero y si Trümper no sobrevive…?

—Eso es solo una posibilidad— murmuró Krüger con frialdad —En estos momentos estoy en un cincuenta y cincuenta, detective. Hasta que no sepa nada de esos criminales, no puedo estar seguro de si están vivos o no, ¿lo pilla? Necesito a Willem Kaulitz bajo custodia de la DEA hasta que despierte, igual que a la señorita Franz…

El silencio llenó la oficina, Wagner miraba a Krüger como si estuviera viendo a un desconocido.

—Comandante…— dijo despacio —¿Qué está planeando exactamente?

Krüger abrió otra carpeta y sacó un documento oficial con el membrete de la Policía Federal Alemana.

—Esto es un certificado de defunción. Dos, en realidad— aclaró —Uno para Willem Kaulitz y otro para Nathalie Franz. Necesito que los firmes como detective responsable de la investigación de Kaulitz.

Wagner ni tocó los documentos.

—¿Me está pidiendo que declare oficialmente muertos a dos personas que están vivas?

—Sí.

—Eso es ilegal, James. Es falsificación de documentos oficiales, obstrucción a la justicia…

—Es necesario— lo cortó Krüger, endureciendo la voz —Sé que Jhörg Kaulitz jamás permitiría que su hijo fuese «extraditado» a Estados Unidos, como tampoco lo permitirían los padres de la señorita Franz y, como ya te he explicado, necesito a estos dos bajo custodia de la DEA.— se levantó, saliendo de detrás del escritorio —No hay rastro de los Trümper en ningún hospital todavía, ninguna clínica, ningún sitio. Conozco cómo trabajan, los he estado siguiendo durante años y sé que tienen recursos que no conocemos, contactos que les permiten moverse completamente fuera de nuestro radar.

Se giró de nuevo hacia Wagner, entrelazando los dedos a la espalda.

—Así que tengo dos opciones. Puedo seguir persiguiendo fantasmas, esperando que algún día cometan un error lo bastante gordo como para que los pillamos, si es que salen vivos. O puedo usar las cartas que tengo ahora mismo en la mano para forzar que aparezcan en cualquier caso…

—¿Y esas cartas son Willem y Nathalie?— preguntó Wagner.

—Exactamente— Krüger volvió a su escritorio —Pero solo funcionan si todo el mundo cree que están muertos. Sin sus padres metiéndose en medio podré moverme con más tranquilidad, agente. Y si Trümper sobrevive, sé que bajará la guardia cuando se entere de la muerte del chaval. No estará buscándolo, no estará protegiéndolo, no estará intentando recuperarlo. Y cuando al final use a Willem para atraerlo, será demasiado tarde para que reaccione.

Wagner miró los certificados de defunción que había encima del escritorio.

—¿Y qué pasa con sus familias? ¿Jhörg Kaulitz? ¿Los padres de Nathalie? Simplemente… ¿les mentimos? ¿Les dejamos llorando a sus hijos mientras están vivos en algún sitio?

—Sí— respondió Krüger sin dudar ni un segundo.—Porque si no lo hacemos, si se filtra aunque sea un poquito de información sobre que han sobrevivido, Tom Trümper encontrará a Kaulitz y entonces perderé mi ventaja.

—Esto está mal, James— dijo Wagner en voz baja —Muy mal de cojones.

—Lo sé— admitió, y por primera vez había algo que parecía remordimiento en su voz —Créeme, lo sé. Pero he pasado años persiguiendo a estos hijos de puta. Años viendo cómo envenenan las calles, cómo destrozan familias, cómo matan a cualquiera que se les cruza. Los Trümper, junto con todos los demás narcotraficantes… son monstruos. Y a veces, para parar a los monstruos, tienes que convertirte en uno tú mismo.

Wagner cerró los ojos y respiró hondo. Sabía que Krüger tenía razón en cierto modo. Conocía la brutalidad de estos cárteles, había visto los cuerpos, las vidas hechas mierda. Pero esto…

—¿Y si Willem despierta y no quiere colaborar?— preguntó al final —¿Qué pasa entonces?

—Entonces lo convenceré— dijo Krüger tan tranquilo, como si tal cosa —De una manera u otra.

Se hizo otro silencio largo. Hasta que, por fin, Wagner alargó la mano hacia los certificados de defunción. Los cogió, los leyó con atención. Documentos oficiales, con todos los sellos correctos, solo faltaban las firmas.

—¿Qué historia oficial vamos a contar?— preguntó, sacando un bolígrafo del bolsillo interior.

—El coche que conducía Nathalie se salió de la carretera y cayó por un barranco después de una persecución a toda hostia— explicó Krüger —El vehículo dio varias vueltas de campana y se incendió. Cuando llegaron los equipos de emergencia, el fuego era tan fuerte que lo consumió todo por dentro. Los cuerpos quedaron carbonizados hasta el punto de no poder reconocerse. Solo pudimos identificarlos por la matrícula del vehículo y algunos efectos personales que se salvaron a medias.

Wagner iba apuntando mentalmente cada detalle.

—¿Y la autopsia?

—No habrá autopsia— cortó seco —Los restos quedaron demasiado destrozados. El forense, que está en nuestra nómina, certificará que una identificación positiva es imposible pero que todas las pruebas circunstanciales confirman las identidades.

—¿Y si alguien pide ver los cuerpos?

—Les diremos que fueron incinerados con la misma explosión del coche— respondió —Las familias recibirán urnas con cenizas… de los restos del coche, obviamente.

Wagner sintió náuseas.

—Dios…

—Lo sé— repitió Krüger —Pero es la única forma.

Wagner miró los documentos un rato largo más. Luego, con la mano temblorosa, firmó los dos certificados de defunción. Willem Kaulitz y Nathalie Franz, oficialmente muertos. Tenía que hacerlo de una forma u otra, porque si no cooperaba con la DEA sabía que le podía caer una buena y él solo era un detective.

—¿Qué hago ahora?— preguntó Wagner, dejando el bolígrafo encima del escritorio.

—Ahora— James cogió los documentos y los guardó en una carpeta segura —te preparas para dar la noticia a Jhörg Kaulitz. Mañana a la hora que sea. Quiero que seas tú el que se lo diga. Fuiste el detective asignado a su denuncia, con el caso del secuestro del chaval, tiene sentido que venga de ti.

—Mañana…— repitió Wagner, sintiendo todo el peso de lo que iba a tener que hacer.

—Hazlo personal pero profesional— le indicó —Dale el pésame de verdad. Dile que hicimos todo lo posible por encontrar a su hijo antes de que pasara esto. Que sentimos no haber actuado más rápido.

—¿Y si pregunta detalles? ¿Si quiere saber exactamente cómo pasó?

—Dale los detalles que te di— respondió —Persecución, accidente, fuego. Nada más. Si insiste, dile que es parte de una investigación en curso y que no puedes contar más por ahora, pero que habrá testigos dispuestos a dar detalles por si quiere estar presente. Encárgate de que lo mismo se le diga a la familia Franz.

Wagner asintió como un autómata. Se sentía como una marioneta, moviéndose según los hilos que tiraba James.

—Una cosa más— añadió Krüger —Jhörg Kaulitz es un hombre poderoso. Rico, con influencia, con contactos. Va a querer respuestas. Va a querer justicia. Dásela. Dile que estamos persiguiendo activamente a los responsables. Que Tom Trümper y Brian serán llevados ante la justicia. Déjale creer que todos los implicados están muertos o desaparecidos. Eso le ayudará a… cerrar el capítulo.

Wagner se levantó, sintiéndose diez años más viejo que cuando entró en la oficina.

—¿Algo más?

—Sí— James se levantó también, alargando la mano —Gracias por tu cooperación, Wagner. Sé que esto no es fácil, pero estamos haciendo lo correcto. Al final, cuando hayamos pillado a todos estos cabrones, habrá valido la pena.

Wagner le estrechó la mano sin ganas.

—Espero que tengas razón, James. De verdad que lo espero.

Y con eso, salió de la oficina, cargando con el peso de la mentira que tendría que soltar al día siguiente. Krüger se quedó solo, mirando los certificados de defunción firmados dentro de la carpeta. Estaba haciendo lo correcto… o eso creía.

Esa mañana, tras darle muchas vueltas a lo que iba a hacer, recibió la noticia sobre el estado de uno de los heridos del aparcamiento. El chaval que uno de sus agentes encontró fuera del aparcamiento y que vio cómo Nathalie le metía tres balas sin que el tío pudiera ni defenderse. También le avisaron de los demás supervivientes, a los que interrogaria sin falta. Todos ellos eran parte tanto del clan Nox como del clan Trümper. O hablaban o acababan en una celda también en Estados Unidos. Aunque ese final era más que probable, James no los dejaría irse ni aunque le contaran hasta la última bodega de producción de cocaína y todo lo que tuvieran ambas organizaciones.

.

-Una semana después-

Hacía menos de media hora cuando James Krüger recibió la información sobre el despertar de uno de los testigos que le quedaban, porque a los demás ya los había interrogado a fondo y no habían soltado prenda. Eso James ya se lo esperaba, no era ninguna sorpresa que todos ellos fueran leales a los Trümper. Pero claro que le cabreó un montón y todos ellos fueron extraditados a Estados Unidos, donde se seguiría todo el protocolo de sus juicios para meterlos en la cárcel más segura del puto país.

Y ahí mismo iría el tipo desconocido al que por fin vería despierto después de tantos días esperando con paciencia. Todavía no había nada sobre los Trümper, pero sabía que tarde o temprano caerían. Willem Kaulitz y Nathalie Franz también habían sido extraditados a Estados Unidos; la chica había despertado hacía dos días, pero James primero tenía que cerrar todo lo que quedaba aquí antes de largarse.

James estaba a quince minutos de llegar al hospital privado, sin saber que en esa misma clínica, Matthew se había puesto un pijama de enfermo para su puto disgusto, cubriéndose la cara con un tapabocas mientras caminaba hacia la habitación donde había averiguado que estaba ingresado Bach, y ya consciente para su buena suerte. Tenía que darle un mensaje que Tom le había pedido, jugándosela a todo porque la puerta de la habitación estaba vigilada por federales. Dos en total. No podía arriesgarse, menos mal que tenía un planito en mente y, cuando llegó delante de los dos federales alemanes, se aclaró la garganta.

—Buenas tardes— les dijo —Necesito pasar a revisar al paciente, como ya sabrán, es rutina.— su voz no tembló ni un segundo, su expresión era tan profesional y tranquila que los dos federales se miraron y lo dejaron pasar. El universitario sonrió cuando quedó dentro de la habitación y cerró la puerta detrás de él. Tenía diez minutos para hablar con Bach y lo más bajito posible.

El aludido estaba en la camilla, sentado con una cara muy seria. Miraba las sábanas y ni se inmutó al ver quién había abierto la puerta, ya estaba acostumbrado a que solo aparecieran los enfermeros a fingir preocupación por su jodida salud. Estaba de muy mala hostia desde que despertó, y es que los federales alemanes, en cuanto abrió los ojos, ya estaban encima haciéndole preguntas. Literalmente fue así. Y Bach supo mandarlos a la mierda.

—Haz lo que tengas que hacer y lárgate— le gruñó al «enfermero».

—Sí, eso vine a hacer— fue la respuesta de Matthew, cuya voz Beckham reconoció al instante y levantó la mirada, frunciendo el ceño en cuanto Matthew se quitó el tapabocas. Se acercó a la camilla a pasos rápidos.

—¿Qué coño…?

—Calla— ordenó Matthew —Escucha, las cosas se salieron de madre y el señor Gordon ha encontrado la forma de salir del punto de mira de la DEA—.empezó a contarle —Como con el enfrentamiento contra Brian, ellos llegaron al aparcamiento justo después de que yo os sacara, el señor Gordon despertó y Etham le puso al día de la situación. La DEA está encima, Bach, y el clan Trümper tiene que desaparecer del mapa.

—¿Cómo?— preguntó el otro sin pillarlo del todo.

—Fingiendo la muerte de los tres— respondió Matthew lo más bajo que pudo. Bach alzó las cejas y luego frunció el entrecejo soltando un resoplido por la sorpresa —Ya lo tienen todo preparado. Ha pasado una semana desde lo que pasó y es el momento; Tom ya no tiene nada que perder, ha aceptado aunque el veneno que van a usar realmente les puede matar. Y me ha mandado a darte un mensaje después de ponerte al tanto de todo.

—¿Willem…?— intentó preguntar.

—Nathalie provocó un accidente cuando se lo llevó del aparcamiento, la estaba persiguiendo la DEA…— cuenta y Bach ya sabe el final pero deja que siga —El coche chocó contra los guardarraíles y, por lo visto, explotó con los dos dentro.

—Mierda…— dijo Bach ahogado.

—Tom está hecho mierda— susurró Matthew —Te pide que por favor lo perdones por no poder sacarte de aquí, pero no hay forma de hacerlo sin que la DEA le pise los talones. Y también necesita que declares cuando vengan a interrogarte, miente, de todas formas te van a extraditar. Sabes cómo son esos cabrones de la DEA. Él ya verá cómo sacarte de la cárcel más adelante…

—No hay forma— comentó Bach —Si me extraditan, me harán un juicio, me caerá una condena. Estoy jodido pero sé que es por una buena causa, dile a Tom que no se preocupe, siempre tendrá mi lealtad pase lo que pase, estoy dispuesto a lo que sea y sé que tampoco tengo forma de escapar de aquí con todos esos federales vigilando la entrada. También sé que ahora no está para pensar, acaba de perder al que quería. Solo dile que por favor cuide de Chantelle, que no la deje sola. Que no le falte de nada.

Matthew, muy a su pesar, asintió con la cabeza. Todo el desastre que había pasado tras el enfrentamiento contra el clan Nox dejó un montón de grietas que había que tapar sí o sí. El clan Trümper tenía que desaparecer para salir del radar de la DEA o no podrían moverse sin riesgo de que los extraditaran también, ya que la DEA creía que Bach era parte del clan Trümper y lo tenían vigiladísimo. Bach tenía que entregarse prácticamente, mentiría, negaría ser parte del clan Trümper pero sabía que de todas formas lo iban a encerrar. Así era la DEA.

Si veían a un sospechoso no lo dejaban libre aunque fuera inocente o no, y Bach no tenía forma de demostrar que era «inocente». Pero tampoco había pruebas concretas de que perteneciera al clan. Si decía que sí lo era, que pertenecía al clan, la DEA lo interrogaría y al no sacar nada por ser un «buen testigo» lo encerrarían con cadena perpetua por «encubrimiento» a criminales. Pero si mentía y aun así lo encerraban, pues no le caerían tantos años.

—Saldré si no me dan perpetua— susurró —Puedo calcular unos veinte o veinticinco años de cárcel si la DEA se pone hija de puta, estaré bien.

—Bien.— se dieron un abrazo fuerte, con palmadas brutas, era un «hasta luego» no un «adiós» en sí.

—Dile a Tom que lo siento mucho por lo de Bill, ese pequeño no se merecía eso…

Matthew asintió con la cabeza.

—Lo haré— le aseguró —Ya me tengo que ir, actúa como actuaría alguien que sabe que no ha cometido ningún crimen y así no te pillarán. Nos vemos, colega…— se puso el tapabocas y, sin esperar respuesta, salió de la habitación.

Sin mirar a los federales.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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