Silent promise 48

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 48

DOS SEMANAS DESPUÉS DEL ACCIDENTE

Nathalie Franz estaba sentada en una silla de ruedas, todavía demasiado débil como para estar de pie durante mucho rato. Llevaba una bata de hospital azul clarita y tenía un vendaje bien visible en el brazo, donde había estado conectada la vía hasta hacía un par de días. Su pelo rubio estaba sucio y enredado, la piel se le veía pálida y con unas ojeras profundas debajo de los ojos. Pero lo que más acojonaba era su cara, completamente vacía. Como si algo dentro de ella se hubiera roto para siempre.

James Krüger estaba sentado enfrente de ella, al otro lado de una mesa plegable, con una grabadora digital en medio de los dos. Un agente federal vigilaba la puerta y un médico del hospital esperaba cerca por si Nathalie necesitaba algo.

—Señorita Franz— James empezó a hablar después de soltar un suspiro, con voz muy profesional pero sin ser cruel —¿Entiende por qué está en esta situación ahora?

Nathalie asintió despacio, sin levantar la mirada.

—Necesito que responda en voz alta para la grabación— dijo el comandante.

—Sí— su voz sonaba ronca, apenas usada —Entiendo.

—Bien— James pulsó el botón de grabación. —Son la una y media de la tarde. Presentes: comandante James Krüger de la DEA, la sospechosa Nathalie Franz. Señorita Franz, ¿ha sido informada de sus derechos?

—Sí.

—¿Ha hablado con un abogado?

—Sí— dijo Nathalie —Me dijo que cooperara si quería tener alguna posibilidad de que me echaran una mano.

—Consejo sabio— comentó James, sacando una carpeta de su maletín —Voy a hacerle unas cuantas preguntas sobre los hechos que llevaron al accidente de coche en el que la encontramos con el joven Willem Kaulitz. ¿Está dispuesta a responder?

—Sí—.Nathalie por fin levantó la vista, y James vio algo oscuro y roto en sus ojos. Era como si le diera todo igual. Hablaré. Total, ya no tengo nada más que perder.

—Empecemos por algo sencillo— dijo James —¿Qué relación tenía con Willem Kaulitz?

Por primera vez desde que despertó del coma tras el accidente, algo parecido a una emoción le cruzó la cara a Nathalie. Una mueca amarga que podría haber sido una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

—Éramos amigos. O al menos, eso es lo que él se creía— respondió, soltando una risita irónica.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Quiero decir— dijo Nathalie, y su voz empezó a sonar venenosa —que lo conocí cuando teníamos cinco años en la guardería. Fuimos inseparables durante años, luego se unieron Sarah, Heidi y Gustav. Éramos un grupo, los mejores amigos.

—¿Y qué cambió?

Nathalie se recostó en la silla de ruedas, mirando al techo como si estuviera viendo las recuerdos proyectados ahí.

—Para él nada cambió, pero para mí lo cambió todo. ¿Sabe lo que es crecer al lado de alguien perfecto? Alguien que siempre saca las mejores notas, que tiene los padres más cariñosos, la cara más bonita. Alguien que todo el mundo admira, que todo el mundo quiere, que todo el mundo adora.

—¿Estaba celosa de él?

—Más que celosa—.Nathalie soltó una risa sin gracia.—Lo odiaba. Al principio no, al principio de verdad lo quería como amigo, joder, cuánto lo quería. Pero… Sarah y Heidi… ellas siempre me comparaban con él—.dijo, con un asco enorme en la voz —«Nathalie, ¿por qué no puedes ser más como Billa?» «Billa es tan mono, tan perfecto.» «Billa siempre sabe qué decir, qué hacer.»— apretaba los puños en el regazo cada vez que repetía las frases con desprecio —Lo decían como broma, ¿sabe? Pero yo sabía que lo decían en serio. Y Bill… Billa siempre salía a defenderme. Decía que yo era guapa, que yo era especial, ¡pero lo decía por pena! Porque se sentía culpable de ser… ¡de ser mejor que yo en todo!

—¿Y eso justifica lo que le hizo?— preguntó James con voz dura.

—No lo justifico— Nathalie negó con la cabeza —Solo lo explico. ¿Quiere saber cuándo empezó de verdad mi odio?

—Adelante.

Nathalie respiró hondo.

—Cuando teníamos quince años empezó todo, yo estaba enamoradísima de un chico del instituto. Frédéric. Llevaba colada por él desde los trece, pero nunca me hacía ni caso, yo… yo soñaba con él. En el cumple de quince de Bill, Frédéric apareció en la fiesta y le confesó a Bill que le molaba.— James ya se imaginaba por dónde iba la cosa, se pasó la lengua por los labios y se acomodó en la silla —Bill lo rechazó— siguió Nathalie, con la voz temblando —Le dijo que no podía corresponderle. Y luego… luego le contó que yo estaba enamorada de él. Bill pensó que me estaba ayudando, pensó que estaba siendo un buen amigo…

—¿Y qué pasó?

—Frédéric vino a buscarme dos días después—las lágrimas empezaron a caerle por las mejillas —Me dijo que yo siempre le había gustado, me dijo que quería estar conmigo. Y yo… yo me lo creí. Me acosté con él. Le entregué mi virginidad porque pensé que me quería— soltó de golpe. Se limpió las lágrimas con rabia usando el dorso de la mano, dejando marcas rojas en la piel —Al día siguiente, fui a buscarlo. Estaba con sus colegas y cuando me acerqué, se partió de risa. Se rio en mi cara y les contó a todos que había usado a «la amiga fea de Kaulitz» para quitarse la virginidad de encima. Me llamó desesperada, patética y sus amigos… todos se descojonaron.

El silencio llenó la habitación mientras James tomaba notas, con la cara cuidadosamente neutra.

—Me humillaron delante de todo el mundo— siguió Nathalie con voz apagada.—Y todo porque Bill no pudo mantener su puta boca cerrada. Así que juré que se la devolvería. Empecé a inventar rumores sobre él en el instituto, hice que otras chicas lo odiaran, que lo llamaran «zorra», «quitanovios». Pero a él no le afectaba, nada le afectaba. Siempre era el perfecto Billa, flotando por encima de todo y de todos.

—Entonces decidió hacer algo más heavy— apuntó James.

—Sí— Nathalie asintió —Pensé: «si Bill me hizo sentir usada y tirada como un kleenex, yo haría que él sintiera lo mismo». Conocí a Brian Köhler en un bar clandestino al que me llevaba mi novio de entonces, Axel. Brian era… peligroso, se le veía en los ojos. Y cuando le conté lo de Bill, lo de cómo quería verlo sufrir, a Brian le interesó.

—¿Qué le dijo exactamente?

—Le dije que Bill era hijo de un diseñador famoso, que era rico, mimado, virgen— dijo Nathalie sin vergüenza, riéndose otra vez en cortas exhalaciones —Le dije que si me ayudaba, yo lo llevaría al bar, lo dejaría solo con la excusa de ir a buscar a Axel, y Brian podría… aprovecharse de él.

James sintió náuseas pero mantuvo la cara de póquer.

—¿Y qué pasó?

—Funcionó a medias— dijo Nathalie con asco, chasqueando la lengua —Llevé a Bill al bar y lo dejé solo. Pero entonces apareció Tom Trümper y lo «salvó».

—Thomas Trümper— dijo James, tomando nota —¿Cómo supo quién era?

—Brian me lo contó después— explicó Nathalie —Estaba cabreadísimo porque Tom había metido las narices, me dijo que Tom era el hijo pequeño de un narcotraficante, el próximo líder, junto con su hermano Travis, del Clan Trümper. Y entonces… entonces se me ocurrió una idea mucho mejor.

—¿Cuál?

—Si Bill se enamoraba de Tom, si empezaban una relación, yo podría hacer que sus padres se enteraran— musitó Nathalie, con una sonrisa torcida formándose en los labios —Jhörg Kaulitz, tan perfecto, tan respetable, enterándose de que su hijo perfecto, su orgullo, su todo, estaba saliendo con un narcotraficante… uff, lo destrozaría. Destrozaría a Bill ante los ojos de su familia.

—Pero eso no salió como lo había planeado, ¿verdad?— señaló James.

—No— admitió Nathalie, mordiéndose el labio inferior —Bill se largó con Tom a Los Ángeles. No me lo esperaba, pero no paré. Bill me llamó antes de irse, solo a mí. Nos vimos. Me dijo que tenía un plan B con Tom por si sus padres descubrían lo suyo y los separaban. Me dio un móvil de prepago, me dijo que me llamaría cuando estuviera asentado.

—¿Y esperó?

—Esperé meses— dijo Nathalie —Sin noticias. Me estaba poniendo nerviosa así que contacté con Andreas, uno de los colegas de Tom. Le pedí info. Días después me dijo que Bill estaba bien y que me llamaría pronto con novedades.

—¿Y lo hizo?

—Sí— asintió Nathalie —Me llamó. Me contó que había tenido gemelos, un niño y una niña. Estaba tan… tan feliz. Tan emocionado. Y yo… yo le pedí que me dijera dónde estaba, le dije que quería ir a verlo, conocer a los bebés. Y él…— se pasó la lengua por los labios con una sonrisita malvada —Él me dio su dirección sin pensarlo dos veces, porque… confiaba en mí. Porque era su mejor amiga desde los cinco años y nunca se le pasó por la cabeza que yo pudiera hacerle daño. Fue un gilipollas…— escupió, y luego soltó una risa bajita como una loca.

James se inclinó hacia delante, pasando de esa reacción de la tía y resopló.

—¿Qué hizo con esa información, señorita Franz?

—Se la pasé a Brian— dijo Nathalie como si nada —Le dije dónde estaban y lo planeamos todo. Yo iría a Los Ángeles, me quedaría con Bill una semana, fingiría estar encantada de conocer a mis «sobrinitos». Y entonces… lo secuestraríamos.

—¿Por qué quería Brian secuestrar a Willem?

—Brian odiaba a Tom Trümper— comentó Nathalie —Nunca me dijo exactamente por qué, pero era un odio profundo, de los que te comen por dentro. Quería destrozarlo. Y cuando le conté que Bill era la debilidad de Tom, que Tom lo quería más que a nada en el mundo, Brian vio la oportunidad perfecta.

—Siga.

—Fui a Los Ángeles— dijo la chica, y su voz se volvió super monótona, como si estuviera leyendo la lista de la compra —Pasé una semana con Bill. Los gemelos eran… preciosos. La pequeña Aida y el pequeño Aiden. Tan chiquititos, tan perfectos. Por un momento casi… casi me arrepentí.

—Pero no lo hizo.

—No— dijo Nathalie con firmeza, frunciendo un poco el ceño —Porque me acordé de todo lo que Bill me había hecho pasar, de todo el dolor. Así que un día, mientras él se duchaba, eché gotas de sedante en su bebida. Era el momento ideal porque Tom había salido a pasear a los bebés y Billa estaba en el baño. Le hice beber del zumo que le preparé. Bill se desmayó justo cuando Tom llegaba, el tonto pensó que era porque no había comido bien. Y como yo había vaciado la botella de alcohol que tenían un rato antes, Tom no tuvo más remedio que salir a comprar más para «revivirlo». Y mientras estaba fuera…

—¿Qué hizo?

—Los hombres de Brian estaban esperando fuera del edificio— contó.—Entraron, sacamos a Bill del apartamento, lo metimos en un coche y nos largamos antes de que Tom volviera.

James apretó el boli con tanta fuerza que casi lo parte en dos.

—¿Y los gemelos?

—Los dejamos— respondió —No entraban en el plan, solo queríamos a Bill. O al menos así era al principio…— Nathalie se quedó callada un buen rato, cuando volvió a hablar su voz era apenas un susurro —En un descuido de Tom, conseguimos pillar a los bebés y Brian ordenó que los tiraran por un acantilado lleno de piedras y lo grabó todo— se rio otra vez, James se estremeció queriendo borrar la imagen que se le había metido en la cabeza al imaginar ese momento tan cruel —Le mandó el vídeo a Tom para… para destrozarlo del todo. Y también sé que se lo enseñaron a Billa, ¡ja! ¡Ojalá hubiera visto usted cómo gritaba el gilipollas! Por un momento pensé que se iba a quedar sin voz, y pensé: «qué hipócrita es». Porque él no quería tener a esos críos, al principio quiso abortar, si no llega a ser por Tom lo habría hecho. Le hice un favor dejándole que se los cargaran… debería haber estado agradecido, pero no, solo lloró y nos maldijo a todos.

James tragó saliva, Nathalie hablaba sin un ápice de remordimiento y eso ponía los pelos de punta a cualquiera.

—¿Y usted vio el vídeo, señorita?

—Sí. Yo y Ría… esa tía también estaba de mi lado con Brian… era una de las chicas con las que Tom se acostaba y se quedó resentida porque él nunca la tomó en serio, solo era un polvo para él y sintió celos de Bill porque con Bill sí que Tom fue diferente— dijo —Total, Brian supo sacarle partido y se enteró de varios territorios de los Trümper. Quién sabe si esa idiota sobrevivió al tiroteo.

James sabía que el hombre que sacó a los Trümper se la había llevado, porque lo vio en las cámaras de seguridad, pero no dijo nada.

—¿Sintió algo?— preguntó James con un asco que apenas podía disimular —¿Algún remordimiento?

—En ese momento, no— dijo Nathalie con toda la sinceridad —Estaba demasiado comida por el odio hacia Bill y pensaba que se lo merecía. Pensaba que por fin estaba consiguiendo justicia por lo que me había hecho. Y sigo pensándolo, así que ahora mismo tampoco me siento culpable. No me arrepiento de nada.

—¿Qué pasó durante el secuestro?— preguntó James intentando controlar el cabreo que se le notaba —¿Cuánto tiempo lo tuvieron?

—Varios días— confesó Nathalie —Lo tuvimos retenido en un sótano abandonado de una de las cabañas que los Trümper usaban para vacaciones. Pero que llevaban tiempo sin pisar. Brian lo había planeado todo al detalle, le hicimos… cosas horribles.

—¿Qué tipo de cosas?

—Tortura— dijo Nathalie sin paños calientes —Brian quería que Tom viera lo que le estaba haciendo a Bill, quería destrozarlo mentalmente antes de matarlo así que grababa todo. Cada golpe, cada momento de dolor. Yo lo bañaba en agua helada hasta que veía que estaba a punto de desmayarse, esos vídeos se los mandábamos a Tom. Igual que la violación… fueron siete tíos. Brian les dio carta blanca para hacer lo que quisieran con Bill y ellos… ellos lo hicieron. Mientras yo miraba.

—¿Y usted no hizo nada para pararlo?

—No— susurró Nathalie —Me encantó verlo sedado pero consciente de lo que le estaban haciendo, sintiéndose como un juguete que estaban rompiendo sin que él pudiera hacer nada.

James se recostó en la silla, intentando digerir todo lo que estaba oyendo.

—¿Y el enfrentamiento en el parking?

—Brian lo organizó— explicó Nathalie —Contactó con la DEA, les dijo que entregaría a los Trümper. Era una trampa. Quería que Tom viniera a rescatar a Bill, y entonces lo mataría delante de él y después mataría a Tom. Pero Tom… Tom trajo refuerzos. Su padre, su hermano, sus hombres y todo se fue a la mierda.

—¿Por qué le disparó a Beckham Chase?

Nathalie frunció el ceño.

—¿Quién?

—El chaval de la entrada trasera—.dijo James —Le metió tres tiros cuando intentó detenerla.

—Ah— exhaló Nathalie, recordando vagamente —No sé quién es. Solo sé que intentó pararme cuando estaba sacando a Bill, lo vi como una amenaza, así que le disparé. No podía permitir que me jodiera el plan.

—¿Es del Clan Trümper?

—No lo sé— dijo Nathalie de verdad —Nunca lo había visto. No conozco a los colegas de Tom, salvo a Andreas, ni siquiera sé su apellido.

James apuntó eso. Así que Chase había dicho la verdad al decir que no conocía a los Trümper, o al menos Nathalie no podía confirmarlo.

—¿Y Willem Kaulitz?— preguntó James la pregunta clave —¿Era parte del Clan Trümper? ¿Estaba metido en el narcotráfico?

Nathalie lo miró como si la pregunta fuera una chorrada. Luego se rio, fue una risa muy amarga, rota, que sonaba más a sollozo.

—¿Billa? ¿Parte del clan?— volvió a reír —No. Joder, no. Bill sabía de la vida criminal de Tom, sí. No era tonto. Pero Tom nunca, jamás lo metió en el negocio, lo mantenía completamente al margen. Bill era… Bill era su debilidad, su punto blando. La única cosa pura y buena en la vida de Tom, así que nunca lo habría manchado con esa mierda.

James asintió, sintiendo una mezcla rara de alivio y frustración. Así que Bill Kaulitz había sido de verdad inocente, un chaval que simplemente se enamoró de la persona equivocada.

—Una última pregunta— dijo James —¿Por qué provocó el accidente? Podría haber intentado escapar sin chocarse.

—Porque en ese momento— dijo Nathalie, y su voz volvió a sonar vacía —Estaba acojonada, no quería acabar en la cárcel. Así que pensé que muriendo me libraba de pasar por toda esa mierda en una celda, y obviamente, me llevaría a Bill conmigo. Fin de la historia.

—Pero… usted sobrevivió.

—Sí— dijo Nathalie con amargura —Pero Bill no sobrevivió de verdad, ¿no? Lo maté de todas formas, porque al final tuvo que morir él, ¿o no?

James cerró la carpeta sin contestar a la pregunta de la mujer.

—Esta confesión se entregará a un juez en su juicio donde se decidirá su sentencia, señorita Franz. Dada la gravedad de sus crímenes, complicidad en secuestro, complicidad en asesinato de menores, complicidad en violación, intento de asesinato, está mirando probablemente cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Nathalie asintió despacio, como en trance.

—¿Me puede decir una cosa, comandante?

—¿Qué?

—Billa… ¿no sobrevivió al accidente?— su voz sonaba casi como la de una cría, con una esperanza imposible de alguna manera. Cosa que puso los pelos de punta a James, porque la tía de verdad estaría encantada si supiera que Willem estaba muerto.

James la miró con frialdad.

—No. Willem Kaulitz murió en el accidente, sus heridas eran demasiado graves.

Nathalie cerró los ojos, con lágrimas cayéndole por las mejillas. Eran lágrimas de… felicidad.

—Bien. Entonces… entonces al menos no tiene que vivir con lo que le hice y yo estaré contenta toda la vida sabiendo que le jodí la existencia y murió como un desgraciado.

—Los Trümper también están muertos— añadió James —Todos palmaron por las heridas. Así que si esto te da algún consuelo retorcido, señorita Franz, todos los implicados en este desastre están muertos. Menos usted. Usted vivirá con esto durante décadas en una celda.

—Bien— susurró Nathalie —Me lo merezco.

James apagó la grabadora, se levantó y salió sin mirar atrás. Dejó a Nathalie Franz en su silla de ruedas. Una mujer envenenada por su propio odio, enfrentándose al resto de su vida encerrada y no sintió ni una pizca de pena por ella. Igual que ella no sentía ninguna.

.

CORTE FEDERAL, MANHATTAN – TRES SEMANAS DESPUÉS

El juicio de Nathalie fue rápido. Con su confesión completa grabada, no había mucho que discutir. El fiscal puso el vídeo, la jueza, una mujer de unos sesenta años llamada Patricia Hendricks, escuchó en silencio, y su cara se iba poniendo cada vez más dura con cada palabra que oía. Su abogado no pudo hacer gran cosa por ella y ella tampoco ayudó, se la veía demasiado contenta, como si no estuviera a punto de escuchar su condena. Para ella era una victoria saber que Willem estaba muerto, sin vida, inerte.

—Señorita Franz— dijo la jueza Hendricks cuando terminó la reproducción, estaba tan asqueada y cabreada —En mis treinta años en el sistema judicial, he visto muchos casos horribles. Pero esto… esto está entre lo más depravado que he visto en mi vida. Usted traicionó a su mejor amigo de la infancia, facilitó el asesinato de dos bebés inocentes, participó en tortura y violación y luego intentó matar tanto a su víctima como a usted misma en un accidente de coche. Es usted un ser despreciable que no merece ni un ápice de clemencia.

Nathalie estaba de pie en la mesa de la defensa, su abogado a su lado parecía totalmente derrotado. No había nada que hacer.

—No hay redención posible para lo que ha hecho— siguió la jueza.—Por lo tanto, la condeno a cadena perpetua en prisión federal sin posibilidad de libertad condicional. Será trasladada a la Penitenciaría Federal para Mujeres en Danbury, Connecticut, donde cumplirá íntegra su sentencia.— el mazo cayó.

Nathalie no reaccionó. Solo asintió despacio, como si hubiera esperado exactamente eso y una pequeña sonrisa le apareció en los labios. ¿Cadena perpetua? Podía con eso.

.

PENITENCIARÍA FEDERAL PARA MUJERES, DANBURY – UNA SEMANA DESPUÉS

La llegada de Nathalie fue menos dramática que la de Bach. Las mujeres en Danbury eran diferentes, menos agresivas a puñetazos, pero igual de peligrosas de formas más sutiles. Cuando escoltaron a Nathalie a su bloque, empezaron los comentarios. Le daban una «bienvenida» con las típicas frases de cualquier presa desde sus celdas.

Nathalie no contestó a ninguna, solo caminó con la cabeza baja hasta su celda, una habitación un poco más grande que la de Bach, compartida con otra mujer, y se sentó en su catre.

Su compañera de celda, una mujer de al menos treinta o treinta y cinco años, con tatuajes cubriéndole los dos brazos, la miró con ojos de quien ha visto de todo.

—Hola, pequeña, soy Rosa— dijo con tono relajado, su voz era un poco rústica, ronca.—Estoy aquí por asesinato. ¿Y tú?

—Nathalie— respondió en voz baja, de forma automática —También estoy aquí por asesinato.

Rosa silbó asintiendo despacio con la cabeza.

—¿Mataste a tu novio?

—Algo así— dijo Nathalie, sin dar más detalles.

—Pues bienvenida, reinita. Te iré poniendo al día con las reglas de este sitio, ¿vale?

Y así empezó su condena.

&

James estaba revisando archivos sentado frente a su escritorio en la oficina, cuando entró su asistente con un nuevo informe, él estaba echando un ojo a papeles sobre una nueva organización que estaba creciendo poco a poco. No era para alarmarse, pero sí había que cortar de raíz cualquier cartelito pequeño.

—Comandante, actualización sobre Willem Kaulitz— dijo su asistente.

James levantó la vista de los papeles.

—¿Sigue en coma?

—Sí, señor. Sin cambios. Los médicos dicen que podría despertar mañana o nunca, no hay manera de saberlo— mencionó. James asintió, guardando el informe que le pasaba su asistente. Bill Kaulitz, su activo más valioso, estaba atrapado en su propia cabeza. Por ahora era inútil pero podía esperar.

—Algo más, señor— dijo el asistente —Tenemos informes de actividad del Clan Nox. Brian está pillando territorios que eran de los Trümper, rápido y sin piedad.

—¿Detalles?

—Ayer, masacre en un restaurante en Múnich. Quince muertos, incluido un tío que supuestamente le debía pasta a Köhler. No dejó testigos, ni siquiera los camareros se salvaron y… había críos que corrieron la misma suerte.

James cerró los ojos, Brian se estaba convirtiendo en un puto dolor de cabeza enorme.

—Claro. ¿Qué más se podía esperar de alguien que tiró a dos bebés recién nacidos por un acantilado sin remordimientos?

—¿Señor?

—Nada— James abrió los ojos —Aumenten la vigilancia sobre Zar. Quiero saber cada paso que da, tarde o temprano la cagará. Y cuando lo haga, lo pillaremos.

—Sí, señor.

El asistente salió, dejando a James solo con sus pensamientos. Brian Köhler estaba montando un imperio, Beckham Chase se estaba pudriendo en Supermax, Nathalie Franz se estaba pudriendo en Danbury. Y Willem Kaulitz estaba atrapado en un coma, sin enterarse del infierno que se estaba desatando a su alrededor. La guerra apenas estaba empezando y James Krüger estaba decidido a ganarla.

Costara lo que costara.

&

-Un año después-

El pasillo estaba en silencio, roto solo por el zumbido constante de las luces fluorescentes. Dos hombres caminaban juntos: uno, con un traje oscuro impecable, pasos firmes y mirada fría; el otro, con bata blanca y un cansancio evidente en la cara.

—¿Alguna novedad?— preguntó James Krüger, jefe de la DEA, sin parar. Su voz era grave, sin subirla, pero imponía respeto.

El doctor miró unos papeles en su carpeta, tragó saliva y respondió:

—Ha avanzado más de lo que esperábamos, señor. El tratamiento experimental ha bajado la inflamación cerebral y…— hizo una pausa corta, casi sin creérselo —Justo ayer una de las enfermeras dijo que lo vio mover dos dedos de la mano derecha. Fue leve, casi imperceptible, pero pasó.

Krüger giró un poco la cabeza, dejando que la noticia calara. Un brillo apareció en sus ojos grises.

—¿Seguro? A mí no me valen «a lo mejor». Necesito hechos.

—Lo sé— dijo el doctor —Revisé yo mismo las cámaras. Fue real. También hay ligeras variaciones en su actividad cerebral, mínimas… pero estables.

—Esto es lo que quería oír— musitó James, asintiendo despacio. Se quedó callado unos segundos, mirando la puerta cerrada de la habitación —Dígame, doctor, ¿cuánto cree que falta para que despierte?

—Es imposible dar una fecha exacta— respondió el doctor, dudando —Podría ser cuestión de semanas… o de días. Su cuerpo ha respondido mejor de lo esperado después de tanto tiempo en coma inducido.

—Necesito que sea pronto— dijo Krüger, apretando la mandíbula —Ese chaval es la llave… y cuanto más tiempo pase, más difícil será que nos valga.

El doctor Harris lo miró serio, respiró hondo para no subir la voz y habló:

—Con todo respeto, señor Krüger, esto no es una máquina que puedas encender cuando te dé la gana. Es un ser humano. Ha estado al borde de la muerte, y es un milagro que esté respondiendo después de tanto tiempo…— se ajustó las gafas —Lo sorprendente no es que tarde en despertar, lo sorprendente es que siga vivo.

El agente lo miró directo a los ojos.

—Precisamente por eso no podemos perderlo— dijo con firmeza —Manténgame al tanto de cualquier cambio. El momento en que abra los ojos… será el principio de todo—.hizo una pausa, oyendo el suspiro del doctor —¿Entendido?

Harris asintió despacio con la cabeza.

—Entendido.

Los dos siguieron caminando hasta llegar a la habitación. Se pararon delante de una puerta vigilada por dos agentes armados. El doctor abrió la carpeta, fingiendo leer para disimular la tensión, mientras Krüger soltaba un suspiro de paciencia. Finalmente, empujó la puerta y entraron.

La habitación era amplia, iluminada por la luz blanca del hospital. El olor a desinfectante lo impregnaba todo. En el centro, una camilla rodeada de monitores, cables y máquinas.

El cuerpo estaba ahí. Piel pálida, con venas apenas visibles debajo del brazo conectado al suero. El monitor cardíaco soltaba pitidos constantes y regulares. El respirador subía y bajaba suavemente con cada respiración, manteniéndolo enganchado a la vida de forma artificial. El doctor se acercó al borde de la cama, echando un vistazo a los signos vitales.

—Su presión está estable— dijo —Los daños internos van curándose poco a poco. Todavía no podemos saber qué pasará con su memoria, pero el cuerpo responde bien.

Krüger lo miraba en silencio. La cara del chaval estaba tranquila, casi en paz, como si solo estuviera durmiendo a pierna suelta. Nadie parecía ser consciente del peso que cargaba ese cuerpo. El jefe de la DEA respiró hondo, se ajustó la americana y dio media vuelta.

—Espero que siga así, doctor. Sea muy cuidadoso…

—Por supuesto, señor.

Salieron de la habitación y cerraron la puerta detrás de ellos. El eco de sus pasos se fue apagando por el pasillo hasta que todo quedó en calma.

El silencio volvió a llenar la sala, roto solo por el pitido constante de la máquina. La cara del chico seguía inmóvil, serena. Un rayo de luz se coló por la ventana, tiñéndole la piel con un tono más calentito.

Pero entonces, algo pasó justo en ese momento. Primero fue un leve movimiento, casi imperceptible: los dedos de la mano derecha se contrajeron torpemente, como si intentaran recordar cómo moverse. Luego, los párpados temblaron. Una respiración más profunda rompió la quietud.

El monitor cardíaco cambió de ritmo, y, despacio, los ojos se abrieron. Marrones, confundidos, llenos de un brillo de vida que se negaba a apagarse. El silencio era total. Y con esos ojos abiertos, el aire de la habitación pareció tensarse, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración.

Esto no era el final de la historia…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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