Silent promise 51

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 51

By Tom

—¿Entonces no se sabe a dónde se ha ido?— le pregunté a Matthew, que solo se encogió de hombros.

Yo solo podía preocuparme. Se largó hace nada. Las cámaras de seguridad lo pillaron saliendo a hurtadillas de la habitación, recorriendo los pasillos hasta llegar a los taquillas donde los enfermeros guardan la ropa de calle antes de ponerse el uniforme. Se le ve sacando unos vaqueros desgastados de una de las taquillas, unas botas blancas que parecían estar bien sucias y una camisa blanca enorme para él, muy ancha, casi como las que yo solía ponerme. Hasta se calzó una gorra que también estaba ahí, metió la bata dentro de la taquilla, la cerró y se piró. Todo sin dejar de estar pendiente por si venía alguien.

Salió del hospital, tiró por el camino de la derecha y la última cámara lo grabó pasando por delante del burger ese que hay justo fuera.

—No puedo quedarme aquí sabiendo que anda por ahí suelto, vete tú a saber dónde— murmuré mientras salía de la sala de seguridad, donde había entrado gracias a Matthew… y también porque le amenacé con cargarme a la familia al pobre chaval que solo vigila las cámaras. Pero que conste que lo hice porque el muy cabrón no me quería dejar pasar ni enseñarme las grabaciones —Voy a buscarlo.

—¿A dónde?— me preguntó Matthew, saliendo detrás de mí y caminando igual de rápido para alcanzarme —No tienes ni idea de dónde puede estar.

—Me da igual. Ya lo encontraré.

—Al menos piensa un poco a dónde coño pudo haber ido— insistió, corriendo para ponerse delante de mí y cortarme el paso. Gruñí con mala leche, no tengo tiempo para esto —Es más que evidente que ha recuperado la memoria, pero sus recuerdos pueden estar todos mezclados. A lo mejor ahora no entiende una mierda. Piénsalo.

Apreté los labios mientras le daba vueltas. Si Matthew tenía razón y sus recuerdos estaban revueltos, o al menos existía esa posibilidad, entonces tenía que suponer que su vida durante estos diez años le resultaba un auténtico lío. Si había recordado, los recuerdos más frescos que tendría serían los últimos que vivió, que son el secuestro, cómo mataron a nuestros hijos, el enfrentamiento con Brian, cómo me dispararon y el accidente. A lo mejor, por todo el dolor que sentía por aquello, un dolor que le había vuelto de golpe, no pensaba en su vida como agente de la DEA, como Benjamín Keller. Así que quizás creía que lo único que le quedaba era…

—Buscar a sus padres…— solté como afirmación y, sin quedarme a escuchar más a Matthew, salí corriendo del hospital.

Sé dónde está la empresa de Jhörg, así que sé que Bill se fue en esa dirección.

Ese crío, joder. Debe estar hecho un lío tremendo, sin saber qué es real y qué es mentira, porque a mí me conoció como Klaus en su vida de Benjamín. Joder. Claro que sí. Vete a saber qué le estará pasando por la cabeza ahora mismo para querer ir a buscar a sus padres. Me metí en el coche a toda hostia y, al arrancar, pisé a fondo. Las ruedas chirriaron contra el asfalto mientras aceleraba todo lo que daba de sí, saltándome los semáforos en rojo.

¿Y si ya ha entrado en la empresa? Joder. Sería un problemón de cojones.

Cuando llegué, me puse alerta al instante y busqué dónde aparcar para que los municipales no me jodieran el día. Y, como si el destino me echara un capote, vi pasar a alguien con la misma ropa que Bill había cogido de la taquilla, justo por la ventanilla del copiloto. Caminaba entre los coches aparcados delante de la empresa, dirigiéndose hacia allí. Con las manos temblando y sin quitarle ojo de encima, conseguí abrir la puerta y bajarme.

Corrí hacia él. Cuando lo alcancé, lo agarré con los brazos, apretándole los suyos para arrastrarlo hasta mi coche. Por suerte, nadie nos vio. Pero Bill empezó a patalear como loco al sentirse cogido tan de repente.

—¡Suéltame!— gritó. Se revolvía tanto que me estaba costando la vida retenerlo más tiempo —¡Auxi…!

Conseguí taparle la boca con una mano mientras lo acercaba al coche. No paró de soltar tacos contra mi palma, incluso llegó a morderme, lo que me hizo soltarlo de golpe porque joder, sí que dolió, ¿vale? Él aprovechó para intentar salir corriendo, pero no se lo permití y lo pillé de la mano antes de que se alejara y se dio la vuelta de golpe.

—Tranquilo…— le dije con la voz entrecortada por el esfuerzo —Tranquilo, pequeño, soy yo…

Su cara de cabreo y miedo se transformó en puro desconcierto total al verme la jeta. Sus ojos se clavaron en los míos y su expresión era de flipar en colores. —¿T-Tom…?— mi nombre le salió de la boca temblando. Frunció el ceño, los labios empezaron a temblarle y los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Sí, pequeño— le confirmé con un gesto de cabeza mientras me acercaba despacito, viendo cómo su respiración se volvía un caos —Ven conmigo, ¿vale? Estarás muy confundido, ¿a que sí? y…

—No— negó con la cabeza una y otra vez —No puede ser real— suspiró, empezando a llorar con voz temblorosa —Yo te vi… te metieron ocho tiros, vi la sangre… ¿Cómo coño puedes estar vivo?

—Llevaba chaleco antibalas— le contesté, sonriendo un poquito —Y sobreviví…

Él negó otra vez, con las lágrimas todavía cayéndole por las mejillas y empapándole esas pestañas larguísimas. Apretó los labios mientras sollozaba.

—Billie, soy yo, ¿vale? Ven conmigo, vamos a hablar tú y yo tranquilamente, ¿eh? No estuvo bien que te escaparas del hospital. ¿Por qué lo hiciste, mmm?— mi voz era suave, solo para él, mientras me iba acercando. Él se tapó la cara con las manos, como obligándose a no mirarme. Seguro que pensaba que era un fantasma o algo por el estilo. Aun así, logré abrazarlo —No llores, morenito.

Él contuvo la respiración, intentando parar de llorar para poder hablar.

—Yo creí que… creí que todo había sido un puto sueño, que tú no estabas vivo— dijo, sorbiendo por la nariz de vez en cuando —No entiendo nada, no sé…— volvió a esnifar —En unos recuerdos estoy esposando a alguien, en otros estoy en ese sótano con Nathalie y Ría, echándome agua fría hasta dejarme jodido mientras se parten de risa. Oigo sus risas todo el rato. No se van.

Con sus palabras y el desespero que tenía en la voz, se me instaló un dolor en el pecho que flipas. ¿Qué podía hacer para consolarlo y que dejara de sentirse tan agobiado? ¿Qué leches le podía decir? De repente no sabía qué soltarle, no sabía cómo hacer para que parara de llorar, para que dejara de sufrir. Me dolía verlo así y me quedé mudo, sin saber cómo expresarme. Solo acerté a acariciarle la cabeza con torpeza.

—Todo va a estar bien, ¿vale?— fue lo único que pude decirle —Porque yo estoy contigo, moreno. No voy a dejarte solo esta vez, ¿mmm?

—Tom…— me llamó en un gimoteo que le cortó los hipidos —Los bebés…— soltó en un hilito de voz, aferrándose a mí —Mataron a nuestros bebés. La imagen de ellos siendo tirados al precipicio como si no fueran nada se me reproduce una y otra vez en la cabeza, junto a las risas de Nathalie y Ría, junto a la voz de Brian y mis gritos cuando me torturaban. Siento que me voy a volver loco, Tommie…

—Lo sé, lo sé…— le dejé un beso en la cabeza —Sé que te duele, moreno, lo sé. Te ayudaré para que no duela más, ¿vale? Confía en mí…

Él se separó un poco para mirarme a los ojos. Ver sus ojitos rojos, llenos de lágrimas, las mejillas empapadas y coloradas, la nariz rojita y los labios temblando me partió el alma en dos. Joder. No soportaba verlo así. Me iba a poner a llorar yo también, pero tenía que ser fuerte por los dos. —¿Cómo?— me preguntó.

—Pensaré en algo— le prometí, limpiándole las mejillas y quitando todo rastro de lágrimas —Déjalo en mis manos.

Me acerqué para darle un beso cortito en los labios, pero el beso se prolongó y se hizo más largo. Sentí sus labios temblar contra los míos; su llanto fue parando poco a poco mientras me correspondía con suavidad. Le acaricié la espalda y él me abrazó por el cuello. Cuando nos separamos por falta de aire, me miró fijo. La tristeza todavía estaba ahí en su mirada, pero me sonrió a pesar de todo.

—Sabes que nunca me ha gustado verte llorar.

Él soltó una exhalación que quiso ser una risita, ensanchando la sonrisa solo para volver a abrazarme.

—Estoy feliz a pesar de todo porque estás vivo— me dijo, con la mejilla pegada a mi pecho —Cuando desperté pensé que estaba en el hospital por el accidente que provocó Nathalie…— esa maldita hija de puta —Pensé que todo lo que he vivido era un sueño, nada más, que tú no estabas vivo, que había sido una jugada sucia de mi mente. Pero estás aquí, y me siento tan feliz. Muy feliz a pesar de todo lo que me duele ahora mismo.

—No te imaginas lo feliz que me puse yo cuando supe que estabas vivo, mi amor— le confesé mientras lo guiaba hacia el coche. Me aseguraba de mirar a los lados sin ser muy evidente, comprobando que nadie lo viera, porque siempre hay paparazzi por ahí y no quería que pillaran a Bill. Llevaba la gorra que le hacía sombra en media cara, pero igual había que cuidarlo —Pero no pude demostrártelo en su momento porque no me recordabas.

Abrí la puerta del copiloto y lo dejé entrar. Él subió sin decir ni mu. Mientras se acomodaba, cerré la puerta, rodeé el coche y me senté al volante. Encendí el motor y lo miré. Había doblado las piernas, apoyando las botas en el asiento, y tenía la cabeza apoyada en las rodillas mientras se abrazaba las piernas y me observaba fijo, sorbiendo por la nariz de vez en cuando. Le sonreí.

—Lo bueno es que ya me recuerdas…— concluí, y puse el coche en marcha.

—Me siento mal por haberte olvidado…

—No es tu culpa, morenito. El impacto del accidente fue muy fuerte para ti…

—Siento que no es excusa— murmuró —Estoy cabreado conmigo mismo por eso. No debía olvidarte, no a ti. Por eso me siento mal, aunque no pudiera evitarlo. Me jode que mi mente te haya borrado así, sin más.

—No es culpa tuya— repetí con voz suave —Nada es culpa tuya, ¿vale? No pienses eso.

Él sonrió débilmente. —¿A dónde me llevas?

—A mi apartamento, moreno.

Durante todo el camino se quedó en la misma postura, con los ojos clavados en mí, observándome con lupa. Debo admitir que su mirada me ponía nervioso, qué tonto soy, pero no podía evitarlo. No apartaba los ojos de mi cara. Me gustaba, pero también me acojonaba. ¿Y si algo ya no le molaba de mí? Ya no tengo veintidós años y no luzco como antes. Tampoco es que esté hecho mierda, pero bueno.

—¿Qué hiciste con tus trenzas?— me preguntó de repente, haciendo que empezara a tamborilear los dedos contra el volante. Justo cuando nos paramos en un semáforo en rojo.

—Como mi padre decidió fingir nuestra muerte y, con eso, la caída del Clan Trümper, nos vimos obligados a cambiar nuestra apariencia… o al menos parte de ella— comenté, riéndome con nervios y mirándolo un segundo. Tenía los ojos entrecerrados —Me quité las trenzas y dejé mi pelo en manos de Georg. Él había contratado a una peluquera, así que me hicieron las rastas de nuevo.

—¿De nuevo?

—Antes de las trenzas tenía rastas, pequeño— le expliqué. Él me miró con curiosidad —Solo que no negras como ahora, sino rubias.

—Mmm… y te dejaste crecer la barba— murmuró bajito, como si le diera corte decirlo. Me dio una ternura que flipas y reprimí una risita.

—Eso es otra historia, amor— le contesté —Con lo de tu «muerte» estuve hecho mierda mucho tiempo. Empecé a beber como un cosaco y me importaba una mierda todo, incluso yo mismo. En ese tiempo me creció, pero Georg le dijo a la peluquera que me la recortara, que parecía un viejo borracho de esos que van por las calles llenos de mugre y con una botella en la mano. Me la dejaron así, y desde entonces me la he estado cortando igual. No es mucha, pero… ¿no te gusta, mmm?

Lo miré de reojo con una sonrisita ladeada. Vi cómo se le ponían las mejillas coloraditas y carraspeaba para disimular. Me sonrió también. —Sí me gusta…— dijo en voz muy baja, todo cortado —Te hace ver más sexy todavía. Muy sexy…

—Que te guste a ti me sobra y me basta— le respondí, sonriéndole con picardía —Mira lo rojito que te pones, eh…

—No empieces…— me dijo, frunciendo el ceño fingiendo enfado —Siempre sales con tus movidas, ya me he mosqueado.

Me eché a reír y, cuando el semáforo se puso en verde, seguí conduciendo. —Pero si te has puesto rojo como un tomate, no es algo que pueda ignorar. Te hace ver aún más guapo de lo que ya eres, moreno— se contuvo de sonreír, haciendo un puchero con los labios —¿Cómo te sientes ahora? Ya sabes, por recuperar la memoria… los recuerdos malos y buenos. Nuestros días de sexo… digo, digo, nuestra relación desde el principio.

Se ríe. —Idiota. Estoy bien…— me dice —Aunque los recuerdos que tengo presentes son horribles, quisiera apartarlos pero no puedo.

—Necesitas despejar un poco la mente, yo te puedo ayudar con eso. Tengo mis buenos métodos y Melannie también podrá ayudarte.

—¿Cuáles son tus métodos?— me pregunta con cierta curiosidad en la voz, entornando los ojos al verme. Es como si tuviera sus sospechas pero aun así quiere ver si acierta o no. Su mirada de analista me da gracia, por lo que suelto una risita entre dientes —Tom…— dice mi nombre con un tonito de advertencia que me hace mirarlo con la diversión pintada en la cara —Sé qué es lo que tienes en mente y de una vez te digo que no. Rechazo tu ayuda rotundamente, porque esos métodos no me van a servir de nada.

Él dice que no, pero yo sé que sí.

—Ya lo veremos…

—¡Tom! Estoy hablando muy en serio, joder.

—Y yo también, moreno— joder. Su cara de enfado me da una ternura que no veas, realmente es mi Billie al cien por cien. Lo miro y una sonrisa ladeada se me cruza por los labios —Haré que esos malos recuerdos se vayan, crearemos nuevos y muy buenos, ¿a que sí? También podemos intentar tener un bebé, ¿no te parece buena idea?

—¿Y qué nos lo maten como a mis gemelos?— pregunta con tristeza en la voz. Yo no lo dije por mal, es que sé que siente un vacío sin ellos porque yo también lo siento, y creo que la forma de llenarlo y de sanar esa herida abierta que aún sangra es intentar tener un bebé. Lo cuidaremos mucho, y lo mantendremos alejado de este mundo que nos envuelve si hace falta —No gracias— dice y se acomoda mejor en el asiento —No voy a pasar por ese dolor otra vez.

—Al menos piénsalo, ¿sí?— le pido —Aún tenemos tiempo, primero tenemos que acabar con Brian y así podremos estar bien.

—Tener hijos en medio de la vida que ambos tenemos ahora no es una buena opción— susurra —Yo soy un… agente de la DEA, estoy en peligro de palmarla en cualquier operativo, lo que me lleva a un futuro donde el bebé se quedaría solo. ¿Por qué «solo»? Porque tú eres un narcotraficante, Tommie… tienes enemigos por todas partes. Y tenemos a un enemigo en común que es Brian, quien ya mató a nuestros primeros bebés. ¿Quién me asegura que si tenemos otro para llenar ese vacío que ambos tenemos, ese bebé estará seguro y protegido? ¿Quién me asegura que nada malo va a pasarle y que no se repetirá lo que pasó con nuestros gemelos? ¿Quién me asegura que estará bien? Nada, porque todas las probabilidades son negativas por el entorno que nos rodea a ambos. Si no es una cosa es otra, y es muy jodido así.

Tiene razón. Vaya que sí…

—Nos confiamos mucho antes, cuando nos largamos a Los Ángeles— suspira —Y nada terminó bien. Créeme que quisiera, de verdad que quisiera tener otro bebé… pero… quiero evitarme otro dolor como ese.

—Es verdad…— murmuro —Pero yo sigo queriendo que me des un montón de hijos, todavía quiero los diez…— le digo en plan broma, para hacerle sonreír y lo consigo, porque lo que he dicho le ha sacado una risa.

—Tienes que quitarte eso de la cabeza, si tenemos hijos no van a ser diez, ni de coña…

—¿O sea que sí podemos si las cosas se calman?

—Sí, ya te dije que sí quiero, el problema es la vida que tenemos ahora. Pero si todo se calma, si pillamos a Brian y nos aseguramos de que nuestro entorno sea seguro… podemos intentarlo, Tommie— ay, me he ilusionado un huevo.

—Ya me has ilusionado, después no puedes salirme con que «no».

Soy capaz de pinchar los condones si me exige usarlos. Pero que él no se entere de eso…

Vuelve a reírse, me flipa verlo bien a pesar de que ha recuperado toda la memoria y esté pasando por el duelo de todo hace nada. Yo le voy a ayudar a sanar, a mi manera, pero le ayudaré. Haré que se olvide de todo lo malo y se centre en lo bueno, será feliz conmigo como siempre debió ser y esta vez no permitiré que me le vuelvan a hacer daño. A partir de ahora, quien le ponga un solo dedo encima o le toque siquiera un pelo, verá el mundo arder.

Eso lo juro.

—Tom…— me llama con su vocecita suave, ¿es normal que mi pene haya empezado a despertarse por eso? —Quiero pasar el tiempo que me tengas «secuestrado» contigo y solo contigo, así que cancela cualquier reunión que tengas y olvídate de tus amiguitos. Yo espero que durante mi ausencia no te hayas puesto a creértelas de mujeriego, ¿eh? Si me entero de que te has estado tirando a otras…— su mirada se pone oscura, maquiavélica, cabreada, seria —Tenlo por seguro que te vas a arrepentir de ello. De solo pensar que me pudiste ser infiel en estos diez años que han pasado… isss…— aprieta los puños mientras sisea como quien está deseando callar de un guantazo a alguien con voz chillona que aturde —Es que mejor ni lo digo, pero de que te caerá una buena de mi parte, te caerá.

Soy hombre muerto de verdad. Lo malo es que no puedo tomármelo a broma, porque está hablando muy en serio. Sí, muy en serio.

—Así que dime, ¿te has estado revolcando con otras?— pregunta.

—N-no, mi amor…— solo es una mentirijilla piadosa, solo eso… Billie no se va a enterar —¿C-cómo crees que y-yo haría a-algo como eso?

Entrecierra los ojos mirándome fijo, trata de buscar cualquier indicio de que le he mentido en mi cara. Pero al no encontrarlo, sonríe, sonríe ligeramente. —Qué bueno, Tommie… porque me dolería mucho si resultara ser así. Me romperías el corazón. Y después te dolerá a ti… cuando te corte el maldito pene.

Padre nuestro que estás en los cielos…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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